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Fecha: 21-Ene-13 « Anterior | Siguiente » en Transexuales

Dobles parejas (Laura, Gisela, Mónica y Carla) 2/2

Temporal
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Continuación del encuentro sexual entre Gisela y su ama Laura con mi ama Mónica y yo misma. El final del final lo dejo a vuestra imaginación. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

    —Muy bien, ahora que ya tenéis las dos el butt plug puesto, ¿qué os parece si nos quitamos todas algo de ropa para acabar de calentar motores? —sugirió Mónica.

    —Una idea fantástica —dijo Laura.

    —Empieza tú, Carla —me ordenó mi ama.

 

    Gisela se incorporó y se volvió a calzar los tacones. Sin medias también le quedaban muy sexis. Cuando se sentó en la cama para ver el espectáculo que estaba por comenzar no pudo reprimir un gemido, mitad de placer mitad de dolor, producido, sin duda por la presión de su butt plug.

 

    Mónica se sentó a su lado. Laura en cambio prefirió quedarse de pie. Puede que pensase que el rabo de diablesa era incompatible con tomar asiento, aunque no era el caso, en realidad era lo suficientemente flexible como para que pudiera sentirse cómoda aun sentada (al menos tan cómoda como con cualquier otro butt plug).

 

    Le di al play al reproductor de MP3, que ya habíamos preparado de antemano con unas cuantas canciones adecuadas para la ocasión. Cuando empezó a sonar, me situé delante de las tres e inicié un baile sensual.

 

    Poco a poco, fui levantándome la minifalda por diversos sitios. Por delante, revelando la parte baja de mi tanga, en donde se podía apreciar un escaso bulto, pues tenía los genitales bastante presionados. Por detrás, enseñándoles mi culito. Luego, me la desabroché, y con un movimiento de caderas hice que cayera sobre mis pies. En ese momento Laura y Gisela descubrieron mi tatuaje púbico (la palabra "Slut") a través de la transparencia del tanga blanco. Yo recogí la falda y se la lancé a Gisela. Supuse que le gustaría, ya que era de color rosa. Laura mencionó que el tatuaje era muy adecuado.

 

    Seguí con el top blanco. Lo agarré con ambas manos y me empecé a agachar sensualmente, de forma que mis manos no se movieran del sitio, por lo que poco a poco mi top fue saliendo. Cuando estuve en cuclillas, me lo acabé de quitar, lo cogí con la boca y se lo llevé gateando a Laura.

 

    —Algún día te tendrías que poner uno de esos —le dijo ella a Gisela, señalando el piercing de mi ombligo. Le da un toque de feminidad al cuerpo una vez quitada la ropa.

    —Me encantaría, mi ama —respondió ella.

 

    Después de eso, descalcé mi pie derecho y lo apoyé en la entrepierna de Gisela. Pude notar el enorme bulto que pedía guerra. Fui deslizando hacia abajo la media blanca que lo cubría y le indiqué que me la acabara de quitar ella misma. Volví a ponerme la sandalia, y repetí la operación con la media izquierda. Ahora el color fucsia de las uñas de mis pies se apreciaba mucho mejor.

 

    No tenía pensado desnudarme del todo (a fin de cuentas mi cuerpo sigue siendo el de un hombre, aunque esté completamente depilada). Tenía previsto dejarme el sujetador, para que mantuviera los pechos postizos en su sitio y los tacones. Así pues, sólo me faltaba quitarme el tanga.

 

    Agarré las tiras de la cintura y lo fui deslizando lentamente. Cuando se liberaron mis genitales sentí cierto alivio, pues los había tenido presionados por largo rato. Pude ver la mirada de Gisela fija en mi clítoris. Buena señal. Cuando me lo hube sacado lo lancé al aire de forma que cualquiera de las dos (Laura o Gisela) pudiera cogerlo. Lo cazó al vuelo Gisela, y se lo acercó a la cara para olerlo.

 

    Ahora sólo llevaba puesto el sujetador blanco y las sandalias de tacón fucsia, a juego con el color de mis uñas y labios.

 

    —Si os parece bien —les dije a todas— prefiero no quitarme nada más.

    —Así está bien —respondió mi ama por todas.

    —Te toca, Gisela —dijo Laura.

 

    Gisela se puso en pie y yo me senté en el lugar que acababa de dejar libre. Empezó a hacernos un baile sensual, contoneándose, mientras iba deslizando poco a poco el vestido rosa. Lo hizo durar bastante, para nuestro regocijo. Cuando se acabó de quitar el vestido se lo entregó a mi ama.

 

    Luego continuó el baile quitándose poco a poco los guantes largos. Era todo un arte conseguir que unos guantes fueran tan sexis. Cuando terminó, entregó el izquierdo a su ama y el derecho a mí. Me sorprendí oliéndolo. Desprendía un perfume muy agradable.

 

    Estuvo un rato más bailándonos semidesnuda, en ropa interior y taconazos. De vez en cuando se giraba y agachaba para recordarnos que llevaba un butt plug puesto. Me encantaba su cuerpo, bien cuidado y recién afeitado. El bulto que se veía en su tanga azul era escandaloso.

 

    Finalmente, se decidió a quitarse el tanga. Al principio le costó un poco bajárselo, por la presión de sus genitales. Cuando estos escaparon, el tanga cayó sobre sus pies, mientras su polla se alzó celebrando la libertad. Recogió el tanga del suelo y me lo lanzó. Justo fue a caer sobre mi clítoris, lo que me hizo estremecer por el roce.

 

    Ahora que ya estaba en sujetador y tacones (igual que yo), dio por finalizado su striptease.

 

    —Muy bien, Gisela. Creo que nos has puesto calientes a todas. Bueno, las dos lo habéis hecho —dijo Laura.

    —Nos toca —añadió Mónica.

    —Si os excita lo que veis podéis tocaros...

    —Siempre y cuando sea la una a la otra.

 

    Sin decir nada más, ambas se pusieron en el centro de la sala. Iniciaron un baile sensual, restregando sus cuerpos y tocándose entre ellas. Mónica se giró y Laura le quitó las alas de ángel. Luego mi ama le quitó la diadema de diablesa a ella.

 

    Entonces Mónica empezó a desatarle el corsé rojo a Laura. En ese momento una mano tomó mi clítoris, que ya estaba en plena erección, y empezó a masturbarlo lentamente. Miré a Gisela y vi en su cara una expresión que significaba, con toda seguridad, "por favor, mastúrbame". Era evidente, deseaba masturbarse, pero había que cumplir la norma. Tenía que ser la una a la otra. Hice lo que deseaba. Cogí su polla e inicié una lenta paja.

 

    Una vez abierto el corsé de Laura, mi mujer procedió a quitárselo revelando unos pechos grandes muy bien puestos. Mónica dejó el corsé sobre mi entrepierna, ocultando la paja que me estaba haciendo Gisela.

 

    Le tocó el turno al vestido de mi ama. Laura se lo empezó a quitar aprovechando para meterle mano por todo el cuerpo. Los pechos tuvieron que esperar, pues mi mujer llevaba un sujetador blanco bajo el vestido. Laura dejó el vestido sobre la entrepierna de Gisela, ocultando la otra paja.

 

    —Ni se os ocurra correros antes de tiempo —dijo Laura.

    —Eso, eso. No vayáis a mancharnos la ropa, zorras.

 

    Mónica se arrodilló y empezó a besar los pies de Laura. Eso me puso a mil. Luego empezó a bajarle lentamente una de las medias de rejilla negra. Cuando llegó al tobillo, le descalzó el pie y se la acabó de quitar. Antes de volver a ponerle la sandalia, le besó justo debajo de los dedos de los pies. Me pregunté si, al igual que yo, Mónica encontraba súper sexis esos deditos con las uñas de un negro brillante, o si sólo lo hacía para ponernos calientes. Empezó a bajar la otra media, descalzó el otro pie y se la quitó del todo. Pero esta vez, en lugar de besarlo, lamió toda la planta del pie, lentamente, desde el talón hasta la punta del dedo gordo.

 

    Antes de que le hubiera puesto otra vez la sandalia, Gisela soltó mi clítoris. Supuse que eso quería decir que ella misma estaba a punto de correrse, por lo que opté por dejar de masturbarla. A mí tampoco es que me faltara mucho. Ver como mi mujer lamió el pie de Laura nos había puesto calientes a las dos. Mónica nos dio una media a cada una. Ambas la olimos.

 

    Después de eso, Laura le desabrochó el sujetador a Mónica y se lo quitó. Se lo lanzó a Gisela. A continuación empezó a besarle los pechos, a estrujárselos entre sus manos, a lamerle y succionarle los pezones. Las prendas de ropa que teníamos sobre nuestra entrepierna no podían ocultar nuestras erecciones. Era un espectáculo lésbico digno de ver.

 

    Por último, cada una agarró el tanga de la otra (Laura se lo había vuelto a poner después de que mi ama le metiera el rabo de diablesa). El tanga rojo de Laura y el blanco de mi mujer empezaron a bajar lentamente. Cuando los soltaron, cayeron a la vez a sus pies. Dos chochitos deliciosos vieron la luz.

 

    Con eso dieron por acabado su striptease. Laura se dejó puesto el rabo de diablesa y las sandalias negras. Sus uñas, también negras, labios rojos y maquillaje acentuaban el look de diablesa (por si el rabo no fuera suficiente).

 

    Mónica se había quedado con sus sandalias blancas marabou de tacón transparente, su manicura y pedicura francesas y estaba maquillada con tonos claros. Aun sin las alas, seguía pareciendo un Ángel.

 

    —Venid a recoger nuestros tangas —dijo Laura.

 

    Gisela se levantó y se desplazó gateando hacia su ama. Yo la seguí.

 

    —¿Qué os hemos dicho antes? No tenéis que coger el de vuestra ama, sino el de la otra.

 

    Nos desviamos tal como pedían. Gisela cogió entre sus dientes el tanga de mi ama. Yo fui a por el de Laura. Pude notar lo mojado que estaba al cogerlo entre mis dientes. Me preguntaba si el de mi ama lo estaría tanto. Si era así, eso explicaría que viera con tan buenos ojos mi transformación.

 

    —Lo notáis, ¿verdad? —quiso saber Mónica.

    —Sí —respondí, sabiendo a lo que se refería.

    —Pues estos fuegos no se van a apagar solos —siguió Laura.

    —¿Os apetece un poco de sexo oral? —preguntó Mónica.

    —Sí —respondimos al unísono Gisela y yo.

    —Bien, seguid nuestras instrucciones. ¿Recuerdas cómo lo planeamos, Laura?

    —Claro, a ver... Gisela, túmbate en la alfombra —Gisela hizo lo que le pedía—. No, más a la derecha... Perfecto —Laura se tumbó a su lado, con la cabeza en la dirección opuesta y desplazada de forma que cabezas y genitales quedasen alineados. Si hubieran estado de lado y más cerca podrían haber hecho un 69. Pero ambas estaban boca arriba.

    —Muy bien —siguió Mónica—. Ahora tú, Carla. Ponte sobre ellas dos. Vas a comerle el coño a Laura mientras Gisela te la chupa —Yo me posicioné de manera transversal a nuestras dos invitadas, Mónica hizo lo mismo pero al revés, ella iba a recibir un cunnilingus de Laura mientras practicaba una felación a Gisela.

 

    En resumen, una sesión de sexo oral circular (por llamarla de alguna manera). Como yo sólo pude prestar atención al sexo oral en el que estaba implicada (lo que fue una pena, ya que me excitaba la idea de ver a mi mujer chupar una polla que no fuera la mía), he decidido pedir a Mónica que escriba su punto de vista de esta parte del relato. Incluyo a continuación su vivencia y luego la mía.

 

    Punto de vista de Mónica:

    Bueno, pues tal como os ha explicado Carla, decidimos hacer una rueda de mamadas y cunnilingus. Yo se la iba a chupar a Gisela y ella a Carla, mientras Carla le iba a hacer un cunnilingus a Laura y ella otro a mí.

 

    Cuando decidimos Laura y yo que haríamos algo así, lo primero que pensamos es que, en la rueda, cada pareja tenía que estar en extremos opuestos. No tenía ningún sentido que hubiera sexo oral dentro de una misma pareja porque eso lo podíamos hacer cualquier otro día.

 

    Así, sólo había dos opciones (creo), Gisela - Carla - Laura - yo, o, la otra opción, Laura - Carla - Gisela - yo. Como soy un poco celosa, no quería que otra mujer se la chupase a Carla, por lo que decidimos quedarnos con la primera opción. Por mi parte, tampoco me apetecía que un pene que no fuera el de mi marido se corriera en mi boca, por lo que decidimos que Gisela y Laura estarían debajo y nosotras dos encima. Así, cuando Gisela se fuera a correr yo podría apartarme un poco sin que me cayera nada encima.

 

    Pues bien, yo fui la última en colocarme en la "rueda". Situé mis genitales a la altura de la boca de Laura y acerqué la mía al miembro erecto de Gisela. En seguida noté una lengua experta que lamía mis labios vaginales, abriéndose paso en busca de mi clítoris y mi vagina. Yo intenté concentrarme en la tarea que me había asignado: la mamada a Gisela.

 

    Empecé recorriendo la polla de Gisela con la lengua. Empezaba por la base, rozando los testículos, e iba subiendo hasta llegar al glande. Como las mujeres tardamos más en corrernos, no había ninguna prisa, podía recrearme en hacer una felación lenta y sexy. Por ello, decidí dedicar parte del tiempo a chuparle y lamerle los testículos hasta dejarlos brillantes de saliva. Eso es algo que a Carla siempre le ha gustado, y supuse que Gisela también lo apreciaría. Pude confirmarlo por como gimió.

 

    Mientras, Laura parecía que quisiera penetrarme con la lengua. La movía en círculos alrededor de la entrada a mi vagina, a veces más amplios, a veces más estrechos. Cuando se decidió a meterme la lengua en el interior me estremecí y también emití un gemido. Laura no era la única que lo hacía bien, pues, al poco rato, también pude oírla a ella. Al parecer, Carla también estaba haciendo un buen trabajo.

 

    Yo me decidí a meterme en la boca esa polla extraña. Como sabréis yo también domino la garganta profunda (aprendí antes que Carla, aunque ahora ella tiene más experiencia que yo), así que me introduje el glande y fui bajando lentamente mi cabeza hasta que mis labios se posaron sobre el pubis de Gisela. Gimió de nuevo. Tras una pequeña pausa la volví a sacar del todo.

 

    En ese momento, la lengua de Laura bailaba sobre mi clítoris produciéndome unas sensaciones indescriptibles. Casi parecía que tuviera un pequeño motor. Tan pronto la movía lateralmente como verticalmente, e iba alternando con besos y pequeñas chupaditas en mi clítoris. Siempre he pensado que la clave de un buen cunnilingus es ir variando los movimientos con frecuencia, y Laura, como mujer que era, lo hacía a la perfección.

 

    Ya hacía un rato que yo me dedicaba a realizar una mamada clásica, con alguna que otra incursión en mi garganta. Gisela ya no gemía, aunque emitía ruidos de tanto en cuando, por lo que supuse que tendría la boca ocupada. Al cabo de un rato empezó a gemir mucho más intensamente. Supuse que se iba a correr por lo que tomé su polla con la mano y le masturbé a la espera de su corrida. Falsa alarma. Decidí seguir chupándosela un rato más.

 

    Al cabo de un par de minutos, y sin previo aviso, un torrente de semen inundó mi boca. No tenía un sabor tan diferente al de Carla. Y tampoco me dio tanto asco como hubiera esperado. Aún así, evité tragármelo. Me limité a retenerlo en mi boca (quería mostrarle mi trofeo a Carla, sabía que eso le gustaría). La excitación del momento hizo que yo también me corriera a los pocos segundos de Gisela.

 

    Como mi papel en la rueda oral ya había concluido me levanté a observar el final. Deduje que Carla ya se habría corrido ya que, aunque su polla seguía en la boca de Gisela, no hacía ningún movimiento de mete-saca ni nada que se le pareciera. Mi esclava se dedicaba a proporcionar placer a Laura. Y me consta que es habilidosa en ello, ya que, aunque la obligo a practicar la felación con mi arnés, nunca he permitido que descuide sus habilidades para el cunnilingus.

 

    Finalmente, Laura estalló en un sonoro orgasmo. Carla también se levantó, liberando así a Gisela, que se nos unió. Sólo Laura seguía tumbada, aún exhausta por el orgasmo. En ese momento se me ocurrió lo que podía hacer con el semen de Gisela, que aún tenía en la boca. Primero de todo, se lo enseñé a las dos chicas travestidas. No sé a cuál de las dos le excitó más la visión, si a Carla por ver la boca de su mujercita llena del semen de otra persona, o a Gisela que era la que me la había llenado.

 

    Una vez mostrado el trofeo, me arrodillé ante Laura, y le cogí la cara animándola a abrir la boca. Cuando lo hizo coloqué la mía justo encima y dejé que el semen de su amada esclava fuera resbalando por mi lengua y mis labios hasta caer en su boca. Obviamente incluía una buena dosis de mi propia saliva, aunque ella estaba demasiado agotada para quejarse. Cuando hubo acumulado una buena cantidad, cerró la boca unos instantes para tragar. En cuanto la volvió a abrir, ya vacía, la besé, compartiendo así lo poco que me quedaba. Cuando me volví a levantar pude ver que Carla y Gisela la volvían a tener morcillona.

 

    Antes de que os deje con Carla y el resto de la historia, me gustaría aprovechar para contaros una cosa. Aunque Carla a veces crea lo contrario, no hago esto sólo por hacerla feliz. A mí también me excita mucho. Yo siempre he tenido fantasías bisexuales por lo que comprendo perfectamente que ella también las tenga. Respecto al tema de los vestidos y los tacones, creo que es algo cultural, no hay nada en los genes que obligue a las mujeres a llevar tacones o que se lo impida a los hombres. Sólo la costumbre social. Pero mientras una mujer puede vestirse como un hombre sin que pase nada (salvo que la vean menos atractiva), cuando un hombre se pone una prenda femenina en público en seguida se le tacha de homosexual. Y, aunque no hay nada de malo en que lo sea, no tiene por que ser el caso. Personalmente, ver a mi marido con tacones me pone a mil. Está muy sexy...

 

    En fin, os dejo con el resto de la historia.

 

    Punto de vista de Carla:

 

    Volvemos al principio de la sesión oral circular, con mi punto de vista de la experiencia.

 

    Yo estaba posicionada sobre Laura y Gisela. Tenía el chochito húmedo de Laura delante de mi cara y podía ver como salía el rabo de diablesa de su culito prieto. Mis genitales quedaban sobre la boca de Gisela. Decidí facilitarle el trabajo a Gisela por lo que acerqué mi clítoris a sus labios. Ella abrió enseguida la boca, receptiva.

 

    Mientras la lengua de Gisela recorría mi glande, yo dirigí la mía hacia los genitales de Laura. Empecé lamiendo sus labios vaginales, abriéndome paso poco a poco a medida que iba profundizando con la lengua. Luego me concentré en besar apasionadamente su clítoris durante un rato y, después de eso, volví a dedicarme a los lametones. Le lamía desde la zona anal (en donde el rabo penetraba sus entrañas) hasta el clítoris y, de tanto en tanto, me concentraba en la entrada de su vagina, como intentando penetrarla con mi lengua.

 

    Entretanto, Gisela ya hacía un rato que me estaba haciendo una mamada al estilo clásico. Como soy consciente de lo que cansa mover el cuello arriba y abajo en la posición en que se encontraba decidí facilitarle aún más la tarea, así que empecé a mover mis caderas para ser yo la que penetrara su boca. En seguida relajó la cabeza y se dejó hacer.

 

    Mientras seguía chupando y lamiendo los genitales de Laura, iba follándome la boca de Gisela. Sin darme cuenta cada vez se la metía más al fondo hasta que me fijé en que estaba llegando a la entrada de su garganta. No pareció molestarle demasiado pues al poco rato gimió de placer. De todas formas, decidí no tratar de forzarle la polla en la garganta.

 

    Decidí aprovechar la presencia del rabo de diablesa en el culo de Mónica, así que lo tomé con una mano y empecé a moverlo mientras recorría su clítoris con mi lengua. Mientras lo hacía pude escuchar un gemido de mi mujer. Me alegró ver que ella también se lo estaba pasando muy bien. Yo ya había llegado a un punto en el que prácticamente estaba follando el culo de nuestra invitada con el rabo de diablesa mientras intentaba hacer lo mismo con mi lengua en su vagina. Debió gustarle porque también gimió de placer.

 

    Hacía un rato que follaba a Gisela con cierta inercia, pues estaba demasiado concentrada en el cunnilingus que estaba haciéndole a su ama. Sin embargo, el gemido de placer que emitió Gisela (que demostraba que mi mujer se la estaba chupando con más ganas de lo que hubiera esperado) me hizo recordar que tenía una boquita que follarme. Así que, mientras seguía atendiendo el clítoris y vagina de Laura, empecé a follarme con más ganas la boca de Gisela.

 

    Aunque no había sido mi intención inicial, en una de las embestidas, se la metí en la garganta. Pude oír su arcada (algo que nunca nos sucede ni a mi mujer ni a mí, ya que ambas tenemos un buen control del reflejo del vómito), pero sobrevivió. Esa vez fue por accidente, ya que me pasé demasiado empujando, pero al ver que no se quejaba decidí volverlo a hacer con una penetración mucho más lenta, para que se fuera acostumbrando.

 

    Estuve un rato así, follándome su boca y su garganta lentamente, con penetraciones que llegaban cada una de ellas hasta que mis testículos reposaban sobre su mejilla (pues nuestros cuerpos formaban un ángulo de 90 grados). Y aunque Gisela iba teniendo alguna que otra arcada puntual, en ningún momento me hizo señal de que parase.

 

    Finalmente, supe que estaba a punto de correrme. Decidí que me iba a correr en su garganta. Imaginé que Gisela apreciaría probar una experiencia nueva y, si no, tampoco me importaba demasiado, me apetecía correrme allí. Volví a introducir mi clítoris hasta el fondo de la garganta de Gisela y esperé.

 

    Mi orgasmo no se demoró mucho más. Noté como brotaba desde mis entrañas, inundando la garganta de mi nueva amiga. Gisela gemía como quejándose de la situación pero me daba igual. Retomé los movimientos lentamente, sacando no más de dos centímetros en cada embestida y estuve así, con embestidas lentas y cortas, hasta que noté que salía la última gota de semen. Cuando me quedé satisfecha liberé la garganta de mi polla, aunque la mantuve en su boca a la espera del orgasmo de Laura.

 

    Pasados unos minutos oí gemir a Mónica, con el tipo de gemidos que emite cuando tiene un orgasmo. Me excitaba saber que ese orgasmo se lo había producido la hábil lengua de Laura (a la que yo también estaba practicando un cunnilingus). Justo después se levantó a observar el final de la escena. No sabía si Gisela había tenido la oportunidad de correrse en la boca de mi ama o si lo había hecho fuera. De hecho, ni siquiera podía estar segura de que hubiera llegado a correrse. Y, la verdad, esa opción ya me iba bien. Si Mónica se había levantado antes de tiempo eso implicaba que al terminar yo tendría una polla que atender.

 

    Laura no tardó mucho más. Su orgasmo llegó acompañado de gritos y fluidos vaginales, que me apresuré a lamer. Todo fue bastante intenso, pues enseguida se calmó y me animó a apartarme, ya que estaba demasiado sensible. Me levanté y Gisela hizo lo mismo en cuanto le saqué la polla de la boca. Laura siguió tumbada.

 

    Mónica se acercó a nosotras y abrió la boca, mostrándonos una generosa corrida en su interior. La visión me puso como una moto. Pero lo mejor estaba por llegar. Mi mujer se acercó a Laura y le obligó a abrir la boca. Luego, dejó caer la copiosa corrida en la boca de Laura, llenándosela. Laura se lo tragó todo sin rechistar. Y concluyeron con un beso con lengua digno de película. De película porno. Mi clítoris estaba resucitando.

 

    —Bueno, Carla, creo que Laura ya no está en condiciones de follarte el culo —dijo mi ama—. Por ésta vez te vas a librar.

    —Sí, sí, mejor otro día —añadió Laura, que poco a poco se estaba recuperando.

    —Pero... ya que parece que volvéis a estar cachondas. ¿Qué tal si os masturbáis la una a la otra?

    —¿Cómo quiere que lo hagamos, Ama?

    —Poneos enfrente, de pie, y aseguraos de que vuestras pollas se apuntan entre ellas. Que la que se corra llene de semen la polla de la otra. Luego, la que se haya corrido, deberá chuparle la polla a la otra, limpiando así su propio semen y recibiendo luego el de la otra. No sé si lo he explicado del todo bien, pero supongo que cogéis la idea, ¿no?

    —A ver —resumió Gisela—, se trata de que intentemos masturbar a la otra para hacer que se corra lo más rápido posible, ¿es así?

    —Eso es.

    —Y la que sea precoz pierde y deberá chuparle la polla a la ganadora, que es la que ha aguantado sin correrse.

    —Correcto.

    —Así que la perdedora se tragará dos corridas, la suya propia desde la polla de la ganadora y la que resulte de la felación.

    —Sí, lo has explicado mucho mejor que yo.

    —Pues vamos a ello —dijo Gisela mirándome con una cara entre lasciva y desafiante.

 

    Nos pusimos en posición y empezamos a masturbarnos. La verdad es que perder a ese juego no me suponía ningún problema, pero decidí que dejarme ganar sería aburrido así que le puse todas las ganas que pude. Sin embargo, Gisela tenía una importante ventaja contra mí. Nuestras amas estaban detrás de ella. Gisela no podía verlas. Yo sí.

 

    Mientras intentaba no pensar en nada y masturbar a Gisela lo más rápido posible, Laura se empezó a quitar lentamente el rabo de diablesa. Cuando se lo terminó de quitar, yo ya la tenía como una roca. Lo acercó a su boca y lo lamió por todas partes y luego se decidió a quitarle el preservativo. Podría haber quitado el preservativo antes y se habría ahorrado probar el rabo recién salido de su culo, pero, por alguna razón decidió hacerlo así, y eso me excitó mucho.

 

    No contenta con ello, una vez quitado el condón, empezó a hacer una felación al rabo, bañándolo en saliva. Eso fue la gota que colmó el vaso. Mi orgasmo bañó de semen la polla de Gisela. No mucha cantidad, ya que no era mi primer orgasmo del día. En cuanto empecé a correrme dejé de masturbar a Gisela. No quería arriesgarme a que ella se corriera también antes de que pudiera chupársela.

 

    —Has perdido, Carla.

    —Lo sé, Ama Laura.

    —Antes de que se la chupes a mi esclava te voy a devolver esto.

 

    Se acercó a mí y en un único movimiento clavó el rabo de diablesa en mi culo. La verdad es que me hizo un poco de daño. Fue demasiado repentino. Pero no era nada que no pudiera soportar.

 

    Tanto Gisela como yo teníamos el culo ocupado. Ella con el butt plug, yo con el rabo. Ambas calzábamos tacones. Ambas llevábamos sujetador. Eramos dos chicas sexis con polla. Y yo iba a chuparle la suya.

 

    Me arrodillé, limpié todo mi semen con la lengua y empecé a chupar...

 

    Fin.

 

 



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