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Fecha: 27-Feb-14 « Anterior | Siguiente » en Gays

Un Año de Delirios de Soledad. (Capítulo 1/3).

Mebarak
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Tiempo estimado de lectura: [ 17 min. ]
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A un año de haber vivido tantas experiencias con ese hombre que tanto amo, he aquí la verdadera continuación de la historia de amor que viví con Alejandro. Más que un relato erótico, esta es una exploración por las circunstancias que se viven con una relación a distancia y un llamado a la conciencia Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

              Hola a todos, ¿Cómo están? Espero que bien… como lo dice el subtítulo, acá traigo la real continuación de mi historia con Alejandro, de mis ‘Delirios de Soledad’. Justo un año ha pasado desde que publiqué el final de este relato, han ocurrido tantas cosas en este tiempo y creo que para acabar de atar cabos que pudieron quedar sueltos la vez anterior, es necesario ahora que narre estos acontecimientos bajo mi perspectiva como protagonista de esta historia.

              Solo una advertencia: para quienes están leyendo esto en este momento y buscan con este relato hacerse una buena paja: este relato NO les servirá para labores de auto-placer. Sin más qué decir, los dejo con las acciones.

              ***

PRÓLOGO:

Hubo una vez una pequeña criatura que deambuló un tiempo en este mundo, luego de salir del suyo a explorar. En su viaje de exploración, conoció todo lo que sobre la faz de este mundo existe, sus seres, las formas de pensar de estos, sus valores, su bondad y su maldad, pero sobre todos estos aspectos negativos conoció al amor de un bello ángel que se encargó de sanar las heridas que su hermosa rosa roja, símbolo de su romance, le había hecho. Habían sido los dos ángeles muy felices el tiempo que pasaron juntos, lograron superar tormentas que querían destruir toda esta felicidad, se les auguraba un espléndido futuro gracias a lo que sentían mutuamente, que era un sentimiento muy fuerte y verdadero, pero la vida misma se encargó de acabar con todo esto, se encargó de quitarle a la criatura a su amado de su lado, de mostrarle el infierno sobre esta misma tierra.

La historiada esos dos seres representó la que yo viví con el hombre que me gusta, el hombre que yo amo y adoro con todo mi corazón. Esa historia en que él fue la luz en mi vida por haberme salvado de la oscuridad que me atormentaba día a día por estar enamorado de mi mejor amigo heterosexual, reavivando la esperanza perdida que tenía por ser amado, haciéndome ver al mundo desde otra perspectiva y abriéndole mi corazón y mi alma, mostrándole partes de mi alma que ni yo mismo conocía… esa historia en que su partida de mi lado fue caer de nuevo a la oscuridad de una manera más profunda y dolorosa que la vez anterior y que me hizo llorar tanto en muchas noches. Ahora vengo con la verdadera continuación de esa historia, a más de un año trascurrido ya de que la viví con ese ser tan especial para mí, a más de un año de haber conocido lo que era amar, a más de un año de vivir con mis delirios de soledad…

            ***

“Olorosa a pétalos de rosa y sudor, perdida en un árido desierto, deambula la criatura, su melancolía es su única compañía y en su mente con el viento escucha aún la voz de su ángel. Se mudó del bosque al más allá, una noche su ángel la abandonó, por el día camina por doquier, con sus alas sucias, rotas y sangradas, y sus pies descalzos, lastimados y cansados de tanto caminar y por las noches hundida en su soledad llora su tristeza…”

              Hola, para quienes no recuerdan mi nombre, me llamo Ángel, tengo actualmente diecinueve años, vivo en El Salvador y soy solamente una persona más en este mundo cruel. Soy gay (obviamente) y hace exactamente un año publiqué el final de mi relato ‘Delirios de Soledad’, en el cual narré mi historia de amor a distancia con Alejandro, un chico colombiano el cual conocí por este mismo medio y redes sociales, de quien estuve perdidamente enamorado y quién me dejó por otro, rompiéndome el corazón.

¿Qué cómo pasé los días posteriores a ese hecho?… pues ya se imaginarán… muy mal, mis días se volvieron igual o más monótonos que como lo eran antes, ya no estaba aquel chico que a distancia hacia que cada día de mi vida, por muy insignificante que fuese se convirtiera en un día lindo y especial para mí, se había ido, me había dejado solo y desesperado, extrañándolo tanto, deseando un día despertar y que todo lo que ocurrió haya sido solamente un mal sueño. Era una situación bastante difícil estar así, me dolía mucho haberlo perdido y amarlo tanto, con él se había ido parte de mí que quizás no volvería nunca. Por el día lo pasaba tranquilo, hacia cualquier cosa para distraerme y no pensar tanto en él, aunque esto era muy difícil pero lograba mantener la cordura y no pasar tirado en mi cama deprimido; ya por la noche todo se ponía complicado, era anocheciendo y me ponía melancólico y muy mal, me fui un par de veces a la cama sin comer con el pretexto que no tenía hambre o que estaba a dieta o que me dolía el estómago… ese era mi diario vivir después de que todo acabase.

Debo confesar que luego de la separación con Alejandro, mantuvimos una mínima comunicación, creo que ni él ni yo queríamos perder la pista el uno del otro, había muchos sentimientos por ambas partes; la mantuvimos al no eliminarnos de nuestras cuentas reales de Facebook, recuerden que nos conocimos mediante cuentas bajo el nombre de nuestros seudónimos que utilizamos para todo este mundo de los relatos, lo decidimos así.

Inmaduramente, me la había pasado publicando estados tristes por todos lados, no podía contenerme y en menos de lo imaginado ya estaban en mi muro cosas así como “Mis días sin ti son tan oscuros, tan largos, tan grises mis días sin ti” o “Te necesito, te necesito mi amor, donde quiera que tú estés, me hace falta tu calor” o en casos muy extremos cosas como “Yo quiero que vuelvas que te están reclamando mis labios que hace tiempo no besas, yo quiero que regreses”. Inmaduramente, también me negaba a perder a Alejandro, algo muy dentro de mí no se rendía y de vez en cuando – al principio –en las noches le enviaba un mensaje de buenas noches que terminaba en una clásica discusión de “¿Por qué me dejaste? Yo te amo” “Lo siento pero no siento nada por ti”… que eran una verdadera tortura para mí, leer esas palabras diciéndome que ya se había acabado lo que sentía por mí eran dolorosas como pedazos de vidrios incrustándose en mi corazón. Era cuestión de casi todos los días con lo mismo, yo llorándole y él rechazándome… lo sé, con esto no ganaba más que lastimarme a mí mismo.

Transcurría el día 26 de enero, había pasado solamente diez días desde nuestra separación, ese día salió a la luz la primera parte de esta historia y como muchos primerizos en todo esto estaba hecho un manojo de nervios; afortunadamente tuvo una buena aceptación por parte de los lectores causando satisfacción en mí. Ese día no faltaron los estados depresivos en mi Facebook y a eso de las 08:00 PM me conecté luego de un buen rato fuera y vi que habían un mensaje nuevo en la bandeja de entrada, lo revisé de inmediato luego de ver las notificaciones y me llevé la sorpresa de que era de Alejandro… raro en él ya que siempre el que le escribía con la lloradera era yo.

ALEJANDRO: Angelito te quiero pedir algo… no publiques más cosas depresivas acá, me haces sentir muy mal. Por favor.

Bueno, algo en mí se empezaba a dar por vencido y descubría poco a poco que esto ya no tenía vuelta atrás, lo había perdido, me empezaría a resignar y dejaría de publicar estados depresivos que no servían para nada más que causar que las demás personas pensasen sabrá Dios, Buda, Alá, Tepeu y Gucumatz qué cosas, en fin, no me importaba.

ÁNGEL: Ok, no te preocupes ya no lo haré. Ese estado que viste fue el último así que publique.

Luego de responder el mensaje, no tenía nada más que hacer, así que me acosté y me dormí como siempre, sería una noche como cualquiera.

“Era medianoche cuando la criatura dormía refugiada en una cueva, envuelta por la pocas plumas que quedaban aún de sus alas que un día fueron hermosas, blancas y resplandecientes y ahora estaban feas, sucias y opacas. Había pasado la noche llorando, sus mejillas renegridas eran bañadas por sus lágrimas y se golpeaba con sus manos el pecho pidiendo al cielo que ese dolor que sentía en ese momento se acabase; de esa manera logró quedarse dormido y en paz por unas cuantas horas que se transportó al mágico y balsámico mundo de sus sueños.

 

A la mañana siguiente, la criatura despertó temprano de su largo sueño, debía continuar su camino en búsqueda de su felicidad y un poco de amor que, según su corazón, se encontraba al otro lado del desierto, justo después de su final y solo se podía llegar soportando todas sus inclemencias. Echó un vistazo a su alrededor y de pronto vio que cerca de sus maltratados pies habían unas blancas y hermosas plumas… alzó su mirada y se quedó atónito al ver que un bello ser con alas cerca lo sobrevolaba…”

Domingo por la mañana, desperté temprano como de costumbre, desayuné con mi familia, hice uno que otro arreglo en mi habitación y cuando tuve tiempo me dispuse a revisar mi cuenta de Facebook para ver que había de nuevo, ver notificaciones y por si acaso un mensaje. Me conecté y vi que no había ni una sola notificación y para mi sorpresa había un mensaje, pensé que de seguro era una fastidiosa ex compañera de clases que casi siempre que me escribe es para presumir que ha mejorado mucho en su inglés y sobre sus nuevas adquisiciones materiales – es un fastidio, pero me llevé una gran sorpresa al ver que no lo era así, no, era un mensaje de él.

ALEJANDRO: Qué bieeeeeen Angelitoooooo, me alegra loquito. Sabes, tu Alejandro ahorita está borracho y está algo prendidito, con ganas de hacerlo y solo tú puedes quitarme estas ganas mi angelito lindo carita hermosa… ven dame un besito, te quieroooooooo.

Leer eso y más de lo que decía ese mensaje rompió la débil estabilidad emocional que me empezaba a crear, se desmoronó desde arriba hasta abajo y me doblegó. No lo pude resistir y me solté en lágrimas… sí, lo admito, me había vuelto más llorón que la tal Victoria Ruffo en todas esas sus telenovelas baratas. Yo siempre he sido partidario de que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, y eso me confundía sumado a que Alejandro días atrás me había dicho que él por mí no sentía nada, que todo lo que un día llegó a sentir por mí se había ido en lo que canta un gallo y ahora venía con esto… ¡Mi cabeza estallaría en cualquier momento!

ÁNGEL: Hola…

ALEJANDRO: Hola Angelito.

ÁNGEL: ¿Cómo estás?

ALEJANDRO: Bien… Ángel yo sé que me estás escribiendo sólo por saber si lo que te dije anoche es verdad o no… déjame decirte que sí, es muy cierto, te quiero mucho.

Así iniciamos la conversación pasadas las cuatro de la tarde ese día domingo, la cual por cierto duró a lo sumo una hora ya que él estaba cansado y los efectos del alcohol al día siguiente se habían hecho presentes en él. En ese corto lapso de tiempo en el cual hablamos, luego de que él me dijese eso se convirtió en la clásica entre nosotros, yo llorándole amarga y tontamente y preguntándole que por qué me había dejado, que qué había hecho mal y que cómo había hecho para olvidarme tan rápido, que me diese el secreto para olvidarlo a él también. Algo en mí sobre todo lo que me decía no terminaba de rendirse, algo en mí decía que valía la pena luchar y que aún dentro de él, quedaban sentimientos por mí, sentimientos que correspondían a los míos.

Los siguientes dos días, lunes y martes transcurrían con aparente normalidad, yo insistí escribiéndole en ambos días. Extrañamente esos dos días habíamos logrado hablar tranquilamente, sin alteraciones fuertes y con una que otro chistecito entre nosotros; era como antes de nuestra separación, conversaciones amenas y un tanto alocadas como solo nosotros las sabíamos tener. Ese día martes, casi anocheciendo, de una manera “civilizada” conversamos sobre lo nuestro y recuerdo muy bien las que yo considero la frase crucial, dicha por Alejandro, que conllevó a que el conflicto entre nosotros acabase, bajásemos armas y bandera blanca se ondease declarando la paz y la ¿reconstrucción?...

ALEJANDRO: Si yo tengo mucho más amor para darte a ti que para el chico con el que salgo…

              “Al ángel le había dolido ver a lo lejos la manera en que la había hecho sufrir con su abandono, no se había resistido verla así y había vuelto a buscarla; se acercó a ella y la envolvió entre sus brazos y sus blancas alas, como lo había hecho aquella vez en la cueva recién la había rescatado, inyectándole una dulce dosis de paz y alegría que tanto necesitaba su atribulado corazón. La criatura se aferró con devoción a los brazos de su ángel y pequeñas lagrimas surcaban de sus ojos de la felicidad de volver a ver a quién creyó lo había abandonado para siempre.

              Mientras se abrazaban, las heridas de la criatura se iban curando una a una, paulatinamente y con cada beso que en sus labios su ángel depositaba, su regocijo era mayor”.

              Esas palabras fueron las responsables de que ese mismo día, Alejandro y yo retomásemos nuestro ciber-romance… sí, Alejandro y yovolvimos a nuestra relación de antes, a amarnos como los “amigos que nos queríamos” que éramos, sí, porque no éramos novios; nos amábamos como novios, actuábamos como novios, yo lo celaba como un novio y él me trataba como a un novio… pero no lo éramos ¿Por qué? Porque él no era muy partidario de las relaciones a distancia y yo tampoco, no obstante, ya estaba empezando yo a sucumbir. ¿Qué cómo me sentí con lo que sucedía? Pues… no hay palabras, me sentía feliz, me sentía maravilloso, que la vida estaba siendo buena conmigo por devolverme al hombre que yo amaba y con el que teníamos la esperanza de un día vernos en persona y crear juntos un futuro prodigioso.

              A partir de ese día, volvieron los buenos tiempos, dejé de sentirme de la patada, como me había venido sintiendo en las últimas semanas, dejé mi depresión y dejé de llorar en las noches como antes… el amor había regresado a mí… Obviamente, Alejandro dejó al chico con el que salía y normalizamos nuestra relación, él volvió a ser para mí y yo para él, aunque la verdad es que nunca dejé de ser suyo, siempre mi corazón estuvo atado a él a pesar de la separación.

“La criatura estaba de nuevo muy feliz con su ángel. Este le dió una vez más un par de alas como las que le dió la primera vez que lo salvó del abismo y volvieron a volar por el inmenso cielo azul; entre sus manos había renacido una rosa roja como la de antes, la cual ellos aprensaban cuidadosamente con sus dedos, mientras que con sus labios se besaban con mucha ternura y pasión. A recorrer el mundo por los aires se dedicaron de nuevo, a declararse sus sentimientos tan grandes y bellos a cada momento y a ver la manera de cómo construir un futuro juntos; porque el amor había regresado a sus vidas y parecía que nada los podía separar ahora, nada.”

ÁNGEL: Hola Alejandro.

ALEJANDRO: Hola Angelito ¿Cómo estás?

ÁNGEL: Bien ¿Tú?

ALEJANDRO: Muy bien amor.

ÁNGEL: O.O

ALEJANDRO: ¿Qué?

ÁNGEL: ¿Me llamaste amor? :3

ALEJANDRO: Sí, porque eso eres para mí, porque te amo mucho :3

ÁNGEL: Yo también te amo mucho Alejandro, más de lo que te imaginas.

ALEJANDRO: Yo más…

ÁNGEL: No, yo más jejeje

              ¡Wow! Amaba la forma en que iniciábamos nuestras conversaciones, siempre las empezábamos con las clásicos saludos y preguntas (Hola, ¿Cómo estás?), mezclada con cariñitos entre nosotros.

[…]

ÁNGEL: ¿Cómo te fue hoy en la universidad?

ALEJANDRO: Muy bien, algo pesado por unos trabajos pero bien J¿Y tu día? ¿Cómo estuvo?

ÁNGEL: Me alegra jejeje y el mío también estuvo bien, todo tranquilo.

ALEJANDRO: ¿Te digo algo?

ÁNGEL: Claro, dime.

ALEJANDRO: Te extrañé mucho en lo que estuve en la universidad.

ÁNGEL: ¿De veras? :3

ALEJANDRO: Sí :3

ÁNGEL: Te amo♥

Me encantaba mucho más Alejandro, pensaba que a ese paso quizá acabaría en un sanatorio mental por que acabaría loco por ese chico, me había conquistado de una manera increíble y perfecta porque había logrado enamorarme al punto de tenerme literalmente a sus pies por su amor. La química y la magia que nos envolvía a Alejandro y a mí cada vez era mayor, yo podía sentir el amor entre nosotros y a veces creía que hasta podía tocarlo con la punta de mis dedos. Me sentía feliz, mi cara cada día era una sonrisa y más cuando él y yo comenzábamos con nuestro chat, que era para mí el momento más especial de mi día y en que los latidos de mi corazón eran más fuertes y sentía pinchacitos en mi estómago de la misma emoción y nervios y… sin exagerar, creo que además de esto, me pasaba lo que dice Raphael en su canción “Estar Enamorado” o como se llame. Sé que a muchos les parecerá ridículo que diga que me enamoré de alguien que ni siquiera conocía en persona y que estaba a miles kilómetros de distancia y divididos por tres países, pero créanme que cuando al corazón se le mete algo que lo encanta y seduce de sobremanera, la razón queda desfasada de nosotros, por lo que este toma posesión total de nuestro ser; como dice el popular refrán: cuando el amor entra por la puerta, la razón sale por una ventana.

              Alejandro y yo chateábamos a diario, cada día era diferente al anterior, nos pregonábamos nuestro amor a cada instante… con esto no quiero decir que éramos pura miel, no, lo alternábamos con conversaciones profundas que implicaban nuestros sentimientos y formas de pensar a modo que nos conociéramos mejor de lo que ya nos conocíamos, porque como lo dije en un relato anterior, a una persona nunca se le acaba de conocer, siempre habrán mínimos detalles que están para ser descubiertos poco a poco. Él y yo siempre que nos poníamos románticos empezábamos a soñar con un futuro en el que estaríamos juntos como novios y demostrándonos nuestro amor de una manera física o presencial, mejor dicho, ya que no estaríamos refugiados detrás de una PC o un celular, ya estaríamos con nuestro romance “como Dios manda”. Y no me cansaré de decirlo, yo estaba FELIZ estando con él y sabía que lo estaría más cuando el momento de nuestro encuentro llegase, encuentro que era mi máximo sueño en ese momento.

Cómo se es fácil de deducir, mi relación amorosa con Alejandro se restableció unos cuantos días después de que publicase yo el primer capítulo de esta historia, por lo que él le dió fiel seguimiento a cada una de mis publicaciones y me halagaba por, según él, narrar las vicisitudes de una manera tal cual acaecieron en aquellos días. Cuando salió a la luz el capítulo quinto y final, Alejandro me expresó su mal sentir al leer y recordar lo que ocurrió la noche del fatídico 16 de enero, recordar nuestra separación que tanto daño nos hizo a los dos; he de confesar que porque intuía esta reacción, en algún momento consideré ponerle punto final al relato antes de lo previsto, pero por no encontrar la forma adecuada, no lo hice y decidí narrarla historia hasta donde tenía en mente llevarla en un principio, que era el término de nuestra relación.

Por su reacción triste e indignada al leer el final de ‘Delirios de Soledad’, le expliqué que gran parte de este capítulo, la escribí un par días después de la separación como un desahogo por todo lo que había ocurrido, cuando estaba con el corazón roto, con todo mi ímpetu caído por los suelos y era una máquina de pensar en él y llorar por él. Esto le reconfortó mucho más y permitió que las cosas continuasen con el buen curso que habían llevado desde nuestro “glorioso regreso a las andadas”, lo que menos quería en ese entonces era que nos volviésemos a complicar y lo nuestro se pusiese otra vez en riesgo de acabarse, no, yo quería que lo nuestro fuese duradero y que nuestros sueños de encuentro se cumpliesen algún día en un futuro cercano. Días anteriores a esto, una noche cavilando profundamente un rato y dejando volar mi imaginación, nació en mí una idea que por ser tan poderosa y hacer tanto eco en mi cabeza casi me hace caer de mi cama.

Era una idea buenísima, una idea divina, una idea perfecta… escribir una nueva saga de relatos que, tomando como punto de inicio el final de ‘Delirios de Soledad’, narrase cómo sería un encuentro entre mi chico y yo habiendo quedado en las circunstancias contadas en el antes mencionado relato. Escribir este nuevo relato sería para mí un escape de mi actual y no muy buena realidad a una realidad mejor, y a la vez quería que este fuese un regalo a Alejandro, un regalo que simbolizaría la esperanza de un mañana en que el universo conspirase permitiendo nuestro encuentro y que el sol iluminase nuestro amor… este nuevo relato se titularía ‘Cuando Sea, Donde Sea’.

“Pasaron muchos días en que los ángeles seguían volando alegres por el majestuoso e inmenso cielo, parecían no cansarse nunca de estar juntos y demostrarse su amor. Aconteció en aquel entonces que ellos sobrevolaban de nuevo por el hermoso y verduzco bosque en el que se conocieron, no se dieron cuenta de esto hasta que estuvieron frente a la cueva en lo alto de la rocosa montaña, donde el ángel había sanado las heridas de la criatura la primera vez y donde luego la dejó abandonada. La criatura convertida en ángel miró con melancolía y dolor aquel lugar, porque era donde comenzó a soñar, a vivir y a amar y también donde sus sueños se vinieron abajo, su vida se arruinó y su amor se fue; no quería seguir ahí, le traía malos recuerdos, cerró sus ojos y abrazó a su ángel, pero este extrañamente se soltó delicadamente, dejando la rosa solo en las manos del otro y se dirigió decidido hacia el interior de la caverna ante la mirada atónita de su amado.

 

La criatura no entendía muy bien lo que pasaba, por qué se había ido su ángel tan abruptamente, no sabía  y lo único que hizo fue seguir lo que su corazón dictaba, seguirlo a donde quiera que fuese.”

              ***

Hasta acá la primera parte, espero les haya sido de agrado, trataré de subir pronto la segunda. Gracias a quienes la han leído y también a quienes siempre me han apoyado cada vez que me aventuro a escribir. Si ustedes gustan comenten y déjenme saber sus opiniones al respecto.

              Saludos a todos.

                                                                                                                Atte. Mebarak. 



© Mebarak

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