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Fecha: 19-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

La historia de la Dama & su Poeta

Rc Adrii Torres
Accesos: 2.548
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 21 min. ]
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- Espero, Alexandra, te perdones - Porque debo perdonarme? - Porque ella te lastimo, pero tu te destruiste! Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Capitulo 1

 

Alguna vez han pasado año nuevo en una banca de parque a solas con mil lagrimas y setenares de sueños venidos al suelo?

Así mismo me encuentro yo, y mucho peor.!

-      Estefanía, por qué? Por qué?

Preguntaba una y otra vez sin obtener respuesta. Cuanto dolía! Dolía mucho mi pecho y mi alma que se quebrajaban más y más a cada momento.

-      Estefanía, por qué? Joder, por qué? -Volví a preguntar destrozando la muleta contra el pavimento, yo no podía más.! Esta era la última herida que esperaba atravesara mi pecho.

Bebí nuevamente de la botella y observe a través del brandy, mis esperanzas estaban perdidas, la mujer que amaba me engañaba. Como se besaban, verlas en la misma cama! Cada imagen en mi mente, hacia doler mas mi alma y mi ser humano, el cual se estaba muriendo de a poquito.

-      Tú eras mi verdadero amor -Volví a beber de la botella y encendí un cigarrillo que guardaba en la chamarra de cuero negra que cubría mi torso. - Por qué? Por qué?-

 Quizás sino la hubiese visto con esa hija de perra, pero era ella, y como lo disfrutaba y yo? Como una idiota llorando aquí ahora en una banca sola, ebria y drogada con tanto licor, con tanta nicotina.

Maldición! Proteste abatiendo la botella de brandy con todas mis fuerzas hacia la pared vieja y desgastada que estaba frente a mí.

-      Puta madre! -Reclame al silencio- Estefanía! Estefanía! Estef... Mi oxigeno!

Mis lágrimas no me dejaban ver, pero debía continuar. Así me levante con la otra botella de coñac y camine trastabillando. Mi pierna dolía pero ese dolor era insignificante para todo lo que sentía mi alma.

Ahora había un dolor intenso en mi corazón que me estaba destrozando y haciéndome perder la razón.

Cuando hice el curso de medicina, la doctora me enseño que si se estaba medicada no se podía beber, y yo llevaba un mes tomando antibióticos y medicamentos. Ahora el alcohol era mi mejor placer.

Hasta que caí al suelo, tal como lo que era una BASURA! Un desecho humano, que utilizan y avientan luego de que ya no sirven. Esa persona ahora era yo. La que no servía para una mierda, tirada en una acera inconsciente. Con una pierna lesionada y unos pulmones del vomito que no servirían ni para una putada.

Fui el poste de un perro y el arrumaco de unos cuantos gatos. La sobredosis ya recorría mi cuerpo. Y la inconsciencia era lo único que me mantenía consiente.

-      Adiós Estefanía! -Fue lo que pude musitar al escuchar los cohetones reventar en el cielo-

Jamás me había dolido tanto estar tan sola en esa fecha pero esta vez no era ni el año que se iba, ni el nuevo año que llegaba sino el hecho de haber sabido que a quien amaba me engañaba y de la peor manera. Sin poder decirle Adiós, aun estando con mi corazón roto.

Adiós a todo lo bello bueno y santo que ella había despertado en mí, esa bondad moría allí mismo con ese año que se iba.

Y con el que volvía a llegar despertaba la frivolidad postrada en una cama.

-      Señorita Medina. -Dijo un Medico acercandose a la cama.

-      Que me ocurrió? -Por cómo estaban las sondas a mi brazo y la mascarilla de oxigeno en mi rostro las cosas habían estado feas para mí.

-      Tuvo una sobredosis. -Dijo él de forma precisa. Por qué desgracia no morí?- Eso fue a causa de la mezcla entre el licor que ingirió y los medicamentos previos que estaba consumiendo.

-      Eso ya lo sabía. Maldita la hora en que me ayudo. -Dije en forma de reproche.

-      Por qué no se valora usted misma? -Que clase de pregunta era esa? A él que cojones le importaba mi vida?

-      Eso no es de su incumbencia. -dije de forma despectiva- Ahora con su permiso. -empecé a cerrar el paso de las sondas y retirar las cánulas de mi brazo y muñeca

-      Señorita no puede hacer eso, usted aun necesita atención médica.

-      No necesito una joda, usted escucho en algún momento que yo le pedí ayuda -El hombre solo me observaba- No hay peor enfermo que el que no se quiere dejar ayudar.

-      Sabrá que si se marcha queda bajo su propio cuidado.

-      Lo observe de la forma más despreciable, sacando sin ningún dolor las aguas que habían en mi piel- lo que diga. -vende las heridas con unas cuantas gasas que habían en el pequeño estante que estaba al lado de mi cama. Luego volví a observar al doctor- La orden. -Necesitaba una orden médica para poder salir de allí.

El hombre sabia quien era, y que cojones le pedía, ya no soportaba estar ni un segundo más en ese puto lugar, y debía irme rápido. No quería verle la cara Estefanía, no quería volver a saber más de ella, el dolor aun seguía perpetrante en mi pecho.

Luego de retirarme todo el equipo médico de encima y cubrir un poco mis heridas, acepte las nuevas muletas que me ofrecía el doctor. Dejándole un cheque en euros, partí del puto hospital. Debía cambiarme, debía buscar mi ropa, el dinero, pasaporte. Estaba literalmente destruida física como psicológicamente. Todo eso seguía en mi valija justo en una esquina del angosto cuarto de ella.

-      Maldita sea- Golpee la pared y entre esperando no verla y efectivamente la habitación estaba sola. -Tu noche estuvo buena no?-me dije a mi misma, tenía poco tiempo, no sabía cuánto pero debía moverme rápido. Salir de allí para mí era sobrevivir a tener que confrontar a Estefanía y que ella negase en mi cara todo lo que ocurría.

Pero ya estaba destruida, ya mi corazón no estaba en mi pecho, ya mi dolor era vacio, ya los pedacitos de mi alma habían caído rotos y muertos sobre el frio abismo al infierno.

Después de ducharme me vestí rápidamente, me daba igual mi apariencia, lo que dijera la gente, lo que pensaran de mí. Tomando mi maleta en una mano y la muleta en la otra, salí de la habitación lo último que me llevaba de ahí era su perfume de gardenias y mi destruido ser humano. A las afuera del hotel un taxi esperaba por mí. No quería hablar con nadie, ahora nadie valía para mí. Me había vuelto una máquina para destruir a todo aquel que se me acercase.

-      Al aeropuerto lo más rápido que pueda.-

El señor asintió mientras yo cubría mi mirada opaca con los lentes oscuros.

-      Volvería? - esa era una pregunta para la cual ni yo misma tenia respuesta.

Llegue al aeropuerto y compre el primer boleto que saliera fuera de Venezuela.

No me importaba que fuese la misma Africa solo quería dejar ese lugar que tanto dolor me causaba.

-      Mexico Distrito Federal 11:00 AM- Observe el reloj aun quedaban unas horas para ese vuelo.

-      Primera clase-

Pedi el pasaje, pague y fui a dejar mi equipaje. Luego de pasar por un trago antes de subir al avion y fumarme dos cajetillas de cigarrillos en menos de 3 horas ya estaba abordando camino a Norte-America. Mientras mi teléfono en modo avión me permitio buscar en mis contactos saber quien carajos de mis conocidos vivia allí.

-      Bienvenidos al DF-

Decia un señor al salir del aeropuerto. Los colores vivarachos y la vibra alta de la gente me recomponian pero no curaban mi dolor.

-      Victoria Do' Santos. -Alguien con un acento del lugar me llamo por mi segundo nombre.

No me tome ni la molestia de ver. Solo segui caminando con mi maleta y mi muleta en ese acompasado paso de dolor.

-      Victoria.

Esta vez la voz estaba a mis espaldas tocando mi hombro. Solo subi mi mirada sobre mis hombros, bajando un poco mis lentes para dejar a ver mis ojos a Mariana, una antigua mujer de noches pasadas, mi primera profesora en la universidad, mi primer mal pensamiento, la cual luego de algun tiempo se volvió una fiel consejera, mas aun cuando partió Samantha. Quise regalarle una sonrisa pero ni eso tenia. No habia risa no habia sonrisas, ni felicidad.

Porque tenia que ser tan intimidante?

-      Aqui es. -Ella hablo para traerme a la realidad, abrió la puerta y me dejo pasar. Allí me dejo.

Que carajos hacia yo ahi? No lo se, supongo que era eso mejor a tener que recordar a Estefania.

El doctor que me atendio, me hizo una serie de examenes. Tomandome unas pruebas de sangre. No paso por alto mi pierna. Me hizo unas cuantas radiografias. Cambiando mi yeso, por una felula... -de nuevo inmovilizada- Pense viendo como el señor ese me daba los mejores cuidados. Justo cuando estaba a punto de reprochar tanta atención el termino.

-      Debera seguir este tratamiento por las proximas cuatro semanas.

Observe el papel, vi la cara del sujeto y mi pierna. Decidí no romper todos sus informes. Y los guarde en la pequeña carpeta que el tipo me entregaba. Sin si quiera agradecer me levante, ya estaba harta de recibir limosnas de todos. Cuando estaba llegando a la calle allí estaba la misma camioneta gris esperando por mi.

-      Ahora vamos a mi departamento -Hablo Mariana, colocando en marcha el auto. Tenia elección? No, creo que en este momento mi decisión no valia mucho.

Guarde silencio, para mi era lo mejor callar que hablar y lastimar. Al cabo de 30 minutos llegamos al departamento. Piso 8 marca y llegamos directamente a su piso. Me sorprende como se ha elevado el gusto de la mujer, cuando la conoci a duras penas tenia donde vivir, ahora resulta que tenia un departamento de miles de dólares en una de las mejores zonas de Mexico. Ella sonrie y deja mi maleta a un lado de la barra Americana. Lo primero que observo es la ventana panoramica, con una guitarra acustica a su lado, Mariana es una mujer de fuerza en la voz, cuando cantaba en los conciertos de caridad con Alejandra hacia que mi piel temblara, ahora no es que causara otro efecto en mi, una palmera del lado derecho y el mueble de terciopelo blanco a un costado del mobiliario, la mesa de cristal en el centro adornada con un cenicero vacio y un pequeño florero con orquídeas, se ve unos aretes y las llaves del carro que termina de dejar Mariana allí. Las paredes de ese color tan cálido -Crema rosa- Veo el forro negro de la guitarra sobre una de las poltronas, camino lentamente… Mis ojos se encuentran maravillados, dividiendo la habitación una pared con una ventana en su centro -El recibidor y el comedor- es atravesado por la pared. La decoración es tal como de aquellos lujosos departamentos europeos.

Mariana comienza a desvestirse caminando hacia su habitación.

Yo analice el lugar, a mi lado izquierdo una pecera enorme -Estefania- Mi corazon late fuerte y se vuelve a detener con el dolor que me causa el recordar todo lo ocurrido.

Junto a la pecera, un comedor de cristal impecable de seis sillas, en su centro flores celestes -Estefania- Vuelve a gritar los pedacitos de mi alma. Camino por el pasillo que se encuentra a mi costado derecho. Paso una puerta que dice faena -Mariana tan delicada- Pienso mientras sigo caminando. Un par de pasos mas y me topo con ella, la cual sale en toalla. Quisiera verla con deseo pero ya se ha vuelto una simple amiga -ESTEFANIA- Grita esta vez mi pecho mi alma y mi boca.

-      Estefania? Vale, deberiamos comenzar a hablar de ello, ven sigueme.

-      Esta bien.

Camine tras ella, hacia unas escaleras que nos llevaron a la azotea del edificio, todo el DF. El distrito federal lleno de luces, los cohetes aun estallaban y se oia la algarabia de cuanto Dios mexicano sintiese esa fecha.

Variedad de flores, la botanica se le daba bien a la ejecutiva -Estefania- Volví a pensar al ver una gardenia.

Mariana preparo un poco de chocolate caliente, esta vez un vestido de esos playeros largos y anchos se dejaba caer sobre su cuerpo, no tuve paciencia para detallarla, ni si quiera verla. La terraza se veia realmente bien, la noche estaba perfecta. Solo me faltaba una persona para poder ser verdaderamente feliz.

-      Aquí tienes. -Ella se sento, esos minutos de soledad que me habia dejado le sirvieron para cambiarse.

-      Gracias. -dije recibiendo la taza de chocolate. Luego le di un hondo respiro al humo que todavia salia- Huele bien.

-      -Ella sonrio y me clavo sus ojos oscuros- Te escucho.

-      No hay mucho de que hablar Mariana.

-      Por qué estas aquí Victoria?

-      No lo se. -era la verdad no sabia porque de todos los lugares tenia que estar justamente allí con ella.

-      Que te trajo aquí.?

-      Un avión. -dije encogiéndome de hombros mientras le daba un sorbo a mi chocolate-

-      Un sentimiento. Debio ser bueno mientras duro. -Ella era tan implacable en eso, sabia donde darme para que me doliera.- En que habras fallado española?

-      Yo no falle -dije seria- Ella me engaño -Concluí-

-      Y como estas tan segura que tu no la insitaste hacer lo que hizo? -Eso era una puta broma?-

-      Mariana si fuese querido estar con una psicologa hubiese llamado a cualquiera menos a vos, no creeis?

-      Entonces deja de lamentarte, sino luchaste, te jodes. -Por qué su verdad tenia que dolerme tanto?

-      Como se suponia que tenia que luchar? Luchaba para ayudar a la otra a desvestir a mi mujer?

-      Quizas eso fuese servido de algo. -Dijo ella a secas-

-      A donde quieres llegar Mariana?

-      Por qué estas aquí? -Volvio a preguntar-

-      Porque me enamore, y me defraudaron -Dije viendo al cielo.

-      No se quien fue, ni que paso. Pero te aseguro que nadie tiene el poder de destruirte mas que tú, ahora eres tu quien se esta muriendo! De seguro ella esta comoda disfrutando este nuevo año en sus piernas..

-      Ella se habia vuelto mi complemento.

-      La amas aun? -Eso no me lo habia preguntado ni yo misma.

-      -Todos mis sentimientos se arremolinaron en mi pecho- Si. -respondi al fin con un gran nudo en mi garganta.

-      El complemento perfecto falla y arregla su daño. Si ella es tu otra mitad, el mismo destino que se encargo de separarlas se encargara de juntarlas.

-      No creo que eso vuelva a ocurrir. Ella apago mi luz. Yo la vi en brazos de otra mujer.

-      Si no la amas olvidala, pero si aun existe el amor proponte a escuchar su versión de la historia.

-      Que se supone que debo escuchar? -Ella volvio a clavar su mirada de ojos grises desafiante en mi- El cómo le hizo el amor a la otra?

Mariana sonrio y me quedo observando. Luego se levanto, se perdio entre la oscuridad de la terraza, sin decir nada, bajo, quede aturdida de cómo se comportaba, puta idea de las mujeres, todas eran asi, incomprensibles. Juro que yo iba a hacer hombre, yo iba hacer el varon que quería papá. La mujer que una vez me habia hecho suya, volvio a subir esta vez traia una cartulina dibujada. Colocandola sobre la mesa la abrio.

-      Haber, cuantos cubos hay -Era una de esas figuras tridimensionales, que tienen diferente perspectiva.

-      3 -le dije segura-

-      Mientes, pues yo veo 4 -ella se acomodo en su silla, cruzandose de piernas entrelazo sus dedos.

-      Que hay 3... -Le reproche.

-      Pero que yo veo 4. -Su sonrisa se torno mas grande.- Quien esta equivocada?

-      Vos, yo veo 3. y me habeis preguntado cuantos veo -En un giro la perspectiva de ella estaba frente a mis ojos. Ahora no eran 3 sino 4

-      Cuantos cubos vez Victoria? -volvio a preguntar.

-      Ya he entendido tia.

-      Cuantos cubos vez? –me presiono, sentí un ´puñal en el estomago-

-      Cuatro, veo cuatro cubos, cuatro putos cubos, ok! -dije derrotada ella tenia razón.

-      Vez que ninguna perspectiva es igual a la otra, si no te hubieses puesto en mi lugar fueses seguido discutiendo que yo estaba equivocada -PUNTO A FAVOR!

-      Has dado en el clavo Mariana. -Dije sin un gramo de voluntad. Tienes cuatro semanas de reposo, puedes quedarte aquí, si te aburres... Trabajo tengo bastante para ti. Necesito muchas tomas caseras. Y se que te comportas como la mejor en esa. Si cuidas tu pierna podras irte sin eso -Señalo mi felula-

-      Gracias por ayudarme. -Le regale una sonrisa pequeña. Ella de alguna forma habia movido una extraña clase de cimiento dentro de mi.

-      No agradezcas, es un placer. Debes descansar Alexandra. Conocer ambos lados de la moneda te hara bien.

Cuando Mariana me llamaba Alexandra, es porque lo que hacia valia la pena. Y me hacia merecedora de mi propio nombre. O por lo menos eso me habia enseñado. Ella se perdio nuevamente entre la noche, yo volví a compartir mi soledad. Pero esta vez tenia otra perspectiva de las cosas, queria hablar con Estefania, estaria dispuesta a escucharla. A que ella me contase lo que me fuese a contar, le buscaria ambas perspectivas. Y me quedaria allí con ella. Solo pedia que sus palabras no me destruyeran sino que me construyeran para formar algo congruente.

Solo necesitaba saber que habia ocurrido. Por eso espere que amaneciera, verificando la hora. Llame a Estefania.

-      Que quieres? -Contesto una voz familiar al otro lado del telefono-

-      Lawan? -Pregunte incredula-

-      Que quieres, Estef y yo estamos muy ocupadas.

-      -Mi corazón se quebro- Estefania esta allí?

-      Si, esta dormida... Todo lo que hicimos en la noche fue mucho para ella. Y ha terminado agotada.

-      -Ya habia perdido todo, tan solo llevaba un día lejos de Venezuela, ellas ya amanecian juntas.- Hasla feliz.

-      Creeme que la hare muy feliz. Te das cuenta? al final siempre gano yo. -Y la llamada termino.-

Ahora si la habia perdido, ahora si le debia decir Adios Estefania, Lawan estaba allí. Ya mi alma estaba mas que destruida, ahora los pedacitos eran polvo y la feroz brisa del invierno que arraso con ellos me dejo descubierta llena de tantas heridas.

Mariana buscaba mantenerme entretenida y así lo hizo esas cuatro semanas que estuve con ella. Habia mucho trabajo que no deje de hacer, mi mente estaba tan encerrada en el trabajo que no tenia tiempo para pensar en Estefania.

-      Estoy bien-

Le repetia a mis hermanas en cada llamada, mi padre se entero de mi fractura y quiso saber de mi.

-      No es nada... Sigo viva- Eran mis palabras, mi nuevo lema, parte del nuevo himno nacional que entonaba mi ser.

-No paso nada- Me repetia a mi misma, mientras caminaba sin necesidad de muleta por la zona rosa.

Ya no habia dolor fisico, mi pierna habia sanado, pero si un dolor sentimental que era mas fuerte que cualquier otra cosa que a alguien le hubiese ocurrido.

Te amo con cada parte de lo que soy, necesito que estes bien, a cada momento quiero verte, te deseo....

 

Como dejo de amarte Estefania? Como? si tu mirada llena de amor me traspasa el alma! Te extraño!

Todo lo que diga esta boca me hace feliz…Te amo Alexandra Medina…

Mi mente me acribillaba cada instante con ese recuerdo tan duro, de lo que habia sido su amor.

-      Victoria, deja de sufrir, se madura, deja de ser prepotente, nadie herido actua bien.

-      Estoy bien Mariana, lo estoy. Por favor dejame.

-      No, porque estas en mi territorio, estas en mi campo y tu estas destruida, no quiero termines haciendo mas daño por ahí. Asi que aprende, crece y madura o sino vete al diablo.

-      Donde compro el pasaje para ir?

-      Espero Alexandra te perdones.

-      Porque debo perdonarme?

-      Porque ella te lastimo, pero tu te destruiste!

Mariana, ese nombre tan común pero con tanto ímpetu para una mujer, me derrumbo, supo que decir en el momento indicado. No habia para donde mas ver, sino para el futuro, como ella bien me habia enseñado, Estefania seria mi amor de toda la vida si yo misma me disponía a tenerla delante de mi, sino solo quedaría como recuerdo del pasado.

Llore en silencio mientras el avión dejaba el DF y tocaba nuevamente las nubes. Quería entender porque lo habia hecho, pero por mas que buscaba respuestas volvía a encontrar setenares de preguntas acribillarme contra el muro de la soledad.

Necesitas una explicación para todo?

Si, necesitaba saber cuando me dejasteis de amar!? Estefania! -volvi a recitar suavemente, estaba realmente destruida. El avión llego a Madrid y allí estaba yo, abrigándome hasta el cuello con la chamarra negra caminando por la desolada calle de un pais que era otro infierno en diferente lugar. La lluvia arreciaba y yo mas mojada, no me importaba perder nada, despues de haber perdido a Estefania no quedaba nada ni nadie en mi vida que valiese la pena para mi. Llegue a una plaza y allí me sente, estaba mal. No sabia ni como podia aun mantenerme en pie, estaba tocando fondo, y el poco oxigeno me hacia fallar.

-      No insistas en lo que hace daño-

Murmuro una viejita, de esas que visten a la antigua y huelen a jabón de bebé. Yo no pude ni responder, solo me grabe esa frase ¡Yo siempre gano!

-      Si Lawan, ya veo que esta la teniais que ganas vos.

 

La única persona que tengo aqui eres tu...

Queria creerme que la habia perdido pero cada vez que comenzaba hacerlo, sus palabras, sus hechos, cada cosa volvía a mi pero esta vez ya no habia marcha atras. No volveria para saber que ya yo no era nadie en la vida de Estefania Del Castillo.

Tome mi humanidad, y mis sentimientos rotos y camine subiendo a uno de esos taxis elegantes donde el conductor es tan gentil que abre la puerta y te brinda todo lo que necesitas.

-      Una explicación -le conteste con un suspiro-

-      Las explicaciones sobran cuando hay un sentimiento verdadero. -Dijo el hombre comenzando a conducir.

-      Hey! -exclame levantandome del asiento donde me habia acostado- Esas palabras son...

-      Son de una escritora venezolana, se llama Alexandra Medina. -Yo sonrei por el simple gesto que me hacia el señor sin saber que se encontraba transportando a la escritora.

-      Alexandra Medina? -Pregunte como si no la conociese.

-      Si, vea aqui tengo uno de sus mejores libros, segun la critica, pero sin duda alguna todos sus libros han sido muy buenos. -El hombre freno en un semaforo en rojo y aprovecho para sacar el libro de la guantera y me lo paso-

-      Señor, no la alague tanto apuesto que ella no escribe tan bien-

-      Se sorprendería –dijo el conductor-

-      De amores y una copa de tequila -ese habia sido mi primer libro en cuestiones de desamor.

-      Si, Al principio, no le mentire me parecio realmente aburrido -Sentí el bamboneo del auto nuevamente, tomábamos la autopista.- Pero cuando me fui adentrando en la lectura, todo mi mundo cambio.

-      El viaje a Ibiza sera largo por tierra, le importa si lo leo.? -pregunte. Hacia tantos años ese libro, que por mas que quisiera habia olvidado grandes cosas.

-      Claro, puede leer tranquila.

Me acomode en el asiento y leí.

Cuanto dolor sientes despues que el puñal te atraviesa el alma?

-      Mucho dolor- Contesto mi mente.

El dolor es para el que perdió su armadura y se entrego sin condición. En la barra de un bar recordé a Dolores de Amor. -Reí por ello, ese si que habia sido un buen nombre-

El trueque que hicimos fue amor por soledad. Y así fue (...) en sus labios encontré la dulzura de verano. (...) en su pecho estaba tatuado mi porvenir, su sonrisa recitaba la mejor canción para bailar la sinfonia de nuestro amor. (...) En una barra de bar recorde a Dolores de Amor. El tequila calmo el sentimiento y yo baile el blues suave mientras la explicación jamas se dio.

(...) Cuanto dolia amar al amor, cuanto dolia amar a Dolores de Amor, esa mujer de cabellos cortos y mejillas coloradas, una mexicana quizas era cubana, la sazón en sus palabras la risa cuando hablaba el contonear de sus caderas hoy ya no me queda nada.

Ya no queria explicaciones, porque las explicaciones sobran cuando hay un sentimiento verdadero. La mirada se nubla y comienzan a caer del cielo misticas gotas salas que revelan al sentimiento que el dolor fue de amor y tuyo fue el sentimiento.

El viento me llevo a sus labios y alejandome me quede echa polvo vole en otro destino me vi en otro espejo tropecé en otros labios, la lluvia me hizo barro, el sol calento mi vida y ya no quedaba dulzura de verano solo el recuerdo de aquel trago y de esa mujer Dolores de Amor.

No pude evitar reir en algunas partes, en otras seque mis lagrimas con el pañuelo desechable que me entrego el taxista, despues de leer el libro de 348 páginas, tome mi pluma fuente negra de la chamarra y lo autografie.

-Aunque sea el menos creyente de todo ese delirio siempre sabre que cuento contigo... La lluvia de un cielo. A.M-

Le entregue el libro al sujeto, el cual se estaciono frente al edificio donde vivía Alejandra.}

-      Cuanto le debo señor -El hombre reviso el libro y abrio sus ojos como platos.

-      Usted es -yo asentí antes que él terminara su frase- Oh por Dios.

-      -El hombre con su expresión logro arrebatarme una sonrisa- Tenga -le dije entregandole unos 500 euros.-

-      Señorita pero... -Baje del auto y me coloque al lado de su ventanilla-

-      Hasta luego. Cuidese, y no cambie esa manera tan magica de regalar sonrisas.

El hombre me regalo una sonrisa y yo sin poderle corresponder tome mi maleta y me adentre al portal subiendo al piso 10 donde vivia mi hermana.

RcAdriiTorres. -Facebook & Instagram-

Se reserva el derecho de autor.

Las huellas no se borran de las vidas que tocamos, prometo sera mejor el siguiente, y de este dia en adelante que siga la continuacion de la vida!

Gracias por todos los insultos, se los agradezco de corazon, ustedes siempre acordandose de sus escritoras! Gracias! Se les quiere.

Un fuerte abrazo desde mi lugar, su lugar. Les leo pronto!


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