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Fecha: 05-Mar-14 « Anterior | Siguiente » en Gays

Un Año de Delirios de Soledad. (Capítulo 2/3)

Mebarak
Accesos: 1.430
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 20 min. ]
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A un año de haber vivido tantas experiencias con ese hombre que tanto amo, he aquí la verdadera continuación de la historia de amor que viví con Alejandro. Más que un relato erótico, esta es una exploración por las circunstancias que se viven con una relación a distancia y un llamado a la conciencia Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

              Tuve un pequeño retraso de nuevo gracias a múltiples eventualidades, pero bien, acá les dejó el segundo capítulo de ‘Un Año de Delirios de Soledad’, espero les guste.

***

“A la cueva donde su ángel se había metido se asomó la criatura convertida en ángel. Echó un vistazo al interior de esta. Seguía igual a la última vez en que había estado ahí cuando aún era su refugio, no había cambiado en nada, seguía siendo tan oscura, tétrica y áspera; esto le dió un poco más confianza para poder entrar y buscar a su amado. A vuelo lento se metió a esta. No podía divisar mucho por la poca luz en el lugar por lo que agudizó su visión, buscaba a su ángel guiándose únicamente por el marchito sonido su aleteo y lo llamaba por su nombre, no obstante, este no le respondía. La criatura voló y voló por la caverna, explorando las hasta el momento desconocidas entrañas de la montaña, a cada segundo era más imposible la visibilidad y el ambiente se volvía más sombrío y frío; junto al aleteo ahora se escuchaba el fino sonido de gotas de agua chocar contra un roca.

 

Cuando la preocupación y la desesperación de no ver por ninguna parte a su ángel se comenzaban a apoderar de ella, llegó hasta lo que parecía ser el corazón de la montaña, un espacio enorme bordeado por rocas de gran magnitud y un riachuelo de diáfanas aguas. Fue ahí que la criatura convertida en ángel vió a su amado flotando en la parte más alta de la cueva, sonriendo dulcemente e iluminando el sitio con una blanca y tenue luz que emanaba de sus alas; su pesar desapareció y quiso volar hacia donde él estaba para abrazarlo… pero cuando se disponía a hacerlo, un negro demonio llamado ‘inconformidad’ apareció entre las sombras e incrustó en su espalda un enorme alfiler…”

Resumen de lo que había ocurrido en los últimos días: Ángel y Alejandro estaban felices, comiendo perdices y juntos de nuevo, más románticos que nunca y poniéndose cada vez mejor, hasta que…

ALEJANDRO: Angelito, tengo que decirte algo…

Una de las frases más odiadas y que más terror dan en una relación de pareja apareció una noche a tan solo un par de días antes creo de que publicase el último capítulo de ‘Delirios de Soledad’. ¿Y ahora qué pasaba? Me preguntaba por dentro mientras el nerviosismo y algo de preocupación comenzaban a hacerse presentes en mí, algo me decía que esto no podía ser muy bueno… ¡Cómo odio ser tan pesimista a veces!

ÁNGEL: Ok, dime.

              Pasaron unos minutos que me parecieron horas y en los que estaba en ascuas por lo que se podría venir.

ALEJANDRO: Mmm… volví a entrar a la página de contactos gay… encontré a alguien.

“¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! No otra vez, por todos los cielos no otra vez”, comencé a rogar lastimero y ya con los ojos aguándoseme. Esto no podía ser posible, no, no podía ser posible que las cosas se estuviesen repitiendo de nuevo y tenernos que despedir con el mismo dramatismo de la primera vez… no lo soportaría, esta ocasión me moriría de tristeza y angustia. Pasaron unos minutos más, traté de mantenerme sereno y tratar este tema con algo madurez (algo casi imposible en mi caso). El dolor que Alejandro había borrado al volver conmigo, me lo estaba devolviendo él mismo casi un mes después de nuestra reconciliación… esto se estaba convirtiendo en un efecto yoyo, iba y venía para volverse a ir y a venir, una y otra y quien sabría cuántas veces más.

En ese momento comenzó una discusión entre Alejandro y yo, en la cual le reclamaba por lo que había hecho, cuestionaba sus sentimientos hacia mí argumentándole que era ilógico que diciendo amarme tanto se anduviese buscando otros y él me argumentó que sí me amaba y mucho pero que quería ver qué se daba con este nuevo chico. Fue una discusión larga la cual tuvo algunos momentos donde el ambiente se acaloró con algunas fuertes palabras que nos dijimos. Al final, quedamos en que lo nuestro continuaría hasta donde el destino nos permitiese, sabiendo la “amenaza” latente que nos acechaba, yo acepté que él tuviese ese acercamiento con quien quiera que fuese ese tal Eduardo, como se llamaba el chico, y subliminalmente me estaba convirtiendo en el plato de segunda mesa de Alejandro en caso de que no se le diesen las cosas con él… digo subliminalmente porque yo en el momento no lo vi como tal, yo lo vi solamente como el inicio de una batalla por amor, en la que ambos teníamos iguales posibilidades de ganar, él por estar cerca suyo y yo por ser la persona a quien Alejandro decía amar y no la vi como en realidad era situación en todas sus dimensiones.

              ¿Qué cómo me sentí a partir de ese momento? Ya se imaginarán cómo… la poca seguridad en mi ser y fortaleza que ganaba estando al lado de Alejandro se volvía intermitente, volví a ser el mismo chico inseguro y volátil en mi estado emocional, pero esto no me importaba ahora ya que tenía que estar más pendiente de ganarle la batalla a Eduardo que por esas “tonterías” mías.

------------

              Pasaron unos días, el trato entre Alejandro y yo no había cambiado mucho a pesar de las circunstancias que ya conocíamos, las cuales aparentemente y según yo, estaban desapareciendo y quedándose como un susto enorme ya que él no me había vuelto a mencionar desde aquella noche sobre Eduardo. Comenzaba a creer que no se habían dado las cosas entre ellos y me había dejado el camino libre hacia mi chico (qué estúpido siento llamarle “mi chico” sabiendo que no éramos novios aún) y esto me hacía sentir muy feliz, demasiado creo yo… pero dejé de creer eso un domingo por la noche, cuando Alejandro y yo iniciamos un poco tarde nuestro tradicional chat amoroso.

ÁNGEL: Hola amor.

ALEJANDRO: Hola Angelito.

ÁNGEL: ¿Dónde te habías metido que no te habías conectado hasta ahora?

ALEJANDRO: Ángel… yo…

ÁNGEL: ¿Tú qué?

ALEJANDRO: No me había conectado porque hoy salí a verme con Eduardo.

              Esas palabras fueron un baldazo de agua bien fría sobre mi cabeza, algo muy dentro de mí ardía del dolor y me hacía sentir muy mal. Empecé a creer que yo no era suficiente para él, mi “rival de amores” estaba tomando ventaja y dejándome atrás… pero… pero… pero… no me rendiría.

“La descortés ‘inconformidad’ clavaba lentamente su enorme alfiler en la criatura convertida en ángel, se carcajeaba sonoramente chocando su voz contra las rocas y haciendo un eco que se escuchaba por la cueva. La criatura yacía sobre el suelo soportando el dolor que este demonio le generaba sin saber las razones porqué, mientras sus lágrimas brotaban paulatinamente de sus ojos.

 

Pasó un buen tiempo para que ‘inconformidad’ acabase su labor, alejándose y dejando el alfiler clavado en la espalda de la criatura. Esta sintió algo de paz al ver como se alejaba el demonio, esperó un rato para tomar algo de fuerzas y con sus piernas temblorosas se trataba de poner de pie; miró una vez más hacia arriba donde se mantenía flotando su ángel, que esta vez lo miraba compasivo y con los brazos abiertos, generándole mucha emoción e ilusión por volver a los brazos de su amado luego de tan feo incidente, quería sentir su calor y su amor. Los pies de la criatura se despegaban poco a poco del suelo, emprendiendo su vuelo, cuando entre las sombras surgió otro demonio como el anterior, cargando un enorme alfiler, que lo clavó en su espalda junto al otro, haciéndolo caer otra vez al suelo… este demonio se llamaba ‘lujuria’”

Los días pasaban y mi amorío con Alejandro se mantenía en una aparente normalidad, hablábamos a diario, nos expresábamos nuestros sentimientos, nos decíamos cuánto nos queríamos, además reíamos, gozábamos, soñábamos, forjábamos como siempre nuestra relación, preparándola para un futuro incierto y del que solo la esperanza nos hacía perseverar en lo nuestro. En fin, todo lucía bien aunque yo por mi parte no me sentía nada cómodo con el rumbo que estaban tomando las cosas, ya que creo que no es muy ortodoxo que en una pareja de amantes (les recuerdo que él y yo no lo éramos, éramos “amigos que nos queríamos”) se den conversaciones como la siguiente:

[…]

ÁNGEL: Oye amor…

ALEJANDRO: Sí, dime…

ÁNGEL: ¿Saldrás mañana con Eduardo?

ALEJANDRO: Sí amor, mañana por la tarde.

ÁNGEL: Ok, me escribes cuando hayas regresado a tu casa ¿sí?

ALEJANDRO: Sí, lo haré.

ÁNGEL: Ok J

ALEJANDRO: Te amo Angelito, te amo con todo mi corazón guapo.

ÁNGEL: Yo también te amo tontito.

              Definitivamente, tener una conversación de pareja así es muy poco convencional así se tratase de una relación de dos locos jugando a quererse a la distancia, bueno, al menos para mí no.

              A causa de las situaciones en las que pasaba mi romance con Alejandro, algo en mi había cambiado, específicamente, algo en mi forma de pensar, una regla que yo antes consideraba de oro había sido abolida drásticamente ya que había aceptado de una manera “buena” que Alejandro estuviese saliendo con otro y estando aún conmigo. Él no me había pedido permiso para buscarse a otro y que va, no me quedaba más remedio que aceptarle ese “detallito”. Al decir yo que él no me pidió permiso, no quiero dar a entender que yo tenía cierta propiedad o autoridad sobre él, no, para nada, él era y es libre para hacer lo que se le venga en gana, pero pienso que para este tipo de sucesos, por respeto a la relación y por respeto a mi persona, debió haberse discutido conmigo para así evitarme ratos amargos tal y como me los generaba él cada vez que salía con Eduardo; que a pesar que intentaba no demostrarle mi tristeza y amargura, siempre acababa por autodelatarme y acabábamos con algunas peleas.

              Aunque estaba otro remedio para esta situación, el cual era el ponerle punto final a lo nuestro de una vez por todas para él tener total libertad con Eduardo, pero no quise optar por este… ¿Por qué?… sencillo, porque lo quería, amaba demasiado a Alejandro como para rendirme tan fácilmente y sin dar todo en una batalla bastante pareja y dispareja a la vez, algo me decía que valía la pena luchar por él y más valía la pena él, el único chico en esta vida que había logrado enamorarme de una manera que ni Rodrigo logró. Y algo más que me hacía permanecer al pie del cañón en la lucha por él, era que siempre me decía que salía con Eduardo pero que a quien amaba era a mí, que era yo el único al que su corazón le pertenecía, que como a mí me quería no quería a nadie más, etc., y yo ciegamente le creía, pensaba que él no tenía razones para mentirme en esto; a pesar de esto, mis inseguridades en mí mismo no se controlaban, mi desconfianza, mis celos, mis cambios repentinos de humor, mis bajones de autoestima y mis malestares… pero esas cosas no me importaba si estaba con él a mi lado.

              Según tengo entendido, hasta ese entonces, las salidas de Alejandro con Eduardo no habían pasado de ser tardes en que se veían en cualquier lugar, llamémosle a estos parques, centros comerciales y hasta su misma casa, para comer y conversar un rato como dos buenos amigos, y eso me tranquilizaba un poco y daba la esperanza que esto acabaría luego… pero esta tranquilidad se acabó una noche.

ÁNGEL: Hola Alejandro J

ALEJANDRO: Hola Angelito.

ÁNGEL: ¿Cómo estás? ¿Cómo te fue hoy con Eduardo?

ALEJANDRO: No querrás saberlo (u_u)

ÁNGEL: ¿Por qué? – las alarmas se encendieron en mí, algo no me daba buena espina ese día – ¿Acaso le pediste que sea tu novio?

ALEJANDRO: No.

ÁNGEL: Entonces… ¿Te acostaste con él? – se me salió preguntarle deseando con locura que su respuesta fuese negativa.

ÁNGEL: Sí… tuvimos sexo.

Me quedé sin palabras, con los ojos empezándoseme a aguar y el corazón a estrujar en mis entrañas de una manera increíblemente dolorosa.

              “La altanera y bella ‘lujuria’ terminó de clavar su alfiler en la criatura junto al otro, dañando sus alas y pintando sus vestiduras de negro azabache con el toque impuro de sus manos cálidas y vivaces. Esta se mantenía llorando con su cara hundida en el suelo, el dolor se apoderaba de su espalda y la confusión de su mente ya que no comprendía en lo absoluto lo que estaba ocurriendo, algo en su cabeza no estaba funcionando bien y no le permitía asimilar del todo bien la situación. Como lo hizo ‘inconformidad’, ´lujuria’ se fue del lugar en un abrir y cerrar de ojos, dejando su alfiler incrustado en el dorso de la criatura.

 

La criatura alzó una vez más su mirada hacia donde su ángel, el cual lo seguía viendo compasivo, preocupado y con los brazos abiertos, llamándolo para acogerlo, curar sus penas y hacerlo tan feliz como siempre. No acababa de levantarse cuando repitiéndose las rutinas anteriores, las sombras vieron surgir a un demonio más con otro alfiler entre sus manos, acercándose maliciosamente. El terror se apoderó de la criatura convertida en ángel y se esforzó por volar lo más rápido posible hacia su amado para que lo salvase de esos seres malignos, pero no pudo esquivarlo y un tercer alfiler fue plantado en su dorso a manos del demonio llamado ‘mentira’…”

Luego de que Alejandro me dijese lo que había ocurrido esa tarde, más bien, lo que había hecho con Eduardo, hice mi actuación ganadora de Premio Óscar del 2013, sí, ante él me comporté como si nada hubiese pasado, como que si lo que recientemente me había dicho no me había afectado en lo más mínimo cuando en realidad me sentía muy mal, con ganas de romper algo, al borde de un shock nervioso que me dificultó por momentos aparentar mi cordura, pero por suerte creo que Alejandro no lo notó ya que no le hice tanto drama como en otras ocasiones. Esa noche, cuando terminamos de hablar y me fui a mi cama, ya no pude más, me dolía demasiado y sentía que si seguía reprimiendo mi llanto, yo estallaría como bomba y sería peor para mí; así que en el silencio y la oscuridad de mi habitación, abrí la llave del grifo de agua en mis ojos y lloré amargamente por casi dos horas, hasta que pude quedarme dormido.

A la mañana siguiente, desperté sintiéndome mejor, no mucho, solo un poco, aunque me sentía confundido, una parte de mí me decía a gritos que acudiese a los llamados que el mismo Alejandro me había hecho para que finalizásemos con nuestra relación amorosa para evitarme más dolor y sufrimiento, mientras que otra parte de mí, la misma que había rechazado dichos llamados, me decía que siguiese con él, que esta guerra no había terminado aún y que podía ganarla aún. Al final, después de un día en que me la pasé cavilando al respecto, deduje algo: que Alejandro ya había probado (ya saben qué), que con esto ya se le había pasado la calentura que, según yo, se gastaba desde hace mucho tiempo y que con esto las cosas volverían a la normalidad. Esta deducción no hizo nada más que darle la razón a la parte de mí que decía que continuase con él.

              Los días pasaban tan igual, el ritmo de mi vida seguía igual, con Alejandro y yo comportándonos como era de costumbre en nuestro amorío contrastado con alguno de mis ataques de inseguridad, celos y discusiones, que mayormente eran porque yo le reclamaba que estuviese con otro y estando conmigo, ya que a pesar de que no éramos novios, nos comportábamos y nos queríamos como tal, por lo que yo sentía que tenía cierto “derecho” a pararme frente a él, verle a los ojos (literalmente) y expresarle mi disgusto ante lo que pasaba. Bien, el punto es que mi estabilidad emocional y mi esperanza de volver a ser como antes eran como un yoyo, que iba y venía, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, ya que como lo dije antes, un día estábamos hechos miel pura gritándonos mucho amor y al siguiente estábamos hechos limones podridos y discutiendo por lo mismo de siempre… pero eso no me importaba, con que yo siguiese a su lado era suficiente. 

              Ese desequilibrio emocional y las idas y venidas de mis esperanzas con Alejandro, se mantuvieron constantes por varias semanas, hasta una tarde de viernes…

[…]

ÁNGEL: El evento se terminó, dieron los trofeos y Rodri y yo nos retiramos y nos vinimos caminando y hablando locuras como siempre jajaja.

              Le contaba en ese momento a Alejandro que esa mañana había coincidido en un evento de mi antigua escuela primaria con Rodrigo, mi ex mejor amigo y ex amor platónico.

ALEJANDRO: Jejeje que bien Angelito.

ÁNGEL: ¿Y sabes que fue lo mejor de todo?

ALEJANDRO: ¿Qué?

ÁNGEL: Que hoy pude comprobar que ya no lo amo…

ALEJANDRO: ¿Sí? :3

ÁNGEL: Sí, porque te amo a ti, y solo a ti :3

ALEJANDRO: Yo también te amo Angelito :3

              Seguimos con nuestro romance por un rato hasta que un comentario de uno de sus amigos en una publicación suya dió razones más que suficientes para que la hermosa escena entre Alejandro y yo se terminase y pasásemos a uno de mis tormentosos ataques de celos que con frecuencia acababan en peleas.

ÁNGEL: ¿¿¿Me puedes explicar por qué demonios Lucas dice que el lunes le pedirás a Eduardo que sea tu novio??? – le escribí muy molesto y lleno de rabia en un mensaje.

ALEJANDRO: Noooo, no le hagas caso a Lucas, él solo está bromeando… yo te amo a ti.

ÁNGEL: ¡¿Cómo quieres que me tranquilice?! Si él está hablando segurísimo de que tú harás eso ¡¿Cómo?!

ALEJANDRO: Ángel, te estoy diciendo la verdad, no pienso pedirle nada a Eduardo.

ÁNGEL: Dime la verdad… ¿A quién amas? ¿A mí o a él?

ALEJANDRO: Te amo a ti.

ÁNGEL: Ok – respondí tranquilizándome un poco su respuesta luego del mal rato.

ALEJANDRO: Mira, vuelvo pronto, tengo algo qué hacer aquí, hablamos en un rato.

ÁNGEL: Ok, te espero J

De inmediato él se desconectó mientras que yo permanecí activo en mi cuenta, conversando con otros amigos y haciendo mis clásicas locuras de Facebook, en fin nada fuera de lo común. Aproximadamente cuarentaicinco minutos después Alejandro se volvió a conectar y no tardé mucho en enviarle un mensaje.

ÁNGEL: Hola amor J

ALEJANDRO: Hola Angelito.

ÁNGEL: ¿Estás ya desocupado?

ALEJANDRO: Sí. Ángel, te diré la verdad…

ÁNGEL: ¿Qué verdad amor?

ALEJANDRO: El lunes le pediré a Eduardo que sea mi novio, desde hace varias semanas él ha estado muy presente en mi mente y no sé por qué, bueno, sí tengo la idea porqué pero no estoy seguro y lo siento por ti pero… hasta acá llegó lo nuestro, podemos seguir siendo amigos si quieres y por favor, te pido nuevamente que me dejes de amar y no me vuelvas a llamar amor (u_u)

              Me quedé atónito ante todo lo que Alejandro me dijo, sentí como algo en mi estómago se retorcía mientras en mi cabeza daban vueltas miles de ideas y emociones. No podía creerlo, no me podía estar pasando eso, yo lo amaba y él a mí, no podía ser posible que me estuviese diciendo lo que me estaba diciendo, pensaba, no. Los ojos se me llenaron de lágrimas, se me hizo un gran y horrible nudo en la garganta y un dolor marchito se apoderó de mi pecho, por muy metáfora barata que se escuche, mi corazón recién reconstruido por el amor y llenado de esperanza y todo el mundo que había creado con él, se infectaba y se derrumbaba sin piedad alguna como un muro ante el impacto de una bola demoledora…

ÁNGEL: Alejandro ¡¿Por qué?! – Le escribía preguntándole y lagrimeando – ¡¿Por qué me dejas otra vez?!

ALEJANDRO: Lo siento… las cosas son como son y no pienso pasarme la vida pegado en mi PC. Yo necesito explorar, necesito sentir lo que se siente amar y ser amado y como te dije antes, últimamente, desde que pasó lo que pasó con Eduardo he comenzado a tener sentimientos hacia él.

              Se había hecho de noche y seguíamos hablando sobre el tema del día entre nosotros, nuestra nueva separación. Yo estaba devastado por dentro, me sentía de lo peor, cada palabra que Alejandro me decía se convertía en una auténtica bala que salía del revólver de sus dedos y que caían directo a mi alma, destruyendo bélicamente lo que en mi interior habitaba. Por mucho que intentaba hacerme el fuerte para no llorar y tomarme las cosas con calma, tomarme con madurez el fin de nuestra relación, parte de mí estaba de acuerdo con lo que me decía, yo tampoco podía estar aferrado a una PC, un celular, una red social y al internet todo el tiempo para estar en comunicación con a quien yo consideraba el amor de mi vida, no, pero otra parte de mí no comprendía eso muy bien y se aferraba a Alejandro y se negaba a comprender y a dejarlo de amar, siendo una vez más, esta última parte la que dominaba mi ser en su totalidad.

ÁNGEL: Dime algo… ¿Lo amas?

ALEJANDRO: Un poco… no, no lo sé, pero… quiero intentar algo con él.

ÁNGEL: ¿Y por mí qué sientes?

ALEJANDRO: Me gustas, me sigues pareciendo el ángel más lindo que he conocido y sabes que de no ser por la distancia esto no estaría ocurriendo porque las cosas entre tú y yo serían muy distintas… además, te quiero mucho.

ÁNGEL: ¿Me quieres mucho?

ALEJANDRO: Sí, solo eso y nada más. Así que por favor, olvídate de mí, como te dije antes, si quieres podemos seguir siendo amigos, pero solo eso, amigos.

              No entendía nada, no entendía cómo Alejandro podía decir que ya no me amaba, sabiendo que hace tres horas aproximadamente me decía amar. Esta confusión no hacía nada más que desesperarme y atribularme de una manera tremenda, además de hacerme sentir peor de lo que ya me sentía. Él y yo seguimos discutiendo lo mismo, que por qué de la noche a la mañana dejó de amarme, discusión que cada vez se tornaba más intensa y que se volvía un verdadero campo de fusilamiento para mí por la cantidad de balas que, literalmente, me impactaba y de todos y por todos lados. Ya a altas horas de la noche y con una jornada con intensas emociones, acabamos con nuestro chat de ese día.

[…]

ÁNGEL: Pase lo que pase Alejandro, yo te amaré.

ALEJANDRO: Te lo vuelvo a repetir, deja de amarme, no quiero que sufras por mí, por favor.

ÁNGEL: Ok.

ALEJANDRO: Me voy a dormir ya, pasa linda noche.

ÁNGEL: Igual, pasa feliz noche.

              Pasar linda noche… algo imposible para mí, esa noche pintaba que sería una de las más duras y dolorosas, tanto como la noche en que nos separamos la primera vez.

              Me desconecté de mi cuenta de Facebook, me puse mi ropa de dormir y me fui directo a mi cama, con una cara de Mona Lisa – sin llanto y sin sonrisa – que nadie ni nada me la quitaba; me envolví con las sábanas de pies a cabeza y me acomodé en posición fetal, sentía que hacer eso me ayudaba a alejarme de mi mundo real que tan mal estaba con lo que Alejandro me había dicho ese día, sentía que hacer eso me reconfortaba. Lo único que tenía en mi mente en ese momento era una imagen dolorosa para mí de mi Alejandro pidiéndole a Eduardo, a quien ya lo conocía por fotos gracias a mi astucia y cabe recalcar que cuando lo conocí, no pude evitar sentirme reductivo y tan poca cosa ante un chico atractivo como él, pensaba que no había comparación alguna entre él y un obeso, piel tostada, cabello enmarañado y enemigo de la moda como yo, no. Esa imagen que me había fabricado en la cabeza, los perniciosos pensamientos como el antes mencionado, la tristeza de perderlo una vez más y la música que por cuestiones del destino sonó en mi reproductor, fueron las causantes de que esa noche me soltase en un llanto doloroso y amargo, que se mantuvo incesante hasta pasada la medianoche, que entre sollozos ahogados por mi almohada, pude quedarme dormido…

              ***

              Hasta acá le segunda y penúltima parte de mi historia. Gracias por leerme, espero que les haya gustado, si ustedes gustan valoren y comenten con sus opiniones.

 

              Saludos a todos.

 

                                                                                                                Atte. Mebarak.

            



© Mebarak

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