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Fecha: 07-Mar-17 « Anterior | Siguiente » en Zoofilia

Recompensa tras el accidente

GSilos
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UN hombre maduro, sufre un grave accidente, del cual le apuntan ambos brazos, pero entre su familiares y su perro Gordon le hacen la vida feliz Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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RECOMPENSA TRAS EL ACCIDENTE

 Un inexplicable accidente, supongo que como casi todos, me llevó a una silla de ruedas. Mis piernas se mueven aunque pronto se fatigan, mis brazos como ya sabréis por el relato “En familia” me han sido amputados, dejándome unos muñoncitos que sus buenos servicios que tan buenos servicios ahora me presta.

 Tras la ración de sexo que me doy, aun hoy, con la buena de mi nuera Lola, su madre y la tal Eutimia que hecho a faltar, pues el cabrón de mi hijo también se la beneficiaba y habiéndola dejado preñada resolvió enviarla al pueblo con unos cuántos duros, para quitarse el muerto de encima .

Como veía yo que mi hijo se estaba mosqueando de tanta mujer a mi alrededor, hablé con él para ver la posibilidad de irme a otro lugar, aunque mis condiciones físicas aconsejaban pocos cambios, además de que las damas de la casa no querían quedarse sin su juguete.

La solución la dió mi hijo, y aunque en un principio no me gustó, pronto todo el mundo estaba de acuerdo.

 La inmensa finca, con un palacio del XVIII que mi hijo había comprado en aquella villa tan viciosa del norte, tenía una pequeña casita de guardeses allá al fondo, distaba de la gran casa, casi dos kilómetros. Reflexionando luego pensé que era perfecta, podría beneficiarme de la cercanía de las hembras del lugar y tener un cierto aislamiento.

 Arreglada pues la casita, que era confortable, mi hijo se presentó con un perro “Gran Danés” para que no solo me hiciese compañía, sino que también pudiera hacerme algunos recados, como traerme el periódico, encender las luces, dar avisos y demás...; y así fue como “Gordon” entró en mi casita de campo. A las pocas semanas una voz femenina me llamó diciéndome que era la veterinaria que atendía a Gordon, completándome la información de que la presencia del perro en la casa, había sido una sugerencia de Lola a su marido, que a su vez éste pronto hizo suya.

Quedó la amable veterinaria, en pasar dentro unos días por la casa para ver como se adaptaba el can a su nueva morada.

 Lo cierto es que Gordon, en esos días estaba teniendo un comportamiento extraño, pues cada poco cogía mi pierna e intentaba follársela como si de una perra se tratara, otras veces se acurrucaba en mi regazo y hurgaba en mis partes aspirando fuertemente, y quedándose dormido encima de mi paquete que con el calor tomaba una considerable dimensión y posición. Cierto día de inmenso calor, con los ortopédicos brazos que casi nunca utilizo me puse el bañador con notable esfuerzo, en la parte de atrás de la casa dispuse una tumbona, y allí me relajé el resto de la tarde. Cuando estaba soñando con mi nuera Lola, sentí que algo hurgaba en mi bragueta, pensando en la dulce boquita de mi nuera o en su madre, dejé hacer, aunque aquella larga lengua que penetraba y penetraba, no podía ser de ninguna de las reales hembras de la casa, desperté pues, sobresaltado y allí encontré a Gordon dándose el festín que perseguía desde hacía días, dejé pues al perro que evolucionase como creyera conveniente.

 Lo cierto es que estaba acostumbrado a ciertas maniobras, pues pronto vi bajados mis pantaletas y mi polla a merced de la lengua del cánido, que relamió a gusto mi polla, metiendo su hocico entre mis muslos para que abriera las piernas y liberara mis huevos, a los cuales dio también un amplio repaso, seguramente que en la ensoñación con las mujeres de la casa, me había corrido, y ese era el festín que Gordon se estaba dando, el quería más aunque yo no sabía como dárselo ni que hacer. El ya, en la desesperada se subió a la tumbona y echándome las patas delanteras a las caderas, empezó un frenético frotamiento pija con pija, que pronto tuvo sus resultados, yo bañado por semen de perro y Gordon con un pollón de cuidado, al que dedicó unas lamidas, tras lo cual se puso inmediatamente a limpiar sus rastros de mi cuerpo, lo que aún me conllevó una pequeña corrida más por mi parte.

 A los pocos días, apareció por el jardín trasero de la casa la escultural veterinaria en pantaloncitos cortos, que fue recibida por grandes algarabías de Gordon, que pugnaba por darle alguna que otra alegría a la entrepierna de su cuidadora y como no a su propio pijo, que ya mostraba un buen tamaño, y al que de forma como distraída echó mano la veterinaria para comprobar su estado. Todo esto fue contemplado desde la ventana de mi estudio, visto lo visto opté por colocar el letrero de que estaba ausente dejando el teléfono móvil por si surgía alguna novedad. Dicho y echo cuando la cuidadora fue por la puerta principal de la casa se encontró con el letrero, hizo la oportuna llamada a la cual contesté invitándola a que se pusiera cómoda en la piscina y hiciera uso de la casita de madera, a modo de vestuario, y que yo volvería en una hora y media. Ya que era necesario que hablara con ella.

 Pasó pues la escultural veterinaria al jardín trasero, seguida de cerca de Gordon, se cercioró pues la señora de que no había moros en la costa, aseguró las  puertas y se dispuso a darse un chapuzón en la invitadora piscina. Se acercó pues a la casita de madera y se sentó en el colocadísimo sofá, que estaba frente a la puerta, desde mi escondite y con el supercatalejo pude admirar sus formas, una mujer de casi 1,90, rellenita, de amplias tetas, y una perfilada grupa un tanto respingona, un pubis rasurado que dejaba una gran almeja de carnosos labios a la vista y a los cuales como por descuido llegó en un instante Gordon, que fue reprendido levemente por Claudia que así se llamaba la veterinaria.

 Creí que allí se había acabado todo, y que me quedaría con las ganas de ver un buen polvazo zoo, pero al salir de la casa Claudia se pasó una de sus manos por la entrepierna y se la dio a oler a Gordón , este enseguida se entusiasmó de nuevo, y se fue corriendo tras su amiga, que optó por echarse a la piscina, Gordon no estaba dispuesto a peder tan preciada golosina y allí se fue también al agua. Allí jugaron los dos: bestia y humano, dándose la lengua mutuamente, y Gordon intentando follarse a la escultural, aunque fuera en el agua.

 Tras lo juegos vino el descanso y los prolegómenos de un canido polvo, Claudia echó en una de las tumbonas a Gordon que se dejaba ahora hacer mansamente, sabiendo que ya tenía la recompensa ganada a tanto esfuerzo acuático, la bombón sujeto el pellejo del balano del perro al que echó para atrás dejando salir un prepucio rojizo y granuloso, al que dedicó sus buenos minutos para poner a tono a base de pajearle y pasarle la lengüita por la punta del carajo, que pronto empezó a tirar pequeños chorritos a la vez que iba dejando al descubierto un pollón de mucho cuidado. Siguió pues la condenada en las acciones y con la otra mano abarcó en lo que pudo la bestial polla, con lo cual Gordon pensando que tenía la polla en caliente, se incorporó y echó las patas por delante metiendo la cabeza de Claudia bajo su pecho, y así fue como aquello creció y creció, dejando al aire una especie de rojiza cebolla al aire, animaba la condenada al animal para que echara todo aquel condumio fuera, y la leche se le rociara por su velloso rostro.

 Opté ante el espectáculo, y a falta de cálidas manos con que hacerme la “alemanita” por enchufársela a Flor de Loto, mi vagina plástica que se hallaba al pie del catalejo, con el cual también observaba a mis parientes.

 El perro ahora con todo el trabuco fuera ya estaba calmo, y se dejaba hacer mansamente, Claudia lo colocó panza arriba en la tumbona y se rebalgó sobre él, tras untarse bien el chichi, con la leche del perro, dio comienzo a la maniobra d ir metiéndose todo aquel trabuco en la almejita. Al principio aquello parecía incapaz de entrar, pues el grosor era de órdago y la dimensión no le era menor, lo bueno era que el cebollón trasero estaba fuera, que era lo peligroso según oír comentar.

 Tras unos pequeños empujes, aquello no entraba, por lo cual Claudia optó por ponerse a cuatro patas y con un poco de ayuda por parte de Gordón , pronto vió coronado su deseo, aquella polla se iba adentrando vagina adentro hasta el mismo cebollón trasero, que la veterinaria apretó contra sí obligando al perro a darse la vuelta como suelen hacer con las perras, luego en una hábil maniobra lo echó al suelo y ella con él, y por fin se encaró con él dejándolo boca arriba, en un rápida maniobra que retorció la polla del animal y que arrancó un lastimero aullido por parte de los dos amantes. Ahora quedaba ante mí la descomunal polla de animal succionada en un dulce vaivén por el chocho de la veterinaria.

 Me corrí en mi vagina andante, y seguí con mi observación, cuando sentí que alguien entraba en la casa, era Lola que me llamaba, no respondí a la llamada y dejé que descubriera a su atareada amiga en pleno polvazo zoo, cuestión que no tardó en observar desde la ventana del salón, pronto puede observar también como mi caliente nuera, tiraba la ropa por el jardín y se unía al grupo. Claudia pareció sorprenderse, pero pronto continuaron con sus atareadas andanzas. Lola se inclinó para ver el mamotreto que su amiga se estaba llevando al chichí, y al que dio una chupadita que no le debió gustar por la cara que puso, eso sí lo que debía gustar era el ojete de su amiga al que dedico más de una lamida, y que pronto estuvo sometido al pajoteo de tres dedos que le iba metiendo Lola, y que sacaba susurros de placer y peticiones de más dedos y más rapidez.

 Tras uno de los múltiples orgasmos de la veterinaria, Lola se echó en sus espaldas y se dejó resbalar hasta tocar con su ostrita la polla de Gordón que se vio en parte aliviado por el nuevo frescor que le aportaba el nuevo chocho, aunque un poco agobiado por el peso y tanto mete y saca. Ante lo cual optó por darse un respiro, y se salió de tragón chocho de la enfermerita de canes. Por lo cual ambas dos mujeres se enlazaron en un tremendo 69 lésbico. Mi nuera estaba echada sobre Claudia a la cual chupaba el pringoso chichi, que ahora sí le gustaba, y la impresionante hembra metía con artera habilidad su larga lengua el chochito de Lola, la cual alzaba el culito a cada sacudida.

 Gordon que ya había descansado un poquito, y le empezaron allegar los ayes y los olores de chuminos, se acercó y relamió cuanto pudo el choco de mi nuera que se abría en busca de más lengua, ante lo cual la pérfida veterinaria le propuso que probara la polla de Gordon. No debió ser difícil convencerla, pues al poco rato ya estaba colocada panza arriba con las piernas arriba y dejando que la madame hiciera de mamporrera, cuestión que hacia perfectamente, fue acercar la puntita nada más al nuevo chumino, cuando de un latigazo Gordon, en un descuido de su cuidadora, le metió a Lola, hasta las mismas cachas, pronta anduvo la doctora para tirar del perro para que no le creciera adentro la cebolleta tan descomunal del Gran Danés, que podría desgarrar mi chochito preferido.

 Yo ya estaba que no podía más, la Lola, jalaba de Gordón para que no se fuera y le dejara el vástago todo el día allí en su almejita, y la veterinaria andaba a cuatro patas lamiendo lo que sobraba, me desvestí y en tris tras, tiré de un empellón a la doctora que tras amenazarla con mis mecánicos brazos en que la degollaría, si se me resistía, y más tras haberla visto con el perro, le endiñe mi pollita en pleno culo, pues el otro conducto era demasiado holgado para mí , y así la cabalgué hasta que no pude más,

 Ahora gracias Gordon tengo a alguien que me limpia las corridas a base de lamidas y a un partenaire más en mis juegos.

 Gervasio de Silos. Email: gervasiodesilos@gmail.com


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