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Fecha: 22-Oct-16 « Anterior | Siguiente » en Entrevistas / Info

Putas, las piernas abiertas de Argentina

THECROW
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El infierno, las sombras y la sangre de la prostitución. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Las piernas abiertas de Argentina

Lara tiene 21 años, ojos celestes, piel blanca, abdomen plano, un aro en su ombligo y otro en su clítoris, una falda corta, el cabello azabache hasta la cintura y es prostituta. Se podría alterar el orden de los adjetivos pero el resultado sería el mismo. Lara le cuenta a Fernando que prefiere abrir las piernas y ganar una buena suma de dinero a matarse en una oficina doce horas frente a una pantalla o limpiando inodoros por dos pesos con cincuenta. No soporta el maltrato de los proxenetas pero aclara que forma parte del oficio; “una termina aceptando hasta las peores cosas con tal de no perder pista” Lara sonríe más de lo que habla, confiesa que es una costumbre adquirida por su trabajo y dice que no puede quejarse porque conoce a chicas que lo hacen obligadas, “hasta las queman con cigarrillos como castigo por ser insípidas con los clientes” Lamenta eso y agrega que “por eso lo mejor es alejarse de esos chupasangres, aunque no es tan fácil como se quiere” Lara cumple con los parámetros de las mujeres que eligen prostituirse. Es por eso que Fernando la eligió. Las otras chicas que menciona forman parte del lado más oscuro y terrible del negocio. Fernando lo sabe. Es periodista y no es un boludo. Con su investigación sobre el mundo de la prostitución quiere desnudar a las redes de trata de mujeres y de paso demostrarle a la opinión pública que su afición por los burdeles y los excesos forman parte del pasado. Sabe que no será fácil arrancar ese estigma de su nombre. Maldice el descuido que lo envió al infierno que lo contiene. Una noche su ex mujer lo siguió hasta uno de los burdeles a los que solía frecuentar y lo filmó teniendo sexo con una puta sobre un pool y metiéndose tres líneas de cocaína, todo a la vez. Sí, todo a la vez. Para culminar con su venganza de fémina herida y antes de pedirle el divorcio, vendió la grabación al periódico que rivalizaba con la señal periodística en la que trabajaba Fernando y a partir de ese momento, él se encontró sumergido en el peor de los panoramas posibles; el de la deshonra moral y el escarnio público.

Solo una vez vio la filmación y fue cuando ya era primera plana de todos los periódicos del país y trending topic en las redes sociales “Periodista famoso teniendo sexo con prostituta y drogándose en antro de perdición” “Periodista sepulta su carrera y su matrimonio” “Periodista desnuda sus bajos instintos” “Periodista repudiado por feministas” “Periodista adicto pierde trabajo” “Periodista escrachado a la salida de un supermercado” Verse desnudo, gritando y drogado fue un golpe a la mandíbula de su carrera y de su vida, pero lo que más odia, lo que realmente le carcome la existencia es que a partir de ese momento todos le llaman “pito corto” Sí, el video dejó en evidencia ese “pequeño” detalle y en dos o tres ocasiones pensó en irse del país, del planeta o pegarse un tiro entre ceja y ceja. Para Fernando, caminar por la calle es una verdadera tortura “Buenas tardes, señor Pito Corto. Son cincuenta pesos, señor Pito Corto. Tenemos en oferta el kilo de bananas, señor Pito Corto. Que tenga usted un buen día, señor Pito Corto. Otro muerto en un robo a mano armada, la vida es corta, ¿no, señor…?”

Alguien le sugirió que limpie su imagen, que intente reinsertarse en la sociedad y que compre un agrandador peneano. Luego de pensarlo decidió hacer una nota fuerte que refleje los claroscuros de la prostitución en Argentina y denunciar en ella a las redes de trata de personas. Claro, también compró por internet una bomba peneana.

Así fue como acordó un encuentro con Lara ¿Por qué ella? La frecuenta desde hace tres años y es de las que dice ser feliz de haber elegido ser puta. Claro, Lara no hace nada gratis. Es su ley de vida. Fernando tuvo que pagar un turno de dos horas para entrevistarla, supone que dos horas es tiempo suficiente para obtener las respuestas necesarias que compongan la nota. Se promete que solo será la entrevista y se irá por donde entró. Y se lo cree. Necesita creerlo. Él se sienta en el borde de la cama de dos plazas. Ella se rasca la sien derecha.  Él pregunta. Ella contesta. Él pregunta. Ella contesta. Lara se encuentra de pie con el culo apoyado en el borde de un mueble y con los brazos cruzados. Si la seducción de una mujer fuera un arsenal, cruzar sus brazos para acentuar los senos sería napalm. Él pregunta. Ella contesta. A él se le para. Ella sonríe. Él muerde su labio inferior. Ella sonríe. Él pregunta. Ella vuelve a sonreír.

– De qué te ríes, Lara.

- Los hombres son todos unos idiotas.

- ¿Por qué dices eso?

- Simple. Viven midiéndose el pene entre ustedes para ver quién es el más macho, el alfa de la manada y no saben que no a todas nos gustan las vergas largas y gordas.

Fernando abre los ojos como platos, siente que lamentablemente no pude escapar al maldito estigma – ¿Qué dices? – pregunta sin preguntar y queda sin palabras, literalmente se le ha borrado del habla el abecedario y sus conjugaciones, todo lo aprendido gira en un inodoro mental justo en la última vuelta del remolino. Baraja otra vez irse del puto país, del puto planeta o pegarse un balazo entre ceja y ceja. Ya no puede soportarlo. Nadie lo respeta.

- ¿Te molesta mucho que te digan pito corto? Leí en alguna revista de chismes que eso te hace mucho daño – enciende un cigarro y aprieta los muslos dejando las rodillas juntas – Insisto. No los entiendo – da una pitada que hunde sus pómulos. El humo danza en sus pulmones y al salir por entre los labios dibujan lenguas y garras.

- Lara, no vine a conversar sobre eso. Esto es una entrevista que pretende ser seria sobre la prostitución, no una nota hablando de mi pito – desea correr y saltar a través de una ventana pero no hay, las habitaciones de las putas suelen ser sitios sin ventanas, sin cielo, sin sol, sin nada.

- Vamos Fernando, deja ya la estupidez – sonríe, baja la mirada y mueve la cabeza a los lados – Es corto, sí, que lo conozco demasiado… pero coges rico. Ya quisieran otros de pija larga moverse como lo haces tú – lleva la mirada a los ojos de él, abre las piernas y sube su falda hasta dejarla enroscada en su cintura. No lleva ropa interior. Su entrepierna está depilada completamente y los demonios de Fernando comienzan a arder entre las llamas del deseo.

- No hagas esto… vine… vine… vine solo para hacerte una… no puede estar pasando esto, carajo, sigamos con la preguntas – carraspea, traga duro, aprieta sus párpados y desea que al abrir sus ojos se encuentre en otro sitio pero eso no es posible, como tampoco es posible que su pene sea más largo. Sabe que la entrevista se ha ido a la mierda y de alguna forma el destino le impide que limpie su maldita imagen.

Lara se acerca a él moviendo las caderas, la cintura, los hombros; su andar es una danza erótica incendiándole el alma. El talón de un pie se ubica delante del dedo largo del otro pie y en el siguiente paso el pie que quedó atrás repite la acción del anterior. Siete pasos y Lara queda de pie frente a Fernando que permanece sentado en el borde de la cama de dos plazas. Lo mira directo a los ojos, sonríe con la picardía de una cortesana y lleva una de sus manos a la nuca de su cliente. Fernando se ve reflejado en esas pupilas y al bajar la mirada se encuentra con el sexo de Lara. Una hendidura sutil, un aro metálico sobresaliendo de lo diminuto, pequeño corte entre las piernas que vislumbra el rosado húmedo de un interior que ya conoce pero que desea tanto como respirar. Sabe mejor que nadie que no existe una vagina igual a otra, que todas poseen su identidad, que todas son especiales pero la de Lara lo hechiza, lo domina, lo desarma.

- Si mi vagina hablara suplicaría que se la coja ese pene corto – sonríe de lado y Fernando no sabe si todo es una maldita broma pero no le interesa, frente a sus ojos, a centímetros de su boca se encuentran esos labios esperando a ser besados. Labios rosados, relucientes, ardiendo por lo húmedo. Y los besa. Su lengua recorre la hendidura, los pliegues, el aro, por fin el clítoris. Le toma el culo con las manos y lo apretuja, lo abre, la empuja hacia él. Lara cierra los ojos y gime de placer. Donde se escuchaban preguntas y respuestas solo se oyen lametazos, gemidos ambos, humedades retorciéndose entre ganas y el rechinar cadencioso de las patas de la cama.

Fernando desentierra su rostro de la entrepierna de Lara, la mira a los ojos y musita – Pídemelo como me lo pides cada vez que nos vemos – y sus pupilas se convierten en dos aros negros que se hunden desde sus bordes hasta lo profundo de su infierno interior.

- La quiero toda, cógeme, coge a tu putita – susurra o gimotea o murmura o lo que sea pero con esa voz que las mujeres utilizan para incendiar a un tipo en menos de dos nanosegundos.

Fernando se pone de pie, la besa en la boca, la toma de un antebrazo al que lleva a la espalda y lo tuerce hasta obligarla a ponerse de espaldas a él. Con la otra mano le soba la vagina, empapa sus dedos, se deleita al ver esa espalda que desciende hasta la cintura para convertirse en un par de nalgas que conforman un culo perfecto, y allí, en el vértice de fuego, la vagina que lo enloquece. Fuerza más el antebrazo de Lara que permanece pegado a la espalda y la obliga a ponerse de rodillas en la cama – ¿Qué quieres que te haga, putita? – pregunta, ya no como periodista sino como un tipo con muchas ganas de coger.

- Quiero que me cojas, dámela toda, la quiero toda – clama Lara y esas palabras que en el pasado lo encendían como nada, se habían convertido en un latigazo para su ego, un puñetazo al vientre de su dignidad, “toda, la quiere toda” piensa y toma su pija corta, la mira, la odia, la apoya en los labios de la vagina que más desea y la entierra… toda. Un todo tan corto que le duele.

El sonido de las patas de la cama se amalgama a los golpes de las carnes, al chasquido de las humedades y a los gemidos de Lara. Mete y saca, va y viene en enviones salvajes como siempre le pide su puta favorita. Y eso que antes lo hacía sentir poderoso, hoy es un estallido apagado, un sin sabor que le amarga la vida. Acaba, derrama su leche en la espalda de Lara y ella se retuerce, se arquea, se eriza o eso es lo que parece. Caen en la cama y no se abrazan ni se besan. Ella lo mira. Él la mira.

- ¿Aún no crees que existen mujeres a las que nos gustan las vergas cortas y gordas?

- ¿Si no te pagara me dirías lo mismo?

- No lo sé.

- ¿Fuiste realmente sincera con todas tus respuestas?

- Con algunas.

- Lara, pagué un turno de dos horas para que seas lo más sincera posible.

- Intenté pero cuando nos pagan decimos todo lo que el cliente quiere escuchar.

- O sea que la entrevista es una maldita farsa y lo único que logré es que te burles de mí.

- No, no, somos muy pocas las que trabajamos de putas y lo hacemos por gusto en ambientes cómodos y sin ser obligadas. El resto de las putas son obligadas y golpeadas y amenazadas y explotadas y sus vidas son un infierno horrible. Conozco a varias… muchas han muerto – suspira - Y bueno, Fernando, también me gusta como te mueves y lo que dices y como eres, no todo es una suma de centímetros.

- Lara, ojalá me sirviera de algo lo que dices pero como poder confiar en alguien que dice lo que el cliente quiere escuchar – siente que su castigo no es tener el pito corto sino que todos sepan ese detalle de su intimidad, pero de pronto eso pasa a un segundo plano. Piensa en todas las putas con las que ha tenido sexo y se pregunta cuántas de ellas estarán muertas luego de vivir en ese infierno que Lara acaba de describirle en pocas palabras.

Fernando mira el techo. Lara mira el reloj de pared. Todo es silencio.

Sexo, desaparición y muerte.

Florencia tiene 32 años, cabellos rubios hasta los hombros, ojos curiosos y es voluntaria de La casa del encuentro (ONG contra la violencia, abuso y discriminación hacia las mujeres). Los datos que arroja son alarmantes: existen más de 5000 prostíbulos de los cuales unos 25 se encuentran en Capital Federal, y ya son 700 las mujeres y niñas desaparecidas que podrían estar siendo obligadas a prostituirse. “A pesar de que hemos logrado mucho, los números siguen golpeando duro. De cada chica que encontramos, siete desaparecen y de cada ocho que aparecen, dos intentan suicidarse”.

No existen cifras oficiales sobre la cantidad de dinero que operan las redes de prostitución pero Florencia comenta que se han investigado los números que manejan los proxenetas. Una mujer adulta da una ganancia estimativa de mil dólares por mes. Si es menor, duplica esa cifra. En el caso de que sea una niña, quintuplica. Los datos son escalofriantes. Más aún cuando agrega que la “vida útil” de una mujer como objeto sexual es de 12 años. Durante todo ese tiempo las mantienen cautivas haciéndolas alcohólicas y adictas a drogas duras, además de amenazar de muerte a sus familias. Cuando no les sirven más, las matan o las abandonan en la frontera “Es aberrante pero es real y para frenar esto debemos concientizar como sociedad, porque no existiría prostitución si no existiesen clientes” remarca Florencia y pierde su mirada en las nadas del frente.

Cerrando piernas

El rubro 59, sitio libre y “legal” de búsqueda por sexo, encontró en los clasificados del diario Clarín su mejor plataforma de publicidad. Según Florencia, el cien por ciento de los avisos de oferta sexual son publicados por tratantes y proxenetas que manejan en simultáneo varios prostíbulos. Agrega que de esa forma, los medios gráficos eran partícipes directa o indirectamente de esa maquinaria perversa, al conectarse con los prostíbulos y los proxenetas, ofreciéndole clientes e indicándoles a los lectores a qué lugares acudir “En la Ciudad de Buenos Aires, la gran mayoría de los avisos publicados en los medios eran los mismos que aparecen, hoy día, en los papeles que se pegan en los teléfonos públicos o se dejan en el vidrio delantero de los autos”, dijo para luego añadir: “para que exista la trata deben existir los cómplices y cómplices somos todos. Los que compramos esos diarios, los que vamos a esos sitios y no denunciamos nada” Mueve la cabeza a los lados y suspira desanimada.

Con el fin de atacar de manera directa la publicación masiva e indiscriminada de este tipo de avisos, el 6 de julio de 2011 se promulgó el decreto N° 936 de la ley contra la trata de personas, con el que logró la desaparición de dicho rubro. También se asentó que si un medio de comunicación incita a la prostitución, la oficina especial dentro de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), que trabaja en conjunto con el Ministerio de Justicia y el Consejo Nacional de las Mujeres, se encargará del seguimiento de los avisos clasificados en los medios audiovisuales. De reincidir se actuará con las denuncias penales.

Florencia se esperanza. Cree que se ha elegido el camino correcto y que la sociedad debe concientizar. “Todos tenemos que poner nuestro granito de arena. No podemos seguir apañando a estos delincuentes. Como sociedad tenemos que tomar conciencia que al ir a esos sitios o responder a esos avisos, estamos engordando los bolsillos de las redes mafiosas que se llevan cientos de niños, niñas y mujeres para forzarlos a trabajar de la peor manera. Porque no se los tragó la tierra ni se los comió un agujero negro, están en algún prostíbulo, night club o departamento privado. Y están sufriendo. Están sufriendo mucho” aclara y no puede evitar que la voz se le quiebre al son de una lágrima cayendo por su mejilla.

Esa lágrima refleja al rostro de Fernando que es surcado por una lágrima que refleja a la lágrima de Florencia.


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