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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 14-Abr-10 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

Pagando la deuda a mi casero y a sus hijos

isabelcani
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Tiempo estimado de lectura: [ 19 min. ]
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Silvia, una mujer atractiva, se somete a su casero y a sus hijos para poder seguir teniendo un hogar. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Mi nombre es Silvia, tengo 41 años casada desde hace mucho con mi marido Domingo, que tiene dos años más que yo. Tenemos un hijo de 16 años, Jesús.

Desde que me casé, Domingo dejó claro que no quería que trabajase. Desde entonces, mi labor era ser su esposa, y cuando nació nuestro hijo, ser su madre.

La vida que llevábamos fue siempre tranquila. Mi marido ganaba bastante dinero, por lo que la situación económica era cómoda, y nos podíamos dar ciertos caprichos como viajar por placer con cierta frecuencia

Vivimos en una capital de provincia del litoral mediterráneo. Domingo se negó siempre a comprar un piso. Decía que lo mejor era vivir en alquiler ya que una compra de vivienda te hipotecaba para toda la vida. Si alquilas, siempre tendrás más dinero disponible para vivir. De esta forma, fuimos viviendo de alquiler, buscando lugares privilegiados dentro de la ciudad.

Esa fue su filosofía de vida y la verdad es que no nos fue mal, Pero no hace mucho, su labor de comercial primero empezó a resentirse, hasta que un día la empresa para la que trabajaba cerró. Domingo se quedó sin empleo y lo que era abundancia se convirtió en escasez.

Llevábamos viviendo tres años en el piso que teníamos alquilado a la empresa de Gerardo. Era un hombre de aspecto rústico pero que había invertido bien y su posición social y económica era alta dentro de la ciudad. Tenía multitud de propiedades y vivía de sus alquileres, entre ellos, del nuestro.

Como he dicho, nuestra situación era preocupante. Le debíamos el último mes de arrendamiento. Estábamos ya con dos semanas de retraso, y lo peor era que no había posibilidad de pagarle ni esta, ni seguramente las siguientes mensualidades.

Había empeñado ya las joyas que me fue regalando durante años mi marido, y no teníamos opción de conseguir más dinero. No tenemos parientes cercanos ninguno de los dos que nos pudieran ayudar en esos momentos de apuro y nuestro único apoyo éramos entre nosotros, mi marido, mi hijo y yo.

Hablé con Domingo y le expliqué que debíamos solucionar la falta de pago del mes de alquiler.

  • Y de donde quieres que saquemos el dinero? No tenemos nada
  • Cariño, iré esta tarde a ver a Gerardo, el casero. Te parece bien?
  • Qué le dirás? No podemos pagarle.
  • Fue muy amable con nosotros cuando le alquilamos el piso. Igual puede aplazarnos un poco los pagos. No crees?
  • Si, recuerdo que cuando estuvimos viendo el piso y firmando el contrato, no paraba de mirarte las piernas y el culo. Se le caía la baba. Usabas entonces minifalda y a partir de aquello, dejó de gustarme que te la pusieras.
  • Yo intento siempre agradarte, además, con 41 años, no tengo ya edad de ponérmela, aunque me conservo bien, verdad? …....... Anda, no seas tonto, ni te pongas celoso. Voy a ponerme guapa, llamaré a mi amiga María, la peluquera, que no me cobrará el peinado. Dije bromeando.
  • No creo que consigas nada de ese viejo verde, pero ve. Nunca se sabe.

Estábamos en verano. Mi amiga me peinó y me vestí a media tarde, para ir a las oficinas de nuestro casero. Soy una mujer no muy alta, 1,62, con abundante pecho, rubia teñida y creo que un buen cuerpo para mi edad.

El lugar no estaba demasiado lejos de casa, así que llegué andando en unos minutos. Pregunté a su secretaria por él. Enseguida me recibió con dos besos en la mejilla y me invitó a pasar a su despacho.

Antes de comenzar a hablar se mostró amable, me ofreció un refresco, que rechacé y comenzó a escuchar mis problemas.

  • Silvia, no puedo aplazarte la renta. Sé que no habéis pagado este mes, pero pensé que era algún despiste por vuestra parte. He desahuciado a unos cuantos inquilinos recientemente por impago, y tendré que hacer lo mismo con vosotros sino podéis cumplir.

Me derrumbé y comencé a llorar. Nos íbamos a quedar sin un lugar donde vivir, así que con un llanto casi desesperado, comencé a suplicarle.

  • Por favor, no nos eches del piso. Dale un empleo a mi marido, o a mi. Por favor, lo que quieras, pero dame una solución. Trabajaremos en lo que sea, necesitamos trabajar y tú serás el primero en cobrar.

Se quedó pensando durante unos segundos que me parecieron eternos, y me ofreció su pañuelo elegantemente para que enjugara mis lágrimas.

  • Sólo se me ocurre............... Pero no………… que tontería¡¡¡¡¡¡¡¡¡ dijo Gerardo.
  • Dime, por favor, en que piensas. Si hay alguna solución la aceptaremos.
  • Que edad tienes, Silvia?
  • 41, Gerardo. Dime que solución se te ocurre.
  • Voy a proponerte algo. Sino te interesa, te ruego que olvides la conversación y no volvamos a hablar de esto nunca más.
  • La aceptaré, dije con voz ansiosa y desesperada.
  • Déjame que te explique. No sé si sabes que soy viudo, tengo dos hijos, uno de 16 y otro de 15 años. El curso escolar terminó, sacaron buenas notas y quiero hacerles un regalo. Un regalo que no olviden nunca. Unas horas de placer, seguramente su estreno como hombres.

Seguía escuchando sin saber aún lo que pretendía.

  • No me gustan las prostitutas, así que el regalo serías tú.
  • Quieres que sea la puta de tus hijos? Dije levantándome de la silla y dirigiéndome hacia la puerta.
  • Os regalaré seis meses de alquiler que multiplicado por los 700 euros que pagáis son 4.200 euros. Te daré además otros 1.800 mediante un cheque que podrás cobrar una vez realizado el trabajo, para que la cifra se redondee a los 6.000 euros. Y no quiero que seas puta, sino que seas tú misma, la mujer tan estupenda que eres, por eso propongo esto.

Me quedé parada. El no pagar alquiler nos daría tranquilidad mientras que el resto del dinero nos vendría estupendamente para los gastos diarios. Pero el precio, lo que iba a hacer, tendría un coste muy alto.

  • Pero¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Y mi marido? Soy una mujer casada
  • Por mi parte, no tiene por qué enterarse, pero eso no me incumbe, es tu problema. Yo no le voy a decir nada.
  • En qué consistiría exactamente?, pregunté de forma inocente.
  • Pues vendrás a casa después de comer, sobre las 5 y estarás a nuestra disposición el resto de la tarde.
  • A la tuya también?
  • Los tres, estaremos los tres. Te dejo unos minutos para que lo pienses mientras hago unas llamadas. Cuando vuelva me dices tu decisión.

Salió de su despacho. Me quedé sola, todo mi mundo se derrumbaba, pero sino aceptaba, nuestra vida se transformaría en pesadilla. Si lo hacía, nuestros problemas se aliviarían de momento y si nada salía mal, nadie más se enteraría, aunque después me sintiera sucia.

Volvió a entrar, sin mediar palabra le dije que me diera la dirección de su casa.

  • Sólo una cosa más, Silvia. Quiero que vengas con minifalda. Una faldita corta como la que llevabas la primera vez que viniste por aquí, dijo mientras me entregaba el papel con su domicilio y un cheque de 1.800 euros. El dinero lo podrás cobrar pasado mañana, una vez hayas cumplido tu parte del trato.
  • No quiere Domingo que lleve minifalda, no podré salir de casa con ella.
  • Seguro que se te ocurre algo. No me importa lo que lleves al salir de tu casa, sino al entrar en esta. Te quiero como siempre te soñé, muy guapa, muy sexy………..

Cuando llegué a casa, le expliqué a Domingo que visto que siempre habíamos sido puntuales, estaba viendo que no pagásemos la renta durante unos meses, siempre que nos comprometiésemos a ajustar esos pagos después. No le dije nada del dinero, lo iría gastando poco a poco.

Aunque resultaba extraño, supongo que su ansiedad y deseo de que todo se solucionase, hizo que no hiciese más preguntas. Le noté aliviado. Le expliqué también que al día siguiente saldría toda la tarde, iría de nuevo a ver a mi amiga María. Me dijo que lo pasáramos bien y que nos fuesemos luego a cenar si queríamos.

Domingo estaba feliz. Se había solucionado el problema del alquiler, al menos de momento, aunque no sabía que toda la deuda la iba a pagar su mujer.

Al día siguiente apenas comí. Recogí todo y fui a la habitación a vestirme. Me puse unos pantalones tejanos y una camisa marrón e introduje en el bolso, una pequeña minifalda que aún conservaba de años atrás, también de color marrón.

Caminé hasta una parada un poco más alejada de mi casa, para que nadie me reconociese y antes de subir al autobús entré en una cafetería, donde sustituí los pantalones por la minifalda, según sus instrucciones.

A las cinco de la tarde llamé a la casa de Gerardo. Un enorme chalet en una zona céntrica de la ciudad. Salió él a recibirme y me invitó a entrar. Sus hijos estaban cerca de él. Se los veía nerviosos mientras que su padre parecía disfrutar de la situación. Iban todos en pantalón de deporte y camiseta.

Me llevaron al salón inicialmente, pero al instante me acompañaron a la planta baja, a una especie de sala de celebraciones, donde realizaban de vez en cuando alguna fiesta. Era un bar privado, con su barra y algunas mesas que habían apartado para colocar un colchón en el medio. Habían improvisado una cama, con su almohada y sábanas. El lugar era amplio, por lo que quedaba bastante espacio a mi alrededor. Mi mente estaba ida, empecé a divagar en mi cabeza…………

El padre comenzó a hablar diciendo el nombre de los hijos para su presentación y empujándolos para que me dieran un beso me hizo volver a la realidad.

  • Este es David, mi hijo mayor.
  • Nos dimos dos besos en la mejilla, pero ahora me empujó a mi para que mis labios se acercasen a los suyos..
  • Pablo, dijo, mientras este, envalentonado se acercó directamente buscando mi boca. Tiene 15 años.
  • Yo la conozco, dijo David. Es la madre de Jesús. Jugamos en el mismo equipo de fútbol.
  • Ah sí? No lo sabía, dijo el padre riendo mientras me daba un azote en el culo. Seguro que decís que tiene una madre cañón.
  • Si papá, algún comentario hemos hecho sobre ella. Decimos que está muy buena y sobre todo cuando no está él, hacemos algún comentario un poco más fuerte.

La vergüenza que sentí ahora no tenía nada que ver con la que había sentido con los besos en los labios. No podía hacerlo, pensé.

  • Me marcho, no puedo seguir, dije sofocada.
  • Bien, lo entiendo dijo Gerardo. El cheque no lo cobrarás y mañana mismo pondré vuestro deshaucio en manos de mis abogados. En breve saldréis dela casa.

Me quedé quieta, parada. Los tres me miraban con lujuria. La falda sólo cubría la mitad de mis muslos y ellos me desnudaban con la mirada.

  • Vete o, si decides quedarte, empieza a quitarte la camisa.

Sabiendo que no tenía más alternativas lo hice, de forma lenta, para el regocijo de todos, desabroché mi camisa y me la quité, mostrando mi sujetador.

  • Silvia, te voy a contar algo íntimo. Cuando te conocí, habría pagado cualquier precio por haber disfrutado de ti. En la película "Una Proposición Indecente", Robert Redford ofrece a Demi Moore un millón de dólares por pasar una noche con ella. Yo no soy él, pero aún así, habría llegado a pagar 100.000 euros por ti. Hoy te tendré por sólo 6.000. Circunstancias del mercado.
  • Y por qué yo? Pregunté. Podrías tener hoy a cualquier mujer mucho más joven y guapa.
  • Me gustas tú. No quiero putas, eres guapa, me excitas y quiero que mis hijos tengan a una mujer madura. Nunca lo olvidarán si eres tú quien los estrenas.
  • Aunque parezca que te estoy pagando mucho, para mi no es problema el dinero. Venga Pablo, desabrocha su sostén.......... y tú David, quítaselo

Su reflexión me humilló aún más. Sabía que gustaba a Gerardo, pero no hasta ese punto. Ese cerdo debía haberse masturbado muchas veces pensando en mi. Llevaba razón Domingo, era un viejo verde.

El muchacho, animado por su padre, soltó el broche del sujetador, mientras que su hermano terminó de quitármelo quedando mis pechos al descubierto. Todas sus miradas se dirigieron a ellos. El padre se acercó y quiso ser el primero en acariciarlos. Pasó la mano por los senos y pellizcó ligeramente mis pezones.

  • Sabía que no me equivocaba, pronunció Gerardo. Unas tetas firmes y sin operar. Verdad que son enormes? …............ Silvia, túmbate en el colchón y coloca las manos hacia atrás.

Sabía que se estaba abriendo la veda sobre mi cuerpo. Sin alternativa, me tumbé sobre el colchón que habían improvisado en la sala de la casa.

  • Vamos chicos, poneros a jugar con sus tetas.

Lo hacían de forma torpe, me las apretujaban, y el padre les ordenó parar.

  • Os acordéis cuando estuvimos en el pueblo con el tío Antón? Se puso a ordeñar una vaca de forma manual para que lo vieseis. Acordaros de lo que hizo y tocadla así. También podéis morderlas sin hacerla daño y chuparlas.

Ahora los muchachos lo hicieron de una forma más delicada. Jugaron con ellas, como si las preparasen para el ordeño y casi a la vez comenzaron a pasar sus lenguas por los pezones y a darme pequeños mordiscos.

  • La diferencia entre una mujer como Silvia y una puta, es que ella os va a besar a los dos. Vamos, dales a los chicos un beso apasionado.

Giré la cabeza hacia Pablo, abrí mi boca y metió su lengua hasta casi mi garganta. Después, más avergonzada hacia David, de quien no podía quitarme de la cabeza que era compañero de mi hijo Jesús. Ninguno de los dos soltó mis tetas en ningún momento.

Los jóvenes continuaron jugando con ellas. Gerardo vi que se acercaba y noté como subía mi ya corta falda, hasta dejarla por encima de mi pequeño tanga negro. Pensé que metería la mano por debajo de él, pero no.

  • Chicos, acercaos y coged cada uno la goma del tanga y quitádselo. El mejor momento de una relación sexual es cuando se le quitan las bragas a la mujer.

Haciendo caso a su padre, me sacaron el tanga. Aunque colaboré flexionando las rodillas y cerrando las piernas, las lágrimas me mojaron las mejillas. Me tenían totalmente desnuda, salvo por la falda subida hasta la cintura. En ese momento mi mano derecha se movió y vi el anillo que me puso Domingo el día que nos casamos y que con tanto orgullo había llevado durante dieciocho años. Mis lágrimas brotaron de una forma más intensa.

De nuevo fue Gerardo quien pasó su mano entre mis piernas, acariciando mi vello púbico y mi vagina.

  • Mirad, como veis tiene el pelo negro, dijo mientras acariciaba mi sexo. Eso significa que está teñida y hace muy bien, creo que le sienta mejor el pelo rubio. Su chochito es tan elegante como ella, tan sólo una pequeña línea de pelo sobre su raja.
  • Dejadlo ya, por favor, soy una mujer casada y decente, les dije llorando.
  • Si lo dejamos ahora se rompe el trato, dijo el padre. Sé que eres casada, eso es un añadido para pagar lo que estoy pagando por ti, sé que eres decente, por eso estás aquí.

Continué llorando y Gerardo paró de hablar durante unos segundos para continuar:

  • Sé también que siempre le fuiste fiel. Aún recuerdo cuando viniste aquí con tu marido. Lo cariñosos que estabais el uno con el otro, que incluso llegué a pensar que estabais separados ambos y os acababais de conocer. Me sacasteis de mi error y supe que estabas muy enamorada de tu marido.

Llevaba razón, siempre fuí fiel, y sólo tuve una relación antes de conocer a Domingo, por lo que sólo había estado hasta este momento con dos hombres. Con el anterior, hacía más de veinte años.

- Ahora si quieres puedes irte. Hazlo si quieres y te quedarás sin dinero y tu familia en la calle. Vas a marcharte ahora?

Negué con la cabeza. Gerardo volvió a mandar a sus hijos, no sin antes penetrarme con su dedo corazón hasta casi el final. Sentí ciertas molestias, no estaba lubricada.

  • Bien, eso significa que se queda. Como bien ha dicho ella, es una mujer decente, no una zorra, es una mujer limpia. Así que podemos comerla el coño. Seguro que pocos más lo han hecho a parte de su marido, y además, hará muchos años.

 

Empezó Gerardo con la excusa de enseñarlos. Me hizo separar las piernas e introdujo su cabeza entre ellas. Me mordía en las piernas, lamía mi clítolis, metía su dedo, sólo parando para explicarles a sus hijos como hacerlo. Cuando paraba, era sólo para darle explicaciones sobre como hacerlo, utilizándose como ejemplo.

David fue el siguiente. Gerardo acercó su boca a la mía y me hizo besarle. Su lengua sabía a mi. Conocía el sabor porque Domingo acostumbraba a hacerlo así.

El padre se apartó de mi boca. Vi que Pablo se había colocado detrás de mi cabeza y apretaba mis pechos con fuerza mientras que su boca se intentaba dirigir a mis mejillas, cuello y boca. Giré mi cara hacia un lado de la cama para dejarle hacer y también para no verlo.

Cuando terminó, David se acercó e imitó a su padre, besándome de nuevo. Ahora era la boca de Pablo la que estaba situada entre mis piernas.

Notaba todo lo que me estaban haciendo. Separaban mis labios para acceder mejor a mi clítolis. Lo lamían, jugaban, su lengua entraba y salía dentro de mi. También, una vez acabado, me besó.

  • Silvia, has calentado mucho a mis hijos. Tendrás que aliviarlos un poco.

Temblé al oír aquello. Miré suplicante a Gerardo, pero éste me enseñó en ese momento el contrato gratuíto de alquiler ya firmado. Mientras, los chicos se habían ya desnudado.

El padre fue dando las instrucciones. Me senté en el colchón y Pablo acercó su miembro a mi boca. Al incorporame, aproveché a bajar mi falda, y ocultar, al menos, durante unos minutos, mi sexo.

Empecé a pasar mi lengua por su pene, estaba muy erecto. Lo hacía de forma lenta. Pero fue meterlo en la boca y un gran chorro de semen llegó hasta mi garganta.

  • Hijo, o tienes eyaculación precoz o estabas muy caliente. Creo que es lo segundo, dijo riendo.

De inmediato fue David quien puso su pene a mi disposición. Vi como cerraba los ojos. Sabía que estaba igual de caliente que su hermano, pero iba a intentar aguantar más.

Así fue, hice lo mismo. Pasé mi lengua varias veces por su pieza y me la introduje en la boca. Era bastante grande. Comencé despacio, pensé que se correría ya pero tuve que acelerar el ritmo, para que llegase a su fin, de nuevo, con la boca llena de leche.

Gerardo me entregó un cepillo de dientes y me dijo que me asease, indicándome donde estaba el baño. Pensé que todo había terminado ya, por lo que cogí mi ropa.

  • Dónde vas con la ropa? Sólo quiero que te laves los dientes y vuelvas con nosotros.

Tan solo tapada por la minifalda, me dirigí al baño. Volví pasados unos minutos.

  • Silvia, me apetece verte completamente desnuda.

Iba a quitarme la falda, total, ya me habían visto desnuda, pero Gerardo me indicó que sólo me la subiera, que me quedase con ella puesta. Los tres comenzaron a girar sobre mi. Gerardo empezó a sobarme el culo y a darme cachetadas. Los muchachos empezaron a tocarme por todos lados, hasta que fui notando que sus penes volvían a crecer.

  • Vuelve a la cama, los chicos quieren follarte.

Me tumbé, obedecía llorando.

  • David, cata a la madre de tu amigo. Demúestrale lo hombre que eres.
  • No por favor, dije sin convinción aunque con la remota esperanza de que sirviese para algo.

Separé las piernas y se colocó sobre mi. Le dije al oído que parase, que era la madre de Jesús pero no escuchó. La polla del muchacho bailaba y no terminaba de entrar en mi coño, por lo que Gerardo me ordenó que hiciera también de mamporrera y la colocase dentro.

Lo hice y puse mis manos de nuevo hacia atrás. Sentí como su pene atravesaba mi útero y empezaba a moverlo a ritmo de entrada y salida.

  • Silvia, quiero que colabores, besa al chico y muévete como lo haces cuando estás con tu marido.

El chico se apoyó en el colchón y levantó un poco su cabeza para ver mi cuerpo. De nuevo jugó con mis pechos y su boca se acercó a la mía. La orden era abrirla y recibir su lengua.

Aguantó varios minutos. Intentaba demostrar a su padre que era un auténtico hombre. Mientras, mis movimientos iban destinados a que terminase enseguida.

Noté cuando iba a correrse. Su pene se hinchó aún más, su respiración se aceleró hasta que noté como un chorro caliente me inundaba.

Gerardo me dio unas toallitas húmedas para que me limpiara.

  • Es tu turno, dijo dirigiéndose a Pablo.
  • Yo también conozco a tu hijo, pero no te conocía a ti. Tiene suerte de tener una madre como tú.

Notaba que Pablo tenía un carácter similar a su padre. David parecía mejor chico, aunque también estaba utilizando mi cuerpo. Mis ojos estaban húmedos pero no lloraba ahora de forma abundante.. Lo peor de todo lo que estaba pasando aquella tarde eran los comentarios referentes a ser la madre de Jesús.

El muchacho se tumbó encima de mi y clavó su pene en mi coño. No le hizo falta ayuda.

Mi falda estaba subida hasta arriba para dejar a la vista mi sexo. Pablo se aferró a mi culo y encima de mi comenzó a besarme por todos los lugares de mi cara. Mordía las tetas, chupaba mis pezones. Enseguida noté que su excitación era enorme. Apenas tuve que moverme. Él sólo se las apañó para que su pene se hinchara y descargara en mi.

De nuevo me entregaron el paquete de toallitas de papel.

Pensé que todo había terminado, pero nada más lejos de la realidad. Gerardo me dijo que me pusiera de pie y se colocó en mi espalda. Subió la falda, dejando mi culo al aire. Empezó a acariciarlo y volvió a hablarle a sus hijos.

  • Siempre he deseado este culito. Por fin lo tendré hoy.

Temblé y lloré al oírlo. Ahora me iban a sodomizar. Aunque le supliqué sólo obtuve una contestación.

  • Es un trato. Hoy eres nuestra, nuestro capicho. Te propuse estar a nuestra disposición esta tarde y tú aceptaste. Aún no has acabado con el trato.

Gerardo se desnudó. Seguí sus instrucciones y me coloqué estilo perro, encima de la cama. Subió mi falda hasta situarla por encima de mi cintura, dejando a su vista mi ano. Agarró mi culo, y no sin antes escupir sobre mi esfínter, introdujo su pene.

Aunque no era virgen, su pene parecía que me iba partiendo en dos según lo introducía. Apoyé mi cabeza sobre el colchón y yo misma tapé mi boca con las sábanas para que no se oyeran mis gritos, mientras que mis manos las tenía cerradas con fuerza. De nuevo observé mi anillo de casada.

  • Domingo, perdóname por todo. Lo hago porque te quiero. Te quiero a ti y a Jesús, pensé mientras volví a llorar con fuerza.

Lo hizo despacio, entraba y salía hasta que noté que se aliviaba con su esperma sobre mi ano. Para mi también fue una liberación que terminase.

  • Mis hijos son jóvenes. Utiliza tu boca y tus manos para recuperarlos y que también puedan disfrutar de tu bonito culo.

Me quedé paralizada. Aún había más. Mi ano estaba muy dolorido y tendría que ser penetrado dos veces más.

Ya sólo quería terminar, así que me acerqué a Pablo y metí su pene en mi boca de nuevo. Le pasé mi lengua por debajo de sus testículos y enseguida volvió a tener su arma firme.

Me coloqué en la misma posición. Subió también mi falda hasta la espalda y me penetró. Ahora le costó menos trabajo, puesto que su padre había abierto el camino. Me dolió, pero también menos que con Gerardo.

  • Qué bueno¡¡¡¡¡¡ Qué apretado está.¡¡¡¡¡

Comenzó a agitarse. Me daba cachetes en el culo. Sus manos dirigían mi cintura hacia él, hasta que se tumbó encima de mi, notando de nuevo su corrida dentro de mi.

  • Ahora haz lo mismo con David.

Ya no pensaba en otra cosa que terminar. Agarré la polla del muchacho y la chupé con fuerza. Pasar la punta de la lengua de nuevo por debajo de sus testículos hizo que el muchacho estuviera preparado para la penetración anal.

Ahora fuí yo quien subió la falda para facilitarle su trabajo. Me dio un golpe seco que me dolió mucho. No lo hizo finamente, sino con fuertes movimientos. Jadeaba y chillaba a la vez que también me daba azotes. Mi culo debía estar rojo y mi ano herido.

  • Es verdad, es estupendo hacerlo por detrás. Está tan apretado..............

Apenas pronunció las palabras noté como se corría en mi espalda, manchando de blanco el marrón de la falda.

Me quedé tirada en la cama. Estaba maltrecha física y mentalmente. Comencé a llorar de una forma desconsolada. Gerardo me dio un pañuelo y acto seguido me dio un sobre.

  • Contiene un contrato firmado por mi, por el que dispondreis del piso durante seis meses sin gasto alguno por vuestra parte. Mañana podrás cobrar también el talón. Has cumplido con tu parte y yo con la mía.

Me dio la ropa que estaba sobre una silla y me dijo que había terminado la tarde.

  • Confío en que nunca le digáis nada a mi hijo de esto.
  • Será nuestro secreto, dijo David.

Fui al baño, donde me vestí, de nuevo con el pantalón en lugar de la falda y salí de la casa sin mirar a ninguno de ellos. Al menos, había salvado una situación crítica, aunque había pagado un precio muy elevado por ello.


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