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Fecha: 24-Mar-10 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Soy puta (2)

Zorro Blanco
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Tiempo estimado de lectura: [ 18 min. ]
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Lucía sigue interesada por Fran, el muchacho despierta mucha ternura en ella. Para su asombro Fran le cuenta que tiene una buena amiga, que se dedica a jugar con él durante el trabajo, ocultos en los jardines que están cuidando... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

3

A la mañana siguiente tras la copiosa cena y todo el vino que bebieron, Lucía se despertó tarde, faltaba ya poco para el mediodía. Sin duda disfrutaba de su vida en aquellos momentos en que podía y le gustaba remolonear en la cama hasta tarde.

Se levantó, preparó café y se hizo un par de tostadas de pan de molde, sentándose a desayunar en la cocina. Por la ventana entraban los rayos del sol, proyectándose como haces de luz perfectos sobre el suelo porcelánico. Lucía se quedó extasiada viendo como millones de motas de polvo en suspensión flotaban en el aire, desplazándose majestuosamente como las abejas en una colmena. Hoy se sentía muy bien, estaba a gusto consigo misma y en paz. Pero de repente, su subconsciente la traicionó y por unos momentos volvieron a su mente los días del hospital, entonces cerró los ojos con fuerza y respiró hondo, apartando aquellos malos pensamientos de su mente.

El truco funcionó, se vistió y decidió ir de compras para mantener su mente ocupada, necesitaba ropa apropiada para salir por la noche, casi todos sus vestidos los dejó en el último piso y no quiso volver por miedo a que el tío que le pegó estuviese esperándola.

Al salir fue caminando hasta la parada de taxis más próxima, y aprovechó para ver si estaba su amigo Fran por los jardines. Efectivamente estaba con el resto del grupo, en el centro bajo unos árboles, plantando flores, así que no quiso molestar y siguió su camino.

Volvió ya por la tarde, cuando el Sol se disponía a ocultarse bajo el horizonte y para su sorpresa vio a Fran en el portal, así que se sentó con él a charlar.

- ¡Hola Fran! -le gritó con alegría mientras le echaba el brazo por el hombro.

- ¡Hola Lucía! -respondió igualmente el muchacho.

Lucía se acercó a el e inclinándose le dio un beso en la mejilla, el chico despertaba mucha ternura en ella y la hacía sentirse muy bien. Le preguntó por su trabajo y estuvieron hablando un buen rato sobre las flores y el césped. Su madre lo llamó por la escalera, así que se levantó y subieron juntos. Al llegar al portal su madre salió y se saludaron. Al parecer tenía la merienda lista y lo llamaba para que se la tomase. Ángeles la invitó a pasar y acompañarlos en la merienda. Ella se excusó pero Ángeles la tomó del brazo y literalmente la metió en casa. Así que disfrutaron de café y magdalenas caseras, Fran tomó cola-cao y dio buena cuenta del plato de dulces que había preparado su madre en el horno.

Lucía la felicitó por su destreza como pastelera y estuvieron conversando y conociéndose. Al parecer Ángeles era funcionaria del ayuntamiento y trabajaba por las mañanas solamente, vivían solos Fran y ella, pues su marido murió trágicamente en un accidente de tráfico hacía ya unos cuatro años. Su madre se trasladó a vivir con ellos tras esto y también había fallecido hacía unos meses, así que volvían a estar solos de nuevo.

Lucía estaba sentada junto a Fran en un sofá, él estaba muy contento, al parecer por la compañía de su nueva a miga... al menos eso fue lo que le dijo su madre que lo debía conocer bien. Ángeles estaba junto a ella en una butaca. Ella por su parte le contó a Ángeles que era universitaria y que estaba estudiando al tiempo que trabajaba esporádicamente como azafata de congresos, Ángeles la felicitó por lo guapa que era, y le dijo que sin duda con su cuerpo y siendo tan guapa no le faltaría trabajo, en cierta medida no se equivocaba. Y así siguieron conociéndose un poco más y en cierta medida intimando.

Pasó la tarde y cuando llegó la hora de la cena Lucía se despidió, Ángeles le ofreció que se quedara a cenar y pero Lucía esta vez no aceptó y ella tampoco insistió más.

Esa noche Lucía ya había quedado con otro cliente, esta vez no fue muy de su agrado pues el hombre estaba bastante gordo y estuvo metiéndosela por el culo de una forma bastante poco acertada, hasta que se corrió. Lucía se alegró de terminar por fin y salió a toda prisa del hotel, el gordo después de todo se portó bien y le dio una generosa propina. A veces pasaba, no todos los tipos eran agradables y le gustaban, pero era su trabajo y así se había mentalizado.

A la mañana siguiente era sábado, por eso le extrañó cuando le tocaron en la puerta, aún así Lucía salió de la cama, aún con el pijama puesto a ver de quién se trataba. Era su vecina y con ella venía Fran.

- ¡Oh Lucía! ¿Estabas durmiendo? -preguntó su vecina ante lo evidente-. No quería despertarte -se excusó.

- No importa, me iba a levantar ya, es que anoche quedé con unas amigas y me acosté tarde.

- ¡Oh claro claro! Eres joven haces bien y salir y divertirte.

- Verás es que necesito ir al centro, me llevaría a Fran pero si voy con el me atrasará mucho porque no hace más que pararse y hablar con la gente, ver los escaparates, en fin. ¿Te importaría quedarte con él hasta la hora del almuerzo? Si no puedes no pasa nada, no quiero molestarte.

- ¡Oh claro que no! Puede quedarse conmigo, no tenía pensado hacer nada.

- ¡Pues muchas gracias Lucía, te debo un favor! -le dijo Ángeles soltándole un beso en la mejilla.

Fran pasó a su piso y ella lo acompañó al salón. Allí puso la tele y le dijo que esperase que tenía que lavarse en el cuarto de baño y quitarse el pijama.

De modo que se encerró en el baño y procedió al aseo matutino, luego salió y se fue a cambiar a su cuarto. Como no tenía costumbre de cerrar la puerta, pues vivía sola, la dejó abierta, y se desnudó. Cuando se estaba cambiando la ropa interior vio cómo Francisco se asomaba a la puerta y se sobresaltó, escapándosele un grito. Fran se asustó, se dio media vuelta y se fue rápidamente, pero esto no la tranquilizó, horrorizada comprobó cómo la había visto literalmente desnuda, sólo le dio tiempo a coger la camiseta de la cama y taparse el pecho pero su chochito había quedado al aire... cubierto únicamente por su mano pudorosa.

Luego pensó que el muchacho debió asustarse por su grito así que se vistió y rápidamente salió a ver dónde estaba. Lo descubrió en el salón, de pie junto a la ventana, se acercó a él y vio que estaba llorando.

- ¡No quería asustarte! Lo siento... -le dijo entre sollozos.

- ¡Oh no Fran, no me has asustado! -exclamó ella corriendo a su encuentro.

Lo abrazó para consolarlo, apoyándole su cabeza en su cuello. Fran era bastante grandote y sus hombros eran anchos y fuertes. Lucía era alta pero muy delgada y se quedaba a la altura de sus hombros. Le impresionó verse tan cerca de su enorme cuerpo.

Cuando lo hubo consolado un poco, se separaron...

- ¿Estás bien? -le preguntó Lucía.

- Si -dijo él aún con lágrimas en la cara.

Lo acompañó al sofá y le dio unos pañuelos de papel para que enjugara sus lágrimas.

- No pasa nada Fran, lo me he asustado porque no esperaba verte y bueno... porque estaba desnuda -le confesó abiertamente la chica.

- Bueno es que me aburría y estaba viendo tu casa. Los cuadros son bonitos, me gustan... -asintió Fran.

- ¡Ah si!, pues me alegro, los escogí yo misma -exclamó Lucía.

- ¡Tú también eres muy bonita! -le soltó de sopetón.

- ¡Oh, pues bueno, gracias Fran! -balbuceó Lucía sin saber cómo comportarse en aquella embarazosa situación-.

- ¿Tienes novio?

De repente la situación se había vuelto bastante comprometida, le sorprendió que Fran le hiciera aquellas preguntas, pero Fran era la inocencia personificada, no tenía nada que temer y en el fondo le divirtió.

- Pues no Fran, ¿y tú tienes novia?

- No, yo tampoco tengo novia -asintió él.

- Pero seguro que no conoces a ninguna chica, ni en tu trabajo.

- Bueno si, conozco a Laura, es una compañera del trabajo -le confesó.

- ¿Si, y es guapa? -se interesó Lucía.

- Si, ¡un día me tocó el pito! -admitió.

- ¿El pito? -preguntó Lucía extrañada-. ¿Y eso?

- Estábamos juntos en los jardines y me hacía piss así que me puse contra un árbol, ella me vio, se acercó a mi y me lo cogió.

- ¿En serio, y tú que hiciste? -Lucía no salía de su asombro.

- Pues nada, la dejé que lo tocara si... y se me puso muy dura.

- ¡Oh, pero Fran! -exclamó ella dándole una palmada en la espalda sonriendo.

- Luego hizo piss ella y le vi... eso que tienes tú.

- Bueno, eso es el chochito, ¿le viste el chochito tú también entonces a ella?

- Si, estábamos sólos, se habían ido todos al otro lado del jardín. Yo también se lo toqué.

- ¡De verdad! ¿Y qué notaste?

- Pues que le olía a pipí... -afirmó francamente el muchacho-. Luego ella me dijo que me tumbara en el césped y se sentó encima, ¿sabes? Encima de mi pito.

Lucía no lo podía creer, aquel muchacho había sido "violado por una compañera de trabajo", pero ¿sería también otra chica con su enfermedad? Tenía que averiguarlo.

- Pero Fran, Laura, me has dicho que es una compañera, tuya, ¿pero es como tú? No se si me explico...

- Bueno Laura es una monitora, como Antonio.

Vaya con la tal Laura, resulta que no era realmente una compañera, descubrió pasmada Lucía.

- Laura es muy buena amiga y se porta muy bien conmigo, me dice que me quiere mucho y ese día estuvo bastante rato conmigo, lo que me hacía me gustó mucho, luego me mareé un poco allí tumbado, sentí muchas cosquillas en el estómago y sentí que me hacía pipí dentro de... ella.

A medida que el muchacho contaba "su secreto", más morbo le daba a Lucía. Había que ver la aprovechada esa cómo se lo había tirado, y encima: ¡en público!

- ¿Tú quieres tocarme el pito también? -le preguntó mientras Lucía estaba ensimismada en sus pensamientos.

- ¡Oh no Fran, yo no...!

- Mira mira, se me ha puesto grande -le dijo levantándose y señalando su bragueta, efectivamente allí se estaba despertando: "el durmiente".

A Lucía le subieron los colores viendo aquella escena, que en absoluto se esperaba, así que tiró de su brazo y trató de hacer que se sentara.

- Oye, Fran, pero tu amiga Laura, ¿lo ha hecho más veces? Me refiero a lo de sentarse encima tuyo -le interpeló.

- No sólo aquel día, luego no lo ha hecho más pero es porque no nos hemos quedado sólos más. Ella me dice que si soy bueno lo haremos otro día también.

Vaya lagarta que está hecha la tía esa, pensó Lucía escandalizada por pervertir a un alma pura como Fran. Luego recapacitó, y pensó en el muchacho, sin duda, a sus dieciocho recién cumplidos las hormonas tenían que correr necesariamente por sus venas. Y esto la hizo recapacitar.

- Fran, ¿a ti te gustaría que yo te hiciera lo que te hizo tu amiga Laura?

- Oh si, tú eres más bonita que mi amiga Laura -asintió el chico sin dudar.

Lucía tenía dudas, de si hacer algo así, por un lado le daba morbo, por el otro, le remordía la conciencia. Pero el chico estaba efectivamente empalmado y su verga sin duda debía ser de categoría a juzgar por el bulto en sus pantalones.

Decidió quitarse aquellos pensamientos de su mente, entre otras cosas, porque si le hacía un favor al muchacho, ¿quién le garantizaba que no iría contándole a otros "lo amable que había sido con él"? Así que para despejarse decidió llevarlo a pasear al parque.

Salieron de la casa, el sol brillaba ya en todo lo alto y estuvieron paseando por el bonito parque donde trabajaba Fran. Él no paraba de contarle lo que habían estado haciendo en él durante toda la semana, desde luego el muchacho hablaba por los codos. A Lucía le hacía gracia y la hacía reír con las tonterías que hacía o decía.

Como ya era un poco tarde decidieron volver, Lucía tocó en su piso, a ver si ya había llegado su madre y efectivamente así era. Estaba ya preparando el almuerzo, y dedujo que ellos habían salido a dar un paseo, así que como pago a su favor la invitó a una deliciosa comida casera y como siempre insistió tanto que Lucía no pudo sino aceptar.

Durante la comida le estuvo hablando de lo mal que comían las estudiantes, y que sin duda ella estaba tan delgada por lo poco que comía. Ángeles no es que estuviese gorda, digamos que a su edad se conservaba medianamente bien, aunque el apetito hubiese saciado su carne y ésta fuese abundante pero no en exceso.

Tras la comida se sentaron en el sofá del salón y estuvieron viendo una película de sobremesa que echaban por la tele, de esas donde hay una mujer mala malísima que los va matando a todos. El pobre Fran casi en seguida se quedó dormido, mientras su madre y la propia Lucía hacían lo propio con el sopor que produce la digestión.

Al la hora o así Lucía despertó, no se podía creer que se hubiese quedado dormida con su nueva familia. Lo cierto es que la escena era de lo más familiar, sentada entre la madre y el hijo. Decidió levantarse e ir a la cocina a tomar un baso de agua, después de la comida se había quedado seca. Estuvo curioseando un poco por la nevera y picó algún dulce. Luego fue al servicio e hizo un piss, sus anfitriones aún estaban sopa cuando pasó por el salón.

No pudo evitar echar una mirada por el baño, estaba bastante limpio y cuidado, aunque entre los botes uno llamó su atención, era de color rojo y tenía un dosificador, al examinarlo más detenidamente descubrió que era un lubricante sexual, que daba sensación de calor.

- Vaya con la señora Ángeles, después de todo aún está viva entre sus piernas- pensó.

Y lo dejó donde estaba. Luego echó un ojo al dormitorio, nada de particular, curioseo algunos cajones de la cómoda donde guardaba braguitas y sujetadores. Sin duda ahí debía guardar algún artilugio de placer, para combinar con el lubricante del baño pero no lo encontró, no estaría guardado a la vista. Finalmente abrió el último cajón de la mesilla de noche y escondido entre los calcetines apareció una réplica, en látex suave y sedoso, del miembro masculino, algo pequeño pero bien moldeado. En ese momento los ruidos la alertaron así que súbitamente cerró el cajón y salio de la habitación.

Ángeles se había despertado, ella entró justo cuando se estaba levantando del sofá.

- ¿Te apetece un café? -le preguntó nada más verla aparecer.

- Vale -se limitó a asentir Lucía.

El resto de la tarde lo pasó conversando con su nueva amiga, hasta que se despidieron ya entrada la noche. Lucía tenía una nueva cita y se fue a prepararse. Era de nuevo con su primer cliente en la ciudad, así que estaba relajada, pues ya lo conocía. Al final cumplió su palabra y volvió a llamarla.

4

Esta vez el hombre le dijo que quedarían en su casa pues al parecer era conocido en la cuidad y no quería exponerse a que lo viesen con ella en el restaurante. Aunque ya no convivía con sus esposa, muchos de sus amigos aún no sabían que se iban a divorciar. Quedó en pasarse a recogerla donde ella le dijese.

Por supuesto que Lucía no le dio su dirección real, ya tenía aprendida la lección, en su lugar le dijo que lo esperaría en un café y que la avisara al móvil cuando llegase.

La recogió en su flamante X5 y salieron del local con destino a las afueras de la ciudad, Lucía preguntó donde iban, él le dijo que vivía en "La moraleja", Lucía enseguida captó que el tipo tenía un alto nivel económico pues en ese barrio abundaban famosos y ricachones.

Pasaban por una calle con inmensos caserones, separados de la acera con muros de piedra, en un momento dado, el hombre accionó un pequeño mando a distancia y unos metros más adelante una verja se abría para dejarles vía libre a la propiedad. Se acercaron a la casa que estaba a unos metros de la verja, por un camino de graba rodeado de césped, volvió a accionar el mando y la puerta de la cochera, bajo la casa comenzó a abrirse, esperaron unos segundos y entraron en el garaje, sin duda todo "muy discreto".

Caballerosamente la invitó a pasar a su casa, en seguida salió una chica de color, ataviada con uniforme de sirvienta a recibirlos, cogiendo sus abrigos. Se dirigió al hombre con gran educación, pero lo llamó Pedro. Lucía sonrió, sin duda mintió en su primera cita, Pedro era su nombre real. A ella la llamó "señorita", al parecer su nombre era Lucrecia, los invitó a pasar al salón donde la mesa ya estaba puesta, tomaron asiento la chica les sirvió una copa de vino y esperaron a que les sirviese la cena.

La casa era "de lujo", sin duda Lucía quedó maravillada por todos los detalles y los muebles caros. En el salón igualmente la decoración era rica y distinguida, con maderas nobles en color cerezo y una luz cálida lo envolvía todo. Con cuadros impresionistas en las paredes.

- Tienes una casa muy bonita... "Pedro" -admitió Lucía y lo llamó por su verdadero nombre haciendo una pausa entre la frase y el nombre.

- Gracias... -contestó Pedro-. Oye, si te he invitado a mi casa es, además de para ser más discreto y que no nos vea nadie, porque me das confianza, pero tampoco quería decirte mi verdadero nombre. Así como tampoco te diré mucho sobre mi o mi vida, ¿lo entiendes?

- Perfectamente Pedro, yo tampoco quiero compartir mi vida contigo, sólo estamos aquí para pasar un rato agradable, nada más -contestó Lucía, notando como la tensión creció por momentos.

Lucrecia llegó con la sopera justo a tiempo y sirvió a ambos el caldo de marisco que ella misma había cocinado, por supuesto con los mejores ingredientes. A Lucía también le gustó mucho y cuando les sirvió el segundó le preguntó si lo había cocinado ella y la felicitó por lo bueno que estaba. Mientras tanto la tensión se fue diluyendo, poco a poco Lucía recondujo la conversación hacia temas más banales, preguntándole por los cuadros y por la decoración de que hacía gala la casa.

Pedro se fue soltando y volvió a sonreírle mientras tomaban una copa de vino blanco. Lucía se había vestido para la ocasión con un traje negro con toques de lentejuelas, muy elegante, el señor también optó por traje negro camisa y corbata, sin duda ambas de seda, pues al parecer era su estilo de vestir.

Ya en los postres, Lucrecia pidió permiso al señor para retirarse a su habitación y éste se lo concedió gustoso y la felicitó por la cena que les había dado. Luego le comentó que Lucrecia era la mejor sirvienta que habían tenido y que tenerla en la casa con todo el tema de la separación le estaba ayudando a superarlo, pues era ella por ejemplo la que le recogía a los niños cuando le tocaba, evitando así ver a su ex, pues por lo visto estaba muy dolido con ella. Lucía intuyó que él era el cornudo, pues por la forma en que hablaba efectivamente se le notaba nervioso y afectado.

La noche pasaba y el momento del sexo parecía que no llegaba. Hasta tal punto que Lucía comenzó a impacientarse así que comenzó a insinuarse descaradamente, y en un momento dado abrió sus piernas y le mostró que no llevaba bragas. Pedro tragó saliva y se aflojó la corbata. Entonces la chica se sentó encima suyo subiéndose la falda y apoyó su coño desnudo sobre su bragueta restregandose contra el caro traje.

El hombre la abrazó y le chupó el cuello, echó mano a sus pechos y los envolvió con sus manos, ella se despojó del vestido y se quedó completamente desnuda encima suyo, como una pequeña diosa del amor. Lo empujó contra el respaldo del sofá y se arrodilló ante él. Desabrochándole el pantalón y la bragueta buscó su polla, que ya estaba despierta y dura y la extrajo del calzoncillo con cierta dificultad por una abertura que no terminaba de encontrar. Finalmente acabó en su caliente boca, chupándosela con fuerza, lo que sin duda agradó sobre manera a su anfitrión que se dejaba hacer absorto en la contemplación de la preciosa gatita que tenía a sus pies.

Le dedicó una buena mamada y cuando iba a clavársela en su flor, le sorprendió que el hombre insistiera en acariciarle el coño. Así que lo dejó, ella estaba de pie y el seguía sentado en el sofá, cogiéndola por la cintura con una mano y magreándole el coño con la otra. Su precioso coño depilado como el de una jovencita, pues eso es lo que era en realidad. Se lo besó, para sorpresa suya pues no se lo esperaba, sus clientes rara vez lo hacían, ella era una puta y sin duda sentían repulsión por lamer algo que sabían que estaba en tantas manos al cabo de la semanas. En cambio este hombre pareció obviar esto y comenzó a lamerle el clítoris.

Ella lo dejó hacer y lo cierto es que el tío lo hacía bien, no estaba acostumbrada a ese tipo de caricias se excitó, consiguió ponerla "caliente", como pocas veces la había puesto un cliente. Pedro le indicó que se pusiera a cuatro patas en el sofá y la penetró desde atrás, apretándole su pequeño y redondo culito con sus brazos mientras se la metía firmemente.

Tras follarla un rato en esa postura, le preguntó si tenía inconveniente en hacer "el griego", que él nunca lo había hecho con una mujer, entonces ella le dijo que sin problemas. Fue al bolso, caminando desnuda como una gata sobre la tupida alfombra del suelo y volvió con lubricante. Se echó un poco en su apretado botón rosado y le indicó al hombre que si quería jugar con su dedo en aquella oquedad mientras se la follaba un poco más.

Esto hizo gracia a Pedro quien sonrió y se dispuso a seguir las instrucciones de su experta putita. Follaron un rato más mientras él le metía el dedo en el culo suavemente, embadurnándoselo también con el suave y viscoso líquido que se había echado momentos antes. Sin duda el hombre estaba disfrutando de lo lindo con la excitante y nueva situación para él, notó como cuando se lo mentía el chochito de lucía se contraía y protestaba en respuesta lo cual incrementaba su placer al follársela.

Cuando ya hubo dilatado y su dedo entraba ya entero sin dificultad, Lucía se echó al suelo, y se puso en la alfombra a cuatro patas, indicándole le metiese su polla por el culo. El hombre agachó un poco y desde arriba se la introdujo, con cierta dificultad, provocada por su inexperiencia, pero siguiendo las sabias indicaciones de Lucía, consiguió meterla al fin sin demasiados problemas, muya despacio eso si.

Comenzaron a follar por su ano, mientras ella permanecía con su cara pegada a la alfombra. Con su mano se acariciaba el clítoris, esto la ayudaba a mantener el culo dilatado y que le doliese menos, aunque lo cierto es que también disfrutaba más de la penetración de este modo y esta noche estaba disfrutando bastante, no podía quejarse y encima cobraría por follar.

El hombre educadamente le preguntó si podía correrse fuera, sobre su culo, ella dudó unos segundos pero luego aceptó, la única condición es que no podía metérsela sin condón, así que tenía que quitárselo rápido si quería y correrse encima. Así que siguieron follando unos segundos más, el hombre estaba a punto así que aprovechó para acelerar el ritmo al final y follarla con fuerza, haciendo flexiones de rodillas mientras sudaba y jadeaba, aferrado a su culillo prieto y respingón que apuntaba al techo, colando su real miembro por aquel agujerito abrasador. Le parecía mentira que pudiese haber un goce como aquel, un placer tan sublime que le nublaba la mente y sólo pensaba en follar y follar aquel culo delicioso.

Lucía sintió las andanadas de leche impactar sobre su piel y luego resbalar por ella hasta su espalda y por sus ingles, sin duda fue una corrida abundante. El hombre derrotado se echó en el sofá, buscando algo con qué limpiarse. Ella se levantó, desnuda cuan pequeña diosa y le preguntó donde podía asearse. Pedro le indicó la dirección por el pasillo y le dijo que si quería podía ducharse, que no había problema, así que hasta allí fue Lucía.

Entró en el baño, estaba todo perfecto, con toallas limpias y literalmente de todo. Se sentó en el váter y en lugar de hacer un piss comenzó a acariciarse el coño, seguía excitada y quería correrse, así que se frotó el clítoris mientras se penetraba suavemente con sus dedos y no tardó en correrse. Luego hizo un piss y le tomó la palabra, pasando por la ducha para terminar de limpiarse.

Cuando volvió al salón el hombre ya se había puesto la camisa y el pantalón y permanecía sentado en el sofá escuchando música clásica con una copa de licor en la mano.

- ¿Una copa antes de irte? -le ofreció.

- ¿Por qué no? -contestó ella.

- Perfecto, ¿qué tomas?

- Si tienes, tomaré un Fray Angélico -dijo ella.

- Si claro, es uno de mis favoritos -agregó él.

Puso hielo en un vaso y sirvió una generosa cantidad de licor, pasándoselo a ella. Lucía lo tomó y se sentaron en el mismo sofá donde antes habían follado.

- ¿Te ha gustado? -preguntó Lucía.

- ¡Oh si, mucho, contigo el sexo es fenomenal! -exclamó él un poco emocionado.

- Me alegro, trato de agradar al cliente -le confesó con su mirada angelical y una sonrisa perfecta en su boca recién pintada.

- Bueno si, he quedado complacido la verdad. ¿Te puedo preguntar algo?

- Adelante -afirmó Lucía.

- Cuando lo haces con tus clientes, ¿sientes algo? Ya se que es una pregunta típica, supongo que ya te lo habrán preguntado 100 veces pero siento curiosidad -explicó finalmente Pedro.

- Ninguna mujer es inerte, salvo que el tío no lo haga bien o te haga daño con la penetración, es difícil mantenerse al margen. Aunque sea un negocio, la naturaleza manda.

- Yo últimamente ya no follaba con mi mujer, y lo peor de todo es que no la deseaba sexualmente. Contigo me he redescubierto, eres justo lo que necesitaba en estos momentos.

- Supongo que tiene que ser duro el momento en que decides que ya no sientes nada por la otra persona, ¿no?

- Bastante, pero en fin, la vida es así y hay que reponerse y seguir para adelante.

- Bueno Pedro, lo he pasado bien contigo, pero me tengo que marchar.

- ¡Oh claro, claro, ya te he pedido un taxi! Te estará esperando en la puerta, por supuesto está pagado.

- ¡Qué detalle Pedro, eres todo un señor! -exclamó Lucía agradecida.

Sin duda Pedro se comportaba como todo un señor, fino y educado como pocos había conocido Lucía. Aquella noche comenzó a ver lo mucho que le gustaban los modales de aquél hombre.

Pedro salió a despedirla al portal, el taxi ya había entrado en su porche y aguardaba. Se miraron y no supieron qué decirse, así que un simple "buenas noches bastó". Lucía se montó en el taxi y este salió de la casa mientras la verja de la puerta principal se abría.

Las casas pasaban por la ventana del taxi quedando atrás en aquella urbanización de lujo, mientras Lucía, perdida en sus pensamientos, deseó poder vivir allí algún día. Una pregunta pasó por su mente aquella noche, pero prefirió apartarla de sus pensamientos y no hacerse vanas ilusiones con aquella idea, después de todo ella era una puta, de lujo como aquella urbanización, pero puta al fin y al cabo, y en los cuentos de hadas las putas no son princesas...


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