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Fecha: 07-Ago-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

Destinados. Capítulo 29: El reencuentro

Derek William
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Tiempo estimado de lectura: [ 26 min. ]
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Una sonrisa de felicidad se esbozó en mis labios, aun sorprendido por lo que veía y saliendo del trance en el que me encontraba terminé por acortar los centímetros que nos separaban... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

¡UN AÑO! Wao el tiempo pasa volando.

Antes que nada quiero agradecer a todos ustedes, por estar allí apoyándome y tomándose unos minutos de su tiempo para leer esta historia que si bien no es la mejor de todas, intento redactarla lo mejor que puedo. Gracias por seguir allí, por dar sus opiniones, por sermonearme cuando me atraso…jajaja, ¡Gracias por todo!

Ya la historia está cerca de su fin. En este capítulo Fabián regresa oficialmente y las cosas se complicaran bastante. Pasaran muchas cosas inesperadas antes del final así que prepárense…

“En verdad les pido disculpas por tardar de nuevo, sé que había prometido que publicaría antes pero mi estado de ánimo no ayuda mucho en estos días. Como ya sabrán Venezuela se encuentra pasando por una difícil situación. La tristeza, frustración y desilusión nos acompaña a diario, por lo que mi inspiración ha estado un tanto bloqueada por estos días, se me hace muy difícil escribir al ver como esta mi país… pero tranquilos, no tiraré la toalla, llevaré a feliz término esta historia. Esto era algo que quería compartir con ustedes”

Llevo tu luz y tu aroma en mi piel...

Derek W. Johnson

Destinados. Capítulo 29: El reencuentro

 

FABIAN

Había llegado… Ya estaba aquí. Lo que anhelé por meses estaba ocurriendo. Era libre. Y esta vez nadie me quitaría esa libertad. Esta vez no sería tan ingenuo de pretender hacer lo correcto, ahora era capaz de irme a vivir a la China con tal de escapar de mi padre, de eso y más…

El tiempo me sirvió como buen consejero y me enseñó que en ocasiones es necesario romper las reglas, desviarte un poco del camino correcto para lograr llegar al final. No siempre hacer todo bien garantizara que las cosas te saldrán como quieres, a veces debes usar los métodos no convencionales. Así es la vida, inesperada y por eso es necesario tener bajo la manga soluciones inesperadas… Ahora ¿En realidad había tomado la decisión adecuada cuando decidí irme y dejar a David? Creo que sí… eso es lo que mi corazón me dicta.

En aquel momento las cosas no estaban dadas… porque ¿Qué lograríamos si escapábamos? Tal vez estar juntos, sí, pero tiraríamos por la borda todo nuestro futuro… ¿A dónde llegaríamos si éramos un par de niños inmaduros? Que aún lo somos, pero… el punto está en que aun hoy; luego de todas estas experiencias vividas que nos han hecho madurar enormemente, nos hace falta aprender sobre situaciones de la vida que solo la adultez y la experiencia te brindan.

Aun necesitamos vivir nuestra juventud y quemar nuestras etapas. En ese momento la solución no era volvernos unos prófugos y convertirnos en una especie de matrimonio prematuro, eso no era lo que yo quería con él. Es como cuando una pareja heterosexual sale embarazada, la misma historia de siempre… se casa pensando que el amor es lo único necesario para que una relación perdure y a los tres años se están divorciando porque ya no soportan al otro. Eso se llama inexperiencia y era lo que inevitablemente terminaría pasando entre David y yo si escapábamos y decidíamos volvernos adultos.

Pero ahora la situación cambio, sé que seis meses no hacen mucha diferencia pero para nuestro caso si la hace. Ahora las cartas están echadas, ahora si es nuestro momento… Di un suspiro inmerso en mis diluvios mentales. Me sentía un poco extraño. No sabría cómo explicarlo, pero lo indudable era la felicidad embargaba cada célula de mí, esa que te arropa cuando consigues una meta que deseaste por mucho, mientras que por otro lado un pequeño miedo aparecía, pero trataba de no darle importancia… Era lo más sano. Si dejaba que me invadiera las dudas mi determinación se enfriaría. Lo mejor era dejar que la motivación continuara guiándome, y no prestarle atención a las posibles consecuencias negativas de mis actos… a esas posibilidades que no eran improbables donde toda esta lucha quizás no tuviera un final feliz.

Sabia a lo que me enfrentaría, tendría que lidiar contra un sentimiento bastante fuerte, uno que creí imposible de derribar, un amor que nunca creí igualar… Francamente, desde que inicio toda mi historia con David siempre di por sentado que el castaño amaría a Santiago por siempre, que su enamoramiento era tan profundo que nunca lo olvidaría. Por eso me conformaría solo con que al conquistarlo el me tomara cariño y tal vez me amara pero no de la manera como lo hacía con mi mejor amigo. Sin embargo, las cosas salieron mejor de lo pensé… David se enamoró de mí, eso lo sé… pero también ama a Santiago, que es otra verdad. Ahora, la pregunta clave estaba en cuál de los dos logró afianzarse en lo más profundo de su corazón, cuál de los dos está destinado a estar con él. Esa sería la pregunta del millón… la cual estaba dispuesto a contestar, y tenía claro que esa respuesta me beneficiaria…

-¡Fabián!- oí un grito a lo lejos, de inmediato mi corazón dio un salto de felicidad.

-¿Tía?- me giré en dirección de la voz con una sonrisa en mis labios. Deje a un lado mis maletas y caminé en dirección a ella. Unas pequeñas lágrimas se escaparon por la comisura de mis ojos por la felicidad de volver a verla. Sin duda ella era una persona muy importante en mi vida. En mi corazón era mi segunda madre. Siendo mi afecto por ella hasta más grade que el que le podía tener a mi padre. Definitivamente si algún día volvía ver a mi madre sentiría las mismas emociones que me invadían en ese instante. No dude ni un segundo en lanzarme sobre ella para abrazarla fuertemente.

-No sabes cómo deseé que volvieras…- las escuchaba decir entre mis brazos con la voz un poco quebrada.

-Yo también lo deseé- le respondí- no sabes todo lo que hice para estar aquí…- suspiré intentando secarme las lágrimas separándome mientras llevaba mis manos hasta sus hombros- pero eso ya no importa. Lo que interesa es que vine a recuperar mi vida y eso planeo hacer-.

-Me alegra que sigas siendo el mismo que cuando te fuiste. Que sigas teniendo esa determinación-.

Le dedique una sonrisa como respuesta. Tras un breve silencio hablé- Últimamente he pensado mucho y tomé una decisión…- dije- Necesito de tu ayuda para emanciparme. Esa es la única manera en que lograré ser libre-.

-Cuenta con mi apoyo- llevó una de sus manos a mi mejilla.

-Bien, pero ya tendremos tiempo de hablar con más calma…- comenté.

-¿Y qué me cuentas de nuevo?- pregunté mientras caminábamos hasta mi equipaje.

-No mucho ha cambiado desde que te fuiste. Quizás la única diferencia evidente… es…- no la deje terminar.

-Es que David y Santiago son novios… - dije sabiendo a lo se referiría. Vi desconcierto en sus ojos por lo que decidí continuar- me enteré por las redes, pero te confieso que ya me lo esperaba-.

-¿Ah, sí?- frunció el seño desconcertada.

-Si- respondí- era inevitable que luego de mi partida Santiago buscara la manera de acercarse a David. Al desaparecer yo del mapa le dejaba el camino libre… sin embargo sé que David me ama, sé que también quiere a Santiago, pero algo dentro de mí me dice que lo que él siente se asemeja a lo que yo siento por el-.

-Yo no lo juzgo-.

-Yo tampoco- dije- fui el primero que le hice prometerme que no se reprimiría ante experiencias sexuales con otros chicos. Lo hice por esa situación... Además, sabía que tras mi partida el estado emocional de él quedaría muy vulnerable y estaría más necesitado de afecto…- pausé por un par de segundos-… pero creo que luego podremos hablar más profundamente también de eso. Ahora, lo que quiero es llegar a casa de una vez por todas-.

-Vamos- dijo caminando hasta tomando una de mis maletas.

                                                                                                 >>>*<<<

Estaba de vuelta en casa. La fachada se encontraba exactamente igual que desde que me fui. Nada cambio. Un tanto emocionado abrí la puerta del copiloto del auto para ir hasta el maletero del carro. Esperé a mi tía quien tras introducir la llave la abrió, tomando una de las maletas para ayudarme.

-Están un poco pesadas ¿no crees?- le costaba manipular la maleta.

-Intenté llenarlas lo más posible de mis cosas… aunque solo me traje lo indispensable. Lo que me haga falta lo tendré que comprar…- respondí- era la manera más discreta de escaparme- tomé la otra maleta y la coloqué en el suelo cerrando la puerta del maletero del auto.

- A esta hora ya tu padre saber que huiste- dijo mientras comenzábamos a caminas hasta la entrada.

- Seguramente… y si no lo ha hecho, debe estar moviendo cielo y tierra para saber dónde me encuentro-.

-De eso estoy segura pero…- pausó- ¿Has considerado que él puede regresar y llevarte con él o presentar alguna demanda para que regreses?-.

-Sí… sin embargo, con los líos que tiene en el trabajo apenas tiene tiempo para dormir. Por eso no me preocupo ¿O cómo crees que logré ocultarle mi trabajo en los últimos tres meses?- contesté- Conozco a mi papa y sé que si de él dependiera mañana mismo lo tenía aquí con unas esposas regresándome a Miami… pero como está ahora tan abarrotado de trabajo sé que sus próximas vacaciones serán a fin de año…-.

-Espero no te equivoques- comentó mientras buscaba entre el manojo de llaves en su mano y abría la puerta.

- Bienvenido a casa- hizo una señal con su mano para dejarme pasar primero.

Entré dando un suspiro profundo. Estaba de nuevo en casa… ¡Qué bien se sentía! Nada como tu hogar… sin esperar más caminé hasta las escaleras y con una de mis maletas subí hasta mi habitación.

                                                                                               >>>*<<<

Con un bostezo comencé a retorcerme entre la sabanas intentado despertarme por completo… La siesta me había ayudado, pero aún me sentía casando. Si pudiera me hundía de nuevo en la almohada y me despertaba hasta la mañana siguiente… Pero no podía. Esa noche era la fiesta de graduación de David, era el momento indicado para nuestro reencuentro. Nada más perfecto que ese día tan especial para presentarme de nuevo ante él, y más cuando se cumplían exactamente seis meses de mi partida.

Francamente no tenía más remota idea de que hacer. Solo que me presentaría ante él y… no lo sé… quizás nos abrazaríamos, lloraríamos… no lo tenía claro. La verdad es que desde que conocía al castaño no podía predecir mis reacciones al estar cerca de él porque siempre mis sentimientos controlaban mis actos… y ante ese caso no sabía cómo se comportaría mis sentimientos. Si ya de por si tenía el corazón a reventar con tan solo volver, no me imaginaba cuando lo volviera a ver y me perdiera en esos ojos tan tiernos que me enamoraron… El sonido de la alarma del reloj me sacó de mis pensamientos... Eran las cinco de la tarde. Ya debía comenzar alistarme. Resople por lo bajo un tanto fastidiado.

Nadie tenía noción de mi regreso, de modo que no tenía invitación. Ya me las ingeniaría para entrar, de la misma manera que lo hice para saber todo respecto a la fiesta. En esta era de las redes sociales todo se sabe, no existen secretos entre cielo y tierra.

Parpadeando con fuerza intenté despertar por completo mi cuerpo y me dispuse a salir de la cama. Aún estaba cansado, pero ya dormiría luego. A paso lento caminé hasta el baño y me desprendí de mi short de pijama junto con el bóxer para quedar completamente desnudo. Fui a orinar al inodoro para luego meterme en el cubículo de la ducha. Tanteé por unos segundos el agua graduando la temperatura y cuando estuvo los suficiente tibia para me metí bajo la ducha.

El agua estaba bastante bien, lograba relajarme. Desde hacía mucho no lograba relajarme con una ducha, creo que el estrés de los últimos meses nunca desapareció, siempre estuvo presente.

Podía sentir como el agua recorría a riachuelos cada centímetro de mi cuerpo, acariciando mi fuerte cuello pasando por mi musculosa y fuerte espalda, llegando en mis nalgas que aún seguían duras a pesar de mi descuido con el ejercicio y terminando en mis potentes piernas. No estaba tan mal después de todo, aún conservaba intacta mi figura.

Luego de diez minutos bajo aquella relajante ducha, le di fin a mi baño. Sequé mi cuerpo con una de las toallas y caminé hasta la habitación para alistarme. La mayoría de mi ropa se había quedado en Miami, pero logré traer lo suficiente.

Fui hasta mi equipaje para sacar las prendas que había escogido en mi mente. Un pantalón beige, una camisa de magas largas blanca y un saco azul marino. La consideraba una buena elección. Sin mucho apuro me aliste. Con el pasar de los minutos la emoción y el nerviosismo se hacían más presentes… Esa noche sería una de las más especiales de toda mi vida.

ERIC

Estar inválido es una porquería. Creo que después de perder la vista perder la movilidad es una de las peores cosas que te pueden pasar. Tener que depender de alguien para moverte, para bañarte y hasta para hacer tus necesidades más básicas, es insoportable y humillante, siendo inevitable sentirte completamente inútil e incapaz. Es como si fueras un parasito al que los demás tienen que poner atención. Y así me sentí durante las últimas semanas. Como un parasito al cual Rebeca tenía que atender, darle de comer, bañarlo y… !Arsh! en verdad era un completo inútil, pero bueno, no vale recordar cosas que te ponen de mal humor pero, entiéndanme… Desde pequeño siempre he aprendido a hacer las cosas yo mismo y no pedirle favores a algún tercero si no es estrictamente necesario. En ese sentido soy un poco orgulloso. Siempre me ha gustado ser lo más independiente que se pueda y que de un día para otro quede postrado en una silla de ruedas es verdaderamente traumático, bueno para mí.

Muchos dicen que cuando sobrevives a un accidente como el mío es porque no era tu hora de morir, que te queda por hacer algo importante. No sé cuál será mi destino pero estoy convencido de por algo me quede. Siendo sincero, creí que esa tarde moriría. Ver la imagen de mi padre junto a mí me hizo pensar que era mi hora de estar junto a él, pero ahora si analizo las cosas más con calma quizás el verdadero mensaje era que él estaba junto a mí cuidándome, a lo mejor es por él que sigo vivo…

Di un suspiro un tanto cansado revolviéndome sobre las sabanas, miré el reloj en la mesita de noche eran las 5 de la tarde. De seguro Rebeca ya se estaría arreglando para salir, pensé. Me hubiese gustado estar con ella al cien por ciento ese día, pero después de todo no me podía quejar. Por lo menos la pude acompañar al acto de grado esa mañana. Era lo mínimo que podía hacer. Sabía que sobre toda la rabia y el resentimiento que me pudiese estar consumiendo, estaba el amor y el agradecimiento, y no le podía fallar, no a ella quien había sido mi apoyo durante los últimos días; aparte de Eduardo, claro… Eduardo, él era otra persona a la que le debía agradecer su paciencia para conmigo. No tenía duda que en verdad me quería.

Desde el accidente aguanto cada una de mis rabietas y malos tratos y supo mantener su distancia para no incomodar a mi madre. ¿Qué más le podía pedir? Era el mejor chico que había conseguido. Mejor de lo que alguna vez imagine. De verdad nunca me imaginé que alguien me pudiera querer de ese modo en donde no importan las dificultades o las tragedias. Después de todo en el fondo sabía que no me podía quejar de la vida.

El sonido de la puerta me sacó me hizo volver en sí.

-Adelante - dije.

Era Rebeca – Eric…- me llamo por lo bajo recostándose contra el marco de la puerta sosteniendo el secador entre sus manos- le he dicho a Eduardo que venga, espero no te molestes-.

-Claro que no pero… ¿mamá?- pregunté extrañado. Mi madre aún se negaba a aceptar que Eduardo era mi novio, y de una manera muy sutil mantenía su distancia.

- Se va para que los abuelos todo el fin de semana- respondió- así que me tome la atribución de invitarlo. Le he dicho que venga a eso de las ocho ¿No te importa?-.

-En absoluto- le dije encogiéndome de hombros- ¿pero… quién le abrirá?- aún me costaba hablar de mis impedimentos por estar invalido.

-Le dejaré una copia de la llave bajo la alfombra de la entrada- dijo.

-Bien- dije al no ver problema en ello.

DAVID

Sin mucho entusiasmo caminé en la fila en espera de mi turno para entrar. Aún era temprano. Solo las primeras personas estaban llegando, en su mayoría profesores. El resto de mis compañeros esperaría un poco más para llegar. A mi lado Esteban basculaba entre un pie y otro un tanto aburrido.

-Veo que somos de los primeros- comentó sin apartar su mirada de la entrada.

-Al parecer. Creo que debimos haber esperado un poco más- dije viendo la hora en mi celular- son apenas las 8-.

-Ya, pero que se le va hacer- se encogió de hombros- ¿Tienes que decir algo ahora?-.

-No. Mi única intervención era esta mañana en el auditorio- contesté. En realidad no me apetecía hablar de nuevo en público, a duras penas pude hacerlo frente a todos mis compañeros y los padres de mi compañeros durante la ceremonia de graduación. Había sido el mejor promedio de mi promoción por lo que debí dar el discurso, pero eso no significo nada para mí. Menos en el estado de ánimo en el que me encontraba. En realidad lo último que quería era dar un discurso de felicidad y motivación cuando eso era lo menos que sentía mi corazón. Pero igual lo hice. Era mi responsabilidad.

-¿Y qué se siente ser el chico más guapo y más inteligente del colegio?-.

-Por favor no exageres- comenté restándole importancia.

-No exagero. Te aseguro que eres el que más materia gris tiene entre todos nosotros y también uno de los que más bueno esta. Me creerías sin  hubieses visto las caras de desilusión de más de una cuando saliste del closet y… la emoción de otros-.

No pude evitar reírme ante el comentario- Bueno, yo también he notado la mirada de más de uno pero la dejo pasar. Francamente no me interesa andar de cama en cama-.

-A mí tampoco…- musitó metiendo las manos en sus bolsillos. Lo vi tensarse por un segundo pero no le di importancia. Iba a decir algo con respecto a Rebeca pero en ese momento llegamos a la entrada. El guardia nos pidió las entradas, las cuales se las pasamos, les rompió el pedazo para marcarlas como usadas y no las regresó. Continuamos con nuestro camino e ingresamos al local. Era bastante espacioso y un tanto sofisticado. La pista de baile era espaciosa y dejaba lugar para la colocación de mesas a los alrededores. De inmediato busqué una mesa vacía; que no fue difícil pues el sitio se encontraba prácticamente vacío. Opté por una un tanto apartada del resto y me senté, haciendo lo mismo Esteban junto a mí.

-¿Sabes algo de Rebeca?- preguntó Esteban.

-Por el momento no. A eso de las cinco me escribió que se estaba alistando pero de allí no he vuelto a saber de ella-.

-¿Cómo van las cosas con ella?-.

-Bueno- suspiré- diría que bien, pero no existen indicios de eso, solo te puedo decir que en estos últimos días ha intentado acercarse-.

-Por lo menos es algo- musitó.

-Conociéndola, si- concordé con él.

                                                                                                    >>>*<<<

Con el pasar de los minutos las personas fueron llegando, compañeros, amigos y familiares de amigos. Todos entraban en grupo o en pareja. Siendo inevitable sentirme mal al ver como el resto del mundo me restregaba su felicidad. Si, Esteban me acompañaba pero no era lo mismo. Si bien nos llevábamos bastante bien, no teníamos esa confianza como la tenía con Rebeca o como él la tenía con Santiago y Fabián. Siendo esa la causa de la tensión entre nosotros más de una vez. Aunque  a veces sentía que la tensión era por algo que le pasaba a Esteban y aun no descifraba, entendía que eran cosas de él y no debía entrometerme en sus asuntos personales. Pero intuía que era algo con respecto a lo que pasó entre nosotros, o eso creía. De seguro estaría en ese dilema personal luego de haber estado por primera vez con un hombre.

Me encontraba mirando hacia el vacío cuando percibí la presencia de Rebeca en la entrada de inmediato posé mi vista sobre ella esperando que lograra divisarnos, tras un breve paneo al panorama sus ojos llegaron hasta donde estábamos sentados. Nos dedicó una sonrisa que no era forzada pero tampoco la más radiante. La vi dudar un par de segundos si acercarse o no a nosotros antes de comenzar a acercarse. Estábamos progresando. Por lo menos se le veía el interés de acercarse cada vez más. Claro no todo volvería a la normalidad de la noche a la mañana. No obstante por lo menos tenía la esperanza que un futuro no muy lejano nuestra amistad volvería a ser la misma de antes. Donde le contaba todas mis dudas, le pedía consejos, le pedía ayuda con decisiones… definitivamente Rebeca era un pilar fundamental de mi vida.

-¿Cómo están?- preguntó cuando estuvo frente a nuestra mesa.

-Mmm bien- contestó Esteban- un poco aburridos-.

-Eso veo- respondió Rebeca- sus caras son el vivo retrato de la pereza- se sentó en una silla frente a nosotros.

-¿Viniste sola?- pregunté.

-Si- dijo ella- porque ¿Con quién vendría?- se encogió de hombros- no quería pasar este día con cualquiera, quería compartirla con mis amigos. Con ustedes- solo pude sonreírle por su comentario- ¿Y Santiago?- no pude evitar tensarme por su pregunta. Durante la última semana las cosas no habían cambiado entre Santiago y yo. Bueno si lo habían hecho pero el cambio que había ocurrido no era el que precisamente esperaba. Parecíamos más amigos que otra cosa. Pero por lo menos se veía un primer indicio de acercamiento de su parte. La verdad no sabía si sería capaz de soportar la espera.

-No lo sé- contestó Esteban encogiéndose de hombros- pensé que vendría contigo-.

-Para nada. Desde hace varios días no me escribe- dijo- pero es seguro que viene. Eso me dijo-.

-Habrá que esperarlo- contesté sin mucho entusiasmo.

Hubo unos segundos de silencio en donde ninguno de los tres sabía que decir. Iba a preguntarle algo sobre su madre cuando su voz me lo impidió- ¿Quieren bailar?-.

Esteban y yo nos miramos por un segundo y asentimos a unísono como señal de respuesta- Vamos- respondió Esteban levantándose- necesito levantarme de esa silla-.

FABIAN

Llevaba más de quince minutos intentando que el guardia de seguridad me dejara pasar. Nada que le decía lo hacía cambiar de opinión. Ninguno de mis discursos lo hicieron inmutarse en lo más mínimo. Solo se dedicó a responderme que si no tenía entrada no podía entrar. ¡Por Dios, que intenso! Como si el dejarme pasar significara un pecado capital.

­-Pero ya te dije que son mis compañeros los que están allá adentro- le decía lo más calmado que pida. Lo último que quería era un puñetazo de ese tipo si lo hacía molestar. Me doblaba en musculatura- conozco a todos-.

-¿Y porque no trae invitación?-.

-Porque me fui de viaje y ahora es que regreso. Y no me dio tiempo de conseguir la invitación- no entendía porque le tenía que dar tantas explicaciones.

-Lo siento pero como ya le he dicho no hay nada que pueda hacer. La orden que tengo es no dejar pasar a nadie que no tenga entrada- me dijo con la misma cara inexpresiva de los últimos minutos.

Resoplé por lo bajo intentado calmarme. Debía buscar la manera de entrar como fuese.

-¡¿Fabian?!- escuché una voz familiar llamarme.

Inmediatamente me giré sabiendo de quien se trataba- ¡Ariadna!- respondí caminando hasta ella con una sonrisa para abrazarla.

-¿Pero qué haces aquí?- preguntaba mientras sus brazos rodearon mi cuello para abrazarme- Pensé que estabas en Miami-.

-Lo estaba- contesté separándome- pero decidí regresar. La vida americana no es para mí- Y el amor de mi vida estaba aquí, claro, eso no se lo podía decir, por el momento.

-¿Por qué te fuiste? Nunca supimos la razón verdadera de tu partida. Solo que tu padre decidió llevarte con el-.

-Es una historia un tanto complicada… mi papá se enteró de algo de mi vida con lo que no estaba de acuerdo y decidió que lo mejor era que estuviese con él para disciplinarme… pero ya tendré tiempo para contarte. Ahora necesito un gran favor de tu parte-.

-¿Cuál? Dime-.

-El guardia no quiere dejarme pasar-.

-¿No tienes entrada, verdad?- negué con la cabeza- déjamelo a mí. Estas hablando con una de las organizadoras del evento- me tomó de la mano, para caminar hasta la puerta.

-Hola Ryan ¿Qué tal te va?- le saludo cuando estuvimos frente a el- el chico acá es mi primo y viene conmigo. ¿Lo podrías dejar pasar? Se la política que de que si no tienes entrada no puedes entrar, pero entiéndelo, vino desde muy lejos para acompañarme y sería muy triste que por un protocolo como este no pueda compartir esta noche tan especial con él- la chica estaba utilizando todas sus armas femeninas que parecían estar funcionando, porque le dedico una sonrisa a Ariadna. Por lo visto el tipo si tenía emociones. A veces los hombres somos demasiado manipulables.

-La entiendo señorita pero entiéndame la orden que me dieron…-.

-Hagamos algo- lo interrumpió- Si tu jefe llega a decirte algo o te llama la atención le dices que hable con migo ¿Te parece?-.

-Bien- contesto abriendo el cordón.

-Muchísimas gracias Ryan- le respondió dándole una palmada en el brazo que no sabía si interpretar como gesto de coqueteo o autentico agradecimiento. Creo que cada uno lo interpretó como quiso.

Ya una vez adentro el sonido de la música se acrecentó. Por lo que se escuchaba la fiesta estaba bastante animada.

-Gracias por la ayuda- le dije dedicándole una sonrisa sincera mientras nos alejábamos de la entrada pasando por un pequeño vestíbulo.

-De nada. No hay que un par de coqueteos no solucionen- solté una leve carcajada por sus palabras- ustedes lo hombres son muy predecibles. O mejor dicho, esa lombriz que tienen entre las piernas que piensa por ustedes es muy predecible- dijo negando con la cabeza poniendo los ojos en blanco.

-Creo que debo darte la razón en ese tema-.

-La tengo querido- dijo deteniéndose extendiendo su mano para abrir la puerta que daba al local- ¿Listo para el reencuentro?-.

-Listo- dije aspirando hondo.

DAVID

Nuestros cuerpos se movían al ritmo de la contagiosa melodía. Ya cualquier rastro de pereza nos había dicho adiós. Nos encontrábamos completamente poseídos por la adrenalina que impregnaba el ambiente. A mi derecha Rebeca se concentraba en disfrutar del baile, mientras que a mi izquierda Esteban intentaba hacer lo mismo pero con movimientos más sensuales. Había que reconocer que el chico sabía moverse. No tardó más de dos segundos en acaparar miradas. No todas las noches veías a un rubio que se rompía de bueno haciendo movimientos de un estríper profesional. Claramente sería un buen material para las pajas de muchos y los sueños de muchas.

En cuanto a mí solo me dedicaba a bailar como sabia, sin llamar mucho la atención. Guardando la distancia al estar bailando en grupo. Y así me pretendía quedar durante toda la noche. Pude percibir como algunos chicos (conocidos o no) intentaban acercarse pero los rechazaba de inmediato. Lo último que buscaba era ligar con alguien. Una de las desventajas (por lo menos yo lo consideraba así) de estar fuera del closet es que las personas creen que por ser gay te gustan todos los hombres, lo que da pie a que cualquiera piensa que puede ligar contigo. Es bastante incómodo.

En un momento donde daba un vistazo a mí alrededor para comprobar si no había algún pesado en el perímetro mis ojos captaron una presencia conocida moviéndose entre la gente. De inmediato mi cuerpo se detuvo. Durante unos segundos de duda me dije que era completamente imposible lo que pensaba. Seguramente fue una mala pasada de mi vista, una confusión de luces. ¡Pero no…! (Vi de nuevo aquella silueta) se parecía mucho a… Mi corazón se aceleró descomunalmente, al punto que sentía que se saldría del corazón, la frecuencia de mi respiración se incrementó como si estuviese sufriendo un ataque de asma. Los nervios me invadieron haciendo temblar mis piernas y en la comisura de mis ojos sentí unas pequeñas gotas las cuales aparté de inmediato con un fuerte parpadeo. Con algo de temor busqué ese saco azul marino que había atrapado mi atención que seguía moviéndose. Ubicándolo esta vez más cerca. Tras un par de pasos más, lo vi.

Una lagrima término por escaparse de mis ojos. Mi pulso estaba por lo cielos. Las palabras se quedaron aglutinadas en mi garganta, haciéndome boquear sin poder decir algo. Mi cuerpo se quedó completamente estático, incapaz de responder a las órdenes de mi cerebro. Mis ojos se encontraban fijos en él creyendo imposible que lo estuviesen viendo a unos cuantos metros de mí. Con cada paso que se acercaba el sonido en mis odios de las palpitaciones de mi corazón se hacía más fuerte. La emoción y los sentimientos que solo él me provocaba se intensificaban en mi pecho.

Una sonrisa de felicidad se esbozó en mis labios, aun sorprendido por lo que veía y saliendo del trance en el que me encontraba terminé por acortar los centímetros que nos separaban para lanzarme entre sus brazos que no dudaron en recibirme y rodearme. De inmediato el llanto se hizo presente. Un llanto de felicidad, un llanto de alegría por tenerlo allí conmigo. ¡Cuánto le quería! Él era mi todo, era la única persona que podía hacer que mi corazón se acelerara o se detuviese con tan solo respirar. Él era mi amor. Yo era de él y él era mío.

-No sabes cuánto te extrañe- decía entre sollozos con mi cabeza posada en su hombro.

-No sabes cuánto luché por estar aquí- me susurró al odio ¡Dios esa voz me seguía derritiendo! Todo de él me desarmaba- …te dije que regresaría y aquí estoy- dijo tomándome del cuello y uniendo nuestra frentes. Por mis mejillas las lágrimas corrían a mares.

-¿Pero cómo…?- intentaba preguntar. El remolino de emociones me dificultaba articular las palabras.

-Digamos que me la ingenie para escaparme…- dijo abriendo los ojos para mirarme. Yo le imite, contemplar su mirada era fascinante. Solo le pude dedicar una sonrisa como respuesta, aun no caía en cuenta que lo que pasaba era real- ¿Qué pasa?- me pregunto riéndose un poco como yo.

-Que aún no me lo creo…- contesté- esto parece un sueño-.

-Pues créelo. He venido para quedarme…- me miraba fijamente a los ojos. Sus ojos seguían teniendo esa capacidad para ver en lo más profundo de mi alma y desarmarme por completo. Fabián era una de las pocas personas que me hacía temblar solo con mirarme.

-Sigues estando igual de guapo…- le comenté llevando una mano hasta su mejilla.

-Y tu igual de hermoso…- me dijo- esa mirada que me enamoró aún sigue ahí- sentí su mano en mi rostro.

-Te amo- le dije con sinceridad. Ya no tenía dudas, lo tenía claro, era Fabián. Él era el amor de mi vida. Cualquier duda que me atormento fue disipada en ese momento.

FABIAN

No existían palabras para describir como me sentía en ese momento. No había ninguna frase que lograra expresar toda la felicidad que mi corazón sentía. Sentía como si hubiese vuelto a la vida luego de una larga pausa. Por primera vez en meses esa sensación de paz me invadía. Una tranquilidad invadía cada parte de mi cuerpo.

Hubiese dado lo que fuera porque esa escena se perpetuara por la eternidad. Estar así con él era lo que más quería en el mundo. Estar cerca, que nuestros cuerpos se volvieran uno, que no existieran fronteras entre nosotros, que nada nos impidiera amarnos. No me interesaba que medio local nos viera. No quería esconderme más. Más bien lo contrario, deseaba gritarle al mundo que el chico que me robaba el aliento estaba frente a mí. Quería que todos vieran a quien le pertenecía y presumir de mi amor con todos.

Ese “Te amo” era todo lo que mis oídos necesitaban. Esa frase era suficiente para entender que nuestro sentimiento seguía intacto, puro y tan fuerte como cuando me fui. Ya no necesitaba escuchar más.

Sin reprimirme más, dirigí mis labios hasta los suyos y los uní en ese beso los dos deseábamos tanto. El primer contacto fue un tanto brusco. Como cuando alguien que lleva días sin beber agua prueba el vital líquido. Un beso impregnado de pasión y deseo, de necesidad por el contacto de esa piel tan sedosa y calidad. Nuestras lenguas no dudaron en salir al trote y saludar a su compañera luego de tanto tiempo. Enredándose en un baile casi sincronizado. Sin miramientos bajé una de mis manos desde el cuello de David y para posarla en su cintura y atraerlo más a mí. Necesitaba sentir la cercanía y calidez de su cuerpo. Lo necesitaba a él más que nunca. Para mi ese no era un beso, sino una autentica expresión del amor más puro y sincero…



© Derek William

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