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Fecha: 03-May-09 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Caluroso verano

Zorro Blanco
Accesos: 152.918
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Por fin llegaron las vacaciones, por fin los días libres para hacer lo que te viniese en gana, por fin pasar horas y horas frente a la videoconsola para acabar ese juego que durante el curso se te resistía, por fin llego el verano, el cálido verano, el caliente verano que no podré olvidar. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Caluroso verano

Capítulo 1


Por fin llegaron las vacaciones, por fin los días libres para hacer lo que te viniese en gana, por fin pasar horas y horas frente a la videoconsola para acabar ese juego que durante el curso se te resistía, por fin llego el verano, el cálido verano, el caliente verano que no podré olvidar.

Yo era un adolescente por aquel entonces y ya había descubierto los placeres solitarios que todo buen chico debe conocer, y con las vacaciones y más tiempo libre, con mi madre trabajando durante la mañana, ¡pues las pajas se multiplicaban por diez! Normal cuando la edad es pura hormona en ebullición y cuando tienes tiempo y soledad para hacerlo. Películas porno, revistas y demás guarrerías me hacían disfrutar de mi pasión privada.

Hasta que un buen día llegaron los vecinos de veraneo, y con ellos su hija. La chica no estaba bien, mi madre me dijo que le ocurrió algo al nacer y no llegó a desarrollar bien el cerebro. Por lo demás la muchacha era muy simpática y se reía mucho, le encantaba verme jugar a la videoconsola y se lo pasaba también muy bien probando ella, aunque eso si casi no hablaba, apenas respondía con monosílabos o frases cortas: "si", "no", "agua", "hambre"... Me caía bien, se la veía muy tierna y cariñosa, aparte de que estaba buena, tenía el pelo rubio, un poco rizado y unas tetas pequeñas y redondas, su culo también era muy redondito. Yo era hijo único, así que nunca supe lo que era un hermano o hermana, y mi madre enviudó algo joven, por lo que los dos vivíamos sólos.

A los pocos días de llegar la vecina me pidió que cuidase de su hija esa mañana, mientras ella iría al ayuntamiento ha arreglar un asunto de recibos de la casa que tenía pendiente. Así que nada, me puse a jugar con ella a los vídeo juegos como cada tarde que se juntaban nuestras madres respectivas.

Pasaron un par de horas y comencé a aburrirme, el juego era muy difícil y no conseguía pasar de una pantalla, fue entonces cuando ella me dijo que quería hacer pipí, así que le indiqué donde estaba el baño. Entonces me picó la curiosidad, y me quedé mirando en la puerta. Ella no pareció disgustarse y se bajó las braguitas deslizándolas por sus muslos hasta las rodillas y se sentó para hacer piss. La verdad es que por mi mente pasó en aquel instante la idea de verle el coño, yo nunca había visto uno en directo, pero me daba pena aprovecharme así de ella, que no entendía de estas cosas. Así que dejé de mirar y me volví al salón.

Un rato más tarde fui yo al servicio, y cuál no fue mi sorpresa cuando vi que mientras mi chorrito amarillo se perdía por el blanco nacarado de la taza del váter, unos ojos me espiaban. Era mi invitada, ¿cómo no?, que miraba mi pito mientras lo señalaba y riéndose decía: "tu pito". La verdad es que me dio un poco de vergüenza y hasta me debí poner colorado. Cuando terminé me volví con ella al salón y a partir de este momento por mi mente no dejaron de pasar ideas para "engatusar a mi vecina y hacer guarrerías con ella". Me había puesto supercachondo y tenía el pito como una alcayata.

Sin resistirme más me levanté y ni corto ni perezoso me bajé las bermudas y los calzoncillos, dejando al aire mi querida y dura alcayata.
- Luisa, ¿quieres tocarme el pito, sí?

Luisa se rió y volvió a señalarlo y ha decir "pito". Entonces cogí su mano y la acerqué a mi pito posándola encima. Ella seguía riéndose mientras con la otra mano se tapaba la boca, pues parecía que le diese vergüenza también.

El caso es que con el toqueteo que me hacía con su mano me puse muy cachondo y me emocioné pensando en cumplir mi sueño de aquel entonces de "echar un polvo". Qué malo tenía después de todo, ella era mayor que yo en edad y no parecía disgustarle los juegos con mi "pito" como ella decía.

Me senté junto a ella y comencé ha acariciarle sus tetas, estaban blandidas y suaves. Ella me miraba y sonreía, ¡dejándose hacer! Y yo no me lo creía, un cuerpo femenino sólo para mi. Le subí la camiseta y le vi el sujetador tocándole las tetas encima de él, me estaba poniendo como una moto por momentos. Intenté desabrocharle el sujetador pero estaba duro y pensé que si volvía su madre no me daría ni tiempo a volver a ponérselo así que desistí de quitárselo. Eso sí conseguí bajárselo un poco y verle los pezones, pequeños y sonrosados, luego se lo volví a poner.

Me decidí a levantarle la falda y acaricié sus muslos blancos y suaves, ella seguía sin protestar, lo que me animó a separar sus muslos para verle mejor las bragas y su coño. Podía intuir un montón de pelos bajo la blanca tela de algodón y efectivamente al tacto noté lo esponjoso de su vellosidad. Estaba que me salía.

Pero en un instante el corazón me dio un vuelco, justo en el momento que sonó el timbre. Rápidamente dí un respingo y salté del sillón, mi corazón estuvo a punto de salírseme por la boca, si no llega a ser por que la cerré e intenté tragar la poca saliva que me quedaba, se me escapa.

Me relajé un momento, mientras Luisa gritaba: ¡mamá, mamá! Y salía disparada por el pasillo. La dejé ir y me recompuse, poniendo la mejor de mis sonrisas y disimulando con una mano en el bolsillo salí a su encuentro. Cuando vi la puerta, ésta ya estaba abierta y Luisa abrazaba a su mamá. La saludé y ella me dio las gracias por cuidar a su hija. Me invitó a acompañarlas para tomarnos un refresco en su piso, rechacé la oferta sintiendo que mi cimbel aún palpitaba en mis bermudas pero ella me cogió del brazo y me sacó literalmente de mi casa así que las acompañé.

Las dos veraneaban también solas, su marido se había divorciado por lo visto hacía años. Me puso algo de picar y una bebida fresca y nos sentamos a ver en la tele al Arguiñano. La madre se fue para cambiarse y volvió ataviada con una blusa bastante transparente y unos "shorts" que me pusieron en alerta. No podía evitar dejar de mirarle las tetas y su sujetador blanco bajo la tela, creo que ella se dio cuenta más de una vez aunque no paraba de sonreír y no pareció molestarle.

Por la tarde nos bajamos a la piscina con mi madre y allí me dediqué a jugar con Luisa en el agua. Estábamos sólos pues era el mes de agosto y casi todos los vecinos estaban de vacaciones en la playa. De modo que en la piscina estábamos los dos sólos también, así que me dediqué a acariciarle el culo y su entre pierna bajo el agua cuando sabía que no nos veían nuestras madres.

Ya por la noche cené y me fui a dormir rápidamente, hasta mi madre se sorprendió, pues normalmente me iba a la cama muy tarde y nos quedábamos viendo la tele. Pero hoy tenía muchas pajas atrasadas y me corrí como nunca después de las excitantes vivencias del día.

Al día siguiente eché en falta a mi vecina así que fui yo a visitarlas y nos fuimos los tres al centro. Mis vecinas eran muy simpáticas y hospitalarias conmigo así que yo les correspondía con chistes y locas ocurrencias de la edad. Recuerdo que la madre estaba bastante buena, especialmente me gustaban sus pechos, ni muy grandes ni muy chicos, con su tamaño justo, encima le gustaba vestir con ropa ajustada, transparente y escotes pronunciados. Total que le dediqué más de una de mis masturbaciones solitarias durante el verano y el otoño.

Esa noche salimos juntos a cenar y tras la cena nuestras madres se quedaron viendo la tele en su casa, yo conseguí llevarme conmigo a Luisa a la mía para "jugar a los videojuegos" y quedaron conformes. Cuando entré en casa mi excitación me hacía cosquillas en el estómago pensando en un plan para saciar mis ansias de carne con Luisa.

Le puse un juego facilón que tenía y la dejé jugar a ella. Mientras ella jugaba yo empecé a acariciar sus pechos , sus muslos y sus bragas, hacía un poco de calor y estaba superexcitado. Le desabroché el sujetador con dificultad y me empecé a chuparle las tetas, ella dejó de jugar y me cogió la cabeza, parecía que le gustaba. Le metí la mano en las bragas y palpé sus pelillos buscando su raja, hasta que hundí mi dedo en ellos. Ésta estaba mojada y nada más rozarla noté que resbalaba, sin duda estaba tan excitada como yo o más. En mi mente deseé follármela aquella misma noche, pero no podía, pues mi madre podía volver en cualquier momento, así que decidí saciar mi sed de caricias.

Le aparté las bragas a un lado y seguí tocándole el coño y chupándole las tetas sin quitarle el sujetador del todo, ella comenzó a gemir de placer, parece que no se me daba mal aquello. Luego me giré y saqué mi pene y se lo puse en la mano intentando que lo moviese, aunque no pareció entenderlo y tuve que ayudarla. Ya no podía más, en un descuido mi pene parecía una fuente, soltando chorros de leche por aquí y por allá, ella se manchó las manos y yo intenté no manchar el sofá, sin mucho éxito la verdad. Luego rápidamente fui a la cocina y volví armado con papel de cocina, limpié lo mejor que pude, incluyendo la mano de Luisa que seguía igual de sonriente.

Sin darme cuenta noté como ella me cogió la mano de nuevo y me la acercó un poco a su coño. Entendí entonces que quería más así que la complací, me arrodillé ante ella y hundí mi lengua entre sus pelillos. Lo había visto hacer en las pelis porno, por fin me estaba comiendo un coño, un poco peludo pero no me importó. Sus jugos estaban salados, no estuvo mal su sabor, seguí comiéndoselo mientras ella se contorsionaba y jadeaba, hasta que noté como se tensaba su cuerpo y entonces supe que se había corrido también.

Cuando terminó de moverse le limpié el coño y le coloqué las braguitas y el sujetador. La dejé que siguiese jugando mientras yo permanecía descansando en el sofá. No había estado nada mal, decidí pensar en cómo hacer para estar más tranquilo con ella y realizar el sueño completo... ¡follar!

Cuando volvió mi madre acompañe a Luisa a su casa, en realidad estaba en frente de la mía pero bueno así me despedí dándole un beso de buenas noches. A la vuelta mi madre me felicitó, pues según ella estaba siendo muy cariñoso con mi vecina, le dije que no me importaba, es más era un auténtico placer...

Al siguiente día me fui a casa de mi vecina y me la traje a mi piso para "jugar a la consola", su madre tenía idea de ir a comprarse unos bikinis así que no lo pensé y fuimos a acompañar, a lo mejor la veía en bikini después de todo. Y efectivamente mereció la pena. Cuando iba a entrar al probador me indicó que la esperase con Luisa, pero su hija insistió en ir con ella así que para no dejarme sólo fuera supongo que me dijo que pasara con las dos y esperase en el pasillo.

Cuando la cortina se abrió mis ojos hicieron lo propio, contemplar el precioso cuerpo de la madre con el bikini de color naranja estampado que se había puesto. Esos muslos, esas hermosas tetas. Tuve que concentrarme para no empalmarme allí delante de ella.
- ¿Qué tal me sienta Antonio? -me preguntó inocentemente.
- ¡Oh, yo creo que muy bien! -exclamé anonadado.
- ¿En serio?
- Sí, bueno, te hace muy guapa -añadí yo balbuceando.

Le debió hacer gracia pues se rió y me dio un beso de premio. ¡De buena gana se lo hubiese dado yo con lengua! Lo bueno de ir a comprar un bikini es que la mujer nunca se prueba el primero y se lo compra, se prueba todos los que puede, así que ese día la vi con múltiples modelos y aprecié con gusto su sabroso y prominente culo y tetas. Es cierto que tenía algo de tripa pero no desentonaba para nada con el resto del conjunto.

De vuelta en su piso nos tomamos unos aperitivos y refrescos, como ya era costumbre. Yo la ayudé a prepararlos mientras su hija veía la tele. En la cocina los dos solos soñaba despierto que me cogía y me follaba allí mismo.
Se cambió y se puso un blusón largo que le llegaba hasta la mitad de sus muslos y que era muy ligero y dejaba entrever su figura. Eso unido a su colonia y yo me derretía por sus huesos.
- Pues me ha gustado que me acompañes a probarme bikinis -afirmó ella mientras cortaba un poco de pan.
- ¿Y eso por qué, si no he hecho nada?
- Cómo que no me has dicho que estaba muy guapa en bikini y eso anima a una mujer de mi edad.
- ¡Ah es por eso, bueno y no pretendía...! ¡Es que me da vergüenza! -le confesé.
- ¡Eres un sol! -afirmó dándome otro beso.
- ¿Cuantos años tienes? -pregunté yo inocentemente.
- ¡Uy hijo, muchos! -contestó eludiendo la pregunta hábilmente.
- Pues eso, que te vi muy guapa en bikini.
- ¡Uy gracias de nuevo, es que eres un solazo de los grandes!

Cuando comíamos en el salón ella se sentó a mi derecha y su hija y yo en el frente de la tele, de forma que cuando se acercaba a coger algo se echaba hacia delante y le veía el sujetador. También le miraba sus muslos pues los tenía un poco abiertos y su carne asomaba morbosamente.

Mi madre llamó para decirme que no iba a ir a comer, así que nuestra vecina se ofreció para que comiese con ellas. Y así lo hice. Me encantaba estar con las dos, pensando a cual me tiraría primero, ¡claro de tener una oportunidad con la madre!

Luego se fue a echar la siesta, yo le dije si Luisa se podía venir conmigo a jugar a la consola, ¡y no le importó! Así que nosotros no echaríamos siesta, eso seguro.

Cuando estaba en casa la desnudé, le quité todo bragas y sujetador y me la llevé a mi habitación, ella empezó a ponerse nerviosa e intenté consolarla. Yo también estaba desnudo, la tumbé en mi cama y me eché encima de ella, comenzando a darle besitos por el cuello y los pechos. Esto pareció consolarla. Bajé a su coño y comencé a comérselo y por fin terminó de consolarse... je je no hay nada como una buena comida de coño para tranquilizar a una mujer.

Por fin me plantee el metérsela, me coloqué encima suyo y probé a metérsela, pero no había manera, no encontraba el hueco. Cuando lo logré o creía estar cerca aquello no entraba. Entonces caí en la cuenta, mi polla no estaba lubricada así que me eché saliva en la mano y la embadurné bien. Probé de nuevo y esta vez entró un poco, aunque creo que le dolió, pues Luisa dio un pequeño grito. Me asusté y me retiré. No sabía qué hacer pero estaba tan excitado, que lo intenté de nuevo, ahora entró un poco más y esperé con ella dentro. Luisa se quejó pero aguantó.

Poco a poco la iba moviendo adelante y atrás, sin meterla mucho, Luisa empezó a disfrutar, así que seguí y seguí, y casi sin darme llegué al orgasmo, la saqué justo a tiempo y me corrí en su barriguita. Cogí mi camiseta y la limpié.

Me tumbé a su lado y le acaricié la cara y el pelo. Ella parecía estar contenta hasta se permitió jugar con mi pene que ahora estaba algo flácido. Me quedé dormido y al despertar miré el reloj sobresaltado, pensando que mi madre podía volver en cualquier momento, sólo había pasado media hora.

Luisa dormía, así que contemple su cuerpo desnudo, tan blanco y suave y comencé a acariciarle de nuevo su coño, seguía húmedo y resbalaba bien. ¡Se había manchado con algo de sangre y lo peor es que había manchado mis sábanas! No importa luego las cambiaría. Me eché de nuevo sobre ella y le volvía a meter mi polla, esta vez casi no encontré resistencia, volvía a follar pero esta vez sin tanto miedo como antes, y aguanté un poco más. Luisa despertó y no pareció disgustarle la sorpresa.

Me corrí y esta vez no pude evitar echarle mis gotas de leche dentro, estaba tan caliente y húmedo que era una delicia hacerlo allí dentro. Volvía a descansar a su lado. Minutos más tarde la llevé al baño y le lavé el coño y también mi pene. Luego la vestí y quité las sábanas, las metí en la lavadora y las tendí cuando acabó. Mi madre me preguntaría más tarde porqué lo había hecho, yo le dije que algo me sentó mal y vomité sobre ellas en la siesta. La trola coló y no hizo más preguntas.






Capítulo 2

A la mañana siguiente me sorprendió que mi vecina tocase al timbre, enseguida pensé que se tenía que marchar y me dejaría al cuidado de Luisa. Tras la tarde anterior yo estaba encendido, había perdido mi virginidad y Luisa también la suya y parece que a los dos nos gustó. Sin embargo yo no podía esperar lo que iba a pasar.

Entró como una furia en mi casa y me preguntó qué le había hecho a su hija, yo le dije que "nada" por inercia, pero comencé a asustarme muchísimo. Hecha una furia dijo que: "¿Cómo que nada?, tú sabes bien lo que le hiciste ayer, ¡sin vergüenza! ¡hijo de puta! ¡Se lo diré a tu madre para que te de una paliza!".

Entre empujones me llevó hasta el salón, yo me vi perdido la verdad y cuando me arreó la bofetada me caí al suelo pero por el miedo que tenía en el cuerpo. Siguió insultándome, yo lloraba desconsolado sin saber donde meterme, creo que me puse en posición fetal temiendo lo peor. Luego se fue, no se bien cuando pues tenía los ojos cerrados, pero dejé de oírla, seguía allí tumbado en el suelo, llorando. Fue muy triste, uno de los peores momentos de mi vida, había cruzado la línea roja y este era mi merecido, bueno, el principio del mismo.

Seguí allí tumbado no sé cuanto tiempo. Al final me recompuse y me asusté aún más, no quería ver a mi madre y que volviese la vecina a contarle lo que había hecho, no quería estar presente. Así que opté por irme de mi casa. Cogí la cartera y salí corriendo, no paré de correr hasta que el dolor en el riñón me hizo pararme y casi vomitar. Hacía calor, estaba ya próxima la hora del medio día, así que me fui a un parque de mi ciudad, compré una botella de agua y me la bebí de un tirón en el kiosco de la esquina. Busqué un sitio donde esconderme bajo unas sombras y me tiré en el césped. Allí continué llorando.

Ese día pasó muy despacio, luego llegó la noche, se hizo tarde y no quería volver a casa, no podía hacerlo. Con qué cara le diría a mi madre lo que había hecho, me sentí fatal. Odié mis hormonas y me odié a mi mismo por sucumbir al deseo salvaje de sexo sin pensar en las repercusiones. Lloré hasta que me quedé dormido.

La brisa de la mañana me despertó, ¡ya eran las seis! Me acordé de mi pobre madre, aunque me odiase también estoy seguro de que estaría preocupada por mí así que decidí volver.

Cuando entré en casa mi madre acudió a mi encuentro, ¡había pasado toda la noche en vela por mi culpa! Yo me eché a llorar de nuevo, le dije que lo sentía y que no volvería a ocurrir. Ella también lloró y me abrazó fuerte, pero para mi extrañeza me preguntó que ¿por qué lo había hecho? ¿Qué me había pasado? Me extrañé, ¡aparentemente no sabía nada! Pero, ¿cómo era posible? Le seguí diciendo que lo sentía, pero que en ese momento no podía explicárselo, ella lo entendió y me llevó a la cocina para prepararme algo rápido de comer.

Comimos los dos, un colacao y unos bollos, ella tampoco había cenado. Apenas intercambiamos palabras, pero al final ella me dijo que no importaba lo que hubiese hecho, pero que le gustaría que cuando estuviese más tranquilo se lo contara, que podía confiar en ella.

El día siguiente me lo pasé durmiendo, mi madre no fue a trabajar tampoco, pues estaba muy cansada, por la tarde cuando me levanté estaba preparando una merienda cena. Me dijo que me esperaba y me invitó a poner la mesa. Durante la cena también estuve tenso, no quería hablar, no podía decirle lo que había hecho, ella no me preguntó, intentó hablar de otras cosas y relajarme.

Pasó una semana más o menos, yo no salía de casa para nada, me pasaba la mañana jugando a la consola. La vecina vino un par de veces a hablar con mi madre, yo me encerraba en mi cuarto para no verla, pero al parecer seguía sin contárselo y no me preguntaba por qué no lo hacía.

Una mañana el timbre sonó, sin esperarlo me encontré cara a cara con la vecina:

 ¡Hola Ismael! -me saludó efusivamente para mi asombro.

Yo estaba petrificado y no supe qué decir, su hija nada más verme saltó a mis brazos y me saludó dándome un abrazo y dos besos, ya no me soltó. La madre sonrió al ver el gesto de la hija, yo me quedé aún más extrañado.

 Oye al final no le dije nada a tu madre, ¿se lo has contado tú?

 ¿No se lo contaste, por qué? -pregunté yo sin comprender.

 Bueno Ismael, me gustaría explicártelo, pero en el pasillo no, si me dejas pasar o entras en mi piso hablaremos, ¿vale?

Cogí a Luisa de la mano y su madre entró detrás nuestro. Me dirigí al salón y me senté en el sofá, curiosamente Luisa no se apartaba de mi lado, así que yo me quedé en medio del tresillo, con Luisa a mi izquierda y su madre a mi derecha, me sentí algo incómodo teniéndolas tan cerca a ambas.

 Verás, antes de nada quiero disculparme por haberte pegado, no debí hacerlo, pero es que me puse muy nerviosa al saber lo que habíais hecho mi hija y tú. Luego he recapacitado.

No dije nada.

 Lo cierto es que Luisa ha estado todos estos días preguntándome por ti y lloraba cuando me enfadaba con ella y le decía que no te iba a ver. Eso me ha hecho recapacitar, en el fondo parece que a Luisa le gustas mucho y que está muy bien a tu lado, yo nunca la había visto así con nadie

Seguí sin decir nada, mientras Luisa me acariciaba la cara y me pedía jugar a la consola.

 He entendido que ella es ya una mujer y que como tal supongo que lo que hicisteis le gustó. Es muy difícil de admitir para una madre tan protectora como yo pero también es muy duro ver que tu hija a lo mejor nunca llega a estar con ningún hombre, y yo pienso que ella también merece disfrutar de la vida y de sus placeres.

Estaba cada vez más asombrado y no sabía donde quería llegar mi vecina.

 ¿No dices nada Ismael? Supongo que estás muy traumatizado, tu madre me contó lo que hiciste después y me sentí mal por ser yo la causante.

 Elisa, yo quiero que sepas que estoy arrepentido de lo que hice, muy arrepentido, me aproveché de la inocencia de Luisa y bueno... nunca volverá a pasar. Entiendo que no quieras que venga más a verme.

 ¡Oh no Ismael, es justo lo contrario! Quiero que os sigáis viendo -me dijo mientras me cogía la otra mano, ya que Luisa no me soltaba de la izquierda.

Creo que mi cara era un poema así que Elisa continuó hablando.

 A Luisa le gustó lo que hicisteis, ¿verdad?

 ¡Oh bueno... yo... sí creo que si! ¡Yo traté de ser cariñoso con ella todo el rato y pienso que a ella no le disgustó!

 Sí, tranquilo es lo que pensaba -asintió-. Tienes que comprender que me preocupa que le hagas daño, tanto físico como moral.

Elisa mantenía sus manos cogiendo la mía y Luisa seguía acariciándome el pelo, cogiéndome por la otra mano.

 Voy a ser clara Ismael, te veo muy asustado y quiero que te tranquilices. Mi intención es que sigas viendo a Luisa, y bueno... si os apetece acariciarlos, que lo hagáis, quiero que seas cariñoso con mi niña y así también tu disfrutes, pues entiendo que te gusta, ¿verdad?

 ¡Oh sí claro Elisa, pero es que no me lo creo!

 Te entiendo Ismael, para mi también es difícil decirlo, ¿practicaste el coito con ella, verdad?

 ¿Cómo, el qué es eso? -me extrañe yo pues en aquellos tiempos no sabía que coito era follar.

 Bueno Ismael, que se la metiste en el chochito, yo le vi las braguitas manchadas de sangre después.

Me volví a quedar sin palabras, no sabía por donde seguir.

 No pasa nada, es lo que yo sospechaba, algún día tenía que perder la virginidad, ¿y para ti también era tu primera vez, no?

 Sí -respondí asépticamente.

 ¡Oh, eres un encanto, cuanto lamento haberte pegado! -me dijo mientras me acariciaba la megilla.

 Lo único que te voy a pedir Ismael, es que si lo volvéis ha hacer, te pongas esto.

Elisa sacó de su bolso un condón y me lo dio.

 ¿Un condón?

 Claro Ismael, no quiero que dejes preñada a mi niña. ¿Sabes usarlo? Te lo voy a explicar, ya te daré otros.

Atónito asistí a una clase de educación sexual donde su madre me explicó cómo se ponía el condón en mis propios dedos. La verdad es que no podía creármelo pero ya había empezado a tranquilizarme, ¡quería que me siguiera tirando a su hija para darle cariño y placer como mujer! Lo cierto es que debí sentirme alagado. Cuando terminó la clase de sexualidad...

 Bueno y qué tal te fue con el coito, ¿llegaste a hacerlo hasta el final?

 Pues... es que me da mucha vergüenza Elisa, compréndelo.

 ¡Si, ya lo sé! Es que soy muy preguntona, pero me preocupa que no sepas hacerlo bien y Luisa sufra por tu torpeza. Si quieres yo también podría explicártelo.

 No sé, yo me puse encima de ella y me costó encontrar el sitio la verdad, pero la segunda vez que lo intenté la sí entró bien, o eso creo yo.

 Supongo que te costó meterla al principio, porque a nosotras nos duele un poco la primera vez -me confesó ella.

 Pues si, lo cierto es que al intentarlo se quejó y me asusté, pensé en dejarlo pero luego lo intenté un poco más tarde y pude hacerlo, aunque casi me daba miedo... introducírsela, por eso casi no le metía más que la puntita.

 ¿Oye, y por qué no lo intentas ahora y yo te ayudo, así te lo puedo explicar y puedo ver si a Luisa ya se le ha roto el himen por completo?

 ¿Cómo me estás proponiendo hacerlo delante tuyo con Luisa?

No salía de mi asombro, los acontecimientos estaban precipitándose vertiginosamente y yo que no me lo creía.

 Vamos Ismael, te he visto mirarme y sé que te gusto, ¿verdad? Si me dejas enseñarte a follar como mi hija, quien sabe, puede que sea buena contigo.

Ni corta ni perezosa mi vecina me metió la mano en el muslo y comenzó a acariciar mi entrepierna y pasó a mi pito directamente.

 Venga Ismael, vamos a desnudar a Luisa, ya lleva más de 5 días sin probarlo y seguro que está deseando que la acaricies.

Total que la madre me ayudó a desnudarla y por supuesto me pidió que me desnudara, entonces nos echó al sofá para que nos acariciásemos, ella se mantuvo a una distancia prudente, aunque para mi gusto muy encima.

 Elisa, me has dicho que si lo hacía delante tuyo serías buena conmigo, por qué no te desnudas tú también entonces, así no me dará tanta vergüenza y podré hacerlo.

 Está bien, para que veas que voy en serio me desnudaré.

Su cuerpo era espectacular, maduro, sus pechos de tamaño mediano, algo caídos, de pezones gordos y negros.

 Las bragas no me las quito, lo dejamos para otro día tontín así tendrás más ilusión por ver mi chochito desnudo.

Bueno algo era algo, follarme a su hija viéndola en top-less me animaba más. Hice que se tumbase en el sofá y comencé a acariciarla y darle besitos en la cara y los labios, en su cuello y luego en sus pechos, se los chupé dulcemente mientras con una mano acariciaba su chochito.

 Lo haces muy bien Ismael, sigue así, me gusta cómo la tratas -me decía para animarme.

Luego opté por comerle el coño delante de su madre, yo sabía que esto les volvía locas a las mujeres, o al menos eso pensaba yo por aquel entonces y no me equivoqué, al verme comerle el chichi a su hija se alegró mucho.

 ¡Oh Ismael, qué buena idea has tenido, a las mujeres nos encanta que nos coman el coño antes de follarnos! Así estará más lubricada ahora.

Decidí dejarlo y disponerme a follar, para mi sorpresa Elisa me acercó el preservativo e hizo algo más, lo abrió y me lo puso ella misma, antes de ponerlo me masajeó el pene y los huevos, aunque ya estaba en su máximo apogeo y no hizo falta acariciarlo mucho antes de ponerme el preservativo. Era la primera vez que me ponía uno y para colmo me lo estaban poniendo.

 Valla tienes una buena pollita para tu edad Ismael, ya está lista para penetrar a Luisa, adelante.

Me coloqué, Elisa me ayudó de nuevo y me dio algunas indicaciones y fácilmente penetré a Luisa. Era fantástico, hoy le entraba sin problemas y el placer que comencé a sentir junto a la excitación de ver a su madre a mi lado enseñándome las tetas me volvió loco.

 ¡No te corras tan pronto, sácala! -me apremió su madre sorprendiéndome, lo cierto es que iba a correrme-. Aún debes esperar un poco para que a ella le de tiempo de gozar.

Colocó a su hija a cuatro patas en el sofá y me indicó que me pusiese detrás de su culo, ayudándome a metérsela desde atrás. Esto era una delicia estaba yo allí con una experta en sexo, follando con su consentimiento a su hija. Disfrutaba mucho y procuraba aguantar, también comenzó a hacer ruidos su hija, muestra inequívoca de su disfrute igualmente.

 ¿Me puedo correr ya?, quiero hacerlo ya no aguanto más.

 Bueno adelante córrete si quieres -dijo mi monitora de sexo dándome su permiso.

Mis embestidas crecieron en rapidez y un poco en intensidad, y finalmente me desplomé en su espalda apurando mi orgasmo. Cuando terminé se la saqué y vi como el condón había recogido todo mi líquido. Elisa me miró con cara de satisfacción y me felicitó.

 ¡Muy bien Ismael, sabes follar mejor de lo que me esperaba! A partir de ahora puedes hacerlo siempre que os apetezca a los dos, yo no me interpondré, si quieres traértela a tu casa para estar más cómodos puedes hacerlo.

 ¡Jo Elisa, casi no me creo que haya hecho esto! Me gusta mucho el sexo y creo que a Luisa también, ¿verdad Luisa que te ha gustado?

La joven sonreía tras la follada mientras su madre le ayudaba a vestirse de nuevo.

 Bueno Elisa y podré follar contigo algún día.

 Tal vez algún día Ismael, te lo he prometido y cumpliré, no se me olvida.

De esta forma madre e hija abandonaron mi casa y yo pude descansar y relajarme después de tan enriquecedora experiencia, deleitándome en los recuerdos y saboreándolos como si repitiera en mi mente cada instante vivido.

Mi madre vino al medio día como de costumbre y le sorprendió verme tan feliz, en relación a los días pasados. Yo creo que se alegró que finalmente volviese a brillar el sol en mi vida, así que tampoco me hizo muchas preguntas.

Esa tarde nuestras vecinas vinieron y nos invitaron a bajar a la piscina. Estuvimos de nuevo jugando Luisa y yo bajo el agua y me sorprendió que ya me cogiese ella el pito, había aprendido a jugar también, aunque eso me dejaba en evidencia delante de mi madre porque también llegó a intentar cogérmelo delante suyo, no se si se llegó a percatar de ésto y si lo hizo lo disimuló bien.

Por la noche estuvimos hablando, le confesé a mi madre que ya me sentía mejor. Ella me dijo que bueno, no importaba lo que hubiese hecho, que ella confiaba en mi buen criterio y no obstante me pidió confiar en ella en el futuro y contarle las cosas antes de desaparecer de nuevo. Estuvimos tumbados en su cama un buen rato y me quedé dormido allí, luego por la mañana ella se levantó y se marchó a trabajar.

Cuando me levanté y tomé mi desayuno fui en busca de mi vecina predilecta.

 ¡Hola vecinas! -exclamé exultante de felicidad, siendo correspondido por ellas.

Charlé un rato con Elisa y luego amablemente le dije que si podía llevarme a Luisa a mi casa, ella respondió afirmativamente y me dio una caja con condones para que la guardase en algún lugar donde mi madre no la descubriera. Yo la invité a acompañarnos como ayer y ella declinó la invitación y me dijo que otro día sería.

Así que me la llevé a mi casa y estuve jugando un rato con ella a la consola, tampoco quería llegar y desnudarla. A media mañana comimos un tentempié y después la desnudé he hicimos el amor. Hoy la coloqué directamente a cuatro patas en el sofá y se lo hice todo el rato por detrás, hasta que me corrí, aún me costaba aguantar y esta vez no quise hacerlo así que fue una folladita rápida. Luego descansamos y pasada una hora volvía a colocarla y lo hicimos de nuevo, primero le comí un rato el coño y las tetas hasta que conseguí que se corriese en mi boca y luego volvía a follarla, aunque esta vez me coloqué encima para pasar después a cuatro patas de nuevo. Esta vez decidí probar a follarla sin condón, la verdad es que me gustaba más sentir el calor de su coño en mi polla y cuando me corrí la saqué fuera y le eché mi leche por la espalda.. Qué bueno estaba aquello, y más para un adolescente palillero hasta hace dos días, como había sido yo. Luisa tampoco parecía desencantada y se entregaba a mis juegos sumisamente y disfrutaba lo suyo.

A la hora de la comida la devolví a casa.

 ¿Qué tal os ha ido? -me preguntó su madre.

 Muy bien, Luisa creo que está muy contenta hoy hemos repetido.

 ¡Cómo lo habéis hecho 2 veces!

 Si, ¿es malo? -pregunté yo pensando que no estaba bien hacerlo dos veces seguidas.

 ¡No que va cariño, es que no es habitual, qué fogosidad chiquillo!

Y allí terminó nuestra conversación. Después de la comida volvimos a la piscina junto con mi madre. Yo no paraba de mirar a Elisa y ella me guiñaba un ojo cómplice cuando mi madre no la veía. Teníamos mucha complicidad entre nosotros, la verdad, yo estaba ya desando follarla a ella.

Después de la cena mi madre y yo estuvimos sentados en la terraza pues hacía bastante calor aquella noche, luego terminamos echando un colchón en el suelo y nos tumbamos para dormir. Ya de madrugada sentí un poco de frío y me acurruqué contra el culo y la espalda de mi madre, así me consolé un poco, ella estaba calentita. No se porqué pero me empalmé y cuando me quise dar cuenta estaba con mi pito erecto clavándoselo en su culo entre sueños. Ella se dio la vuelta y me despertó, para decirme que nos fuésemos dentro. La verdad es que no se si estaba teniendo un sueño erótico pero me volvía poner muy cachondo y me hice una paja de madrugada.

A la mañana siguiente volví a por Elisa, esta vez pasé de juegos y comenzamos a revolcarnos en la cama de mi madre, ¡joder qué buena estaba!

Sin darme cuenta de que nadie hubiese entrado a la casa oí una voz a mi espalda...

 ¡Pero hijo, qué haces! - dijo mi madre, para desgracia mía.

Muy nervioso me giré e intenté explicarme...

 ¡Verás mamá, esto no es lo que parece! -frase típica en estas situaciones.

Cogí una sábana y me envolví para hablar con ella.

 Pero cómo has podido tirarte a la hija de nuestra vecina, si ella no está bien, ¿no lo sabes?

 Sí mamá, pero es que no pude evitarlo y mírala -le dije señalándola desnuda como su madre la trajo al mundo encima de la cama-. A ella le gusta.

 ¡Sin vergüenza, sal del cuarto ahora mismo! Esperemos que su pobre madre no se entere, que sino vas a acabar en la carce.

 ¡Pero mamá, su madre ya lo sabe y nos da permiso para hacerlo cada día!

 ¿Cómo, eso no puede ser cierto?

 Pues es cierto, ella lo descubrió una mañana y vino aquí a echarme la bronca como haces tú ahora, me pegó y me asusté mucho, luego huí porque dijo que te lo iba a contar, aunque después no lo hizo, ¿recuerdas, fue la noche que me escapé?

 Entonces, ¿es cierto? -dijo mi madre sin dar crédito a lo que le contaba.

 Si, claro que es cierto. Verás no te lo contó porque luego recapacitó y bueno, no le pareció mal que su hija disfrutara de un poco de sexo conmigo, después de todo éramos vírgenes los dos, y perdimos nuestra virginidad juntos. Si quieres puedes ir a su casa, ella está allí esperando a que terminemos.

Mi madre salió de la habitación. La verdad es que se me cortó el royo así que me vestí y ayudé a vestirse a Luisa. Ella seguía intentando jugar conmigo, me cogía el pito y me daba besos en la boca, pero las circunstancias lo había estropeado todo.

Cuando volví al salón mi madre estaba sentada, callada. Me senté a su lado y Luisa se sentó junto a mi, no paraba de abrazarme y darme besos, yo claro, trataba de quitármela de encima.

 Mamá, ¿estas enfadada conmigo? Lo siento mucho, no sabía que ibas a venir tan pronto, ¿qué ha pasado?

 Los ordenadores no tenían línea así que no podíamos trabajar y nos han dejado salir antes -contestó ella un tanto desolada.

Mi madre nos miraba de reojo, creo que estaba aún muy escandalizada y para colmo Luisa no dejaba de intentar tocarme el pito bajo las bermudas.

 ¿Se ve que le gustas, no? -preguntó para mi sorpresa.

 Bueno, ella es así de cariñosa, ya la conoces y ahora que hacemos esto, pues más aún -no sabía qué decir para consolarla-. La verdad es que al interrumpirnos se ha quedado un poco inquieta... normalmente cuando terminamos se relaja bastante.

 ¿Desde cuando lo estáis haciendo? -preguntó mi madre, seguía aún tensa.

 Pocos días la verdad, un par de días al principio hasta que su madre me cogió al día siguiente de hacerlo, y desde hace unos tres días lo hacemos por las mañanas aquí en la casa.

 ¿Lo hacéis todas las mañanas? -se extrañó.

 Bueno, la verdad es que si mamá, ¿es que es malo? -pregunté yo en mi inocencia.

 ¡Oh, no es malo! ¡Es que es difícil de creer! -sólo eso.

Se abrió un silencio entre nosotros, Luisa dejó de tocarme pero cuando me quise dar cuenta se había quitado la camiseta y estaba con sus tetas al aire, pues cuando salía de su casa no llevaba sujetador, tampoco es que le hiciera falta pues con su juventud las tenía bien puntiagudas.

 ¡Oh no! -exclamé yo.

 ¡Vaya Ismael, pues sí que está nerviosa nuestra vecina! -exclamó mi madre recuperando la sonrisa-. Oye, pues siendo así tal vez sea mejor que termines de relajarla.

 ¡Cómo dices! ¿No te importa que lo haga con ella?

 Si su madre lo sabe, como creo que es verdad, a mi tampoco me importa que mi hijo disfrute del sexo con una mujer, ¿oye, pero no lo haréis sin protección, no?

 ¡Oh no, su madre me dio condones de sobra! ¡Mira aquí los tengo! -le dije mostrándoselos como prueba de fehaciente de que ella nos lo permitía.

 Pues si quieres vuelve a mi cuarto y sigue la faena, yo voy al súper a comprar algo para la comida, así no os molesto.

 Entonces, ¿no te molesta ni que lo hagamos en tu cama? -pregunté sin poder creerlo.

 No importa, si manchas las sábanas dímelo y luego las cambio.

Bueno, pues aquel era mi día de suerte. Mi madre se fue y me dejó tirarme a Luisa en su propio cuarto. Por supuesto que aproveché la clemencia de mi santa madre y gocé de lo lindo con la joven Luisa. Realmente no supe lo afortunado que fui aquel verano hasta pasados varios años.

Capítulo 3

Aquella tarde también bajamos a la piscina. Como ya no había mucho que ocultar, pues toda la familia estaba al tanto de nuestro idilio. Luisa y yo nos dedicábamos a jugar bajo el agua sin mucho pudor, de vez en cuando una mirada furtiva a nuestras madres para controlar que no se escandalizaban mucho pero nada más.

Cuando me les dije que queríamos subir al piso a descansar un poco ambas sonrieron y nos dieron su aprobación mutua.

Así que una tarde más de sexo con la complaciente Luisa, estábamos en los inicios y aquello era imparable. Ella le cogió gusto al asunto y no paraba de incitarme para que lo hiciésemos cada vez que me veía. A sus recién estrenada mayoría de edad, parecía no saciarse nunca.

Ya por la noche, mientras tomábamos el fresco en el balcón, mi madre y yo mantuvimos una conversación que no olvidaré...

 Bueno Ismael, estoy sorprendidísima, ¿es que no os cansáis nunca? -me preguntó mi madre entrando en faena.

 Hombre mamá, la verdad es que no me puedo creer que esto me esté pasando, Luisa es guapísima y siempre tengo ganas de estar con ella -le confesé sin tapujos.

 Desde luego eso sí que es pasión hijo. ¿Pero a ella no le duele de hacerlo tanto? -preguntó sin tapujos.

 No sé, supongo que no, porque si le doliese se quejaría, no habla mucho pero si le haces daño si se queja -respondí yo con sinceridad.

Tenía curiosidad por saber si lo habían hablado entre ambas madres, así que ahora decidí preguntar yo.

 Oye, ¿y lo has comentado con su madre?

 Bueno hijo la verdad es que me daba un poco de vergüenza, pero quería comprobar que decías la verdad y aunque confiaba en ti debía comprobarlo por mi misma. Así que cuando os marchasteis comencé ha hablar de vosotros, le pregunté si no os veía muy amigos últimamente, que si no pasabais mucho tiempo juntos y tal... -comenzó a explicarme mi madre.

 ¿Y ella qué decía? -pregunté yo muy interesado.

 Pues al principio me esquivaba con respuestas vagas, pero al reiterarme tanto ya intuyó que quería cierta confirmación por su parte. Le pregunté si os había pillado besándoos en algún momento, y entonces ella me dijo que bueno que sí y que había pensado que tal vez hacíais algo más que besaros.

<<Yo seguí interesándome, y ella me dio más detalles. Me dijo que un día vio las braguitas de su hija manchadas y que la regla ya la había pasado hacía días así que le hizo sospechar de ti y bueno me confesó que te pegó en un ataque de furia aquella mañana.>>

 Vaya, al final sí te lo dijo. Bueno no la culpo mamá, después de todo me aproveché de su hija -me lamenté un poco.

 Lo sé hijo, sé que la carne es débil y que Luisa a su edad es deseable, y con lo amiga que se hizo de tí desde el principio era de esperar que no pudieses contener tus hormonas y las suyas. Desde luego he podio comprobar que ella también te busca y no le da reparo arrimarse aunque su madre y yo estemos delante.

 Pues lo cierto es que sí, a ella no le da vergüenza nada -agregué-. ¿Y te dijo algo más?

 Bueno me pidió perdón por haberte pegado, luego me dijo que bueno que aunque le había molestado un poco, en el fondo no le importaba que tú tuvieses relaciones con su hija y entonces me preguntó ella a mi si os había pillado haciéndolo o algo así por mis preguntas.

<< Yo le dije que efectivamente os había pillado esta mañana haciéndolo en nuestra casa y que claro tú te habías excusado en que ella lo sabía y que por eso se lo había preguntado. Entonces ella me preguntó si me importaba que lo hicierais y lo le contesté que tampoco veía inconveniente, siempre que te pusieras el condón para no dejarla preñada, claro.>>

 Vaya conversación, no mamá, al final nos dais el visto bueno entonces -afirmé yo sabiendo ya su respuesta de antemano.

 Pues si, puedes seguir disfrutando del sexo mientras estén por aquí. Según creo les quedan dos semanas así que veo que ya estás aprovechando el tiempo.

 Jo, le estoy temiendo a que se marchen, el sexo es algo genial mamá y no sé si podré vivir sin él.

 Te entiendo hijo, es como si te dejasen probar un pastel de chocolate, pero sólo un trocito y luego se llevasen la tarta después de tú haberla visto y degustado -me explicó gráficamente mi madre.

 Efectivamente es una putada -afirmé yo sin cortarme.

 Bueno hijo, ya encontrarás alguna sustituta -sugirió ella para animarme.

 Cómo si fuese tan fácil -me lamenté yo.

 Tranquilo, ya verás encontramos algo para que te consueles -dijo finalmente acariciándome el pelo.

Aquella noche también hacía calor así que nos echamos en el colchón hinchable en la terraza. Me desperté de madrugada y como la noche anterior me acurruqué contra su culo y su espalda cuando comenzó a refrescar. Una vez más mi cimbel se puso en posición de "firme" y saludó el trasero de mi madre. Me daba mucha vergüenza pero lo dejé ahí entre sus muslos y su culo, en el hueco que queda justo bajo su coño.

Puse mi mano en su cachete, estaba tan calentito y tan suave, era una delicia acariciárselo. Temía que se despertase y la situación me daba tanto morbo que el corazón se me ponía a mil por hora, pero algo me impulsaba a continuar, una oscura tentación a la que no me podía resistir.

Saqué mi pito del calzoncillo y lo introduje en su hueco, notando el calor de su piel sobre él. Comencé a moverlo, como si la estuviese follando, pero muy despacio para evitar que se despertase. El roce de sus bragas de algodón contra él, unido al roce más sensual de sus muslos carnosos hizo se me pusiera muy duro, al tiempo que unas gotitas de lubricante me salían por la punta y comenzaron a pegarse a su piel haciendo que mi pene corriera mejor sobre ella. Era lo más parecido a follarla sin hacerlo realmente, como una simulación.

De repente ella se movió y pareció despertarse. Inmediatamente retiré mi cimbel de sus muslos y esperé a ver si efectivamente estaba despierta o seguía dormida. Parecía ser una falsa alarma así que volví a colocar mi deseo en su culo, pero para mi sorpresa noté como éste comenzaba a moverse en círculos entorno a él. ¡Mi madre estaba despierta! Muy asustado volvía a retirarlo, entonces ella dejó también de moverse, pasaron unos segundos y ella se echó para atrás acercando su culo de nuevo a mi erecta virilidad, además su mano se estiró hacia atrás y cogió mi cintura empujándome contra su culo.

¡No podía creerlo, me estaba incitando a continuar con mi juego! Con el corazón en la boca y la respiración entrecortada decidí continuar hasta donde ella quisiera o me dejase y me entregué a su cuerpo. Se lo metí bajo las bragas como antes y comencé a follarla simuladamente, al tiempo ella volvía a contonear sus caderas. Mis manos se posaron en su culo lo acariciaron, recorriéndolo hasta sus muslos. Sin saber dónde estaba el límite, decidí aventurarme entre sus muslos llegando a intuir su peludo coño bajo la tela de sus bragas, decidí hacerlas a un lado y disfruté del tacto de su bello púbico bajo mis dedos, no quise ahondar en él por el momento y subí mi mano bajo su camisón hasta llegar a sus enormes pechos, intentando abarcarlos con mi pequeña mano, buscando sus gordos pezones y dejando que su hermosuras carnosas aplastaran mi pequeña mano en su canalillo. ¡Joder, qué excitación, qué gozo sentía en aquellos momentos!

Sin dudarlo bajé mi mano hasta su culo y retiré mi embadurnado instrumento de entre sus piernas, para introducir mis dedos, la había manchado con mi lubricante natural y su piel resbalaba. Acaricié su chocho bajo las bragas y sin miramientos las aparté a un lado para hundir mis dedos en sus labios. ¡Qué gozada, estaban super mojados y mis falanges resbalaban sin dificultad en sus gordos labios mayores! Los metí más profundamente hasta penetrar su coño con ellos, la sensación fue brutal, la follé con ellos un ratito y cuando no pude aguantar más tiré de sus bragas deslizándolas por su culo, liberando sus globos de suave y cálida carne.

Me dispuse de nuevo y mi pequeño pito se perdió en la inmensidad suave y caliente del hueco de su culo y sus muslos, buscando su coño. No fue difícil encontrarlo aunque admito que casi no llegaba a meterlo debido a en parte a las dimensiones de su culo contrapuestas con las de mi pene, pero ella se recolocó, sacando su coño hacia atrás tanto como pudo y entonces mi pilila entró mejor en su chocho. ¡Qué gustazo, qué caliente y suave era su vagina! ¡Qué bien comenzó a moverla entorno a mi polla de forma que yo me estaba quieto y ella me follaba con sus movimientos de cadera!

Aquél delicioso momento se extendía bajo aquél cielo estrellado del verano, en aquella fresca madrugada, los dos yacíamos sobre aquel colchón en el balcón, estos recuerdos se han mantenido frescos en mi mente durante todos estos años.

El placer me inundaba todos los sentidos y me fui aproximando al final. Conforme notaba la proximidad de mi inevitable eyaculación comencé a moverme con enérgicas culadas, penetrando más fuertemente a mi madre, que siguió con sus movimientos de cadera. Finalmente mi leche inundó su chochazo caliente y suave fundiéndose con sus jugos vaginales, apurando los últimos momentos de éxtasis. Noté como ella seguía moviéndose y contrayéndose, entonces unos gemidos ahogados en la noche delataron su orgasmo.

Seguimos allí abrazados, en la misma postura, con mi polla dentro de su caliente coño un buen rato, hasta que poco a poco se fue haciendo pequeña y retrocediendo. No nos preocupamos de mi corrida y ésta fue saliendo también poco a poco de su coño, resbalando por nuestra piel y manchando el colchón, nos quedamos dormidos.


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