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Fecha: 04-May-13 « Anterior | Siguiente » en Gays

Endless: Cuando Sea… Donde Sea (5).

Mebarak
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Lo que pasó después de esa noche de 16 de enero de 2013 cuando Alejandro se despidió de Ángel… al fin algo interesante en su vida, de cómo el final de una fiesta puede derivarse en su primera vez y esto dar paso a grandes acontecimientos. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

¡Hola a todos y todas! Antes de todo, quiero pedir una disculpa ya que tuve un error en la numeración en el capítulo anterior, ese era el capítulo 4 no el 5 jejeje.

 

 Muchísimas gracias a todos los que siempre me leen y apoyan a este escritor de pacotilla jejeje. Les recuerdo que toda la trama que narro en esta saga de relatos es completamente ficticia y estoy haciendo un flashback para narrar como fue que Carlos y Adrián se volvieron novios; después de este relato retomaré la línea que llevaba y seguiré narrando lo que ocurre en Los Ángeles.

 

Espero este relato sea de su agrado :)

***

Capítulo 5: Un Poco de Amor.

Enero 2014.

Habían pasado cinco meses desde que Carlos y yo habíamos empezado a frecuentarnos, al día siguiente de la competencia me invitó a su casa para vernos, platicar y reírnos un rato. Desde ese día iniciaron nuestras múltiples salidas de amigos, solo nosotros dos normalmente aunque a veces se nos unía nuestra querida Maura o algún otro amigo. Solíamos ir al cine, a centros comerciales de compras y a comer, algunas veces fuimos a parques ecológicos y a muchos lugares más donde nos divertíamos muchísimo.

Aconteció que en la localidad de Carlos habían dado inicio las fiestas patronales desde finales del mes de diciembre en honor a su Santo Patrono, San Esteban Mártir;esta consistían en diversas actividades religiosas y culturales en todo el pueblo donde la gente devota asistía, aunque no faltaban las actividades “mundanas” como las grandes fiestas bailables, rodeos, carreras de caballos. Estasculminarían ese año el 04 de enero con un carnaval por todas las calles de esta.

Un par de días anteriores al carnaval, Carlos y yo hablábamos por celular, como siempre, charlábamos de todo lo que nos pasaba en nuestras salidas:

[…]

- Sí, estuvo muy divertido – riendo le decía yo.

- Sí – decía el él, escuché un suspiro extraño de su parte y expresó – oye… ¿te gustaría venir este sábado al carnaval?

- Bueno… pues… sí… – respondía yo a su proposición un poco cohibido – pero… no sé… como sabes tú no hay transporte nocturno para poder yo regresar acá a mi casa.

- Lo sé… tonto, pero te puedes quedar en la mía.

- Mmm… déjame pensarlo bien – entró en mi cierta duda por aceptar su propuesta, había algo que no me latía, quizás la idea de quedarme en su casa, nunca me ha gustado dormir en casa ajena.

- Adri anímate – en ese tiempo ya me llamaba “Adri” cariñosamente – no sabes lo divertido que es el carnaval ese día, hay música en vivo, comida, bebida, juegos mecánicos, juegos artificiales… ¡de todo!

En realidad lo que me estaba diciendo me era muy atractivo, ya había oído hablar sobre ese carnaval, seguimos hablando mientras él trataba de convencerme de una vez por todas para ir. Escuché tantas cosas de su parte sobre el dichoso carnaval que terminó por convencerme.

- Vamos Adri, acompáñame, nos vamos a divertir, podrás bailar, comer, subirte a los juegos mecánicos y te puedes quedar en mi casa, nada malo te puede pasar acá – argumentaba.

- Ok, ok ya – respondí –calmado que acepto, iré al carnaval – sonreí.

- ¡¡¡Sí!!! – Escuché eufórico a mi amigo al otro lado del celular – será un carnaval que no olvidarás en tu vida.

- Eso espero – reímos.

Se llegó la noche del carnaval, salí de mi pueblo hacia el suyo, llegué a su casa y de esta salimos acompañados por sus hermanos menores, Marina y Toni,hacia donde estaban las diversas actividades de festejos en el pueblo.

Tal y como me lo había descrito antes, era un ambiente muy alegre el que se vivía por casi todas las calles, primero fuimos hacia donde estaban los juegos mecánicos donde los sus hermanos se entretuvieron un rato, luego a comer de todo lo que a nuestro recorrido por las calles encontrábamos y finalmente nos fuimos al reventón total, donde estaban varias agrupaciones de musicales nacionales y una discomóvil.

Carlos les dijo a sus hermanos que se fueran junto con una prima suya de regreso a su casa para irse ya a dormir, luego de una acalorada pelea entre los tres hermanos por eso, ya que los pequeños no querían irse aún, se terminaron yendo y dejándonos a él y a mí solos; no obstante, esta soledad duró menos de un minuto ya que llegaron Maura y los otros chicos y chicas que eran amigos de Carlos. Se conformó un buen grupo entre nosotros y nos fuimos a bailar a ritmo de toda la música que en la fiesta sonaba.

Mucho tiempo nos la pasamos bailando, casi a las 03:00 AM decidimos con Carlos regresar a su casa para dormir, me dolían los pies de tanto bailar, creo que nunca en mi vida había bailado tanto como esa noche, estaba exhausto y el sueño se estaba empezando a apoderar de mí. Llegamos a su casa, entramos y todo estaba en completa oscuridad y calma, sus hermanos ya se habían dormido y, según me había explicado mi amigo antes, sus padres habían salido a ver a un familiar enfermo hasta Chalatenango por lo que todo lucía desolado.

- ¡Válgame Dios! – Expresé en voz baja sentándome en el sofá de la sala de su casa – me duelen los pies, estoy muerto – él solo se rió de igual forma que yo lo hice igual.

- Estuvo muy buena toda la fiesta – comentó sentándose a mi lado.

- Sí… buenísima, me encantó.

- Y tú que no querías venir – reprochó.

- Jejeje no sabía de lo que me perdería – le saqué la lengua.

Nos quedamos en silencio un rato, al parecer él también estaba un poco agotado a pesar de estar acostumbrado a bailar por ser su pasatiempo preferido. El sueño me estaba dominando ya y si no me iba a acostar pronto me quedaría dormido en el sofá.

- Oye… – capté su atención – ¿Dónde dormiré?

- En mi habitación, ahí hay un colchón lo pondremos en el piso y ya – respondió sereno – ¿O prefieres dormir conmigo en mi cama? – dijo viéndome de manera burlona.

- Idiota… – me reí dándole un leve golpe en el brazo – ya tengo mucho sueño…

- Vale, vamos a dormirnos ya.

Nos pusimos de pie y nos fuimos a su habitación, la cual era muy amplia, había una cama al centro, un pequeño televisor, un ropero, una computadora, etc… era una habitación como todas las de un chico de 19 años. Pusimos el colchón en el piso junto a su cama, me dio un par de almohadas y unas sábanas. Prontamente yo estaba listo para dormir, tenía una pantaloneta negra y una camisa azul, me faltaba solamente lavarme los dientes por lo cual salí hacia el baño.

Regresaba al dormitorio, empuje la puerta abriéndola y sintiendo como golpeaba a algo con esta.

- ¡Mierda! – escuché que alguien decía al otro lado y vi como Carlos caía al piso.

¡Mierda! ¡Tierra trágame! Gritaba en mi mente, al ver que había golpeado accidentalmente a mi amigo.

- ¡Carlos! – me apresuré donde había quedado tendido para ayudarlo,tenía tomada su nariz con sus manos, lo ayudé rápidamente a levantarse.

- Ay, ay, ay, ay… me duele –se quejaba tocándose la nariz cuando ya lo había puesto de pie y lo sostenía pasando su brazo derecho por mi hombro.

Lo dirigí hacia su cama y nos quedamos parados a un lado de esta, él no paraba de quejarse por el golpe, yo me sentía súper apenado por eso.

- Lo siento Carlos, te juro que no fue mi intención golpearte.

- No te preocupes – me decía con su voz sonando extraña a causa que se estaba apretando la nariz – ya pasará.

- Ay no, como lo siento… que pena contigo – continuaba yo – déjame ver como tienes la nariz.

- No, no tranquilo, ya me está pasando no es necesario.

- No, insisto, es lo mínimo que puedo hacer por ti – replicaba – ven, siéntate en la cama.

En ese momento me dispuse a sentarlo en su cama para atenderlo por el golpe, al yo sentarlo pude sentir como con sus manos me tomó de mis antebrazos y me atraía hacia él; mi cuerpo cayó sobre el suyo bruscamente haciendo que nuestras caras quedaron frente a frente. Mis ojos se plantaron en los suyos, vi cierto brillo en estos, la respiración se nos volvió entrecortada a ambos… él me miraba de una forma que no podía descifrar, era una mirada extraña para mí.

- Adri… – me dijo en un susurro.

Yo estaba inmóvil, me dedicaba únicamente a verlo a los ojos… y fue de esa forma como vi como lentamente su cara se acercaba peligrosamente a lo mía, hasta que sentí como sus labios se habían posado en los míos… era solo eso, solo se habían posado, sentía el calor de su boca con la mía. Poco a poco sentí como sus labios comenzaban a frotarse con los míos con lentitud haciéndome sentir el sabor de estos mezclado con el de cerveza que había él tomado, estaba atónito porque ¡MI AMIGO ME ESTABA BESANDO!

Nos habíamos besado hace más de un año en los baños del instituto, pero todo había sido un juego entre nosotros y fue un simple beso… pero esta vez el beso era diferente, era un beso tierno, un beso suave, un beso lindo y con un ¿pasión?... sí… sentía ese toque de pasión por su parte. Gradualmente la intensidad del movimiento de los labios de Carlos aumentaba y yo seguía asombrado por eso, era tanto este que no percibí el momento en que habíamos cambiado de posición y yo estaba acostado en la cama y él sobre mí.

Poco a poco sentí como los labios de Carlos se separaban de los míos sin antes morder mi labio inferior, como lo hizo en aquella vez primera, yo abrí los ojos suavemente y me encontré con la imagen de su rostro con los ojos cerrados, tenía un semblante serio. Abrió el sus ojos y fijamos nuestras miradas…

- Me gustas… me gustas Adri…

“¿What?”…era la pregunta de niña fresa que se formuló en mi mente… estaba atónito por lo que mi amigo acababa de decirme… ¿Yo? ¡¿Le gustaba?! ¡¿A Carlos?! Creo que en mi cara reflejaba mi incredibilidad por lo que me estaba revelando. Mi mente se convirtió en un lío tremendo a causa de esto, estaba procesando la información a paso demasiado lento y me impactaba de sobremanera.

- Sí… – continuó el hablando – aunque no lo creas… me gustas mucho… muchísimo.

Posó nuevamente sus labios sobre los míos para darme un beso más corto que el anterior, pero esta vez cuando comenzó a alejar su rostro del mío lo detuve y fui yo quien le planté un beso lleno de pasión. Fue de esa manera que descubrí yo también que Carlos me gustaba, que todo ese tiempo que llevábamos saliendo a cualquier parte como amigos, había nacido cierta conexión y compatibilidad entre nosotros, se había tejido algo que podría dar como resultado algo muy lindo para nuestras vidas.

Nuestro beso cesó y de mi boca salió decirle:

- Tú también me gustas Carlos.

Él me miró con una cara de niño cuando le ha preguntado a otro: “¿Quieres jugar conmigo?” y este le responde: “Sí”. Dando inicio de esta manera la que para mí sería solamente una sesión de besos apasionados, morbosos, con lengua, mordiditas, etc. pero de un momento a otro, mi amigo se quitó la camisa que tenía puesta y posicionó mis manos sobre su pecho para que yo lo palpase, acto que, ni lerdo ni perezoso rechacé a hacer.

La situación se estaba calentando mucho, me quité mi camisa para quedar igual con Carlos; acariciaba su pecho con mucho afán, pasándome por instantes a su espalda y de esta a su lindo, y muy amado por él mismo, cabello. Cambiamos de posición, él estaba abajo y yo arriba, ahora Carlos manoseaba mi espalada; de pronto sentí como su mano traviesa se metía por detrás de mi pantaloneta negra y tomaba con fuerza con ambas manos mis nalgas. Al yo percibir esa sensación me sobresalté un poco porque me tomó de sorpresa y además estaba tocando un área jamás tocada por manos ajenas a las mías.

- Calmado – me dijo librando mis labios de los suyos y sacando mis manos de mi pantaloneta – no te haré nada que tú no quieras.

- No, no te preocupes, lo que pasa es que me tomaste por sorpresa jejeje – volví a besarlo.

Carlos me estaba llevando al cielo con esos besos, lo hacía tan bien, se notaba la experiencia que tenía gracias a sus ex novios y novias. Sentí como algo en medio de las piernas de mi amigo empezaba a despertar y a poner erecto… en definitiva esto se estaba poniendo muy candente entre nosotros.

De pronto, de una manera suave Carlos posicionó sus manos en el elástico de mi pantaloneta y comenzó a bajarla poco a poco junto con mis bóxers, por la forma en que estábamos la dejó hasta mis rodillas y con sus manos acariciaba ya sin ningún pudor mis nalgas… me encantaba la manera en que lo hacía, me excitaba muchísimo. Desde hace buen rato que había empezado a  sentir que algo caliente entre sus piernas estaba a tope y con ganas de salir “a jugar”, así que me alejé un poco y le quité su pantaloneta, ante mi quedó al aire libre un bonito pene erecto y duro como roca, de como 15 cm, delgado, blanquito y con vello un poco pronunciado.

- Travieso – me dijo con una sonrisa seductora.

- Eso eres tú – le respondí.

- Ángel… quiero probar tu anito – me excitó la idea y mis nervios no me estaban traicionando tanto y le respondí.

- Ok… pero con cuidado porque ya sabes jejeje… es mi primera vez – me sonrojé.

- Te juro que no lo haré con el mayor cuidado del mundo, no te arrepentirás chico rojito.

Acto seguido me puse en cuatro en la cama y él detrás de mí, sentí como su boca hacia contacto con mi ano y empezaba su lengua a salir a explorarme mi muy bien cerradita y estrecha cavidad anal. Y vaya que lo hacía bien, se notaba la experiencia que tenía en esto, su lengua hurgaba dentro de mi muy confiada y dándome placer, tanto que pequeños jadeos salían de mi boca. Sentía como dejaba rastros de saliva en mi entrada, era algo exquisito el poder sentir como con tanta avidez mi amigo me comía el culito.

Jamás en mi vida había sentido tanto placer como en el que estaba experimentando esa madrugada de domingo y eso que aún no habíamos llegado a la mejor parte. Carlos paró en su labor y se dirigió hacia la puerta de su habitación y le puso el seguro, luego fue al armario, de este sacó de una cajita un preservativo; lo sacó de su empaque plateado y se lo colocó a toda velocidad.

- ¿Es mi imaginación? ¿o tienes prisa? –le cuestioné.

- Ninguna de las dos cosas – respondió – lo que pasa es que no me aguanto por hacerte el amor… estás más bueno de lo que me imaginé – me miraba con un morbo tremendo.

Se acercó a mí, que seguía en cuatro sobre su cama, se puso detrás y colocó su pene en mi ano… poco a poco inició a introducirlo, se deslizaba sutilmente dentro de mi aunque sentí un dolor.

- Ay… ay… – me quejé – me duele.

- Relájate – me dijo dándome un beso – relájate Adri, no te pongas tenso…

- Ok…

Me relajé, aflojé músculos para así facilitar la penetración que Carlos me estaba dando, y así fue, pronto mi amigo introdujo todo su pene dentro de mí, sentía un poco de dolor y a la vez como sus testículos chocaban con mis nalgas y también su vello púbico me hacía cosquillas. Sin hacer movimientos se mantuvo mi amigo, esperaba a que me acostumbrara a su tranca, paulatinamente sus caderas empezaron a moverse con cuidado de no dañarme.

Carlos emitía ya pequeños gemidos mientras yo mordía la almohada para evitar los quejidos del dolor porque de verdad me estaba doliendo y eso que su pene no era tan grande que digamos, no obstante, poco a poco el dolor se fue disipando y se fue convirtiendo en placer… un placer carnal el cual nunca en mis 19 años de vida había probado, sus movimientos de cadera comenzaban a aumentar en la intensidad y con este mis gemidos de la exquisita sensación de éxtasis que me estaba dando.

- Que rico lo tienes Adri ah… ah – dijo Carlos entre gemidos, tenía los ojos cerrados, la cabeza hacia atrás y la boca abierta, su pecho se inflaba por instantes y su cuerpo se empezaba a bañar en sudor.

Ahora no tenía dificultad alguna para penetrarme, su verga se movía con toda facilidad, entraba y salía sin resistencia alguna ya que me había acostumbrado a esta. Carlos paró de bombearme, se bajó de la cama, se mantuvo de pie y me indicó:

- Acuéstate Adri.

- Lo que tú digas – respondí.

Me acosté a lo ancho de la cama con las piernas levantadas, Carlos se aproximó y las tomó poniéndolas en sus hombros mientras nuevamente su pene volvía a explorar mi ano, la sensación era increíblemente deliciosa. Ahora que ya estaba acostumbrado a su mástil, mi amigo me penetraba con mucha potencia, con sus embestidas parecía querer partirme en dos, pero no era nada dolorosa ya, ahora era de puro placer y lujuria.

No podía evitar gemir del placer, Carlos me estaba dando una follada genial, era mi primera vez y era con quien se había convertido en mi mejor amigo en ese último año; ambos estábamos bañados en sudor.

- No gimas… ah… tanto… mmm… – me dijo – nos van a oír mis hermanos.

Al decirme esto abalanzó su torso hacia mí y soltó mis piernas, puso sus manos alrededor de mi cabeza y me comenzó a besar con mucho morbo, nuestras lenguas se juntaban y colisionaban probando nuestras salivas. Yo tomaba el cabello de mi amigo y a la vez las bajaba para acariciar su espalda, sus embestidas eran cada vez más fuertes, se escuchaba el sonido que producían sus bolas al chocar con mis glúteos.

Las contracciones se hicieron presentes en la herramienta de mi amigo, cerró sus ojos y empezó a jadear y su respiración era dificultosa, su cara denotaba mucho placer.

- Ah… Adri… mmm… me… me… co… corrooo… oh… – me dijo a duras penas.

Carlos seguía embistiéndome hasta que comenzó a expulsar de su miembro ese delicioso néctar fruto de la oleada de placer que había tenido a costa de mi culo. Sentí como fuertes trallazos de semen chocaban contra el condón, el primero fue el más fuerte de todos los otros tres que le prosiguieron. A continuación tomó mi pene, lo acarició con ternura e inicio a masturbar lentamente hasta hacerlo con mucha velocidad; no tardé mucho y yo también me corrí como nunca en ninguna de mis masturbaciones lo había hecho hasta el momento.

Me quedé acostado en la cama, mi amigo se paró, se quitó el condón y lo fue a botar al cesto de la basura, el cual estaba en una esquina de la habitación; al regresar se arrojó a mi lado, aún estaba bañado en sudor y se le veía exhausto. Él me miró a los ojos y sonrió con una ternura que jamás había visto en él.

- ¡Wow! – me dijo en un susurro.

- ¿Qué? – respondí.

- Nada jejeje – suspiró.

- Ok… – dije – bueno, me voy a dormir ya – me salí de la cama.

- ¿Qué haces? – se levantó y me miró como si acababa yo de cometer un pecado gravísimo.

- Me voy para mi colchón – extrañado contesté.

- No seas tonto, quédate acá en mi cama conmigo – dio unas palmadas a esta.

Yo no estaba muy convencido de hacerlo… no sé… nunca había dormido con alguien ni muchos menos con alguien con quien acababa de tener sexo, no estaba seguro. Carlos notó esto y me hizo una mirada suplicante.

- Ven Adri… hazme compañía – me convenció con esto y le esbocé una sonrisa.

Recordé algo muy elemental del momento, era algo raro lo que había pasado y necesitaba una explicación lógica del porqué de eso, no me pude contener y le pregunté al respecto:

- Carlos… – él respondió con solo un gemido – ¿Tu nariz? ¿No se supone que te la lastimé?

Él me miró con cara divertida y movió su cabeza a los lados dando una respuesta negativa a mi pregunta. Lo entendí a la perfección… lo tenía todo planeado el muy idiota, pero no me enojaría, había sido una magnifica primera vez y lo que consentía que era lo mejor de todo era que había sido con alguien a quien le tenía un inmenso cariño y confianza.

Me volví a acostar a su lado, él se arrimó a mí e hizo algo que no me lo esperaba… Carlos… me… me abrazó, sí, ¡Carlos me abrazó! Depositó un beso en mi frente y de esa manera me abrazó con fuerza y ternura a la vez y nos quedamos dormidos como un par de angelitos…

----

Desperté entre las blancas sábanas de la cama de Carlos, el sol entraba por la ventana principal de la habitación e iluminaba a toda esta, se escuchaba el cantar de un pajarillo y las voces joviales de niños en la calle que jugaban; me encontraba boca abajo, desnudo y un poco más recuperado del cansancio del día anterior, bailar toda la noche sumado a tener sexo en la madrugada representaba cierto desgaste físico y… momento… se me detuvo el pensamiento, caí en cuenta que en la madrugada de ese día había tenido mi primera vez.

No sé si es algo normal en todo mundo o somos solo casos aislados, pero me sentía muy diferente, sentía que ya no era yo mismo o… más bien sí seguía siendo yo mismo pero a la vez no porque… ¡Ah! ¡Demonios!... no importa, a lo que quiero llegar con todo esto es a que me sentía distinto y ya, punto final.

Me percaté que mi amigo no estaba junto a mí, me encontraba solo en la cama. Un tanto alarmado me alcé para ver en la habitación si lo encontraba.

- Ya despertaste – escuché su voz, lo busqué con la mirada y lo encontré frente a un espejo arreglándose el cabello, al parecer estaba recién duchado porque lo tenía mojado y lo estaba secando; vestía ropa limpia, una camisa negra a rayas y un pantalón gastado azul – Buen día – me saludó sonriente.

- Buen día Carlos – le saludé restregándome los ojos.

- Ahí te dejé una toalla limpia – me señaló un extremo de la cama donde en efecto estaba una toalla blanca – ya sabes dónde está la ducha.

- Ok, gracias.

- De nada – respondió sin dejar de verse al espejo.

Mientras tanto yo tomaba la toalla, me puse mi pantaloneta y salí hacia la ducha. Iba por el pasillo cuando oí que me gritó:

- Adri, cuando salgas y te vistas, bajas al comedor, iré a preparar algo para comer.

- Ok – respondí de igual forma.

Muy bien todo, entré a la ducha y me di un baño de agua fresca muy meticuloso por todo mi cuerpo, tenía un poco irritado el ano pero de seguro ya pasaría pensé y así fue. Al salir de este regresé a su habitación, saqué de mi mochila ropa limpia y me vestí, me peiné y finalmente bajé. Ya era pasado el mediodía, Carlos había preparado el “desayuno” que más bien era almuerzo porque la hora de desayuno había pasado hace horas. Comimos muy tranquilos, estábamos solos en su casa ya que sus hermanos habían ido a Misa y acostumbraban a pasarse quedando donde su abuela después de terminada esta.

Carlos y yo nos comportábamos como siempre, no había ningún trato diferente entre nosotros; la verdad, ni siquiera esperaba que me tratara diferente ya que conocía a la perfección su forma de ser y actuar, tenía claro, según yo, que lo de anoche había sido resultado de un calentón entre nosotros y había sido solo eso, solo sexo, que las declaraciones de “me gustas” habían sido por el momento que estábamos viviendo… aunque la verdad, Carlos a mí sí me estaba empezando a gustar, pero yo no quería arruinar nuestra amistad tan bonita con sentimientos los cuales no nos podíamos corresponder mutuamente.

Después de comer y reposar un rato viendo la TV y hablando de lo sucedido el día anterior – a excepción de la parte en que tuvimos sexo, creo que ni él ni yo queríamos hablar de eso en ese instante, se sentía en el ambiente cierto pudor extraño entre nosotros – salimos a caminar por la calles del pueblo y a visitar a nuestros amigos.

Cuando el sol estaba por ponerse en el horizonte, mi amigo y yo nos hallábamos en el parque central del pueblo viendo este hermoso espectáculo natural, estábamos en la banca más lejana de todo el lugar, esta era de piedra de color blanco y dañada a causa del paso de los años la cual estaba debajo de un enorme y frondoso roble. Yo estaba sentado a la derecha y “como los cánones mandan” mientras que Carlos se había subido a la banca y sentado sobre el grueso borde del respaldar de esta con los pies junto a mí.

Ambos estábamos en silencio y con la mirada fija en el horizonte con los últimos rayos del sol chocando de manera inofensiva contra nuestros rostros. Miré la hora en mi celular, eran casi las seis de la noche y tendría que irme a tomar un autobús para mi pueblo.

- ¿Qué hora es? – me preguntó.

- Las 05:48 PM – respondí – ya me voy.

- ¡No! – me dijo con un dije de… ¿desesperación? Yo lo miré extrañado y él lo percató tranquilizándose un poco más pero sin dejar de verse nervioso – Espera… es que… no hemos hablando de algo…

- ¿De qué? – le pregunté haciéndome el desentendido aunque sabía a la perfección a que se refería.

- De que lo hicimos – dijo – tuvimos sexo.

- Mmm ya…

- Sí – espetó.

- Mira Carlos… – trataría yo de minimizar la situación, para mí no era para tanto – yo sé que lo de anoche fue algo que no se había dado nunca y creo que ninguno de nosotros había pensado que sucedería… pero pasó, no te preocupes, me diste una genial primera vez y sin compro…

- ¡NO! – me interrumpió abruptamente.

Eso me tomó por sorpresa, lo miré bien y percibí en su rostro algo diferente, algo que jamás había percibido en él… estaba con la mirada fija al suelo, la mandíbula tensa, se rascaba del cuello hasta la cabeza frenéticamente con su mano izquierda mientras la derecha estaba en su bolsillo correspondiente del pantalón, se notaba preocupado.

- ¿Qué pasa? –inquirí.

- Adri… es que yo… – se detuvo quedando en silencio.

- ¿Qué pasa? – Repliqué – mira que si quieres que repitamos no hay problema solo que…

- ¡No! ¡No es eso! Es que tú…

- ¿Estuve mal anoche? – Traté de adivinar – ¿Beso mal? ¿Tengo mal aliento?

- ¡No! – Alzó su vista y me miró a los ojos, tenían un brillo muy lindo – lo que me pasa es esto…

Se acercó “peligrosamente” a mí posando sus brazos en mi cintura y atrayéndome a su cuerpo a toda velocidad, sus boca buscó la mía y se juntaron en un beso. Era un beso dulce e inocente no como los de lujuria que nos habíamos dado la noche pasada, era más el roce de nuestros labios que un beso, mi amigo movía sus labios con delicadeza sobre los míos sintiendo el dulce sabor de su boca. Sentía que su corazón palpitaba fuerte y sonoramente gracias a que habíamos terminado en un abrazo porque mis brazos los había pasado por su cuello. Nos estuvimos de esa manera un buen rato, dándonos ese beso dulce y lleno de sentimientos.

Poco a poco el beso se fue deteniendo y separamos nuestras caras sin acabar el abrazo, abrí mis ojos y me encontré con los de Carlos otra vez con ese brillo que me había llamado la atención hace unos minutos. No comprendía bien la razón de ese beso que acabábamos de tener hasta que…

- Adri… estoy enamorado de ti…

Esas palabras resonaron en mi mente dejándome atónito por su significado… mi cabeza las estaba procesando a una velocidad tortuga, lentamente… o sea ¿Carlos? ¿Mi mejor amigo? ¡¿Estaba enamorado de mí?!

- Carlos…

- Sí Adri… estoy locamente enamorado de ti – seguía hablando – me encanta pasar horas contigo, me gusta escuchar tu voz hablándome, verte sonriéndome, me divierto mucho contigo, me comprendes, se nota que te preocupas por mí como nunca algún amigo o amiga lo había hecho… – nos quedamos en silencio.

No sabía que decirle, aún estaba atónito y creo que hasta petrificado por lo que me estaba expresando.

- Siempre consideré que chicos con tu físico no eran mi tipo pero… no sé… de repente me empezaste a resultar atractivo… tu cara, tus ojos, tu pelo, tu cuerpo… y esa atracción se empezó a convertir paso a paso en algo muy grande que siente yo por ti ahora…

- Y… y… ¿Qué… qué – me mataban los nervios – qué sientes po… por… por m… mí?

- Siento… amor… te amo…

Me impresionó aún más eso, me sentía raro, no me esperaba que mi amigo Carlos estuviese enamorado de mí… siempre era al revés, era yo quien me enamoraba primero de alguien y no alguien de mí. Como lo dije antes, Carlos me empezaba a gustar pero aún no lo veía como algo más que un súper amigo, tal y como lo había sido en todo este tiempo.

- Carlos yo… – no hallaba qué decirle – sentémonos en la banca y hablemos.

- Ok – contestó y nos sentamos nuevamente en la banca.

No hallaba que decirle, en serio, las palabras se me habían ido y nos quedamos en silencio por un largo rato hasta que él intervino.

- ¿Entonces? – dijo.

- Carlos… yo… yo te quiero mucho… has sido muy importante para mí en la salida de un problema enorme a causa de amores – él me miraba atento y callado – pero… no…

- Mmm ya… entiendo… lo siento por todo pero ya no me podía aguantar esto que siento por ti y que veo que lastimosamente no es posible entre nosotros – dijo amargamente con un aparente nudo en la garganta.

- Te soy sincero con mis sentimientos, no quiero que nada dañe nuestra amistad pero a la vez no te niego que desde hace días… no sé… he empezado a sentir cierta atracción por ti y anoche que tú me dijiste que te gusto y yo te respondí de igual manera, fue cierto… me gustas – el semblante serio cambio a una sonrisa afable.

- Entonces… ¿Me darías aunque sea una oportunidad de ser tu pareja? Para ver si te puedo enamorar igual o más de cómo lo hizo Rodrigo o el otro chico quien sea que estuviste enamorado después… ¿Sí? – me dijo suplicante.

- Carlos yo… yo quisiera dártela pero… tengo miedo – él me miró extrañado por lo que le acababa de decir – tengo miedo a que si no funciona algo entre nosotros nuestra amistad se vaya por el retrete y quede en el recuerdo.

- Adri te juro… – dijo – te juro que voy a lograr que me ames como te estoy amando ahora, tú dices que te gusto, bien, ya hay algo de sentimientos de ti hacia mí… dame una oportunidad, solo una…

De esa forma, entre mi negativa a causa del miedo que sentía que si empezábamos una relación de pareja y no funcionábamos perdería al amigo tan entrañable del cual me había hecho en esta última mitad del año y su insistencia por una oportunidad de demostrarme cuanto me amaba y que podría lograr que me enamorase de él, pasamos mucho tiempo conversando, al punto que la noche nos encontró.

Luego de tanto hablar y poner en claro todo, decidí darle la oportunidad a mi amigo.

- Ok… Carlos… sí… te doy ese chance – le dije yo.

Él me miró con una cara de alegría enorme y con dificultad e incredibilidad me expresó:

- ¿En serio?

- Sí Carlos – respondí también sonriendo, una extraña alegría había invadido mi cuerpo en ese instante; él se bajó de la banca y se arrodillo me tomó de la mano.

- Entonces… Adrián Álvarez ¿Quieres ser mi novio? – me sorprendió eso y la alegría que me había invadido era mayor.

- Loco jajaja… sí… acepto, Carlos Duarte.

Mi ahora novio se puso de pie y yo con él, nos miramos sonriendo emocionados a los ojos y nos volvimos a besar debajo aquel enorme roble, el soplido de una brisa fresca y el negro azabache cielo vestido de miles de estrellas que nos iluminaban con todo su fulgor.

***

 

Ahí estuvo el quinto capítulo, espero les haya gustado. Por favor valórenlo y/o coméntenlo les estaré agradecidísimo por eso. Si ustedes quieren estar un poco más informados sobre el avance de este relato o desean opinar y/o darme recomendaciones al respecto, pueden escribirme EXCLUSIVAMENTE a mi correo angredstar@gmail.com ya que de momento me he dado de baja de la cuenta de Facebook y no sé si volveré pronto a esta.

 

Saludos con mucho cariño desde El Salvador.

 

Atte. Ángelo S. Mebarak.



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