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Fecha: 29-Feb-12 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series

Un mundo dominado por la hembras - Capitulo VI

Francisquito
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Tiempo estimado de lectura: [ 19 min. ]
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Estaba emocionada con lo que me pasaba con aquel varón, era similar a nosotros, lo único diferente era que no tenía alas y su dialecto. Me sentía atraída por el, sus ojos me llamaban como un imán al hierro. Estaba recuperándose muy rápido, se veía que era fuerte. Que me proteja Luna, pero cuando me miraba parecía que me desnudaba completamente, sentía sus ojos en mi cuerpo, hacía que sintiera en mi ser como si me estuviera quemando, tenía unos calores increíbles, notaba como mi cara se ponía roja, mi piel me quemaba. Nunca en mí vida había sentido esa sensación, ese fuego en mi interior. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

 

Le doy las gracias a todos los que me habéis animado a seguir, y que os gusta esta serie que estoy haciendo. Se que no es de sexo nada más como quieren otros, y me dicen que quieren más, pero desde un principio les dije que iba a hacer una serie diferente en el sentido que tendrá sexo, pero mas en si sera de intriga y aventura, de los dos protagonistas principales.

 

 

 

CAPITULO VI

 

 

 

Contando Sibisse

 

Estaba emocionada con lo que me pasaba con aquel varón, era similar a nosotros, lo único diferente era que no tenía alas y su dialecto. Me sentía atraída por el, sus ojos me llamaban como un imán al hierro.

Estaba recuperándose muy rápido, se veía que era fuerte. Que me proteja Luna, pero cuando me miraba parecía que me desnudaba completamente, sentía sus ojos en mi cuerpo, hacía que sintiera en mi ser como si me estuviera quemando, tenía unos calores increíbles, notaba como mi cara se ponía roja, mi piel me quemaba. Nunca en mí vida había sentido esa sensación, ese fuego en mi interior.

Sabía que me deseaba, se le notaba en su entrepierna. Me imagino que mis flujos lo estaban excitando, pero no estaba segura, al ser un ser un poco diferente a nosotras. Su cuerpo era precioso, bien marcado.

No me importaría perder mi virginidad con el, si veo que es un ser bueno, aunque no tenga alas, espero que mis hijas las hereden de mi. Ya veremos si nos entendemos bien, y no es un macho conflictivo, ni ruin.

Me conformaría que fuera como el macho gulana, de la hembra del tatuaje. Esa pareja me marco mucho, no la vi como dicen en mi pueblo, que son unos bestias y no respetan a las mujeres, las violan y las maltratan.

Tengo que seguir en esta cueva, pues todavía no lo puedo llevar a la otra, no me fió de el, aunque la mirada me dice lo contrario. Tengo que averiguar algo más de el, si es semejante a mi.  Que sea noble y sincero, que no goce haciendo daño, que sea un buen compañero, y que luche por mí como yo lo haría por el.

Con todo esto me conformo, no pienso igual que la gente de mi pueblo, que los machos no sirven para nada, creo que sería mejor si unimos fuerzas, haciendo un frente común en defensa nuestra.

¡¡Madre de la tierra Luna!! que estoy pensando. Si se enteran mi madre, que es la reina y las maestras, las cuales tienen que hacer cumplir las leyes de nuestro pueblo.

Seguro, me destierran para toda mi vida.

He traído todas las cosas del varón, es un poco extraño, pero que a la vez hermoso, aunque no tenga alas como nosotras.

Eso sería un inconveniente para llevarlo a mi pueblo, ellas a los seres sin alas, los consideran inferiores. Creo que no tienen razón, pues todos los seres de este mundo no somos iguales. ¿Porque nosotras tendríamos que tener la razón y ser los mejores ante nuestra diosa Luna?. Mis pensamientos eran cada vez más confusos.

¡¡Uff..!! Luna me va a castigar, estoy contradiciendo todas sus leyes que trajeron nuestras antiguas, entregadas por ella.

Le estoy dando una infusión, que le baje su excitación hacia mí, pues noto que cada vez esta más alterado con mis flujos, se ve que le hace bastante efecto. Voy a tener que cuidarme más, tomando la infusión para los flujos como mínimo dos veces al día, por la mañana y por la noche.

Al estar tan cerca de mí todo el día, lo tiene como drogado. Lo que no me explico, es como aguanta tanto, sin tratar de hacer nada. Debe tener mucha fuerza de voluntad, ¿pero eso no es normal en un macho? pienso para mí.

Debo de tratar comprender su dialecto, aunque ya entiendo algunas cosas, cuando se niega o se afirma una cosa, o cuando llama y trata de decirme algo. Es un poco complicado, pero creo que con el tiempo, llegare a conocerlo bastante bien, para poder entendernos.

Ya sabemos como nos llamamos cada uno, cosa importante para comprendernos mejor y sentirnos más unidos.

Come bastante bien, confiando en mí se toma todo lo que le doy.

Tratamos de hablar el uno con el otro. Sonríe mucho, y su dialecto es suave. Es muy inteligente, y cuando no comprendemos algo lo dibujamos en el suelo. Eso nos lleva a entendernos mejor.

Ya no me pongo tan colorada como al principio, cuando me miraba. Me gusta oírlo hablar, y como mueve sus manos, parece que habla con ellas.

También tengo que ir a ver a Negro, hace dos días que no se nada de el, y me preocupa que se meta en algún problema, o lo descubran los gulanas o los flepers, es todavía joven y esta aprendiendo a convivir.

No se tampoco como Negro va a tratar a Daniel. ¿Lo vera como un macho rival? No se que pensar, espero que los dos se lleven bien, es necesario para tener una unión perfecta entre los tres, pues puede depender nuestras vidas de ello.

 

 

Contando Daniel

 

Me siento mucho mejor, no tengo fiebre, y las heridas se pueden decir que están bastante curadas. No se como lo ha hecho, pero me he recuperado muy rápido. Tiene unas manos de oro para la medicina, aunque los míos dirían que es una pagana, y una bruja con alas. Sobre todo la comandante, si sabe que hay seres inteligentes aquí, que pueden ser rivales nuestros, aunque realmente no lo sean, seguro que ella lo vería así.

Ya no se muestra tan tímida, es más abierta y trata de comunicarse conmigo. Se ve que es muy inteligente, recordando casi todo lo que digo, como si fuera un loro repite todas las palabras, quedándose con ellas enseguida, y haciéndome que las repita lo que significa al siguiente día. A veces no logramos explicarnos algunas cosas, teniendo que recurrir a los dibujos o a la mímica, cosa que cada vez le gusta más.

Tiene unos labios y unos dientes muy hermosos, con esos labios me hace unas sonrisas, que me vuelven loco.

Me siento muy atraído por ella, queriendo poseerla y hacerla mía. Menos mal que mi fuerza de voluntad es grande, y he logrado por ahora dominarme. Tiene un aroma que me atrae mucho, además de esas alas tan preciosa que cuando las abre me deja impresionado. Me gustaría a mí tener unas como ellas, sería extraordinario volar.

Salimos de vez en cuando fuera de la cueva, sobre todo a hacer nuestras necesidades, no me siento a gusto hacerlas delante de ella, creo que ella se sentiría mal.

Ella sale y abre sus alas moviéndolas un rato, hasta levantarse del suelo y salir volando perdiéndose en la distancia. No se a donde va, pero luego trae consigo cosas, que sirven para curarme, además de comida y agua.

Me ha enseñado donde hay un riachuelo pequeño con una charca, donde me voy a bañar, aunque se que ella me esta observando en la distancia, pero no quiero molestarla, ni hacerla sentir mal.

Creo que mira como si fuera una niña curiosa, tratando de descubrir las cosas que hago. Aunque ya se que no es una niña, pues creo que tiene su periodo, pues cada momento la veo limpiarse y asearse, para no dar mal olor, pero a mi me parece lo contrario, creo que su olor es todo lo contrario, como si fuera un néctar para mí. Como si ella fuera una flor y yo una abeja, que me siento atraída por ella.

Ella trajo mantas, y más cuencos para hacer la comida, o preparar sus infusiones. Cada vez traía más objetos a la cueva, tendría que traerlas de otro lugar, ya me enteraría de donde.

Cuando se ponía a hacer la comida, o preparar infusiones o cataplasmas. Era cuando la podía mirar bien, al estar ella entretenida en los quehaceres, no prestaba tanta atención a mí.

Su pelo era brillante, como cascadas de plata y oro, mezclado los dos minerales. Sus ojos me atraían mucho, podía mirarme en ellos y sentir su mirada en mí. Movía su cabeza con gracia y era muy expresiva, con los gestos que hacía con su rostro. Notaba enseguida cuando se alegraba por algo, su sonrisa era un don que embrujaba a cualquier ser viviente. Sabía cuando no le gustaba alguna cosa, o no le caía bien algo que yo hiciera. Se le veía enseguida en su cara, la expresión positiva o negativa de ese momento.

Hubo un momento de tensión en los dos, y en su cara se reflejo enseguida. Estábamos uno al lado del otro, ella me curaba las heridas, limpiándomelas con agua fresca, cuando su pecho derecho dio en mi brazo. Fue un momento extraño, pero cálido a la vez. Sentí y vi como ella se quedo quieta, como paralizada por el roce que habíamos tenido. Su pecho era duro, y su pezón parecía que se me había clavado en mi brazo. Se echo para atrás rápidamente, como si le hubiera picado una víbora. Su cara se puso roja y tensa a la vez, mientras yo me quede mirándola a los ojos y a su pecho, iba en una dirección y en otra.

Al final le di a entender que no había sido mi culpa, por medio de palabras y gestos, que solamente habíamos tropezados los dos sin querer.

Ella pareció al final entender, sonriéndome de una forma sencilla e inocente, que me hizo admirarla más. Mis ojos aunque yo no quisiera, se me iban hacía su cuerpo. Era digno de mirarse, mientras ella continuo con la cura, como si no hubiera pasado nada.

Eso me alegro, dándome a entender que tenía más confianza hacía mí. Pude observar con más detalle su cuerpo por delante, y cuando se giraba para agarrar el cazo de agua e introducir unos paños, pude mirarla con admiración su hermoso trasero y su espalda con aquellas dos alas blancas.

Alargue la mano derecha despacio, en dirección a su ala izquierda, Dándole a entender que no quería hacerle daño, solamente tocarlas para saber su tacto, y la sensación que me pudiera dar el acariciar sus plumas.

Ella me miro, y se puso un poco en guardia, hasta que vio mi sonrisa y mi suplica con gestos y palabras, indicándole con la mano, que quería pasársela por aquella hermosa ala.

Con su cabeza me dio una conformidad, como ya sabíamos hacerla para darnos a entender.

Estaba muy nervioso, me temblaba un poco la mano, pues no quería asustarla. Solamente deseaba, pasar mí mano suavemente por esa preciosa ala.

Ella acerco su ala a mi mano, en un movimiento precioso, abriéndola un poco más para que llegara a donde yo estaba. Mientras me sonreía, agarro mi mano, y la puso encima de sus plumas.

¡¡Diosss … que suave!! fue mi exclamación en aquel momento. Ella sonreía más, al ver mi cara de asombro y admiración. Viendo mis ojos y mi sonrisa de fascinación y alucinación por sus alas, con gran esplendor las abrió todo lo máximo que podía, moviéndolas con suavidad y despacio, para que las pudiera observar mejor.

La verdad que me quede embelesado, extasiado y absorto, de la maravilla que veía mis ojos.

Con la mano le indique que la acercara más a mí. Ella orgullosa de sus alas la acerco más a mi cuerpo, abrigándome con ella.

El calor que sentí en mi cuerpo fue espectacular, y la admiración por aquel ser fue grande. Bese despacio sus plumas, a la vez que las acariciaba. Sentía ese tacto tan suave y cálido, que las exclamaciones de admiración no dejaban de salir de mi boca.

¡¡Hermosas … suaves … cálidas … entrañables … ardorosas … !! estuve un buen rato diciéndole adjetivos a aquellas alas.

Después de un rato de fascinación y admiración, mientras le pasaba mis manos por sus plumas, ella continuo curándome, dejando oír de vez en cuando, alguna risa de su boca. Cosa que me agrado mucho, imitándola en ello. Al final reíamos los dos juntos, como si fuéramos dos críos descubriendo la risa entre nosotros.

 

Era por la tarde, descansábamos en la cueva después de comer. Cuando en la lejanía se oyó como un silbido, que me llamo la atención.

Ella rápidamente se acerco a las brazas donde había hecho la comida, agarró una manta y un cuenco grande de agua, vertiendo este en las brazas, ahogándolas inmediatamente y tapándolas luego, con una velocidad asombrosa con aquella manta.

Dejó que solamente se le escapara una pequeña cantidad de vapor, el cual subió hacía el techo de la cueva, quedando absorbido inmediatamente por este.

Me quede impresionado por la rapidez con que lo hizo todo, pero más extrañado me quede cuando la vi agarrar una lanza que tenía cerca de sus cosas apoyada en la pared, de la cual no me había fijado. Acostumbrado a las armas que usábamos nosotros, no caí en ese momento en aquella. La tomo con rapidez y se dirigió hacía mí con ella en la mano.

Me levante rápido, echándome mano a mi cintura en busca de mi arma. Esta no estaba en su sitio, pues no tenía el cinturón puesto. Mire hacía ella preparándome para la lucha. Caminaba más despacio al ver mi reacción de defensa, dando a entender que no me quería atacar, colocándola detrás de ella.

Su cara daba a entender miedo y terror, se le notaba asustada y temblaba como una niña pequeña. La deje acercarse, pues sabía que había cogido aquella lanza para defenderse, pero no de mí, seguro que había sido aquel silbido lo que la hizo comportarse de aquella forma.

Ella me miraba a la cara, al final hecho a correr y se abrazo a mi espalda, escondiéndose detrás de mi. Pego su cuerpo al mio con grandes temblores, y solamente decía con terror y pánico.

¡Gulanaaa … gulanaaa … !

Busque por la cueva mi cinturón, al final lo vi a tres metros de donde estábamos, colocado en el suelo al lado de la pared, con mi pistola, las botas y el casco de piloto. Ella lo había puesto allí, cuando me lo quito para inspeccionar mi cuerpo y poderme curar, aunque yo estaba inconsciente, pero me imagine eso. Aunque más adelante un día me lo contó con más detalle, cuando ya nos entendíamos bien.

Me dirigí hacía la pistola, sabía que en aquel momento de ella dependía a lo mejor nuestras vidas, por el miedo que veía en su cara.

Ella trataba de llevarme hacía el fondo de la cueva tirando de mí, yo por mi parte, quería ir a coger las cosas y tiraba de ella, encontrándonos los dos en un tira y afloja, ya que estaba agarrada a mi cintura con una mano, y en la otra tenía la lanza. Esta la dirigía hacía la entrada, en señal de defensa.

Le toque con mi mano izquierda su brazo, dándole pequeños golpecitos con las yemas de los dedos, diciéndole su nombre.

¡¡Sibisse.. Sibisse...!! quería hacerme entender que quería agarrar mis cosas, señalándolas con mi dedo indice de la mano derecha.

Al final comprendió lo que quería, dejándose llevar hacia ellas. Me agache agarrando el cinturón y colocándomelo, haciendo lo mismo con las botas, por si tenía que correr o dar una patada, pues para eso se prestaban muy bien, con la protección de acero que llevaba en la punta.

Me puse también el casco, por si era atacado por varios enemigos a la vez, me servía de protección. Además también me enteraba si recibía alguna llamada de mi gente, al tratar de ponerse en comunicación conmigo, pues no sabían lo que había pasado.

Una vez hecho esto, ella se volvió a agarrar a mí, tirando de mi cintura hacía el interior de la cueva, donde estaba más oscura y menos se veía desde la entrada.

Siempre era mejor para protegernos de ataques por la espalda, si entraban varios a la vez. Aunque no sabía yo a quien nos enfrentábamos, cosa que ella si lo sabía por su forma de comportarse. Debían de ser peligrosos por su reacción, pero ciertamente no sabía a que atenerme.

Revise mi arma, encontrándola en perfecto estado. La coloque en modo de aturdir, pues no sabía si serían gente peligrosas para mi, pues tenía que hacerme entender que no venía en son de lucha, sino lo contrario, tratar de hacer las más alianzas posibles con todos ellos, para poder convivir juntos en aquel planeta, el cual era muy importante para nuestra supervivencia.

Llevé mi mano izquierda hacía atrás para tranquilizarla, pero al no estar mirando lo que hacía, agarre aquellas grandes plumas blancas de su ala, estas seguían estando suaves. Las parpé con delicadeza, me gustaba mucho lo que sentía. Pensaba si ella también se enteraba de mi mano, cosa que enseguida salí de dudas.

Con un movimiento de su hombro y ala, deslizo las plumas fuera de mi mano. Dejando que esta se apoyara sobre su cintura desnuda, la cual la sentí fría. Seguro era debido a la situación en que estábamos, por sus temblores y escalofríos eso me daba a entender.

Pasado un poco de tiempo, fui notando la piel más cálida, además notaba su cuerpo más tranquilo, pero seguía notándola en tensión, pero sin temblores.

La entrada se oscureció, algo o alguien se había puesto delante de ella dejando pasar menos la luz del exterior. Ella levanto la lanza preparándose para tirarla, mientras susurraba en voz baja.

¡Gulanaaa … gulanaaa …!

Aquel nombre o palabra no me decía nada, pero como hablábamos diferentes dialectos no sabía a que se refería, pero intuía que era lo que estaba en la entrada.

Dirigí mi pistola hacía la puerta, preparado para disparar sobre lo que viniera.

Ella apretaba su mano contra la cintura, cada vez más fuerte. Sentía su cuerpo más cálido, sería porque estaba cogiendo más confianza al no notarme a mí tan nervioso como ella.

De repente tres sombras entraron rápidamente en la cueva, llevaban lanzas de hierro. También tenían alas grandes, pero de color grisáceo combinado con negro. Sus estaturas eran mayores que ella, sobre unos veinte centímetros, además de tener mayor constitución corporal, se les notaba mucho más fuertes.

Se quedaron contemplando hacía el interior, la buscaban o nos buscaban, el problema que tenían era que no  podían ver todavía bien en la oscuridad. Tenían que adaptar sus ojos a la oscuridad, para ver mejor.

Al poco tiempo nos divisaron en el fondo, pero se quedaron quietos extrañados al verme, no me conocían ni tampoco sabían que era. Al tener el casco cubriendo mi cabeza, parecía un ser extraño para ellos.

Detrás entraron cuatro más, uno de ellos se le veía más fuerte, dando a entender que era su jefe.

Se colocaron tres por cada lado del jefe, un poco juntos y no daban opción a huir, pues no había espacio para pasar.

Sibisse les grito: ¡¡Largaos malditos gulanas, o la cólera de mi defensor os matara!!.

Ellos se echaron a reír, mirándose unos a otros. Se adelanto el que parecía ser el jefe, diciendo en voz alta para que todos lo escucháramos bien.

¡Los gulanas no tememos al ser de cabeza cuadrada, el esta solo y nosotros somos ocho!. Extendió la mano izquierda haciendo un gesto en sentido despectivo, hacía mi persona, dando a entender que era poca cosa para ellos.

Me miraban de arriba abajo, buscaban un arma como las de ellos, solamente veían en mi mano derecha un artefacto extraño y pequeño, que no les daba miedo, pues no veían en el ni filo alguno que cortara, ni punta que picara para hacerles daño.

Sibisse levanto la mano de la lanza, dándoles a entender que se la clavaría al primero que se acercara.

Ellos se rieron, demostrándole que no tenían miedo.

Comenzaron a abrirse en abanico para así poder atacar varios a la vez, mientras me miraban con interés para ver que iba a hacer yo. Estaban a unos cinco metros de mí, pero al no ser ancha la cueva, no podían abrirse más sin molestarse ellos mismo.

¡¡Entréguesen sin luchar y les perdonaremos la vida!! dijo en su dialecto a ella.

¡¡Nooo …!! chillo ella con rabia. ¡¡Vengan a por nosotros, los que quieran morir!!

Ellos se quedaron dudando, no comprendían como les desafiaba aquella cicata, que además era muy joven y débil con relación a ellos.

El jefe con su mano izquierda, hizo una señal a sus subordinados de esa parte, los cuales salieron con rapidez hacía nosotros. Eran tres grandes guerreros, con unos cuerpos impresionantes, medían más de los dos metros de estatura, sus cuerpos eran morenos y muy fuertes, donde se podía estudiar todos los músculos de sus cuerpos.

Llevaban el cabello negro, bastante corto como el mio, estilo militar. Además de las lanzas largas, se les veía un cuchillo en sus cinturas, bastante afilado.

¡¡Morirrrrr …!! chillaron a la vez que corrían hacía nosotros, levantando sus brazos para lanzar sus lanzas.

No tenía más remedio que intervenir, estaban decididos a matarme para apresar o matar a mi salvadora. Hice tres disparos rápidos, la luz blanca de los rayos láser que salieron de mi pistola, iluminaron toda la cueva, dejándolos un poco ciegos, cosa que a mi no, por llevar el casco puesto.

Los rayos fueron desde el arma, hasta los pechos de cada uno de ellos. Estos cayeron inmediatamente al suelo, tocados por el rayo quedaron inconscientes, cosa que ellos no sabían, pensaban que habían muerto.

Todos los que estaban de pie se quedaron quietos, me miraban asombrados a la vez que veían a sus compañeros tendidos en el suelo. Sus caras eran de terror y miedo, comprendiendo que me habían subestimado y los podía matar, como ellos que lo habían intentado hacia unos segundos.

Mi compañera, por llamarla de algún modo. Estaba también como paralizada detrás de mí, no esperaba lo que hice, ni tampoco que tuviera un arma tan potente, para dejar fuera de combate a tres grandes guerreros inmediatamente. Comenzó a temblar, pues podía ver que en cualquier momento la podía haber matado, sin darse cuenta en un abrir y cerrar de ojos.

Ella con un movimiento rápido se fue a colocar delante de mí, arrodillándose en el suelo y postrando su tórax hacía adelante para tocar con su cabeza mis botas, dando a entender una sumisión y adoración total.

Los gulanas se quedaron mirando en dirección a ella, aprovechando ese momento el jefe, pensó que estaba distraído y rápidamente se preparo para lanzar su arma hacía mi.

Yo estaba prevenido, pues fue una de las cosas que primero nos enseñaron en la academia, que nunca dejáramos de observar a nuestros enemigos con el rabillo del ojo, pues siempre puede haber alguna sorpresa.

Gracias a eso, dispare mi arma de nuevo dándole en el pecho, cayendo al suelo inmediatamente. Los otros tres guerreros volvieron a mirarme, con los ojos bien abiertos de pánico, pensaban que su jefe me iba a coger desprevenido, pero se encontraba en el suelo delante de ellos, muerto (pensaban).

Los tres al unisono se arrojaron al suelo de rodillas, colocándose de forma idéntica a Sibisse. Todos tenían sus alas recogidas alrededor de sus cuerpos, como si de un capullo de flor se trataran.

Me separe de ella, y comencé a caminar en dirección a la salida pegado a la pared, para no darle la espalda a nadie. Ellos ni se movieron, esperaban con temor mi decisión.

El jefe había dicho que eran ocho, pero tenía allí a siete, así que fuera tenía que haber uno. Con cuidado llegue a la salida, mirando delante de ella para tratar de ver al que faltaba. A la vista no estaba, así que tenía que estar por las inmediaciones, pero ¿donde? Era la pregunta que yo me hacía en aquel momento, pues al ser seres que podían volar, podrían estar en cualquier parte.

Volví hacía dentro para hablar con ella. Bueno no hablar, sino tratar de hacerme comprender. Tenía que lograr que uno de los guerreros llamara al que estaba fuera, para poderlo atrapar y que no diera la señal de alarma a otros compañeros o a su pueblo.

No me interesaba por ahora desatar una lucha entre todos nosotros, sino que quería convencer a ellos, que venía en son de paz, por lo cual era cuestión de que se recobraran los que estaban desvanecidos, para que vieran que no los he querido matar, que no soy enemigo de ninguno de ellos, que solamente me defendí de sus ataques.

Entonces oímos un rugido fuera y una pelea, estaban por la parte superior de la cueva, pero no sabía quienes eran.

 

 

 

 

Perdonen las faltas ortográficas, pero trato de hacer las mínimas posibles.

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