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Fecha: 11-Ago-16 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

CUATRO HERMANAS. Cap. 4. Conchi (I)

Inmacul
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El inicio de Conchi con su suegra Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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CONCHI (I)

PROLOGO DE ANGEL

Siguiendo con las aventuras sexuales de mis cuatro mujeres voy a copiar un relato que escribió mi cuñada Conchi en el año 1987, un relato escrito para nuestro circulo y que no se llegó  a publicar nunca en ningún sitio. Trata de la relación sexual que por entonces empezó con su reciente suegra.

Conchi se casó muy pronto con un chico del pueblo y por motivos de trabajo se fueron a vivir a otra ciudad. No obstante venían con frecuencia de vacaciones a visitar tanto a nuestra familia como a la de su marido.

RELATO DE CONCHI:

¡Valiente mujer mi suegra! Desde que me casé con su hijo me había atraído bastante. Sí, me gustan también las mujeres ¿por qué voy a negarlo?, y especialmente se me pone la pipa tiesa cuando veo a una mujer como Ana, mi suegra.

Yo me llamo Conchi, tengo 23 años y llevo dos casada con Miguel. Ana tiene 55, es una mujer basta y gorda, pero de carnes duras. No es alta y tiene un gran culazo y tetas grandes, enormes comparadas con las mías. Todo esto es lo que me excita a mí de una mujer.

Hacía tiempo que deseaba restregarme contra su cuerpo y chuparla glotonamente con mi obscena boca.

Llegó la oportunidad de conquistarla una temporada que  pasó en nuestra casa. Fue un día que me sentía bastante caliente porque llevaba tiempo sin follar con Miguel.  Yo estaba en el patio lavando y al pasar por una escalera que sube a la terraza me di cuenta de que Ana estaba en el cuarto de baño.

La vi a través de una ventanita que cae al patio y que seguramente se la había dejado abierta sin querer. Estaba sentada en el váter con la falda subida, las bragas sobre las rodillas y sus patorras al aire.

Me quedé boquiabierta al comprobar que estaba viendo una revista porno que compró su hijo días antes. Pero lo que más me sorprendió es que tenía una ano entre los muslos y la movía, evidentemente se estaba masturbando.

Esto hizo que se me hiciera el chocho agua y las piernas me temblaran. Desde la posición en que estaba podía ver la revista. ¡Las fotos que miraba mientras se pajeaba eran de dos tías tortilleras! Esto último me armó de valor para pasar al ataque en cuanto se me presentara la oportunidad.

Aguardé a que saliera del baño y la seguí. Se dirigió hacia mi habitación de matrimonio y se puso a hacer la cama. Desde mi puerta me quedé mirando su culo en pompa al agacharse sobre la cama.

Iba vestida con un jersey fino de verano, una falda, unas medias y unas zapatillas. Yo llevaba unos pantalones vaqueros y una camiseta. Ana dejó de hacer la cama, cogió de nuevo la revista y se puso a hojearla.

Me decidí, me acerqué por detrás, me pegué a ella abrazándola y le abarqué con mis manos las puntas de sus grandes pechos. Ana se quedó paralizada, me miró muy fijamente y volvió a mirar a la revista.

Yo empecé a rozar mi barriga contra su culazo, le metí las manos por debajo del jersey y le sobé sus carnes, su barriga, sus costados, su espalda y al fin sus tetas metiendo mis atrevidas manos dentro del gran sostén.

Para evitar las molestias se lo desabroché y le sobé durante un rato sus grandes pezones.

Mi suegra empezó a suspirar y me dijo:

Ana: Qué sinvergüenza eres Conchi! Tengo mucho calor

Las dos estábamos dominadas por la excitación y la pasión. Sin dudar, le quité el jersey y el sujetador y empecé a besarle, chuparle y lamerle el cuello, la cara y la espalda.

Ana continuaba gimiendo despacio inclinada con las manos en la cama. Le desabroche la falda y se la quité. ¡Qué culo, madre mía! Le bajé las grandes y antiguas bragas blancas y empecé a comérmelo a besos. Besos que se transformaron en lametones y bocados; con las manos le sobaba sus ampulosas caderas y sus apetecibles muslazos.

Le abrí los cachetes y rápidamente me llegó a la nariz un excitante olor a culo y coño.

Conchi: ¡Pero qué buena está usted, Ana!

Seguía picándome el chocho, me llevé la mano hacia él y noté que tenía la entrepierna del vaquero chorreando.

Volví a sobarle las dos tetas con mis manos mientras le pasaba mi gorda lengua por la raja del culo oscura y con bastantes pelos.

Ana: ¡Ay qué mala eres Conchi!

Le pasé una mano por debajo de las piernas y encontré un coño gordo, grande, con muchos pelos llenos de un líquido pegajoso y caliente.

Ana estaba fuera de sí y yo lanzadísima, me mojé un dedo y se lo metí en el culo hasta el fondo con un fuerte gemido de mi suegra.

Conchi: Calla putona, no hagas tanto ruido si no quieres que nos escuchen los vecinos.

Empecé a meter y sacar el dedo, Ana me pedía más. Le metí dos y con la otra mano le resfregaba las tetas colgantes con los caldos que manaban de su vulva. El culo se le abría y el recto se humedecía de jugos anales. ¡Qué caliente lo tenía!

Le metí un tercer dedo y en esos momentos se corrió la muy puta cayendo sobre la cama exhausta. Le saqué los dedos del culo llenos de caldos mezclados de mierda. Me los limpié sobre sus nalgas.

Yo no podía más de caliente que estaba. Me quité los pantalones y las bragas mojadísimas y le quité a ella las medias negras dejándola en pelotas. Le di la vuelta y la puse bocarriba. Me senté sobre su cara regordeta. No sabía lo que hacía. Había perdido totalmente la vergüenza. Empecé a restregarle mi chocho y mi culo sobre la boca y nariz.

Conchi: Chúpamelo guarra, se que a ti también te gustan los higos!

Sacó la lengua y me la pasó por mis rajas, al fin me la introdujo dentro de mi vagina dándome un gustazo enorme.

En esos momentos al mirar hacia la puerta vi a mi marido que nos espiaba haciéndose un pajón. Sin duda le gustaban las guarrerías que estaba haciendo su mujer con su madre. Lo llamé y le dije que se uniera a nosotros.

Ana estaba con las patas dobladas y abiertas dejando ver a su hijo su exuberante coñazo. Este se acercó a ella y empezó a magrearle las sensuales piernas. Fue a meterle la polla pero no le dio tiempo pues se corrió echándole todo el semen sobre el chocho de su madre y derrumbándose sobre ella.

Yo me derretí sobre la boca de mi suegra que tragó todos mis jugos. Descansamos unos minutos. Yo fui la primera en recuperarme.

Conchi: Mira el nabo que tiene su hijo. Qué gordo y que bueno está!

Ana cogió el pene de Miguel con una mano. Lo tenía flácido pero gordo y con leche en el capullo.

Ana: ¡Qué huevos más gordos tienes Miguel!

Mi suegra le agarró los cojones a mi marido, yo me metí en la boca la polla porque quería que Ana se la chupara a su hijo. Al poco tiempo se la puse tiesa y dura. Se la enseñé.

Ana: ¡Qué cipote. Es más grande que la de su padre!.

Conchi: Chúpale la polla a tu hijo mientras que yo te como el coño.

Ana: Vale, pero antes quiero satisfacer un capricho.

Cogió y nos puso a los dos en pelotas, acostados de lado y nos hizo que Miguel me metiera el pollón en el coño. Entonces metió su cabeza entre nuestras piernas y mientras mi marido me follaba, ella le comía los gordos huevos, la polla cuando salía de mi coño llena de caldos y después nuestros anos.

Para terminar cogió y nos metió el dedo índice de cada mano en nuestras bocas para  que se lo chupáramos y a continuación nos los metió en los agujeros del culo. Al final los chupaba ella misma. ¡Qué suegra más guarra tenía!.

Hecho esto se puso a comerle el nabo a su hijo metiéndoselo en la boca a veces hasta la raíz, cosa que a mí me costaba bastante. Yo estaba otra vez muy salida, el chocho me echaba leche.

Miguel estaba tumbado en la cama y su madre chupándosela a cuatro patas. Me monté sobre su culo y comencé a cabalgarla como su fuera una yegua. Me eché sobre su espalda restregando mis tetas sobre ella. Entonces me entraron unas ganas enormes de mear y sin pensar en lo que pudiera pasar, llena de morbo, lo hice sobre ella, montada a caballo sobre sus caderas. Le puse el culo y las piernas chorreando.

Para terminar cambiamos de postura. Ana se tumbó bocarriba, Miguel se sentó sobre su pecho metiendo la polla entre las gordas tetas de su madre y yo me puse de tal manera que podía restregar mi chocho directamente con el hijo chorreante de mi suegra.

De esta manera rozábamos muy bien nuestras vulvas y nuestras pipas tiesas y gordas. Simultáneamente le cogí uno de sus pies que siempre me habían excitado al verla descalza y comencé a chupárselo, metiéndome entre mis labios sus gordos dedos.

Esta situación era irresistible para mí. Me corrí entre suspiros y esto provocó una cadena que hizo que llegara al orgasmo mi suegra y que su hijo le soltara la leche en la boca.

Conchi: Miguel, échale la leche a tu madre dentro de la boca!

Ana: Qué puta, cochina y cachonda es tu mujer Miguel. Uhmmm! Qué leche más caliente y espesa! Puerco, mira que hacerle esto a tu madre. Me corroooo….!

EPÍLOGO DE ANGEL:

Así empezó la relación de mi cuñada Conchi con su suegra, la cual duró hasta que esta tuvo 70 años. Durante toda esa etapa la convirtió en una especie de esclava viciosa de sus guarrerías que se corría solamente oliendo le el coño a Conchi.

Le hizo de todo y la ofreció en varias orgías a toda la familia. Ana era una sumisa de su nuera, cochina y lesbiana.


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