Hoy empiezo una serie de relatos contando algunas aventuras
que tuve con una antigua novia llamada Sesé. No voy a hacer presentaciones
físicas porque, al final, cada uno se imagina lo que quiere. Somos personas
normales que intentábamos disfrutar de la vida. Y ponemos nombres reales porque
me da morbo que alguien nos reconozca y se sorprenda. Mi nombre es Alejandro.
Sucedió cuando fuimos a una fiesta que se celebra en
Cambados, la fiesta del Albariño. Habíamos invitado a una amiga mía, de nombre
Alicia. Después de pasarlo bien en la fiesta y beber mucho vino del bueno (de
eso trata básicamente esta celebración para la mayoría de la gente), llegamos a
casa de los padres de Sesé en Pontevedra. Dormíamos los 3 en la misma habitación
porque no había más sitio pues estaba también la familia de Sesé aunque no
habían llegado todavía. Era una habitación de dos camas separadas por un escaso
metro, sin persianas, solo con una cortina que dejaba pasar bastante luz de una
farola cercana. Los tres íbamos muy contentillos después de todo el albariño que
nos habíamos bajado en la fiesta, sobre todo Sesé y yo, pues Alicia tenía que
conducir.
Después de las pertinentes visitas al baño, nos metimos en
cama. No sé si era por el calor que hacía, por el alcohol o por el cansancio
pero ninguno nos pusimos el pijama. Yo dormía en calzoncillos y ellas dos en
bragas y el mismo top que llevaban puesto. A Sesé, con quien compartía la cama,
le dije que se lo quitase pues apestaba a humo y a vino. Alicia se lo quitó poco
después, usando la misma excusa. Al decir que se lo quitaba, me dio tiempo a
girarme y ver sus tetas y, aunque conocía su cuerpo de sobra de ir juntos a la
playa nudista, me dejó con un gusanillo en el cuerpo. La verdad es que había
demasiada luz por culpa de la farola para dormir, aunque vino de perlas en ese
momento y para lo que estaba por venir.
Cuando llevábamos menos de 15 minutos, Sesé empezó a
acariciarme y a besarme. Eran los cariños típicos de la pareja que éramos antes
de quedarse dormidos. Pero mi cuerpo reaccionó de otra manera. Ella notó mi
erección y la acarició por encima de los slips mientras una sonrisa pícara se
dibujaba en su cara. Me besó en la mejilla y me susurró algo al oído que no
entendí. Las caricias eran mutuas. Cuándo Sesé metió su mano por debajo de mis
slips, miré hacia la otra cama. Alicia estaba de espaldas a nosotros y no sabía
si dormía o no, pero lo dudaba porque sabía que le costaba bastante conciliar el
sueño, sobre todo después de beber, y que normalmente era muy ligero. Pero eso
lo sabía yo, no Sesé y no iba a decir nada. Además la miopía que tenía le haría
imposible darse cuenta de si se despertaba o de si miraba, salvo que dijera
algo. Me sentía caliente, aquellas caricias "inocentes" me habían excitado mucho
y la presencia de Alicia me ponía aun más cachondo. Me había exhibido ya delante
de un hombre (historia que contaré en otra ocasión), pero me daba más morbo
hacerlo delante de una mujer, aunque no tenía nada planeado ni sabía hasta dónde
llegaría la noche.
Sesé me besaba la oreja y el cuello poniéndome aún más
caliente y ella era consciente de que haciendo eso yo perdería la poca
inhibición que pudiera tener. Mis manos no se quedaron quietas y fueron
directamente a buscar su entrepierna, colándose por debajo de sus bragas. Sesé
no abría las piernas y le pregunté qué pasaba y ella susurró que esperásemos a
que Alicia se quedara dormida. Yo volví a mirar y le dije que ya estaba
durmiendo, que con el colocón del vino se había quedado como una piedra. Y sus
piernas dejaron de ofrecer resistencia. Estaba claro que tenía tantas ganas como
yo de lo que aún estaba en su preliminares. Mis dedos jugaron con su clitoris y
su vagina y pronto ella estaba igual de caliente que yo, o incluso más. Los dos
compartíamos el "problema" de perder nuestras pocas vergüenzas al beber y el
alcohol nos subía la libido bastante. Besaba su cuello mientras mis dedos se
llenaban con sus jugos. Ella mismo se quitó sus bragas. Volví a mirar hacia
Alicia y se había dado la vuelta. Yo hice el gesto de mirar despacio para darle
tiempo a disimular por si estaba mirando, algo que deseaba que estuviera
haciendo. Sus ojos estaban cerrados, pero estaba medio destapada y pude apreciar
sus pezones muy erectos, lo cual me dio una pista de que sí estaba al tanto de
lo que allí sucedía. Eso me puso a 100. Y me puse a follarla con mis dedos,
metiendo dos y luego 3 mientras no dejaba de besar su cuello. Eso sabía que la
volvía loca. Así fue. Se abrió completamente de piernas, quitando casi la sábana
que nos tapaba y escondía su cabeza debajo de mi brazo para reprimir los
gemidos. Metía y separaba los dedos dentro su coñito, como sabía que más le
gustaba y ella me mordía para no hacer ruido aunque un chof, chof ya se oía de
vez en cuando. Volví a mirar a la cama de Alicia y seguía en la misma posición,
pero sus ojos ahora estaban fijos en la mitad de nuestra cama y bien abiertos.
Nuestra cama era la más cercana a la ventana y se podía ver casi todo. Dejé mis
dedos dentro de su coño, haciendo círculos, confiando en que con eso no se
negara a lo que le iba a decir:
-hazme una mamada, bonita
Ella me miró, con su cara sudorosa por el placer y el
esfuerzo de contener los gemidos. Levantó la cabeza por encima de mí, mirando a
Alicia con sus ojos miopes.
-y ella?- me preguntó
-ahora te acuerdas de ella?-le susurré irónicamente
No se hizo más de rogar y bajó hasta mi entrepierna, se puso
de rodillas, echando ya hacia atrás lo poco que tapaba la sábana y comenzó a
mamármela. Ahora era yo el que contenía los gemidos. Volví a mirar hacia la otra
cama y la vi mirando hacia nosotros, ya sin disimulo. Nuestras miradas se
cruzaron y sonrió. Yo le devolví la sonrisa y le hice un gesto de silencio.
Dudaba que Sesé se fuera a cortar a esas alturas pero estaba demasiado excitado
para arriesgar. Me concentré de nuevo en la mamada, aunque de vez en cuando
volvía a cruza mi mirada con la de Alicia, y sujetaba el pelo de Sesé para ver
bien como mi polla se perdía en aquella boca. Las manos de Alicia se perdían
debajo de la sabana y estaba claro lo que hacían. Se me pasó por la cabeza
proponer un trío pero dudaba que Alicia fuera a decir que sí y no quería
estropear aquella escena tan excitante para mi mente.
Luego Sesé se subió sobre mí. En ese momento la sabana ya
había desaparecido y estábamos los dos desnudos a menos de un metro de Alicia
haciendo el amor. Se la metió y empezó a moverse en círculos, luego cambiamos a
la del perrito. Yo miraba hacia Alicia de vez en cuando y veía que sus ojos no
perdían detalle de todo lo que pasaba. Aquella postura, favorecía su visión y,
como si hecho a propósito, estábamos algo ladeados respecto a ella.. Follábamos
salvajemente en silencio pero me costaba cada vez más no gemir y el placer me
venció. Unos gemidos fuertes, expresión de todo el placer que estaba sintiendo,
empezaron a oírse. Sesé giró su cabeza haciéndome con el dedo la señal de
silencio. Yo seguí haciendo esfuerzos para no hacer ruido pero crucé una sonrisa
cómplice con Alicia. Ella tenía la sábana ya por la cintura y podía apreciar el
movimiento de sus muñecas.
En ese momento, noté como algo se contraía en Sesé, preludio
de su orgasmo cercano. A mi me costaba aguantar sin hacerlo, pero no teníamos
condones y ella había dejado de tomar la píldora. Le dije que no podía correrme
dentro de ella y me pidió que aguantara un poco más. Ella se corrió, con esos
gemidos silenciosos que oyen todos los vecinos. Yo miré a Alicia mientras sacaba
mi pene del coño de Sesé. Ella se dejó caer en la cama, boca abajo. Yo me senté
a horcajadas sobre ella. Empecé a subir y bajar la mano por mi polla, reluciente
de sus jugos vaginales, muy despacio, mientras acariciaba el culo de Sesé y
miraba a Alicia. Ella me sonreía y esa sonrisa me encantaba. Eso hizo que me
pusiese más caliente si cabe. Noté como mi semen se acumulaba ya en la base de
mi pene y empezaba a pedir salida. Pero quería disfrutar al máximo de aquello.
Apreté fuerte mi pene, para evitar eyacular, pero sin dejar de subir y bajar con
mi mano. Estaba sintiendo un placer mayúsculo. Me estaba exhibiendo y una mujer
estaba disfrutando con ello. Miraba cómo sus dedos se perdían dentro de su coño.
Sesé, seguía inmóvil debajo mía, y yo ya no aguantaba más. Empecé a eyacular a
lo bestia llenando la espalda de sesé con todo mi semen. No paraba de salir.
Estuve un buen rato, hasta que exprimí la última gota. Luego ella se levantó
para ir al baño a limpiarse y nos quedamos Alicia y yo solos. Ella aun se
masturbaba ya cerca del orgasmo por como se movía en la cama y mi polla aun
estaba empalmada. Me quedé tumbado en la cama, acariciándome y disfrutando de su
paja. Cuando Sesé volvió, nos dormimos abrazados. Me preguntó si Alicia se
habría enterado y mi única respuesta fue decirle que no se preocupara.