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Fecha: 06-Jun-12 « Anterior | Siguiente » en Gays

Ni contigo ni sin tí (V y último)

atsitaler
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Tiempo estimado de lectura: [ 6 min. ]
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Una vez más, gracias por la buena acogida a esta historia, y deciros que se agradecen vuestros comentarios y valoraciones. Espero que os guste el final :) Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

 

Cuando Samuel terminó de recoger la mesa y se sentó en el sofá después de cenar, Raúl volvió a intentar un acercamiento. Era la tercera o cuarta vez desde que habían vuelto a su casa juntos, hacía un par de horas, y, como en las anteriores, se encontró con una negativa. Suave, nada violenta, pero negativa al fin y al cabo. De nada sirvieron sus besos en el cuello de su novio, que otras veces lograban encender su deseo de forma automática; éste le acarició la cara retirándole con sutileza una vez más.

 

- Vamos a ver esta película, es muy buena...

 

- ¿No vamos a volver a acostarnos nunca? Vale, tengo una enfermedad, pero eso no quiere decir que no me apetezca o no pueda disfrutar del sexo. Y me apetece, mucho, más que cualquier otra cosa ahora mismo, que apaguemos la tele y nos vayamos a la cama. Y no precisamente para dormir. Soy el mismo de siempre, no me he vuelto de cristal ni me voy a romper...

 

- Raúl, tenemos que hablar – Samuel se oyó a sí mismo y pensó que no podía haber elegido peor las palabras para empezar la conversación que tenían pendiente.

 

- Vas a dejarme... lo has pensado mejor y te has dado cuenta de que no es tan fácil estar con alguien como yo, y que en estos días sin mí tampoco has estado tan mal... está bien, no pasa nada, es normal, comprensible – Raúl se puso de pie y empezó a andar por el salón, hablando como en una letanía, deseando que le interrumpiera, algo que parecía que ya no iba a suceder, cuando Samuel lo hizo, aún sentado en el sofá.

 

- No tiene nada que ver con eso. De hecho, seguramente seas tú quien quiera dejarme después de lo que tengo que decirte. Y espero que no sea así, porque no es tan importante como para eso, de verdad. Pero creo que lo justo es que lo sepas, quiero que esto salga bien y por eso no puedo empezar mintiéndote.

 

- ¿De qué hablas? ¿por qué iba a querer dejarte? Eso es absurdo, nada de lo que me digas... - Raúl empezaba a ponerse nervioso.

 

- Cuando me dejaste, yo... - Samuel hizo una pausa intentando encontrar una forma suave de decirlo, pero a juzgar por las palabras que salieron de su boca, no lo había conseguido antes de volver a hablar - … me acosté con Víctor. Yo estaba hecho polvo, él estaba allí... y bueno, me equivoqué, fue sólo una vez, sólo sexo, por supuesto... me arrepentí en cuanto terminamos y no he vuelto a verle. Para mí no tiene más importancia, pero creo que es mejor decírtelo a que te enteres después por otras vías. Si necesitas, no sé, tiempo para pensar, o quieres que me vaya y no volver a verme jamás, lo entenderé y lo respetaré, aunque me joda haberme destrozado la vida por una estupidez, y no cambie en nada lo que siento por tí.

 

Samuel se levantó y se dirigió a Raúl, que seguía de pie pero había dejado de moverse.

- ¿No vas a decir nada? No sé, grita, mándame a la mierda, pero dí algo, por favor...

 

Por toda respuesta Raúl se abrazó a Samuel con tanta fuerza que incluso le hacía daño en las costillas, aunque él no se atrevió a protestar, y susurró:

 

- No te vayas, no puedo perderte otra vez ...

 

- No me iré a ninguna parte, nunca, a menos que me eches de tu lado, y aún así, no creo que pudiera... te quiero demasiado. Perdóname por favor, lo siento muchísimo, fui un estúpido... yo...

 

- Shhhh, no tienes que explicarme nada. No estábamos juntos, yo te había echado de mi vida... pero ahora estás aquí, y es lo único que importa. El pasado es pasado, y el futuro es nuestro.

 

Esas palabras actuaron como el más potente de los afrodisiacos en Samuel, que no pudo evitar tener una erección que no pasó inadvertida a Raúl, pegados como estaban, aún abrazados.

 

- Vaya... pero si tenemos aquí a un viejo conocido.... - bajó su mano hasta el pantalón de su chico y soltó los botones del vaquero, acariciándole el pene por encima del boxer mientras le mordísqueaba los labios.

 

- Mmm.... me parece que se alegra de volver a verte – Samuel sonrió relajado, dejándose hacer – uff cariño, cómo te ha echado de menos...

 

Raúl empujó el pantalón, deslizándolo por las piernas de su novio, notando como se le electrizaba el vello, y éste se deshizo de él mientras Raúl volvía  a buscar su boca. El reencuentro fue un baile de lenguas, dientes, labios y saliva, sus bocas volvían a reconocerse, mientras sus manos se recorrían mutuamente, sin prisa y sin descanso, quitándose la ropa, como destruyendo las barreras que impedían el tan deseado contacto de sus pieles desnudas.

 

Las manos de Samuel se deslizaron por el torso de su hombre, que se estremecía a cada roce de su dedos en su abdomen, dibujó el contorno de su ombligo y subió hasta sus pezones, pellizcándolos con suavidad, mientras su lengua se paseaba por el cuello, aspirando su olor, escuchando su respiración, cada vez más agitada, sintiendo sus manos acariciándole el pelo. Le rodeó por la espalda y bajó las manos hasta sus nalgas, abarcándolas entre ellas, atrayéndole hacia él, pegando sus cuerpos, provocando que las de Raúl cogieran su cara y sus labios volvieran a juntarse, esta vez con más urgencia, llenos de pasión, frotando sus sexos, a estas alturas totalmente erectos, rozando su máxima expresión. Fueron hasta la cama, donde cayeron rodando, aún enredados, y Raúl se puso encima de Samuel, ofreciéndole su culo, mientras su boca quedaba a la altura del pene que le hacía perder la razón y no querer recuperarla. Notando las manos de su propietario acarciando sus piernas hasta posarse en sus nalgas, le agarró el pene con la mano y empezó a besarlo suavemente, aunque pronto su boca quiso más y se lo introdujo, lamiéndolo con avidez, como si fuera la última vez que iba a hacerlo, presionando con sus labios el tronco. Samuel gemía sin parar, muy excitado por el trabajo sobre su pene y por la magnífica visión que se presentaba ante sus ojos, y al alcance de sus manos y su boca, que se emplearon a fondo para devolverle algo del placer que recibía, lamiendo su ano en circulos, presionando con la lengua, mientras le acariciaba las nalgas y los testículos.

 

- Ohhhhhh..... cielo, si sigues así...

 

Raúl sacó el pene de su boca y se centró en lamer su base, recorriendo con la lengua todo el pubis de su chico, mientras se balanceaba, acercandole aún más su culo, pidiéndole más.

 

- Cariño, te necesito dentro...

 

- Ven, acuéstate...

 

Raúl se acostó en la cama, boca arriba, con las piernas abiertas, y Samuel se deslizó hacia abajo por su cuerpo, besando su boca, lamiendo su torso, bajando las manos hacia sus nalgas, elevándolas y quedando de nuevo su cara frente al agujerito que tanto placer le daba. Pasó dos dedos lubricados, en círculos, a su alrededor y empezó a morrearlo, mojándolo, presionando los dedos hasta que empezaron a entrar, pajeándole con la otra mano. Subió otra vez hasta los ojos de Raúl, que vió como más le gustaban, llenos de deseo, y le volvió a besar mientras entraba dentro de él, abrazado su pene por el ano de donde nunca querría salir, su cuerpo por los brazos y su cintura por las piernas del hombre de su vida.

 

Y así les encontró el orgasmo, unidos, sudorosos, excitados, con los gemidos ahogados en la boca del otro, y la sonrisa inevitable en la propia. Triunfantes, sabedores de que, pasara lo que pasara a partir de ese momento, esa noche habían compartido algo que mucha gente no hallaría a lo largo de su vida. Se habían reencontrado, el uno al otro, y los dos al amor. Y no iban a ponérselo fácil al destino, por muchos planes que tuviera para arrebatárselo.

FIN



© atsitaler

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