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Fecha: 19-Oct-14 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Strip Póker en Familia (6)

Nokomi
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Tiempo estimado de lectura: [ 60 min. ]
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Que inicie el juego... las cartas están sobre la mesa y la ropa en el suelo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Strip Póker en Familia (6).

 

Permanecí de pie frente a toda mi familia tal y como Dios me trajo al mundo, completamente desnuda. Les di unos segundos para que pudieran admirarme, mi madre sonreía pero a la vez evaluaba la situación, lo supe porque era la única que en lugar de mirarme, miraba la cara de los demás. Mi primo Ariel dio un apretón a su pene por encima de la tela del bóxer ¿qué fantasías locas recorrerían su cabeza? Por lo que había aprendido de los hombres en estos últimos días, sabía que muchos sólo pensaban en sexo al ver una mujer desnuda, aunque ésta fuera de su propia familia, no sé a cuántos hombres en el mundo le ocurriría esto, pero a muchos de los que yo conocía, si les pasaba. 

Tomé asiento, mi tía estaba mortificada, al estar directamente frente a mí podía ver claramente todo, sus ojos no sólo se detenían en mi vaginita sino que también se deslizaban un poco hacia mi izquierda para fijarse en el grotesco bulto de su propio hijo. A la derecha de Analía se encontraba Eric, cuando ella reparó en él apartó su mano por acto reflejo, como si hubiera tocado algo que no debía, a pesar de estar lejos de aquello de lo que huía. Mi hermano también exhibía una muy marcada erección. Por mi parte puedo decir que me sentía tremendamente estimulada y excitada al hallarme una vez más desnuda frente a todos, especialmente frente a aquellos que nunca habían admirado los rincones ocultos de mi anatomía.

-Bueno, ¿seguimos? –preguntó mi papá con una naturalidad tal que mi tía lo quedó mirando como si él se hubiera fugado de un manicomio.

-¿Piensan seguir? –Preguntó ella- ¿y si Nadia pierde, cómo va a pagar?

-Ya veremos… la próxima vez si podría ser dinero –dijo mi hermanita, supe que sólo estaba ganando tiempo.

-Pero… pero… ¿se piensan quedar en bolas? –Analía estaba desorientada.

-Nadie dijo eso –habló mi madre- para desnudarse hay que perder, si no querés hacerlo, entonces más te vale que juegues bien.

-Yo sé jugar, pero tengo mala suerte.

La verdad es que había perdido varias manos a propósito, pero en la última, contra mi primo, perdí de forma justa, ya que creí que me alzaría con la victoria y que él debería despojarse de su remera y su bóxer. Para intranquilidad de mi tía, el juego continuó y el resto de los participantes estaban muy animados, yo inclusive. Había dejado de lado las diferencias que tenía con algunos de ellos, mi padre me miraba poco, mi tío parecía haber sufrido un ataque de amnesia y me observaba como si fuera la primera vez que me veía desnuda. La única reacción leve de hostilidad que detecté fue en Mayra, cada vez que giraba mi cabeza hacia mi derecha me encontraba con el ceño fruncido de la pequeña que mantenía estoicamente su guerra muda en mi contra.

La ropa se fue reduciendo para todos mientras las cartas eran repartidas y mezcladas una y otra vez. Mayra llegó a quedar tan sólo en ropa interior, para el agrado de muchos, mi papá tuvo que desvestirse hasta quedar tan sólo con su bóxer, mi tía seguía siendo una jugadora cobarde pero por confiarse en un par de manos, tuvo que quedarse en corpiño. Sus senos eran casi tan grandes como los míos o los de mi mamá, pero no se traslucían ni un poco, además todavía conservaba su pantalón.

La pequeña Mayra salió victoriosa en una ronda en la que se enfrentó hasta el final a mi hermano y a mi mamá. Impuso la pena máxima para Eric ya que él sólo tenía puesto su bóxer, con Viki fue más piadosa y sólo le pidió que se despojara de su corpiño. ¿Hace falta aclarar de qué forma miró Ariel las grandes tetas de su tía? El muchacho estaba tan excitado que podía verse cómo gotitas de líquido preseminal estaban humedeciendo la tela de su ropa interior. Cuando le llegó el turno a Eric éste se puso de pie prácticamente en su lugar, sólo apartó un poco la silla hacia atrás. Tomó un largo sorbo de lo que fuera que estaba tomando y de un tirón se desnudó. Mi tía quedó anonadada al ver semejante verga aparecer frente a sus ojos a tan poca distancia, abrió tanto la boca que podría habérsela tragado completa, por suerte para ella Eric no estaba tan cerca.

-¡Apa, qué animalito tenés ahí, nene! –exclamó la mujer sin salir de su asombro.

-Los nenes ya crecieron hace rato –acotó mi madre sonriendo y admirando a sus anchas el duro pene de su querido hijo, supuse que estaría fantaseando con él.

-¡Se nota! Hay que reconocer que salió bien equipado.

-Es de familia –aseguró mi primo para no quedarse atrás.

-De mí familia –la aclaración vino por parte de mi padre quien sonreía orgulloso, ya podía ver un leve asomo de erección entre sus piernas.

-Señora, por su cara diría que es la primera vez que ve un chorizo de esos –me sorprendió que mi tío Alberto hiciera bromas a costa de mi tía ya que ellos se conocían poco.

-Ah no, no es el primero que veo… ni el más grande… créame –ella era orgullosa, aunque toda esta situación la pusiera nerviosa, no permitiría que nadie pase por encima de ella, además aprovechó para dar un leve vistazo al bulto que sobresalía del calzoncillo de Alberto- seré curiosa ¿cuál de todas las presentes le provocó eso?

La pregunta de Analía era sumamente maliciosa ya que casi todas las presentes teníamos algún parentesco con ese viejo calvo y panzón. La única que no tenía ningún vínculo sanguíneo con él era ella misma y aún conservaba buena parte de su ropa. Si a mi tío se le había parado había sido producto de ver a sus sobrinitas o a su propia hermana con poca o nada de ropa. Su pregunta fue tan buena que sin saberlo aludió a todos los presentes. Eric y Ariel no podrían explicar su erección sin hacer referencia a un familiar, a lo sumo Ariel tendría el beneficio de que sólo éramos sus primas y que mi mamá era una tía política y no había vínculo sanguíneo directo. Mi tío carburó y puso en marcha su motor cerebral intentando encontrar una buena respuesta.

-Me atrapó señora… usted tiene razón en algo. Sigue siendo la morocha más hermosa del lugar, de sólo verla se me despierta el potrillo y le dan ganas de salir a galopar. Procure no cruzarse en su camino porque no sé hasta dónde podrá usted aguantar y sepa que soy un hombre que no se cansa al cabalgar.  –Alberto aún conservaba parte de la sangre del gaucho autóctono y le encantaba demostrarlo poniéndose a payar.

Mayra estalló en risas, mi papá la siguió y luego todos nos reímos; nadie creyó en su respuesta pero mi tía se ruborizó y sonrió como adolescente en su primera cita. Le había gustado recibir ese cumplido tan cachondo y original por parte de mi tío. Sin que nadie tuviera tiempo a decir más, fue el mismo Alberto quien comenzó a repartir las cartas. Creo que muchos en la mesa esperaba que Eric y yo perdiéramos una vez más, sólo para ver de qué forma pagaríamos, tal vez hasta mi tía sentía curiosidad por esto, pero eso ya no puedo afirmarlo, de lo que sí estaba segura es que la mujer miraba el pene de su sobrino con poco disimulo cada vez que podía hacerlo, no la culpaba por eso, era inevitable no mirar las partes privadas de todos al menos una vez, pero su fijación principal era con el muchacho.

Las primeras tres cartas de la mesa fueron muy buenas y daban la posibilidad de formar juegos competitivos, pero había una sola cosa que estaba a mi favor, yo podía formar un póker de ases, casi escupo el corazón de la emoción al ver esas cartas y procuré que nadie pudiera espiarlas, para distraerme miré la entrepierna de mi primo, algo dentro de su bóxer daba saltitos como si quisiera escapar y si todo salía bien, yo le haría el favor. Una particularidad de Ariel es que iba hasta el final sólo si tenía buenas cartas, mi tía hacía lo mismo pero ella prefería que sean cartas inmejorables. Evalué la situación y todos parecían entusiasmados por lo que habían recibido. Al dar vuelta las dos cartas restantes Alberto y Erick abandonaron, pero todo el resto siguió en juego. Como era de esperar, nadie pudo superar mi póker de ases, hasta me pareció escuchar un leve insulto por parte de mi hermana, me apenaba que la chiquilla siguiera tan enojada conmigo.

La que menos tuvo que pagar fue Analía, pero al quitarse el pantalón lo hizo con una vergüenza tal que hubiera jurado que no tenía bombacha, pero sí la tenía y allí comprendí su actitud. La morena de amplias caderas tenía puesto lo que llamamos comúnmente “hilo dental”, lo peor es que era amarillo y eso lo hacía resaltar mucho. El triangulito apenas cubría su depilada intimidad, por un momento creí que sus piernas estarían algo deformadas, pero no, sus prominentes curvas eran lisas y bien definidas, más de uno de los presentes casi pierde los ojos al verla, en especial los hombres, inclusive su propio hijo. Lo único que se me hizo raro fue que el corpiño que llevaba no parecía encajar con la bombacha y supuse que su idea original había sido salir sin sostén, pero como sus pezones se habrán notado, se cubrió los pechos con el primer corpiño que encontró, algo que yo misma había hecho muchas veces porque en ningún momento pensé que tuviera que desnudarme frente a alguien.

-Pretende usted matarme de un infarto, señora –dijo mi tío con una erección más fuerte entre sus piernas.

-Todo esto me da muchos nervios, ¿no les parece que podríamos dejarlo así? –preguntó ella mientras se sentaba.

-¿Dejarlo justo cuando se pone interesante? Ni loco –aseveró mi primo.

-¿Te parece interesante ver a tu madre en calzones? –lo retó ella con el ceño fruncido.

-¿Quién hablo de vos? Ya te vi sin ropa como mil veces cuando te vas a bañar –esto sonrojó a mi tía- a la que quiero ver sin ropa es a la tía –le guiñó un ojo a mi madre y ésta sonrió.

-Entonces habrá que hacerle el favor al chico.

-Pero Victoria…

-Tranquilizate un poco Analía, esto es un juego… divertite, que no te va a hacer nada mal –le dijo mi madre mientras se ponía de pie.

Ella estaba tan cerca de Ariel que él pudo ver perfectamente los rugosos y carnosos labios vaginales de mi madre, por lo libidinosa de su sonrisa imaginé que ya estaba fantaseando con lamerlos… o incluso algo peor. Luego llegó su turno de desnudarse, lo hizo rápido, sin preámbulos, como si estuviera deseando mostrarnos su pajarito, el cual me dejó húmedamente sorprendida, no era muy largo, pero si ancho. Doblé mis rodillas hacia adentro como apretando mi vagina y sentí un leve cosquilleo. Él sonreía altanero y cuando se sentó me preguntó:

-¿Te gusta, prima?

-He visto mejores –respondí simulando poco entusiasmo- ¿Seguimos?

-No, todavía falto yo –dijo Mayra con enojo, había olvidado por completo a la pequeña muchachita y esto solo empeoraba mi situación con ella.

-Perdón.

-Decir perdón a cada rato no cambia nada –la mayoría habrá pensado que su comentario aludía a una típica discusión entre hermanas pero mi madre y yo sabíamos perfectamente a qué se refería.

La hermosa chiquilla se puso de pie y se quitó la bombacha con desgano, como si no le afectara en absoluto que todos pudiéramos ver su depilada y pequeña conchita rosada, pero luego de desnudarse hizo algo que le permitió a los presentes admirar los rincones más ocultos de su anatomía.

-No dejen toda la ropa tirada en cualquier parte, que estemos jugando no quiere decir que tengamos que ser unos mugrientos.

Al decir eso se inclinó hacia adelante mostrándonos sus nalgas, éstas se abrieron y nos permitieron ver el agujerito que se asomaba entre sus tiernos labios vaginales y un culito muy apretadito. Comenzó a recoger la ropa que estaba tirada en el piso, prenda por prenda. No sé cómo hizo mi primo para contenerse, pero él miró a Mayra con unas ganas tremendas de penetrarla, lo puedo deducir por la forma en que agarró su pene haciendo bajar y subir su prepucio lentamente. Mi hermana era inteligente, estaba llamando la atención a su manera, pero yo tampoco era tan estúpida, sabía muy bien que si la ayudaba a recoger la ropa ella lo tomaría como una competencia directa, por lo que decidí quedarme en mi sitio. Mi mamá y mi tía fueron las únicas que la ayudaron a juntar todo y a dejarlo apilado en un sillón.

Retomamos el juego y tuvimos una ronda de lo más interesante. Llegué a quedar mano a mano contra mi tía, luego de que todos abandonaran. En la mesa se podían ver tres 10 y por el entusiasmo de mi tía deduje ella tendría otro, tal vez la pobre ingenua creyó que con eso formaría póker de 10, pero no recordaba que debía utilizar si o si las dos cartas que tenía en la mano, es decir, su segunda carta anularía dicho póker. En cambio yo tenía dos Q. Las reinas eran una de las cartas más altas de la baraja y con ellas podía formar un buen full, utilizando los 10 sobre la mesa, por lo que decidí doblar la apuesta, para desnudar a mi tía de una vez por toda.

Mi sorpresa fue enorme cuando ella mostró sus cartas, las cuales me llevaron a una derrota apabullante, maldije el haber tomado tanto vino espumante, ya que éste estaba nublando mi capacidad para deducir, o tal vez se debió a mi entusiasmo por ganar lo que me impidió evaluar la situación a fondo. Tal como lo predije ella tenía otro 10 en su mano pero acompañando a éste, tenía una K, esta carta sumada a otra igual sobre la mesa formaba un full de 10 y K, el cual aniquilaba mi juego. El 10 en su mano sólo descartaba uno de los que había en la mesa, pero no le impedía formar una gran combinación. Ella se rio de mí, la mujer era competitiva y siempre creía tener la razón, esto era una inyección a su ego, pero lo que mi tía no sabía es que, en este caso, la victoria podía ser mucho peor que la derrota.

-Está bien –dije aceptando mi mala suerte- ¿qué tengo que hacer para pagar? Acordate que doblé la apuesta, así que tiene que ser algo fuerte –sonreí con una malicia que, por milagro, hasta hizo sonreír a Mayra, ella supo cuál fue mi intención.

-No sé… ¿no habíamos dicho que pagarías con dinero?

-Lamentablemente no tengo más dinero que el que me dan mis padres… lo cual ahora mismo es cero. Me lo gasté todo –era mentira, tenía unos pequeños ahorros guardados y mi madre lo sabía, pero decidió no exponerme.

-¿Entonces qué hago? –mi tía miró a su alrededor intentando encontrar un aliado.

-Podrías imponerle algún desafío –sugirió mi madre- algo que la haga avergonzar, se lo merece, por haber doblado la apuesta.

-¿Avergonzar… de qué forma?

-Ay Analía, no sé –mi madre simuló estar perdiendo la paciencia con ella- ponete creativa, pensá algo.

Esto me fascinaba, no había pensado en que mi tía podría llegar a ser la encargada de imponer el primer desafío de la noche y ella desconocía nuestras intenciones con este juego.

-No se me ocurre nada ¿Ustedes ya jugaron antes a esto? –esa pregunta cayó como una bomba en el centro de la mesa, la única que se atrevió a responder fue la más pequeña.

-Sí, ya lo jugamos –Mayra fría y directa.

-¿Y qué hacían en estos casos? ¿Qué tipo de desafíos usaban?

-No sería justo que te lo dijéramos porque es parte del juego inventarlos –aseguró la chiquita, vi que mi padre sonreía orgulloso de la niña tan inteligente que tenía como hija- pero te voy a dar una pista, los desafíos suelen ser vergonzosos en carácter sexual.

-Ah bueno, este juego sí que me gusta –dijo mi primo riéndose por la emoción- ¿cómo no me invitaron antes a jugar?

-Yo no voy a hacer eso.

-Vamos Analía, no seas tan amarga –me sorprendió que mi padre le hablara de esa forma a su hermana- siempre fuiste muy liberal con respecto a lo sexual; disculpen lo que voy a decir, pero cuando ella estaba embarazada nos pasamos más de dos meses buscando al padre de Ariel… y no fue porque el tipo se escondiera, sino porque no sabíamos cuál de todos podía ser –mi primo asintió ya que seguramente conocía esa historia, para mí era toda una revelación.

-Sí, recuerdo el lío que se armó –continuó mi madre- llegué a contar más de diez candidatos… todos con pocos días de diferencia. Si hoy se escandalizan de que una chica sea algo promiscua, imagínense lo que habrá sido hace veinte años… pero fuimos considerados con Analía y mantuvimos todo el asunto en el mayor de los secretos; para que sus padres no se enteraran.

-Pero Ariel es rubio ¿no era más fácil buscar solamente a los rubios que estuvieron con la tía? –preguntó mi hermano creyendo que su planteo era inteligente, pero mi hermana se dio una fuerte palmada en la frente indicándole contrario.

-Sos pelotudo Eric –le dijo- el chico no había nacido ¿cómo iban a saber si era rubio?

-Ah… tenés razón –todos nos reímos a costa suya- ¿y cómo supieron quién era el padre?

-Tuvimos que analizarlo bien con el pediatra para calcular el día exacto en el que quedé embarazada –dijo mi tía avergonzada.

-Lo cual no resolvió nada –agregó mi papá- sólo redujo la lista a cuatro hombres.

-¿Cuatro? Señora, usted habrá pasado unos días muy divertidos en sus tiempos –dijo mi tío sorprendido- que pena me da no haberla conocido en aquellos días.

-En ese entonces era joven y cometía muchas locuras.

-¿Los cuatro al mismo tiempo tía? –esta vez debía darle crédito a mi hermano, hizo la pregunta que yo estuve a punto de hacer.

-No quiero hablar de eso –agachó la cabeza.

-Entonces ya sé cuál desafío te voy a poner cuando pierdas –aseguró Mayra.

-Para eso tengo que perder al menos tres veces más.

-Entonces más te vale que juegues bien –la malicia de mi hermanita era aterradora y enternecedora a la vez, algo que sólo ella podía lograr- ahora ponele el desafío a Nadia antes de que nos quedemos dormidos… ah y no le hagas confesar nada porque ya todos sabemos de las andanzas de la putita esta –me señaló con la cabeza.

No pude determinar si lo de “putita” lo dijo en broma o con la intención de herirme, esta chica hablaba poco pero sabía elegir muy bien sus palabras. Me lo tomé con calma y me limité a sonreír mientras mi tía estaba siendo agobiada por las dudas. Tenía a siete miembros de su familia desnudos o semidesnudos a la expectativa, mirándola fijamente. Cuando todos creímos que la mujer se iba a acobardar, ésta se puso de pie y se acercó a mi madre. Le dijo algo al oído, Viki asintió con la cabeza y luego ella también se paró, juntas se dirigieron hacia el pasillo donde estaban las habitaciones. La intriga de los jugadores aumentó, especialmente la mía, ya que todo esto tenía que ver con el castigo que debía cumplir y no tenía idea de lo que pudiera estar tramando Analía.

Las dos mujeres regresaron, mi madre marchaba altanera en toda su desnudez brindándonos una vista muy erótica y sensual, mi tía traía consigo un pote de lubricante, al que yo conocía muy bien, y un objeto de plástico color piel, no tuve que observarlo mucho para darme cuenta de que era lo se conoce como consolador.

-¿De dónde salió eso? –pregunté.

-Lo tenía guardado –respondió mi madre- y tu tía me lo pidió.

-¿Y cómo sabía la tía que vos tenías eso guardado?

-Porque yo se lo regalé –respondió Analía.

-Sí, fue un regalo de cumpleaños, pero no he podido darle mucho uso… gracias a tu padre, nunca lo necesité –mi papá sonrió orgulloso- no te ofendas Analía, aprecio tu regalo pero es la verdad.

-Al contrario Victoria, que me digas que no lo necesitas es la mejor noticia que podías darme, eso quiere decir que mi hermano te atiende muy bien.

-Más que bien –agregó mi mamá.

-Bueno, ustedes me pidieron que me ponga picante con el desafío. Mi idea era pedirle a Nadia que use esto de la forma tradicional…

-Eso sería un tanto aburrido –dijo mi hermana.

-Por lo visto sí lo sería… para ustedes. No entiendo hasta qué punto se permite llegar con estos susodichos desafíos… pero tampoco soy una vieja sonsa… para mí bastaba con la forma tradicional, pero vos hiciste un comentario hace un rato sobre tu cola… así que veremos qué tan capacitada estás para eso –colocó el consolador y el lubricante sobre la mesa.

-Así me gusta más –Mayra parecía estar divirtiéndose a costa mía- que buena idea tía… y yo que pensaba que vos nos ibas a arruinar el juego.

-Me estoy esforzando mucho por no hacerlo, convengamos que a mí todo esto me parece demasiado.

-Que te parezca lo que quieras… lo importante es seguir jugando –la pequeña estaba tan decidida como lo había estado yo en el pasado.

-Está bien –Analía rezongó- ¿lo vas a hacer en el baño o en tu cuarto? –me preguntó empujando el pene de juguete hacia mí.

-¡Hey no! Eso no vale –para mi sorpresa la queja vino por parte de Ariel, quien nunca había jugado a este juego- yo quiero ver cómo lo hace.

-Tiene razón –dijo mi mamá- la idea del juego y de los desafío es avergonzar al otro… si Nadia lo hace sola en su cuarto no sólo nadie puede comprobar que lo hizo, sino que tampoco se sentiría avergonzada… al fin y al cabo todos nos tocamos cuando nadie nos ve –la lógica de mi madre era directa pero precisa.

-Entonces… ¿lo va a hacer delante de todos? –los ojos de mi tía se abrieron tanto que parecía una lechuza.

-No dije eso… -aclaró mi madre- ella puede negarse a hacerlo… pero estaría perdiendo el juego y debería irse. ¿Lo vas a hacer, Nadia?

-Claro que sí, no voy a perder el juego al primer desafío… -con esto marcábamos las reglas a mi tía, para que ella tuviera verdadera consciencia de las mismas- Eric, ayudame con ese sillón.

Junto con mi hermano arrastramos uno de los sillones individuales de la sala para dejarlo cerca de la mesa, justo detrás de Viki y de frente a mi tío Alberto. Recliné un poco el respaldar del sillón hacia atrás para que fuera más cómodo. Eric volvió a su lugar y yo comencé a untar el frío líquido lubricante entre mis nalgas, era cierto, sí me daba un poco de vergüenza, pero más que nada por mi primo, él me miraba como si yo fuera su futura víctima para un crimen sexual. Aparté cualquier pensamiento desalentador de mi mente y me concentré en lo que mi madre había dicho, debía demostrarle a los demás que estaba dispuesta a sentirme bien y a disfrutar de este juego tanto como me fuera posible.

Me coloqué de rodillas sobre el sillón apuntando mi cola hacia el público, es seguro que podían ver no sólo el huequito de mi cola sino también el de mi vagina, que debía mostrarse un poquito más abierto. Giré mi cabeza sobre mi hombro derecho y miré a mi tía, ella estaba realmente sorprendida por mi actitud. Apunté el consolador hacia mi culito y presioné. El esfuerzo fue en vano, no logré que entrara ni un poquito, todos aguardaban en silencio, expectantes… y yo no podía hacer lo que me proponía y sabía cuál era la razón, estaba nerviosa. Mi ano se contraía impidiendo la entrada de cualquier objeto ya que no me sentía cómoda al ser la única que actuaba de esa manera mientras el resto se limitaba a mirarme, así hubiera hecho otras cosas mucho peores frente a mi familia, lo hice porque los vi a ellos actuando de la misma forma, pero esta vez me tocaba a mí romper el hielo… y de qué forma.

-¿Alguno me puede dar una manito? Así no puedo –no sé por qué, pero al hacer esa pregunta recordé repentinamente que le estaba pidiendo a mi familia un voluntario para penetrarme analmente.

-Yo te ayudo –dijo Eric poniéndose de pie.

-No, vos me va a lastimar, tiene que ser una mujer… alguien que entienda lo que se siente.

-Te ayudo yo –dijo mi mamá, Eric se quejó pero ella lo mandó a sentarse otra vez. Viki se acercó a mí y tomó el consolador con una mano -¿Te pasa algo Nadia? –me susurró al oído.

-Estoy algo nerviosa… a la tía no le gusta nada todo esto… y Ariel me mira raro…

-Tu hermano te mira de la misma forma –mientras hablaba frotaba la punta del consolador contra mi cola- la última vez vos fuiste la que protestó hasta el cansancio… como está haciendo Analía ¿pensás hacer lo mismo otra vez?

-No, te prometo que no… es sólo que…

-¿Qué?

-Que me falta algún estímulo… algo que me haga animarme a más… algo que me lleve a hacer locuras sin pensar en las consecuencias… y sola no puedo. Además sigo pensando que Mayra me odia… eso también me pone mal.

Seguramente todos en la mesa observaban la escena sin entender nada, fijándose más que nada en mi culito, que se negaba a recibir ese pene de juguete.

-Mayra, ¿podés venir un momentito? –preguntó mi madre levantando la voz.

No escuché ninguna respuesta pero con sólo mirar de reojo pude ver que mi hermanita se acercó hasta nosotras son chistar, permanecí con las piernas separadas y la cola levantada mientras abrazaba el respaldar del sillón, Mayra se colocó frente a mi madre, procurando no obstruir la vista.

-Tu hermanita necesita algo de ayuda –le dijo Viki- ¿estarías dispuesta a darle una mano? Quedarías exenta de pagar la próxima vez que pierdas.

-Está bien –supe que al aplicar las reglas del juego había logrado convencer a la pequeña- ¿qué tengo que hacer?

-Lo que quieras… sólo tenés que ayudarla a estimularse un poquito… es muy difícil meter algo por atrás si la parte de adelante no se siente lo suficientemente estimulada.

En ese momento sentí una mano rozando mi vagina con tanta delicadeza que sentí el primer rayito de verdadera excitación física desde que me la había metido mi hermano en la cocina. Giré la cabeza para encontrarme con los ojazos de Mayra mirándome fijamente, no pude leer nada en ellos. Sus pequeños deditos recorrieron mi sexo con toda la intención de calentarme, iban a esos puntos más sensibles de la anatomía femenina sin dudarlo ni por un segundo. Detrás de mi hermana estaba Ariel, con la pija en la mano, masturbándose lentamente. Eric hacía lo mismo a su lado y los ojos de mi tía parecían no creer lo que veían, iban desde la escena entre madre e hijas en el sillón hasta la verga de su sobrino, una y otra vez. Mientras Mayra me masturbaba, ya haciéndolo plenamente, metiendo y sacando dos dedos de mi conchita, noté que las inquietas manos de mi tía se movían, una se posó con disimulo en su entrepierna, hundiendo un poco su transparente ropa interior justo en la zona de su clítoris, la otra mano parecía tener mente propia, se estaba acercando lentamente hacia la verga de Eric, no como si quisiera agarrarla, sino como si intentara rozarla casualmente con el dorso. Sus ojos estaban fijos en el falo de mi hermano, quien ni siquiera miraba a su tía y no dejaba de subir y bajar su prepucio con descaro. Esto era justamente lo que necesitaba, sentía que el monstruo sexual que dormía en mi interior, se estaba despertando. Mi hermana se veía obligada a ayudarme ya que ella no solía ir en contra de su madre y no importaba si la chica me odiaba, sus dedos estaban haciendo un trabajo estupendo entrando en mi conchita y moviéndose para todos lados en mi interior. Miré a Viki, ella aguardaba acariciando mi ano con la punta del consolador, asentí con la cabeza indicándole que ya podía seguir adelante. Ella no me hizo esperar, de inmediato sentí la presión, era muy similar a recibir el pene de mi hermano adentro así que sabía que podía soportarlo. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al imaginar qué pensaría mi tía si supiera que mi hermano y mi tío fueron los que me dieron por atrás. Mientras mi mente divagaba sentía ese pene de juguete entrando más y más, mi esfínter ya estaba relajado, giré la cabeza hacia el otro lado y una vez más me crucé con los ojos de mi hermanita que me miraban fijamente, esta vez me pareció notar un gesto de respeto hacia mí en su rostro, le sonreí e inmediatamente ella aceleró el rimo con el cual frotaba mi clítoris con la punta de sus dedos. Mi mamá fue sumamente cuidadosa, mientras más me clavaba más placer sentía y en ningún momento me dolió, hizo retroceder y avanzar el consolador varias veces.

-¿Tiene que entrar todo? –preguntó mi primo cortando el silencio que acompañaba a mis jadeos.

-Sí, todo –le respondió mi hermano.

Me apresuré a ver qué pasaba con él, seguía pajeándose sin disimulo y dos deditos en la base de la entrepierna de mi tía presionaban con fuerza y se movían lentamente en círculos, la muy puta estaba excitada, lo que más llamó mi atención fue su mano derecha, la cual estaba posada sobre la pierna de Eric a tan solo un par de centímetros de su verga. Un dolor agudo e inesperado me hizo chillar de dolor y cerrar los ojos.

-¿Te duele, Nadia? –preguntó mi madre deteniendo la penetración anal.

-Un poquito, pero no importa –de nuevo ese mismo dolor agudo localizado en una parte muy sensible de mi anatomía- podés seguir sin miedo –le aseguré.

El dolor no me lo estaba causando el consolador, sino los dedos de Mayra, al presionar con fuerza mi clítoris, la pequeña estaba recordándome que aún mantenía la bandera de guerra bien levantada. La miré con el ceño fruncido y una vez más me hizo chillar de dolor, en sus ojos centelleaba la furia.

-Ya falta poquito –dijo mi mamá haciendo retroceder el dildo y volviendo a enterrarlo entero de una sola vez, el placer que sentí fue inmenso pero quedó un poco disipado por un nuevo apretón contra mi clítoris –bueno, con eso es suficiente –Viki tiró del consolador y lo sacó de mi cola, por la forma abrupta en la que puso final a la prueba imaginé que ella también notó el jueguito de Mayra.

-Eso fue increíble –dijo mi primo- mirá cómo le quedó…

Seguramente estaba mirando mi ano dilatado, una imagen demasiado fuerte como para compartirla con mi familia, hasta llegué a sentirme una puta cochina, pero tampoco debía preocuparme por eso, ya todos sabían que yo era una puta, ocultarlo sólo empeoraría mi situación. Debía actuar con naturalidad, no decaer, estar por encima de ellos y mantener mi estado de ánimo de la mejor forma posible. Di media vuelta y les sonreí. Mi tía ya había alejado su mano curiosa de la pierna de Eric y nos miraba a todos con enorme desaprobación, en cambio el resto sonreía de la misma forma en la que yo lo hacía, hasta Mayra se mostraba simpática, como si fuera la bella asistente de un mago.

-A mí me pareció demasiado –se quejó mi tía.

- Analía, la que propuso la prueba fuiste vos –le reprochó mi papá.

-Pero no pensé que tuviera que hacerlo frente a todos… de esa forma.

-Es la gracia del juego, tía –le dijo Mayra- humillar a los que pierden.

-¿Pero a qué costo?

-Al que esté dispuesto a aceptar la persona que recibe el desafío –esta vez habló mi mamá- no es un juego para miedosos, al que no le gusta… se puede retirar.

-A mí no me gusta, me parece demasiado –la mujer continuaba con la misma actitud, a pesar de que momentos atrás intentó mostrarse como una mujer superada y de mente abierta.

-Tía, yo pensaba igual que vos la primera vez que jugué a esto, me quejé todo el tiempo –le comenté- pero después me di cuenta de que mi mamá tiene razón, al que no le gusta el juego, se puede retirar. Así de simple. ¿Qué hacés, te quedás a jugar una ronda más? Puede que los próximos desafíos no sean como éste… -en eso tenía razón, pero en el sentido contrario al que ella imaginaba.

-Está bien… juguemos una más –no le gustaba tener que ceder pero tampoco tenía muchas opciones.

Pasé caminando por al lado de mi primo, él me miraba anonadado, como si yo fuera una sirena emergiendo del mar, caminé de forma altanera y mi hermana desfiló detrás de mí, acaparando buena cantidad de miradas. El dolor de mi zona genital ya se había esfumado por completo y sólo quedaba la placentera sensación anal que me había otorgado el dildo y el inmenso morbo que palpitaba en mi pecho. Sentía como si estuviera jugando a esto por primera vez, ya que ahora mi actitud era completamente diferente. Estaba dispuesta a todo y lo iba a demostrar.

Mientras jugábamos me fijé en la entrepierna de mi tía, la cual estaba completamente mojada, no podía culparla, yo había pasado por lo mismo. Recordaba ese cruce de sentimientos, el saber que todo lo que hacíamos estaba mal, pero a la vez encontrarlo extrañamente excitante. Carta para aquí, carta para allá y el juego se puso tenso, todos pensaban en ganar… o tal vez en perder, ya que algunos desafíos, a pesar de ser humillantes, podían ser muy excitantes. Mi papá se mantuvo en juego hasta la última fase sólo por estar distraído, sorpresivamente, se alzó con la victoria derrotando a su hermana, a su sobrino y a su esposa. Analía tuvo que pagar su deuda quitándose la última prenda de vestir, lo hizo rápido y sin gracia, pero mi tío Alberto la aplaudió y luego dijo “Qué hermosa perla trae esa almeja” refiriéndose al abultado clítoris de mi tía, a lo que ella contestó “Se ve mejor cuando se abre, pero no es tan fácil abrirla, se requiere habilidad” allí supe que entre esos dos había algo especial, como si estuviéramos en una reunión de amigos y uno intentara ligar con otro. Esto dio tiempo a mi padre a pensar en el desafío, no tuvo que devanarse mucho los sesos, le bastó con ver la rigidez del miembro de Ariel y la forma en la que éste miraba a su tía, sospechando que algo bueno venía.

-Viki, creo que tu sobrino necesita algo de atención –le dijo con naturalidad- ¿por qué no le enseñás lo que esa boquita puede hacer? –le guiñó un ojo y todos comprendimos a qué se refería.

-Pepe ¿no será mucho? –una vez más mi tía provocó varios seños fruncidos- es la tía y…

-Tía política –le recordó mi padre- no hay ningún vínculo sanguíneo entre ellos… no empieces a ser la amargada de siempre, Analía –mi papá podía ser muy cortante si se lo proponía.

-No soy amargada, es sólo que…

Se quedó muda cuando vio a mi madre arrodillándose debajo de la mesa y sin perder tiempo le daba una larga lamida al tronco de Ariel, él volvió a abrir sus ojos al máximo evidenciando que nunca había imaginado que esa noche su bella tía Victoria le chuparía la verga.  

-Cronometrá ocho minutos, Nada –me ordenó mi padre- a ver si el pendejo puede aguantar tanto.

-Sí que aguanto –lo desafió él.

-Si no aguantás, te doy el desafío por perdido y vas a tener que hacer otra cosa.

Mi madre fue suave con el muchacho, supe de inmediato que su idea no era hacerlo acabar ya que sus besos, lamidas y chupones eran suaves y sensuales, como si se tratara de una actriz de cine porno. Si ella hubiera querido llevar a mi primo al límite, lo hubiera logrado en menos de cinco minutos, de eso estoy segura ya que el chico tenía una calentura que le hacía hervir los huevos. Me causaba mucha gracia la expresión en el rostro de mi tía al ver con sus propios ojos como le hacían un pete a su querido hijito, supuse que lo que más le impresionaba era la forma en la que mi mamá se estaba tragando esa verga, si bien mantenía un ritmo lento, la hundía completa dentro de su boca e iniciaba un movimiento constante. Los ojos de Ariel giraban hacia todas partes, a veces se fijaban en la boca y en las tetas de Viki, otras veces viajaban hasta las mías o se perdían en mi entrepierna, yo permití que mirara a gusto, separándolas un poco. Intentaba mirar a mi hermana pero esta vez era yo quien cubría casi toda su visión, luego saltaban hasta la anotomía de su propia madre, me pregunté qué estaría pensando cuando veía esa concha de labios gruesos que brillaban por la acumulación de jugos. Estaba segura de que mi madre disfrutaba mucho el cumplir con ese desafío, había mirado con deseo la verga de su sobrino en más de una ocasión y ahora tenía la excusa perfecta para chuparla a gusto delante de todos sin que nadie pudiera quejarse… bueno, casi nadie:

-Esto es muy fuerte para mí… ya no estamos hablando de sexo, lo estamos haciendo.

Ni siquiera tuve que voltear la cabeza para saber que la voz provino de mi tía pero de todas formas la miré, estaba sentada algo más lejos de la mesa, como si quisiera huir de nosotros, pero sus manos estaban inquietas, una acariciaba su muslo derecho y la otra rascaba disimuladamente su pezón izquierdo, además tenía las piernas bastante separadas, tanto que las rodillas casi tocaban a mi papá, por un lado, y a Eric por el otro. Nadie le respondió y Viki no detuvo su sensual felación.

-No es más que una chupadita, señora –le dijo mi tío- ¿me va a decir que nunca hizo una?

-No dije eso… pero nunca hice una delante de mi familia…

-Mentira –intervino mi padre mientras mi madre subía y bajaba la cabeza a un ritmo casi hipnótico- yo te vi al menos tres veces haciéndolo… y ninguna de las tres fue con el mismo tipo.

-¿Acaso me andabas espiando? –la furia en la voz de mi tía se incrementaba con cada palabra que decía.

-¿Espiando? No, para nada… ¿me vas a decir que aquella vez que se la chupaste a ese amigo de papá… no me acuerdo el nombre… creo que era Aníbal… no te diste cuenta que yo estaba ahí? Hasta Victoria te vio…

-Eso no cuenta, yo era muy chica para ese entonces…

-Tenías la misma edad que tiene Ariel ahora –controlé el cronómetro, mi madre podía seguir chupando esa verga a gusto durante tres minutos más- provocaste al tipo hasta que no aguantó y apenas papá y mamá se fueron a dormir se la chupaste en el living, Viki y yo estábamos a los besos en porche de entrada y vos lo sabías, es más… vos nos veías claramente, así como nosotros te veíamos a vos… y ahora te venís a hacer la pudorosa porque le están haciendo un pete a tu hijo… por un juego –Ariel sonrió como si le estuviera diciendo a mi padre que él era su nuevo ídolo... o tal vez disfrutaba saber que su madre no era una mujer correcta y que pudieran desautorizarla fácilmente.

La mamada terminó al mismo instante en el que sonó la alarma del cronómetro, mi primo se quejó y le pidió a su tía que siguiera durante un rato más pero ella, secándose la boca con una servilleta de papel, le dijo que iba en contra de las reglas del juego, me reí porque sabía que esas reglas podían ser sumamente flexibles en ciertas ocasiones, pero ella se estaba mostrando rígida con él.

-Ya no quiero seguir jugando a esto –volvió a quejarse mi tía- Ariel, vestite y vamos a casa.

-¡No! –Se quejó el muchacho- si querés andate vos, yo de acá no me voy ni loco.

-Loco es lo que están haciendo…

- Analía –intervino mi madre- no te olvides que nadie está obligando a nadie a jugar, cualquiera es libre de retirarse en el momento que le plazca, si vos querés irte, podés hacerlo… pero Ariel es mayorcito y ya puede tomar decisiones por su cuenta. Ni siquiera yo puedo prohibirle a Mayra que juegue –la pequeña sonrió con ternura- a pesar de que ella es la más chiquita de todos, confío en su criterio.

-No te ofendas Victoria, pero la única persona que tiene autoridad sobre mi hijo, soy yo y si yo…

-Me estás cansando, hermana –le dijo mi padre con vos grave- no me importa lo que tengas para decir, o te vas o te quedás… elegí ahora –supe que mi padre, a pesar de ser un hombre callado y bondadoso, tenía un carácter especial cuando se trataba de su hermana. ¡Eric! Repartí las cartas… si ella no quiere seguir jugando, que las deje arriba de la mesa y que se vaya.

No supe si mi padre mencionó a Eric a propósito o si sólo fue porque era la persona que tenía frente a él, pero esto hizo que mi tía girara una vez más la vista hacia el rígido pene de su sobrino, esto la hizo titubear. Cuando las cartas estuvieron sobre la mesa, ella las tomó y continuó jugando en silencio, dando pequeños sorbos a lo que tenía dentro del vaso. Recordé que la primera vez que jugué a esto, al principio me avergonzaba mucho el estar completamente desnuda frente a mi familia; pero en el caso de mi tía, esto no parecía ser importante. Estaba sentada de forma relajada, con las piernas abiertas, enseñándonos su (muy) húmeda intimidad, casi como si quisiera que la miraran.

La ronda la ganó mi primo Ariel y estoy casi segura de que lo hizo sólo para demostrarnos que su derrota en la partida anterior había sido un mero infortunio; él era tan competitivo como mi madre.

-¿De qué forma puedo castigarlos? –preguntó mirando a los únicos dos jugadores que habían permanecido con las cartas en la mano hasta el final y habían sido derrotados: mi papá y mi hermana- Podría darles castigos por separado, pero sería más interesante si lo hacen juntos –mi madre y yo sonreímos al unísono; el chico comprendía las intenciones de este juego- si yo dijera que Mayra se la tiene que chupar a su papá estaría siendo un machista, porque dirían que siempre son las mujeres las que tienen que hacerlo…

-Diría que sos un degenerado –lo reprimió su madre- ¿cómo le vas a pedir algo así? Es la hija…

-Es un juego –le recordó mi madre- ¿cuántas veces tenemos que explicártelo?

-¿Y cuántas veces tengo que decirles que esto me parece demencial?

-Se te ofreció más de una vez la oportunidad de retirarte, tía. Nos estás cansando a todos –dijo Mayra con su natural severidad- si te jode mucho, andate de una vez, yo quiero seguir jugando y voy a hacer lo que tenga que hacer.

-¿De verdad? –Preguntó Ariel abriendo mucho los ojos, noté que su pene dio un leve saltito- de todas formas vos no tendrías que hacer nada –simuló estar relajado pero yo podía adivinar la ansiedad que llevaba dentro- para no quedar como un machista digo que tiene que ser el tío Pepe el que te la… chupe… a vos –tartamudeó un poco al final, inseguro de sus propias palabras.

-Por mí está bien –dijo Mayra poniéndose de pie, demostrando que ya no era una niña.

Caminó con paso firme hasta el sillón en el que yo tuve que cumplir con el desafío anal y se sentó. Separó mucho las piernas y las colocó sobre el apoyabrazos mostrándonos cómo su húmeda y pequeña rajita sonrosada se abría como los pétalos de una flor en primavera, el dulce néctar que manaba de ella hizo agua la boca a más de uno en la mesa; hasta yo me sentí cálidamente atraída por la escena. La pequeña de grandes y expresivos ojos era una princesita sexual que esperaba que un gran ogro profanara su intimidad.

-Pepe, decime que no vas a hacer semejante cosa… -mi tía se puso aún más nerviosa cuando vio a su hermano ponerse de pie; sin embargo ella dedicó un par de largos segundos a admirar el falo oscuro y erecto que portaba ese hombre entre las piernas.

-Ya te lo dijimos, Analía. Es un juego. Si decís una palabra más me vas a hacer enojar… y vos no querés verme enojado –me dio la impresión de que esa era una amenaza recurrente, posiblemente él le decía esas palabras desde que eran pequeños.

La espalda de mi padre eclipsó mi panorama cuando se colocó de pie frente a su hija menor. Me sorprendió ver la angulosa forma de los músculos de sus glúteos, tomé un sorbo de mi vaso para poder digerir mejor la calentura que me envolvió, mi mente me jugó una mala pasada y me hizo imaginarme envuelta en esos fuertes brazos, con una firme boca marcando mi cuello y embestidas poderosas y varoniles que se perdían dentro de mí. Sin darme cuenta separé mi pierna izquierda de la derecha y con la rodilla choqué el muslo de mi primo Ariel, él volteó inmediatamente y clavó la mirada en mi vagina, la cual parecía estar pidiendo atención masculina. Él acarició suavemente mi pierna, mi primera reacción fue apartarme pero luego recordé que todo esto era parte del juego que yo quería jugar, dejé que sus dedos indiscretos treparan por la cara interna de mi muslo. Hicimos contacto visual y le dediqué una simpática sonrisa, casi impropia de mí.

Mayra parecía una diva, sentada de forma tan relajada en el sillón frente a todos nosotros, mi padre ya había ocupado su lugar arrodillándose frente a ella. Supuse que la prueba duraría los ocho minutos previamente establecidos, por lo que programé el cronómetro con ese tiempo mientras Ariel continuaba acariciándome con disimulo al mismo tiempo en que intentaba mirar la escena que transcurría a su izquierda. Mi hermana me miró fijamente y pude notar mucho desprecio hacia mí en su ceño fruncido pero en cuanto mi padre levantó la cabeza para mirarla, ella le sonrió con dulzura, volviendo a transformarse en la chiquilla tímida que siempre creí que era.

Mi tía Analía quedó boquiabierta en cuanto vio que su hermano no dudaba ni un segundo en lanzarse de boca contra la almejita de su hija; Mayra ladeó la cabeza y entrecerró los ojos al recibir el primer contacto con esa lengua experta. Desde mi posición pude ver como los labios externos de su vagina parecían hincharse para dar lugar al hombre que exploraba por vez primera uno de los puntos más íntimos de su anatomía. Los húmedos chasquidos llegaron hasta mis oídos junto con los primeros suspiros de Mayra, por un momento sentí envidia de ella; quería ser yo quien ocupara su lugar. Para apartarme un poco de las enfáticas lamidas que le brindaba mi padre miré a mi tía; ella continuaba con la boca abierta como si no pudiera creer que eso estaba ocurriendo realmente. De repente sentí un intenso cosquilleo a pocos milímetros de mi vagina, mi primo tenía el brazo estirado hacia atrás e intentaba tocarme sin mirar, como si esto lo eximiera de un castigo. No tenía tiempo para jueguitos estúpidos, los gemidos de mi hermana se estaban tornando tortuosamente intensos y cada vez que la miraba ella se encargaba de mostrarme lo mucho que disfrutaba de la comida de concha que le estaba dando su querido padre; sobaba sus pechos utilizando ambas manos, arqueaba su espalda elevando su plano vientre y sacudía sus caderas emulando los movimientos de la lengua que la penetraba. Tomé la mano de Ariel y la obligué a tocarme la vagina, él tanteó con desconfianza, como si hubiera tocado la boca de un monstruo feroz que pudiera comerle los dedos; sin embargo, pocos segundos después, se animó a tocarme con mayor soltura. Escaneé mis alrededores y él único que se percató de estos toqueteos fue mi tío Alberto, quien me dedicó una pícara sonrisa mientras se masturbaba lentamente. Nadie estaba mirando hacia atrás por lo que pude estirar una mano por debajo de la mesa, él comprendió mis intenciones y se acercó un poco hacia mí, arrastrando su silla sin hacer ruido. Me apoderé de su verga y comencé a mover su prepucio de arriba abajo. Volví la vista hacia Mayra, ella pudo ver perfectamente los toqueteos que se desarrollaban, pero supo disimular bastante bien. Mi primo Ariel logró colar uno de sus dedos en mi agujerito y comenzó a masturbarme con torpeza, me hacía doler un poco pero no me importaba, estaba demasiado excitada como para quejarme por pequeñeces. Analía seguía abstraída en la incestuosa escena que se desarrollaba frente a sus propios ojos y parecía ajena a los intensos toqueteos a los que yo me veía sometida por parte de su hijo. Ariel era bastante brusco a la hora de meterme los dedos pero cumplía con su función, realmente necesitaba sentir algo duro dentro de mi sexo y el tocarle la verga a mi tío sólo me recordaba aquellos momentos en los que había sido sometida anal y vaginalmente por él. Me incomodaba escuchar los intensos gemidos de Mayra y verla sacudiéndose como una puta, adoraba a mi hermanita pero sabía reconocer una provocación, seguramente ella había notado cuán interesada estaba yo en ser poseída por mi padre. No me quedó más remedio que aguantar con un nudo en la garganta que me impedía disfrutar a pleno de los toqueteos. Por culpa de esto perdí la noción del tiempo; al parecer a mi padre le pasó lo mismo ya que se puso de pie al mismo tiempo que decía:

-¿Ya es suficiente?

Mi hermana parecía haber pasado una loca noche de sexo; su cabello estaba revuelto y su pecho subía y bajaba rápidamente intentando recuperar el aire. Aparté rápidamente la mano del pene de mi tío y mi primo quitó los dedos de mi vagina, mi tía miró alrededor como si hubiera sido despertada de golpe luego de un largo sueño. Para disimular miré el cronómetro sobre la mesa.

-Todavía faltan más de dos minutos –le dije.

-Perdón, no sabía que estaban tomando el tiempo –se disculpó; su verga estaba aún más rígida que antes, me sentí un poco incómoda al ver que él había disfrutado tanto chupando la concha de Mayra- ¿tengo que seguir? –preguntó Pepe.

Antes de que él pudiera reaccionar, su hija menor se abalanzó rápidamente hacia adelante y se apoderó de su pene erecto sujetándolo firmemente con ambas manos. Todos quedamos boquiabiertos, Analía era la más sorprendida, ella aún no podía reponerse de la impresión que le causó ver a su hermano practicando sexo oral a la hija… o tal vez su aturdimiento se debía a que una vez más fracasó en sus intentos por tocar el miembro de Eric.

La boca de Mayra se abrió tanto que creí que se había fracturado la mandíbula, logró introducir una considerable parte del grueso pene de mi padre y comenzó a darle una mamada digna de una excelente película porno. Su saliva chorreaba por la comisura de sus labios y su cabeza se sacudía frenéticamente de atrás hacia adelante. La escena me pareció tan excitante que por puro instinto comencé a masturbarme friccionando mi clítoris con la yema de los dedos de mi mano derecha. Di un rápido vistazo hacia mi tía y no me sorprendió para nada verla con la boca aún más abierta y los ojos desencajados, una media sonrisa se dibujó en mi rostro; si bien sabía que lo que Mayra estaba haciendo era una provocación directa hacia mí, no podía negar lo mucho que me calentaba verla succionando ese duro pene. Por un momento me olvidé de toda mi bronca y rencor hacia ella y me relaje mientras me masturbaba abiertamente frente a mi familia, no me importaba qué pudieran pensar los demás y sabía que más de uno tenía ganas de hacer lo mismo que yo. El único que siguió mis pasos fue Eric, quien comenzó a sacudir su miembro libremente mientras observaba fijamente a su hermana menor tragando la verga de su padre hasta donde la garganta le permitía y sacándola emitiendo un húmedo quejido. Su carita parecía considerablemente pequeña ante un hombre tan grande como mi padre y más aún, con un trozo de carne tan grueso enterrado entre sus labios, pero ella seguía lamiendo y engullendo con total comodidad y evidente placer.

El pitido del cronómetro terminó con la bella y candente escena tan rápido como ésta había comenzado, tenía la incómoda sensación de que me hubieran arrebatado algo que por derecho era mío, pero al mismo tiempo me había excitado mucho al verlo. ¡Maldita Mayra! Ella sabía lo mucho que me calentaba verla excitada. La pequeña sabía jugar y jugaba sucio.

Cuando mi padre regresaba a su sitio le lanzó una fría mirada a su hermana ya que ésta estuvo a punto de acotar algo; pero guardó silencio, agachó la cabeza y apretó los puños; clara señal de impotencia. Con esto Pepe le decía que el juego seguiría su curso y que ya no tenía ganas de escuchar alguna de sus quejas.

La partida se reanudó con total normalidad; el tener a mi tía en silencio, al menos por un rato, era una gran ventaja. Esta vez la mejor combinación de cartas la recibió mi tío Alberto, yo me había retirado porque prefería participar como espectadora, al menos por un rato más y de esa forma ver si a mi hermanita se le ocurría alguna nueva treta para provocarme. Hubo tres perdedores, mi tía Analía fue uno de ellos y por lo mala que eran sus cartas tuve la sospecha de que perdió a propósito; los otros dos fueron mi mamá y mi papá.

-No se exceda con lo que va a pedir –le dijo Analía a Alberto con severidad.

-No se preocupe señora, seré suave con usted –miró a mi primo Ariel y le sonrió- ¿por qué no nos cuenta cómo fue el día en que se concibió a este muchachito? Seguramente a él le interesará conocer los detalles de cómo llegó al mundo.

-¿A qué se refiere con “los detalles”? –preguntó la mujer frunciendo el ceño.

-Ya sabe… hoy le perdonamos que no nos contara lo que ocurrió esa noche, pero tal como dijo Mayra, podíamos usarlo como algún desafío… pero tendrá que contarlo con lujo de detalles… o retirarse; usted decide.

-¿Tiene que escuchar también mi hijo?

-Sí Analía –dijo mi madre, quien parecía dispuesta a llevarle la contra durante toda la noche- ése es justamente el punto más importante del desafío, ahí está la parte “humillante”, por decirlo de alguna manera. El nene no se va a traumar, ya es bastante grandecito –sorprendí a mi primo mirando otra vez entre mis piernas, le devolví la mirada junto con una sonrisa; él también sonrió.

-De todas formas, no hay mucho para contar –comenzó diciendo mi tía- estaba borracha, en la casa de unos amigos; uno de ellos comenzó a franelear conmigo hasta que consiguió excitarme, me llevó a una de las piezas y allí hizo lo que tenía que hacer. Luego sus amigos fueron ocupando su lugar, de a uno a la vez; por la borrachera yo ni siquiera podía reaccionar.

-¿Entonces… te violaron? –preguntó Eric un tanto asustado.

-Estás mintiendo, Analía –intervino mi papá mientras rascaba sus pesados testículos; lo cual me hizo suspirar como a una niña tonta, por suerte nadie lo notó- la versión que yo tengo es muy diferente a esa. Ramón, uno de los chicos que estuvo presentes, me contó varios detalles de lo ocurrido esa noche y, por lo que me dijo, vos no estabas borracha.

-Ramón te habrá mentido…

-O tal vez estás mintiendo vos –insistió Pepe.

-¿A quién le vas a creer, a tu hermana o a Ramón?

-A Ramón –nos reímos porque la respuesta llegó al instante, sin titubeo- así que contá la verdad o te descalificamos –

En ese momento se me ocurrió algo, quería ser muy mala con mi tía para castigarla por comportarse como lo hice yo la primera vez que jugamos; no tenía mucha lógica pero ahora que veía lo pedante que podía ser esa actitud, sabía que merecía un castigo, yo también recibí unos cuantos aquella noche de juego, e incluso después; no quería que ella se fuera airosa.

-Ella nos mintió, yo le tomo el desafío como fracasado –dije con severidad- deberían darle una penalización por haber hecho eso, es lo justo –a todos les brillaron los ojos al unísono y miraron a mi tía con una sonrisa vil en sus rostros.

-Nadia tiene razón –me sorprendió que el apoyo viniera de parte de mi hermanita- propongo que además de contarnos lo que ocurrió, que represente “teatralmente” algunas de las escenas.

-¿Cómo sería eso de representar las escenas? ¿Tengo que hacerlas con mímica como si fuera un juego de chicos? –mi tía hablaba en tono burlón, casi riéndose de la idea de mi hermanita; a pesar de mis diferencias con Mayra, me molestó mucho que la tratara de esta forma, pero la pequeña sabía defenderse muy bien.

-Algo así, veo que no sos tan lerda para entender… lo que no te quedó claro es que este es un juego con contenido sexual, la “mímica” no la vas a hacer sola. Vos estuviste con cuatro hombres, me parece mucho para una sola mujer, no va a ser necesario utilizar tantos, podés elegir dos colaboradores, para que veas que no soy tan mala –todos la quedamos mirando mientras ella hacía girar sus ojos de un pene a otro.

-¿Cuáles vas a elegir, tía? –le pregunté para apurarla un poquito.

-¿No hay otro método de pago? Este juego me parece demasiado… riguroso.

-Si no fuera riguroso sería aburrido –se apresuró a decir mi madre- el desafío ya está impuesto y creo hablar por todos al decir que nos parece justo, te agradecería que aceleraras un poquito las cosas, nos tenés a las vueltas con todo y se nos va a terminar la noche entre tantas discusiones.

-Es cierto, mamá. Dejate de joder un poco y relajate, este juego no está tan mal –dijo Ariel dedicándole una amplia sonrisa a mi madre.

-Vos callate, porque… -en ese momento mi tía notó la expresión de furia en los ojos de su hermano y cerró la boca al instante, ella lo conocía bien y sabía que mi padre podía perder los estribos si se lo presionaba demasiado- está bien, entonces elijo a Alberto y a… -miró una vez más alrededor- el resto son todos parientes míos, esto no me gusta.

-Tenés que elegir uno más, es obligatorio –sentenció Mayra- de todos los males, elegí el menor.

-Está bien… Alberto y Eric –dijo poniéndose de pie- ¿qué tengo que contar exactamente?

-¿Cómo empezó todo esa noche? –pregunté con curiosidad.

-Bueno… -sus ojos abarcaron casi todo lo que tenía frente a ella; la vi titubear.

-Tía, acordate que ya no podés mentir… -le dije con severidad, estaba enfadada con ella porque la sentía como una amenaza para nuestro juego.

-¡Ya sé, Nadia! Ya entendí –contestó enfadada.

Volvió a mirar los duros penes que apuntaban hacia ella; sabía muy bien lo incómodo que podía ser tener a familiares desnudos frente a tus ojos, pero en éstas últimas semanas me había acostumbrado mucho a ver este tipo de cosas. Pude seguir argumentando en su contra pero preferí guardar silencio, esto la obligaría a empezar a hablar.

-Ustedes tienen suerte, recuerdo muy bien esa noche ya que fue una de las más excitantes de mi vida. Lo primero que se me viene a la memoria es que un amigo me invitó a su casa. Allí me encontré con los cuatro…

-¿Vos sabías que iban a estar? –preguntó mi madre.

-Sí, ya me lo habían dicho.

-¿Y cuál era el motivo de tu visita?

-¿Esto es un interrogatorio? –se quejó Analía.

-Podría ser un método para que de verdad nos cuentes lo que ocurrió –agregó Viki con tranquilidad.

-El motivo era porque  Ernesto, el dueño de la casa, se quería acostar conmigo.

-¿Es decir que vos fuiste hasta su casa con la intención de acostarte con ellos? –Eric intentó hacer una pregunta inteligente pero no le salió del todo bien.

-No, dije que mi intención era hacerlo con Ernesto, los otros supuestamente no sabían nada y no iban a participar de ninguna forma.

-Evidentemente algo cambió –acotó mi madre- ¿Qué fue lo que te llevó a tener sexo con cuatro hombres?

-Porque me lo propusieron –miró al piso como si estuviera avergonzada, pero inmediatamente su mirada se torció hacia el pene de mi tío Alberto.

-¿De qué forma se lo propusieron? –le preguntó él.

-Es que yo le dije a Ernesto, a modo de broma, que él sería incapaz de dejarme satisfecha. Sus amigos se rieron y él, en lugar de decirme que podría dejarme bien satisfecha, me dijo que para eso tenía amigos. Si él no me saciaba, entonces podía seguir con el resto de los presentes, que allí tendría… verga para toda la noche.

-¿Y vos qué le respondiste? –esta vez fue mi hermanita la que preguntó. Analía levantó la vista hacia su hijo, como si temiera que sus siguientes palabras pudieran afectarlo negativamente.

-Les dije que si eran tan hombres, que me sacaran la ropa y empezaran.

-¿Y qué pasó después? –pregunté debido a que ella se había quedado en silencio.

-Ernesto se me acercó y me quitó la blusa, antes de que me diera cuenta ya tenía a los cuatro desnudándome y manoseándome.

-¿Te molestó? –le preguntó su hijo.

-No, para nada. Yo de verdad fantaseaba con esa idea desde hacía tiempo.

-Describinos cómo fue ese momento –le pidió Viki.

-Yo estaba sentada en un sofá –se sentó, con las piernas bien separadas, en el sillón que habíamos utilizado previamente mi hermana y yo-, tenía tantas manos encima que no sabía de quién era cada una; a veces sentía un pellizco en los pezones –mi tío Alberto se le acercó y presionó con sus dedos uno de esos oscuros y erguidos pezones, ella no pudo reprochar nada, era parte del desafío-; otras veces alguno de ellos intentaba meterme un dedo por la vagina –esta vez fue mi hermano quien se le acercó pero en cuanto puso una mano arriba del sexo de su tía, ésta lo detuvo-. Ni se te ocurra meterlo –se quejó- dijimos mímica, no hechos concretos –Eric no tuvo más remedio que obedecer y sólo simuló que la estuviera tocando; aunque, astutamente, aprovechaba para rozar esa húmeda vagina-. Poco después –continuó mi tía- Ernesto sacó su pene y me pidió que se lo chupara.

Mi madre le hizo una seña indicándonos que nos mostrara cómo había ocurrido; este desafío cada vez me divertía más, me gustaba ver a Analía siendo humillada de esa forma. Ella no tuvo otra alternativa que sujetar el duro pene de Alberto con su mano izquierda y acercar su cabeza a él, como si fuera a engullirlo; sólo abrió la boca e hizo el típico meneo de cabeza de atrás hacia adelante.

-Cuando los amigos de Ernesto vieron lo que ocurría, ellos también quisieron participar activamente –siguió relatando sin soltar la verga de mi tío; él parecía muy complacido por eso y continuó sobándole uno de sus pechos-, Ramón fue el segundo en bajarse el pantalón y mientras yo se la chupaba a su amigo, me hizo agarrársela con la otra mano –Eric tomó la mano libre de su tía y la obligó a agarrar su verga; ella titubeó pero después de un segundo la apretó firmemente entre sus dedos y estiró el prepucio hacia abajo, liberando completamente el glande, lo admiró durante unos segundos y continuó con su historia:-, ya había tenido una experiencia previa con dos hombres, pero nunca con tantos a la vez; por un momento pude sentirme la mujer más hermosa y deseada del mundo, los tenía sólo para mí. No hubo muchas sutilezas esa noche; uno de los chicos, se llamaba Antonio, se apresuró a metérmela mientras yo estaba entretenida con la de Ramón.

Le hizo una seña a mi tío Alberto para que se colocara frente a ella, él la tomó por las piernas y con una sonrisa bonachona se le acercó, su espalda me impedía ver lo que ocurría por lo que tomé mi silla y me senté a espaldas de la silla de mi primo, desde allí pude ver que el pene de mi tío se posó entre los labios abiertos de la concha de Analía y comenzó a moverse como si estuviera penetrándola, pero en realidad sólo se movía por fuera, de todas formas esto tuvo cierto impacto en mi tía, sus ojos se entrecerraron y percibí un leve gemido escapando de su boca, allí tuve la sensación de que ella estaba disfrutando al narrarnos esta historia; si yo tuviera que narrar la primera vez que tuve sexo con mi hermano, estaría tan excitada como ella.  

-Mientras Antonio hacía todo lo posible por metérmela, el cuarto chico se me acercó, con su “instrumento” en mano y ni bien yo me lo metí en la boca –para ilustrarnos dirigió el pene de mi hermano hacia sus labios, éstos rozaron con el glande y un hilo de líquido preseminal quedó colgando de ellos-, el pobrecito acabó. Ni siquiera pude disimular, casi me atragante con el semen, parecía que el chico no había descargado en años. Los amigos se le reían.

-Por boludo y por precoz –dijo Ariel a tono de burla.

-Ese boludo es tu papá –le respondió mi tía dejando al chico confundido y boquiabierto.

-¿Qué hiciste con el semen? –preguntó Mayra incrementando mis sospechas sobre el fetiche que la chica tenía con las eyaculaciones masculinas; ya que la vi disfrutar mucho aquella vez que mi tío le acabó en la boca.

-Intenté tragarlo, pero no pude hacerlo con todo; una buena parte se me salió de la boca.

-Debió ser una imagen muy excitante –aseguró mi hermanita.

-Lo fue, Antonio lo percibió y comenzó a metérmela con más fuerza… y yo, por supuesto, lo disfruté mucho.

Analía jadeaba mientras hablaba y mi tío Alberto se movía rápidamente, frotando su verga entre los carnosos labios de esa mujer; ella aprovechaba para masturbar a Eric, pero lo hacía como si fueran movimientos naturales de su mano.

-Luego –continuó- el que me estaba penetrando le cedió el lugar a Ramón, él parecía tener más experiencia ya que lo hizo con mucha soltura; yo seguía muy entretenida con la carne que tenía para degustar –al decir esto abrió la boca y dio un fuerte chupón al glande de mi hermano emitiendo un húmedo chasquido.

-¿Siguieron todo el tiempo en la misma posición? –pregunté porque quería que la escena tuviera más dinámica.

-No, Ramón estuvo un rato allí y luego empezaron a insistir con que, el futuro padre de Ariel, debutara. Era un chico muy tímido que solía usar gruesos anteojos. Al parecer esa sería su primera vez y me sentí orgullosa de que fuera conmigo –con un gesto pidió a mi tío que se apartara- me acomodé mejor para que el chico pudiera meterla cómodamente –mientras decía esto se colocó en cuatro a lo ancho del sillón, mi tío Alberto se puso de pie junto a la cabeza de Analía y mi hermano hizo lo mimo, pero en la parte de atrás, él se acercó tanto a ella que con sólo empujar un poquito hacia adelante, la penetraría-. El pibe no se animaba, aparentemente la escena lo inhibía mucho y tenía miedo de que el papelón de minutos atrás, se repitiera; sin embargo lograron convencerlo –Eric frotaba su glande entre los grotescos labios vaginales de su tía; ella le dio un manotazo a esa verga que amenazaba con colarse dentro indicándole que no tenía permitido entrar-. Este chico terminó siendo el padre de Ariel porque fue el único que acabó dentro de mí, aunque esta vez demoró un buen rato más, dándome buena cantidad de placer, ya que lo hacía con una torpeza y una perseverancia que daban ternura; pude ponerme a chupar tranquila mientras disfrutaba –al decir esto se metió de un solo intento la verga de Alberto en la boca, no fue un solo chupón; esta vez comenzó a mamarla a gusto, haciendo que entre y salga de su boca repetidas veces. Cuando mi hermano vio esto creyó que tenía su gran oportunidad, avanzó tímidamente y su glande se fue perdiendo en el interior de ese gran orificio- ¡No Eric! –Le gritó Analía prácticamente escupiendo lo que tenía en su boca- ¡Salí! –él retrocedió de puro miedo y mi tía creyó haber ganado la batalla- Aclaramos que no era más que mímica –esta vez su excusa era contradictoria ya que lo que estaba haciendo con el pene de mi tío no era mímica-. Como les decía, el pobre boludo terminó adentro y yo, sinceramente, no me preocupé porque hacía poco que había tenido mi período y creí que no quedaría embarazada.

-Ese error de cálculos hoy se llama Ariel –le dijo Mayra.

-Es cierto, pero no me arrepiento de nada; pasé una de las mejores noches de mi vida y tuve el regalo más hermoso.

-Si Ariel es ese “regalo hermoso” entonces te estafaron, tía –acotó la pequeña; todos sonreímos, en cambio mi primo miró a Mayra con fingido desprecio- Sos un hijo de puta –le dijo ella.

-Hey, ¿por qué me insultás? –se quejó Ariel.

-No es un insulto; es un hecho. Analía es puta, eso ya nos quedó bien claro… y es tu mamá. Por ende, sos un hijo de puta –el muchacho rubio se quedó mirándola sin saber qué contestarle mientras todos nos reíamos de él- ¿Qué pasó después?

-Después fue el turno de Ernesto, el dueño de la casa. Él tenía fama de venir bien equipado y yo ya había comprobado  que esa fama era totalmente cierta. Por eso quería acostarme con él.

-Viste… es como yo te digo. Sos un hijo de puta.

-Tu mamá tampoco es una santa… y ni hablemos de Nadia.

-Nadia tiene culo sociable –la muy maldita lo dijo dedicándome una pícara sonrisa- eso ya lo sabemos todos, pero de las mujeres presentes, creo que mi mamá y yo somos las más… normales.

-Hablá por vos Mayra… y mejor no aclares nada sobre mí –supe que mi mamá dijo eso para aliviar un poco la tensión entre la pequeña y yo; de lo contrario la hubiese insultado porque me molestó mucho su comentario.

Habíamos perdido de vista la escena por unos segundos y en cuanto volvimos a mirar nos dimos cuenta por qué mi tía no emitía palabra alguna, le estaba dando a Alberto una mamada increíble; con mucho ímpetu. Eric giró su cabeza y me miró, aproveché la ocasión para indicarle con señas que se la metiera toda. Él negó con la cabeza, asustado; pero yo le insistí. En cuanto él comenzó a hundir su verga mi tía dejó de chupar una vez más y se quejó:

-¡Eric, salí de ahí- dijo sin mirar y dando manotazos a la altura de sus nalgas como si intentara apartar moscas- ¡Te digo que salgas!

Él volvió a mirarme y con una seña le dije que la ignorara y siguiera; lo hizo con fuerza, clavándola completamente hasta el fondo, Ariel abrió los ojos pero no fue sólo por sorpresa, pude ver un brillo de placer en ellos. En cuanto Analía abrió la boca para soltar un gemido, supongo que de puro goce, Alberto aprovechó para clavar una vez más su grueso pene en las fauces de esa mujer. La sostuvo por la cabeza mientras iniciaba el mismo movimiento en vaivén que había comenzado mi hermano. Uno se la cogía por la concha y el otro lo hacía por la boca. Ella quedó con las manos fuertemente apoyadas contra el sillón soportando las tremendas embestidas de su sobrino, se la estaban cogiendo de la misma manera que lo habían hecho la noche en que Ariel fue concebido; tal vez incluso en esta ocasión era mejor, ya que mi hermano tenía talento para coger… bueno, después de las veces que solté quejidos de placer y dolor por culpa de sus penetraciones, tenía que admitir que el chico tenía talento. Analía se puso roja y su concha se dilató tanto que la verga de mi hermano entraba y salía con enorme facilidad. Él la sostenía con fuerza por la cintura y por más que ella hubiera querido ponerse de pie, no hubiera podido; la fuerza de Eric era considerablemente mayor a la suya.

Los bufidos sordos de mi tía me transportaron a un mundo de goce sexual, puse los pies sobre los travesaños que unían las patas de la silla y comencé a masturbarme; no me importó que mi tío y mi primo me estuvieran mirando, al contrario, se podría decir que lo hacía para brindarles otro espectáculo digno. Maya me miró con el ceño fruncido, ella estaba sentada detrás de todo y nadie volteó para mirar cuando comenzó a jugar con su clítoris, solo yo podía verla. Cuando ella se percató de esto me dedicó otra de sus pícaras sonrisas, giró levemente en la silla y me mostró su sonrosada almejita mientras se introducía dos dedos. No comprendía a qué estaba jugando ahora, pero me agradó verla.

Analía recibió una gran cogida pero al parecer quiso recuperar su dignidad, comenzó a dar manotazos para todos lados, ninguno de los dos hombres tenía compasión por ella, seguían invadiendo sus orificios a discreción. Por la expresión en el rostro de Alberto pude adivinar que él estaba acabando… y lo hacía justo dentro de la boca de esa mujer que no tuvo más remedio que tragar todo. De su concha goteaba flujo, puros líquidos sexuales; una espumita blanca se había formado alrededor de sus labios internos y Eric seguía clavándola bruscamente. Pensé que ella debía estar disfrutando más de lo que aparentaba, pero su increíble orgullo no le permitió gozar al máximo de tan buen momento. En cuanto Alberto se apartó, ya con la verga flácida goteando restos de semen y saliva, ella puso un grito en el cielo:

-¡Salí carajo! –giró su cadera y empujó a mi hermano obligándolo a retroceder- ¿¡Cómo me vas a hacer eso!?

-Calmate Analía, no es para tanto –le dijo mi madre.

-¿Que me calme? ¡Pero si el degenerado me la metió sin que yo le diera permiso! El que se tendría que calmar es él –nuevamente la intensa sensación de odio hacia esa mujer se encendió en mí. La muy desgraciada jugaba con fuego pero no hacía otra cosa que llorar cuando se quemaba… sabiendo muy bien que se iba a quemar.

-Era parte del juego… -dijo mi hermano y esto fue para peor.

-¡No! Eso no era parte de ningún juego. Me cogiste sin mi autorización, pendejo –ella estaba hecha una furia.

-Analía, bajá un poco los decibeles, vos sabías que eso iba a pasar –le dijo mi padre.

-¡Yo le dije que no lo hiciera!

-¿Y de verdad pensaste que él te iba a hacer caso? Vamos hermana, es un pendejo de veinte años con la verga parada… y vos te le ponés en cuatro adelante. ¿Qué esperabas que pase? –ella titubeó, seguía enfadada pero ya no tenía muchos argumentos con qué defenderse.

Uno a uno retornamos a nuestros respectivos lugares dispuestos a continuar con el juego. Analía se sentó bruscamente sin dejar de refunfuñar, era obvio que su única intención era mostrar el desagrado que sentía por este juego pero, a pesar de eso, seguía jugando. Cartas van; cartas vienen. Todos estábamos a la expectativa pero sólo tres llegamos hasta la última instancia de esa mano. Quedé enfrentada directamente contra mis padres, estaba segura de que podía ganar y ya estaba pensando en el desafío que les impondría, me relamía y presionaba mis piernas entre sí para que éstas rozaran contra mi clítoris. Logré formar un full de reinas y nueves, lo coloqué sobre la mesa y sonreí altanera y orgullosa, inflando mí pecho; gesto que gustó a mi hermano y a mi primo que clavaron sus miradas en mis voluminosas tetas erguidas. Mis padres colocaron las cartas boca arriba sin decir nada, las de mi padre formaban un par de reinas (sólo porque había dos en la mesa) y otro par de dieces, el cual tenía en mano. Estuve a punto de imponer mi desafío cuando las cartas de mi madre le dieron un buen cachetazo a mi ego. La muy desgraciada había formado póker de reinas; me quedé boquiabierta. Llegué a dudar de si ella perdía a propósito, porque cuando ganaba lo hacía de forma contundente. Tuve que tolerar la risa de la mayoría de los integrantes del juego, la única que mantuvo su expresión huraña fue mi tía. Estuve a punto de lamentarme por haber perdido de esa forma pero luego fui consciente de que debía cumplir un desafío con mi padre. Lo miré a los ojos y sus facciones se tornaron serias, tragué saliva. ¿Seguiría enojado por el altercado con su empleado? La forma en la que me miraba me decía que sí.

-¿Qué tenemos que hacer? –pregunté casi sin gesticular.

-Dejame pensar… -dijo mi madre dándose golpecitos con el índice en la comisura de su boca- ya nos demostraste que podés recibir objetos de buen tamaño por atrás, pero… ¿podrás con algo de ese tamaño por delante? –señaló la dura verga de Pepe.

Me quedé tensa. ¿De verdad ese momento iba a llegar ahora? Había fantaseado cientos de veces con ser penetrada por mi padre y estaba a punto de hacerlo… gracias a la ayuda de mi madre. Tenía la certeza de que ella lo hacía por mí, sabía muy bien cuáles eran mis deseos más perversos y me encantó tener su apoyo.

-¡Esto se acabó! –El grito de mi tía me arrancó de mis ensoñaciones; se puso de pie y golpeó la mesa con la palma de sus manos- ¿cómo puede ser que le pidas semejante cosa? ¿No fue suficiente con lo que tuvo que hacer Mayra? –Su furia era tan desmedida que nadie se atrevió a decir nada- están completamente locos. Lo que le hicieron hacer a la chiquita fue una asquerosidad, una perversión, pero me quedé callada porque no quería hacer un escándalo; esto ya no puedo permitirlo. Podré ser muy abierta sexualmente pero todo tiene un límite. Esto es insano –sus palabras salían a borbotones de su boca y cada vez que mencionaba a alguien, señalaba con el índice al aludido- estoy muy avergonzada por tu actitud Viki, te comportás como si tuvieras veinte años… y vos Pepe… ¿qué puedo decir de vos? ¿Por qué no me sorprende todo esto? –No supe a qué se refería con esas acusaciones pero no me animé a intervenir- ¿Escuché bien? ¿Le pediste a tu marido que penetre a tu hija? –Mi madre abrió grande los ojos como si fuera una niña sorprendida haciendo una travesura- ¿Y cómo piensan mirarse a la cara después de todo esto? ¿Qué va a pasar después? –Miró alrededor pero sólo hubo silencio y rostros avergonzados- Ariel, vestite; nos vamos de acá.

-Yo no me voy –le respondió mi primo cruzando los brazos frente a su pecho.

-Soy tu madre y si te digo que nos vamos… nos vamos.

-Tengo veinte años… y ya tengo trabajo, no podés darme más órdenes; ya no dependo de vos.

-Si yo te digo que nos vamos… entonces nos vamos –insistió mi tía mientras recogía su ropa de la pila que habíamos formado- no me voy a quedar a participar de un “juego” de esta índole… una locura total, no tienen ni un poco de decencia… ni un poco. ¡Y vos Eric, no creas que me voy a olvidar de lo que me hiciste! Un día de estos te voy a decir todo lo que tu madre tendría que haberte dicho.

-No te metas con mis hijos –le dijo mi mamá con voz tan tranquila que me atemorizó; ella estaba al borde de un ataque de furia y se estaba conteniendo a duras penas.

-También son mis sobrinos –agregó ella- creo que tengo un poco de derecho a opinar… especialmente cuando se llega a tal punto –volvió a clavar la mirada en su hijo- ¡Ariel, buscá tu ropa y vestite!

-¡Te dije que no! –Pocas veces había visto a mi primo así de enfadado- Andate si querés, yo me voy a quedar.

-No me voy de acá hasta que vos no te vayas.

-Qué mal por vos, te vas a tener que quedar… y yo voy a hacer lo que quiero, si a vos no te gustó el juego… entonces no molestes, andate.

-¿Llaman a eso juego? –Arrojó al piso el puñado de ropa que tenía en la mano- ¡Hagan lo que quieran! Ustedes saben muy bien lo mal que está esto… no importa la excusa que pongan, está mal y punto. Esto les va a traer problemas en el futuro… si es que ya no los trajo. Pueden verme como la mala de la película, pero soy la única persona sensata que queda por acá.

Caminó con paso rabioso pero no se dirigió hacia la puerta de salida sino que tomó la dirección contraria, hacia el pasillo en el que se encuentran las habitaciones. La escuchamos entrar al dormitorio de mis padres y dar un estruendoso portazo.

-No va a salir de ahí en largo rato –dijo mi papá agachando la cabeza.

Todos habíamos quedado abatidos por las crueles pero ciertas palabras de mi tía y ninguno se atrevía a mirar a los ojos a otro. Tal vez ella tenía razón… habíamos llegado demasiado lejos… o tal vez el error fue intentar incluirla a ella al juego; de todas formas ya era muy tarde, no podíamos volver el tiempo atrás.

Continuará...


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