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Fecha: 10-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Pasión galáctica II

ArturoRelatos
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Capítulo II, Sacrificios "Kathly mete el glande en su boca, retira el pellejo con su lengua y lame más fuerte la cabeza. El pirata recoge el pelo de ella y la observa cómo realiza la mamada, morbosa y diligentemente" Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Pasión galáctica

 

Capítulo II, Sacrificios

  

Relato escrito por ArturoRelatos para la Antología TRCL

Cuenta de la Antologia

http://www.todorelatos.com/perfil/1447518/

Aviso legal

El presente trabajo se encuentra protegido bajo licencia Creative Commons, queda estrictamente prohibida la reproducción, copia y distribución sin el permiso expreso de su autor

Una pareja está tumbada en el suelo, a doscientos metros de una nave pirata, observando por las miras telescópicas de los rifles.

—¿Ves algo?  —pregunta Kennio.

—Nada, ¿y tú? —responde Kathly.

—Nada tampoco, puede que solo estuvieran ellos  cuatro. Vamos a acercarnos, pero ten la pistola preparada —dice él.

Ella asiente, se cuelga al hombro el rifle, saca el arma, se levanta y sigue a Kennio.

Avanzan con cuidado, por posibles trampas o una emboscada. Llegan hasta la compuerta de la nave, asienten ambos indicando que están listos y activan la compuerta. La puerta se abre, Kennio entra primero y Kathly entra después, cubriéndole. La primera estancia está vacía, abren la siguiente puerta, que da a un puente-dormitorio. La estancia parece vacía también, pero al avanzar aparece un joven rubio, igual de alto que Kennio, con ojos verde esmeralda y muy atractivo.

—¡Quieto o disparo! —le grita Kennio al apuntarle.

El desconocido levanta las manos.

—Tranquilo, agente Kennio Rivans, no soy hostil —declara.

—¿Cómo te llamas? ¿Cómo sabes mi nombre? —pregunta él.

—Me llamo Vince, soy el androide guardián de la señorita Kathly —se presenta el desconocido.

—¿Vince? —dice curiosa, asomándose por un lado de la ancha espalda de Kennio—.  ¡Vince! —grita alegre e intenta abrazar al androide, pero Kennio la retiene.

—No sabemos de qué lado está —avisa él.

—Él es inquebrantable y leal —explica ella—. Vince, te ordeno no mentir, ¿cuál es tu misión?

El androide se cuadra. Sus ojos miran al frente y a la nada.

—Misión principal: proteger a Kathly Halley y evitar su muerte —responde con voz neutra.

—¿Ves?, No puede traicionarme —dice Kathly.

—¿Entonces, qué hace con un grupo que mandaron para matarte? —la pregunta parece hecha a Kathly, pero realmente está preguntando a Vince.

—Por desgracia, mi programación tiene el fallo de que puede ser engañada por un holograma y un archivo de la señorita Halley ordenándome algo —responde Vince—.  Me usaron para localizar la nave Endervaury, luego me ordenaron desactivarme hasta que volviera la señorita.

—¿Ves?, Estate tranquilo —le dice Kathly a Kennio mientras acaricia su hombro, acerca su boca al oído de él y susurra—. Me encanta cuando te pones protector, más tarde te recompensaré.

Kennio sonríe y baja el arma con algo de desconfianza. Ella se acerca al androide y le abraza.

—Me alegro de que no te desguazaran o te vendieran —declara ella.

—No habrían podido, si no, ¿qué clase de androide guardián seria? —responde Vince.

—Siempre supe que robé el mejor —le halaga Kathly sonriente.

—Si no os importa, me gustaría poner rumbo a otro planeta y echarme un buen sueñecito —salta Kennio.

—A mí también me gustaría —apoya ella—. ¿Hay alguna habitación privada, Vince?

—Me temo que no, estas son las únicas camas —responde el androide mientras señala las camas empotradas en la pared—, pero no se preocupe por el agente. Mi punto de carga está entre las camas y puedo detectarlo si fuera hacia usted con malas intenciones.

Kennio y Kathly intentan aguantar la hilaridad, pero ella no lo consigue y deja salir su hermosa risa, lo cual también provoca que él se ría a carcajada suelta. Vince los mira sin comprender, la pareja se tranquiliza poco a poco al ver la cara del androide.

—Señorita, ¿le parece gracioso que intente ponerle las esposas? —pregunta Vince, cuando los dos ya solo tienen una sonrisa.

—¿Cómo te lo digo?... Puede ser que, según su intención, no me moleste que me ponga unas esposas, hasta puede que me guste —contesta discreta ella y dice lo último con un toque de picardía, mientras se aferra al brazo de Kennio.

—En la primera comisaría que vea trataré de conseguir unas nuevas —contesta el aludido travieso.

Los dos sonríen divertidos y el androide por fin encuentra archivos que explican lo que sucede.

—Señorita Kathly, ¿puede ser que haya iniciado una relación amorosa con este policía?

Ella se sonroja ligeramente.

—Aún me resulta cursi decirlo así, pero es eso.

Kennio rodea su cintura y la atrae.

—Pues a mí me gusta que digas cosas cursis —dice cariñoso.

—Ay, tonto —replica divertida.

—Según mis archivos, necesitan un entorno privado para reproducirse u obtener placer mediante el coito, ¿es correcto? —consulta Vince.

—Bueno, también se hace en sitios públicos, pero sí, es correcto —confirma Kathly.

—Muy bien, entonces les dejaré a solas cuando se vayan a la cama —informa el androide.

—Muchas gracias —responde la pareja a la vez, se miran sorprendidos y sonríen.

—Será mejor que nos pongamos en marcha, ¿a dónde desean ir? —sugiere Vince.

—A Démeter —responde sin dudar Kennio. Kathly y su protector le miran como si estuviera loco— ¿Qué pasa?

—Que en Démeter esta el cuartel general de la policía espacial, y yo soy una fugitiva a la que culparán de la muerte y destrucción de una flota de custodia y la nave de transporte — contesta sin dudar ella.

—No pueden culparte, los responsables fueron los del “Sol Negro”—réplica él.

—Ya, pero solo lo sabes tú, ellos pensarán que me han rescatado y que tú estás muerto —contradice ella.

—Si se los explico en persona, me tendrán que creer —responde.

—Te olvidas de que, aun así, soy una criminal buscada por la ley. Me localizarán en cuanto pise las inmediaciones del cuartel—dice Kathly.

—No me olvido, tú no estarás conmigo —contesta Kennio. Los ojos de ella se vuelven azules y le mira sorprendida—. No pienses mal, no voy a abandonarte, tú estarás en mi casa.

Kathly se da cuenta de la tontería que ha pensado, se sonroja y sus ojos cambian al color rosa.

—Perdona,  me olvido de que eres diferente a los demás que he conocido.

—Sería el hombre más idiota del universo si te abandonara —responde cariñoso y la estrecha más contra él. Ella le da un beso corto y le abraza.

—¿Entonces, vamos a Démeter? —solicita confirmación Vince.

—Sí, saldréis a escondidas de la nave, mientras yo voy al cuartel e informo de que desapareciste en el planeta —explica Kennio.

—Muy bien —responde el androide.

Va al panel de control mientras la pareja se acomoda en los asientos y enciende la nave. Poco a poco, el vehículo se eleva del suelo y el motor principal coge potencia. Sale proyectado hacia el cielo y atraviesa la atmósfera enseguida. Vince traza la ruta  y se levanta del asiento.

—Llegada prevista a Démeter en doce horas y treinta y un minutos —informa el ordenador de la nave.

—Si lo desean, ya pueden dormir un poco después de copular. Yo me desconectaré fuera para que tengan intimidad —informa el androide.

Sale del puente-dormitorio y la pareja se levanta de los asientos, Kennio va a la cama empotrada más cercana y se tumba cuan largo es, Kathly se acerca a él y se acuesta a su lado. El habitáculo es pequeño, pero no supone problema para ellos, ya que juntan sus cuerpos el máximo posible. Las manos de uno se pierden en la ropa del otro y sus labios se buscan ansiosos de encontrarse, se besan con pasión y libido.

—Kennio… sí que estas…. ansioso —logra decir Kathly entre besos.

—Estoy muy feliz… de volver a casa… y volver con… una mujer grandiosa —explica él.

La chica se abre la camisa y Kennio lleva las manos a sus tetas, apretadas por el sujetador, y sus labios abandonan los de Kathly  para besar su cuello durante el descenso. Una de las manos de ella desabrocha la camisa de él, la otra se enreda en su pelo y acaricia su cabeza. Kennio tira hacia abajo el sujetador y las tetas de Kathly botan al ser liberadas. Ella gime ligeramente y luego más fuerte cuando él masajea sus pechos. Una vez abierta la camisa de Kennio, Kathly recorre el torso musculado y definido de él, antes de meter la mano entre sus pantalones y cogerle el miembro erecto.

La boca de Kennio llega a sus pechos y besa sus pezones, ella gime más alto y presiona la cara de él contra su erótica y mullida almohada de carne. Kennio succiona más fuerte el pezón y lleva una de sus manos por debajo de la falda mientras, con la otra, juega con el otro pezón. La mano en la entrepierna sortea las prendas y llega a acariciar su objetivo, el cual está caliente y húmedo.

—¿Ya estas así? —pregunta Kennio pícaro—, si solo estamos empezando.

—Tú tampoco estas “tranquilo” aquí —responde Kathly excitada, mientras le da un apretón en el miembro.

—Contigo a mi lado, nunca estoy tranquilo —contesta él burlón.

Ella sonríe y sigue disfrutando del placer que le proporciona él. Pero no dura mucho porque una sacudida repentina de la nave los interrumpe. Los dos, rápidamente, sacan sus manos de entre la ropa del otro y se arreglan. Vince entra al poco tiempo con Kathly a medio vestir, la cual trata de taparse, y Kennio intentando manipular el panel de mando. El androide revisa la ruta de viaje e intenta introducir unas órdenes.

—Nos están pescando —informa.

—¿Pescando? —pregunta Kennio confundido.

—Están interfiriendo en nuestro ordenador para llevarnos a donde ellos quieren —explica Vince.

—¿Quiénes?  —consulta el policía.

El androide señala hacia adelante y Kennio ve dos naves, una esbelta y de apariencia rápida y la otra que solo se puede clasificar como “Monstruo de titanio”.

—Son el Vindicator y el Aldebarán, las dos naves insignia del Sol Negro —dice secamente Vince.

—Imposible —murmura el policía —pensaba que los informes eran exagerados.

La información, de las dos naves insignia de la organización “El Sol Negro” que tiene la policía espacial es tan escasa y confusa que se ha llegado a clasificar como errónea, fruto del miedo y del nerviosismo de los capitanes novatos y seniles. En ella se describen dos naves, un crucero que va siempre detrás de la otra nave, la cual describen como un destructor tan grande y con tanta potencia de fuego que destruiría planetas, y que ambas son intocables.

Pero justamente eso es lo que está viendo Kennio en este instante. El destructor es aterrador, con cañones largos y cortos desde la proa hasta la popa. Con la mayor envergadura que ha visto nunca, el Endervaur no habría durado ni un instante combatiendo contra aquella cosa. Kathly suelta un pequeño grito ahogado al ver las naves, sus ojos se vuelven del violeta mas intenso que puede existir y empieza a sudar en abundancia.

De repente suena la voz del ordenador: “Mensaje entrante” y escuchan después la voz de un hombre:

—Por fin habéis vuelto, pedazo de mierdas, más os vale haber matado a la puta de Kathly.

Vince pulsa un botón y responde:

—Soy el androide Vince, el resto de la tripulación murió a manos del capitán Kennio Rivans, después de asesinar a Kathly Halley —suelta el botón.

—¿Qué haces? Ahora saben que estas aquí y nosotros no podemos escapar —dice Kathly nerviosa.

—No revisarán tanto la nave si ven que hay alguien y ustedes se van ocultar en un compartimiento secreto —responde Vince.

—¿Planeas que recorramos esa monstruosidad a hurtadillas y nos fuguemos en una nave de escape? —consulta Kennio—. Imposible, si pueden atraemos o dispararnos.

—Por eso yo inutilizaré sus sistemas mientras —explica el androide, abre un compartimiento en su abdomen y saca dos de los cuatro auriculares inalámbricos que porta—. Están enlazados a mí y solo yo puedo detectar y recibir su señal.

Cada humano coge uno y se lo coloca en la oreja, los auriculares están diseñados para que no sean visibles. Vince va hacia la puerta del puente y la pareja le sigue. Salen del puente-dormitorio y cruzan otra puerta, entran en lo que parece ser la bodega de carga, el androide va a una esquina y abre una trampilla oculta.

—Entren deprisa, deben estar a punto de escanear la nave —dice y los dos humanos descienden por la estrecha trampilla.

Kathly baja la segunda y, antes de que Vince baje la trampilla, le coge del brazo y le dice:

—Pase lo que pase, no te dejes matar.

—Lo que usted ordene, señorita —responde Vince y cierra la trampilla.

Kathly llega hasta el fondo y se acurruca al lado de Kennio. No se puede escuchar nada a excepción de los pasos del androide. Después de los minutos más largos de sus vidas, escuchan los sonidos de despliegue del tren de aterrizaje y los golpes al posarse. Unos instantes después se oyen numerosas pisadas que recorren la nave por todos lados. Un par de pisadas se escucha con más fuerza, ya que están justo encima de ellos. Se mueven por toda la estancia y se detienen en la esquina donde está la trampilla. Los dos contienen la respiración y tratan de sacar sus pistolas, pero se las olvidaron en el puente y con las prisas no las recogieron. El autor de las pisadas da un par de pisotones y luego otro par en otra parte. Desde distintos lados de la nave provienen los sonidos de los pisotones de los demás, en busca de compartimentos secretos. Por suerte, el que está encima de ellos no encuentra nada, y sigue dando pisotones cada vez más lejos de la trampilla.

Cuando parece que están satisfechos con la búsqueda, se retiran y Kennio y Kathly dejan de escuchar pasos. Esperan unos minutos eternos, él se acerca a la trampilla, coloca la oreja y da unos suaves golpes en la pared. No se escucha moverse a nadie, abre ligeramente la trampilla y ve la sala vacía. Sale del escondrijo y Kathly va detrás de él. Los dos se acercan a la puerta y se asoman ligeramente. La nave sigue pareciendo vacía y avanzan en silencio, revisando cada rincón. Abren despacio la puerta que da al puente, ven a un pirata manipulando el panel de mando y Kennio avanza silenciosamente. En la pantalla se ven las grabaciones de seguridad en negro, el policía está a pocos pasos del pirata cuando se visualiza la cámara de seguridad del puente en directo. El pirata abre muchos los ojos y se gira con prontitud, pero Kennio reacciona rápido, le agarra por la nuca y de la boca y, con un giro brusco, le rompe el cuello. El pirata se desploma sin vida y el policía le revisa la ropa. Kathly se acerca y susurra:

—Nuestras armas no están.

Kennio saca una pistola láser de la chaqueta del pirata y se la ofrece.

—Toma, tú estas más acostumbrada a estos modelos.

Kathly no se traga la excusa de él, pero coge el arma sabiendo que insistirá.

—Pues voy primera y tú vigilas mis espaldas.

Él asiente y saca un cuchillo de combate de la bota del pirata. Coge el cuerpo y lo lleva al escondrijo para ocultarlo, no sin antes quitarle la ropa. Se cambia de atuendo.

Caminan despacio hacia la salida de la nave y se aseguran de que no hay guardias antes de salir de la nave. Aunque visten ropas típicas de piratas, no pueden fiarse de que alguien no reconozca a Kathly o a Kennio. Caminan como si nada hacia la salida del hangar, salen a un pasillo largo y van hacia la derecha, caminan atentos y revisando los nombres de todas las puertas. Por desgracia, estas están solo numeradas. Al fondo ven un grupo grande de piratas y cambian de pasillo sin llamar la atención. Caminan perdidos y comienzan a desesperarse. De repente, una voz les llama la atención.

—¡Hey, vosotros! — grita alguien detrás de ellos. Se giran aparentando naturalidad y el hombre se acerca.

Kathly lleva su mano a la pistola discretamente y Kennio al cuchillo.

—Sois los nuevos, ¿no? —dice el hombre—. Veo que estáis perdidos como todos al principio.

—Sí, por favor, no se lo digas al jefe. Esta nave es demasiado grande —responde ella con coquetería.

El pirata la devora con los ojos.

—¿A donde tenéis que ir?

—Nos han destinado al hangar, pero yo no tengo prisa —contesta Kathly sensual.

—Entonces podrías ayudarme en una cosita —sugiere el pirata sonriendo.

—Ayúdanos a llegar al hangar y yo te ayudo con esa cosita —propone ella con una sonrisa traviesa.

El pirata les hace un gesto y ellos van detrás de él. Caminan por los pasillos con Kathly entre los dos para evitar que se fijen en ella los demás tripulantes con los que se cruzan. Después de varios minutos recorriendo los laberínticos pasillos de la nave, su guía cruza una puerta abierta que da al hangar de los cazas y los lleva a uno de los extremos, hasta una puerta cerrada.

—Tú espera aquí —le dice a Kennio y al ver la cara de desconfianza de este, aclara—. Me ayudará con el trabajito y luego te la devolveré.

—Tranquilo, Arel, no va a ser nada —trata de calmarlo al ver que se está enfadando

—Estaré por aquí cerca, por si necesitas ayuda durante el trabajo —informa y amenaza indirectamente al pirata.

Kathly y el pirata cruzan la puerta y Kennio busca algo cercano con lo que pasar desapercibido a ojos de los tripulantes cercanos. De repente, oye la voz de Vince:

—¿Me escuchan?

—Sí —responde en bajo.

—Me alegro, ¿la señorita está bien? No recibo su respuesta —pregunta.

—Que yo sepa, sí. Está haciéndole una mamada o algo más a un desgraciado —susurra con rabia.

—Espero que no se demore mucho, he conseguido engañarles y me dirijo la sala del núcleo de alimentación. No podré pasar desapercibido mucho tiempo —explica Vince —. ¿Tienen ya un vehículo de huida?

—Nos montaremos en un caza cuando nos avises —responde Kennio—. Aunque no me  han gustado nunca los modelos Hermes.

—Tengo entendido que estos están modificados y son mucho mejores que los que tiene la policía —informa el androide.

—Si nos persiguen, ten por seguro que lo probaré —dice el policía con una sonrisa maliciosa.

El pirata abre la puerta para que entre Kathly y esta sigue andando hasta el fondo del almacén. Él cierra con llave y va detrás de ella, su rostro es ahora serio y ya no está la picardía en sus ojos. Kathly, fingiendo no darse cuenta, pone una pose sexy que encubre que lleva su mano a la pistola oculta en su espalda.

El pirata saca un cuchillo y una pistola, ella, rápidamente, saca la pistola y le apunta antes de que el otro la amenace.

—Tranquila, jefa, yo estoy de tu lado —declara él al ver los ojos rojos y el resto enfurecido de Kathly y tira las armas a los lados.

Ella le mira sorprendida.

— ¿Eras de Génesis? —pregunta.

—Si, jefa, puede que no se acuerde de mí, pero usted me salvo la vida en mi primer golpe. Consistía en asaltar un almacén de la policía espacial para vender los equipos en el mercado negro, fue en Nevaria II. Al principio todo iba bien, pero activé, sin darme cuenta, la alarma y la guarnición de la ciudad nos rodeó antes de que nos diéramos cuenta. Hubo un intenso tiroteo,  pero no podíamos con todos, además de que tenían dos helicópteros. De repente, los helicópteros cayeron, matando a varios de los policías y obligando a dispersarse a los que sobrevivieron. En ese momento la vi por primera vez, salimos por la puerta trasera con algo del botín y usted nos esperaba, sola con su rifle personal. Usted salvó mi vida y yo hoy saldaré mi deuda con usted —relata él orgulloso—. La sacaré de esta nave y le libraré del policía que la atrapó.

Kathly recuerda ligeramente el golpe, fue hace muchos años y casi de los primeros.

—¿Tenía algo especial mi rifle?

—Era un Efestos, modificado para tener dos modos de abrir fuego, uno de ráfagas cortas y otro de un solo disparo, al cual, si se le incorporaba un cañón largo y una mira telescópica, podía hacer de francotirador —responde al instante.

Que él conociera un detalle tan personal la tranquilizaba, ya que fue de Génesis y de los primeros, pero también la perturbaba, ya que parecía un fanático dispuesto a cualquier cosa por ella. En ese momento escucha, débilmente, la conversación entre Vince y Kennio sobre la fuga en un caza.

—Necesitaré un caza y que alguien abra la puerta del hangar —explica ella.

—Me encargaré de ello. ¿Qué quiere que haga con el policía? —pregunta el pirata.

Kathly se pone nerviosa, «¿Qué podría decirle a un fanático para que dejara vivir a la mayor amenaza de lo que quiere proteger?», se pregunta.

—Al policía… déjalo tranquilo. Cree que me tiende prisionera, pero en realidad estoy esperando a estar a salvo, entonces cobrare un rescate por él y podré retirarme a algún lugar remoto —improvisa ella.

—Es un buen plan —dice él y mira la hora en su pulsera multifunción—. Aún tenemos algo de tiempo antes de que me echen en falta. Jefa, me gustaría pedirle un favor, si me lo concede o no, seguiré ayudándola.

—¿De que se trata? —consulta intrigada.

—Muchas noches he fantaseado con usted y siempre he deseado follarla —explica.

Kathly se sorprende por la petición y la evalúa; a una parte de ella no le parece mal trato, pero a la otra le desagrada acostarse con otro que no sea Kennio. Pero tampoco quiere jugársela a que los traicione.

—Follar, si eres un hombre de verdad, nos llevaría mucho tiempo y luego no tendríamos fuerzas, ¿porque no lo dejamos mejor en una mamada? —propone ella sonriendo picara.

El pirata lo sopesa un momento.

—Tiene razón, nos llevaría demasiado —responde divertido y comienza a desabrocharse el cinturón.

Kathly se arrodilla delante de él, este termina de bajarse el pantalón y los calzoncillos. La polla del pirata se muestra ya muy dura, pero su tamaño no impresiona, ya que es tirando a pequeña. Ella se acerca más y comienza masturbándole suavemente. Cuando se cerciora de que no se pondrá mas dura o grande, acerca su boca y lame despacio la punta, el pirata resopla ligeramente. Kathly mete el glande en su boca, retira el pellejo con su lengua y lame más fuerte la cabeza. El pirata recoge el pelo de ella y la observa cómo realiza la mamada, morbosa y diligentemente. Despacio, Kathly va tragando más y más de polla hasta que la tiene toda dentro de la boca y un poco en la garganta, él resopla al compás de la mamada. Ella enrosca la lengua en su polla y sube el ritmo de la mamada. El pirata ya comienza a gemir de placer y mueve la cadera. Kathly relaja el cuello y le deja tomar el control del ritmo, él imprime uno energico y brusco. El pirata mantiene la velocidad de la follada bucal.

—¡Me voy a correr! ¡Voy a soltarlo en tu boca!

Ella mueve más su lengua y se prepara para tragarse toda la leche del pirata. Él la mete entera en la boca de Kathly y suelta toda su descarga. Ella se sorprende de la abrumadora cantidad que sale y trata de que no se le escape nada, pero el pirata parece que no tiene límite al correrse.

«A este paso, me voy a ahogar» piensa mientras traga sin parar. Cuando no puede aguantar más, le aparta de un empujón y el pirata trata de no caer de bruces al suelo. Kathly escupe el semen que tiene en la boca y tose para poder respirar.

—¡¿Que coño haces?! ¿Quieres matarme? —pregunta ella entre toses.

—Perdona, me olvidé de avisarte que me operé —responde preocupado—. Tengo una novia a la que le gusta que la bañe con mi leche al follar.

—Pues casi me ahogo —refunfuña ella.

«Tengo que mirar si hay algo temporal, tiene que ser muy rico el que Kennio me riegue las entrañas con dos litros de su espeso semen» piensa ella.

El pirata se sube los calzoncillos y los pantalones y ayuda a Kathly a ponerse de pie.

—Dame diez minutos. Cuando suene la alarma en el hangar, monta en el caza más próximo y ve lo más rápido posible.

—Vale, muchas gracias por todo y ten cuidado —contesta ella, se da la vuelta y sale del almacén.

Al salir, busca a Kennio y le cuesta reconocerlo de espaldas, manipulando un ordenador. Se acerca a él disimulando, tratando de no atraer muchas miradas. Se sienta a su lado y finge hacer algo.

—¿Ya has terminado de tirártelo? —pregunta con un matiz de celos.

—Kennio, no te enfades, no lo he hecho con gusto —trata de calmarlo—. Además solo se la he chupado. Mi corazón siempre será tuyo, aunque tenga que hacer cosas así, y solo tienes que mirarme a los ojos para saberlo.

Él gira la cabeza para verla, ve esos preciosos arcoíris en sus retinas y se relaja.

—Perdona, no me gusta la idea de que tengas que seguir usando tu cuerpo con zafios.

—¿Mi apuesto y fuerte capitán policial está celoso de un piratilla? —pregunta divertida y burlona —. Si te sirve de consuelo, me desagradó hacerle la mamada y me horrorizaba la idea de tirármelo, pero lo he hecho para que nos ayude.

Kennio levanta una ceja sorprendido, pero escéptico.

—Nos abrirá la puerta del hangar, es un fanático mío que pertenecía a Génesis —insiste ella.

—Los fanáticos no son de fiar, pero son útiles —murmura él.

Se sumergen en un silencio reflexivo, donde lentamente se cogen de la mano y acercan sus labios despacio, pero son interrumpidos por una alarma.

—¡Alerta! ¡Alerta! ¡Aviso de incendio! ¡Sector 54! —dice una voz robótica sobreponiéndose a la ruidosa alarma.

La pareja rápidamente se oculta detrás de un caza y observa cómo toda la tripulación del hangar sale corriendo, acudiendo a la llamada.

—¿Señorita? ¿Agente? —se escucha la voz de Vince por los auriculares.

—¿Es cosa tuya el incendio? —pregunta Kathly.

—No, pero me viene al dedo. ¿Pueden abrir la puerta del hangar y escapar? —consulta el androide.

—Tenemos a un antiguo miembro de Génesis con eso —responde Kennio.

—Voy a cortar la alimentación del sistema de atracción y del armamento, con todo este lío no se darán cuenta hasta que ustedes estén fuera del alcance —explica Vince.

—Genial, así tú puedes intentar llegar al hangar y huir con nosotros —contesta Kathly feliz.

—Lo intentaré, señorita —asegura el androide.

Kennio se acerca a un caza y lo revisa por encima. Después de asegurarse de que funciona correctamente, va al siguiente y, con el cuchillo, corta cables y mangueras. En cuanto termina con uno pasa al siguiente. Mientras, Kathly vigila la puerta y avisa a Vince cuál es el caza en buen estado.

Cuando todos los cazas, menos el que les servirá para huir, están inutilizados, la pareja se monta en el suyo y lo pone a punto para despegar. Vince entra en el hangar corriendo, justo cuando suena el aviso de la apertura de la compuerta. El androide grita y hace gestos, pero el ruido impide a Kathly escucharle. Unos instantes después ve el motivo de los avisos; un grupo de piratas corre, agotado, persiguiendo a Vince. Kennio empieza a dar potencia al motor y espera a que la puerta se abra lo suficiente para salir. El androide se refugia detrás de su caza, despliega las armas láser que tiene incorporadas a sus brazos e inicia un tiroteo con los piratas. Estos, desprevenidos, no esquivan los primeros disparos y caen cuatro de ellos, el resto se cubre y trata de abatir al androide. Kathly ve, impotente, cómo el que fue su único amigo está plantando cara a un grupo de piratas para darle tiempo de huir. Kennio mira de reojo a Vince, agradeciéndole el sacrificio. Son muchos adversarios hasta para un androide y pronto llegarán refuerzos, no hace falta ser adivino para saber que no podrá escapar. La compuerta está a punto de abrirse lo suficiente para dejarles salir cuando se detiene súbitamente.

—¡Hijos de puta! —maldice Kennio, eleva ligeramente el caza y gira levemente en el reducido espacio para apuntar a la puerta. Dispara destruyendo una parte y pone a máxima potencia el propulsor, saliendo disparado fuera de la nave.

Kathly trata de aguantar el llanto, pero las lágrimas se desbordan de sus ojos azules. Kennio trata de no mirar la pantalla para ver al copiloto, sabiendo lo que verá. Están en una situación que requiere toda su concentración.

—¿Pueden oírme aún? —la voz de Vince se escucha por los auriculares, con menos volumen que antes.

—¡¿Vince?! —exclama Kathly—. Tienes que huir, ¡me lo prometiste!

—Señorita… siento romper mi promesa, pero la probabilidad es nula —responde.

—No puedo perderte, eras el único que me quería —gime ella.

—Sé que sufrirá al principio, pero yo ya soy prescindible. Ahora tiene usted al agente Kennio, que podrá cumplir su sueño de recuperar una vida normal y corresponde a sus sentimientos —contesta.

Kennio no se distrae, ya que el radar detecta a un escuadrón de seis cazas detrás de ellos.

—Por esto me destruiré, como los humanos diríais, feliz —termina y se corta la transmisión.

Kathly ya no consigue aguantar y rompe a llorar, mientras a Vince, sin brazos, una pierna y con un agujero en el pecho, le cargan los piratas llevándolo al puente.

—Jefe, este era el androide que nos traicionó —dice uno de ellos.

Waltoph Hesand, líder de la banda “El Sol Negro”, se gira y el revuelo de la oscura gabardina deja ver el cuerpo, sin vida, de Karlo, el pirata, un instante. Se acerca al inmóvil robot, le levanta la cabeza tirándole del pelo y descubre el rostro sonriente de Vince, pero solo unos momentos antes de que este explote y arrase con todo el puente.

El escuadrón que persigue a Kathly y a Kennio se acerca cada vez más y con rapidez. « ¿Cómo lo hacen?» piensa él. Activa el ligero escudo y se prepara para esquivar los disparos enemigos. Cuando están a tiro de sus perseguidores, rápidamente desciende y gira hacia la derecha. La larga experiencia de Kennio le permite resistir la presión de las fuerzas G, pero Kathly casi se desmaya. Sus perseguidores imitan el movimiento, pero de un modo más amplio, desvelando que no tienen la misma experiencia que él, sin embargo son más y se separan para rodearle. Los piratas les disparan cuando están a tiro, mas Kennio los esquiva hábilmente e intenta maniobrar buscando ponerse detrás de sus enemigos, no obstante se pasa de giro o se queda corto. Los perseguidores comienzan a coordinarse y cada vez es más difícil esquivar sus disparos. Gracias a la experiencia de Kennio va adivinando las distintas maniobras y consigue derribar al primero adelantándose a él. Los cinco restantes les hostigan más duramente, pero él consigue seguir haciéndoles frente.

Sin que se den cuenta, el Aldebarán, está explotando sección por sección y el Vindicator comienza a huir.

Usando pequeñas ráfagas cortas, Kennio consigue derribar a otro enemigo mientras sigue haciendo acrobacias. Los cuatro perseguidores cambian de estrategia y actúan independientemente, intentando cada uno no ser el próximo objetivo de los fugitivos. Valiéndose de esto, Kennio consigue que uno de ellos destruya por accidente a otro que tenía detrás de él y después se coloca tras el restante y lo derriba también. Los dos piratas que quedan parecen rendirse y se dirigen hacia los restos del Aldebarán. Kennio aprovecha y pone la máxima velocidad posible hacia Démeter.

Después de varios minutos alejándose de la zona del combate, se relaja y mira a la pantalla del copiloto. Kathly está desmayada por la falta de entrenamiento, «Es mejor que la deje dormir» piensa. Él esta agotado por la batalla, pero se mantiene despierto y, tras unas horas, el radar detecta una nave comercial. Kennio se dirige hacia ella y manda un mensaje:

—Aquí el capitán de la Policía Intergaláctica, Kennio Rivans, número de placa 3566719428053. Solicito su asistencia inmediata y atracar en su nave.

La respuesta no tarda en llegar.

—Pueden atracar y estaremos encantados de ayudarle.

Inmediatamente una pequeña compuerta se abre en la nave y ellos entran. Aterriza suavemente y, al abrir la cabina, ya les está esperando un hombre bien vestido y abundante en carnes.

—Bienvenido, capitán, ¿a qué debemos esta grata sorpresa? —dice el hombre algo nervioso.

Kennio sospecha.

—Buenas, buen hombre. ¿Es usted el capitán de la nave?

—Sí, dueño y capitán —responde.

—¿Cuan es su planeta de destino? —pregunta el policía.

—Nos dirigimos a Shiva VI, si le vale como destino. Le puedo ofrecer alojamiento, si no, podemos repostar su nave —ofrece el comerciante.

Kennio piensa un momento y un detalle llama su atención, sonríe y responde:

—¡Vaya, Max!, ¡Cómo has cambiado!

El supuesto comerciante le mira sorprendido y se escucha una gran risotada. Al momento entra un hombre negro, alto, de constitución fuerte y cabeza rapada. Este se acerca a Kennio y, cuando están uno al alcance del otro, los dos, rápidos como el viento, se agarran de las manos y tratan de empujarse mutuamente. Los dos, sonrientes y con todos los músculos en tensión, forcejean en ese extraño pulso hasta que Kennio, agotado por combate y el viaje, termina cediendo y el otro hombre queda proclamado ganador.

—Pensaba que los muertos no se cansaban —dice el vencedor riendo.

—Pues, o pensabas mal o no estoy muerto, aunque preferiría estar en otro cuerpo — responde Kennio mientras se frota un hombro adolorido.

—¿Dónde has estado estos días? —pregunta Max.

—Perdido en un planeta remoto, con un… —se detiene de golpe al recodar que Kathly sigue en el caza, inconsciente. Se gira rápido y sube a la nave para ver cómo se encuentra.

—Kathly, ¿estás bien? —pregunta mientras la mueve con un suave zarandeo.

Ella se despierta despacio y se lleva una mano a las sienes.

—No sé, me duele mucho la cabeza.

—Se te pasará, he pilotado muy bestia para alguien sin entrenamiento —la tranquiliza, acaricia su cabeza y le da un pequeño beso.

—¿Esta despierta? —pregunta la voz de Max detrás de él.

Kennio gira la cabeza y ve a Max y al otro hombre, con las pistolas desenfundadas. Se había olvidado que Kathly es una criminal buscada y él había dicho su nombre en alto.

—Max, baja el arma, está muy débil, ¿tenéis enfermería? —consulta él.

—Por supuesto —mira a su subordinado—. Avisa que llevaremos un paciente “peligroso”.

El agente afirma con un movimiento de cabeza y sale del hangar. Kennio baja de la nave y se pone frente a frente con Max.

—No es peligrosa, te lo juro —le asegura.

Su amigo levanta una ceja sorprendido y desconfiado.

—¿Qué ha pasado en ese planeta remoto? Nunca te he visto relajarte con la seguridad de los criminales.

—Yo… solo te lo contaré en privado —declara firme.

—Muy bien, iremos a mi camarote después… — comienza a decir, pero es interrumpido por los repentinos gritos de Kathly.

Kennio se gira rápido y, en un instante, está en un lado de la cabina. Max se coloca al otro lado, con la pistola lista.

—¡Kathly! ¿Qué te pasa? —pregunta alarmado.

—¡Me arde la cabeza! ¡Kennio, ayúdame, por favor! —grita ella mientras se agarra las sienes con las dos manos y llora de dolor.

Kennio la carga en sus brazos y, rápidos, Max y él corren a la enfermería, llamando la atención de los demás tripulantes. El equipo médico los espera con un grupo de guardias.

—¿Que le pasa? — pregunta el jefe médico.

—Dice que le arde la cabeza —contesta Max mientras abre la puerta.

Kennio entra rápido y deposita a Kathly en la primera cama que encuentra. Rápidamente, un equipo de personal sanitario le aparta y se encarga de la paciente, amarándola a la cama y analizando las posibles dolencias. Max le coge del hombro y le saca al pasillo.

—¿Se puede saber qué ha pasado? ¿Le ha sucedido antes?

—No y no sé qué le pasa —responde alterado.

—¿Tiene algún dispositivo instalado en la cabeza? —sigue preguntando.

—Sí, algo que le cambia el color de los ojos. Dijo que se lo conectaron mal y funciona con sus sentimientos —contesta Kennio.

Max abre mucho los ojos, alarmado y entra corriendo en la enfermería.

—¡Refrigerad enseguida la cabeza, tiene un aparato defectuoso! —grita al equipo médico y vuelve rápido con Kennio.

—Está en serio peligro, tienes que contarme qué ha pasado para saber cómo de dañado esta el dispositivo.

—Vamos a tu despacho —solicita él y Max le guía.

Continuará


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