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Fecha: 06-Jun-09 « Anterior | Siguiente » en Orgías (1943 de 2020)

La gran fiesta

Mar
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LA GRAN FIESTA

El fin de semana pasado sucedió, la gran fiesta o la gran orgía, como queráis llamarla.

Entre las parejas que hemos conocido en los clubes de intercambio a los que solemos ir, hay un matrimonio, de 50 y 42 años, tremendamente morbosos, liberales a tope, sin hijos, pues ella es estéril, y que tienen una gran casa de campo en los Montes de Toledo.

Les conocimos en uno de los clubes, como he dicho, y aparte de un sabroso intercambio, hicimos amistad.

Llevábamos un tiempo queriendo organizar una gran "fiesta" en su casa de campo, que durara todo un fin de semana, y en la que todo estuviera permitido y no hubiera ninguna cortapisa ni prohibición.

Empleamos un tiempo en ir seleccionando a las parejas que serían invitadas a la fiesta. Como los cuatro teníamos confianza en los gustos de los demás, no nos hizo falta "chequear" la lista que formamos cada pareja.

Por fin tuvimos las 60 parejas, que nos habíamos marcado como tope para la fiesta, y por fin este fin de semana pasado estuvo todo listo.

Su casa de campo, enorme, con un buen montón de habitaciones, tres enormes salones contiguos, una piscina de dimensiones olímpicas, un magnífico y enorme jardín, lleno de césped y flores alrededor de la casa y la piscina; todo lo demás terrenos de la finca eran irrelevantes para la ocasión.

El viernes, 30 de junio, fuimos llegando a la casa todos los invitados, poco a poco. Los anfitriones y nosotros los íbamos recibiendo al alimón, ya que la mitad, aproximadamente, sólo era conocido o bien por nosotros o bien por Carlos y Maruja (hasta ahora no había dicho sus nombres).

Sobre el enorme comedor , contiguo a uno de los salones, se había preparado un magnífico buffet, alrededor del cual se fueron reuniendo todas las parejas.

Una vez hubieron llegado todas las parejas invitadas, Carlos y Maruja se dirigieron a todos, diciendo:

"Queridos amigos, nos hemos reunido aquí, como todos sabéis, para tener un fin de semana de sexo y morbo, de lujuria desenfrenada. Un fin de semana en el que todas nuestras pasiones sexuales pueden salir a flote sin freno. Todo está permitido, dentro de los deseos, fantasías y necesidades de cada uno, sólo existe una prohibición, y es que nadie está forzado a realizar aquello que no desee, que no le guste o que no le apetezca. A partir de este momento todos nosotros somos libres para hacer lo que queramos, sin cortarnos en nada, nadie se sentirá ofendido por las proposiciones de los demás, si alguno o algunos de nosotros se nos propone algo que no nos apetece hacer, con decir no, será suficiente.

En la casa no hay absolutamente nadie, aparte de nosotros, la finca está vallada en su totalidad, y como habéis visto, la casa y sus alrededores, está vallada con una segunda cerca, recubierta de arizónicas, que impide que alguien que se acerque a la casa, puede ver, ni siquiera de lejos, lo que aquí sucede, pensar que entre la casa, los jardines de alrededor y la valla de arizónicas, hay más de 200 m, con lo cual es imposible que nadie vea nada. Muchos de nosotros no nos conocemos personalmente, pero siendo todos personas liberales y sin perjuicios, esperamos que eso no será un problema y que al final de este fin de semana, muchos que no nos conocemos ahora, terminaremos habiéndonos "conocido" totalmente. Y nada más, amigos nuestros, Que empiece la fiesta".

Durante un rato, tanto Carlos y Maruja como mi marido y yo, fuimos charlando con unos y otros de nuestros conocidos y presentando unos a otros.

Poco a poco, y según el alcohol ingerido fue haciendo su efecto, la inhibición, lógica por otra parte, en un grupo de personas, que se acababan de conocer, fue desapareciendo. Carlos y Maruja y nosotros, para dar ejemplo y ayudar a ello, nos desnudamos y nos dirigimos a la piscina, que por el calor bochornoso de esa noche de verano, parecía que te invitaba a sumergirte en sus transparente aguas. No tardaron en seguirnos muchos de los demás y poco a poco la piscina se llenó de geste desnuda, retozando dentro de ella y fuera de ella. Los grupos de personas se fueron formando y antes de que hubiera transcurrido una hora ya se había organizado una magnífica orgía, tanto en la piscina como en sus alrededores.

Yo empecé con Carlos, quien me poseyó lentamente en el borde la piscina. A estas alturas ni Carlos sabía dónde andaba Maruja, ni yo dónde mi marido.

Alguien, ahora no recuerdo quien, me invitó a ir a uno de los grupos, que se habían formado, para participar en el juego de la silla. Qué, que juego es ese, muy sencillo, consiste en que los hombres se sentaban, completamente desnudos, en una silla cada uno, dispuestas en círculo, las chicas, al ritmo de la música, dábamos vueltas, por la parte interna del círculo, hasta el momento en que la música paraba, en que nos sentábamos encima de los hombres, si el chico estaba empalmado, la chica podía sentarse sin más o bien, a su elección, sentarse empalándose en su pene. El grupo estaba formado por siete hombres y siete mujeres, y me tocó sentarme en cinco de ellos, alguno repetido, en todas las ocasiones me empalé y, aunque no lo puedo asegurar, creo que todas las chicas hicieron lo mismo. Aquello terminó con las 14 personas tumbadas sobre al hierba follando, unos con otros y cambiándonos de pareja de vez en cuando.

Con cinco o seis orgasmos en mi cuerpo, me dirigí de nuevo a la piscina, para refrescarme y descansar un rato. Allí me encontré con Fernando, uno de los que conocía de antes. Un hombre que es capaz de estar follándote más de una hora sin correrse y con el que en alguna ocasión había terminado con todo mi sexo escocido y exánime de la cantidad de orgasmos que era capaz de producirme. Me dijo que si follábamos un poco, le contesté que con dos condiciones, la primera que antes me dejara descansar un poco y la segunda que se corriera conmigo antes de que yo llegara al tercer orgasmo. Aceptó, naturalmente, y después de traer una copa del buffet, estuvimos charlando tranquilamente, un buen rato en la piscina, hasta que sus manos me empezaron a acariciar en los pechos y su boca a lamerme los pezones, algo que siempre me suele calentar bastante. Me subió al borde de la piscina, abrí mis piernas y él, de pié dentro de la piscina, se apoderó, con su boca, de mi sexo. Su lengua me acarició los labios, el clítoris, y cuando estaba a punto del orgasmo, salió de la piscina y tumbándome sobre el césped, me la metió de un golpe hasta el fondo de mi deseoso sexo. Cumplió lo prometido, mi tercer orgasmo coincidió con el suyo.

A estas alturas mucha gente se había retirado a descansar, ejemplo que Fernando me propuso seguir, acepté dormir con él y le conduje a una de las habitaciones, que yo ya conocía, de ocasiones anteriores. Está habitación está en el piso superior de la casa, es enorme y tiene una gran cama redonda, suficiente para tres o cuatro parejas. Al entrar ya había una pareja en los brazos de Morfeo, por lo que, con cuidado para no despertarlos, nos tumbamos y caímos en un reparador sueño.

Cuando me desperté al día siguiente, Fernando, a mi lado, lucía una descomunal erección, cosa habitual en los hombres por la retención de orina por la noche. La visión de esa polla, grande, erecta y con tanto aguante, me calentó y con cuidado para no despertarle antes de tiempo, me senté a horcajadas sobre él, introduciéndome su polla. Sin que se despertara todavía, estuve unos minutos, gozando de la sensación de sentirme llena de su carne. Cuando me empecé a mover arriba y abajo sobre su polla, se despertó, mientras acariciaba mis pechos y mis nalgas le dije que quería sentir su semen dentro de mí y que se corriera conmigo, no sucedió pues la retención de orina se lo impedía y me corrí cinco veces,, antes de separarme de él y dejarle ir al baño.

Bajé a la cocina, donde me serví un café de los enormes recipientes preparados al efecto, café que calenté en el microondas y me dirigí con él a la piscina. Como era muy temprano, me tumbé en la hierba a recibir en mi desnudo cuerpo los suaves rayos matinales del sol. Poco a poco la gente fue reuniéndose para desayunar, entre ellos mi marido, quien se sentó a mi lado, charlamos contándonos con quien habíamos follado la noche pasada, y al saber que esa mañana, a pesar de haberme corrido cinco veces ya, todavía no tenía mi sexo con semen, me abrió de piernas y se introdujo en mí, muy lentamente, le abracé con mis piernas y llegamos a un orgasmo simultáneo que me hizo sentir el golpe del semen en mi interior, algo que mi marido sabe que me encanta.

La gente, tranquila sexualmente, por la orgía de la noche anterior, fue llegando a la piscina, desayunando, tumbándose en el césped, en las tumbonas, charlando, tomando el sol.

¿Os habéis fijado en cómo el calor del sol, abre los sexos de las mujeres y calienta los penes de los hombres?. Debió ser eso, pues antes de que llegara la hora de la comida, alguna pareja folló sobre el césped, eso si, esta vez no se organizó ninguna orgía simultánea. Yo personalmente, no volvía follar en esa mañana, tomé tranquilamente el sol con mi marido y con algunas de las parejas amigas que conocíamos, entre ellas Fernando y Malu, que se sentaron con nosotros. Después de comer, me fui a dormir la siesta. Me esperaba una sorpresa de mi marido, que la verdad es que no me esperaba, pero él sabe que "eso" me pone muy cachonda y es ser follada por alguien a quien no veo.

No se el tiempo que transcurrió desde que me dormí en la siesta, pero de repente me desperté cuando me estaban vendando los ojos, al despertarme mi marido me dijo:

"Tranquila, cielo, que se que lo que va a pasar te excita"

Me dejé hacer y sentí que alguien se tumbaba encima de mí y me penetraba, algo que en mi caso es fácil hacer, pues una de mis "características" es que siempre tengo el sexo abierto y húmedo y más todavía en una situación de "fiesta" de sexo. Tres hombres fueron los que me follaron sin que yo pudiera ver quienes eran, aunque el último de ellos estoy segura que fue mi marido, su polla, sus manos, su boca y su cuerpo, su forma de follarme, sus suspiros, me fueron conocidos.

Después de la fiesta y antes de la noche fui follada o me follé a José M., uno de nuestros amigos, que aunque tiene la polla muy pequeña, y tiene un gran complejo por ello, es sumamente tierno y cariñoso, A Andrés, con el que hice uno de los primeros intercambios de parejas y a Manuel, que no conocía antes de ese momento en que me penetró, pues lo hizo mientras yo estaba haciendo una mamada a José M., y al que dejé hacer por dos razones, la primera y fundamental, por que es una situación que me encanta, ser follada mientras chupo una polla y a segunda, por que cuando sentí que me penetraba, sentí el tremendo "aparato" del que era dueño, una polla enorme, y gruesa que me llenó completamente cuando entró y me dio un enorme placer.

Esa noche después de cenar, organizamos entre todos los asistentes dos juegos. El primero consistió en que las chicas nos esconderíamos en la casa y jardines y el hombre que descubriera a una de nosotras tenía derecho a hacer con ella lo que quisiera, dentro de un "orden", es decir, ella no podía negarse a lo, digamos "normal" en esas circunstancias, podía negarse o no si lo que se la pedía podía causar dolor o tuviera que ver con lluvia dorada, etc.

Fui encontrada, a lo largo de toda la noche por 15 hombres, los quince me follaron o me pidieron que fuera yo quien les follara. Dos de los quince además me pidieron que me dejara azotar, a lo que accedí, uno me pidió que le azotara yo a él, cinco me pidieron que antes de follarme les montara un "numerito" lésbico, a lo que accedí, dos me pidieron que me dejara hacer una doble penetración, accedí pero con la condición que la doble penetración fuero en mi sexo al tiempo y no en mi sexo y culo.

Después de todo eso me fui a dormir sola, derrengada y dormí profundamente hasta bien entrada la mañana siguiente.

El domingo fue un día para descansar y además de vuelta a nuestras respectivas casas. Mi marido durmió hasta muy tarde, después de comer. Cuando le vi salir de la casa al jardín y tomarse un café, me reuní con él y al poco tiempo nos vestimos y nos fuimos a casa.

Espero que os haya excitado, aunque no sea un relato muy explícito pero si lo hubiera hecho tan explícito, hubiera tardado demasiado en escribirlo y hubiera sido muy largo.

Si alguno de vosotros quisiera que le especificara más de algo en concreto, pedírmelo a mi e-mail y procuraré hacerlo así.

© Mar

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