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Fecha: 11-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

Su otro coñito

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Paqui descubre otra forma de tener orgasmos que no está al alcance de cualquier mujer Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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El otro coñito

No tenía que estar nerviosa, realmente llevaba mucho tiempo preparándose para este momento y sabe que su Amo si no se lo hizo el jueves fue sólo para tenerla inquieta todo el fin de semana. Sin embargo no podía dejar de pensarlo, la noche del domingo no había dormido apenas y sus sueños habían estado rodeados de sensaciones y sobresaltos.

Esa mañana se había preparado como sabía que le gustaba a su Amo y poco más podía hacer salvo esperar. Repasó mentalmente, el coño bien rasurado, las bragas trasparentes, que compraron juntos para esta ocasión, medias oscuras, falda por encima de la rodilla, sujetador sin aros, camisa con botones. Sí, no se le olvidaba nada.

Puntual, como siempre, apareció su Amo, acababa de dar la vuelta a la esquina y el coche se paró a su lado. Un examen visual casi imperceptible, una sonrisa y un “entra por favor”.

El camino se hizo largo, no sabía si pasaba algo porque su Amo sólo hablaba de cosas banales, ni un roce siquiera. Otro día cualquiera ya la habría tocado y ella estaría como una perra en celo, pero hoy no.

Por fin llegaron a la casa y ahora sí, nada más cerrar la puerta, su dueño tomó posesión de su boca. Un beso largo, casi desesperado, dulce, salvaje.  Después de quedarse satisfecho se apartó de ella y con la cabeza hizo el gesto que le indicaba que iba a ser examinada. De rodillas en el suelo, la cabeza baja, sintió algo de fresco cuando su Amo levantó su falda pero un azote súbito le quitó de golpe esa sensación. Bajó sus bragas dejándolas caer sobre sus rodillas y con la mano empezó a manosear su sexo, su culo, su ano. No dijo nada, le subió las bragas y le señaló la mesa.

Sabía exactamente lo que tenía que hacer pero esta vez no atinaba, su Amo tuvo que cogerla de la mano y guiarla. Se puso sobre la mesa, abrió ligeramente las piernas, se alisó el vestido y esperó a que él le pusiera la almohada bajo la cabeza. Con mucho cuidado levantó su cabeza y deslizó un pequeño cojín mientras aprovechaba para besarla en la cara y recordarle al oído que era suya.

En esa posición, con la vista en el techo sentía como su hombre estaba trasegando con cosas, que ella conocía bien, y como preparaba todo para la ceremonia de hoy. Por fin se acercó, levantó su falda por encima de las rodillas y se la recogió también bajo el cuerpo para no mancharla, desabotonó uno a uno todos los botones de la camisa y dejó su vientre y su sujetador expuestos. Manoseó una teta para asegurarse de que no tuviera aro, le había dicho muchas veces que sus pechos sólo podían ser apretados por él.

Le abrió las piernas y separó las braguitas a un lado, estuvo mirando unos segundos antes de seguir, parecía que se extasiase con la visión de su perra entregada a sus manos y sin duda que era eso lo que estaba pasando. Por fin reaccionó, abrió los labios mayores y empezó a manosear todo el coño: labios menores, vagina, clítoris, todas las zonas recibían la atención que merecían y ella se estremecía, su lívido subía y necesitaba algo más pero ese algo no llegaba. Arqueaba el cuerpo, se movía hacia la mano de su dueño… pero sólo consiguió un azote en el coño y un “estate quieta”, que aun la excitaron más.

Sintió un sonido de rasgado y supo que hoy tendría que volver a casa sin bragas, pero no le importó porque eso quería decir que su Amo estaba muy excitado, aunque se sorprendió que este acto no fuera seguido de una boca que le comía compulsivamente el coño o de una serie de azotes. No, su Amo se apartó y se dedicó a preparar algo. Intentaba incorporarse pero estaba él le daba la espalda y no podía ver gran cosa. Desistió, al fin y al cabo lo habían hecho muchas veces en el pasado y sabía lo que estaba cocinando.

Por fin llegó el momento, una cosa fría empezó a entrar por su meato urinario, la ceremonia estaba comenzando y por fin podría quitarse de encima la preocupación. El pequeño dilatador entraba y salía despacio por un conducto bien lubricado, ella sentía gusto y habría querido que su Amo la tocase el clítoris, la azotase, la comiese, lo que fuera… pero sólo tenía esa penetración monótona, dentro, fuera, dentro, fuera…

Una parada, unos segundos de espera y vuelta a empezar. Ya se había hecho al dilatador anterior y de nuevo una sensación de frío le atravesó el vientre unos espasmos incontrolados y un orgasmo que no había visto venir. Convulsionó, se agitó y un chorro de orina salió empujando el palito. Cuando se dio cuenta rompió a llorar, se había corrido sin permiso y había empapado a su Amo.

El hombre se apartó para dejar pasar el chorro pero inmediatamente apoyó su dedo en el clítoris de su perra que asombrada se dejó hacer. Un orgasmo siguió al anterior y Paqui se quedó desmadejada sobre la mesa.

Me has mojado puta, oyó que le decía su Amo, y esto no se va a repetir. Sin mediar más palabra introdujo una sonda por su meato y un líquido amarillo empezó a caer en un recipiente. Te voy a vaciar ya que no eres capaz de controlar. Cuando terminó le dio un fuerte azote en el coño y volvió a su tarea: un nuevo dilatador, más grueso que el anterior fue recubierto de lubricante e introducido en la uretra de Paqui. Ahora costó más, hubo que hacerlo con más cuidado, más despacio, pero entró y… de nuevo la rutina de meter y sacar. Paqui se retorcía pensaba que iba a estallar por dentro porque notaba la presión y un extraño placer que la iba envolviendo. Si seguía así el orgasmo era inevitable, pero paró.

Paró, se lo sacó de golpe y de nuevo frío. Mayor presión, movimientos más lentos, más rápidos, más aún, todavía más. El palo entraba y salía con holgura y el Amo supo que había llegado el momento.

Sacó el dilatador, se lavó bien las manos, las desinfectó, besó a Paqui en la boca y comenzó la tarea para la que realmente habían quedado hoy. Se sentó frente al coño de Paqui, le introdujo el espéculo que habían comprado para la ocasión y pudo ver la uretra bien dilatada. La pasó la lengua por la entrada y notó como entraba la puntita. Se incorporó, se puso lubricante en el dedo meñique, lo dirigió a la uretra y empezó a presionar.

Paqui sabía lo que estaba haciendo, su vagina empezó a chorrear y ella se puso a llorar. No sabía por qué pero lloraba inconsolable. Su Amo seguía con su trabajo y el dedo empezó a entrar. Sin un respiro el dedo siguió su camino hasta llegar al final de su recorrido.

Él cogió el teléfono, sacó una foto de su dedo totalmente metido dentro de la uretra y se lo enseñó a Paqui. El orgasmo fue inmediato.


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