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Fecha: 29-Feb-12 « Anterior | Siguiente » en Gays

Mi Amigo Álvaro 04

Garganta de Cuero
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Tiempo estimado de lectura: [ 16 min. ]
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Finalmente me terminó de estrenar como bisexual completo, cuando le entrego el último punto virgen de mi cuerpo a mi amigo (sexo gay y trío entre 2 jovencitos y un maduro). Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Mi Amigo Álvaro

 

IV

–        Buenas noches… – nos dijo Giovanni, en tono jovial y con una sonrisa amistosa y socarrona, aunque podía adivinar su nerviosismo por la forma en que se frotaba las manos.

Yo no supe que responder, de hecho no podía ni siquiera pensar… ¡estaba cagado! ¡¿A qué horas vino, qué tanto fue lo que vio?! ¡Puta madre, seguro vio y oyó como me cogía a su novio! Esperando que nos cayera a golpes (aunque muy rudo no se miraba) traté de esconder a Álvaro detrás de mi (siempre fui un caballero y, pues… él era prácticamente una mujercita), pero él no me dejó:

–        Giovanni… bueno mirá… perdoname… – Álvaro balbuceaba rojo como un tomate y en susurros.

–        ¿Perdonarte… el qué? – respondió el hombre encogiéndose de hombros como si tal cosa y con un claro español con acento y modismos italianos. Álvaro le quiso responder pero solo atinó a balbucear más, entonces quise intervenir pero el hombre se me adelantó – Hablamos sobre nuestra relación desde el principio y te dije lo que te podía ofrecer… y también te di la libertad de hacer y deshacer con quien tú quisieras, caro mío… no te voy a poner restricciones. – me quedé con cara de idiota… ¡y yo que pensaba que el hombre se pondría como loco!

–        Si, si… ya lo sé… – Álvaro le puso mala, pensé que lo más lógico sería que se sintiera aliviado.

–        Entonces quitá esa cara, caro mio, que con lo que este muchacho te ha hecho gozar no tendrías que tener ese seño tan feo… – les juro que me sentía como un idiota, yo esperando una reacción violenta del tipo y lo que recibo es exactamente lo contrario.

Bueno, la cosa es que minutos después me encontraba sentado en la sala platicando con el tal Giovanni como si nada mientras Álvaro nos preparaba café aun completamente desnudo, yo si me vestí puse la ropa rápidamente. El hombre me habló de su vida: se llamaba Giovanni Perconti y era italiano, de Florencia, se vino a vivir a Guatemala luego de conocer el país como miembro de la Cooperación de su nación. Se ganaba la vida con un restaurante italiano de mucho éxito en la zona viva.

La verdad es que el hombre me cayó bien desde el principio, hablaba hasta por los codos pero no aburría, resultaba ser simpático e ingenioso. Me contó que estaba casado desde hacía muchos años pero que no le iba muy bien, que nunca habían podido tener hijos con su mujer y que por eso vivían juntos pero distanciados. Me contó que siempre le habían gustado los hombres y que había conocido a Álvaro el día en que llegó a pedirle trabajo en su restaurante y que como era hijo de una amiga de su mujer lo contrató. Fue solo cosa de tiempo para que ambos se dieran cuenta de sus inclinaciones y que acabaran en la cama. Desde entonces habían vivido una doble vida.

–        Yo quiero mucho a Álvaro, de verdad, y sé que él me quiere mucho a mi, pero aun así sé que no le basto… supongo que por ello tu estás aquí hoy. – dijo mientras mi amigo tomaba asiento a su lado. No pude evitar sentirme culpable.

–        No, no creo… yo… mire… es que… realmente lo siento mucho, yo no quería que esto pasara y…

–        Tranquilo Ricky, que lo que Giovanni dice es que ninguno de los 2 nos bastamos el uno al otro, ¿ya? – “ah… si, si” respondí, pero no tenía ni idea de qué putas estaban hablando.

–        Lo que Alito quiere decir es que los 2 tenemos gustos muy parecidos…

–        …a los 2 nos gusta que nos rompan el culo… – agregó Álvaro.

–        Los 2 somos pasivos sumisos en las manos del macho adecuado y nosotros, obviamente, no somos ese macho adecuado… – finalizó Giovanni.

Así que eso era, Giovanni y Álvaro no eran compatibles sexualmente porque a los 2 les encanta que un buen macho vergudo les parta el culo con ganas. Por ello los 2 acordaron tener la libertad de buscar otros amantes, siempre y cuando no hicieran cosas imprudentes, como me contaron más adelante. Ahora si lo entendí bien y no pude evitar enrojecer como un tomate… sobre todo porque ninguno de los 2 dejó de verme con ojos llenos de lascivia. Y esas miradas aumentaron en intensidad cuando el italiano empezó a meterle mano a Álvaro, primero acariciándole la espalda suavemente, pero luego tocándole descaradamente el culo.

–        ¡Mio Signore! – exclamó Giovanni en italiano (junto con otras expresiones que no pude transcribir) mientras levantaba las caderas de Álvaro para poderle ver el trasero – ¡Caro mío, mirá como tenés el culo! – puso a Álvaro inclinado sobre el asiento y con el culo parado hacia delante, el ano lo tenía abierto como una cañería, inflamado y enrojecido como una pequeña dona de fresa – ¡¿Pero qué cosa le metiste a mi niño, con qué garrote te lo cogiste?! – el rostro de Giovanni dibujaba un amplia sonrisa de asombro que se unía a la de picardía que mi amigo tenía.

–        Es que Ricardo está muy bien armado y es un auténtico garañón… – le contestó mi amigo, y yo no pude evitar ponerme rojo como.

–        Mmmm… me gustaría ver qué tan buen garañón es tu amico

–        ¿Y no te basta con ver como me dejó el culo, mi gordito?

–        Es que… lo que yo quiero ver es si me lo deja a mi igual… claro, si no tienen ninguna objeción…

Y aunque la tuviera no habría podido decir nada, Giovanni se puso en 4 patas y se me acercó gateando, con cara de sexo y mirada hambrienta. Mierda, mi primera experiencia homosexual había sido lo máximo… ¡hasta estaba a punto de catar a mi segundo hombre! ¡Esa noche iba a ser inolvidable!

Alcanzó mi entrepierna y empezó a restregármela mientras Álvaro, detrás de él, se masturbaba suave y lentamente. Giovanni Perconti era un cuarentón italiano de mediana estatura tirándole a chaparro y de complexión gruesa, muy al estilo de Sancho Panza. Era el típico gordito simpático y con cara de niño, ojos grandes y mejillas encendidas. Su piel era muy blanca y colorada, sus ojos violeta y su cabello oscuro, aunque le quedaba bien poco, tenía una enorme calva en toda la parte superior de la cabeza.

No le costó mucho sacarme la verga, ya en total estado de erección. “Qué grande está… con razón me dejaste así a mi niño” exclamó, junto con otras palabras en italiano que no comprendí y bajó la cabeza, comenzó a chupármela. Lo hacía muy bien, con ansias e intensidad, pero sin el hambre casi famélica de Álvaro. La deglutía pausadamente hasta la mitad, la succionaba con fuerza al mismo tiempo que me la acariciaba con la lengua. La estaba saboreando y disfrutando sin prisas y todo sin usar las manos, tan solo puesto en 4 como un perro.

–        Así le gusta hacer todo esto… estar en 4 patas como una perra mientras su macho le rompe el culo. Dale duro Ricky, aprovechate de él que eso es lo que quiere. – dijo Álvaro al mismo tiempo que le desabrochaba el cinturón.

Le bajó el pantalón y el calzoncillo, descubriendo un trasero grande y redondo, de nalgas carnosas y duras. Peludo, si, pero con el vello perfectamente recortado con muy buen gusto estético. Mi amigo se inclinó sobre este y comenzó a lamerle el ano, de arriba abajo, despacio y con fuerza. Le humedeció toda la raja del culo y luego se concentró en el delicado y cerradito anillo. Le separó las nalgas con las manos y zambulló la cara entre ellos, lamiendo y tratando de meterle la lengua.

Yo escuchaba chapoteos mientras me concentraba en la mamada que el italiano me estaba dando. La lengua de su joven amante en su entrada posterior parecía haber encendido en él unas ganas más intensas por tragarse mi masculinidad. Ahora se lo metía casi hasta la garganta, hasta que sentía arcadas y se lo tenía que sacar. Su rostro empezaba a verse sudoroso y su piel ya estaba roja, al igual que sus ojos, que de vez en cuando me subían a ver con expresión gozosa.

Volteé a ver a Álvaro y vi que le metía los dedos entre el culo e iba dilatándoselo poco a poco. Me sorprendió lo poco que tardó en que le cupieran 2 dedos, pero luego recordé que Giovanni debía ser por lo menos tan puta como Álvaro. Este le metía los 2 dedos y los retorcía en su interior, sacándoselos y volviéndoselos a meter, el italiano gemía en largos y roncos jadeos que se amortiguaban por mi pene dentro de su boca. Mientras tanto, el hombre iba quitándose la ropa poco a poco.

–        Ya te tengo bien abierto Gordito… – le dijo Álvaro a su pareja, luego me volteó a ver con fuego en los ojos – ahorita te lo paso Ricky, solo te lo voy a dejar bien abierto para que luego seás vos quien le rompa el culo. – entonces se arrodilló detrás de él y lo penetró.

Álvaro empezó a cogerse a Giovanni mientras a este me lo cogía yo por la boca, porque ya lo tenía sujeto del cuello y lo obligaba a subir y bajar la cabeza. Él ya estaba sudando copiosamente, su piel blanca brillaba enrojecida y sus jadeos se hicieron más fuertes e intensos, con un timbre más grave. Mi amigo le daba duro y hasta el fondo, sus caderas chocaban contra el enorme culo del europeo, tomándolo con fuerza de las caderas. Álvaro estaba gozando, aunque hubiese preferido estar en el lugar de su amante no podía dejar de disfrutar con semejante culo. Cambiamos lugares tras unos 10 minutos.

–        Ahora te toca a ti gordito, dejá que mi amigo te coja como te gusta… – le dijo Álvaro a Giovanni.

–        Va a ser la verga más grande que me meten… ¡mama mía! – exclamó el italiano mientras se dirigía al sofá y se colocaba boca arriba, con las caderas casi en el aire para que me lo pudiera coger.

–        Ahora si Ricky… ¡dale duro a esta perra, sin pena que es tan puta como yo! – dijo de nuevo Álvaro.

Me arrodillé entre las piernas blancas, peludas y gruesas del italiano, me coloqué un condón y le puse la cabeza de mi pene en la entrada. Mi amigo se inclinó junto a mi oído y me susurró “ya te lo dejé bien abierto”, así que, sin tener que tomar mayores medidas, lo penetra con fuerza y de un solo estoque. “¡¡¡AAAAAAHHHHHH!!!” gritó Giovanni mientras se aferraba con fuerza del asiento, con los ojos cerrados con fuerza y la boca abierta en un rictus de placer y dolor. Era increíble, en la misma tarde iba a cogerme a 2 hombres pasivos, sumisos y viciosos como pocos… ¡increíble!

Le hice caso a Álvaro y comencé una brutal cogida al mismo tiempo que este montaba sobre la cabeza de su amante para meterle la verga en la boca. Estrellaba mis caderas contra el trasero gordo del hombre y veía como su gran panza se estremecía ante cada asalto. Su pene ya estaba erecto y apuntando hacia arriba, era de mediana talla, quizá un poco más largo y grueso que el de Álvaro, sin circuncidar y con el glande colorado y con forma de hongo. Rápidamente me di cuenta de lo acostumbrado que tenía el ano para alojar vergas, este se amoldaba a la perfección a mi miembro aunque apretándolo un poco.

Un poco más arriba mi amigo irrumaba a su amante, le clavaba su pene hasta el fondo de su boca, sujetándolo de la nuca y cogiéndoselo con fuerza. También me pude dar cuenta claramente que ese era un juego común entre ellos por lo sincronizado de sus movimientos y por la facilidad con la que lo hacían. Solo podía escuchar roncos gimoteos y gemidos ahogados por un pene que entraba y salía sin piedad. Además Álvaro le ponía los huevos y el culo para que se los chupara.

Nuevamente cambiamos de posición, me cansé de cogérmelo así por que puse a Giovanni apoyado en el asiento, dándome la espalda y con el culo bien parado. Volví a penetrarlo y empecé a embestirlo con furia hasta el fondo, cada acometida sonaba como un aplauso acompañado de roncos y largos jadeos y gemidos. Álvaro dejó su boca y se colocó a un costado de él, arrodillado para ordeñarlo como a una vaca. Comenzó a frotarle la verga de arriba abajo, despacio pero con fuerza, la caricia provocó que el placer del italiano aumentara, por lo que empezó a gemir con más fuerza diciendo palabras en su legua.

–        ¿Te gusta gordito, te gusto como tu Alito te está ordeñando la verga?

–        ¡¡¡¡AAAHHH, OOOOHHH, AAAHHHH… SIIIIIHHH… MAS, QUIERO MAAASS!!!!

–        Ricky te va a dejar el culo reventado, abierto  como una flor… a ver qué dice tu mujer de eso…

–        ¡¡¡¡AAAAHHH, AAAHHH, AAAHH… ALITO, ALITO ALIIIITOOOOOHHHHH!!!! – Álvaro lo pajeó hasta hacerlo acaba en su mano.

El europeo se estremeció en la misma posición en que estaba, sus espasmos me estaban apretando la verga y casi logra hacerme acabar. Y cuando terminó de vaciarse, Álvaro le esparce su semen por la cara, dejándosela brillante. Giovanni abría la boca y sacaba la lengua para lamer lo que podía, al final mi amigo le dio la palma para que terminara de limpiársela con la lengua. Fue algo impresionante y muy morboso de ver, aumentó mi calentura varios grados por lo que tuve que detenerme unos segundos y luego tomar un ritmo más pausado y suave.

Vi que mi amigo le susurraba algo al oído a su amante y me veía con picardía al mismo tiempo. Aunque lo escuché no entendí qué me decía, al parecer el “Alito” ya había aprendido italiano.

–        Ricky, vamos a cambiar de pose otra vez, ahora vos ponete boca arriba en el sillón para que mi gordito precioso te cabalgue. – no vi nada sospechoso en la petición así que le hice caso.

Me coloqué boca arriba en el sofá, con las piernas abiertas y apoyadas en el suelo y las caderas en el aire, con mi pene totalmente erecto y apuntando al techo. Giovanni se me montó encima y él mismo se ensartó en mi estaca dándome la espalda. Inició una cabalgata rítmica y cadenciosa, no solo subía y bajaba, también movía las caderas en círculo y de atrás para adelante, me sorprendió que un gordito como él tuviera ese quiebre. A veces volteaba con una sonrisa, seguro de estarme dando mucho placer.

Mientras tanto había perdido de vista a mi amigo, pero pronto supe en dónde se encontraba, por lo visto ahora tenía otro objetivo: mi ano. Sentí que algo húmedo y tibio pasaba por encima de mi entrada trasera y me provocó un respingo, pero no pude hacer nada por el peso del italiano encima mío. Así que eso era lo que Álvaro le estaba susurrando al oído a Giovanni, lo tenían todo planeado. Me empezó a lamer y a chupar esos delicados esfínteres igual como lo hizo con su amante, despacio y con fuerza y pasando la lengua de arriba abajo hasta mojarme toda la raja del culo y luego se concentró en el delicado y cerradito anillo. Con los brazos mantenía mis piernas separadas y con las manos me abría las nalgas, así se entretuvo lamiendo y tratando de meterme la lengua.

–        ¡¡¡AAAHHHH, HIJO DE PUTA!!! – exclamé.

–        Te gusta, ¿verdad que si Ricky? (chomp, chomp, chomp) Y no es la primera vez que alguien te toca este lugar… ya lo tenés bastante flojito.

En ese momento recordé todas las chupadas de culo que mi madre me dio, así como sus dedos mojados hurgándome el interior, abriendo y dilatando todo a su paso. ¡Por supuesto que ya tenía el culo flojito! Mamá me lo convirtió en una especie de boca hambrienta que devoraba sus dedos con ansias, con verdadero deleite. ¡Y obviamente Álvaro iba a darse cuenta, lo notaría en la forma en que mi ano se abría y cerraba cada vez que pasaba su lengua por arriba, o en al forma en que parecía quererse tragar sus dedos cuando presionaba con ellos! Seguro esas reacciones lo alentarían a seguir hasta el final.

–        ¡Ricardo, mirá mano, ya te metí un dedo! – exclamó asombrado mientras Giovanni controlaba con habilidad la cabalgata para no hacerme acabar aun. Al minuto me metió otro – ¡Dos, ya te metí 2 dedos!… te entraron tan fácil que hasta parece un culo muy experimentado…

–        Pues si… pero… pero solo con dedos… – le aclaré a punto de terminar, pero Giovanni lo evitó apretándome los huevos… ¡el hijueputa! En ese momento el italiano giró sobre mi con inesperada agilidad y quedamos de frente mientras Álvaro me cogía el culo enérgicamente con 2 dedos.

–        Ricky, te quiero coger… ¿me dejás ser el primero en meterte la verga? – mientras me preguntaba, Álvaro ya me estaba separando las piernas y comenzaba a frotar su miembro sobre mi ano. No lo pensé mucho, ¿qué había que pensar allí? Después de todo lo que habíamos hecho, después de todo lo que había hecho con mi madre, ridículo habría sido negarme.

–        Dale pues… pero despacio… – casi pude ver su sonrisa de triunfo… si no hubiese sido por la gruesa humanidad de Giovanni.

Empezó a penetrarme, introdujo su miembro dentro de mi cuerpo despacio, sin detenerse. Lo sentí deslizarse fácilmente, sin apenas resistencia, no había dudas que me había echado lubricante (luego se lo agradecería). Me lo comenzó a sacar con la misma tónica en cuanto toparon sus testículos contra mis nalgas, para luego metérmelo de nuevo pero más rápido. Repitió el mismo proceso hasta que la cogida había tomado forma, me estaba apaleando con fuerza y bríos.

–        ¡¡¡AAAHHHH, ÁLVARO HIJUEPUUUUUTAAAGGHHH!!! – le dije.

–        ¡¡Gozalo Ricky, así como vos me hiciste gozar a mi!! – ¡y vaya que si gocé! Sentía su ariete de carne  taladrándome cada vez con más fuerza, lo sentía tirar de las paredes de mi ano y estirarlas al máximo. También sentía los toques que le propinaba a mi próstata con la punta y fue mucha más de lo que pude soportar.

–        ¡¡¡¡AAAAHHHHH, AAAAAHHHHH… AAAALVAAAAAROOOOOHHHHH!!!! – el placer era tan intenso que acabé con fuerza dentro del condón mientras el italiano seguía dando botes sobre mi – ¡¡¡¡¡DIOOOOSSSSSMIIIIIOOOOOOGGGGHHHHH, AAAAAAHHHHHHHH!!!!! – mi primer orgasmo siendo penetrado por otro hombre… ¡fue una tarde inolvidable!

Álvaro no me dio descanso, me cogió hasta que acabó varios minutos después. Se quitó el condón y eyaculó sobre mi vientre, para que luego viniera Giovanni a lamerme todo ese semen. También se bebieron entre los 2 mi última acabada de la noche, directamente del condón que había usado. Luego quedamos los 3 sentados en el sofá, desnudos y acariciándonos, platicando de lo que habíamos hecho y hablando sobre volverlo a hacer.

–        Qué bueno que te gustó Ricardo… porque lo que es nosotros…

–        ¡Il nostro stallone!

–        Si… de ahora en adelante sos nuestro semental… y nosotros tus yeguas…

–        ¡La tua caballas!

Pasé el resto de la noche con ellos, me fui hasta la mañana siguiente. No volví a hacerlo con Álvaro otra vez porque tenía muy irritado el culo ni me volvieron a penetrar, una sola vez para mi primera vez fue más que suficiente. Pero si me volví a pasar por la piedra a Giovanni en un tranquilo y sosegado mañanero. Por mi parte, mientras dejaba el edificio, iba pensando en lo que acababa de hacer, y por más que le daba vueltas no me arrepentía de nada. Me sorprendí a mi mismo aceptándolo con más calma y facilidad de lo que creía. Descubrí que el sexo con un hombre me encantó, pero estaba más que seguro que las mujeres me seguían gustando más.

Bueno amigos míos, esta fue mi primera vez con un hombre y la primera vez que lo hice con mi amigo Álvaro y con su amante Giovanni… la primera de muchas otras. Nos hicimos amantes regulares tal y como ellos me lo prometieron, me volví el semental de 2 yeguas insaciables. Y sobre si algún día le di el culo a alguien más, pues bien… eso se los contaré en la otra oportunidad… gracias…

Fin.

Garganta de Cuero

 

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