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Fecha: 11-Ago-11 « Anterior | Siguiente » en Dominación

Esposo, esclavo y sumiso (3ª parte)

Premium9
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Carlos, pasa a ser esposo, esclavo, sumiso y cornudo. El amante de su esposa entra en escena Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Finalmente se confirmó mi suposición, Roberto y Silvia eran amantes.A partir de este momento yo era el esclavo sumiso de los dos, tenia que obedecer también  a Roberto, los deseos de Roberto eran ordenes para mí, ahora era, esclavo, sumiso y cornudo. Roberto vino a vivir con nosotros, y ocupó la habitación de matrimonio,  tuve que trasladar mis cosas a la habitación de los invitados. Acepte sin objeciones como era mi obligación.

Yo continuaba con mi labor, esta vez servir a mis  dos amos. Silvia me puso un cinturón de castidad, para así evitar que por la noches, me masturbara oyendo desde mi habitación como Roberto se estaba follando a mi mujer.

Una noche después de cenar,  yo estaba recogiendo la cocina y fregando los platos, ellos estaban en el salón mirando un película porno, se fueron a su habitación y me llamaron, me ataron los pies y las manos con dos argollas y con el collar de perro y el cinturón de castidad puesto me sentaron a cuatro patas al lado de la cama. Se pusieron a follar como posesos, mientras Silvia me decía – Carlos eres un marica y un cornudo mira como folla un hombre de verdad, a lo que yo respondía si mi Ama. - Roberto decía, Carlos te gusta ver como me follo a tu mujer, yo respondía si mi Amo.

Después vino mi premio tuve que lamer el coño de Silvia después de que se corriese Roberto, limpiar con la lengua todo su semen y tragarlo y seguidamente limpiar la polla de Roberto, empece a recorrerla con la lengua desde la base de los testículos para ir subiendo despacito hasta el glande que succione como si se tratara de un helado, la introduje toda ella en la boca varias veces y otra vez desde los testículos hasta que se le volvió a poner erecta, Roberto estaba cachondo, me dijo putita la chupas muy bien, vas a tener tu premio me puso a cuatro patas encima la cama y me follo bien follado, gemía de placer. -Roberto me decía, putita te gusta mi polla y que te follen como una zorra, - si mi Amo siiiii, no pares soy tuyooooo, me gustaaaaa !!

Muchas noches les acompañaba en la cama, sobre todo por deseo de Roberto, le gustaba mucho como le chupaba la polla, yo me la comía entera y succionaba el glande como un helado. Me convertí en un experto con la lengua, a Silvia le chupaba el coño, succionaba su clítoris, yo sabia donde tenia el punto G,  no me costaba mucho hacer que se corriera, después se ponía de perrita y le chupaba su culito, paseando suavemente mi lengua y succionando ligeramente a medida que se iba dilatando, mientras Roberto, detrás mio, me follaba mi culo que ya se había convertido casi en una vagina, me metía su gruesa polla hasta dentro sin lubricarla.

Hacia  más de un año que yo no me follaba a Silvia, continuaba, dejando que solo eyaculara una vez al mes, y siempre era masturbándome delante de ellos, mirando como Roberto se follaba a Silvia.

Mis deseos sexuales empezaban a cambiar, no deseaba follar con Silvia, mis sueños eróticos eran con Roberto, su cuerpo, su preciosa  polla y que me follaba como a una puta.

Mis deseos empezaban a cumplirse, a menudo cuando Sílvia se ausentaba unos días por viajes de trabajo. Roberto me dejaba que durmiese con el en la habitación de matrimonio, me decía, Carlos estos días va a ser mi putita, yo me ponía cachondo y le respondida si mi Amo voy a se tu putita sumisa.

Aunque continuaba en mi papel de esclavo-sumiso, Roberto me dejaba a veces llevar la iniciativa, así, a veces lo sentaba en una silla y lo montaba como un caballo, mi culito estaba ya tan dilatado que solo con un poco de saliva me entraba la polla, yo cabalgaba encima de Roberto, mientras el me decía putita no pareees !!

Roberto me confeso que en la cama se lo pasaba mejor conmigo que con Sílvia, este hecho no le  paso desapercibido, lo noto. A partir de este momento su actitud hacia mi era más despectiva, más humillante, por ejemplo muchas veces después de que terminaran de follar ellos dos, Silvia solo quería que le limpiara el semen que había dejado Roberto en su coño,  yo tenia que tragarlo todo y dejar con la lengua su coño bien limpio, cosa que hacia sin duda con mucho placer.

Silvia tenía celos de mi, así empezó a castigame sin ningún motivo, me ataba a la argolla y con el látigo me dejaba el culo rojo, casi sangrando, para que te acuerdes de quien eres decía cuando terminaba.

Un día que no estaba Roberto, invitó a casa a cenar a dos compañeras del trabajo. Me presento a ellas como su marido, esclavo y sumiso, desnudo con las argollas, el collar de perro y el cinturón de castidad, era una manera de humillarme.

Tuve que servirles la cena, tal como iba, más un delanta, durante toda la cena no pararon de insultarme y humillarme: marica de mierda, inútil, no sirves para nada, etc. Tuve que situarme debajo de la mesa y chuparles el coño a la tres, me encantaba; primero con lengua hacia un recorrido general de abajo arriba, varias veces seguidas y a distinta velocidad, a media que iban generando jugo vaginal, después me entretenía en los labios superiores, succionado y chupando despacito pero seguido, hasta el orgasmo, no les quedaba otro remedio que felicitarme. Hay que ver lo bien que la chupa tu esclavo, le decían las dos amigas a mi Ama.

Después de cenar, Sílvia me dejo a merced de sus dos amigas para que hicieran conmigo lo que les apeteciese así que: me quitaron el cinturón de castidad, me ataron con cadenas los pies y las manos, me colocaron en la argolla y empezaron las dos a pegarme el culo con el látigo, seguidamente  me pusieron en la cama de perrita y mientras estaba chupando el coño a una, la otra con un arnés, me follaba el culo con un mete y saca seguido,  mi mujer observaba la escena. Acto seguido una de ellas me dijo que la follase de perrita,  me corrí y con la lengua tuve que limpiarle el coño y tragar todo mi semen, quede extasiado.

Continuará ….....

 



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