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Fecha: 10-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Aprendiendo Inglés XXIII

Lady
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Tiempo estimado de lectura: [ 14 min. ]
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No me entendió pero tampoco me prestó más atención. Digo que tu coño, es de los pequeños y eso para mí es un gran reto. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

 

Una sonrisa adornó mi rostro, verla así con los ojos cerrados, entregada a mí, no sabía si besarla, lo deseaba pero no aguantaría, terminaría poseyéndola por cada rincón de la casa, nunca había usado el cuarto erótico con nadie que no fuera mi ex, pero deseaba usarlo con ella, deseaba atarla, que fuera toda mía, deseaba probar sus flujos, lamerlos como si se tratara de una golosina o un helado.

De golpe se sobresaltó abriendo brusco los ojos. Estaba sonando el manos libres del coche, había una llamada entrante. Otra persona odiaría que nos hubieran interrumpido pero a mí me daba igual, porque estaba feliz, volvía a estar entregada a mí, aunque fuera muy poco, algo era algo, y para mi era más que suficiente.

-          Perdona. –se disculpó dirigiéndose al coche.

-          Tranquila. –me mordí el labio ansiosa por poseerla-. Nos vemos luego.

-          Claro. –respondió nerviosa mientras entraba en el coche.

Preparé una maleta nueva con ropa distinta y limpia. Me sentí tentada de llevarme juguetes eróticos pero lo dejé correr, si se diera el caso en su casa ya encontraría algún juguete improvisado.

Recibí la llamada de Claudia indicándome que ya estaba llegando, terminé de recoger, me lavé los dientes y escuché el claxon a modo de llamada suya.

Salí con todo lo necesario, lo guardé en el maletero del coche y me senté de copiloto de aquel cochazo.

-          Mmm.. que gusto. –murmuré al sentir mis glúteos calientes y ella se rio con su habitual dulzura.

-          Sí, he puesto el calefactor de los asientos. –me miraba de reojo, podía notarlo.

-          Que agradable, con el frio que hace. ¿A cuánto estamos?

-          A ocho grados. –respondió señalando el termómetro del coche.

-          Y más que bajará la temperatura por la noche. –dije casi sin pensar.

-          Algo se nos ocurrirá para no notarlo. –vale, esa respuesta me cogió por sorpresa, realmente no sabía si mi mente perversa lo imaginaba de otro modo o ella se había insinuado.

Regresamos a su casa y dimos una vuelta para pasear a las perras. Cuando de golpe Ellen se escapó.

-          ¡Ellen! –empezó a chillar Claudia nerviosa, segundos más tarde empezamos a perseguirla.

Se paró frente a un cubo de basura y empezó a olisquear.

-          ¡Se puede saber qué haces! –Claudia estaba enfadada, su tono era muy furioso-. ¡Ven aquí! –entonces la perra la miró y lloriqueó un poco-. ¿Qué es eso? –respondió señalando una bolsa.

-          ¿El qué? –yo no lograba ver nada.

-          No me jodas. –se acercó a la bolsa-. ¡Ohhh! –un fuerte sonido salió de su garganta, yo no veía nada, su cuerpo no me dejaba ver.

-          Dios mío. –exclamé yo esta vez, había tres cachorritos, deberían ser recién nacidos, todavía estaban mojados.

-          ¿Cómo alguien es capaz de hacer esto? –escuché a Claudia con su voz más aguda, evitando llorar.

-          Son hijos de la gran puta, los reventaría a todos y los encerraría en un pozo hasta que se pudran. –Claudia se sorprendió ante mis palabras, hasta yo lo hice, pero ver una criatura así, en ese caso unas criaturas como esas tan débiles, recién nacidas, parecía imposible que existiera gente así en pleno siglo XI.

-          Vamos, aquí se resfriarán. –se quitó la chaqueta y los puso a todos dentro de ella para que estuvieran más calentitos, yo hice lo mismo, me la quité y se la di para que los cubriera aun más, até a la perra a la correa, la otra ya la tenía atada y yo fui con las dos directa a casa mientras Claudia llevaba en brazos a los tres cachorros.

Al entrar dentro de casa, pude ver que Caroline se ilusionaba al ver esas preciosidades,  blanquitos como la nieve, con la nariz y las patitas rosadas. Preparamos, agua caliente, tampoco mucho, para lavarlos, luego para que no cogieran frio los pusimos tapados frente a la chimenea.

Caroline regresó con una de la limpieza, ambas llevaban bolsas, yo no entendía nada, hasta que vi como de ellas sacaban polvos de leche canina y varios biberones con muchas tetillas para probar cual era más cómoda. Acto seguido Claudia con gran experiencia llenó los biberones de agua, lo puso en el microondas, y luego echó los polvos dentro de los biberones, leyendo previamente las instrucciones para saber la cantidad de cucharadas de polvo, luego removió los biberones hasta que quedaron bien mezclados.

-          Toma tu este, que parece más hambriento. –me dio el más gordito-. Caroline tu ese. –le dio el pequeño, y ella se quedó con el mediano, se puso a mi lado frente a la chimenea-. Sobre todo no lo pongas panza arriba, la gente tiene a hacerlo y no son bebés, ellos se ahogarían, deben tomar el biberón estando panza abajo. –lentamente me mostró como lo hacía con el suyo, se resistía, no sabía lo que debía hacer, no entendía que eso iba a ser lo que lo amamantara, era distinto al pecho de la madre y no resultaba fácil de acostumbrarlos, el de Caroline se enganchó bastante rápido al biberón y se lo tomó todo, yo también lo conseguí, pero Claudia no. Estaba frustrada porque no comía y siendo recién nacidos era necesario que comieran. Los demás se durmieron bien pero el de Claudia no, se removía sin parar, Claudia con un algodón le acarició sus partes para que así hiciera sus necesidades, pero aun después de hacerlas estaba inquieto. Yo me tumbé con los otros dos encima de mí y Claudia para que el otro se relajara escuchando su corazón, se lo puso bajo la camiseta entre los pechos, y así pareció calmarse.

Al rato vi como Claudia se quedaba dormida y el pequeño se removía dentro de ella, podía verlo a través de la camiseta, dejé los míos que dormían como troncos en el sofá acorralados para que no se enfriaran y me dispuse a coger el de Claudia.

Metí las manos con suavidad por debajo de su camisa, mientras todo mi cuerpo se tensaba al sentirla, mientras mi respiración se agitaba, finalmente me topé con el cachorro y lo agarré para sacarlo de allí.

-          Mmm…oooohhhh.. –Claudia se removió y gimió abriendo los ojos, mientras yo estiraba intentando sacar al cachorro-. Paaara, paraaa. –gimió agarrándose el pecho y con la otra mano levantándose la camisa.

-          Upps, perdón, perdón. –murmuré cuando vi que el cachorro se había enganchado al pezón de Claudia, por más que estiraba solo lograba que Claudia chillara más y el cachorro hiciera más fuerza succionando. Hasta que finalmente giré el cachorro hacia un lado y conseguí destetarlo, escuchando un fuerte sonido como el de un corcho abriéndose, y luego vi su pezón enrojecido y mojado. En aquel momento me dio algo, deseé más que nunca agarrar esos pechos.

-          Mmmm.. veo que ya tiene hambre. –escuché a Caroline riendo al ver como habíamos sufrido aquello.

-          Sí, sí. –respondió Claudia sin mirarla, su cara estaba roja, ruborizada, la cara de una persona sofocada, excitada. Pero yo lo estaba mucho más que ella.

-          Ya les toca la siguiente toma a todos, a ver si este pequeñín no se resiste. –comentó Caroline y luego se fue a preparar los biberones.

-          Aún no sabemos que son. –preguntó Claudia.

-          Hembra. –respondí dándole la vuelta a una de las del sofá-. Y.. hembra. –respondí de nuevo al mirar a la otra-. Falta mirar el tuyo. –Lo cogió y lo puso boca arriba.

-          Mm.. como no.. un macho. –y se rio con ganas-. Tenía que ser él, el que nos da problemas. –dijo en broma.

-          Aquí los tenéis. –nos dio Caroline un biberón a cada una, y cogió una de las hembras, nuevamente les dimos el biberón, más fácil que la anterior vez, ya sabían de lo que se trataba.

-          Sí, sí, muy bien pequeño. –dijo Claudia entusiasmada cuando logró que el macho se enganchara al biberón, nosotras ya habíamos terminado, con lo cual con algodón de nuevo les ayudamos a tener sus necesidades.

Cuando terminamos subimos a las habitaciones, Caroline había ordenado que nos pusieran una especie de mesita, cuna, enganchada a la cama, para así tenerlos controlados mientras dormíamos, decidimos dormir ya que estábamos cansada y no teníamos hambre para cenar.

Dos horas más tarde sonó la alarma indicando otro biberón, esta vez entre las dos hicimos los tres cachorros ya que Caroline dormía.

-          Me va a costar dormir ahora. –susurró Claudia tumbándose de nuevo en la cama.

-          Lo sé, yo también me he desvelado, pon la tele y tratemos de dormir. –Ella sin querer rozó mi mano.

-          Perdón. –se disculpó rápidamente.

-          No debes pedir disculpas por eso. –lentamente agarré su mano, su respiración se agitó.

-Y no otro. Cuando menos te lo esperas. Ese, es el momento perfecto-. Eso me dije a mi misma.

Solté mi mano de la suya, para acariciarle lentamente el antebrazo, la acariciaba con los nudillos, suave, su piel era la más suave que nunca había acariciado, notaba como bajo mis manos su piel se erizaba, su respiración seguía agitándose más y más. Acerqué más mi mano a su cuerpo, acariciando su costado, sus costillas, empezaba a retorcerse de placer, mis manos me palpitaban, me ardían de ganas de agarrarla fuerte, pero debía mantener la calma o se alejaría de mí. Su nerviosismo aumentó y se incorporó de cintura para arriba. Lentamente yo hice lo mismo, hasta quedar a su altura. Agarré su mano, estaba temblando, sabía que era una buena señal. Solté su mano y la llevé a su mejilla, volteé su cara hasta quedar en frente de la mía y la besé. Su cuerpo se paró, dejó de respirar mientras la besaba, pasados unos segundos me asusté y me separé de sus labios. La miré confundida, no entendía nada, ella estaba pensativa, mejor dicho reprimida. La veía luchando consigo misma.

-          Perdón. –dije finalmente ya que veía que no mejoraba. Pero se giró de una y se sentó encima de mí, atrapando mis labios con los suyos. La acaricié suave de la cintura, debía ir de puntillas todo el tiempo, si daba un paso en falso me cargaría todo. Pero de golpe se separó de mí.

-          Tus manos. –murmuró amenazante.

-          ¿Qué pasa? Están en tu cintura. –dije separándolas por completo de su cuerpo.

-          Exacto. –me miro amenazante-. Ponlas en algún lugar útil. –la sonrisa más malvada se apoderó de mi boca, esa era mi chica.

-          Joder, como me gustas. –la giré rápidamente y me puse encima suyo, mientras aferraba mi boca a su cuello, succionándolo con la intención de dejarle marca, quería marcarla toda, era mía. Desgarré su camisa con ansia y luego rompí la hebilla de su sujetador, quedó desnuda ante mí-. Las echaba de menos.. –murmuré succionando su pezón mientras un fuerte gemido salió de su garganta.

-          Ufff.. siiii, siii.. –gemía débilmente, eso me volvía loca, me excitaba mucho.

-          Claudia, me pones mucho. –y la besé de nuevo, introduciendo mi lengua en su boca, sintiendo cada parte de aquel húmedo lugar.

-          Dame más.. –me suplicó.

-          ¿Dónde? ¿Aquí? –besé su barbilla-. ¿O mejor aquí? –besé en su punto de pulso-. ¿Y aquí? –besé el contorno de su mandíbula, ella solo podía gemir, no me respondía, estaba sin aliento-. ¿Y si lo hago aquí..? –mordisqueé el lóbulo de su oreja, esta vez gimió más fuerte, aferrando sus manos a mi espalda-. ¿Sigo? –bese su clavícula-. Dime algo. –besé en medio de sus pechos-. Pídeme que siga. –lamí la línea que se marcaba leve de sus abdominales, su barriga temblaba-. ¿Por qué no dices nada? Mi alumna preferida.. –acaricié lentamente con la lengua el punto más sensible del pezón, su cuerpo tenía espasmos, espasmos de placer.

-          Ooohhhmmm.. –gimió mordiéndose el labio, se la veía tan sensual, sus gemidos eran tan deliciosos y torturadores, succioné ese pezón ya bien erecto y lo mordisqueé con dulzura, ella aferró sus manos a mi cabello, agarrando mechones de mi cabello-. Helena.. –gimió débilmente.

-          Sí.. di mi nombre.. dilo.. –susurré muy excitada, mi nombre pronunciado en su boca, en esa garganta reprimida del placer, era tan seductor, tan placentero.

-          Helena.. please… fuck me hard.. –dijo gimiendo, que me pidiera que la follase duro, y además lo dijera en inglés me volvió loca, dejé toda ñoñería dulce atrás y le saqué de una los pantalones y el tanga, abrí sus piernas con velocidad, provocando un gemido doloroso y placentero para mi oídos, eché mano a un lado de la cama en busca de mi cepillo, mi cepillo dental eléctrico-. Oooohhhh.. gimió muy fuerte cuando la embestí con el cepillo, estaba segura de que Caroline nos estaba oyendo y eso me ponía todavía más. Empecé un meterlo y sacarlo lento pero con embestidas fuertes, se lo metía fuerte de una y lo sacaba lento, ella gemía al ritmo que la embestía, sentía como en cada embestida golpeaba el final de su entrada.

-          Es de los pequeños.. –no me entendió pero tampoco le prestó más atención-. Tu coño, es de los pequeños y eso para mí es un gran reto. –sonreí malvada.

-          Pártelo, párteme en dos.. –dios.. me encantaba esa chica-. Oo.hhhoo..ooohh.. –gemía intensamente mientras su voz vibraba, había pulsado el botón de encender la vibración del cepillo de dientes, su voz vibraba a la velocidad del cepillo.

-          Córrete..  –le exigí, llevaba años esperando ver como se corría, no podía aguantar más, la próxima vez ya sería todo más de dulces pero esta vez no. Saqué el cepillo y me dispuse a meterle los dedos, de entrada solo me entraron tres y ya estaban muy comprimidos. Ella gemía sin control, moví más rápido mi mano mientras iba introduciendo más dedos sin que se diera cuenta, hasta que finalmente tenía toda la mano dentro de ella, la removí acariciándola por dentro, ella gemía y gemía, estaba al borde del desmayo, estaba exhausta y aun no se había corrido-. Córrete. –murmuré de nuevo, moviendo bruscamente mi mano.

-          Oooohh.. siiii. Siiii… -empezó a gemir con más fuerza, a la vez que mi mano se iba comprimiendo-. Me corrooo.. me corro… Helenaaa… -mientras pronunciaba mi nombre, sentí mi mano sumergida en flujos calientes, me dolía estaba tan apretada allí adentro que no me circulaba la sangre, Claudia seguía gimiendo, eso hacía que me diera igual el dolor y haciendo mucha fuerza conseguí mover mi mano en su interior creando el último orgasmo más potente y duradero que todos.

-          Hasta que no te relajes no puedo sacar mi mano. –dije provocativa-. Pero si quieres sigo. –me negó con la cabeza, no tenía fuerzas ni para hablar. Cuando al fin se relajó saqué mi mano y me la relamí como si se tratara de chocolate deshecho. Era un sabor delicioso, siempre se dice que es agridulce, ni dulce ni salado, pero el suyo era agrio pero con sabor dulce, era ambas cosas al mismo tiempo, mientras lo probabas era dulce y luego el regusto era más agrio, haciendo que desees lamer más.

RRRRR-RRRRR

 

 

Sonó la siguiente alarma, y los cachorros estaban escampados en esa cuna, llevaban rato despiertos pero todavía no sabían llorar por lo cual no nos habíamos enterado.

-          Somos mamás. –pronunció eso sonriendo.

-          ¿Un poco rápido no? Si acabamos de empezar.. –dije bromeando-. Anda ve a preparar los biberones que yo me iré a lavar las manos, que no es plan de cogerlos así.. –miré mi mano mojada.

Claudia con complicaciones se levantó de la cama, se puso una bata y bajó a la cocina, yo fui al baño, pero mientras me lavaba las manos escuché sonar mi móvil. Extrañada porque llamaran tan pronto de madrugada todavía, lo cogí sin mirar por si era una urgencia.

-          Hola.

-          ¿Laura? –se me heló la sangre.

_________________

Saludos nuevamente desde España.

Agradezco vuestros emails y comentarios siempre son bienvenidos, son una gran motivación para mi todos y cada uno de ellos.

Como tradición aquí, espero que hayais tenido un buen día de Reyes, en la mayoría de lugares no se celebra pero aquí sí.

Espero que os vaya gustando, como ya debeis deducir, la historia llega a su fin. 

Atentamente, 

Lady.


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