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Fecha: 23-May-09 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Caluroso verano (3)

Zorro Blanco
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Recuerdo una tarde de aquel verano, en la que como tantas otras estábamos disfrutando de la solitaria piscina de aquella urbanización semi-desierta... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Capítulo 6

Recuerdo una tarde de aquel verano, en la que como tantas otras estábamos disfrutando de la solitaria piscina de aquella urbanización semi-desierta, Luisa y yo, mientras nuestras respectivas madres no paraban de leer revista y charlar muy animada mente. Recuerdo que parecían dos cotorras que no paraban de reír y contarse chismes, pero también me viene a la memoria aquella tarde, porque hubo algo que me llamó poderosamente la atención.

Mi madre se acercó a nosotros en la piscina, se agachó y yo eché un ojo a su coño, oculto bajo el bañador, fue algo instintivo, recordé que yo había estado ahí, en interior calentito y suave, ya lo echaba de menos.

  • Ismael, Elisa y yo vamos a subir a echarnos una siestecilla en su casa. Por favor, si os cansáis subes a la nuestra y nos esperáis en el salón, ¿vale?
  • Oh claro mamá, no hay problema -contesté yo de inmediato.

En mi mente surgieron dudas respecto al escueto mensaje de mi madre: ¿por qué si iban a echar la siesta juntas?, ¿por qué en la casa de Elisa? Y Lo que me llamó más la atención: ¿por qué la "sugerencia" de subir a nuestra casa y esperar allí? ¿Acaso es que no iban a echar precisamente la siesta?

No pude evitar pensar en las imágenes de las lesbianas en las pelis porno que había visto, y mientras observaba a mi madre y a Elisa recoger sus bolsos y las toallas, me las imaginé desnudándose la una a la otra, acariciándose mientras lo hacían, dándose dulces y húmedos besos, lentamente, para pasar a la acción haciendo que sus caricias fuesen creciendo en intensidad, aproximándose a sus principales centros del placer, allá bajo su vientre, entre sus muslos carnosos y suaves, pasando por sus voluptuosas montañas, descendiendo por sus valles hasta aterrizar en sus cavernosas oquedades.

Me excité un montón, y pensé en cómo podía sorprenderlas follando y unirme a la fiesta, aunque finalmente decidí que era mejor "no molestar".

Pero claro con el calentón que me pillé en mis devaneos mentales, ¿quién iba a pagar por ello?, pues la pobre Luisa. Aquella tarde comencé a meterle mano en la piscina, llegando a meterle el dedo en el coño bajo el agua. Cuando estaba lo suficientemente caliente decidí subirla a mi casa y allí, en el dormitorio de mi madre me recreé desnudándola y obsequiándole toda clase de caricias íntimas.

Le comí el coño un buen rato, estaba delicioso tras el baño. Luego intenté que ella me la chupara, pero como esto no le gustaba desistí, así que entré "a matar" y esto sí fue de su agrado, pues comenzó a gemir nada más introducírsela. Comencé encima de ella, en la postura clásica del misionero, tenía el coño muy húmedo y tras unas cuantas culadas la lubricación hizo su trabajo y mi pene comenzó a entrar y salir con total facilidad.

Después pasé a colocarla a cuatro patas, encima de la cama mientras yo me colocaba de pie sobre el suelo, así que comencé a follarla desde atrás. Me acordaba de las sugerencias de su madre Elisa, aquel día junto a la autovía, así que decidí probar si era del agrado de Luisa. Me chupé el dedo y le introduje sólo la punta de la uña en su ano. La reacción fue inmediata y sentí como su coño se contraía sobre mi pene mientras la penetraba. Le cogí gusto al tema y poco a poco fui penetrándola más y más, hasta meterle el dedo entero. Ella disfrutaba mucho, a juzgar por los gemidos y jadeos que emitía mientras la follaba.

Intenté hacer prácticas sodomitas pero esto no era ya del agrado de Luisa y tampoco conseguí meterle más que la puntita. Qué cachondos estábamos, al final entre lo duro que estaba su ojete y mi excitación no pude controlarme más y descargué mi blanca leche sobre su culo y su espalda, justo como hacen en las pelis porno. En aquel momento me sentí como un actor en pleno rodaje.

La limpié con mi camiseta y seguí comiéndole el coño, al tiempo que la penetraba con mis dedos, hasta que conseguí que alcanzara su orgasmo. Luego nos echamos una cabezadita en aquella calurosa tarde de verano.

Esa noche cenamos todos juntos en la terraza de Elisa que era bastante más grande que nuestro balcón y estuvimos viendo la tele al fresquito que ya se levantaba. Mi madre y la suya estaban muy sonrientes las dos, se veía que la "siesta" les había sentado muy bien.

 

Capítulo 7

No podía creerlo, Elisa recibió una llamada de su empresa por un asunto importante que requería su atención, así que nos propuso que nos quedásemos con Luisa durante un par de días hasta que ella volviese. Yo ya me imaginaba durmiendo y follando con ella en aquellas cálidas noches.

El primer día estuvimos en la piscina y por la tarde echamos la siesta. Me lo tomé en plan tranquilo y dejé el sexo para la noche.

Durante la cena mi madre estuvo charlando muy animada, tal vez demasiado, pues se tomó algunos vasos de tinto con casera y creo que se le debió subir a la cabeza.

  • Bueno Ismael, esta noche donde va dormir Luisa. Yo había pensado que se viniese a mi cama ya que es de matrimonio, pero claro no se si tú vas a querer "jugar con ella antes" -me dijo con una sonrisa picarona mientras sujetaba su vaso de vino y tomaba un sorbo más.
  • No sé mamá, lo cierto es que esperaba estar con ella un ratito antes de acostarnos. Tal vez podríamos echar el colchón en el balcón como a veces hacemos tú y yo. ¿No te importa verdad? -le sugerí yo con naturalidad.
  • Oye, buena idea, así estaréis fresquitos, pero vas a ser "chico malo con ella", ¿no? -me preguntó con descaro.
  • Pues claro que sí mamá, ya lo sabes -respondí yo sin pensar.
  • ¡Oh claro cariño, qué tonta soy! -exclamó ella haciéndose la despistada-. No me explico como puedes tener vitalidad para hacerlo todos los días.
  • Bueno pues, no sé, me apetece y tengo que aprovechar mientras esté ella aquí, recuerdas, tú misma me lo dijiste.
  • Sí es verdad.

Un silencio se abrió entre nosotros mientras mi madre jugaba con su dedo acariciando el filo del vaso de vino con casera.

  • ¿Oye Ismael, tú tendrías inconveniente en os observara un ratito mientras lo hacéis? Como su madre también lo hizo y no te importó, yo pensé que tal vez... no sé -me propuso para mi asombro.
  • ¿Quieres mirar? -pregunté yo incrédulo.
  • Bueno no... digo sí, sólo un poco, prometo no molestaros.
  • Está bien, por mi de acuerdo, pero ahora que lo pienso. Si te dejo mirar qué saco yo a cambio -protesté yo aprovechando la situación podría sacar tajada, quién sabe.
  • ¿Sacar? ¿Es que quieres algo? -interpeló ella sorprendida por mi ocurrencia.
  • No sé, no se me ocurre nada ahora la verdad, ¿podríamos dejarlo en que me debes un favor?
  • Está bien, te debo un favor.

Entonces una idea pasó por mi cabeza, como una estrella fugaz se me encendió la bombilla y no dudé en proponérselo a mi madre. Le pedí que nos gravase en vídeo mientras lo hacíamos. Ella se echó las manos a la cabeza y me espetó que: ¡vaya una ocurrencia! Pero eso fue sólo la primera impresión, luego accedió.

Busqué la vieja cámara y la enchufé directamente a una regleta pues las batería estaba inservible, hice una prueba con mi madre y Luisa y... ¡Funcionó!

Mi madre comenzó la grabación, desnudé a Luisa y la paseé delante del objetivo para dejar constancia de su bello cuerpo. Luego me desnudé yo y también lucí palmito. Le comí el coño un rato para calentarla, al tiempo que me masturbaba para entrar yo en faena. Y comenzamos a follar, mi madre estaba muy callada, sentada en una silla mientras Luisa y yo lo hacíamos encima del sofá, estaba muy metida en su papel de cámara.

  • ¿Está saliendo bien mamá? -pregunté yo para intentar romper la tensa situación.
  • ¡Oh sí, yo creo que graba bien! -exclamó ella apartando la mirada unos instantes de viejo visor para el ojo.
  • ¿Te gusta cómo lo hago? -me atrevía a preguntarle.
  • Pues sí, lo haces bien, se ve que a Luisa le gusta mucho Ismael -afirmó mi madre tratando de mantener la naturalidad en todo momento.
  • Voy a cambiar de postura, ahora lo haremos a cuatro patas, dale a la pausa.

Mi madre obedeció, entonces me quité de encima de Luisa y la puse a cuatro patas en el sofá. Le pedí a mi madre que le sacara un primer plano de su culo y de su coño, ella se escandalizó y me lo volvió a echar en cara. Yo le repliqué que ella estaba mirando porque yo la había dejado y que por eso yo era quien decía lo que tenía que grabar. Zanjada la polémica le hizo unos planos del coño mientras yo se lo abría y le mostraba su interior a cámara.

Como el día anterior comencé a follarla por detrás y en un momento dado la penetré con mi dedo en su ojete.

  • ¡Pero hijo! ¿Estás haciendo lo que creo que estás haciendo? -preguntó mi madre escandalizada de nuevo.
  • Tranquila mamá que ya verás como esto le gusta -le dije yo y agregué- confía en mi.

Seguimos follando un rato, yo me lo tomé con calma esta vez y lo hacía despacio para no correr el riesgo de correrme rápidamente. Miraba a mi madre y ella parecía interesada por la grabación que estaba realizando y tal vez un poco avergonzada.

  • Mamá, ¿te gustaría masturbarte mientras nos miras? Por mi puedes hacerlo.
  • ¿Cómo? ¡Oh no hijo, puedo esperar! -se apresuró a afirmar ella.
  • Verás, se te ve muy interesada en la grabación, tal vez con una mano podrías acariciarte y llegar tu también al orgasmo, ¡vamos no seas tonta! ¡No te apures por nosotros!

Ella se lo pensó un poco más, entonces dejé de follar a Luisa y con mi rabo en erección me fui para donde estaba sentada.

  • Vamos mamá, no seas tímida le dije haciendo que se levantase.
  • ¿Pero hijo qué pretendes? -interpeló ella alejándose de mi.
  • No seas tonta, que no pasa nada. Tú me estás viendo follar y yo quiero ver cómo te masturbas, este es el favor que te voy a pedir a cambio de que nos mires, ¿vale? -le dije yo atreviéndome a levantarle la falda y tirando de sus braguitas por sus muslos.
  • ¡Pero Ismael, no! -dijo ella más risueña que enfadada.

Seguí remangándole la falda y tirándole de sus bragas hasta que conseguí ponérselas en las rodillas. Inmediatamente eché un ojo a su chochito y descubrí que se lo había depilado.

  • Vaya, pero mamá, qué moderna eres, ¿no?
  • ¡Ismael, no seas grosero hijo, que soy tu madre! -protestó ella.

Pese a sus protestas tiré de sus bragas hasta que la obligué a levantar una pierna y luego otra para sacárselas por los pies.

  • Bueno y ahora podemos seguir, quiero que tú también disfrutes del espectáculo y te masturbes, ¿me oyes? -le advertí.
  • ¡Bueno, bueno! Lo haré un ratito hijo.

Seguimos follando, aunque a partir de ese momento admito que perdí interés por Luisa y mi mirada se centró en la concha de mi madre. Sentada en la silla, con las piernas abiertas, sus dedos ensortijados se frotaban los labios mayores y menores, excitándose, poniéndose gordo su botón secreto.

  • ¡Oh Ismael, esto es tan excitante! -admitió por fin.
  • Te lo dije, no debes tener vergüenza mami, será nuestro secreto.

Mientras hablábamos no contaba con el orgasmo de Luisa y me sorprendió. Comenzó a tener espasmos y a gemir más fuertemente que antes. Yo la dejé apurar sus últimas gotas de placer y seguí follándola despacito. Cuando terminó...

  • Se ha corrido hijo, ¿verdad hijo? -me interrogó mi madre.
  • Eso creo mamá -respondí yo mientas sacaba mi falo de su vagina.

Viendo a mi madre espatarrada en la silla, con su almeja abierta, no lo dudé, me encaminé hasta ella.

  • ¿Qué quieres ahora Ismael? -me reclamó mi madre.
  • Nada mamá, sólo es que -dije yo mientras me arrodillaba ante ella-, te quiero comer el coño, ¿me dejas? Venga déjame, ¿sí?
  • ¡No hijo no tienes que hacerlo! -se escandalizó ella intentando levantarse.

La sujeté por los muslos e impedí su huida. Mientras estaba con la cámara en la mano acerqué mi boca a su monte de Venus, que estaba protegido con la otra tapándoselo. La besé encima de la mano, luego la besé en el interior de un muslo, luego en el otro, escurrí mi lengua por los flancos de sus ingles bordeando su mano, tratando de alcanzar aquel dulce nectar que ella me negaba.

Con mis manos aparté la suya y liberé su chocho bajo ella. Enterré mi cara entre sus muslos y sentí el calor de sus columnas carnosas en mis orejas, saboreé sunectar y bebí sus jugos hasta saciar mi sed. Pero quería más, y ella debía rendirse a mis deseos, ya en parte lo había hecho al dejarme apartar su mano de su dulce flor.

La tomé de la mano y la llevé a su cama, Luisa se quedó dormida en el sofá tras el orgasmo, estaba exhausta. La eché en su cama y la cubrí como un macho debe cubrir a una hembra. Encima de ella mi cuerpo se quedaba pequeño, pues mi madre tenia carnes generosas, degusté sus pechos abriéndole el escote de su liviano vestido de verano. Ella gimió mientras me cogía la cabeza. Mi polla buscó su raja, no fue difícil localizarla pues tenía un chochazo fenomenal, la penetré, mi rabo desapareció entre el abrazo de sus labios vaginales. Empujé con fuerza, no me contuve, quería gozar, quería follarla hasta meterme todo dentro de su cuerpo. Ella me abrazaba, nuestros cuerpos sudorosos se agitaban, el sudor mutuo destilaba los aromas de la pasión desbocada.

Tanta pasión fue incontenible, no pude aguantar mucho, creo que fueron apenas unos minutos pero no pude contenerme, no quise hacerlo, fue una follada pasional. Lo entregue todo y me corrí hasta vaciarme en su vagina, hoy llevaba mi condón pues me lo puse tras follar a Luisa, por lo que mi semen quedó recogido en su interior. Mi madre se agitó debajo de mi momentos después de que yo cayese sobre sus pechos, rendido, vencido, entregado al cien por cien a ella. Sentí las contracciones de sus poderosos labios vaginales, sobre mi polla, que ahora estaba en franca recesión tras el orgasmo.

Nos quedamos abrazados, yo encima de ella, ella debajo mío, semidormidos, pasaron segundos, minutos, no sé, no fui capaz de contarlos. Noté como se giraba y me depositaba a su lado mientras yo pasaba el umbral de los dominios de Morfeo y me adentraba en un profundo sueño.


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