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Fecha: 27-Dic-16 « Anterior | Siguiente » en Trios

Mi novio, yo ... y tres mas. (2)

Julia Rdz
Accesos: 21.836
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Tiempo estimado de lectura: [ 49 min. ]
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Nuestras tetas chocaban al ritmo de los movimientos, sus gemidos se unían a mis labios, nuestras lenguas jugaban entre ellas. Tocaba mis nalgas, mi espalda. Yo estaba muerta del placer, de la excitación. Me sorprendía tanto la habilidad con la que cogía mi amiga. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Quítate. –Le dije a mi novio mientras lo empujaba del auto. Cerré la puerta.

Le levanté las piernas y le quité la tanga.

La vi, acostada, completamente desnuda. El solo verla hizo que me mojara. Tenía un cuerpazo, el mejor cuerpo que una mujer podía tener. Su rostro era precioso. Y tenía la marca de las mujeres de Rafa: una enorme mata de bello en su entrepierna.

Estaba acostada boca arriba, viéndome. Me hizo una seña con el dedo para que me acercara. Sentí algo en mi estómago. Me abalancé sobre ella. Nos besamos, mis pechos chocaban con los suyos, abrió sus piernas y me acomodé en medio de ellas, puse una de mis manos en su rostro.

Me sentía la persona más afortunada del mundo por estar con una mujer como ella.

Podía sentir la mirada de Rafa, me lo imaginé parado, fuera del auto, viéndonos y masturbándose.

La dejé de besar y la miré.

En ese momento me di cuenta que estaba con las dos personas que más amaba en el mundo. Estaba enamorada de los dos.

-Te amo mucho, Andy. –Le dije.

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Caminé por el cuarto, un poco desesperada y muy excitada. Caminé sin saber porque lo hacía. Tomé mi ropa interior y me la puse. De nuevo caminaba de un lado para otro.

-¿Nos vamos, July? –Me dijo mi hermana Olga mientras tocaba la puerta. Me sobresalté.

-Ya… ya… ya… voy. –Tartamudeé.

Me llegaron nervios. El solo pensar que miraría a mi amiga Andy y que iba a tener sexo con ella me ponía muy nerviosa.

Escuché la puerta del cuarto abrirse.

-Hola, ¿Qué te pasa? –Me preguntó en tono divertido. Me tapé instintivamente. –No te preocupes hermanita, igual pronto ese cuerpecito será mío. –Me dijo mientras se acercaba y me abrazaba por detrás. –Quizá hoy. –Me dio un beso en el cuello y puso sus manos en mis pechos.

Cerré mis ojos y disfruté de los besos que mi hermana me estaba dando en el cuello.

Me volteé y la abracé por la cintura. Ella hizo lo mismo. Nos vimos. Nunca la había visto bien y la verdad es que no era nada fea, al contrario, era muy atractiva. Sonreí y me sonrió. Nos besamos.

Nuestros labios estaban unidos, nuestras lenguas estaban jugando entre sí. El tiempo se detuvo y nada importó más que seguir besando a mi hermana menor.

El beso fue largo. Nos separamos y nos vimos de manera seria. Con la mirada nos dimos a entender lo que queríamos.

Me quité primero mi brassier y cayeron mis pechos grandes. Luego me agaché para quitarme mi calzón. Me acosté en la cama. Vi a mi hermana que no perdía detalle.

-¿Qué te pasa? Tonta. –Le dije.

-Estás buenísima, no puedo creer lo que me voy a comer. –Me dijo.

-Apúrate entonces. –Le dije.

Empezó a quitarse la ropa, se me hizo muy excitante ver a una mujer desvestirse. Primero su blusa, luego su pantalón y quedó en ropa interior. Con solo verla en ropa interior, me calenté y comencé a masturbarme.

Se quitó su brassier y luego su calzón. Mi hermana era flaca y no tenía mucho pecho.

Vi en su entrepierna una mata enorme de bello, igual que la mía. Mi hermana notó que la miraba ahí y señaló la mía.

-A Rafa le gusta. –Dijimos al mismo tiempo y sonreímos.

Sonó mi celular.

-No respondas. –Me dijo mi hermana mientras se ponía encima de mí, me besaba el cuello y sus manos masajeaban mis pechos.

Cerré mis ojos y disfruté de las caricias de mi hermana. Estábamos las dos hermanas, desnudas, en la cama a punto de tener sexo. El celular dejó de sonar.

Mi hermana bajó a mamar mis pechos.

-Envidio estas tetas, son enormes. El pezón es enorme, redondas y rosado, me encantan. Son muy bonitas. –Dijo. Esas palabras hicieron que me mojara. Puso una mano encima, y la vio, era como si estuviera midiendo el tamaño. –Mi mano se ve chiquita encima de tus pechos. –Y sonrió.

De nuevo sonó el teléfono.

-¿Quién chingados es? –Preguntó mi hermana mientras se levantaba y agarraba el teléfono. –En la madre. –Se asustó.

Me levanté de un brinco.

-¿Quién es? –Pregunté asustada.

-Mi mamá. Responde. Me iré a cambiar. –Y dicho esto, salió corriendo, desnuda.

-Hola. –Respondí. –Sí, ya estamos listas. Adiós.

Mi mamá llegaría en 5 minutos por nosotras. Me levanté y me vestí rápido.

Sentí un nudo en mi pecho y mi corazón latió muy de prisa. Estaba nerviosa. Mi mamá estuvo a punto de encontrarnos a mi hermana y a mí teniendo sexo.

Se abrió la puerta de golpe y brinqué de un susto. Entró mi hermana.

-Me asustaste, tonta. –Le dije.

-¿Qué? ¿Te asustó mi mamá? –Y sonrió. –Vengo por mi ropa. –La agarró. Se acercó y me dio un beso. –Fue delicioso. Lo tenemos que hacer pero ya. –Me dijo y dicho esto salió.

Me quedé pensando en esto. Los nervios desaparecieron y las ganas de coger con mi hermana crecieron. Quería hacerlo con mi hermana.

Mi mamá llegó y nos fuimos.

La plática en el camino fue sobre cómo nos había ido en la escuela y que habíamos hecho. Le pedí permiso para salir con Rafa y ella aceptó pero primero tenía que ayudar en la tienda un rato y hacer cosas en la casa.

Llegamos casi a las 4pm. Nos acomodamos.

-Olga, aquí te quedas a ayudar en la casa. July, vamos a la tienda. –Dijo mi mamá y salimos. Llegamos.

Afortunadamente mi papá había construido un negocio que hizo que nos fuera de maravilla económicamente, nunca nos faltó nada.

Saludé a mi papá. Tenía 38 años. No era feo pero se había descuidado físicamente. Tenía una de esas panzas caguameras.

-Ven July. –Me dijo. Traía en la mano una tabla con unos papeles y un lápiz en la oreja. Caminamos hasta donde estaban unos camiones bajando unas cajas. –Vamos a ver cómo va el inventario. –Me dijo. Tomó su lápiz, empezó a hablar con las personas que bajaban las cajas, las abrían y luego marcaba algo en la tabla.

Nunca había hecho nada en la tienda más que ir de visita. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Me acerqué.

-¿Qué haces papá?

-Estoy checando la mercancía, que llegue completa y en buenas condiciones. –Me dijo. Vi la tabla. –Toma, tu marca. –Me dijo dándome la tabla y el lápiz. –Ven, vamos a ver la caja. –La abrió. –Contamos la cantidad, si coincide con lo que tenemos marcado, ponemos una palomita a lado. –Dijo señalando una hoja de la tabla.

Los señores bajaron más cajas y contamos. Mi papá me dejó encargada y tuve que hacer ese trabajo sola. De vez en cuando sentía unas miradas que me comían de parte de los trabajadores. Me puse un poco nerviosa e incómoda. Pasó cerca de hora y media. Mi papá regresó a verificar y todo estuviera en orden.

-Gracias, amor. –Me dijo dándome un beso en la mejilla. –Vente, a la oficina.

Caminamos. Entramos. Había una pantalla y se veía toda la tienda.

-¿Qué es? –Pregunté señalando con el dedo.

-Son cámaras de seguridad. De aquí vigilo toda la tienda.

Puse atención y la pantalla estaba dividida en varias imágenes. Se miraba la zona de cajas, los pasillos, la parte de atrás donde yo estaba hace unos minutos, la entrada a la oficina, y otras partes. Todo se miraba de ahí. Se acercó un señor a la oficina y se abrió la puerta.

-Aquí le traigo las copias para que firme. –Dijo el señor. Mi papá las tomó y empezó a leerlas.

-Ella es mi hija. –Me presentó. –Nos estará ayudando con el inventario cada fin de semana. –Le dijo al señor. Nos saludamos de mano.

Mi papá firmó y el señor salió.

-¿Cómo que les ayudaré? –Pregunté desconcertada.

-Como sabes, este es nuestro negocio familiar. Queremos que poco a poco vayas aprendiendo todo sobre el negocio; cómo se maneja, cosas que hay que comprar, etc. En un tiempo, serás mayor de edad y quiero darte una firma que autorice este tipo de movimientos.

Me le quedé mirando fijamente y helada.

-¿Yo? … ¿A cargo? –Pregunté asustada.

-Si mi amor. Si nos va bien, este negocio nos puede dar de comer a todos durante mucho tiempo. –Me abrazó. –No te preocupes, no te dejaré sola. Irás aprendiendo esto despacio. –Me tomó de la cabeza y me dio un beso en la frente. –Vamos a ver que hay cosas que hacer.

Salimos de la oficina. Durante un rato más no me le despegué a mi papá ni un minuto. Cerca de las 7pm, agarramos un jugo y salimos de la tienda. Nos subimos a la camioneta y arrancó mi papá. En el camino se desvió hacia una parcela y detuvo la camioneta.

-¿Qué pasa? –Pregunté.

-Súbete acá. Vas a manejar.

-¿Qué?

-Ven. –Me dijo. Bajé, rodee la camioneta y abrí la puerta del conductor. Me senté, me quedaba muy alto. –Acomoda el asiento. -Eso hice hasta quedar bien. –Enciende la camioneta y mete cambio pero con el freno puesto, luego despacio suéltalo y mete acelerador. -Seguí las instrucciones y todo salió bien. –Avanza derecho. –Me dijo.

Y ahí iba, manejando aquella Hummer del año, limpia, la cual, nadie más que mi papá la había manejado.

Me iba dando señales a donde me dirigiera. Llegamos a un punto y me detuve. Apagué la camioneta.

-¿Qué hacemos aquí? –Pregunté. En ese momento recordé algunas aventuras que tuve en las parcelas y por un momento me imaginé teniendo sexo con mi papá.

-Vamos a bajarnos. –Lo hicimos. –Estas tierras son mías. Quiero que también aprendas cómo manejarlas.

Abrió la puerta del copiloto, luego me agarró de la cintura y me subió a la camioneta. Recordé que cuando era niña, iba con mi papá a las parcelas y siempre me subía como lo hizo en ese momento. También recordé que nos llevaba a bañarnos. Nunca imaginé que fueran de nosotros.

-¿Te acuerdas? –Me preguntó.

-Si, aquí me traías a bañarme mientras tú trabajabas. –Le dije.

-Como pasa el tiempo, ayer eras una niña y hoy toda una señorita. –Me dijo. –Yo no se tu mamá, pero a mi me duele mucho que estés creciendo.

-¿A qué te refieres? –Le pregunté. Había notado cierto incremento de voz en la palabra ‘’creciendo’’.

-Yo te he dado todo durante toda la vida y luego de un día para otro, otro hombre te está alejando de mi lado.

-Papá. –Lo abracé y él me abrazó por la cintura. Cualquiera que nos viera, pensaría que fuéramos pareja. –El único hombre dueño de mi corazón eres tú, mi novio es parte de la vida que estoy formando.

-Me cuesta escuchar eso. –Me dijo. -¿Es bueno?

-Es el mejor. Si me estas mostrando todo esto es porque tienes dudas pero déjame decirte que Rafa no es así.

-Mi amor, yo confío en todo lo que tú me digas. Sobre todo porque es la educación que te hemos dado. Pero debes entender que nos hemos esforzado mucho para mantener este negocio.

-Gracias papá. Y lo entiendo, pero mi novio no es así.

-Tengo entendido que es hijo de un profe, ¿No? –Asentí. –Son buena familia.

-Él me quiere y me respeta. De hecho ya trabaja y nunca me ha pedido nada… -Me interrumpió.

-Tu mamá esta algo preocupada porque me dijo que ya mantienes relaciones con él.

-Papá. Hay no, que pena. –Le dije.

-No tengo miedo a hablar de ese tema, es algo muy normal. Sé cómo se hacen los hijos… -Reímos. - … Y sabía que tarde o temprano, ibas a conseguirte novio y tener relaciones. –Le tapé la boca para que no siguiera hablando. La verdad es que a pesar de haber hecho tantas cosas, tener una plática de este tipo con mi papá, me daba mucha pena. Quitó mis manos. –Voy a terminar. –Dijo elevando un poco la voz. Me gustó su tono. –Estás muy chica para tener una responsabilidad…

-Papá… -Interrumpí.

-Solo quiero saber si podemos estar tranquilos con eso. Me refiero a que se cuidan. –Me dijo.

-Claro, tú no te preocupes.

-Confío en tus palabras. –Y nos miramos fijamente. Impulsivamente le di un pico en la boca.

-Se que me extrañas pero papá, yo te amo. Darnos besos en la boca, dormir juntos, incluso contarnos secretos, quiero que lo hagamos de nuevo. Como cuando era chiquita. –Le dije.

Levantó su mano en señal de aprobación y en esa misma posición platicamos de cómo me estaba yendo. Mis manos rodeaban su cuello y las de él mi cintura. De vez en cuando le daba un pico en la boca. Esa siempre fue nuestra dinámica cuando estaba más chiquita.

Se nos fue el tiempo y salimos rumbo a la casa, yo manejando. Llegamos y entré muy feliz.

-¿Qué les pasa a ustedes dos? –Nos preguntó mi mamá al vernos entrar agarrados de la mano y riendo.

-Nada. –Dijo mi papá. –Tuvimos una tarde para papá e hija.

-Qué bueno. –Dijo mi mamá.

-Papá, voy a salir más tarde con Rafa. Ya le había dicho a mi mamá. –Le dije.

-Sí, solo recuerda nuestra plática.

-Si papá. –Y salí corriendo a bañarme y cambiarme.

Para las 9:30pm estaba lista; de ropa interior me puse una tanga roja que tenía y la combiné con un brassier rojo. Me pinté las uñas de morado, me maquillé. Agarré un short de mezclilla, me vi en el espejo y me di una vuelta. Luego me puse de lado y regresé a ponerme de frente. Tenía una figura bien formada. La forma de mis caderas y mi cintura se formaba bien pero me di cuenta que había subido de peso. Mis nalgas estaban bien formadas, las toqué y estaban un poco aguadas “Debo ir al gimnasio”, pensé. Me puse una camisa de cuadros morados y celestes. Mis pechos habían crecido demasiado. Lo sentí cuando me puse el brassier, debía comprar otros. Pensé entre ponerme unos tacones o unos vans que tenía. Para la noche que pasaríamos no necesitaba los tacones. Agarré los vans blancos y me los puse.

Me vi en el espejo y no me miraba nada mal. Estaba nerviosa por ver a mi amiga Andrea.

-Hola hermanita. –Dijo mi hermana Olga entrando al cuarto.

-Hola hermanita. –Le respondí con el mismo tono coqueto.

-Ojalá lo disfrutes. –Me dijo.

-No lo dudes. –Le dije entendiendo lo que me dijo.

Me voltee y quedamos muy cerca viéndonos. La deseaba. Me calenté. Quería desnudarla, sacar mi dildo y metérselo. Sonreí y ella también sonrió.

-Pronto. –Le dije, saliendo del cuarto.

Le marqué por teléfono a Rafa.

-¿A qué hora pasas por mí? ¿En una hora? Ash. Pasas por nosotras, iré a la casa de Andy. Te amo, nos vemos. –Colgué. –Mamá, ¿Me llevas a la casa de Andrea? –Le dije y aceptó.

Nos subimos al auto de mi mamá. En 5 minutos llegamos, el pueblo era chico. Bajé corriendo.

-Buenas noches, ¿Se encuentra Andy? –Saludé a la mamá.

-Hola mija, buenas noches. Adelante, se está cambiando. ¿Van a salir? –Preguntó la mamá.

-Sí, hace mucho que no nos vemos y nos vamos a poner al día. –Dije. Me senté en el sillón de la sala. Ahí estaban los hermanos de mi amiga: Betty y Fernando.

La última vez que vi a Betty fue en un video donde mi novio Rafa se la cogía, fue su primera vez. Estaba algo grande y gordita. Quizá hace dos años que se la cogió mi novio, se antojaba por estar chiquita y delgada pero ahorita había perdido toda la gracia.

En cambio, Fernando, que lo vi en el mismo video, cogiendo con mi novio, recordé su enorme verga y gruesa. Se me antojaba mucho. Vi su entrepierna y se le marcaba por encima de su pantalón.

Los saludé.

-Hola, buenas noches. -Saludó mi mamá. Se sentó a platicar un rato con la mamá de mi amiga.

Salió mi amiga Andrea. La vi, sentí mariposas en el estómago al verla. ¡Wow! Vi a la mujer más hermosa del mundo. Llevaba una falda que le quedaba encima de las rodillas, con una blusa ombliguera. No tenía ni un solo gramo de grasa, sus caderas y nalgas estaban en perfecta proporción, grandes pero sin exagerar. Tenía una cintura delgada y sus pechos ya no habían crecido. Su cuerpo estaba perfecto.

Y su rostro, preciosa. Me la imaginé trabajando de modelo para alguna compañía de estados unidos.

-Hola July. –Corrió a saludarme muy alegre. Me levanté y nos abrazamos. –Ven a mi cuarto. –Pasamos, nos encerramos. –Te pierdes wey. –Me dijo. Nos sentamos en la cama.

-Para nada. Rafa se la pasa en mi casa y a pesar de que viven juntos, no vas a visitarme. –Le reclamé.

-Rafa me cuenta todo, no quiero ir a incomodar en sus cosas. –Me dijo.

-No incómodas… -Nos vimos. No podía creerlo, estaba encerrada en el cuarto con esa mujer tan hermosa. Sentí mariposas. –Te extrañé amiga. –Le dije.

-Yo también. Tantas cosas que contar. –Me dijo. Silencio. –Pero nada de tristezas, esta noche pasará algo que sellará nuestra amistad para siempre.

Nos abrazamos.

-Oye amiga, estás buenísima. –Le dije mientras me levantaba de la cama.

-No salgo del gimnasio, July. Tu subiste un poco de peso. –Me dijo.

-Ni me digas. –Caminé hasta el espejo que tenía. Me di unas vueltas. –Me estaba viendo ahorita y subí mucho.

-Y las chichotas te crecieron mucho. –Se levantó y se acercó a mí. Las agarró. Luego empezó a quitarme la camisa. -¿Puedo? –Me preguntó.

-Adelante. –Le dije caliente y cediendo completamente.

Fue a cerrar con llave la puerta. Me acosté en la cama, me quité mi camisa y luego mi brassier. Cayeron mis pechos.

Mi amiga me sonrió. Se acostó encima de mí y empezó a mamar mis tetas. Abría su boca y se comía todo mi pezón, lo succionaba, luego jugaba con su lengua y terminaba mordiéndolo. Se pasó al otro pezón e hizo lo mismo.

Yo ya estaba caliente, me mojé. Mi amiga se separó y con sus manos jugó con mis pechos. Se acercó a morderlos.

Tocaron la puerta.

-¡Ash! –Dije molesta. Mi amiga sonrió.

-En un rato vamos a terminar esto. –Me dijo. Asentí. -¿Quién? –Preguntó.

-Ya se va la mamá de Julia. –Dijo mi hermano.

-Ya vamos. –Respondió Andy.

-Tu hermano tiene una vergota. –Le dije a Andy mientras nos levantábamos y me vestía. -¿Ya te la comiste?

-No pero Rafa sí. Te contó, ¿No? –Asentí.

Salimos. Acompañé a mi mamá hasta el auto.

-… Y luego vamos a la tienda a cerrar. –Dijo mi mamá.

-Está bien. –Dije.

-No llegues muy tarde y CUÍDATE. –Me dijo.

Arrancó el auto y se fue. Entré a la casa.

Esperamos a Rafa que llegó en 40 minutos.

-Hola tía, ¿Cómo está? –Dijo saludando. Traía unas bolsas. –Les traje de cenar.

-Hola Rafa, pasa. ¿Cómo están? –Dijo la mamá de Andy.

Saludó a todos.

-Vámonos. –Dijo en cuanto terminó de saludar. –Son las 10:30pm, ¿A la 1 está bien, tía?

-Ustedes pónganse de acuerdo. –Y dicho esto, salimos.

Subimos al auto de Rafa. Mi novio y yo adelante y Andy atrás. Arrancó.

-¿Y eso que traes comida? –Preguntó Andy a Rafa.

-Es lo menos que puedo hacer por estar cogiéndome a su hija. –Andy sonrió.

-¿Trajiste? –Preguntó Andy.

-Ahí, en tus pies.

Voltee a ver y Andy traía en la mano una botella de tequila y tres vasitos. Empezó a servir y nos pasó uno.

-Brindemos: por la mejor noche de nuestras vidas. –Y bebimos el tequila. Me picó muy fuerte en la garganta. Me dio tos. Mi novio y mi amiga sonrieron. Llegamos al lugar donde se juntaba la gente para dar el roll. –Baja los vidrios y súbele a la música.

Empezó a bailar. Sirvió dos vasitos más de tequila. Al tercero, entre música y alcohol me sentí mareada. Rafa me tomó de la mano y seguimos con el roll. Me pasaron el 4to vasito.

-Estoy bien, gracias. –Le dije a Andy.

-La ultima. –Me dijo. Alegué un poco pero al final cedí.

Luego de tomarme el 4to vasito y pasado unos 5 minutos, todo se me empezó a mover.

Miré a Rafa que se veía muy normal y voltee a ver a Andrea que bailaba atrás y no se le notaba para nada.

Me ofrecieron un 5to pero ya no tomé. Rafa y Andrea siguieron. Pasada una hora:

-Primo, súbale a los vidrios, encienda el aire y présteme a su novia que me la voy a fajar. –Dijo Andy. Con el alcohol tomado, se le había quitado toda la pena.

Rafa lo hizo. Le bajó a la música.

-Amor, ¿no te incomoda si me voy a fajar a tu puta? –Le dije a mi novio. Yo también había perdido toda la pena.

-Claro que no amor. –Le di un beso y me brinqué al asiento de atrás.

El auto de Rafa tenía sus vidrios polarizados, no se miraba nada para atrás. En cuanto caí atrás, mí y yo nos empezamos a comer a besos, a caricias. Andy era una mujer que estaba buena, y con la minifalda que traía, sus piernas hermosas quedaban al descubierto. Metí una mano por debajo de su minifalda para acariciar sus piernas, y tocarle las nalgas. Ella no perdió el tiempo y metió sus manos debajo de mi camisa, levantando mi brassier y apretando mis pechos.

Nuestros labios no se separaron, nuestras manos seguían tocándonos.

Nos separamos, quedamos muy cerca, agitadas. La vi.

-Te deseo tanto, no puedo dejar de pensar en ti, me calientas, me masturbo pensando en ti. Te quiero hacer el amor. –Le dije. Andy sonrió. Se separó y agarró otro vaso de tequila y lo bebió.

-Te quiero tanto, amiga. –Me dijo.

De nuevo nos empezamos a comer. El auto se detuvo. Ni nos inmutamos. Mis besos bajaron hasta el cuello de mi amiga. Olía muy rico. La besé, la mordí.

-¡Ouch! Con cuidado. –Me dijo. –Mira lo que está haciendo tu novio.

La dejé de besar y vi a mi novio, nos estaba viendo. Me levanté un poco y vi que tenía su verga de fuera. Se estaba masturbando mientras nos miraba.

-¡Wey! –Le dije. –Tienes dos viejas atrás que están a punto de coger y tú que no te apuras a llevarnos a un lugar para cogernos. –Rafa y Andy se sorprendieron ante lo que dije.

Andy rápidamente se quitó su blusa y empezó a quitarse su minifalda. Rafa encendió su auto y lo arrancó.

Me empecé a desabrochar la camisa. Mi brassier ya no estaba en su posición.

-¿Me ayudas? –Le dije a mi amiga. Pasó sus manos por alrededor de mí y me quitó el brassier.

Me vio las tetas. Empezaron a saltar. Rafa había entrado en medio de una parcela.

-Se mueven muy rico. –Dijo Andy. Sonreí. Las tomó en sus manos, las apretó. –Dime, ¿Cuántos hombres las han agarrado?

Me mojé. El alcohol y la pregunta hicieron que me calentara.

-Muchos. –Dije. Quería que Rafa escuchara. Que se calentara con mis confesiones.

-A mí solo me ha metido la verga Rafa. Aunque he estado con muchas mujeres, a petición de mi amor. –Dijo mi amiga.

Le ayudé a quitarse su mini falda. Levantó sus piernas y le jalé la ropa. Traía una tanga blanca. La tomé de la cintura y nos besamos de nuevo. Pasé mis manos por su cintura, recorriendo su vientre y llegar hasta la espalda. Tenía una piel suavecita.

Ella tenía sus manos en mis pechos. Luego pasó sus manos por mis hombros y llegó a mi espalda. Sus dedos eran chiquitos y muy suavecitos. Le quité su brassier y cayó.

Me separé de ella para ver sus pechos; no eran ni la mitad de grandes que los míos, y aun así eran grandes. Su pezón era de un café oscuro y estaba chiquito. Lo contrario al mío. Me acerqué a su oído.

-Acuéstate. –Le dije.

Nos acomodamos. Al ser ella muy grande, se estiró completamente en el asiento de atrás. Me puse encima de ella y quedé a la altura de sus tetas. Mis nalgas, que aun llevaban el short, casi golpeaban con la ventana.

Tomé una de sus tetas, abrí la boca y me metí uno de sus pezones. Empecé a succionar mientras le apretaba los pechos con mis dos manos. Luego me brinqué al otro pecho. No sé cuánto tiempo estuve haciendo eso, lo que si sabía es que estaba disfrutando el momento y no quería que terminara.

Escuché abrirse la puerta del auto. Luego sentí un par de manos buscando el botón de mi short. Las manos batallaron un poco, pero lograron desabrocharme el short y bajarme el zipper. Luego lo estiraron, ayudé un poco levantándome. Sentí frio en mi entrepierna. Estaba demasiado húmeda.

Sentí dedos tocar mi panocha. Jugaban por fuera, sobándome, empecé a gemir. Luego entraron a mi cuevita. Me retorcí del placer, me había llegado un orgasmo.

-Bien hecho, amor. –Le dijo Andy a Rafa.

-Que te quede claro, puta, que es mío. –Dije sin querer.

-Pero esa verga a la única que quiere es a mí. –Me dijo Andy.

-Que mi novio te meta la verga todos los días, no significa que solo te quiera a ti. –Le dije. –Solo quiere decir que eres una puta.

-Una puta que te está ganando el novio. –Me dijo.

-Cállense. –Dijo Rafa. –Hay verga para las dos. –Sentí como las manos de mi novio abrieron mis nalgas y metió su lengua exactamente en mi cuevita.

Empezó a mamar mi panocha mientras yo mamaba las tetas de mi amiga.

-Sigue así, amor. –Le dije. –Te he extrañado, esa lengua, aquí dentro.

-Ni tanto. –Susurró Andrea. –Esa panocha ha tenido muchas vergas y lenguas dentro.

-Sí, muchos me la han metido. Y por eso he aprendido muchas cosas que le van a gustar a mi novio. –Seguía gimiendo. Mi novio me estaba dando unas mamadas riquísimas.

-Yo lo complazco muy bien y le hago muchas cosas. Y le gustan. –Me dijo. –Sigue mamando mis tetas.

-¿Te has tragado su lechita? –Le pregunté. Asintió. -¿Te has dejado dar por el culo? –Asintió.

-En cambio, tú no has estado con él y con otra mujer. Eso le gusta. –Me dijo.

-Lo he complacido estando con otro hombre. –Sentí que Rafa se separó de mí y me metió la verga sin perder el tiempo. Solté un grito, seguido de un gemido. –Dame fuerte mi amor. –Le dije. –Y a él le gusta que le den los hombres, y pronto lo voy a complacer. –Se quedó en silencio.

-Mi cuerpo solo es de Rafa. Ningún otro hombre lo va a tocar. –Me dijo.

Bajé mis manos buscando la panocha de mi amiga. En cuanto la toqué, soltó un gemido. Estaba muy húmeda.

-Me agrada eso. –Se escuchaba como golpeaban las piernas de mi novio con mis nalgas. –Solo te quiero para mí y para Rafa. –Le dije.

-Y solo soy de ustedes. –Dijo Andy.

-No, solo has sido de Rafa. Y estoy que me muero de celos, pero esta noche solo serás mía. –Le dije.

-Quítate. –Le dije a mi novio mientras lo empujaba del auto. Cerré la puerta.

Le levanté las piernas y le quité la tanga.

La vi, acostada, completamente desnuda. El solo verla hizo que me mojara. Tenía un cuerpazo, el mejor cuerpo que una mujer podía tener. Su rostro era precioso. Y tenía la marca de las mujeres de Rafa: una enorme mata de bello en su entrepierna.

Estaba acostada boca arriba, viéndome. Me hizo una seña con el dedo para que me acercara. Sentí algo en mi estómago. Me abalancé sobre ella. Nos besamos, mis pechos chocaban con los suyos, abrió sus piernas y me acomodé en medio de ellas, puse una de mis manos en su rostro.

Me sentía la persona más afortunada del mundo por estar con una mujer como ella.

Podía sentir la mirada de Rafa, me lo imaginé parado, fuera del auto, viéndonos y masturbándose.

La dejé de besar y la miré.

En ese momento me di cuenta que estaba con las dos personas que más amaba en el mundo. Estaba enamorada de los dos.

-Te amo mucho, Andy. –Le dije.

-Y yo los amo a los dos. –Me dijo.

-Me hace falta el dildo que me diste. Quiero cogerte. –Le dije.

-Cargamos uno nosotros. –Se levantó, abrió la cajuela del copiloto y sacó un dildo con arnés, idéntico al que yo tenía en mi casa, que, Andy me había regalado. –Póntelo. –Me dijo mientras se acostaba y me abría sus piernas.

-¿De cuántos centímetros es? –Le pregunté al ver lo enorme que era.

-25cm.

-¡Wow! Más grande que el otro que me diste.

Me lo amarré. Rozaba bien rico mi panocha. Me puse encima de ella. Batallé para darle a la entrada de su panocha.

-Lo que hacemos nosotras, es que tú te pones de rodillas y yo levanto las piernas, así ves donde está la entrada y me la metes. –Me dijo.

Me levanté y me puse de rodillas, mi amiga levantó sus piernas con gran habilidad y me las puso en mis hombros. Sentí una gran excitación al verla en esa posición. Agarré “mi verga”, la puse en la entrada de su panocha y al estar muy mojada, se la metí en un empujón.

Andrea gimió y se retorció de placer. La miré, me encantó.

-Lo siento, aun no me acostumbro a estos 25cm. –Me dijo entre gemidos. –Pero casi no me la meten. –No le puse mucha atención.

Era mi turno, la tomé de las piernas y me moví. Lo hice de manera muy torpe. Me detuve, de nuevo empecé. No podía.

-¡Ash! Qué difícil es hacer esto. –Dije.

-Así empiezan todas. –Me dijo. –Agárrame de los tobillos, yo me voy a mover. Cuando veas que empujo hacia ti, muévete para delante. Pero solo la cadera, así como cuando estas arriba de un hombre y te mueves. Si sabes cómo, ¿No?

-Si. –Me quedé como boba escuchando todo lo que decía.

La tomé de los tobillos y al instante se movió. Me quedé sorprendida al ver sus movimientos, lo hacía con una habilidad tremenda. Yo estaba dura viendo cómo se movía, como gemía, como disfrutaba.

Movió sus piernas y las pasó alrededor de mi cuello, luego me jaló hacia ella. No perdió el tiempo y me besó, beso que fue correspondido rápido. Me rodeó con sus piernas, no dejaba de moverse.

Nuestras tetas chocaban al ritmo de los movimientos, sus gemidos se unían a mis labios, nuestras lenguas jugaban entre ellas. Tocaba mis nalgas, mi espalda. Yo estaba muerta del placer, de la excitación. Me sorprendía tanto la habilidad con la que cogía mi amiga.

Agarró la botella y dio un trago enorme de tequila. Me acerqué a besarla y probé el alcohol que había tomado.

Agarré la botella y tomé tequila, pero sin pasármelo. Me acerqué a besarla y le pasé todo el tequila.

Me vio. Sonrió. Le besé el cuello, la mordí despacio.

Luego de 5 minutos, se detuvo.

-Quiero ser tu perrita. –Me dijo. –Amor, ven por acá. –Le hizo una seña a Rafa. Se puso en cuatro y abrió la puerta que le quedaba en frente. Agarró de nuevo la botella de tequila y bebió. –Lo-lo-lo mi-mismo. –Me dijo. Andaba muy tomada. –Yo-yo-yo me muevo.

Sin pensarlo se la metí. Los 25cm le resbalaron fácil. Gimió fuerte. Mi novio apareció frente a ella con la verga entre sus manos. Se acercó a mi amiga y esta se la empezó a mamar. Me dio un empujón. Casi me tira.

-Ponte dura, cabrona. –Me dijo. –Agárrame de las caderas, y ponte dura.

Lo hice y se empezó a mover mientras le mamaba la verga a mi novio.

Estaba paralizada por la forma en que se movía, primero me empujaba fuerte, luego solo movía sus nalgas, luego rápido, muy rápido se movía. Y todo esto con una verga en su boca.

Masturbaba a mi novio, se la metía a la boca. Luego jugaba con sus bolas. Era una experta para coger y mamar. Yo me sentía experta por haber cogido con muchos hombres pero en ese momento me di cuenta que me faltaba mucho por aprender, y me dio un miedo tremendo al pensar que esa mujer que me estaba cogiendo, me podía ganar a mi novio.

‘’Debo coger con más hombres. Pero basta de jugar con niños, necesito hombres que me enseñen. Que tengan mucha experiencia. No quiero perder a mí novio.”, pensé.

Andrea soltó su cuerpo y se puso dura. Había tenido un orgasmo. Estaba agitada, sonrió.

-Aprende, puta. –Me dijo.

-Solté un chorro en mi entrepierna. Me quité el arnés y bajé del auto. Caminé hasta donde estaba Rafa. Lo tomé del brazo y lo llevé hasta el cofre. Me puse encima del cofre y le abrí las piernas.

Mi novio no dijo nada, me levantó de las piernas y me la metió.

-¡Hay! Si mi amor, si amor. –Le dije entre gemidos. -¿Te gustó lo que hice hoy? –Le pregunté.

-Si amor.

-¿Te gustó lo que te cumplí con tu amigo? –Se escuchaba el golpeteo de sus piernas con mis nalgas. Había acomodado mis piernas en sus hombros y había llevado sus manos a mis pechos.

-Me encantó.

-¿Verdad que me amas?

-Te amo mucho. –Me dijo.

-¿Verdad que solo me amas a mí? –Le pregunté entre gemidos y un poco de melancolía.

-Si mi amor. Solo te amo a ti.

-Te prometo que voy a aprender a coger mejor. –Le dije. No me dijo nada. Con mis piernas, le rodee la cintura. –Dame tu leche, dámela, quiero que me embaraces. Quiero que tengamos un hijo, que nos casemos.

Rafa se movió más rápido y luego se puso duro. Se dejó caer encima de mí. Sentí como iba escurriendo su leche en mis piernas. Lo agarré de la cabeza y la puse frente a mí.

-¿Verdad que si te quieres casar conmigo y quieres que tengamos un hijo? –Le dije.

Seguía agitado pero asintió con la cabeza. Lo abracé. Estuvimos en silencio abrazados alrededor de 10 minutos hasta que sentí su verga flácida.

-Vámonos. –Me dijo. Se levantó y me ayudó a levantarme. –Hay papel en el auto.

-Sí, amor. –Le dije.

Las puertas del auto seguían abiertas. Vi a Andy acostada en los asientos de atrás. Ya se había vestido y estaba dormida.

Agarré servilletas y me limpié. Luego tomé mi ropa y me vestí. Vi a Rafa haciendo lo mismo. Luego vi a mi amiga. Estaba enamorada de Rafa, mucho. Lo amaba. Pero de alguna manera sentía un poco de atracción hacia las mujeres. Me gustó lo que le hice a mi amiga.

”No July, es solo sexo. Y Andy está buenísima por eso te la quieres coger”, pensé.

Tomé mi teléfono, vi la hora y eran las 12:30. Le marqué a mi mamá.

-Bueno. Si mamá. Oye, ¿Puedo quedarme a dormir con Andy? Si aquí en su casa. Si ya le pedí permiso y dijo que sí. Mañana temprano te hablo para que vengas. Gracias, te quiero. Adiós.

-¿Qué pasó? –Me preguntó mi novio.

-Ya que me cogí a Andy, quiero pasar toda la noche abrazada de ella. –Caminé hasta donde estaba Rafa, lo abracé. Me recargué en su pecho, como hace mucho no lo hacía.

-Bueno, vámonos. Me vas a ayudar a dejar a Andy a su casa. –Me dijo. Asentí.

Nos subimos al auto y arrancó. 12:50 llegamos.

-Andrea, despierta. –Le gritó mi novio. Vi que se movió. Hizo unos sonidos. –Levántate. –De nuevo le dijo.

-Estoy despierta. –Dijo susurrando. –Ven a cogerme amor. Te necesito.

-Vamos. –Me dijo Rafa mientras abría su puerta. Hice lo mismo.

Abrimos la puerta y Andy se levantó. Cayó en los brazos de mi novio.

-Ya no ames a July, amor. Mírame, voy a gimnasio por ti, me estoy poniendo buena, solo cojo contigo y te cumplo todos tus caprichos. Ámame como yo te amo a ti. –Dijo Andy. Vi que se le salieron unas lágrimas.

Rafa me vio y yo lo vi. De alguna manera me hicieron sentir bien las palabras de mi amiga. Rafa me amaba a mí. Pero también me sentía mal, mi amiga estaba sufriendo por un amor que no sería  correspondido.

Caminamos hasta la casa, Andy iba tambaleándose. Yo también me sentía un poco mareada.

Entramos.

-Estaba a punto de irme a acostar. –Dijo la mamá de Andy. -¿Otra vez? –Preguntó al ver a Andy. Rafa asintió. –Lo bueno que anda contigo. Llévenla al cuarto.

-Señora, Andy me invitó a quedarme a dormir hoy…

-Si está bien, no te preocupes. –Dijo y caminó hasta su recámara.

Caminamos hasta el cuarto de Andy, pasamos por la sala. Ahí estaban los hermanos de mí amiga. Entramos al cuarto y la dejamos caer.

Encaminé hasta Rafa a su auto y nos despedimos. Regresé a la casa y pasé al cuarto. Ahí estaba Andy, acostada, dormida. La desvestí. No traía ropa interior. Quedó desnuda. La admiré un rato.

Sin duda tenía razón. Tenía un cuerpo espectacular, el gimnasio le había hecho bien. Y era muy hermosa de su cara. Yo no podía hacerle competencia a una mujer así.

-¿Te gusta lo que ves? –Me dijo. Me asusté. –Olga y tu vecina disfrutan mucho de mi cuerpo.

-¿Has tenido sexo con ellas? –Pregunté.

-Muchas veces. Siempre con Rafa. Ya sea trío o los cuatro. Y si, Rafa se ha cogido a las tres al mismo tiempo.

-¿A quién más se ha cogido Rafa? –Pregunté.

-A muchas. Hace mucho perdí la cuenta pero me quedé en 10 mujeres. La perdí porque últimamente lleva mucho a dos mujeres nada más. –Giró un poco y me dio la espalda.

-¿Quiénes son?

-Es una niña chichona de la secundaria. Está bien delgadita y más chica que tu pero tiene las tetas de tu tamaño. Me dijo Rafa que en diciembre se iba a vivir a la cd. De México. Y la otra mujer es una maestra, compañera de él de la secundaria. Está bien culona, tiene una cintura pequeña pero unas nalgotas. –Silencio. –A estas dos las lleva todos los días. Rara vez lleva a otra mujer. Y a mí casi no me atiende. Pero quizá unas 30 si se ha cogido.

Me mojé. Así como yo, Rafa también cogía mucho. ”Y yo que pensé que solo con Olga, Andrea y mi vecina.”.

Dejó de hablar. Agarré un short y una blusa y la vestí.

Salí del cuarto y caminé hasta la cocina para tomar agua. Regresé y pasé por la sala, estaba solo el hermano de Andy.

-Y ¿Tú hermana? –Le pregunté.

-Se fue a dormir. –Me preguntó.

Seguí mi camino al cuarto de Andy. Mi panocha me latió de calentura. Regresé.

Vi las luces de la sala apagarse y me topé en la oscuridad al hermano de mi amiga.

-Cuidado. –Me dijo.

Me paré frente a él. Lo vi, nos vimos.

-Me han contado que tienes una verga enorme. –Le dije en tono muy bajo.

-¿La quieres ver? –Me dijo mientras se llevaba una mano al pantalón.

-Sí, pero aquí no. Nos pueden ver. Vamos a un lugar donde nadie nos pueda ver.

-Vamos atrás de la casa. –Me dijo.

-Está bien.

Para salir, se hacía por la cocina. Había una puerta a lado de la estufa. El hermano de mi amiga iba delante, yo lo seguía.

Si hubiéramos estado en mi casa, a esa hora me lo hubiera llevado en medio de la parcela o al bordo. Lugar el cual tenía tantas historias. Y ahí mismo le hubiera dado las nalgas.

Aquí, teníamos vecinos por todos lados, las casas estaban divididas por bardas de concreto. Mi panocha pedía a gritos esa verga enorme. Estaba segura que si el hermano de mi amiga me metía la verga en el lugar donde estábamos, los vecinos escucharían.

Pero la excitación era enorme, necesitaba esa verga dentro de mi.

Salimos. El hermano de mi amiga no perdió el tiempo y se bajó el pantalón. Cayó la verga.

-Su pinche madre. -Dije en tono fuerte, casi gritando. Me tapé rápido la boca. La tomé con la mano, lo empecé a masturbar. -¿Cuánto te mide? -Le pregunté sin dejar de mirarla.

-Así, sin que se me pare, 18cm. Parada 25cm. Ya me la medí. -Me dijo en tono de orgullo. Y debía estar orgulloso con esa cosa que le colgaba.

-Una vez vi una grande, no era muy gruesa ni se le marcaban las venas como a esta. -Seguía masturbándolo. Poco a poco se fue mojando y mi mano tambien se empezó a poner pegajosa. -La verdad es que no me acuerdo mucho, antes no disfrutaba mucho de las vergas como ahora lo hago. -No le quitaba la mirada, estaba enamorada de esa verga.

-Ya me cogí a tú hermana. -Me dijo.

-Pinche puta golosa. -Dije.

-Solo que no me dejó que se la metiera completa porque le dolía.

-Me imagino. -Imaginé entrando ese pedazo de verga en mi. Me mojé. -Quiero mamártela.

Me puse de rodillas y abrí la boca. No pude meterme mas que la cabeza que estaba pelona, roja, mojada y rica. La agarré con mis dos manos y lo masturbé mientras disfrutaba con la lengua todo el palo.

En ese lugar solo se escuchaban los gemidos del hermano de mi amiga.

-Los haces rico. Lo haces mejor que tú hermana.

-Claro, soy mejor mamando verga y cogiendo. Me gusta.

-Si. Se ve. -Me dijo entre gemidos. -Solo una cosa.

-¿Cual? -Pregunté. Tomé con una mano la verga y lo masturbé, con la otra le acaricié las bolas llena de bellos. Lo miré a los ojos. Me vio.

-Olga se la come toda. -Me dijo.

-Yo tambien.

-No. Olga se la mete toda a la boca, la desaparece. Es increíble.

-¿Como? ¿No le da asco? -Me quedé incrédula. No podía ser posible que Olga se la metiera toda a la boca sin hacer gestos.

-¡Hay! Que rico. No no no. Tu la mamas mejor pero es excitante ver como desparece una verga en la boca de alguien.

Se hizo el silencio. Me metí de nuevo la verga a mi boca. Mientras lo hacía, intentaba metérmela toda, pero sin éxito, no pasaba de la cabeza. Me imaginaba a mi hermana desapareciendo todo el palo, sin duda había un secreto para eso y debía averiguarlo.

Pasaron cerca de 10 minutos cuando:

-Me vengo. Pon tu cara. Cerré mis ojos y sentí chorros calientes cayendo en mi cara. -Ahora si, ponte de espaldas que te la voy a meter. -Dijo.

-Por lo pronto solo esto. -Le dije. -Ahorita nos estamos exponiendo, ya habrá otra ocasión.

Dicho esto, entré a la casa y caminé rumbo al cuarto de Andy. Afortunadamente no me había caído semen en los ojos. Entré y cerré la puerta.

-Ahí hay servilletas para que te limpies. -Me dijo mi amiga.

Me asustó. Estaba acostada y parecía dormida.

-¿Donde? -Pregunté de manera instintiva.

-Y dices que no eres puta, hija de tu pinche madre. -Dijo. -¿Que tal la verga de mi hermano?

-Rica. Enorme y su leche aun mejor. -Le dije mientras tomaba un poco con la mano y la comía.

-Y ¿Qué se siente tenerla dentro? -Me preguntó.

-No me la metió, solo se la mamé. -Abrí el cajón que me indicó y vi servilletas y condones. Muchos condones, algunos 100. -¿Para que quieres tantos condones?

-Porque tú novio, los fines de semana, me hace el amor en esta cama. Usamos hasta 5 condones. -Me dijo. Pude notar una sonrisa en su rostro.

Se hizo el silencio. Me limpié. Me desnudé y me acosté así en la cama a lado de mi amiga. Me abrazó, la abracé. Cerré mis ojos.

-Gracias por esta noche que será inolvidable. -Dije.

Dormí.

Continuará.


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