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TODORELATOS » BISEXUALES » LA HERENCIA VENÍA CON PREMIO EXTRA (I PARTE).
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Fecha: 27-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Bisexuales

La herencia venía con premio extra (i parte).

olivenza
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Como en un pueblecito de la sierra unos primos hicieron realidad aquel dicho que dice: contra más primos... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Hola, mi nombre es Pablo. La historia que a continuación os voy a contar transcurrió hace ya un tiempo, cuando por motivos de una herencia, tuve que desplazarme junto a mis padres y mi hermana Yolanda a un pueblecito de la provincia de Soria, a la casa de unos tíos, para tratar de arreglar unos puntos del testamento, del cual mi padre era uno de los beneficiarios.

Ese día salimos muy temprano aprovechando la frescura de la mañana y después de unas horas de viaje, llegamos por fin al pueblo. Una vez encontramos la casa, nuestros tíos nos recibieron muy amablemente y además se notaba que se alegraban mucho de vernos y de tenernos en su casa. Luego, tras descansar un poco y asearnos, nos ofrecieron un pequeño refrigerio y a continuación, después de estar hablando un buen rato de todo un poco, nos estuvieron enseñando toda la casa.

Mis padres ya habían estado allí en alguna ocasión, pero mi hermana y yo no habíamos podido ir ninguna vez hasta ese día, por lo que todo aquello era nuevo para nosotros. Como pudimos comprobar, la casa era de esas típicas de pueblo. Tenía tres habitaciones, un salón comedor con su chimenea incluida y un gran patio en la parte trasera, el cual tenían repleto de macetas de todo tipo, al igual que de jaulas de pájaros a todo lo largo de una de las paredes.

Una vez nos enseñaron todo, mis tíos trataron de disculparse por no tener más sitio o habitaciones que ofrecernos, ya que durante unos días seríamos cuatro personas más, sobre todo a la hora de dormir o de ir al baño, aunque siempre comentaba que con buena voluntad nos podríamos arreglar muy bien. La casa para ellos solos estaba bien, ya que tenía el dormitorio de matrimonio y una habitación para cada uno de sus hijos, por eso, al hacer las distribuciones oportunas, decidieron que yo dormiría con mi primo en su cama y mi hermana Yolanda lo haría con mi prima en la suya. Mis padres por descontado se quedarían en la habitación de mis tíos, puesto que de ninguna manera accedieron a que lo hicieran en la cama plegable que iban a poner en el comedor para ellos dos.

Así que una vez lo decidieron así, ninguno tuvimos ningún inconveniente, y tras sacar nuestra ropa de la maleta, pensamos mi hermana y yo en ir a dar una vuelta por aquel pintoresco pueblo, mientras mis padres y mis tíos se quedaban allí hablando de sus cosas. Nosotros dos hacía años que no veíamos a nuestros primos, tal vez debido a la distancia que nos separaba y tan solo habíamos coincidido con ellos en un par de ocasiones y cuando éramos pequeños. Por eso estábamos tan ilusionados de poder hacerlo ahora de nuevo. Según mis tíos, ese día no estaban porque habían tenido que ir a la capital a hacer algunas compras, pero según dijeron, estarían de vuelta después de comer. Creo recordar que mi primo es un año mayor que yo, o sea que debe de tener ahora 23 años, y mi prima era del mismo año que mi hermana, o sea que ya tendrá sus 20 añitos. La verdad es que el tiempo pasa rápido para todo el mundo.

El pueblo en general aunque no tiene mucho ambiente, es muy bonito, y tras recorrer una a una casi todas sus calles, decidimos volver a la casa, ya que se iba acercando la hora de comer. Durante el vermut, mis tíos se dedicaron a poner al corriente a mis padres de todos los papeles que debían de arreglar. Luego les dijeron que para solucionarlo todo necesitarían contar con unos tres días, a lo que mis padres le contestaron que por ellos no había ningún inconveniente.

A continuación nos pusimos todos a comer y precisamente cuando estábamos en los postres, sentimos como un coche paraba en la puerta de la casa. Entonces mis tíos dijeron que deberían de ser nuestros primos, así que salimos corriendo a recibirlos y entonces al salir, pudimos ver a un joven vestido muy moderno junto a una bella chica, que a simple vista me pareció muy simpática. En ese momento todos nos quedamos muy sorprendidos, pero una vez reaccionamos, nos dimos a conocer y todo fue fantástico.

Durante un buen rato no paramos de darnos besos y abrazos, al igual que hicieron también con nuestros padres. La verdad es que ninguno tenía nada que ver con lo que yo recordaba de ellos. Él se había convertido ya en todo un apuesto joven y ella en una bella señorita, o sea que los dos estaban para mojar pan, según me dijo después Yolanda. Por su parte ellos habrían pensado también lo mismo de nosotros, ya que no paraban de mirarnos y de echarnos piropos a los dos. Después pasamos adentro y enseguida nos preguntaron cuanto tiempo íbamos a pasar con ellos, a lo que nosotros les contestamos que según nos habían dicho mis padres serían unos tres días más o menos. Luego mis tíos les comentaron que si no les importaba, nosotros dormiríamos con ellos en sus respectivas habitaciones, a lo que contestaron que para ellos sería todo un placer compartirlas con nosotros. Entonces, como nos habían pillado justo en los postres y ellos también ya habían comido, a nuestros primos se les ocurrió que los más jóvenes podíamos ir al bar de la plaza a tomarnos allí los cafés, para así poder seguir conociéndonos mucho mejor. Durante el camino al bar, me fui fijando en los dos recién llegados, pudiendo comprobar que él se hacía notar, tal vez porque iba vestido con ropa muy moderna y a la vez muy ajustada. Su cutis era igual a los de esos famosos de la tele tal vez debido a los potingues y cremas que debía de ponerse. El pelo lo llevaba todo engominado y las cejas muy perfiladas y arregladas. Por su parte mi prima, iba vestida un poco machorra para mi gusto, aunque con estilo y gracia, quizás por eso también, la gente aunque con disimulo la miraban bastante al pasar. Por nuestra parte o sea, mi hermana y yo, aun viniendo de la ciudad, somos bastante tradicionales, tanto en el vestir como en nuestra forma de vida, aunque respetamos a toda la demás gente.

Al llegar, y mientras nos tomábamos los cafés, no parábamos de hablar de todo en general y fue así como poco a poco nos fuimos enterando de que al no haber allí ambiente  alguno, nuestros primos solían irse los fines de semana a una discoteca que había en un polígono a unos pocos kilómetros del pueblo. Nosotros les comentamos también que debido a nuestros respectivos trabajos no disponíamos de mucho tiempo para poder divertirnos y que esos breves días que pasaríamos allí serían para nosotros como un relax.

Después de un rato de estar en el bar, volvimos a casa y a continuación por la tarde, nos llevaron a conocer otros lugares que nosotros aun no habíamos descubierto. Todo lo que vimos nos gustó mucho. La verdad es que hacían una vida muy diferente a la que nosotros estábamos acostumbrados. Luego, una vez llegamos a casa estuvimos cenando y tras ver una película en la tele, decidimos irnos todos a dormir. Entonces cada uno de nosotros nos  fuimos a nuestras habitaciones, tras habernos deseado las buenas noches. A partir de ahí, no sé porque razón, empecé a sentirme muy nervioso. Quizás porque nunca había compartido habitación con nadie, y mucho menos la cama con otra persona que por cierto hacía solo un momento que acababa de conocer, aunque fuese mi primo.

Así que tratando de disimular, cogí mi pijama de pantalón corto como pude y me fui al baño, del cual salí ya con él puesto. Entonces vi que mi primo ya se había acostado y me estaba esperando para apagar la luz. Él al verme, me comentó que desde siempre tenía la costumbre de dormir desnudo, pero que ese día por deferencia hacia mí, se había dejado puesto el slip. Yo, al oír aquello aun me puse más nervioso si cabe, y tratando de que no se me notase mucho, tan solo le contesté: ¡ah, vale!...gracias. Entonces me dirigí rápido hacia la cama y me acosté enseguida llevándome las sábanas casi hasta la barbilla.

Seguidamente mi primo apagó la luz, no sin antes desearme “buenas noches”. Entonces se puso de espaldas a mí y al poco rato se durmió. La cama era muy estrecha y aunque yo no suelo moverme mucho y me puse casi a la orilla, no conseguía pegar ojo. En cambio mi primo sí que parecía dormido, pero aun así no paraba de moverse, y en uno de esos movimientos, acabó pegado a mi cuerpo como una lapa y con un brazo de él por encima de mi cintura. Yo entonces, intenté apartarlo como pude, pero me fue del todo imposible. Así que me tuve que resignar y traté de pensar en otra cosa, a ver si así me podía dormir. Pero no fue así. Mi mente estaba donde estaba, y la realidad del momento es que allí estaba yo, con un tío pegado a mí, que tan solo llevaba puesto un slip y con todo su paquete aplastando mis nalgas, que por cierto, por lo que podía notar debía de tener una buena herramienta, ya que tal vez debido al calor de nuestros cuerpos, o a ese roce involuntario pero continuo, se estaba empezando a empalmar de mala manera.

Yo nunca había tenido pensamientos bisexuales y mucho menos intenciones de probar con un tío, pero he de reconocer que aquella situación, me estaba poniendo a cien por hora, quizás también debido al morbo de no saber si él estaba realmente dormido o si solo lo hacía para poder restregarme la polla sin ningún tipo de problema. Lo cierto es que yo también me estaba empalmando como hacía tiempo que no lo había hecho. De todas formas decidí callar e instintivamente fui acercándole mis nalgas cada vez más para poder sentirlo mucho mejor, hasta que tras otro giro de mi primo y sin saber porque, cambió de posición. Así que con toda aquella erección que me había dejado, era casi imposible conciliar el sueño, por eso y sin hacer mucho ruido, me levanté y me fui al lavabo. Una vez allí me hice una buena paja pensando, eso sí, en todo lo que allí había ocurrido. Luego cuando acabé, volví a la cama y por fin ya más relajado, me pude quedar dormido en aquella estrecha cama junto a él, hasta el día siguiente.

Al levantarnos nos volvimos todos a ver otra vez  y durante el desayuno nos preguntamos unos a otros como habíamos dormido. Todos contestamos que muy bien, incluido mi primo, pero por la forma de decirlo, no me quedó muy claro si todo aquello que había pasado había sido algo premeditado o no. Nosotros aquella mañana teníamos ya que empezar a arreglar parte de los asuntos que nos habían llevado hasta allí, así que nos despedimos de todos y nos fuimos.

Al salir todo bien y sin complicaciones, en unas horas ya estábamos de vuelta. Cuando llegamos vimos que nuestros primos nos estaban esperando para llevarnos a ver los alrededores y así lo hicimos. Yo en cuanto tenía ocasión, miraba a mi primo de arriba abajo y la verdad es que desde entonces estaba ya un poco mosca con él. Ya lo veía de modo diferente a antes. Ahora me daba ya cuenta de que era demasiado fino y de que iba muy arreglado y maquillado. Por otra parte mi subconsciente me estaba jugando una mala pasada, ya que mi mirada aunque disimuladamente, acababa siempre parada en todo su paquete, quizás tratando de adivinar lo que realmente escondía allí. Yo jamás había hecho nada parecido con anterioridad, porque no me gustaban los hombres para nada, por eso estaba muy sorprendido conmigo mismo.

De repente había despertado en mí ese lado bisexual que según dicen los entendidos, todos llevamos dentro. No obstante no hice ningún comentario al respecto y dejé que todo transcurriese de la forma más natural del mundo. Ellos en unas horas nos enseñaron unos parajes de ensueño, quedando los dos maravillados. Después no queriendo cansarnos más, decidieron que debíamos regresar a casa. Al llegar, nuestros tíos ya nos tenían preparado el vermut, y a continuación nos pusimos todos a comer. Yo no me atreví a comentarle nada a mi hermana de lo ocurrido esa noche, por si solo habían sido imaginaciones mías, aunque ella sí que quería hablar conmigo, pero me dijo que cuando estuviésemos los dos a solas, cosa que sería un poco difícil con tanta gente en casa, pero bueno.

Después de comer estuvimos descansando, y luego más tarde nos llevaron a un pueblecito de al lado para que también lo viésemos. Y así fueron transcurriendo las horas hasta llegar otra vez a la noche. Por una parte tenía miedo de reconocer que realmente aquello me gustaba, ya que en ningún momento había dejado de pensar en lo ocurrido, y cada vez que lo hacía, acababa con una erección de caballo, la cual tenía después que tratar de disimular ante todos. Llegado el momento nos despedimos de los demás después de desearnos buenas noches, pero esta vez fui yo quien se fue primero a la habitación. Una vez me quedé solo, me desvestí rápido y me metí enseguida en la cama. Al ratito apareció ya mi primo, el cual empezó a desnudarse ante mí con toda naturalidad, quedándose tan solo con un pequeño slip de color azul. Y aunque trataba de no mirarlo, mis ojos disimuladamente acababan siempre fijos en aquel montículo que le sobresalía sobre todo lo demás.

Entonces se metió bajo las sábanas y como en la vez anterior me volvió a dar las buenas noches y se tumbó de lado, dándome la espalda. Seguidamente apagó la luz. Yo, en esta ocasión decidí quedarme boca arriba para así poder controlar mejor la situación. Al poco rato me hice el dormido y de vez en cuando soltaba unos resoplidos como si estuviese roncando. Así me pasé un rato esperando no sé qué, pero yo en mi interior sabía que algo iba a pasar. Y ya lo creo que pasó. Al poco de pensarlo, mi primo empezó otra vez a moverse en la cama como la noche anterior, pero esta vez se quedó boca arriba, o sea igual que estaba yo. Entonces sí que pude comprobar que todo aquello era más que premeditado, y aún más cuando soltó uno de sus brazos hacia mí y puso su mano justamente encima de mi paquete.

En ese momento sentí como si me hubiesen  electrificado, pero no dije ni hice nada para evitarlo ya quería saber cómo pensaba seguir mi primo. Así que continué haciéndome el dormido ya que ese juego de hacer las cosas pero disimulando no querer hacerlas, me estaba gustando y me daba mucho morbo. Así que los dos seguimos igual y sin mediar palabra, aunque yo veía que poco a poco se iban moviendo las sábanas acompasadamente en mi lado, y eso era debido a que mi primo había empezado ya a acariciarme con cuidado para no despertarme, toda mi zona genital. Él con su mano abierta sobre mi paquete iba haciendo cada vez más presión, a la vez que me sobaba todo aquello.

Eso me estaba volviendo loco, por eso mi polla se despertó al momento y empezó a crecer de forma rápida y contundente. De vez en cuando yo seguía soltando algún que otro resoplido o ronquido para disimular. Él por su lado seguía cada vez más entregado en darme placer y aún se animó más al ver que yo no le ponía ninguna resistencia. Mi polla no paraba de crecer bajo el pequeño pantalón del pijama. Cada vez la iba notando más grande y más dura. Tenía ya la necesidad de salir al exterior. Entonces mi primo quiso arriesgarse un poco más y cogiendo una de mis manos con mucho cuidado para que yo no me despertase, la llevó a su entrepierna, dejándola allí justo encima de su polla. Después, con su mano encima de la mía, empezó a presionar y a sobar todo aquel montón de carne.

Yo al principio ya que figuraba que estaba dormido no hacía nada, pero sí que iba notando como él también se iba empalmando poco a poco como si fuese un caballo. Por lo que estaba notando bajo mis dedos, parecía que tenía una polla bastante más grande que la mía, tanto en longitud como en grosor. Él seguía dándome placer y mis suspiros ya no eran de ronquidos precisamente si no de placer, por lo que ya, no pudiendo seguir disimulando más, me bajé el pantalón y el slip como pude, y dejé libre mi polla, la cual saltó al exterior como si fuese un  resorte.

CONTINUARÁ EN EL RELATO: LA HERENCIA VENÍA CON PREMIO EXTRA (II PARTE).


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