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TODORELATOS » BISEXUALES » LA HERENCIA VENÍA CON PREMIO EXTRA (II PARTE).
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Fecha: 30-Nov-16 « Anterior | Siguiente » en Bisexuales

La herencia venía con premio extra (ii parte).

olivenza
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Como en un pueblecito de la sierra unos primos hicieron real aquel dicho que dice: contra más primos... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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CONTINUACIÓN DEL RELATO: LA HERENCIA VENÍA CON PREMIO EXTRA (I PARTE).

Por su parte mi primo hizo también lo mismo y entonces fue cuando bajo las sábanas apareció como un gran mástil, el cual dejó formada en un segundo una improvisada tienda de camping. Tras esa situación y sin mediar palabra alguna, solo pensé en aquella famosa frase de Torrente:…¿Qué, chavalote?...¿ Nos hacemos unas pajillas?... Y a continuación cada uno con la polla del otro en la mano, empezamos a realizar unos movimientos rotativos, seguidos del típico sube y baja de siempre. Yo por mi parte, jamás había tocado otra polla que no fuese la mía, y la verdad es que aquella sensación de tener algo tan grande, gordo y caliente en mi mano era toda una maravilla.

Como ya había supuesto y ahora lo estaba comprobando, mi primo realmente estaba muy bien dotado, mucho más que yo, por lo que era un placer el poder estar tocando por primera vez una cosa tan extraordinaria como aquella. Y así entre sobeteos y apretones, empezamos a sentirnos los dos muy excitados y cada vez íbamos acelerando más y más nuestros movimientos del sube y baja. Entonces tras unas fuertes convulsiones por ambas partes, nuestras manos quedaron impregnadas de un líquido viscoso y caliente, fruto de la gran corrida que habíamos tenido ambos casi al unísono.

Aun así nuestras pollas no paraban de disparar más leche sobre nuestro vientre y fue de esa manera como poco a poco, pudimos los dos ir apagando nuestro fuego interior. Después nos fuimos a asear casi a oscuras por la vergüenza, sobre todo por mi parte, y sin decirnos nada, al acabar nos volvimos otra vez a la cama, pero esta vez ya solo para dormir.

Al día siguiente que sería el último del que disponíamos para arreglar el resto de los papeles, al levantarme, traté de evitar al principio a mi primo a toda costa por lo que pudiera decir, pero al ver que en ningún momento se había referido a nada de lo ocurrido, eso me dio confianza y me alegré de que se lo hubiese tomado con tanta naturalidad, ya que para mí había sido un caso aislado. Por eso fui yo quien quiso planificar lo que haríamos ese día. Por su parte mi hermana me recordó que todavía no habíamos hablado y que deberíamos de hacerlo porque había algo que quería contarme, pero al no tener ocasión de hacerlo, le dije que a ver si lo podíamos hacer después. Yo para ese día había pensado que mientras mis padres arreglaban sus asuntos, nosotros cuatro podíamos acercarnos a la capital para pasar allí el día. Entonces como ninguno tuvo inconveniente, decidimos hacerlo.

Al llegar nos dedicamos a ver todo lo más importante y a la hora de comer, mi hermana y yo los quisimos invitar en un restaurante por deferencia a habernos dejado compartir sus habitaciones. Todo estuvo exquisito. Y así entre bromas y risas, llegamos a los postres y a los cafés. Fue entonces cuando mi prima nos insinuó que si ella estuviese viviendo en la ciudad como nosotros, se lo iba a pasar en grande ya que iría a frecuentar todos esos locales que hay para gente abierta a todo como ella y que allí en su pueblo no sabían ni que existían.

Entonces mi hermana al oír aquellas declaraciones y sin yo saber porque lo hacía. Me dio una ligera patada por debajo de la mesa. Yo la miré como preguntando, pero no dije nada. Después al rato, decidimos irnos de allí y tras unas cuantas vueltas más por la capital, decidimos regresar al pueblo. Durante el viaje sí que pensé en qué querría decirme mi hermana con tanta insistencia, pero después ya, entre las bromas, las risas y lo bien que nos lo estábamos pasando, se me olvidó por completo.

Al caer la tarde ya estábamos en casa, así que para pasar el rato decidimos los cuatro ver un poco de tele y jugar a los diferentes juegos de mesa que tenían. Así, entre partida y partida, llegamos a la hora de la cena, que por nuestra parte sería la última, puesto que al día siguiente ya nos marcharíamos. Entonces como todos estábamos cansados, decidimos irnos a dormir pronto. Y así, nuestro primo y yo, tras una mirada de complicidad nos fuimos juntos para nuestra habitación.

En esta ocasión él cerró bien la puerta por dentro y yo pensé entonces en darle una buena sorpresa. Como el primer día él tuvo la deferencia conmigo de ponerse el slip para dormir, aunque no solía hacerlo, hoy que era el último día, haría yo lo mismo por él, solo que al revés. Así que sin mediar palabra me desnudé ante él por completo y me acosté. A continuación le pedí a él que hiciera lo mismo, y una vez lo hizo, me comentó que desde hacía unos años, cuando su tendencia sexual empezó a cambiar, solía acostarse desnudo, ya que así, aunque fuese por unas horas tan solo, se sentía libre haciendo lo que realmente quería. Después como siempre, apagó la luz y poniéndose de lado me dio la espalda. Yo entonces sentí un poco de frío al no estar acostumbrado a dormir desnudo, por lo que instintivamente me acerqué a él buscando calor y traté así de dormir, pero al igual que las veces anteriores, quizás debido al calor de nuestros cuerpos, noté como poco a poco me iba empalmando como un loco, aunque en aquél momento no estaba pensando en nada raro.

Entonces mi primo al notar entre sus redondeadas y duras nalgas toda mi polla, sin decir nada fue arqueando su cuerpo hacia atrás para  así sentirla mucho mejor. Entonces sí que mi erección fue en aumento y la verdad es que yo seguía sin entender lo que me pasaba. A mí jamás me había interesado el sexo contrario y mucho menos me sentía atraído por él, ya que me gustaban las mujeres a rabiar, pero tal vez debido a mi forma de vida con tanto trabajo y tan poca diversión, lo cual hacía que no follase muy a menudo, es lo que ahora hacía que tuviese tantas ganas de hacerlo con quien fuese, y la realidad era que a muy pocos centímetros de mi polla habían unas redondas nalgas rasuradas y suaves con un agujerito en el centro diciéndome…! Atrévete ¡.Entonces mi primo pasó una mano hacia atrás y empezó poco a poco a masturbarme. A continuación como yo ya estaba muy caliente, empecé a restregarle mi polla por el canalillo del culo, viendo como sin querer se lo iba lubricando con el líquido que me iba saliendo de vez en cuando. A continuación encendió la luz de la mesilla y me preguntó si quería que me la chupase, pero yo no me atreví a decirle que sí, por lo que él sin decir nada, al ver que tampoco me había negado, bajó hacia mis partes bajas y cogiéndome la polla con una de sus manos, empezó a hacerme la mejor mamada que hasta entonces había recibido.

Mi primo se veía que disfrutaba con todo aquello y le ponía mucha pasión, pero es que yo estaba ya a punto de estallar con tanto bombeo bucal, por eso, al darse cuenta, empezó tan solo a lamérmela en toda su longitud además de los huevos. La verdad es que con aquella luz tan tenue no me daba tanto corte aquella situación, no obstante mi primo me preguntó si alguna vez había dado por el culo a alguien, incluyendo a alguna chica, a lo que le contesté que no. Entonces me dijo si quería probarlo con él ya que había conseguido ponerlo a cien por hora y ahora necesitaba meterse algo por allí como fuera y a ser posible una polla como la mía. Así que según me dijo sería favor por favor, por eso no supe negarme y menos aún con la calentura que me había entrado con todo aquello. Entonces mi primo sacó un tubo de vaselina del cajón de la mesilla y un condón y poniéndose a cuatro patas encima de la cama, me ofreció su precioso culo.

Yo no sabía muy bien que tenía que hacer, pero siguiendo sus indicaciones, en un momento me vi lamiéndole toda la zona y tratando de meter mi lengua en aquél orificio, para que poco a poco aquella negra diana se fuese dilatando. Luego cuando él me indicó que era el momento, le metí uno de mis dedos y más tarde probé de hacerlo con dos. Aquello era todo nuevo para mí pero me estaba gustando, a la vez que me iba poniendo cada vez más caliente. Mi polla la veía más grande y más dura que nunca y necesitaba ya bajar aquella erección como fuese. La verdad es que con aquella luz y aquel ambiente además de aquellas nalgas y muslos tan rasurados y suaves, parecía que me lo estaba haciendo con una tía impresionante, lo que hacía que me sintiese mucho menos culpable.

A continuación cogí mi polla con una mano y la dirigí hacia aquella negra gruta. Una vez en la puerta del orificio, fui presionando como pude hasta conseguir meterle toda la cabeza. Luego tras una indicación de él, paré un momento y cuando me dijo volví a empujar de nuevo, metiéndole centímetro a centímetro toda aquella barra de carne que Dios me ha dado. Él entonces soltó un pequeño gemido de dolor, pero poco a poco lo fue transformando en suspiros y gemidos de placer. Seguidamente empecé a bombear en aquel estrecho agujero viendo admirado como cada vez me era más fácil entrar. Ahora ya con cada embestida, mis huevos chocaban con sus abultadas nalgas y aquello era para los dos una maravilla.

Yo no podía aguantarme más, así que en cuanto sentí las primeras convulsiones, se la saqué y una vez hice lo mismo con el condón, me corrí abundantemente entre el canalillo de sus nalgas. Después seguí frotándome en ellas hasta que vi que mi polla dejó de echar más leche caliente. Al acabar nos pusimos boca arriba en la cama mirando al techo y tras una sonrisa picarona entre ambos, me preguntó qué me había parecido la experiencia. Yo sinceramente le dije que había estado muy bien, pero que quería que supiese que yo jamás había hecho nada parecido a lo ocurrido allí con él durante esos días.

Entonces tratando de quitarle hierro al asunto, me dijo que había que disfrutar de todo en la vida y que no pasaba nada por eso. También me dijo que había que probar de todo para poder opinar y que si existían tantos homosexuales, bisexuales o lesbianas en el mundo debía de ser por algo. Todo ese argumento me dejó más calmado, hasta que seguidamente me preguntó si ya que le había hecho una paja y le había tocado la polla no me gustaría chupársela, para así averiguar también su sabor, aunque solo fuese en esa ocasión. Entonces yo en ese momento me quedé muy pensativo ya que entendía que no era lo mismo dejar que te la chupasen a ti, que chupar tú una polla. Así que no me decidí, pero él, poniéndose de pie frente a mí, empezó a masturbarse y cuando vio que ya la tenía lo suficiente grande y dura, me hizo arrodillar, se acercó a mí, y me dijo que cerrase los ojos. Luego al instante noté como la punta de su polla rozaba mis labios como si fuese un pintalabios.

Yo seguía manteniendo mi boca cerrada, pero tal vez debido a su insistencia o quizás a su suavidad y a su calorcito, poco a poco fui yo mismo venciendo la presión de los labios y él con gran destreza, fue introduciéndome toda aquella barra de carne en mi boca. La sensación era nueva pero inmejorable. Ahora era yo el que no paraba de lamer y de chupar aquella polla cada vez con más ganas. Por lo que poniendo mis manos sobre sus nalgas, empecé a bombear una y otra vez para que aquella que era mi primera polla, entrara toda en mi boca hasta llegar a sentirla ya en mi garganta. Y así estuve un buen rato, no dejándome ni un centímetro por lamer, hasta que él notó que de seguir así, aquello iba a llegar pronto a su fin.

Entonces llegó lo inevitable. Lo que yo no deseaba que llegase, pero que mi interior lo estaba deseando. Y fue cuando mi primo me dijo si quería probar qué se sentía cuando te daban por el culo. Por una parte, mi hombría me aconsejaba que no. Pero por otra, el morbo que se había formado ya en aquella habitación me decía en aquel momento… ¡Y porque no ¡… Así que volviendo a excusarme otra vez ante él diciéndole que a mí nunca me habían hecho eso, accedí y sin pensármelo más adopté la misma posición que él había hecho y le pedí que por favor me diera por el culo pero que tratara de hacerme el menor daño posible.

Entonces mi primo desde atrás empezó a besarme y a acariciarme con mucha ternura las nalgas una y otra vez y de vez en cuando, me las separaba para poder acceder mejor a mi culo, el cual no paraba de lamer y de introducirme la punta de su lengua. Yo en ese momento tan solo pensaba que si solo aquella puntita de lengua me estaba dando tanto placer, qué pasaría cuando me metiese todo aquel pedazo de polla. Pero eso ya vendría después. Ahora se trataba de seguir y eso es lo que hizo mi primo. A continuación volvió a coger otra vez la vaselina y me untó todo el agujero por fuera y por dentro. Luego me metió un dedo en el orificio y tras unos cuantos mete y saca, logró meterme otro más. Aquello era maravilloso y según él esa era ya la señal para saber que ya estaba preparado para recibir su polla cuando quisiera. Así que sin más tiempo que perder, se puso el condón en su larga herramienta y seguidamente la puso en la entrada de mi culo. Yo sentí que era muy gorda y que no me iba a entrar, pero al ir pinchando y empezar con los frotamientos, vi que con cuidado podría ser posible. Él poco a poco fue intentando que entrase, pero debido a que mi culo aún era virgen, todavía le costaba un poco, hasta que por fin de un leve empujón, pudo ya meterme toda la cabeza. Entonces lancé un pequeño grito de dolor y él paró un momento, pero mi  esfínter enseguida se fue dilatando y entonces ya era yo el que con mis manos puestas en sus nalgas, empujaba y le pedía que me la metiese toda hasta el fondo. Así poco a poco lo fuimos consiguiendo, notando ya como sus huevos chocaban con mis glúteos peludos como si fuese un frontón en cada embestida. Así estuvo un buen rato con aquél mete y saca. Yo creía que me moría, pero de placer. Ya no me importaba exteriorizarlo porque me lo estaba pasando como nunca.

Entonces noté que mi primo estaba ya a punto de descargar y ya me la había sacado del culo para correrse sobre mis nalgas. Y una vez se sacó el condón, así lo hizo. Aquella polla tan grande que había tenido dentro de mí, no paraba de sacar leche caliente. Entonces mi primo me dijo que me diese la vuelta y con uno de sus dedo lleno de semen, me lo pasó por los labios para que supiese también como sabía.

La experiencia en general fue maravillosa y más, de la forma en que había transcurrido todo. Sin ningún tipo de dramatismo. Así que ahora que ha pasado ya el tiempo os puedo asegurar que no me arrepiento para nada de todo lo ocurrido durante aquellos días.

Esa noche los dos dormimos como nunca. Estábamos muy relajados y tranquilos porque sabíamos ambos que todo lo pasado allí quedaría entre nosotros como un gran secreto. Así a la mañana siguiente, nos levantamos como si nada hubiese pasado y sin hacer ningún tipo de comentario al respecto. Luego a media mañana preparamos nuestro equipaje y nos despedimos de todos ellos, con la promesa de volver a vernos con más asiduidad que hasta entonces. Después emprendimos el viaje de vuelta.

Durante el camino, mis padres nos explicaron que al final la cantidad de la herencia había sido superior de lo que todos esperaban, por lo que tanto mis tíos como ellos estaban muy contentos. Ahora que por fin podíamos estar ya solos en casa, mi hermana trató de explicarme lo que hacía unos días había querido decirme. Resulta que mi prima, la que yo había visto desde el principio un poco machorra y que había compartido habitación y cama con ella, era lesbiana, y ya en la primera noche, se le había insinuado y le había intentado tocar las tetas y algo más, cuando estaban en la cama, aunque no había dicho nada a nadie por no dar un escándalo. Pero ella sí que supo pararle los pies desde un principio y supo dejarle las cosas muy claras, cosa que mi prima aceptó y respetó, acabando por pedirle perdón y todo.

Yo por mi parte le mostré mi cara de asombro y le dije que había obrado bien, aunque en mi mente estuviese pensando que no se imaginaba lo que se había llegado a perder.

De lo mío naturalmente no le comenté nada, tan solo que habían sido unos días de los cuales había aprendido mucho, sobre todo por haber sido todo tan diferente a lo que estaba acostumbrado hasta entonces.

FIN.


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