Al regreso de mi novio de su viaje de negocios, le hice notar que ya tenía
una buena idea de quienes se habían dado un festín con mi cuerpo en el motel y
en su camioneta. Como no lo iba a saber después de la orgía a la cual los había
invitado durante su ausencia. No lo creyó, allá él.
Para su sorpresa y aprovechando que ese fin de semana jugaba el equipo de
básquetbol de sus amores y al que también pertenecían los dos dominicanos de mis
amores, le sugerí que fuéramos a verlos jugar. Le encantó la idea, también a mí.
Era una calurosa noche de verano, me vestí con un ligero traje de algodón
blanco, ropa interior del mismo color.
Una vez en el estadio, mi novio me presentó a los integrantes del equipo
quienes nos invitaron a sentarnos en una ubicación cercana a su banco. Además de
los dos dominicanos que habían participado en mi fiestecita, había otros tres
hombres de color, dos panameños y un alto y fornido norteamericano. El resto de
los jugadores eran chilenos, todos ellos de estatura apropiada para ese juego.
Cada uno de ellos me saludó de beso. Cuando llegó el turno de Jesús, el
dominicano que había participado en mi fiestecita, este estrechó con firmeza mi
cintura al besarme, gesto que no pasó desapercibido a mi pareja y le causó
desagrado. Mi novio me deja hacer lo que me gusta, siempre y cuando el participe
activamente. En cambio a mi me causó excitación ya que me hizo recordar como
gocé con él en aquella inolvidable velada.
El encuentro tuvo un desarrollo favorable al equipo al que mi novio y,
especialmente yo, alentábamos. Cerca del final, Jesús, fue llamado a la banca
para su reemplazo, yo me acerqué a felicitarlo por su excelente actuación, lo
que molestó a mi pareja, quien me llamó la atención en frente del resto de los
presentes. Enojada, y ya que el partido finalizaba, dije a mi novio que volvería
sola en taxi a mi casa. Antes de salir, bajé al baño situado en la zona de los
camarines. Había un baño para uso tanto de varones como damas. Estaba
desocupado, entré y cerré la puerta con cerrojo. Mientras orinaba, los jugadores
de nuestro equipo entraron al camarín vecino al baño en el cual estaba yo. El
muro que separaba ambos recintos, no llegaba hasta el cielo raso, por ello pude
oír los comentarios que a gritos efectuaban los alegres jugadores. Lo que gritó
uno de ellos, me hizo poner atención- " Que buena que está la novia de Juan "- A
lo que otro contestó- " Está de hacerla pedazos". Un tercero comentó: "Que
celoso el novio, para que la trae al estadio si sabe que con ese culito y ese
par de tetas va a ser el centro de atracción " De más está decir que me sentí
muy halagada y bastante excitada.
Al salir del baño y pasar frente a la puerta del camarín, mi curiosidad pudo
más que mi prudencia. Silenciosamente entreabrí la puerta del camarín, allí pude
ver a lo menos siete hombres desnudos, cinco de ellos de color, que jabonaban
sus cuerpos dando especial atención a sus gruesas y erectas vergas, mientras
seguían haciendo comentarios sobre mi persona. Tan abstraída estaba, que no noté
que el entrenador, quien había permanecido en la cancha para recibir el trofeo
en juego, se acercó a mis espaldas y abriendo la puerta, con un suave empujón me
hizo entrar al camarín diciendo, les traigo dos trofeos, que bien se los
merecen. Por supuesto, la atención se centró en el trofeo de carne y huesos, mi
cuerpo.
Jesús, el dominicano, se acercó a mi y me preguntó si me gustaba lo que veía,
respondí que por supuesto que sí. "Te apetecería unirte a nosotros en la ducha",
agregó. Como respuesta pregunté: "Qué pasa si viene mi novio". Que no me
preocupara me dijo el entrenador. "Se fue apenas terminó el partido" Jesús dijo
entonces : "Ves, mi amor, nada impide que te diviertas un momento con nosotros"
Y, sin esperar mi respuesta, procedió a sacarme mi vestido, dejando mi tostado
cuerpo cubierto sólo por mi pequeña tanga y mi transparente brassiere, bajo el
cual claramente se veía mis oscuros pezones erectos a causa de mi excitación. Yo
misma le ayudé a despojarme del resto de mi ropa quedando completamente desnuda.
Ya totalmente entregada, me dejé llevar a las duchas, donde a lo menos de
cuatro pares de grandes manos procedieron a jabonar concienzudamente todo mi
cuerpo, sin dejar lugar sin manosear. Les llamó la atención ver mi pubis
cubierto de abundante vello, aprovechando que el americano, quien luego de
ducharse, se estaba rasurando, me propusieron afeitarlo. Me dejé hacer. Acostada
en la mesa de masajes, sin que me lo pidiesen abrí completamente y sin ningún
recato mis piernas. Permití que me aplicaran abundante espuma de afeitar e
incluso llegado el momento levanté mis caderas para permitir el acceso de la
máquina para que esta cortara el vello cercano a mi hoyito posterior. Una vez
rasurada, me puse de pié y contemplé lo que me esperaba. Noté que mientras era
afeitada un jugador y el entrenador se habían retirado, permanecían aún ahí
Jesús, el norteamericano, los dos panameños y el otro dominicano.
Se hacía realidad una de mis más preciadas fantasías eróticas, estar más que
desnuda, los labios de mi sexo a la vista, excitadísima, y a la completa
disposición de nada menos que cinco bien dotados varones, todos ellos de color,
famosos por el tamaño de sus picos.
Pedí que cerrasen la puerta del camarín pues no quería que nos
interrumpieran, menos mi novio por si se le ocurría volver.
De rodillas rodeada por los cinco, comencé a mamar alternativamente sus
erectos picos, maravillándome como su tamaño crecía a pareja con la duda de que
si mis hoyitos serían capaces de resistir el asalto de semejantes herramientas.
En todo caso mi excitación era tanta que no me importaba.
Dos de ellos me levantaron en vilo con mis piernas abiertas, otros dos
besaban mis pezones y un quinto lamía mi sexo y mi ano haciéndome gritar de
gusto.
Pasado un momento la lengua que lamía mi sexo y mi ano fue reemplazada por
algo más duro. A horcajadas en brazos del americano, este puso la punta de su
pico en mi sexo, al tiempo que el otro dominicano presionaba con su callampa mi
ano. Paso a paso fueron introduciendo sus vergas en mi cuerpo, provocando en mi
una mezcla de placer y de dolor, dolor que se transformó en gozo a medida de que
mis túneles de placer se dilataban.
Cuando la penetración fue total y los dos comenzaron un rítmico mete y saca,
comencé a bramar como una bestia. A medida que el ritmo crecía y se acercaba mi
orgasmo, mis bramidos subían de tono. A tiempo que ambos derramaban su leche
caliente en mis dos
cavidades, alcancé un delicioso orgasmo que me hizo desmayar. Al volver en mi
estaba tendida de espalda en la colchoneta con mis piernas totalmente abiertas,
dejando salir de mi sexo semen mezclado con mis jugos vaginales.
Jesús, quien ya conocía mis punto sensibles, comenzó entonces a lamer y
chupar mis pezones. En cosa de minutos mi cuerpo nuevamente estaba encendido. El
y los dos panameños se dedicaron luego a manosear mi cuerpo, en especial mis
senos, introducir sus dedos en mi ano, acariciar mis muslos, logrando finalmente
su objetivo, calentarme lo suficiente como para desear ser penetrada nuevamente.
Excitada me dediqué a mamar las paradas vergas de los tres. Mientras estaba en
cuatro chupando el pico de uno de ellos, otro aprovechó para penetrarme a "lo
perrita". A pesar del tamaño de su verga, no le fue difícil, mi sexo estaba
completamente dilatado y mojado. Disfruté la cogida durante unos momentos pero
ya me había hecho una adicta de la doble penetración, así que le pedí al que
estaba mirando que se acostara de espalda, lo monté introduciendo su verga en mi
coño, Jesús introdujo su verga en mi ano y mi boca se dedicó a chupar el pico
del tercero.
Le pedí a quien estaba acostado que chupara mis pezones para lograr el gozo
máximo
No hay nada mas rico que sentir en la vagina el contacto que hacen las dos
vergas que te están penetrando. Tuve un exquisito orgasmo, que se prolongó en
una serie de orgasmos, mientras los que me estaban cogiendo vaciaban su leche
caliente en mis tras agujeros.
Mi venida en lugar de aplacar mis deseos, los hizo aumentar. Fuera de control
me dí un festín de vergas, en algún momento tenía dos metidas en mi coño al
tiempo que otra perforaba mi ano. Cada vez que ellos se venían, chupaba sus
picos hasta dejarlos parados y listos para ser nuevamente usados. Si creyeron
que ellos me cogieron a mi, están profundamente equivocados, yo me cogí a todos
ellos.
Antes de ir a casa tuve que darme una ducha, ya que mi cuerpo destilaba olor
a sexo. Quedé con mis dos hoyitos tan abiertos, que espero con ansias el próximo
encuentro, para que sean llenados con dobles y triples. Ahora la sorpresa se la
llevará mi novio, si asiste.