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Fecha: 23-Mar-12 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Like a Dream (1)

Zorro Blanco
Accesos: 8.117
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 19 min. ]
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Daniel es un padre de familia divorciado, aficionado a escribir relatos eróticos pasa su tiempo entre ellos, sus hijos y su ex, con quien de vez en cuando sigue teniendo encuentros esporádicos... una vida común que se verá sorprendida por un flechazo de fin de semana... como un sueño hecho realidad. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Like a dream

 

 

 

Prólogo

 

Visita mi blog si quieres saber algo más de esta historia...

zorro-blanco2003@blogspot.com 

 

 

Él

 

El teclado sonaba a ráfagas, durante las cuales, frenéticamente las teclas eran golpeadas con precisión. En cada pausa, una leve caricia en su entrepierna y tal vez un suspiro, mientras en la mente las ideas fluían al ritmo que él quería, tras la pausa, de nuevo otra ráfaga y algunas palabras más iban apareciendo en la pantalla del ordenador.

  • Esta historia será buena -se dijo mientras hacía otra de sus pausas, pero esta vez fue para contemplar un vídeo que se estaba descargando, en el que dos gatitas preciosas jugaban entre ellas.

No es que lo necesitase pero excitarse un poco ayudaba a que su pluma volase más alto, las ideas fluyeran más rápidamente en su mente y de esta forma acabasen plasmadas en el documento abierto en el procesador de textos.

Así nacía un nuevo relato, tal vez un capítulo dentro de una serie más larga. Otro día lo revisaría, pero hoy el placer de escribirlo se mezclaba con el placer físico de sentirlo, pues mientras lo hacía se estimulaba y así podía pasarse perfectamente toda la tarde.

Concentrado, en plena inspiración, con la excitación a flor de piel, aproximándose a su orgasmo pero negándole el necesario desahogo a su canario, dejándolo con las ganas de un poco más. No podía terminar hasta haber acabado el relato, pues sino la libido lo abandonaría y con ella se llevaría la ansiada inspiración, demasiado bien se conocía ya, pues el escribir es un oficio que él ya había aprendido y creía dominar, aunque tal vez era él el que se dejaba dominar por su mente inconsciente, que aprovechaba para así poder volcar en aquellas líneas sus deseos más oscuros, sus pasiones reprimidas y de este modo poder liberarse de las ataduras del mundo físico, entrando en el imaginado que él construía para sus lectores y donde idealizaba las relaciones hasta hacerlas sublimes.

Terminó, ya estaba hecho, la última frase puesta, junto al punto y aparte, el número del siguiente capítulo. Ahora podía liberarse, de modo que levantándose de su silla de ordenador liberó al cautivo y volviendo a poner el vídeo de las gatitas se concentró en su belleza y juventud, pues no hay belleza mayor que la juventud misma.

Suavemente se masturbó y sólo paró cuando supo que su climax era inminente, entonces se detuvo en seco, entonces notó como suavemente salían unas gotitas que resbalaban y caían sobre la mesa.

Esto le encantaba, aproximarse hasta casi dejarse quemar por la pasión y parar en el último milisengundo, lo malo es que sólo podía hacerlo una vez, pues a partir de ahí su glande se volvía tan sensible que la siguiente aproximación ya no salía nada de él, estaba listo para el sprint final, por lo que volviéndola a empuñar, su mano experta y conocedora de su cuerpo, se encaminó con decisión hacia su objetivo final.

Moviendo rápidamente el instrumento que empuñaba con firmeza hasta que éste se dejó ir y el placer fluyó por todo su cuerpo haciendo que chorros traslúcidos salpicasen la mesa en una dispersión caótica. Previamente apuntaba hacia abajo, para no manchar nada, al hueco libre en ella y después cerraba sus ojos y disfrutaba del climax supremo.

Había descubierto que los orgasmos tras escribir un capítulo no tenían parangón con los que podía tener viendo porno, por eso tal vez escribía, por pura satisfacción personal, pues no había dinero de por medio. Eso y también el inevitable orgullo personal del creador que anhela el reconocimiento de sus lectores.

Tras terminar buscó papel higiénico y regresó a su escritorio, allí limpió el desaguisado y abandonó de nuevo el cuarto para deshacerse de los restos de la batalla.

A continuación volvió y pasó un rato más mirando sus relatos en la web donde los publicaba, contestó algún comentario y cansado se dispuso a dormir. Sabía que dormiría plácidamente, al menos aquella noche, ya que después de un orgasmo tan bueno como aquel, no le costaría nada entrar en los dominios de Morfeo...

Al día siguiente era sábado. Este finde le tocaba estar con sus hijos y añoraba verlos, especialmente a la mayor, pues, aunque no hay que tener favoritismos, su primogénita era su ojito derecho. Después estaban los mellis, dos mozalbetes a cual más guapo y gamberro, que se las traían cuando maquinaban juntos. Eran mellizos y junto con su hermana, la pasión y el calvario de sus padres.

Hacía unos meses que había decidido separarse, pues el tedio en la relación unido al estrés por los niños y el trabajo hacían que las discusiones fueran constantes y un clima no muy propicio para criar a sus hijos. Así que de mutuo acuerdo él se buscó un apartamento y se marchó.

No se fue a vivir muy lejos, pues aún ayudaba a su ex en el cuidado de sus hijos, ya que los tres daban una guerra tremenda y aunque ya tenían 5 los peques y 7 la mayor. Y aunque ya lo hacían todo prácticamente solos, cuando se ponían de acuerdo eran como el tornado que todo lo arrasa, como la marabunta desatada que todo lo devora a su paso

La relación con su ex era buena, pues de otro modo nada podía funcionar. Él amaba a sus hijos y aunque el amor entre ellos se había diluido con el tiempo, aún mantenían un alto grado de complicidad y amistad.

Llamó a la puerta y allí salieron todos en tropel listos para hacerle un placaje, Rocío de un salto se le subió a la cintura y los mellis se agarraron a sus piernas intentando escalar por ellas hasta sus brazos.

  • ¡Dónde vais, no puedo con los tres a la vez! -exclamó Daniel sonriendo.

Tras ellos se acercó Laura, que aún vestía la bata por encima del pijama pues no le debió dar tiempo de arreglarlos a los tres y vestirse ella antes de que Daniel llegase. Se acercó a saludarlo y le dio dos besos en las mejillas, luego sonrió y le dio un beso extra en los labios. A Daniel le fastidiaba que hiciese eso, pues se suponía que estaban separados. Pero cuando iba a quejarse y recriminarle su acción vio a su cuñada asomarse a la puerta.

Su ex se giró y también la vio, por lo que se separó al momento. Ella nunca lo saludaba, pues digamos que no se tenían mucho a precio, simplemente se soportaban. Tras su separación, ella también hizo lo mismo y se vino a vivir con su hermana para ayudarle a cuidar a sus hijos, pues en el fondo no quería a su marido, sólo se casó con él para no estar sola, por lo que su separación fue la excusa perfecta para darle puerta al “homus horribilis” con el que se había casado.

Saludó en la distancia y Daniel hizo lo mismo, agradeciendo el gesto de no acercarse. También iba aún en bata, desde luego se pegaba la vida padre sin estrés ni agobios del trabajo, pues se dedicaba a “sus labores”. Finalmente se giró y comenzó a montar a los tres personajillos en su coche.

Arrancó y se los llevó a dar una vuelta. Salir con los tres era estresante, pero como sólo era un fin de semana de cada dos, se hacía llevadero. Siempre ocurría lo mismo, cada uno quería ir a un sitio por lo que siempre había alguno a disgusto, pero bueno intentaba contentarlos a todos. Un paseo por el parque María Luisa, tal vez alquilar una bici-coche y montarlos a todos y luego llevarlos a algún sitio a comer. En el fondo disfrutaba de tenerlos con él y aunque entre semana de vez en cuando se pasaba una tarde para echar un rato extra con ellos, nunca pasaban todo el día juntos.

Por la tarde al cine y tras ésto a casa. No se los podía llevar consigo ya que su apartamento era demasiado pequeño así que como vivía cerca de su ex, se los devolvía a casa hasta la mañana siguiente en que volvía a recogerlos para pasar de nuevo el domingo juntos.

Al llegar todos corrieron a dentro, pues su ex ya tenía la puerta abierta anticipándose al oírlo llegar y aparcar. Ahora estaba más arreglada y salió a saludarlo de nuevo.

  • ¿Qué tal se han portado hoy? -preguntó coloquialmente.

  • Bien, bien, como siempre, ¡dando guerra ya sabes! -contestó Daniel en “modo automático” ya que eran preguntas y respuestas habituales.

  • ¿Han merendado?

  • Si palomitas y refrescos, los llevé al cine.

  • ¿Otra vez, es que no puedes ser más original? -preguntó su ex en tono irónico.

  • Si, claro, seré original la próxima vez, creo que ya habrán estrenado otra peli de dibujos -replicó Daniel recordando que los continuos reproches fue una de las causas de su separación.

  • Bueno no te enfades, ¡tonto! -le dijo dando un paso y aproximándose peligrosamente-. ¿Te apetece cenar conmigo? Estoy sola, mi hermana salió con unas amigas -le insinuó pegándose a su cuerpo como si fuesen novios otra vez.

  • No sé, la verdad es que tampoco tengo mucha hambre -refunfuñó el sin mucha pasión en su respuesta.

  • ¡Anda no seas tonto, pasa! -dijo ella haciendo oídos sordos mientras tiraba de su mano.

Un poco a disgusto cenó con su mujer, aunque el enfado se le pasó casi tan pronto como entró. En el fondo echaba un poco de menos cenar todos juntos así que decidió tener la fiesta en paz y cooperar.

Cenaron y acostaron a los niños que, cansados como estaban, empezaron a restregarse los ojillos y a bostezar, a pesar de insistir en que no tenían sueño. A ellos también les encantaba que papá se quedara a cenar por eso tal vez no querían acostarse. Aunque sus padres supieron imponerse, se mantuvieron firmes y los metieron a todos en la cama.

Ya al terminar, tras cerrar el dormitorio de la niña, su ex, a traición se le echó encima y pegando su pelvis descaradamente a su entrepierna se le insinuó.

  • No querrías quedarte a dormir esta noche, ¿eh? -le dijo con voz melosa.

  • La verdad es que no deberíamos... -se quejó él-. Nos separamos por algo recuerdas.

  • Venga no seas tonto, seré buena contigo, te haré lo que tú quieras -insistió ella.

  • Lo que yo quiera, ¿todo todo?

  • ¡Si, lo que tú quieras! -exclamó y terminó de lanzarse hacia su boca besándolo ardientemente.

Daniel detectó el olor a vino de la cena en su beso y la calentura de su aliento que denotaba las ganas de sexo que la impregnaban. Su primera impresión fue rechazarla, como tantas veces hacía ella cuando estaban casados, pero él era un hombre, fácil de sobornar sexualmente hablando y hacía semanas que no tenía sexo aparte de sus prácticas onanistas, de modo que se dejó seducir... ¡qué otra cosa podía hacer!

Se entregó a ella, mientras se besaban la tomó de su culo y la apretó aún más contra su cuerpo, haciendo que su verga, dura ya en su pantalón se aplastara contra su pelvis. Ella casi de inmediato bajó su mano y la empuñó con fuerza, mostrando aún más calentura en sus besos.

Como desesperados buscaron su dormitorio y en su antiguo lecho conyugal Daniel cayó con el empujón de su ex y ella echándose encima se apresuró en desatarle el cinturón y bajarle los pantalones tras desabrochar el botón y bajar la cremallera. Allí estaba su verga, erecta y dura apuntando al cielo mientras su mujer la empuñaba y sonreía.

  • Dijiste lo que yo quisiera, así que hoy te toca -le insinuó él.

  • Bueno... -dudó ella-, antes la limpiamos un poco -dijo y saltando de la cama tomó toallitas de bebé para asearla.

Daniel odiaba tantos remilgos en las felaciones de su mujer, si hubiese sido al contrario, a él no le hubiese importado que comerse el higo maduro de ella con piel y todo lo demás, pero ella siempre estaba a vueltas con la higiene. Esto le mataba pero hoy, ya puestos decidió pasar del tema y dejarla limpiar...

Tras el aseo, su ex por fin la introdujo en su boca y jugo al ahora si ahora no, cuando comprenderán las mujeres que a los hombres no les van las insinuaciones... De modo que Daniel tuvo que coger su cabeza y con cierta rabia hacérsela tragar.

  • ¡Traga, vamos! -le ordenó un tanto groseramente.

Ella obedeció y deleitó a Daniel con una felación que deseaba con ansias, siguió forzándola apretándole la cabeza contra su virilidad y ella luchando para que la soltase, luego la dejó hacer un rato y así comenzó a sentir que su excitación crecía y se acercaba peligrosamente a su final, por lo que tubo que detenerla.

Llegó su turno, y aunque ella protestó y le dijo que también la limpiase, decidió comer su fresón al natural, lo degustó una vez más, aquella fruta que tantas veces ya comiera en su matrimonio, hasta que el tedio hizo que sus relaciones se espaciaran a la misma velocidad que sus peleas se hacían más frecuentes.

Hacía tiempo que no probaba una fruta prohibida y lo cierto es que la echaba de menos, aquella tenía el sabor de lo familiar y aunque ya habían pasado unas semanas desde su último encuentro se sorprendió de lo húmeda y caliente que estaba, más que cuando estaban casados diría él, se ve que el aire fresco y la distancia le sentaban bien para estos esporádicos y ardientes encuentros.

Finalmente se incorporó y de un salto la cubrió con todas las ganas que tenía de echar un polvo, penetrándola bruscamente, justo como sabía que a ella no le gustaba. Siempre hacía lo mismo, cerraba las piernas y evitaba que su verga la llenara hasta el fondo, hasta que esta no entraba unas cuantas veces y por fin se convencía que estaba tan lubricada que no le dolería, no se dejaba llevar. Esta también era otra de las cosas que él odiaba de ella, pero de nuevo transigió, pues ya puestos no pensaba protestar.

Le apetecía joderla con brusquedad y así lo hizo, empujando con ardor desmedido la llevó a una excitación como ella deseaba, ardiente mientras gritaba y gemía bajo él, aferrada a su poderosa espalda.

  • ¡Para, no tan fuerte, o mañana me dolerá! -le dijo entre gemido y gemido.

  • ¡Ya tendrás tiempo de recuperarte hasta la próxima! -protestó él y aunque bajó un poco de intensidad siguió jodiéndola con ganas hasta que estuvo a punto de correrse.

    Entonces la sacó y le propuso cambiar de postura, a lo que ella accedió sin protestar.

  • ¿Y ahora cómo lo hacemos? -preguntó.

  • Estilo perrito -contestó él seguro de si mismo.

Ella calló, por lo que implícitamente dio su consentimiento. Poniéndose a cuatro patas la cubrió desde atrás, haciendo que su verga de nuevo se alojase en aquel higo maduro que tan familiar le resultaba.

Lo cierto es que en la cama seguían entendiéndose a la perfección, sabían lo que querían y tras los años la confianza mutua hacía que hacer el amor fuera algo natural, lo que les daba confianza y seguridad por lo que únicamente se concentraban en el placer.

En este sentido hacerlo con una desconocida, por una parte tenía la excitación de lo nuevo, pero por otra la preocupación de si querrá esto o lo otro no, o eso será mejor dejarlo par un segundo encuentro porque pueda ser demasiado atrevido.

Aferrado a sus caderas de nuevo arremetió con todas sus fuerzas y su ex gimió con ganas unos segundos hasta que de nuevo le dijo que más despacio. El paró un poco para darse un respiro y de nuevo volvió a sorprenderla acelerando el ritmo con enérgicos movimientos de cadera agarrándole su trasero con firmeza.

Finalmente se la saco de nuevo, cuando sintió que se correría. Y para descansar un poco bajó y comenzó a comer su oscuro agujero, ella enseguida supo por donde iba y protestó.

  • ¡No por el culito no! -dijo sin mucho empeño, pues sentir su lengua en parte tan íntima no le desagradaba en absoluto.

Daniel pasaba de su sexo a su culo y viceversa, provocándole gran placer mientras con el pulgar y el índice en forma de herradura la penetraba por ambos lados. Después se retiró y subiéndose de nuevo a su grupa apuntó su verga tras lubricarla con abundante saliva.

Ella se quejó, pero él empujó con firmeza mientras con un dedo buscaba la entrada secreta. Hasta que poco a poco metió sólo la puntita, pero una vez esta dentro, ya fue cuestión de seguir presionando hasta que en dos o tres empellones esta entró por la fuerza en ta ajustado ojal.

Aunque se quejaba, en el fondo era una mezcla de placer y dolor que la volvía loca.

  • Jódete zorra, si en el fondo te gusta -pensó cuando estuvo dentro.

Daniel también estaba que se subía por las paredes, aquel apretado agujero secreto seguía siendo del todo satisfactorio, por lo que se deleitó penetrándola suavemente, sintiendo su gran presión mientras ella gemía y gruñía a cada momento mientras se frotaba su fresón tremendamente inflamado y húmedo..

No tardaron en aproximarse al orgasmo, él la avisó de que no aguantaba más para que ella se dejase ir también, alcanzando un tremendo orgasmo, que provocó que su ano se contrajera con fuerza desmesurada mientras él, disfrutaba de tanta presión acelerando el ritmo de sus penetraciones haciendo que ella se quejara por el dolor que esto le provocaría pero ya había terminado y ahora era su turno, así que tuvo que aguantar un poco más hasta que Daniel explotó literalmente dentro y la regó con chorros y más chorros de su caliente néctar.

Exhaustos y sudorosos se dejaron caer en la cama mientras recuperaban el aliento. Así estuvieron un par de minutos hasta que él se levantó y fue al baño a lavarse. Ella lo siguió un poco más tarde cuando él ya se estaba secando su agotado instrumento. Ella se la miró y tal vez con añoranza se la volvió a coger.

  • Todavía estás en forma a pesar de las negras del puticlub , ¿eh? -le insinuó con cierto desagrado para él.

  • Si, aún estoy en forma a pesar de seguir haciéndolo con la misma mujer de siempre, ¿eh? -contestó Daniel dolido por su anterior insinuación aunque no lo demostró exteriormente.

Salió del aseo sin mediar más palabras y se vistió mientras ella se lavaba ahora. Antes de que se marchase salió y abrazándolo le pidió perdón.

  • Perdóname... no debí ser tan grosera.

  • No te preocupes, me gustó, con eso me basta -dijo él secamente, sin querer dar muestras de que todo estaba arreglado.

Y dicho esto bajó las escaleras en silencio para no despertar a sus hijos, salió de la casa y montándose en su coche se alejó mansamente de por las solitarias calles.

Al llegar a su apartamento se acostó pero no podía dormir, sentía una mezcla de arrepentimiento por haberse acostado con su ex y añoranza porque en el fondo tal vez aún la amaba pues el sexo entre ellos seguía siendo sencillamente genial. Aunque en sus adentros también sabía que volver no lo arreglaría, pues los reproches aparecerían y las discusiones con ellos... No, era mejor seguir adelante.


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