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Fecha: 24-Jul-12 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

La Plantación (3) La dama y el semental

morfeito
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Lady Adriana consigue un semental de buena raza. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Aquella mañana de verano resultó tan calurosa en la plantación, que los hombres acudieron al trabajo sin mas prenda que los calzones y las esclavas remangaban sus trajes hasta medio muslo para aliviar el agobiante aire de Nueva Orleáns.

La señora, en contra de su costumbre, me hizo servirle el desayuno en el salón y no en el dormitorio como solía, lo cual, en principio, me contrarió un poco, pues yo aprovechaba ese momento del día para contemplarla semidesnuda en su lecho y a veces para tocar la suave piel de su cuerpo al despertarla.

Al ver que había bajado vestida solo con el fino camisón rosa se me alegró el corazón, pues esa prenda dejaba bien poco a la imaginación. Era muy transparente y fino, por lo que se distinguían perfectamente sus largas y hermosas piernas, la forma redondeada de sus nalgas y la sombra rubia de su pubis, (porque lady Adriana era rubia natural en todo su cuerpo) y de cintura para arriba, aparte de dibujar a la perfección sus pezones abultados bajo la tela, los holgados tirantes dejaban ver por los lados gran parte de sus grandes senos.

El señor Penny, el capataz, que ese momento entraba buscando al patrón, tartamudeó un poco al verla y tropezó contra mí, estando a punto de derribarme y de tirar la bandeja con los servicios y el té. Retorciendo su sombrero entre las manos acertó a pronunciar:

- Bu-buenos días señora, disculpe que me presente a estas horas, pero el señor Fellow me ha mandado llamar

- No importa Penny, pueden ustedes hablar de sus asuntos, no me importuna en absoluto

- Querida, comprendo que hace mucho calor pero creo que deberías bajar con la bata de seda que te he regalado, no es que me importe, pero así distraes al servicio de sus obligaciones

- Bah, que tontería, todos los hombres sois iguales

Sin darle importancia a la evidente desnudez de su cuerpo bajo el camisón, avanzó unos pasos por el centro del salón, dejándonos entrever su hermosa anatomía hasta que tomó asiento en la cabecera de la mesa, junto a su marido.

El señor Penny, mientras hablaba con el patrón, no podía evitar mirarla a hurtadillas y yo, al inclinarme sobre ella para servirle el té, disfruté de una generosa visión de su escote. Aparentemente, parecía ajena a nuestro interés por su cuerpo, pero vi que escuchaba atentamente la conversación y que entrecerraba un poco sus ojos azules por lo que deduje que estaba maquinando alguna de sus argucias y por mi propio interés agucé el oído.

Estaban hablando sobre las esclavas fértiles. Se trataba de que concibieran hijos y así aumentar el número de esclavos en el futuro. Si ya eran rentables como peones en los cultivos, mas lo serían si las mujeres parieran hijos fuertes y robustos que se pudieran vender o utilizar como trabajadores. El problema estaba en elegir el hombre idóneo para ejercer de padre, pues Little Tommy era el único negro de raza mandinga que teníamos y por alguna razón que desconocíamos se negaba a fornicar.

- Es muy testarudo, señor, ni a latigazos consiente en engendrar

- A ese maldito rebelde acabaré por desollarlo vivo ¿No hay otra opción?

- Tenemos a Barney. Es también muy robusto y fuerte, pero usted ya sabe que los mandingo se pagan dos y tres veces mas caros. Sería un desperdicio

- El se lo pierde, ¡el muy imbécil!......yo mismo preñaría de buena gana a esas yeguas negras. En fin, usaremos a Barney y al otro le tendremos que dar un buen escarmiento.

Ya iban a dar por terminada la conversación, cuando inesperadamente lady Adriana intervino con tono suave pero firme

- Tonterías querido, yo haré que vuestro semental entre en razón

- Señora, es muy testarudo, tenga cuidado porque incluso a mi me cuesta dominarlo con el látigo

- ¡Bah!, una autentica dama inglesa no se deja amilanar por un esclavo, traedlo a mis habitaciónes cuando acabe el desayuno….. ah, y tu Jhon, avisa a Mary. Os voy a necesitar.

Me di buena prisa en buscar a la doncella personal de milady y en llevarla casi en volandas al dormitorio. No estaba dispuesto a perderme nada de lo que ocurriera, aunque tuviera que espiar por el ojo de la cerradura, porque hay momentos en que hasta el mejor de los caballeros debe actuar como un truhán si así lo requiere la dama de nuestros sueños.

Tuvimos que esperar poco tiempo, pues la señora subió enseguida y nos dio unas instrucciones cortas y precisas y, por supuesto, ninguna explicación

- Jhon, ¿sabes utilizar un arma?

- Perfectamente milady

- Bien. Toma este Colt del señor, y quédate tras el biombo. Seré yo quien decida si tienes que usarlo. Serás sordo, mudo y ciego y no dirás nada a nadie de lo que aquí suceda ¿entendido?

- Perfectamente milady

- Y tu Mary, prepárame un baño con agua tibia, tengo mucho calor

- Si mi ama

Cuando la negra se fue hacia las cocinas para buscar el agua, la señora volvió a dirigirse a mi, que ya estaba escondido tras el biombo

- Recuerda Jhon, sordo, mudo y ciego……sobre todo ciego, que conozco tus debilidades

- Si milady, sordo, mudo…….y ciego.

En ese momento crucé los dedos, porque no pensaba dejar de mirar en ningún momento, ¡la seguridad de mi señora estaba en juego!. Además, juraría sobre las sagradas escrituras que ella deseaba que no dejara de mirarla un instante. Yo también conocía de sobra sus debilidades.

- Con la venia milady, aquí le traigo a Little Tommy…… y tú, holgazán, saluda al ama

- Buenos días, ama

- Gracias Penny, déjenos solos

El capataz salió en silencio, sin quitarle los ojos de encima a la señora, por lo que estuvo a punto de volver a tropezar con Mary, la doncella negra, que volvía con un gran balde de agua tibia para el baño.

- Así que tu eres Tommy, vaya, vaya…..y dime Tommy ¿Por qué no quieres fornicar con las esclavas? son mujeres muy hermosas y tú debes ser un hombre ardoroso

- No quiero que mis hijos sean esclavos, ama

- ¡Ah! así que se trata de eso…  

Se levantó ronroneando como una gata y se acercó al esclavo. Sus movimientos hacían resaltar la voluptuosidad de sus curvas bajo la fina tela del camisón y la semitransparencia dejaba entrever todas las formas de su desnudez. El pobre Tommy no sabía que hacer con sus manos y una incipiente erección comenzó a resaltar bajo sus raídos calzones

 - Mary ¿Está listo mi baño?

- Si ama, está todo preparado ¿la desnudo?

- No, tú no, veamos que tal se la da a Tommy hacer las funciones de criado personal. Tommy ¿me ayudas a entrar en la bañera?

- Señora, el amo me matará. Un esclavo no debe tocar a su ama

- No temas nada, solo estás cumpliendo mis órdenes, si lo haces bien incluso podría hacerte mi lacayo

El negrazo, con el temor reflejado en el rostro, puso sus encallecidas manos sobre la suave piel de los hombros y deslizó los tirantes del camisón hacia los lados de los brazos. La fina prenda, por su propio peso, resbaló por todo el cuerpo de lady Adriana hasta caer a sus pies, dejándola completamente desnuda ante los ojos del esclavo, y cuando éste tomó la mano de la señora para ayudarla a entrar en la bañera de cobre, vi que le temblaba ostensiblemente.

En vez de sentarse, como era usual en ella cuando se bañaba, permaneció de pie frente al negro. Mirándolo inocentemente, y tendiéndole una pastilla de su mejor jabón perfumado, le invitó a que la enjabonara con total naturalidad. Tommy temblaba como un condenado a muerte. Ignoro si el temblor se debía al terror de que el amo lo castrase por lo que estaba haciendo o a la excitación que el bello cuerpo de la señora provocaba en el.

Le llevó un buen rato decidirse a tocar aquellos pechos blancos y suaves, coronados por grandes pezones rosados que a mí me enloquecen, pero cuando lo hizo pareció que perdía un poco del miedo que le atenazaba. Sin dejar de mirar a menudo hacia la puerta, con sus ojos temerosos y espantados, recorrió con sus manazas todo el cuerpo de mi señora. Y cuando digo todo, me refiero también a sus partes mas íntimas.

Yo mismo tuve que hacer un gran esfuerzo para no delatarme tras el biombo disparando contra él, pues el mandingo acariciaba con fruición la entrepierna de lady Adriana. Su adorado coño, las estrecheces de su culo, el interior de sus muslos blancos….todo cuanto yo imagino tocar en mis sueños mas lúbricos. Pero lo que ya me hizo rechinar los dientes fue ver que de una manera inesperada, ella le bajaba los sucios calzones pardos y le agarraba con fuerza la enorme verga tiesa y empinada.

- ¡Pero mira lo que tenemos aquí! ¡Que maravilla de vergajo! Ven Mary….acércate

- Si ama, ya voy

La hermosa doncella negra, que esperaba pacientemente junto a la puerta, se acercó hasta ellos con la mirada baja y en una actitud un tanto desconfiada. A pesar de ser unas mujeres hechas y derechas, todas las esclavas de la plantación mantenían un pudor un poco sorprendente para la situación de sumisión forzosa que sufrían, tal vez porque su anterior amo, un cuáquero recalcitrante por sus convicciones religiosas, siempre les había respetado a ultranza su condición femenina y nunca las había forzado a nada que no fuera trabajar para él.

- Anda, acaríciale el miembro tu también, mujer, así te vas acostumbrando

- Si ama, como usted diga

Entre las dos mujeres, ama y esclava, introdujeron al negro en la bañera y procedieron a lavar su portentosa tranca con esmero. Mi señora Adriana, de una manera resuelta y temeraria, incluso se la llevó a la boca y la besó con delicadeza, para luego chupársela como una vulgar ramera. Yo estaba mas celoso que indignado, pues aunque su amor es algo imposible para mí, ella es la dama que ocupa mi corazón y me dolía sobre manera verla actuar así.

A continuación, hizo que el negro se acostara sobre el suelo y se sentó a horcajadas sobre su amplio pecho, acariciando con sus manos aquellos pectorales musculosos y grandes. Viendo el contraste de su blanca y delicada piel con la piel negra y curtida del esclavo, me hizo temer por su seguridad, pues si aquel mandingo se dejara llevar por un arrebato y atacara a lady Adriana, un solo golpe de su puño podría matarla en el acto.

Amartillé el Colt con sigilo y apreté mi mano sudorosa en la culata, porque de buena gana le descerrajaría un tiro en la cabeza si osaba lastimar a mi señora. No obstante tuve que rendirme a la evidencia de que ella era la que dominaba la situación por completo y  me dispuse a soportar un espectáculo bochornoso y lamentable en una dama de alcurnia de la nobleza inglesa.

En efecto, deslizando su pubis rubio por el vientre del negro, lo llevo hasta donde descansaba la verga de este, y así poco a poco y suavemente se la fue introduciendo en la calidez de su vagina con una sonrisa feliz en la boca y unos gemiditos entrecortados, ah ah ah ah ah, que me hirieron en lo mas profundo de mi corazón.

Mientras ella agitaba sus caderas sobre la polla del mandingo y se acariciaba los pechos con evidente placer, el esclavo no se atrevía ni siquiera a mirarla. Se llevaba las manos a la cara para taparse los ojos y la boca, en un intento de acallar los roncos estertores que se escapaban de su garganta. Pero al fin, vencidos su resistencia y su miedo por el placer sexual, puso sus manazas en la cintura de lady Adriana y comenzó a follársela con el vigor propio de su corpulencia.

- Mary, desnúdate, ¡rápido!

- Pero señora…

- No me repliques mujer y haz lo que te digo

Hablaba en un tono bajo y de una manera entrecortada pero sus órdenes sonaban de una manera muy convincente. Mary, obedeciendo de una manera ciega, se despojó de su uniforme en un santiamén, y yo, tras el biombo, no pude dejar de admirar aquella belleza negra que mi señora había elegido como su doncella personal. Que hermosura de esclava.

Era tan excitante aquella visión, que sin poder evitarlo, con la mano que me dejaba libre el revolver, me saqué la verga y comencé a masturbarme. Mi bella señora, tan rubia y tan blanca, con su cuerpo voluptuoso y esbelto, fornicando con un esclavo mandingo, y de pies a su lado aquella doncella negra completamente desnuda, con la cofia y las medias blancas como única indumentaria, esperando las órdenes de su ama.

De pronto, lady Adriana se levantó como un rayo y agarró por la muñeca a la doncella, haciéndola sentar sobre el esclavo. La dulce y bella cara de Mary era todo un poema. Cuando la enorme polla entró distendiendo sus labios vírgenes y rompiendo su membrana mas íntima un gritito apagado llegó hasta mis oídos, pero los jadeos de Little Tommy ahogaron sus lamentos.

El negrazo, incapaz ya de refrenar sus instintos tanto tiempo reprimidos, era una maquina temible  e incontrolable. Se levanto desde el suelo sin esfuerzo aparente y con las manos asiendo el trasero de la esclava la mantuvo en vilo, abrazada a su cuerpo. La penetraba una y otra vez, con la lujuria y el deseo reflejados en su rostro, mientras que ella, cerraba los ojos aterrorizada ante aquella fuerza de la naturaleza.

Poco duró su sufrimiento, pues el semental, atenazado por una larga abstinencia, descargó una andanada de semen espeso y blanquísimo dentro del coño de la hembra, rebosando y deslizándose por sus muslos negros.

Sudoroso y satisfecho, abrazaba fuertemente a Mary, mientras disfrutaba del tacto de sus tetas empitonadas sobre su pecho. Le acariciaba la espalda y el culo, mientras hincaba, mas adentro si cabe, la polla en aquel coño acogedor.

- ¿Has disfrutado, chico? Como ves, puedo ser un ama muy benévola contigo….todo depende de ti

- Si ama Adriana

En cuanto se sintió libre del abrazo de Tommy, Mary agarró su uniforme y se puso a llorar mansamente mientras se vestía, dejando al esclavo y a la señora frente a frente, tan desnudos como habían llegado al mundo. El nabo del negro, aunque todavía se mantenía gordo e impresionante, caía lánguidamente entre sus piernas con un hilillo de esperma en su prepucio.

- Además, el amo quería cortarte esta hermosura (acarició con ternura aquella potra palpitante) y yo he intercedido por ti, pero es tu última oportunidad.

El negro “palideció” si es que así puede llamarse aquel color desvahído que invadió su cara al escuchar la amenaza terrible

- No ama, eso no, yo seré obediente

- Mejor para ti…..Jhon, ya puedes salir

Tuve el tiempo justo para guardarme mi verga enhiesta dentro de mis calzones y salir con el Colt en la derecha.

- A su servicio milady

- Que este esclavo vuelva al trabajo inmediatamente

- Si milady

- Ah, y otra cosa….si lo ves que vuelve a ponerme una mano encima quiero que hagas diana en su entrecejo ¿entendido?

- Será un placer milady.

© morfeito


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