Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 6.404 Usuarios Conectados (Contactos) (Cams Amateur)  1.423.573 Miembros | 16.638 Autores | 77.971 Relatos 
Fecha: 13-Ago-12 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

La princesita puta

malenka
Accesos: 22.745
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
 -   + 
Falta poco para que acabe el cautiverio de Elda, tras él, muchas sorpresas.... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

“Llevo todo el día encadenada a la chimenea. “P” se pasa horas leyendo, el resto de los hombres aun no han vuelto de la ciudad. Supongo que estarán negociando mi secuestro. A veces tengo miedo, ya no me importa lo que me hagan, el miedo radica en mi misma, en todo lo que he hecho con estos hombres, con “P”, he disfrutado, le he dicho muchas cosas la última vez y ahora me avergüenzo de mi misma, de dejarme llevar por esos momentos que este diabólico individuo me proporciona. ¿Qué pretende? ¿Cómo será bajo ese pasamontañas? Es horrible, no hago más que pensar en todo esto.

Papá llévame a casa…. No lo soporto más….

--Escribes mucho Elda—se incorporó y la regalo una sonrisa enfermiza—eso significa que tu mente funciona y en estos casos, es bueno niña.

--Eres un maldito hijo de puta—no soportaba más su arrogancia y menos ahora después de sentirse como se sentía—espero que os pillen y os hagan pagar todo lo que…

La dio una bofetada y la cogió por la cara.

--Bueno, lo cierto es que hay un problema—sacó una cinta del bolso--¿Ves esto Elda? Eres tú…. Jadeando, pidiendo más… Papá podría pensar  que tienes algo que ver si esta cinta…

Sintió las mejillas arder y una expresión de rabia emergió precipitadamente. ¡No! No era cierto ¡No podía hacer aquello!

--No es cierto…. Yo….

--Lo se tesoro, pero claro—suspiró con humor—eso solo lo sabemos tú y yo. Por lo tanto mi querida Elda, esto para el resto del mundo solo será un simple secuestro sin nada más ¿Verdad?

--Te odio.

--Contesta Elda.

Suspiró angustiada y movió la cabeza afirmativamente.

--Eso está mejor. Mañana todo habrá terminado, seguirás escribiendo todo lo que tu mente  te proporcione, es bueno para ti.

La acarició la mejilla y se agachó frente a ella. Sus ojos serpentearon por sus piernas, la camisa estaba  algo abierta y sus pezones se marcaban a través de la tela. Su fina piel, su suave, fina y jovial piel, era como una pequeña fruta jugosa que invitaba a ser lamida una y otra vez.

--Me pones nerviosa—Elda sentía un cosquilleo por el cuerpo cuando la miraba así—No me mires así.

--¿Sabes lo que me apetecería ahora mismo?—sus ojos se clavaron en su boca y pasó la lengua por los labios—Follarte una vez más, quien sabe, quizá sea la última vez que lo haga Elda…

Sintió sus dedos deslizarse por sus piernas y rozar suavemente con las yemas su sexo. Elda se apartó y él le clavó los ojos.

--Dijiste que serías mi putita…. Las putitas obedecen a sus dueños Elda.

--Por favor déjame…

Volvió meter las manos entre sus piernas y rozó el clítoris de Elda con los dedos. Estaba mojada, sus ojos vidriosos por la vergüenza se clavaron en él con fuerza. Introdujo uno de sus dedos dentro y lo movió lentamente haciendo círculos, Elda jadeo suavemente sin dejar de mirar su cara oculta, separó las piernas y apoyó las palmas de las manos sobre el suelo frío.

--¿Esto te gusta verdad?—susurró “P”

--No…

--No me mientas Elda, no seas mala por que si no yo seré malo contigo.

Elda volvió en sí, sus dedos juguetones la envolvían en una especie de torbellino insufrible pero se apartó de golpe y apoyó la espalda contra la chimenea.

--¡No!

“P” la miró con humor, soltó su cadena del anclaje de la pared de piedra y la arrastró hacia la otra habitación. Elda se raspó la cadera con el suelo, pataleó nerviosa para  liberarse de él pero sus muñecas aun estaban unidas a la cadena y se clavaban en la piel con crueldad.  Ya en la habitación se sentó sobre la calma y la observó en el suelo.

--Voy a hacer contigo lo que plazca Elda, no se por qué no acabas de entender que cuanto más te rebeles más daño te haré.

--¡Te odio!

--Porque te excito.

--¡No!

La  miraba con la cadena enroscada alrededor de una de sus manos como si llevara al final un perro lazarillo. Miró hacia el techo y suspiró.

--Elda… gatea hacia mí… Obedece, si no volveré a arrastrarte pero esta vez por el bosque y eso te dolerá mucho.

Se incorporó con rabia y le dirigió una sonrisa de despecho.

--Cabrón…

“P” se levantó con la intención de salir con ella pero Elda gateó velozmente hacia él con angustia. Se colocó entre sus piernas y sollozó. “P” se volvió a sentar y la observó.

--Bien, parece que nuestra relación mejora por momentos—rio suavemente—ahora suelta mi cinturón, baja mis pantalones y mi ropa y métetela en la boca Elda.

Abrió los ojos y pestañeó descolocada.

--Por favor…

--Hazlo Elda. Ahora.

Obedeció primero soltó la hebilla metálica, “P” se levantó y mientras ella de rodillas deslizaba sus pantalones hasta liberar su miembro.

Lo miró, en aquel momento Elda sintió un cosquilleo por el cuerpo, ahí estaba él, inmenso, con aquel rostro oculto aterrador que le recordaban a los comics de tiranos que leía siendo niña, sus piernas canelas, fibrosas, su pelvis perfecta y su inmenso miembro que la apuntaba directamente a la cara amenazadoramente.

--A la boca Elda… Ya…

Se introdujo su sexo en la boca y presionó con los labios la fina piel que cubría todo su perímetro. Sentía como la miraba desde lo alto, como sus ojos se clavaban en ella y por momentos deseo extrañamente complacerle una vez más. Varios sentimientos contradictorios pasaron por su cabeza cuando sus manos se deslizaron hacia su vientre y ´´P” no se lo impidió. Duro, tenía el vientre duro, al menos por segundos creyó que era joven aunque quizá la idea de que lo fuera le hacía llevar mejor aquella situación.

--Oh Eso es Elda… Lo haces muy bien…

Aceleró el ritmo y al sentir su excitación y sus suaves jadeos el cosquilleo en ella se hizo más intenso. ¿Por qué la pasaba eso? Era un hombre horrible que abusó de ella y en cambio se excitaba cada vez más…

--Ya está bien—jadeó—para…

La sujetó por el pelo y la rozó los labios con la punta de su miembro, sus tiernos y regordetes labios brillaban por su propia saliva, era como una muñeca esperando su postre.

--¿Va a obedecerme?

--Si.

--¿Serás otra vez una buena putita?

--Si—no sabía por qué lo decía. A fin de cuentas lo conseguiría de igual modo por las malas—Si-repitió.

La sonrió y se dirigió a la ventana, bajo la persiana hasta prácticamente dejar una fina línea que permitía el paso de la luz a duras penas. Elda quedó ciega de repente, veía su silueta frente a ella iluminada por una tenue luz casi imperceptible.

--Apenas veo—susurró estirando los brazos hacia él.

--De eso se trata nena—se acercó a ella y la levantó del suelo. Cogió sus manos y las deslizó por su estómago.

--Quítame la ropa Elda—susurró en su oído.

Obedeció y le desprendió de la camiseta, luego deslizó con torpeza los pantalones, un zapato, luego el otro y así hasta dejarle casi desnudo. No podía verlo bien pero silo suficiente para notar aquel cuerpo realmente apetitoso que emergía frente a ella. La tomó ambas manos de nuevo y las llevó a su cara, Elda lo desprendió del pasamontañas y se quedó bloqueada. No podía verlo, pero notaba entre finas siluetas sin forma apenas su nariz respingona y aquellos graciosos rizos de la noche anterior.

Tanteó la oscuridad y su sombra desapareció de repente.

--¿Dónde estas?—susurró nerviosa.

--Aquí.

Pegó un bote cuando sintió su boca detrás de ella rozando su oreja, sus manos deslizando su camisa y apretando con fuerza sus pechos. Un suave pellizco la hizo jadear. Su miembro se clavó en sus nalgas y sintió un suave mordisco en la nuca.

--Sobre la cama—la ordenó—a cuatro nena…

Palpó la colcha y trepó. ¡Maldita sea! Quería verlo, quería saber quien demonios era aquel hombre. “P” se colocó detrás de ella y comenzó a penetrarla lentamente. Su manos la agarraron con firmeza las caderas y se hizo paso a través de sus entrañas con firmeza. Tiró de su cuerpo y la levantó ligeramente hasta que la espalda de Elda chocó con su pecho.

--Mueve—susurró—ese culito para mi Elda… Ahora.

Elda obedeció y con soltura comenzó a menear el culo haciendo ligeros círculos, notaba su miembro entrando y saliendo colérico a cada movimiento, sus manos sujetando con firmeza sus pechos, presionando sus pezones cada vez que una ligera embestida le perforaba los sentidos. Era él, hubiera pagado todo el oro del mundo por verle la cara en aquel momento y por unos segundos deseo que no se terminara aquel tormento, que todos desaparecieran y solo quedaran ella y él en aquel oculto lugar donde la hiciera lo que deseara durante días.

--Sigue moviéndote nena, lo haces muy bien…

Jadeó al notar una fuerte embestida y empujándola hacia adelante se descolgó de ella, la sujetó las muñecas y la tiró sobre la cama boca arriba colocándose sobre ella rápidamente. Una fina luz le iluminó ligeramente el rostro y Elda creyó ver sus ojos brillando en la oscuridad. Su boca, unos labios gruesos y lo que parecía su mejilla.

--Elda…--la susurró clavándose en ella—Tu vida no será igual…

--No pares…-suplicó ella.

--Nada volverá a tener sentido… mi tierna niña…

“¿Qué haces conmigo? Hoy me has tratado de otra manera, primero me arrastras por la casa y luego parece que incluso eres humano. Maldito capullo ególatra y prepotente, te odio con toda el alma. Han vuelto Aitor y su compañero, parece que papá ha pagado lo que le pedían, no han dicho nada, pero llegaron contentos y me han dicho que me soltaran a primera hora. ¿Y tú “P”? Tengo la sensación que el dinero te da igual, ni siquiera les has preguntado nada. ¿Qué has hecho conmigo? Quiero saber quien eres, no me dejes ir….No me dejes ir…”

A la mañana siguiente apenas se enteró de lo que pasó. Otra vez la colocaron aquel saco en la cabeza, la metieron en el coche y durante horas apenas sintió más que el traqueteo del coche. Sintió la mano de “P” deslizarse bajo la tela y aquel olor amargo en su nariz. De pronto nada….

Despertó asustada y cuando miró a su alrededor quedó petrificada. Estaba en su cuarto, su cama, su habitación y su hogar. ¿Qué demonios? ¿Cómo habían conseguido meterla en su casa? Saltó como un misil de la cama y se miró en el espejo. Estaba horrible, la camisa, las piernas magulladas, el pelo sucio y revuelto y la piel pálida. No entendía nada, olió la camisa, su camisa y salió al pasillo.

--¡Papá!—gritó, pero no recibió respuesta--¿María?—la mujer del servicio tampoco contestó.

Corrió a la habitación y miró el reloj de la mesita. Eran las cinco de la mañana. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? Se metió en la ducha descolocada, se puso un camisón y se dejó caer en la cama. No entendía nada, no entendía porque estaba en casa, por qué nadie contestaba y sobre todo, como demonios había vuelto allí.

Se quedó totalmente dormida y soñó con él….

--Vamos niña despierta hija—María abría las ventanas y se movía nerviosa por la habitación—hay que ir a clase Elda, vamos hija.

--¿Papá?

--En Taiwan Elda, ya sabes que estaría allí una semana hija—la dejó el desayuno sobre la mesita y la entregó una inmensa taza de chocolate humeante.

--¿Lo pasaste bien con tu amiga?

--¿Cómo?—no entendía nada.

--Ay Elda hija pareces tonta ¿Qué te pasa? Llevas dos días con tu amiga, solo nos avisas con una nota y cuando te trae su padre ayer como un tronco de madrugada ni saludas.

Pestañeó nerviosa y la miró.

--Su padre….—musitó.

--Bueno, digo su padre por que para ser su hermano era mayor pero no se, también era muy joven. Hija da igual, ayer llegaste muy tarde, ni me acuerdo del muchacho.

¡Oh Dios! ¿Su padre en Taiwan? ¿Ella en casa de una amiga? Era una locura. ¿Y el rescate? ¿Y su secuestro? ¿Una nota? Por momentos no la extraño el echo de que una simple nota sirviera para no preguntar por ella en unos días, su padre nunca estaba en casa y María era una mujer que se fiaba de ella pero seguía sin comprender nada.

--Si—mintió—estaba cansada.¿ Te dijo algo el padre de…. De mi amiga?

María se levantó y comenzó a recoger por la habitación.

--Bueno, te metió en la casa como un saco de patatas. Dijo que estabas como un tronco, que habías dormido mal la noche anterior con tanta juerga de niñas y que no te despertáramos. No se hija, nada más. ¿Por qué?

--Por nada…

Maldito hipócrita, pensó, si no había un rescate por qué todo aquello. ¿Quién demonios eran?

--Me voy a clase—se levantó y totalmente bloqueada se preparó.  

Pasaron los meses y Elda poco a poco fue dejando de preguntarse que había sucedido. Comenzó a la Universidad y todo adquirió un color diferente, a veces recordaba los días de secuestro con un leve sentimiento de nostalgia, “P” le había dicho que su vida cambiaría y así había sido. Los chicos de clase no le interesaban, incluso las típicas fiestas de hermandades dejaron de importarle y pasaba horas encerrada en su casa leyendo algún libro.  “P” la había enseñado una parte de ella que desconocía, la misma que hacía que todo le importara poco, que nada fuera suficiente y que sus pocas relaciones la aburrieran terriblemente hasta limites insufribles. Aquella mañana en dirección a la Universidad paró en una cafetería y compró el periódico, otra vez las noticias de fondo mientras desayunaba, otra vez la algarabía matutina que se agolpaba para pedir un café y un bollo antes de empezar las clases. Salió agobiada y caminó con los libros en la mano tomando su café cuando algo la hizo parar en seco, el escaparate de una librería plagada de libros con un titulo que la hizo sentir que sus piernas temblaban y la calle desaparecía frente a ella.

“La princesa que bajo a los infiernos”

Pegó la nariz hasta golpearse la frente y el café se derramó. El corazón la latía a cien por hora. Entró como un torbellino y se dirigió directamente hasta la pila inmensa de novelas agolpadas formando una pirámide con un inmenso letrero que decía: “La novela más polémica del escritor Paul Acosta” “La princesa que bajo a los infiernos”

Era como una figura de yeso plantada delante de aquello, el dependiente apareció por la derecha y la sonrió con dulzura.

--¿Se llevara un libro señorita?

--Si…-dijo sin mirarlo.

El dependiente le entregó el libro, lo abrió y ahí estaba él. Su pelo rizado, su nariz respingona y su boca inmensa en una foto en blanco y negro. ¡Él, “P”¡ ¿Qué significaba aquello? Miró la sinopsis y tuvo que sentarse para no marearse, era su vida, las notas que ella había escrito cuando estaba cautiva, abrió el libro y ojeó la página de agradecimientos del autor, se limpió la frente con la mano, el sudor la caía por la cara como en su vida.

“Para ti mi princesa, mi musa, la niña de mis ojos”

Pagó el libro y salió arrastrando los pies. No podía creer lo que estaba pasando. Paul Acosta, un escritor… Ahora entendía todo aquello, sus libros, sus notas y la necesidad de saber que pensaba. Todo estaba en el libro, en aquel libro polémico que se vendía como churros. ¡Normal, era cierto! Cuando recuperó la cordura, ojeó por internet la presentación próxima del libro, si… una reunión de editoriales, allí estaría él. Le diría a su padre que querría ir y no tardaría en conseguirla un pase especial. Para eso estaba Papá, para complacerla en tonterías. Para nada más…

© malenka


Calculadora del Amor
Test de compatibilidad!.
 

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (16)
\"Ver  Perfil y más Relatos de malenka
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
LWNET 1999-2013 | TodoRelatos.com v3.80
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)