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Fecha: 26-Ene-13 « Anterior | Siguiente » en Gays

Delirios de Soledad

Mebarak
Accesos: 5.668
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 31 min. ]
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Esta es la forma en que empezó la que yo considero hasta la actualidad, la principal historia de mi vida. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Capítulo I. Introducción.

Hola ¿Cómo están? Espero que muy bien. Es primera vez que escribo y me decido por publicar, no soy bueno pero haré mi mayor esfuerzo ya que lo haré por una simple razón que entenderán luego. Lo que narraré es 100% real o al menos yo lo considero así como mi entendimiento de cómo las cosas sucedieron, no sé si la otra persona implicada en esto las habrá visto de diferente manera a como las que expresaré pero igual, cada cabeza es un mundo y las formas de percibir los hechos son muy variadas; lo único que he cambiado son los nombres de personas que fueron partícipes de todo lo sucedido. De antemano gracias por tomarse la molestia de haber entrado a revisar este que será mi relato espero que sea de su agrado.

***

Todo empezó en el mes de marzo del 2011, mi nombre es Ángel, físicamente soy de piel un poco morena, cabello oscuro un poco corto como las pupilas de mis ojos, peso 76 kg (estoy pasado de kilos y siempre lo he estado jejeje), mi estatura es de 1.72 m. Vivo en un pequeño poblado del municipio Jayaque, en El Salvador al cual yo le llamo el Macondo Salvadoreño por ser la imagen casi exacta de lo que García Márquez describe en su libro Cien Años de Soledad. En ese entonces tenía 16 años, estudiaba mi segundo año de bachillerato Técnico en Comercio y Administración de Empresas en un popular instituto católico marista, en el cual viví muy bonitas experiencias y conocí gente fenomenal.  Soy un chico gay desde que tengo entendimiento, recuerdo que siempre me atrajeron más los chicos que las chicas y nunca llegué a dudar o a avergonzarme por ser lo que soy, nunca me traté de reprimir mis gustos a pesar de que sí los he escondido toda mi vida como muchos por el miedo a como vayan a reaccionar nuestras familias, nuestros amigos y todo el universo que vive a nuestro alrededor; aunque sí estoy seguro que un día tendré que decirlo y afrontar las consecuencias que vengan al respecto ya sean buenas o malas. Había tenido una niñez como cualquier otro niño, crecí escuchando la idea de que esa etapa y la adolescencia son en las cuales las personas descubren todo lo que tengan que descubrir  sobre el mundo que les rodea y creía ya haberlo conocido completamente pero… que equivocado estaba.

“Hubo una vez una pequeña criatura la cual no sabía lo que era, estaba sola escondida en una recóndita cueva, desesperada buscaba la manera de darse cuenta lo que era y que razón de ser tenía en su mundo; un día se aburrió de estar pensando y pensando sentada en su eterna morada y dijo: ‘Todo está muy bien, ahora quiero conocer al mundo real’ y salió para conocer más allá de lo que le había sido posible hasta el momento. Empezó a ver como este era, las enormes montañas cubiertas por grandes extensiones de árboles, la inmensidad del cielo, los desiertos áridos y llenos de calma, los portentosos mares que parecía a la distancia unirse al cielo al compartir color. Estaba maravillada con todo y con muchas ansias de seguir conociendo más, recordó que en una ocasión había escuchado decir que en el mundo habitaban seres extraordinarios, le dio mucha más curiosidad y siguió su camino.

 Al poco tiempo encontró a estos seres, descubrió que eran muy parecidos a él y empezó a ver con mayor detenimiento cómo eran, cómo estos vivían, cómo era su realidad; supo prontamente que se hacían llamar seres humanos y que eran los más inteligentes del planeta. Miraba con atención cada cosa que los humanos hacían y fue así como vio la injusticia, la hipocresía, la mentira, la avaricia, la tragedia, la violencia, el odio, el miedo, el rencor, la ira… en fin, la maldad humana en su máxima expresión.  Estaba impactada por todo lo que había visto, su cara mostraba su espanto terrible y a la vez unas reprimidas lágrimas; se disponía a marcharse pero llegó un momento en que vio algo que le llamó poderosamente la atención, porque no era malo como lo que había visto antes, era todo lo contrario, era hermoso y tenía mucho poder, tanto como para vencer él solo a toda la maldad y el veneno que en el mundo existía, pero que los humanos lo ignoraban en muchas ocasiones por tener ‘asuntos más importantes’ que hacer y no lo ponían en práctica, eso que vió era… el amor”.

Yo era un chico como cualquiera, que tiene sueños y aspiraciones, amigos, una hermosa, unida y feliz familia a pesar de las dificultades económicas; siempre había sido de los mejores estudiantes de mi salón, presentaba todas mis obligaciones a tiempo, era responsable, ejercía liderazgo en los trabajos grupales, ayudaba en la organización de actos religiosos, obtenía de las mejores notas en tareas y exámenes y era calificado como el sabelotodo, por todo esto era considerado como un nerd pero no como el típico que es bueno en todo menos en relacionarse con los de su entorno, no, yo me llevaba bien con casi todo mundo y sumado a eso yo era un bromista de primera y hacia chistes de cualquier cosa enfrente se me ponía, siempre y cuando la situación era la adecuada y provocaba a veces algunos desordenes en clases, era un parlanchín y ruidoso por lo que a veces creo que le caía mal a algunos; pero lo que a mis compañeros les encantaba de mí era que imitaba las voces de los maestros y las de algunos artistas. En pocas palabras era un nerd con algunos toques de bufón. Fue en ese tiempo que descubrí que no lo había descubierto todo y que ese todo que me faltaba aún por descubrir ya lo estaba empezando a hacer, era algo que aún me faltaba por conocer en persona este mundo, porque ya lo había hecho en palabras y de la manera fraternal.

Siempre mis amigos y amigas me consideraban una persona muy feliz y sin preocupaciones por andar siempre una sonrisa de oreja a oreja, que me importaba un pepino las cosas negativas que podían influenciarme y que estaba lejos de las garras de todo lo que me podía impedir ser feliz. No obstante ellos estaban muy equivocados, mi sonrisa a pesar de ser real la trataba de tener siempre para evitar desembocar el terrible llanto por mi cruel realidad. Sí… aunque parecía el tipo más feliz del mundo, eso era solamente la fachada de un corazón que estaba lanzado en un pozo de fango.

Yo estaba sufriendo en ese entonces a causa de amar a alguien que me era imposible, alguien que me era inalcanzable y que ni en mis más bellos sueños me correspondía. Él era mi mejor amigo, se llama Rodrigo, es un año mayor que yo, bueno, 355 días; lo conocí en la escuela primaria cuando estaba en el cuarto año a principios del 2004, desde el primer día de clases nos hablamos y llevamos muy bien a pesar de que meses después nos cambiaron a secciones y salones diferentes. Todavía recuerdo ese día cuando llegó ese niño de piel morena, cabello un tanto dorado, delgado y con una penetrante mirada adornada por unas pupilas de un color café hermoso y las palabras de la anciana profesora Miriam Solórzano “Rodrigo, busca un lugar donde te puedas sentar ahí hay espacios junto a Carlos, junto a Roberto, junto a Sara, junto a Ángel, junto a Claudia, junto a Dinora” y le señalaba dichos puestos.

En ese instante la profesora fue llamada a la puerta del salón por alguien, que a la fecha no tengo idea de quien fue y ni me interesa. Ella se estuvo hablando unos minutos con esa persona mientras Rodrigo buscaba un lugar donde sentarse. Coincidentemente o por conspiraciones del universo se dirigió al pupitre que estaba junto al mío, puso su mochila sobre la mesa, luego se sentó, se acomodó, me dirigió una amistosa sonrisa y se presentó a mi diciendo “Hola, mucho gusto me llamo Rodrigo Antonio, puedes llamarme Rodrigo”, yo le respondí su saludo y presentación "El gusto es mío, yo soy Ángel Adrián y puedes llamarme por mi segundo nombre, Adrián, me gusta más".

Ambos sonreímos tímidamente, fue ahí que la profesora Lilian entró nuevamente al salón y con su suave y melódica voz comenzó la clase de Lenguaje y Literatura. El tiempo pasaba lento en aquel salón en medio de las clases que yo, como nerd que era, disfrutaba; mi nuevo compañero había tomado inmediatamente mucha confianza conmigo y me preguntaba muchas cosas así como donde vivía, que me gustaba hacer, si me gustaba el fútbol, como se llamaba la niña de cabellos rizados, etc. La verdad, me agradó bastante y llegamos a ser buenos amigos aun así cuando nos cambiaron de salón ese mismo año, el único año antes del 2010, ya entenderán el por qué,  en que estuvimos estudiando en el mismo nivel y en salones diferentes.

El tiempo pasaba sin detenerse y sin reparos, las cosas cambiaban con o sin razón alguna, para bien o para mal se debían afrontar los retos que la vida nos ponía de frente y poner nuestro máximo esfuerzo para botar esas barreras infames. Los cambios más considerables se vieron cuando llegamos a la adolescencia, yo me volví un chico muy tímido a la hora de relacionarme con las personas cuando no las conozco, caso contrario a como era antes, que no mostraba ninguna pizca de timidez en ninguna situación; mientras que Rodrigo se volvió el chico más guapo y popular de nuestra sección, había desarrollado un cuerpo un poco marcado por el ejercicio y sus eternas prácticas de fútbol, todas las chicas babeaban por él y ni lerdo ni perezoso no dudaba un instante en aprovechar la oportunidad de irse a besuquear con cualquier facilona en el camino se le ponía, se había vuelto el mujeriego seductor por excelencia. Lo único que no había cambiado en nuestras vidas era que yo seguía siendo el nerd del salón y él uno de los estudiantes que más lata daba por su indisciplina y por obtener calificaciones medias.

Fue en el 2007 cuando al verlo preocupado de sobremanera por una baja exagerada en su rendimiento académico, que decidí como amigo que era ser su mentor para ayudarle a entender de mejor forma las lecciones en las clases y también en las tareas, conste, no se las hacía pero sí le explicaba y daba indicaciones de cómo hacerlas. Me imagino que algunos estarán pensando en este instante ‘Por un simple amigo no se hacen cosas así, algún interés más debía haber por ahí’ e igual me estarán preguntando en su mente ‘¿Ángel ya te gustaba Rodrigo?’… si alguien estaba pensando en lo primero se equivocó, porque yo decidí ayudarle desinteresadamente como lo hubiera hecho por cualquiera de mis amigos y con respecto a lo segundo, si es cuestión de confesar, Rodrigo me parecía un chico muy guapo, atractivo y con un toque de niño malo que lo hacía parecer sexy tan corta edad, no obstante no me gustaba, le tenía el aprecio que le tenía a todos mis amigos y nada más.

Cuando empezaba a ser mentor de Rodrigo, otros dos compañeros se nos unieron para que les ayudara con las clases, ellos eran Fabio y Jorge, que a pesar de no ser de mis amigos más cercanos acudieron a mí y no me molesté ni nada, en cambio me sentía bien porque mi círculo de amigos, que se había visto limitado a causa de mi timidez, ahora podía recuperarse. Tal como lo pensé, así fue, meses después nos habíamos vuelto muy buenos amigos y no nos separábamos casi nunca. Desde ese año hasta el 2009, las cosas fueron así, habíamos conformado un grupo de amigos muy particular, los tres chicos eran unos bromistas y alocados y yo era el quietecito que solo los miraba y se reía sin cesar, creo que de ellos es que aprendí a ser como soy ahora; no me di cuenta de que de un momento a otro que nuestro grupo de cuatro amigos se había extendido a más de ocho. ¿Por qué todo esto duró hasta el 2009? Por la simple y sencilla razón de que nuestro periodo de estudios en la primaria se acababa ese año y luego teníamos que migrar a otra institución educativa para poder continuar con el bachillerato.

La mayoría de mis amigos decidieron irse a un instituto que quedaba muy cerca de nuestro pueblo en otro vecino, el Instituto Nacional San José, en cambio yo decidí irme a uno más lejano y que contaba con prestigio en la zona por contar con muy buenas instalaciones y con un muy buen ambiente académico, yo lo elegí porque consideré que ahí podría lograr de mayor manera desarrollar mis capacidades, aprender mucho más y lograr empezar a forjar un mejor futuro para mí, el Instituto José Antonio Ochotorena.

Me sentía muy triste de que me tenía que separar de mis amigos, era mi decisión y sabía que al principio sería difícil pero luego vendrían los frutos, luego supe muy bien que ellos a pesar del distanciamiento serian siempre mis amigotes y eso me resignaba; aunque había algo que me preocupaba, iría a un nuevo lugar donde nueva gente y con un ambiente completamente diferente al de la escuela completamente solo, ¡Ni tan siquiera un simple conocido! No obstante me llevé pronto una grata sorpresa, dos de mis amigos irían también al mismo instituto, uno era Eduardo y el otro era… ¿Adivinen quién?... sí, efectivamente… Rodrigo. Aunque ellos dos estarían en salones diferentes al mío ya que yo estudiaría Bachillerato Técnico en Comercio y Administración de Empresas y ellos Bachillerato Técnico en Mecánica Automotriz; al menos ya no me sentiría tan solo, tendría personas a las que podría acudir en caso de sentirme perdido en un mundo nuevo y podría también recurrir a ellos por cualquier necesidad o problema que tuviese, porque cabe confesar que de todo el grupo de amigos que éramos en la escuela yo era el más débil, el único que no sabía pelear, que no se metía en problemas con nadie aunque de vez en cuando estos eran los me encontraban a mí, era el niño bueno en medio de una banda de niños malos.

Ahora, se estarán preguntando en qué momento fue me enamoré de Rodrigo… ¿o no? Bueno, sea como sea es lo que les contaré en este instante. Empezamos el 2010 y con este las clases en el Instituto José Antonio Ochotorena, ese año representaba muchos retos para mí ya que iniciaría un nuevo proceso en mi aprendizaje y con esto muchos cambios. A pesar de estar en salones diferentes, Rodrigo y yo no nos separamos, tratábamos de vernos lo más posible para contarnos lo que nos ocurría en nuestros salones, como nos iba con nuestros nuevos compañeros y él me contaba de agregado sobre sus posibles nuevas víctimas jajaja perdón, posibles chicas, a diferencia de Eduardo que sí se distanció un poco de nosotros. Para mí mi relación con Rodrigo era normal, como un par de viejos y buenos amigos que solo se tenían el uno al otro en un nuevo ambiente, pero el universo comenzó a conspirar atrevido y sagaz sin mirar los daños que luego se pueden causar aquella tarde en que el Hermano Marista Director del instituto llegó a mi salón, en el cual por una extraña razón mis nuevos compañeros me eligieron como su presidente y máxima autoridad aunque luego se arrepintieran porque me comporté casi como Saddam, Chávez y Castro, y con su acento de español nos habló sobre que debíamos ese año hacer trabajo social, ya que el Ministerio de Educación lo exigía por razones que ya no recuerdo. Al día siguiente Rodrigo, preocupado me preguntó dónde iría yo a hacer mi trabajo social y le respondí que en la Escuela La Independencia, de la cual habíamos egresado el año anterior, él solo asintió, luego ya no me dijo nada y seguimos hablando de otras cosas.

“Luego de ver al amor, la criatura se quedó muy intrigada y con deseos de conocerlo a mayor profundidad pero sería otro día ya que quería ver si faltaba algo más que conocer, siguió caminado libremente descubriendo cosas nuevas; en su largo caminar, en una ocasión miró un buen lugar en medio del bosque entre los árboles donde podría quedarse y descansar, al llegar notó que una dulce fragancia embargaba al lugar, quiso saber de dónde provenía  y la siguió hacia una dirección más interna en el bosque, encontrándose con un claro rodeado solamente por unos arbustos muy frondosos. Dedujo que detrás de estos estaría él o la generadora de ese exquisito olor, se posó cuidadosamente detrás de estos y de igual manera abrió espacios moviendo las ramas sigilosamente; su mirada se encontró de inmediato en el centro de aquel claro a una hermosa rosa del color rojo carmesí, rojo como un atardecer en la playa cuando los últimos rayos de sol son irradiados y este se esconde en el horizonte, rojo como la representación del amor y la pasión, rojo como la sangre pura que cae al hacerse una herida… la criatura al ver esa rosa se acercó a los arbustos más cercanos para apreciarla en todo su esplendor porque se sintió fuertemente atraída por ella y comenzó a sentir algo muy parecido a lo que los humanos llamaban amor. Pasaron muchos días y muchas noches en que su vista no se despegaba de aquella majestuosa rosa y a cada minuto sentía que aquella sensación aumentaba latentemente”.

Días después de esa tarde en que nos informaron sobre el trabajo social lo inicié, luego de las clases que terminaban a las 2:30 de la tarde, me iba a mi casa y luego directo a la escuela; amaba a mi escuela, me alegraba el no alejarme completamente de un lugar que había sido tan especial para mí y lleno de buenos recuerdos. La Directora, que era la encargada de asignarme trabajo y supervisora me enviaba adonde los maestros para que les ayudara en la revisión de las tareas de los niños, a vigilarlos en la ausencia de estos, ordenar libros y otros enseres, fotocopiar documentos, entre otras tareas. Todo estaba con normalidad, por así decirlo hasta una ocasión en que revisaba unas tareas de los niños de primer grado en un salón vacío y Rodrigo se apareció por ahí. Le llamé un tanto impresionado por su llegada porque nos habíamos regresado juntos del instituto y no me había dicho nada sobre que llegaría, nos saludamos, le pregunté qué hacía en la escuela, me respondió que ese mismo día iniciaría su trabajo social ahí mismo y que ya le habían asignado la labor de ordenar unos viejos registros académicos; me alegró mucho que tuviera en ese momento la oportunidad de compartir más tiempo con uno de mis mejores amigos, con el que más nos divertía en el grupo de amigos y hacía reír con sus anécdotas sobre chicas, sobre fútbol, sobre peleas y uno que otro chisme que le hacían.

Al día siguiente, después de la ardua jornada de clases, como siempre Rodrigo y yo nos juntamos para irnos a nuestras respectivas casas, en el camino veníamos como siempre hablando nuestros temas locos (creo que en ese tiempo ya empezaba a enloquecer jejeje), quedamos en que luego que él llegara a su casa y yo a la mía pasaría por mí para irnos a la escuela y así fue; hasta el momento podría decir que todo estaba relativamente bien, no estaba pasando nada “fuera de lo normal” entre nosotros. El tiempo pasó, lo anterior se repetía día a día, yo me sentía súper bien de que mi amistad con Rodrigo estaba creciendo, me sentía muy a gusto platicando con él, tenía algo que me inspiraba mucha más confianza que antes, reíamos por cada idiotez que decíamos y también cuando veíamos a los niños con sus jueguitos e inocentadas, sentía que estaba viviendo momentos que valían oro y que en un futuro se volverían pasado, pasado que se recuerda inevitablemente en las tardes de viernes frente al ocaso melancólico y con ganas de que el tiempo no hubiese pasado nunca.

Por todo el tiempo que tenia de conocer a Rodrigo, yo para ese entonces descaradamente tenía una idea sobre él: “Lo conozco a la perfección”. La mantuve por bastante tiempo pero fue gracias al que pasamos en el trabajo social que la abolí de manera total y me di cuenta de cuan equivocado estaba al respecto por dos razones: la primera es porque descubrí que a una persona nunca se le deja de conocer, siempre hay mínimas que no conocemos y están para ser descubiertas de un instante a otro, además siempre algo nuevo en ella por descubrir, este es un mundo dinámico en todos los sentidos y lo dice claramente la canción “cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo” y la segunda razón fue porque le conocí una faceta completamente desconocida creo que ante los ojos de todos nuestros amigos. Él ante todos nosotros era un tipo duro, orgulloso, extrovertido, que le importaba él únicamente y nada ni nadie más, que todo le daba igual y solo le importaba tener un rollo con todas las chicas lindas… pero yo le conocí esa faceta diferente, era un Rodrigo sensible, sencillo, que nunca estaba a la defensiva ante cualquier posible ataque a su ser, preocupado por su madre la cual había enviudado justo una semana después de que lo conocí, noble, amable y de muy buenos sentimientos… descubrí lo que nadie había visto nunca de él, eso que complementaba a su físico hermoso y lo hacía una gran persona y un gran partido para quien lograra enamorarlo, porque cabe recalcar que en nuestras largas platicas me confesó que nunca se había enamorado en verdad de ninguna de las de su largo historial de novias. Fue de esa manera que pude sentir que mi amistad hacia él estaba aumentando según yo, pero a un amigo por muy mejor amigo que sea no se le pasa viendo disimuladamente por largos minutos mientras hace lo que sea que esté haciendo, tampoco se le piensa a cada momento y recuerda cada palabra que se dice en cada plática, tampoco se sienten choquecitos eléctricos en nuestro interior cuando nos miran a los ojos y pronuncian nuestro nombre, no, fue así que caí en cuenta de algo que me sorprendió hasta a mí ¡¡Rodrigo me gustaba!!

Fue en ese momento que se me vino una pregunta ¿Por qué no me había fijado en él desde mucho antes? Habíamos pasado en años anteriores mucho más tiempo juntos y no me había fijado para nada en Rodrigo ¡¿Por qué hasta ahora?!... la respuesta llegó de inmediato cuando me hice la pregunta y es sencilla: el conocer a ese Rodrigo secretamente hermoso y diferente al que todos, incluyéndome, conocíamos fue suficiente para mí para enamorarme perdidamente de él; y esta respuesta me llevó a otra pregunta ¿Por qué no había conocido antes ese lado adorable? Aun no sé por qué pero encontrarle respuesta a esta pregunta me costó un poco más. Luego de analizar todo esto una noche lanzado en mi cama y escuchando algunas canciones de mi eternamente amada Shakira, entendí que no había mostrado esa faceta porque siempre estábamos con nuestros otros amigos, nunca solos y nos dedicábamos más a bromear y hablar cosas sin importancia que a conocernos mejor. Ahora que ya tenía claro mis sentimientos por Rodrigo venia la parte más difícil de la situación, él no era gay, era el tipo más seductor y mujeriego que había conocido en mi corta vida y le había escuchado uno que otro comentario homofóbico; esto implicaba que no podría decirle algún día con toda la facilidad del planeta, como en muchas ocasiones había visto ya que muchas chicas lo hacían: “Rodrigo me gustas” aunque en verdad no le hubiese dicho así, le hubiese dicho: “Rodrigo yo te amo”. Sabía que si alguna chica le decía eso lo derretía y lo encantaba pero no sería así si se lo decía un chico, en este caso yo.

Me sentía entre la espada y la pared cuando descubrí mis sentimientos hacia él, torpemente los traté de reprimir pero fue en vano ya que se había adentrado fuertemente en mi corazón. No quise alejarme de él porque nos habíamos vuelto los mejores amigos y no iba a encontrar razón alguna para explicarle el porqué de las cosas sin que nuestra relación se dañara, así que decidí mantener las cosas en relativa calma, no forzar nada ya que no sabría si lo que estaba forzando para que ocurriera me iba a generar un bien o un mal, dejaría que las cosas fluyeran y se dieran de la manera en que se debían dar. Me encantaba ir a hacer el trabajo social ya que implicaba que pasara tiempo con quien se había convertido en mi amor imposible y con quien disfrutaba pasar el tiempo ya que no era aburrido, nos reíamos, nos poníamos serios, bromistas y en ocasiones sentimentales por lo temas de conversación que tomábamos, yo sentía que me olvidaba de mis problemas y preocupaciones estando con él pero a la vez sabía que esa cura a esos me estaba produciendo algo que podría dañarme a futuro, cada vez Rodrigo me gustaba más.

Durante los consiguientes meses a cuando me había dado cuenta que amaba a Rodrigo, noté algo que me llamaba poderosamente la atención y me llenaba de esperanzas de que quizás pudiera tener una oportunidad con él. No le había conocido tan siquiera una novia más ni me había mencionado como antes sobre su interés por alguna chica, sería mi imaginación o la realidad… o sería el sereno como decía ese famoso personaje de comedias mexicanas, pero yo sentía con él una fuerte conexión, un lazo que nos quería unir y hacer que algo se diera entre nosotros, ese lazo estaba conformado según yo por nuestros gustos y pasiones que compartíamos, como por el fútbol, comidas preferidas, bebidas, lugares para salir, entre otras, también por nuestra confianza el uno por el otro, nuestra amistad y muchos factores más.

Muy feliz de amar a alguien estaba yo, de sentir por primera vez las famosas maripositas en el estómago, la aceleración de los latidos de mi corazón, sonrisas inconscientes e inocentes cuando lo veía y lo que más me alegraba era que quizás el sentía lo mismo, lo podía percibir cuando me miraba, cuando me hablaba, etc., etc. Aunque notaba más esa conexión entre nosotros dos en las varias ocasiones que me había hecho enojar por sus terquedades y unas sus actitudes que tomaba en ocasiones que teníamos que hacer algo en nuestro trabajo social que me hacían reventar del enojo, todavía recuerdo como su mirada se clavaba en mi cuando me miraba pasar de largo sin dirigirle palabra alguna, en esos momentos me generaba un poco de ternura el verlo así, su mirada penetrante y cautivadora ahora con ese toque de niño recién regañado por desobediente me mataba pero no daba a doblar mi brazo dando el primer paso y efectivamente ocurría lo que yo esperaba, él se terminaba acercando a mí y me decía algo como “¿Hey estás enojado conmigo?” a lo que obtenía mi afirmación y proseguía con un “Discúlpame, no era mi intención hacerte enojar”, yo desde el instante en que lo miraba llegar con esa carita para disculparse conmigo sin que me dijera nada ya en mis adentros lo había hecho. Me sorprendía la manera en que Rodrigo se había adentrado a mi ser y con una mirada triste y cabizbaja me hacía botar las barreras que se habían creado por alguna razón por alguno de nosotros, estaba enamoradísimo de él.

Nuestro trabajo social duró desde finales de febrero hasta agosto, todos estos meses habían sido mágicos para mí, había pasado todas las tardes al lado de una de las personas más maravillosas que había conocido en esta vida y a quien amaba y estaba siempre en mi mente y lo mejor de todo era que estaba casi seguro de que él sentía lo mismo que yo ¡Estaba seguro que me amaba de igual manera que yo a él! Y lo reafirmaba su negativa por buscarse a una novia o alguna chica solo para divertirse un rato, me atrevería a decir que ni las volvía a ver tan a menudo como lo hacía antes y estaba acostumbrado a ver yo, había perdido el toque de seductor y era alguien completamente diferente al que había visto en todos los años que llevaba de conocerlo; sentía que nuestro lazo de amistad se solidificaba a cada minuto, que en cualquier momento él se atrevería a dar el paso más importante en nuestra relación de amistad y hablarme sobre su sentimientos que, según yo, sentía hacia mí. En mi había nacido una ilusión enorme, del tamaño del mar, la fuerza de un volcán en erupción y la belleza del arco iris después de una poderosa tormenta.

“Finalmente un día, la criatura decidió acercarse completamente a la rosa para poder amarla, consideraba que eso era muy bueno, el amar a otro ser y por qué no, ser amada también y a la vez así contribuir para que la maldad y el veneno continuaran carcomiendo a este mundo. Salió de entre los arbustos, sin dejar de mirar en ningún instante a la rosa se acercó, la tomó con mucha delicadeza y ternura entre sus manos, se sentía muy feliz de esto, sentía el amor correr por sus venas, sensaciones hermosas que jamás había experimentado, su rostro enmarcaba una sonrisa enorme… todo era perfecto…  hasta que el dolor comenzó a hacerse presente en estas sin aparente explicación, se preguntó entonces: ‘¿Qué es esto que tiene la rosa que me hiere?’ y fue así que notó que en el tallo de tan bella rosa habían filosas espinas que  eran las que se estaban encargando de herirla. No se había fijado en el lugar donde se había parado para tomar a la rosa y ahora sus botas sucias y gastadas de tanto caminar se estaban hundiendo en una poza de fango renegrido y viscoso, luchaba con todas las fuerzas que tenía para poder salir pero parecía esforzarse en vano y que cada vez que trataba de liberarse se hundía más.

Ahí la criatura comprendió que la rosa era el amor que estaba en ese momento en su vida, llenándolo y haciéndolo sentir ese gran sentimiento y que las espinas eran como la injusticia, el odio, el miedo, todas las maldades humanas que había visto anteriormente sumándole también las famosas ‘reglas’ humanas de cómo se debe dar el amor, que en lugar de ayudar vienen a entorpecer y no dejan amar con libertad, porque el amor no es solo entre hombre y mujer, no, el amor se puede también dar entre mujer y mujer o entre hombre y hombre y eso no se puede regir aunque muchos lo nieguen y repudien… todo esto era lo que significaban las malditas espinas en la hermosa rosa, la cual ahora yacía entre las manos de aquella criatura inocente que se hundía en el lodo lastimada por estas y que a la vez se aferraba a un amor que no hacía nada más en su vida que hacerle daño”.

Estaba yo viviendo en un cuento de hadas, mi vida en el instituto estaba de maravilla, mis calificaciones de las mejores, me había hecho de muchos amigos, era considerado el mejor presidente de salón de todos los otros de los demás, en mi familia todo estaba muy bien y para rematar tenía la seguridad que en cualquier momento mi mejor amigo me diría que le gustaba y yo le diría lo mismo, hasta ya me empezaba a imaginar cómo sería nuestro primer beso y primero en mi vida, ya que NUNCA había besado, me imaginaba como seria nuestra relación como novios, las lindas palabras que nos diríamos, los interminables momentos juntos y las largas sesiones de besos, estas eran las que más ansiaba porque le había oído decir a varias de sus ex novias que era un experto en besos y que eran fenomenales. También me imaginaba de cómo sería mi primera vez con Rodrigo, ya me hacia la imagen mental de nosotros dos en una cama sin ropa, yo acariciando ese hermoso y pronunciado pecho moreno con esa par de hermosos pezones que ya había visto en muchas ocasiones cuando después de los juegos de futbol se quitaba la camiseta para presumir y él acariciando con ese par de manos grandes mi trasero ansioso de sentirlo, con nuestros cuerpos sudados, fundidos en uno solo, besándonos como locos, como si la vida se nos fuera en eso, como si el aire se acabara en cualquier instante y la única manera de sobrevivir sería juntar nuestros labios… pero fue en ese instante de mi vida que descubrí que no se debe cabalgar a un caballo sin siquiera estar montado sobre este.

Semanas después de terminado nuestro trabajo social, todo estaba muy bien aunque tanto Rodrigo como yo decíamos extrañar ir a la escuela para poder pasar tiempo juntos y divertirnos con nuestras extensas conversaciones. Para evitar que la hermosa amistad que habíamos cultivado en todos esos meses decidimos juntarnos durante la hora de almuerzo para pasarla juntos ya que no lo hacíamos porque cada quien pasaba con sus nuevos amigos y compañeros y así fue, íbamos por nuestros almuerzos, comíamos juntos como dos amigos comunes y corrientes pero en verdad yo sentía que esa situación cambiaría de un momento a otro para bien… pero esta sensación se acabó un día en que extrañamente no me fue a buscar para ir a la cafetería, pensé que estaría ocupado con alguna actividad o tarea que le habían asignado, “sí, eso era” pensé sin siquiera yo convencerme por una extraña sensación que tenía, era como un mal presentimiento fui por mi almuerzo; ahí me encontré a Eduardo y le pregunté si había visto a Rodrigo, él me contestó que lo había visto salir de su salón de clases apresurado, en ese instante se acercó otro de sus compañeros y Eduardo le preguntó lo mismo que le había preguntado yo unos minutos antes, el chico nos respondió que lo vio llegar ahí a la cafetería, compró su almuerzo y se fue apresurado en dirección a donde nos íbamos siempre él y yo a esa hora. Me pareció muy raro eso pero tenía la certeza de que habría una explicación lógica para lo que estaba ocurriendo y que la iba a saber por él mismo, decidí no darle mucha importancia e irlo a buscar, al fin y al cabo estaba donde siempre, en aquella pequeña terraza apartada de todo mundo y rodeada por verdes y vivaces jardines donde habían un par de mesas, compré mi comida y me fui para allá.

Al llegar, me llevé la grata sorpresa que estaba acompañado por una chica de un grado mayor que le nuestro, ya la había visto antes, era una de las mejores amigas de una prima de él que estudiaba ahí mismo. Me puse en alerta, algo raro estaba ocurriendo ahí, así que me acerqué para sentarme a una de las otras mesas que estaba ahí cerca de donde ellos, él me vió y me saludó con una sonrisa y un “hola”, ella solo se volvió a verme y no hizo ningún gesto. Llegué a una mesa, me senté y me dispuse a comer mientras me rebajaba a escuchar la plática ajena a mí que estaban teniendo Rodrigo y esa chica y pude notar miradas quisquillosas por parte de ella hacia él, sonrisas sospechosas, roces entre sus manos disimuladamente a cada instante, coqueteo entre los dos… estaba de piedra yo, hasta el hambre creo que se me fue en ese instante, no hallaba qué pensar, qué hacer, irme o quedarme. Finalmente decidí irme pero hubo una fuerza que me mantuvo pegado a ese asiento para ver en que terminaba esa escena nada amena para mí. Como ustedes se estarán imaginando terminó muy bien para ellos y muy mal para mí, ya que Rodrigo le propuso ser novios, ella sin pensarlo dos veces aceptó y le clavó un tremendo beso sin importar los que ahí estábamos almorzando, que no era yo el único, habían más personas. Él correspondía con mucho afán a aquel beso que le clavaba Regina, como supe después que se llamaba, sus hermosos y carnosos labios se movían con avidez y mucha fuerza… se besaban tal y como yo lo había soñado en muchas ocasiones que pasara entre él y yo, no podía dejar de ver esa escena tan dura para mí, sentía como el mundo en que había creído tanto tiempo se destrozaba parte por parte de una manera lenta y dolorosa.

Estaba destrozado y con un enorme nudo en la garganta que se desataría en cualquier instante en un torrencial río de lágrimas, ellos al terminar aquel beso se levantaron de su mesa y se disponían a irse del lugar, en eso Rodrigo se volvió a verme y me dedicó una enorme sonrisa de satisfacción y un casi inaudible “Hablamos luego” a lo que yo solo asentí con un movimiento de cabeza y le sonreí con mucha dificultad y con las pocas fuerzas que me quedaban después de ser azotado con semejante hecho. Ellos se fueron caminando de la mano y sonriendo muy felices y contentos mientras el pobre Ángel estaba sentado en una mesa sin nada de hambre, un desorden en su mente y el corazón adolorido y sangrando a causa de un “desamor”. Así fue como descubrí que estaba completamente equivocado, Rodrigo no me miraba como algo más que su mejor amigo como yo mismo me lo había hecho creer, había confundido nuestra buena relación de amistad con amor y ahora pagaba las consecuencias ya que él no era gay como yo y lo estaba comprobando al ver que volvía a las andadas.

Este hecho tan simple ante los ojos de cualquiera generó que mi calvario iniciara, estaba enamorado de un chico que no podría corresponderme nunca porque era heterosexual, un mujeriego seductor y mi mejor amigo. Todas mis esperanzas que había creado se habían ido directo al bote de la basura, el camión se lo había llevado y triturado sin opciones de ser regeneradas, se habían acabado para siempre y dejando una herida enorme en mi ser que no paraba de sangrar y tampoco parecía tener una forma de curarse. Rodrigo y yo seguíamos siendo los mejores amigos, me contó y explicó todo lo que a su relación con Regina implicaba, lo miraba muy feliz por ello, yo a como pude me mantuve firme sin hacer que se notara mi desagrado y tristeza. Me dolía ver que cada día él pasaba mucho tiempo con ella y ya no conmigo, me sentía fatal. Nos íbamos juntos de regreso a casa y todo estaba muy bien, frente a él en ningún momento me mostraba triste por amar sin ser amado pero cuando llegaba a casa el dolor se posaba tras de mí y me ataba a sus pesadas cadenas sin dejarme opciones para poder liberarme.

Semanas después Regina y Rodrigo terminaron su relación, extraña, irónica y estúpidamente mis esperanzas volvieron a bordo de una manera rápida y sin tanta complicación, así como llegaron así se fueron cuando inició una nueva relación con otra con la cual duro una semana, luego vino otra y otra y otra… y mientas esto pasaba mi corazón se dañaba otra y otra y otra vez. El dolor era incesante y no encontraba forma alguna de por lo menos calmarlo por un instante, estaba ahí siempre con su imagen y con sus hechos que inconscientemente me hacían mucho daño. Quería olvidarlo por completo, volverlo a ver de la misma manera que lo veía antes, como solo mi mejor amigo, en el cual podía confiar y pasar ratos muy amenos; pero por más que trataba de olvidarlo no podía, siempre estaba en mi mente para hacerme mucho daño, era mi amor platónico gracias a todos los impedimentos que existen acá abajo para que se pueda amar, por esas ideas que la sociedad se había inventado y a la cual las personas se apegan ya sea por costumbre o por simples malas interpretaciones de textos religiosos los cuales no tengo tiempo ni ganas de explicar. Trataba con las fuerzas del planeta olvidarlo, superarlo y dejarlo de amar pero me era muy difícil porque día a día estaba ahí a mi lado alegrándome y a la vez internándose más en mi ser; estaba desesperado sin encontrar una solución a mi problema de amor y cada día que pasaba sentía que el dolor aumentaba.

Terminó el año 2010 y el 2011 arribó con nuevas expectativas en muchos ámbitos aunque a mí me interesaba más reponerme de amar a mi mejor amigo. Empezamos nuestro segundo año en el instituto y con este algo que me sorprendió mucho, Rodrigo se volvió un poco distante conmigo, aun no entiendo el por qué y me dolió mucho que con mi mejor amigo  me viese muy poco tiempo y ya no me buscara de la manera en que lo hacía antes; verdaderamente me dolió esto pero a la vez trataba de sacarle provecho a la situación y así olvidarme de él, arrancarlo de mi corazón ya de una vez. Las agujas del reloj se movían sin parar y a veces con mucha lentitud y a veces como un rayo en medio de una tormenta   y el dolor no se iba de mi corazón, no sé qué demonios había hecho Rodrigo en mí que estaba todo el día en mi mente y en mi corazón siempre presente, por mucho esfuerzo que hacía de ahí no salía. A cada minuto aumentaba mi desesperación por calmar todo el dolor y la angustia que en mi habitaba, fue así que encontré una solución a esto, me volví el chistoso y bromista de mi salón. Descubrí que me gustaba hacer reír a mis compañeros para que se des estresaran un rato luego de tanta tarea y de las pesadas clases y que esas sonrisas que les producía me contagiaban de un poco de alegría que tanto necesitaba en esos momento de angustia, podía escaparme un rato de esa tristeza que estaba siempre presente en mí; de esa forma gané mucha popularidad como el mejor comediante e imitador del salón y algunos me catalogaban como el mejor del instituto entero, pero no lo creo. El hacer reír a los demás se había vuelto un sedante para el dolor que me producía esa herida que me había hecho al enamorarme de un chico heterosexual, olvidaba la pena de estar enamorado de los pies hasta la coronilla de él… pero este sedante lo encontraba solo en el instituto ya que al regresar a casa y no encontrar algo con qué reírme me sumergía en el dolor de nuevo.

Fue de esa manera que me di la misión de encontrar un sedante al dolor que encontraba al llegar a casa, ya que al llegar a esta inmediatamente Rodrigo venía a mi mente y la recorría completamente sin salir. Se me ocurrieron miles de formas para no pensar en él y calmar al dolor pero no funcionaban; todo cambio una tarde de viernes en marzo de 2011, mientras probaba una de mis posibles “curas”, estaba navegando en internet desde mi celular, veía fotos eróticas de chicos en una página de contenido gay jejeje y ahí vi por primera vez un término que nunca había visto en mi vida, este era Relatos Eróticos de Gay. Entré a esta sección, y me encontré con textos narrativos sobre experiencias sexuales de hombres con otros, obviamente; leí algunos y me gustaron, me dio mucha curiosidad por ver más, fue así como escribí eso mismo en el buscador de Google y me aparecieron muchísimas páginas relacionadas. Revisé la primera, me gustó mucho porque eran muy fascinantes y excitantes, luego la segunda y de igual forma. Los relatos que había leído hasta el momento eran de puro sexo sin una historia definida, me quedé pensativo un instante y entré a la tercera que me apareció, comencé a revisar algunos y parecían iguales a todos pero hubo uno que me llamó la atención porque tenía su título y seguido de este un número dos, lo que me dio la idea de que era la continuación de otro relato, entré al perfil del autor que estaba al lado del título y efectivamente ahí estaban sus dos capítulos y me dispuse a leerlos.  

Leí el capítulo 1 y captó mi atención por dos razones: la primera porque parecía tener una trama definida y la segunda porque me sentí muy identificado con la historia, narraba sobre un chico nerd que le asignaban el trabajo de ser el tutor y compañero de estudios del chico más guapo y popular de su instituto, el cual era el capitán del equipo de fútbol de este, el más codiciado por todas las chicas y del cual estaba enamorado. Me miré a mí mismo en ese chico nerd y miré a Rodrigo en el otro, la situación era muy parecida a la nuestra ya que, como lo hacía en la escuela, yo seguía siendo el profesor particular de él aunque ya muy pocas veces a causa de nuestro distanciamiento y además yo estaba enamorado de él como el día de la noche que la seguía sin cesar sin oportunidades de alcanzarla. Leí el capítulo 2 y ya me tenía enganchado la historia, había leído muchas historias de amor entre un hombre y una mujer pero nunca una entre dos hombres, estaba fascinado con este nuevo mundo que acaba de encontrar, podría entretenerme leyendo los relatos de esa página y lo mejor de todo era que sentía que estos eran el sedante que necesitaba para olvidarme de mi mundo de sufrimiento y penurias, mi boleto a un mundo nuevo donde el amor sí era posible a diferencia del mío, eran la cura que tanto buscaba cautelosamente.

De ese día empecé a frecuentar, como lo hago hasta la fecha, esa página. Al principio solo lo hacía para ver si había un nuevo capítulo de esa historia y ante la ausencia de uno nuevo empecé a leer otros relatos, a los cuales les empecé también a seguir la pista, sentía que me hacía bien el haber tomado ese hábito de la lectura como una salida a mi calvario de estar enamorado de un imposible, me alegraba muchísimo el leer como chicos se amaban y vivían sus grandes historias de amor en medio de un sinfín de situaciones adversas, me parecía impresionante y genial todo. Esa página que encontré esa vez fue todorelatos.com jejeje y ese relato que hizo que me metiera en el mundo de los relatos eróticos gay fue… sí, efectivamente, ese que muchos de ustedes ya tienen la idea a cual me refiero… fue Jofre, Dalmau y Otros.

En ese entonces jamás se me cruzó por la mente que gracias todorelatos.com iba a encontrar la cura completa a mis tristezas, la cura completa a mi dolor, la cura completa a mis penas, la cura completa a un desamor…

***

Ahí estuvo ya, el primer capítulo de la historia de mi vida, sé que pueda parecer aburrida pero falta un poco más por escribir y contar. Gracias por leerme, si ustedes gustan valórenlo y/o coméntenlo con sus opiniones y/o sugerencias; también si desean hacer un contacto más directo conmigo para esto pueden escribirme a mi correo angredstar@gmail.com

Saludos y bendiciones desde el pulgarcito de América, El Salvador.

Atte. Ángelo S. Mebarak



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