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Relatos |
| Fecha: 08-Jun-09 |
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Gays (6629 de 6974) |
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| Cuando un adolescente te cuenta la experiencia que tuvo con su padrino, solamente puedes hacer una cosa: relatarla tal y como te la describió, aunque signifique que puedan tachar al escritor como repetitivo. |
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EL PADRINO
Él era tu padrino de pila. Amigo de tu padre, aunque un poco
más joven que él, asiduo visitante de vuestra casa y un perfecto compañero de
juegos para ti.
¡Cuántas veces habías dado saltos sobre sus rodillas, o te
habías desgañitado a gritar –comido por los nervios y la risa-cuando te
encontraba en el último rincón de vuestra casa jugando al escondite!
Cuando ocurrió "aquello", tu padrino rondaría los treinta
años. Muchos más que tú, puesto que tus padres, siendo menor como eras, y, ante
la disyuntiva de no dejarte solo (o matarte), echaron mano de sus "servicios"
como canguro. Fue aquél día –en pleno verano- en cuya víspera había fallecido
una vieja tía abuela de tu madre, muy lejos de vuestra casa. Una buena señora a
la que tú nunca habías llegado a conocer, y de la que no tenías puñetera gana de
asistir a su velatorio y posterior funeral.
Lo que, en principio, parecía que iba a ser un drama (te
negaste en redondo a viajar con tus papás a otro país, a uña de caballo y con la
expectativa de que te besasen montones de parientes desconocidos oliendo a
naftalina, polvos de arroz, e, incluso, a pañales para las "pequeñas pérdidas de
orina"), pudo solucionarse con la llamada al "tío Ricardo":
Oye, Riky, que tenemos un problema con este
zangolotino.
….
Pues que ha fallecido la tía de Marta…ya sabes esa
ricachona soltera que vive en Uruguay…y a tu ahijado le ha dado por
hacer como los burros: ha clavado las herraduras en el suelo y dice que
él no se mueve de aquí, por mucho que le tiremos de las riendas. Y yo,
por no matarle…
…
Pues que si nos harías el inmenso favor de venir a
quedarte con él un par de días. Lo imprescindible para quedar bien con
la familia…
…
¡Vaya! ¡Pues no sabes cuánto te lo agradeceremos!
…
Desde luego que es una suerte que tengas estos días
libres.¡ No las teníamos todas muy claras, porque con esa vida de
artista que llevas…!
…
Nada, nada. No hace falta que traigas nada. El
frigorífico está repleto de comida, y, por suerte, ya sabes que tu
ahijado tiene un "saque" para comer que ni los futbolistas del Boca, con
lo que no te hará insistir demasiado a la hora de tragar lo que haga
falta.
…
Bien, bien. Nosotros ya estamos con el equipaje casi
preparado. Dentro de una hora te esperamos. ¡Ah! ¡Y traes el bañador
porque la piscina está recién cambiada y rebosante de agua! Por lo menos
podrás darte todos los chapuzones que quieras.
Y llegó tu padrino. No es un hombre musculoso, pero su cuerpo
está bien marcado y su rostro es atractivo. Tiene un aire un tanto bohemio,
acorde con su dedicación al mundo del arte, y, hasta ese día, no te habías dado
cuenta de lo sexy que era.
Tú estabas en tu habitación, castigado por tu padre, sin
poder moverte de allí hasta que te llamasen. Cuando finalmente lo hicieron,
bajaste intentando que no se notase demasiado el brillo de alegría de tus ojos.
¡Te habías salido con la tuya! Sin embargo, pronto llegó el jarro de agua fría:
el castigo a no salir de casa se prolongaba hasta la vuelta de tus padres, un
par de días después. Hasta entonces debías estar recluido en tu leonera, y, como
mucho, bañarte en la piscina… si tu padrino te lo permitía.
Justamente en ese momento entró tío Riky y te guiñó un ojo a
espaldas de tu padre. En su afán de ayudar a tus padres con el equipaje, acababa
de cargar en el auto familiar una pesadísima maleta, e iba con el torso desnudo,
chorreando sudor. De su cuerpo emanaba un olor especial, una mezcla de sudor y
feromonas que inhalaste por la nariz casi con glotonería. Quedaste con la boca
abierta mirando cómo se alejaba, con el pantalón del chándal provocativamente
ceñido a sus nalgas ligeramente respingonas. Aquella imagen, aquél olor, aquel
cuerpo masculino, pletórico de sensualidad…fue un descubrimiento para ti. Si
hasta ese momento habías albergado alguna duda sobre si los hombres te gustaban
o no…quedó despejada de inmediato. Simplemente era que, hasta entonces, tu
curiosidad quedaba satisfecha mirando deprisa y corriendo –a escondidas-las
portadas de revistas en el kiosco de la esquina, mientras pedías caramelos o
"chuches" al vendedor, y, ahora, una de esas portadas de papel cuché se había
materializado ante ti, y con su presencia había alejado –como un huracán-los
restos de niñez que quedaban en tu cuerpo.
Sin embargo, cosa extraña, no era la primera vez que lo
habías visto ligero de ropa. Inclusive os habíais cambiado juntos en los
vestuarios del gimnasio con mucha frecuencia; pero entonces la cosa había
sido…distinta. Para ti, tío Riky había sido sola y exclusivamente tu padrino,
tan poco carnal como tus padres o tus abuelos; pero ahora, ahora…
Por fin se fueron tus padres. Obediente a sus órdenes,
retomaste tu lugar frente al ordenador y simulaste trabajar en los deberes
escolares. Intentaste quitar la imagen de tu padrino de tu cabeza, y cuando ya
–casi-lo habías conseguido…
Oye…Hace un calor espantoso. ¿Te apetece que nos
demos un chapuzón antes de comer?
¡Claro que te apetecía! En un pispas ya te habías
colocado el bañador y tomado una toalla del armario. Tu padrino, mientras,
había ido donde tenía el maletín con su ropa para el fin de semana. Bajaste
corriendo las escaleras, afanándote en ver si lo podías pillar en bolas
mientras se cambiaba; pero …
¡Coño, nene! – el taco salió de su boca mientras
levantaba la cabeza del maletín donde estaba rebuscando -¡No eché el
bañador en la maleta! ¡Y eso que me lo dijo tu padre! ¡Joder, joder,
joderrrr!
Bueno…¿y qué? ¡Ponte uno de los míos! Los tienes
arriba, en mi cuarto, justo en la mesilla que hay junto a la cama. Te
espero fuera. El pareció pensárselo unos instantes, y luego te lo
agradeció con una sonrisa.
Caminaste hacia la piscina. Calentorro a no poder más,
imaginando que ¡se iba a poner uno de tus bañadores! Solamente el pensar que
sus huevos, que su polla, iban a estar metidos en el mismo sitios que habían
estado los tuyos…¡Uffffffff! Además…según iba alejándose escaleras arriba,
en el último vistazo que pudiste echarle, descubriste como ya se bajaba el
pantalón del chándal, con lo que tuviste la ocasión de atisbar unas nalgas
velludas y sudorosas, totalmente transpiradas, que todavía te endurecieron
más…los pensamientos.
Te lanzaste de cabeza a la piscina, para ver si se te
enfriaban un poco esas imágenes calientes y recalientes que estaban haciendo
que te doliese la verga. Cuando tu temperatura corporal, y mental, había
bajado unos grados, la tentación volvió a ti de golpe:
¡Chico! ¡Y qué pequeño me viene esto!
Tenía razón: aquel bañador, tipo slip, le venía muy, pero
que muy ajustado a tu padrino. Toooodaaaa la polla se le marcaba, y, por si
fuese poco, un testículo había quedado medio asomando por uno de los lados.
Tragaste saliva.
¡No pasa nada, padrino! ¡Al fin y al cabo somos
hombres los dos, ¿no?!- el diálogo te sonó a como muy manido, como muy
utilizado en los relatos porno, y eso hizo que notases un pinchazo de
placer en la entrepierna.
Si, tienes razón, pero…
Ese "pero" te sonó a que no las tenía todas consigo.
Seguramente pensaba que él sí que era un hombre adulto con sus treinta años
bien cumplidos; pero…te doblaba la edad. ¿Podía considerarte, a ti, un
"hombre"? Finalmente decidió que sí que lo eras.
Saliste del agua y comenzaste a jugar con él como siempre
habíais hecho. Corristeis alrededor de la piscina, os empujasteis,
luchasteis sobre el césped…Y tú no querías fijarte demasiado en su paquete,
moviéndose dentro del slip que le habías prestado, dejando asomar de vez en
cuando una parte de su carga…extremadamente peligrosa.
Os bañasteis juntos. Carreras de velocidad, las típicas
ahogadillas, el cruzar entre las piernas del otro bajo el agua…Disfrutasteis
mucho durante aquel rato. Terminasteis, jadeando, tumbados sobre el césped.
Allí, aguantando el sol, con el sudor perlando de gotas ligeramente saladas
su rostro, su cuello, los músculos de su espalda. Os mirasteis a los ojos y
te sonrió. El corazón te dio un brinco en el pecho. Te entraron unas enormes
ganas de extender una mano, de acariciarle la mejilla, de decirle…
¡Tengo sed! ¡Iré a tomar algo de la nevera! ¿Qué
quieres tú, nene?
Cualquier cosa que esté fría.
¡Mira el milhombres! ¡"Cualquier cosa"! ¡Será
"cualquier cosa…que no lleve alcohol", ¿no?!
Se levantó entre risas. Miraste, otra vez, sus nalgas
mientras se alejaba…y te entraron unas ganas enormes de abalanzarte sobre ellas
y liarte a mordiscos, a besos, a sobeteos…Boca abajo, sobre el césped, tu verga
se frotaba como si quisieses follarte la tierra. Cerraste los ojos e imaginaste…
¡Toma! – diste un respingo al escuchar su voz, porque
tu mente estaba burbujeante de pensamientos obscenos - ¡Te he traído una
gaseosa fresquita!
Gracias.
Oye –te miró desde arriba, mientras daba sorbos
pequeños de su cerveza- me estoy dando cuenta de lo grande que te has
puesto.
Bueno…-tu sonrisa se ensanchó con la satisfacción que
te producían sus palabras…¡La verdad es que hacemos mucho ejercicio en
el colegio, y luego ya sabes con voy al gimnasio y juego a fútbol.
Supongo que eso se nota en el desarrollo!
¡Vaya si se nota! ¡Ya hace un rato que te lo estoy
notando…!
¿Cómo dices, Ricky? –sabías perfectamente que se
estaba refiriendo a tu polla, puesto que el bañador que llevabas, más
bien del tipo infantil, no dejaba mucho a la imaginación, pero… te
apetecía hacerte el ingenuo.
Que…bueno, nada, nada! Aunque…pienso que debes volver
locas a las chicas de tu edad…no es así?
¡Je! –solamente te salió un amago de risa, porque no
es precisamente en chicas en lo que estabas pensando en ese justo
momento.
Buenoooo-quieres hacerte el interesante, pero temes
hacer el ridículo ante él- se hace lo que se puede.
Silencio embarazoso. Le miraste el rostro y detectaste que
quería hacerte una pregunta, pero que no se atrevía. Su mirada te recorría
despacio, como calibrando si tu cuerpo valía la pena el riesgo que estaba a
punto de correr.
Para darle el último empujón y despejar sus dudas, te
colocaste panza arriba, cara al sol, con los brazos extendidos hacia atrás y los
muslos bien abiertos. Simulaste que te desperezabas, moviendo todo tu cuerpo en
una ola que conllevó que tus caderas se levantasen y tu paquete quedase expuesto
como mercancía en venta. Tu padrino tragó saliva y sus ojos se abrieron todavía
un poco más. El último anzuelo estaba lanzado. Aguardaste expectante, y, por
fin…
Oye, nene…perdona la pregunta, pero…tú te
masturbas…ya?
La preguntita te llegó como un mazazo. Notaste como un
retortijón en la tripa, como un fogonazo en los testículos. Como el latido de un
corazón que se hubiese insertado en la punta de tu polla…
¿Masturbarme? ¿Quieres decir que si…?
Exacto. Te pregunto que si te pajeas ya.
Jeeee. Me da vergüenza decirlo, pero (y aquí mentiste
como un bellaco)…no sé muy bien cómo hacerlo.
¿No? –en ese "no" notaste unas ciertas dosis de
incredulidad.
Bueno…Sí que sé cómo se hace el acto mecánico en sí!
Pero creo que me falta saber alguna maña, algún truco para disfrutar
más. Por lo que cuentan algunos amigos he aprendido la forma, claro
está, pero me da apuro el tener que preguntar detalles, porque se reirán
de mí.
Ya.
Otro silencio embarazoso. Su mirada, hambrienta, recorrió tu
cuerpo, como si fueses una fruta y evaluase tu estado total de madurez. Tus
rasgos eran aniñados, y en tu torso todavía se dejaban ver reminiscencias de las
redondeces infantiles. Sin embargo, de cintura para abajo, tu abdomen plano, tus
muslos musculosos, tus nalgas duras como el mármol debido al ejercicio
constante, se combinaban con los pelos de tus piernas (has salido en eso a tu
padre) con lo que –mirando solamente esa parte de tu anatomía- aparentabas tener
bastantes años más de los que marcaban las quince velas de tu último cumpleaños.
¡Sin contar la mata de vello rizoso y negrísimo que adorna tu pubis!
Mira, como soy tu padrino…¿quieres que te enseñe a
hacerlo bien? ¡Si no te da vergüenza de mí, claro está!
¿Vergüenza de ti, Riky? ¡Si estamos cansados de
vernos en pelotas en el vestuario del gimnasio!
La verdad es que tenías razón; pero no era lo mismo ver
desnudo a alguien, a que ese alguien te enseñase como tenías que pajearte. Pero
lo importante, al fin y al cabo, era que ambos estabais de acuerdo, así que…
comenzó el "cursillo".
De acuerdo. Lo primero que tienes que hacer es que se
ponga tu pene en erección. Si, así como está el mío ahora mismo (se lo
sacó por encima de la goma del slip, bajando la tela hasta por debajo de
los testículos). Exacto, nene. Ya la llevas dura tú también (¡cómo si no
se hubiese dado cuenta hasta ese momento!) Bueno, pues tienes que
sujetarla así, así como estoy haciendo yo, y subir y bajar el pellejo
suavemente. Si quieres puedes escupirte en la mano, en el caso de que
–como ahora-no tengas otro tipo de lubricante.
Tu mirada no se apartaba de su entrepierna. Estabas como
hipnotizado mirando el sexo de tu padrino, oyendo su voz mientras te daba
consejos, pero sin hacerle ningún caso. Porque lo que tú querías, lo que estabas
desesperado por hacer…era lanzarte sobre él, comértelo a besos y tragarte su
verga hasta los pelos. Y, finalmente… te atreviste.
Sin apenas darte cuenta tenías su polla en la boca, oliendo
sus vellos transpirados, lamiendo sus pelotas y sin oír otra cosa que no fuese
tu propia respiración agitada y los gemidos roncos que salían de su garganta. Te
dejó hacer durante más de cinco minutos. Luego te tomó de la cabeza, te acercó a
su rostro y comenzó a besarte ferozmente. Hizo que te levantases y se colocó
arrodillado entre tus piernas. Comenzó a comerte el pene. La saliva chorreaba de
su boca y tu verga entraba y salía enfundada por su lengua, por sus labios, por
su garganta…
¡Quiero que me la metas! –la orden, el ruego, el
deseo impuro, salió de su boca a la vez que se colocaba a cuatro patas
sobre el césped. Y tú, apenas un adolescente, enfilaste tu nada
despreciable verga sobre aquel culo desesperado. Pero, antes, te hizo
lamerlo, chupar aquella entrada de pelos sudorosos, ensalivar bien la
puerta por donde ibas a entrar con todos los honores. Y entraste de una
sola vez, de un solo golpe, de un solo empuje. Tu padrino no era virgen,
desde luego. La luz del sol pareció iluminar de otra forma más intensa
el jardín. El agua azul de la piscina pareció destellar como si
estuviese hecha de diamante líquido. Dejaste de percibir todos los
sonidos que os rodeaban, excepto el jadeo entrecortado, el gorgoteo de
placer intenso que emitía la garganta de tu padrino cuando tu duro palo
lo atravesó de parte a parte.
Con tus manos atenazando sus caderas, con sus nalgas
levantadas y ofrecidas ante ti, con su cabeza gacha y –casi tocando el
césped con el rostro-te vino a la mente el fugaz fogonazo de una loca
idea: si tu padrino era gay, si al mejor amigo de tu padre le encantaba
ser enculado por otro hombre…habrían tenido algo que ver entre ellos? Y
te imaginaste a tu padre en la misma postura que estabas tú, con su
gruesa y venosa polla (tantas veces atisbada a escondidas) metida hasta
los huevos en el ojete boqueante de tío Ricky, follándole como tú hacías
en estos momentos, gozando sus ansias de perra en celo…Este pensamiento
te puso como loco. Tu verga se puso mucho más dura, incluso más gruesa y
larga, con el corazón latiendo y el morbo destilando gota a gota su
venenoso placer en tu cerebro. Y, mejor todavía: te imaginaste a ti
mismo ocupando el lugar del padrino, follado hasta la extenuación por tu
tío, por tu padre incluso, por los dos a la vez…
Nenee, neneeeeeeee, ¡que me corroooooo! –y la voz de
tu padrino era suplicante, mientras su mano apretaba ,hasta el dolor, su
propia polla, lanzando sobre el césped su carga lechosa. Era el
detonante último, la mecha encendida que te permitió explotar tu propia
bomba, y atrayendo hacia tu vientre el cuerpo medio agonizante de placer
de tu padrino treintañero, imprimiste a tu pene adolescente el empujón
postrero, el que hizo que su esfínter te abrazase con su anillo
delicioso y descargases en lo más profundo de sus intestinos los
trallazos de denso esperma que, a no dudar, lo hubiesen dejado preñado
si hubiese sido mujer fértil.
¡Ohhhhhhhhhhhhhhhh! ¡Rickiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
¡Qué gustoooooooooo!
Tu padrino se derrumbó sobre el suelo, arrastrándote tras él.
Quedasteis jadeantes, sin saber si reír o llorar, si cantar o gemir. Tu sexo
salió de su interior, dejando regueros de semen que chorrearon en hilillos
blanquinosos. Tomaste su pene con tu mano, y él hizo lo propio con el tuyo. Os
besasteis bajo el sol que comienzaba a declinar. Sus ojos te sonrieron y su voz
te susurró ,muy bajito, una frase que te hizo latir, otra vez, todos tus pulsos:
Has aprobado la primera lección. En la próxima te
enseñaré más cosas.
Y para demostrarle que estabas totalmente de acuerdo con él,
acercaste tu boca hasta la suya, lamiste sus labios hasta que su lengua asomó
curiosa, y comenzasteis a jugar a que os comíais a besos.
NOTA: Pido disculpas a quienes hayan encontrado el relato
excesivamente "visto", pero quiero advertir que me he ceñido a lo que un
muchachito me ha revelado como una experiencia propia vivida por él…hace tres
meses escasos. Para hacer algo más morbosa la historia me he permitido añadir
ciertos pensamientos incestuosos del muchacho (su deseo de ser poseído por su
propio padre), y que no se ajustan a la realidad de lo que me contó. Por lo
demás, el relato es reflejo fiel de su historia.
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