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Fecha: 11-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en No Consentido

Autosecuestro fallido IV

Locasexysensual
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Tiempo estimado de lectura: [ 76 min. ]
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Los malditos secuestradores cada vez son más crueles y me humillan sin parar. Me he convertido en su juguete y hacen conmigo lo que quieren. Advierto que este relato contiene violencia y sexo forzado. Si a alguien le ofende o no le gusta este tipo de relatos, por favor no continúe leyendo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Desperté bruscamente al sentir el golpe de agua fría en mi cara. Roque y El Tanque estaban parados frente de mí, este último tenía en la mano una cubeta con la cual me había arrojado el agua. Ambos estaban totalmente desnudos y pude ver sus miembros erectos.

-          ¡Hora del desayuno, perra!, dijo Roque.

El Tanque me quitó el grillete del tobillo mientras Roque se hincó en la cama, me abrió las piernas y las colocó sobre sus hombros y de inmediato, sin esperar nada ni darme tiempo a reaccionar, metió con fuerza su gorda verga en mi pobre panocha seca. La penetración fue tan salvaje que me hizo gritar de nuevo:

-          ¡AAAAAAAIIIIIGGGGHHHHH! ¡NOOOOOO!

-          ¡ESO PERRA, GRITA!, dijo Roque mientras empezaba a bombear con fuerza, violándome inmisericorde.

Vi que El Tanque filmaba la escena con una cámara profesional, mientras sonreía malévolamente y su pene erecto estaba a cien.

Traté de evitarlo, pero estaba atada y no pude ni siquiera patear a Roque, además ellos me tenían atrapada y sabía que si trataba de resistirme serían más crueles conmigo.

-          ¡QUÉ RICO COGES PERRITA!, ¡MUÉVETE!

-          ¡GGGGGHHHH!, fue todo lo que pude gemir al sentir el dolor de ser penetrada de esa forma tan salvaje.

Empecé a moverme solamente por obedecer a Roque, pues no quería que me pegara y no tenía opción.

-          ¡ESO ES!, ¡BIEN QUE TE GUSTA PERRA!, ¡DI QUE TE GUSTA!, dijo él

“¡Oh no!”, pensé yo, “!De nuevo me obligarán a que finja que me gusta para grabarme!”.

Y no me equivoqué, Roque insistió:

-          ¡Anda perra, grita como ayer, demuestra lo puta que eres!, al tiempo que me pellizcaba una teta.

-          ¡OH SI, SI!, comencé a gritar, aguantando las ganas de llorar

-          ¡Eso es putita, sigue!, dijo El Tanque que grababa todo.

-          ¡ESO PAPI, ESO, CÓGEME DURO!, dije sin opción.

-          ¿Un doblete?, preguntó El Tanque

-          ¡Va!, respondió Roque

Entonces El Tanque colocó la cámara sobre el trípode que había colocado en la habitación mientras Roque hábilmente y de un solo movimiento se tendió sobre mí, me tomó de la cintura y ambos rodamos de tal manera que él quedó debajo de mí, me tomó de las nalgas ya las jaló para separarlas y entonces supe lo que vendría: El Tanque violándome por el culo.

Y así fue, El Tanque se subió a la cama detrás de mí, escupió en mi ano y colocó su verga en la entrada.

-          ¡NO POR FAV…AAAAAAYYYYYAAAAYYYY!, grité de dolor al sentir la gruesa verga del Tanque partiéndome en dos.

-          ¡Estás bien apretada puta!, dijo El Tanque.

-          ¡GÓZALO PERRA!, dijo Roque.

-          ¡GRITA DE PLACER PUTA!, me ordenó El Tanque

-          ¡ES QUE…!, ¡AAAAYYYY, NO, ME DUELE, POR FAVOOOOOOR!

-          ¡OH QUE LA CHINGADA!, dijo El Tanque enojado mientras me daba una fuerte nalgada ¡Plaf!

-          Déjala, también me gusta cuando grita de dolor, dijo Roque

-          ¡Pues vamos a darle dolor entonces!, dijo El Tanque. Yo no lo veía pero supe que una sonrisa malévola se dibujó en su rostro.

Los dos desgraciados me violaron al mismo ritmo; se movían coordinadamente, metiendo sus vergas con fuerza al mismo tiempo hasta el fondo de mi panocha y de mi culo para luego sacarlas casi completamente también al mismo tiempo.

-          ¡Muévete puta!, me ordenó El Tanque

Obedecí solamente para evitar algún castigo posterior.

-          ¿Ves? ¡Te dije que le gusta a la puta!, dijo de nuevo El Tanque

-          ¡Lo sé!, ¡Si te digo que se coge a los dos amigos al mismo tiempo!, mencionó Roque

-          ¡Eso es mentira!, reclamé

-          ¡Cállate perra, nadie te preguntó!, me gritó Roque al mismo tiempo que me soltaba una fuerte cachetada y me pellizcaba una teta.

-          Maldito abusivo mentiroso, dije en voz baja al tiempo que dos lagrimones escurrían por mis mejillas.

-          ¿Qué dijiste perra?, me dijo el maldito Roque mientras me tomaba el cabello de la nuca y me jalaba hacia atrás con fuerza.

-          Nada, nada… dije asustada.

-          ¡Déjala cabrón!, vamos a acabar de cogérnosla y luego ya te la madreas, dijo El Tanque

-          Tienes razón – dijo Roque – ahorita vamos a gozarte puta, así que muévete. Me dio una fuerte nalgada y continuaron violándome.

-          ¡Grita puta!, ordenó El Tanque

-          ¡YA NO POR FAVOR, ME DUELE MUCHO!, grité y lo hubiera hecho aunque no me lo hubieran ordenado, pues ya no aguantaba las embestidas de los dos malditos.

-          ¡Eso perra, grita más!, dijo Roque mientras me penetraba con más fuerza y me abría aun más las nalgas, ayudando un poco a que la verga de El Tanque entrara con mayor facilidad.

Ahí estaba yo, desnuda y con las manos atadas, con mi estúpido plan frustrado, con las piernas totalmente abiertas para que dos desgraciados se aprovecharan de la situación y me penetraran por ambos lados sin piedad, disfrutando con mis gritos y mi dolor, sufriendo la más grande humillación de mi vida y sin nadie que me ayudara. Lo peor de todo es que yo mismo lo había provocado con mis tonta idea de querer darle una lección a mi papá.

Durante un buen rato tuve que soportar que los dos malditos me estuvieran violando a placer, hasta que Roque soltó un gemido de placer y el muy desgraciado soltó su cochino líquido dentro de mí:

-          ¡AAAAAAHHHHHH, ESO ESSSSSS PUTAAAAAAA, ME VENGOOOOO!

-          ¡SALTE, NO TE VENGAS ADENTRO, NOOOOOO!, grité apanicada de solo pensar que el infeliz podría embarazarme.

-          ¡AAAAAHHH, QUÉ RICO PERAAAAAA, AAAAAAHHH!, seguía él gritando de placer.

-          ¡AAAAAUUUUUU! - gritaba yo de dolor porque El Tanque seguía embistiéndome con fuerza

-          ¡SALTE!, le suplicaba a Roque.

Pero él no se salió. Continuó viniéndose dentro de mí soltando todo su semen.

-          NO TE PREOCUPES PUTA, SI TENEMOS UN CHAMACO DECIMOS QUE ES DE ADRIÁN JAJAJAJAA!, se burló el infeliz mientras se deslizaba debajo de mí para bajarse de la cama.

-          ¡NOOOOOO!, lloré al imaginarme que el desgraciado podría embarazarme.

Poco me duró la preocupación, pues tenía otra inmediata: El Tanque, al ver que Roque se retiraba me dijo:

-          ¡AHORA SI PUTA, TODA MÍA NADA MÁS!

Y diciendo eso, aprovechando la posición en la que me tenía, me tomó del cabello y me jaló hacia arriba, haciéndome arquear la espalda; acercó su boca a mi oído y me dijo:

-          Grita como si te gustara o te rompo la espalda.

-          ¡AAAAAAAAAYYYYY, NOOOOOO, AAAAUUUUUUCH, POR FAVOR, ME VAS A MATAR, TE LO RUEGO!, grité esperando un poco de compasión, pero lo que logré fue que el desgraciado me jalara con más fuerza hacia arriba, lo que hizo que sintiera que verdaderamente me iba a romper la espalda.

-          ¡Grita de placer puta!, me ordenó.

-          ¡SI, SI!, ¡AAAAYYY!, ¡SI, DÁMELO TODO PAPIIIII, CÓGEME DUROOOO, ASÍ, ASÍ, PÁRTEME EN DOS!, grité tratando de parar el cruel castigo.

-          Muévete y dime señor, perra.

-          ¡SI, ASÍ SEÑOR, ASÍ, HÁGAMELO CON FUERZA!, grité y moví mi cadera para tratar de que se viniera más rápido.

Vi que el infeliz había puesto una cámara frente a nosotros y esta grababa mi cara y todos los gestos que yo hacía, así como mis gritos, imaginé que lo guardaría para su posterior placer, o peor aún, para chantajearme cuando todo acabara.

En ese momento yo no lo sabía, pero había otras tres cámaras grabando en diferentes ángulos lo que me hacía el infeliz desgraciado.

El Tanque me soltó el cabello y mi torso y mi cara cayeron sobre la cama. Él siguió violándome sin piedad y me decía que siguiera fingiendo placer. Yo obedecía aguantando el dolor porque no me quedaba opción.

Después de un buen rato, El Tanque por fin sacó su verga y lanzó un fuerte grito mientras sus chisguetes de semen caían sobre mis piernas, mis nalgas, mi espalda y hasta mi cabello.

-          ¡AAAAAAHHHHH, ESO ES TODO PUTAAAAA!, dijo.

Luego me volteó para dejarme boca arriba, entonces se recorrió hasta quedar sobre mi pecho y puso su verga chorreante en mi boca.

-          ¡Límpiala!, me ordenó.

Asqueada, pero sin poder hacer nada, saqué la lengua para limpiar el sucio miembro de mi violador. Lo lamí hasta que él quiso. Después se quitó de encima de mí sin decir palabra; fue a cada una de las cámaras, las apagó y comenzó a recogerlas.

Entonces vino mi castigo por lo que dije mientras los dos infelices me violaban. Vi a Roque: tenía en una mano un cinturón y en la otra un palo. Me horroricé solo de pensar lo que venía.

-          ¿Qué vas a hacer con eso?, pregunté aterrorizada mientras me empujaba con los pies sobre la cama, tratando de poner distancia entre él y yo.

-          ¿A quién llamaste mentiroso perra?, fue su contestación mientras se acercaba blandiendo ambos instrumentos.

-          No… yo… perdón… es que…, balbuceé sin sentido.

¡Fuaz! El cinturón rompió el aire y pegó en mis tetas.

-          ¡AAAAAAUUUUUUUU!, lloré.

-          ¡A MI NADIE ME LLAMA MENTIROSO Y MENOS UNA PERRA PUTA COMO TÚ!, gritó Roque mientras otro cinturonazo me golpeaba, esta vez en el vientre.

-          ¡AAAAAYYYY, NOOOOO, PERDÓNNNN!, grité desesperada.

-          ¡ME VAS A PEDIR PERDÓN DE RODILLAS PERRA Y VAS A CONFESAR!, me gritó al tiempo que soltaba un tercer cinturonazo, esta vez en los muslos.

-          ¡AAAAUUUUUUCH!, ¡SI, HARÉ LO QUE QUIERAS!, grité esperando que el castigo parara.

El Tanque, que hasta ese momento se había mantenido callado viendo la escena solo dijo:

-          No le vayas a madrear la cara, acuérdate que tenemos que grabar.

-          No te preocupes, le voy a dar donde no se vea, dijo el desgraciado de Roque.

El Tanque siguió en lo suyo mientras Roque se encaramaba a la cama. Colocó el cinturón alrededor de mi cuello, luego me tomó del cabello jalándome hacia atrás y me mostró el palo mientras decía:

-          Vas a confesar frente a la cámara todas las cochinadas que haces con Adrián y Daniel y con todos los que te has acostado o te meto esto en el culo ¿entiendes perra?

-          ¡Pero es que…!, alcancé a decir antes de que el infeliz me empezara a apretar el cinturón.

-          ¡Vas a confesar puta!, me dijo.

-          ¡GGGGHHHH, SI, SI, GGGGHHHH!, dije.

Soltó el palo y me jaló del cinturón y del cabello, tirándome de la cama para luego arrastrarme por el piso hacia donde El Tanque había dejado una cámara en un tripié. Sentí que me ahogaba en el proceso. Roque me soltó, me hizo hincarme frente a la cámara,  me quitó el cinturón del cuello y me dijo:

-          Muy bien perra, habla.

-          ¿Qué quieres que diga?, pregunté apenas jalando aire.

¡Zas!, la hebilla del cinturón pegó en mi espalda con fuerza.

-          ¡Te he dicho que te dirijas a mí como AMO!, dijo Roque mientras caminaba detrás de mí sin que yo viera que hacía

-          ¡Aaaayyyy!, ¡Está bien Amo! ¿Qué quiere que diga?

-          Quiero que cuentes cuántas veces lo has hecho con Adrián, cuantas con Daniel y cuantas con los dos juntos.

-          ¡Pero es que yo solo lo he hecho con Adrián!, alegué.

¡Pac!, fue el sonido seco del palo al pegar en mis nalgas.

-          ¡No mientas puta! ¡Daniel me contó todo!

-          ¡Es mentira!, me defendí, aun a sabiendas de que llegaría otro golpe.

Y así fue, aprovechando que yo tenía las manos sobre los muslos, el palo me pegó en las tetas, lo cual me hizo arrastrarme de dolor.

-          ¡AAAAAAAYYYYYYY! ¡AAAAAAUUUUCCCHHHH!, lloré.

 Roque me volvió a tomar del cabello y me hizo volver a hincarme frente a la cámara.

-          ¡Habla perra!

Supe que tendría que hacer lo que él dijera e inventar una historia con Daniel aunque fuera mentira, pues de otra manera no dejaría de castigarme.

-          Lo he hecho unas veinte veces con Adrián…

-          ¿Qué haces con él, te ha cogido por el culo, se la has mamado, o solo por la panocha?

-          Pues… -dudé avergonzada al tener que confesar las intimidades con mi novio- se la he chupado y lo hemos hecho solo vaginalmente.

-          ¿No te cogió por el culo?, preguntó Roque con cara de asombro.

-          No, nunca lo dejé…

-          ¡JAJAJA!, mentirosa, ¿Y con Daniel?

-          ¿Con Daniel qué?, pregunté

-          ¿Cuántas veces lo has hecho y de qué forma?

-          Pues, solo dos…, inventé.

El duro golpe del palo me dio con todo en la espalda.

-          ¡AAAAAAAAIIUUUCH!, ¿Por qué?

-          ¡No me quieras ver la cara de pendejo! ¡Yo sé cuántas veces lo has hecho con Daniel, él me lo contó y cómo lo hacían!

-          Pero…

-          ¡Nada de peros! ¡Di la verdad o te muelo a palos!

-          Oye -interrumpió El Tanque- yo ya tengo hambre ¿a qué hora vamos a desayunar?

-          ¡Aguanta!, dijo Roque, nomás que termine de confesar la puta.

-          ¡Pues que le apure o me largo yo solo a desayunar!, dijo EL Tanque.

-          ¡Mejor lánzate y me traes algo!, dijo Roque

-          ¿Y para mí?, pregunté.

Vi la sonrisa malévola en la cara de Roque.

-          Tu vas a tragar cuando acabes de contar todo y si no me gusta o no estoy de acuerdo con lo que cuentes, no tragas.

-          Está bien amo, dije suspirando y tragando saliva.

-          Sigue pues, ordenó Roque.

-          Yo me voy, dijo El Tanque.

-          Si, si, ya, dijo Roque moviendo la mano en actitud despectiva.

Parecía increíble, pero me daba más miedo quedarme sola con Roque que cuando estaban los dos. Me parecía más cruel que El Tanque, que ya me había rescatado cuando menos una vez de él.

El Tanque se fue, escuché como encendía la camioneta y se iba, dejándome sola con el sádico Roque.

-          Muy bien perrita, sigue hablando, me dijo él.

-          Yo… lo he hecho cinco veces con Daniel…

-          ¡Mentirosa!, dijo Roque y soltó un golpe con el palo de nuevo en mis nalgas.

-          ¡AAAAAYYYY! ¿Pues qué te dijo él?, me atreví a preguntar.

-          ¡Él me dijo que fueron muchos más y me dio detalles!

-          Está bien, fueron diez.

¡Plas!, un golpe más, esta vez en la espalda.

-          ¡AAAAAUUUUCH! ¿Qué quieres que diga?

-          La cifra que me dio él.

-          Ok, quince veces…

Roque levantó el palo y yo cerré los ojos esperando un nuevo castigo, pero no llegó, el comentó:

-          Bueno, él dijo que cerca de dieciocho, pero que no recordaba bien y a veces es muy exagerado, dijo.

Abrí los ojos y Roque se sentó en una silla junto a la cámara.

-          Cuenta como lo hiciste con Daniel cuando estaban solos y cómo cuando estaban con Adrián.

De nuevo tragué saliva, miré hacia la cámara e inventé una confesión.

-          Con Daniel lo hice vía vaginal y oral, a él le gusta hacerlo rudo.

-          ¿Te cogió por el culo?

-          No.

-          Jajaja ¡Eres una mentirosa!, debería pegarte por eso, pero te voy a dar chance. Yo sé que tanto a Adrián como a Daniel les diste el chiquito.

-          ¡Pero…! No acabé la frase, no tenía sentido y seguramente él me pegaría.

-          Bueno, ahora cuéntame cuantas veces y como lo hiciste con los dos.

De nuevo pasé saliva y empecé a hablar rogando que lo que yo le dijera a Roque coincidiera con lo que Daniel le había inventado.

-          Pues… las primeras veces que lo hice con Daniel, Adrián no sabía, lo engañamos varias veces; después, un día le dije a Daniel que no podíamos seguir así y que no lo iba a hacer más con él; entonces él me dijo que no lo hiciera o le diría a Adrián. Entonces yo le dije que él no le creería y que se enojaría más con él que conmigo por la traición de amigos.

-          Muy bien, sigue, sigue, dijo Roque sacándose la verga del pantalón.

-          Entonces Daniel me dijo que le propondría a Adrián que hiciéramos el trío, pero que yo no lo abandonara. Yo pensé que si Adrián se enojaba, sería con él y que seguramente no aceptaría y por eso le dije que si le dijera.

-          Muy bien perrita, sigue; dijo Roque mientras empezaba a acariciarse el pene flácido.

-          Un día que salí con Adrián me dijo que necesitábamos hablar de algo importante; yo intuí que Daniel ya había hablado con él y supuse que Adrián me diría que ya no eran amigos y que no quería volver a verlo. Pero para mi sorpresa Adrián me dijo que Daniel le había propuesto que hiciéramos el trío y ¡que él había aceptado! Yo me hice la enojada, pero la verdad es que deseaba hacerlo y después de hacerlo sufrir un buen rato en el cual él me estuvo explicando que me lo pedía porque Daniel es su mejor amigo y que confiaba plenamente en él y en mí también.

-          ¡Ja! ¡Eres toda una puta!, dijo Roque ya masturbándose.

La verdad es que no sé por qué causa, pero yo empezaba a excitarme con mi propia mentira, me imaginaba que la historia hubiera ocurrido en verdad y que Adrián y Daniel me poseerían juntos.

-          Quedamos en ir los tres a un hotel y ahí fue que ocurrió todo.

-          ¡Detalles perra, quiero detalles!, dijo mi captor.

-          Si amo - contesté sin pensarlo y continué – Llegamos al hotel y yo me metí al baño para desvestirme, la verdad es que estaba muy nerviosa y hasta pensé que podría ser una trampa de los dos y que Daniel ya le había contado todo a Adrián y me harían algo malo ahí estando yo sola con ellos, pues nadie sabía en donde estábamos.

-          ¡Si yo hubiera estado ahí te hubiera violado, luego colgado y luego descuartizado por puta, perra!, dijo Roque con una mirada que me causó mucho miedo.

Tragué saliva y continué con mi relato muy asustada:

-          Salí del baño en lencería y vi que ellos ya estaban totalmente desnudos. Daniel estaba de pie y Adrián sentado en la cama, ambos esperándome. Cuando me vieron salir del baño los dos sonrieron, pero Daniel, haciendo como si nunca me hubiera visto desnuda, dijo: “¡Vaya, eres más hermosa de lo que pensaba!”. Adrián se le quedó viendo pero no dijo nada. Simplemente tocó la cama con la mano y me dijo: “Ven”. Yo me acerqué caminando sensualmente y me senté junto a mi novio y nos besamos en la boca. Daniel se sentó junto a mí y comenzó a besarme los hombros. Él me desabrochó el sostén y dejó libres mis tetas, que Adrián empezó a acariciar y lamer. Yo me excité y entonces hice que Adrián se acostara en la cama boca arriba y me coloqué en cuatro. Metí el miembro de mi novio en mi boca y empecé a mamarlo. Daniel se colocó detrás de mí y me quitó la pantaleta y las medias para luego empezar a lamerme la vagina y el clítoris, lo cual hizo que me mojara.

-          ¡Yo te hubiera cogido así sin que te mojaras perra, para que te doliera!, dijo el maldito Roque.

-          Después de un rato de estarme lamiendo, Daniel se colocó de rodillas detrás de mí para penetrarme vaginalmente. Comenzó a metérmela lentamente y yo gemí de placer: “¡Ah!” mientras seguía lamiendo y mamando la verga de Adrián.

-          ¿Y luego?, ¡sigue perra!

-          Estuvimos así un rato hasta que Adrián me detuvo y me dijo al oído: “quiero metértela”, entonces me acomodé para sentarme sobre su miembro y que él me penetrara vaginalmente. Poco a poco me fui clavando en su pene hasta llegar al fondo y comencé a moverme.

-          ¿Y Daniel?, ¿Qué hizo?

-          Eh… Daniel… Yo… -me di cuenta de que estando en la posición que había descrito no sería lógico que Daniel se hubiera quedando viendo solamente y que lo normal sería que intentara penetrarme por el ano, así que tuve que seguir inventando- Daniel me empujó de la espalda para que yo quedara empinada encima de Adrián y entonces él se colocó detrás de mí; escupió en mi ano y empezó a penetrarme por ahí…

-          ¿YA VES PUTA? ¡ERES UNA PINCHE MENTIROSA! -dijo Roque y pensé que me iba a pegar, pero él estaba tan excitado que prefirió seguir escuchando- ¡Sigue perra!

-          Ellos me penetraron al mismo tiempo y los tres nos movimos acompasadamente para que sus miembros entraran y salieran de mí al mismo tiempo; estábamos sudando y gozando como locos. Después de unos minutos, Daniel se vino, sacó su miembro y soltó su semen en mis nalgas y mi espalda.

Yo contaba la mentira con tal convicción que Roque se la estaba creyendo toda y yo misma me estaba excitan de imaginar que mi novio y su amigo realmente me lo hubieran hecho de esa forma. Pienso que inconscientemente yo lo deseaba.

-          ¡Sigue puta, sigue!, gritó Roque que estaba ya muy excitado y no dejaba de masturbarse.

-          Pues… Adrián y yo continuamos haciéndolo, yo encima de él, y después de un buen rato él me empujó y se vino, llenando de semen mi vientre y mis tetas.

-          ¿Y luego?, preguntó Roque.

-          Pues, luego nos bañamos, nos vestimos y nos fuimos, finalicé.

-          ¡No te hagas pendeja perra! ¿A poco tú no te Viniste?

-          Eh, pues… ¿yo?... este….

No sabía que contestar, pero no fue necesario,  porque mientras yo pensaba mi respuesta,  Roque se abalanzó sobre de mí, me puso en cuatro y sin advertencia alguna me penetró con fuerza desmedida por la vagina. El ataque fue tan sorpresivo que me tomó desprevenida, pero para mi propia sorpresa, a diferencia de las veces anteriores, no sentí dolor al ser cogida de esa forma. Mi vagina estaba mojada gracias a que mi propia mentira me había excitado. Roque lo notó, pues esta vez no lloré ni me quejé ni grité como las anteriores y entonces él se burló de mí:

-          ¡Anda que eres puta!¡ Recuerdas tu cogida y te vuelves a excitar perra!

-          ¡Ah…! ¡No yo…!, alcancé a decir entre suspiros.

-          ¡Cállate perra y goza como te coge tu amo!, dijo él y me cogió violentamente.

No pude evitarlo, la cogida de Roque me gustó mucho y comencé a gemir de placer:

-          ¡Aaaaahhhh si, si, si, Aaaaahhhh!

-          ¿Quién soy puta?, me preguntó y yo entendí lo que él quería escuchar.

-          ¡Eres mi amo!, grité entre suspiros de placer.

-          ¡Eso es perra! ¡Soy tu amo y señor!, me gritó dándome una nalgada.

-          ¡Si, si amo, aaaaaaaahhhhhh!, grité de placer al sentir el fantástico orgasmo que me llegaba.

Mis pechos se bamboleaban y mis nalgas sonaban al chocar contra el vientre de Roque. Él me tenía agarrada de la cadera y entraba y salía con fuerza de mi panocha, metiendo su verga hasta el fondo y bufando de placer durante varios minutos hasta que, soltando un fuerte grito se vino, otra vez sin salirse,.

-          ¡AAAAAAAAHHHHHH!¡ESO ES PUTAAAAAAAAA!¡ESO ESSSSSSS!

-          ¡Salte, no te vengas adentro!, volví a pedirle.

-          ¡Cállate, déjame venirme a gusto perra! -me dijo mientras me daba una fuerte nalgada- ¡Soy tu amo y me vengo donde se me de la chingada gana! -remató.

Sentí como los chorros de semen entraban en mí mientras sus manos apretaban mi cadera sin compasión.

Cuando terminó de vaciarse dentro de mí, me soltó y ambos caímos desmadejados al suelo; sudorosos y agotados. En eso escuchamos que se abrió la puerta de la entrada y oímos la voz de El Tanque hablando con otras personas. Eran voces masculinas. Pensé en salir corriendo a pedir ayuda, imaginé que eran policías que venían a investigar; tal vez algún vecino los había alertado de lo que sucedía en la casa, o tal vez el chico de la pizza.

Pero tardé mucho en reaccionar. En un santiamén Roque estaba encima de mí, conmigo en el suelo boca abajo. Me sostuvo las manos atrás y me tapó la boca.

-          Ni un solo ruido o te muelo a palos, me dijo al oído.

-          ¡Mmmmggg!, grité antes de escuchar su advertencia, pero ya con la boca tapada.

 

Durante algunos segundos escuchamos las voces, pero sin entender que decían; de repente se callaron y se escucharon pasos de alguien acercándose. La puerta se abrió y entró El Tanque. Se nos quedó viendo con cara burlona y dijo:

-          Con que siguen gozándola ¿eh?

-          ¿Qué pasa?, preguntó Roque sin contestarle. Yo no pude decir nada por la forma en que me tenía sometida él.

-          Te tengo una sorpresa, dijo El Tanque mirándome.

-          ¿Qué traes cabrón?

-          Trae a la puta, vas a ver lo que le traje.

-          ¡Nada más la cagas y verás cabrón!, dijo Roque enojado.

-          ¡Oh que la chingada! ¡Hasta lo vas a gozar, bien que te gusta humillar a esta puta cabrón!, respondió El Tanque.

-          Bueno, vamos. A ver ¡párate perra!, me ordenó Roque después de quitarse de encima de mí.

-          ¿Qué me van a hacer? ¡no!, dije tratando de alejarme sin lograrlo, pues Roque me sostuvo de los hombros.

-          ¡Quieta perra! - dijo Roque sin dejarme mover – Recuerda que debes obedecer.

-          Pero es que… alcancé a decir antes de que El Tanque me diera una fuerte bofetada.

-          ¡CÁLLATE PUTA! -me gritó- ¡recuerda que somos tus amos y vas a hacer lo que te ordenemos!

Me toqué la mejilla adolorida con la mano y lloré por el dolor. El Tanque le dijo algo al oído a Roque y este asintió con la cabeza y me veía mientras sonreía malévolamente. Yo estaba muy nerviosa, no sabía que se proponían esta vez. Dejaron de secretearse y entonces El Tanque se colocó delante de mí y Roque detrás y me empujó para que caminara.

El Tanque salió primero de la habitación, sostuvo la puerta abierta para que pasáramos Roque y yo. Y entonces me llevé una sorpresa mayúscula: Sentados a la mesa estaban dos tipos: uno era alto, viejo, gordo, pelón y feo y el otro era joven, chaparro, moreno, flaco y feo también. Ambos vestían jeans viejos y playeras estampadas.

Yo moría de hambre y de sed, pero al parecer a nadie le importaba eso, me imaginé lo que pretendía El Tanque al llevar a esos tipos y traté de alejarme, pero Roque no me dejó ir; me sostuvo de la espalda y me dijo:

-          ¡Quieta perra!

Me dio mucha pena y me sentí humillada al ser exhibida desnuda frente a esos tipos. Me cubrí los pechos y la entrepierna con las manos. Los dos desconocidos me veían morbosamente, con los ojos muy abiertos, sonrientes y casi babeando. El gordo preguntó:

-          ¿Esta es?

-          Si, ¿cómo ves?, contestó El Tanque.

-          ¡No mames, está bien sabrosa cabrón!, dijo de nuevo el gordo horrible.

-          ¡Te lo dije!

-          ¡Qué se descubra y se de una vuelta!, dijo el joven.

-          Ándale perra, ya oíste, me dijo Roque

-          ¡No!, respondí indignada.

-          ¿Ah no? -dijo Roque mientras me apretaba una nalga desde atrás y se acercaba a mi oído para susurrar- Si no obedeces te vamos a madrear y de todos modos te van a violar estos güeyes y le vamos a informar a tu papito que tu planeaste todo y te vamos a ir a botar al frente de tu casa desnuda pero sin ojos, ¿entiendes perra?

Me asusté de verdad; la amenaza de Roque rebasaba todo lo que me había dicho hasta entonces, dudé de que pudiera cumplir lo que me decía, pero no quise averiguarlo y resignada tuve que obedecer. Quité mis manos descubriendo mi cuerpo desnudo para que pudieran verlo a placer los malditos morbosos, cerré los ojos y di una vuelta sobre mi propio eje. Los dos tipejos silbaron, aplaudieron y gritaron al ver mi hermoso y curvilíneo cuerpo desnudo girando para ellos. Terminé de dar la vuelta y entonces ellos se levantaron.

-          ¡Órale, pues a darle!, dijo el tipo joven mientras se desabrochaba el jeans.

-          ¡Si, a darle!, dijo el gordo, haciendo lo mismo.

-          ¡Un momento!, ¡Primero los negocios!, dijo Roque

-          ¿De a cómo va a ser?, preguntó el gordo.

-          Mil varos por cada uno, respondió Roque.

-          ¡Nel, está muy caro!, dijo el tipo panzón.

-          ¡Pero ve que puta te vas a echar cabrón! ¿Cuándo te has cogido una así?, replicó Roque y me hizo dar otra vuelta. Yo lo hice con la cabeza agachada por la vergüenza.

-          ¡No, pues la neta nunca, esta sí se ve fina!, dijo el maldito seboso.

-          ¡Ahí está!, ¿entonces?

-          Pero aun así es mucho, te doy mil por los dos.

-          No, no hay trato, dijo Roque tomándome de un brazo como si me fuera a llevar de regreso a la recámara.

Yo suspiré aliviada pues ingenuamente creí que hasta ahí llegaría la negociación, pero lógicamente solo eran tretas de mercadotecnia.

-          ¡Mil doscientos!, dijo el gordo.

-          ¡No!, a lo menos mil seiscientos, dijo Roque, deteniendo nuestra marcha.

-          ¡Oigan!, intenté reclamar al ver que estaban regateando un precio por violarme, pero nadie me hizo caso, ellos siguieron negociando.

-          ¡Bueno, mil cuatrocientos!, dijo el chavo.

-          ¡Mil quinientos y una semana de tacos gratis en la noche!, terció El Tanque.

-          ¡Órale va!, dijo el gordo y se frotó las manos.

-          ¡Pues éntrale!, dijo Roque empujándome hacia ellos.

Yo no podría creer como los desgraciados se habían puesto de acuerdo en el precio para que los tipejos me violaran, como si yo fuera cualquier mercancía; iba a protestar cuando el maldito seboso se acercó a mí sonriendo maliciosamente. Yo intenté alejarme para que no me tocara, pero El Tanque se interpuso en mi camino y viéndome amenazante dijo:

-          ¿A dónde vas puta? No me hagas obligarte a regresar.

Me quedé quieta donde estaba. Sabía lo que venía a continuación: los dos tipos me iban a coger quisiera yo o no y tendría que satisfacerlos para que pagaran lo acordado o Roque y El Tanque me destrozarían y además todos sabrían la verdad de mi plan. El viejo gordo se paró enfrente de mí y comenzó a manosearme. Cerré los ojos y me puse tensa.

-          Tranquila perrita, lo vas a disfrutar, dijo el desgraciado mientras sus gordas manos empezaban a acariciar mis senos.

Tragué saliva y me quedé quieta, dejando que me hiciera lo que quisiera.

Roque, El Tanque y el muchacho se sentaron a ver lo que me iba a hacer el desgraciado gordo. Roque encendió la cámara de video mientras el infeliz gordo se había colocado frente a mí y me tocó un buen rato las tetas para luego ir bajando con sus manos por todo mi cuerpo hasta llegar a mi entrepierna. Ahí empezó a acariciarme el chocho con un dedo. En otras circunstancias me hubiera excitado, pero los nervios y el miedo a ser violada de nuevo me lo impidió, solo quería huir de ahí. El dedo del infeliz gordo me acariciaba y yo pasé saliva deseando que dejara de hacerlo; pero ellos confundieron mis gestos con muestras de placer.

-          ¡Mira la putilla, bien que le gusta!, expresó Roque burlonamente

-          ¡Y con nosotros se hace la inocente, la pinche zorra!, dijo El Tanque

-          Es que ustedes no saben tratar a las mujeres, dijo el gordo que metía ya otro dedo, pero ahora por mi ano.

-          ¡NO!, dije instintivamente, empujando el brazo del tipejo y abriendo los ojos, pero de inmediato lo solté, recordé que no podía negarme.

-          Bueno, si no quieres que te toque, entonces satisfáceme, dijo el infeliz gordo.

Y entonces dejó de acariciarme y me empujó de los hombros hacia abajo, haciendo que me hincara. Supe lo que quería, así que cuando quedé hincada abrí la boca sin remedio para que él introdujera su gorda y grasienta verga en ella. Él me tomó de la nuca y empezó a meter y sacar su miembro de mi boca, obligándome a mamársela.

-          ¡AAAAAHHHH QUE RICO LA MAMAS!, dijo el tipo.

-          ¡Es experta mamadora!, dijo Roque burlándose.

-          ¡Se nota!, respondió el gordo.

Yo había colocado mis manos en mis muslos, pero el gordo me ordenó:

-          ¡Agárrame las nalgas putilla!

Lo hice y sentí su trasero peludo en mis manos. Yo ya estaba asqueada con la verga del tipo en mi boca y al sentir su aguado trasero me dio más asco.

El infeliz tomó con ambas manos partes de mi cabello, jalándome un poco hacia arriba y haciendo el movimiento para que yo se la chupara a la velocidad que él deseaba. Me hizo mamársela de varias maneras, a veces me movía rápido, a veces despacio; de repente me empujó la cabeza metiendo su verga hasta en fondo y me sostuvo así unos momentos, lo cual hizo que yo sintiera que me ahogaba, pues mi nariz había quedado tapada con su grasiento vientre y mi boca estaba ocupada por lo que no podía jalar aire; yo traté de empujarlo, pero él era más fuerte y no pude separarlo de mí, empecé a patalear, pero él no me soltaba. Cuando sentí que me iba a desmayar por la falta de aire, él me soltó y por fin pude tomar una buena bocanada de aire. Pero casi de inmediato me volvió a tomar y repitió la operación. Yo creí que me iba a matar y que los otros lo dejarían, pero no fue así, el desgraciado me volvió a soltar y apenas me dejó tomar un poco de aire y volvió a hacer lo mismo. Fueron cinco o seis veces que me hizo eso hasta que por fin, sosteniéndome del cabello, me alejó de su pene mientras un hilillo de líquido seminal iba de su miembro a mi boca. Entonces él caminó alrededor mío para colocarse detrás de mí; me tomó de las axilas y me hizo colocarme en cuatro. Me tomó de las caderas y sentí su miembro en la entrada de mi ano.

-          De seguro estos ojetes ya te cogieron por el culo ¿verdad?, me preguntó.

-          Mjm, dije y asentí con la cabeza; apenas y podía respirar y esperaba que él tuviera un poco de compasión.

-          Qué bueno, así ya estás entrenada, dijo y empezó a empujar, contrario a lo que yo esperaba.

-          ¡AUCH!, me quejé de dolor.

-          ¡Métesela toda! -gritó Roque- ¡le encanta!

Miré a Roque con odio, jalando aire con fuerza aún y él sonrió burlonamente mientras tomaba algún líquido de un vaso. Todavía levantó el vaso hacia mí, como si estuviera brindando conmigo el muy infeliz.

El gordo empujó con suavidad, penetrándome lentamente. Me dolió, pero no como la vez que me violaron El Tanque y Roque. De cualquier manera, no quería que el infeliz me cogiera, por lo que apreté el culo y me quejé:

-          ¡Ay!

-          ¡Sssshhhhhh!, cállate y disfrútalo mamacita, porque mi hijo no es tan amable como yo y con él si te va a doler de verdad, me dijo.

Vi al muchacho como nos miraba y sonreía burlonamente esperando su turno. Ya se había sacado el pene y se lo acariciaba despacio. Hizo la mueca de que lo empujaba hacia mí como diciendo: “esto te voy a meter”.

Roque sonreía malévolamente mientras que El Tanque ya se había levantado con una cámara y grababa de cerca lo que el infeliz gordo me hacía.

El desgraciado me empaló por completo y en un acto reflejo traté de empujarlo con una mano; entonces él me la sujetó y como intenté empujarlo con la otra, me la sujetó también; entonces se aprovechó para tener mejor impulso y comenzó a meter y sacar con fuerza su gorda verga de mi pobre ano.

Yo cerré los ojos, bajé la cabeza y me quejaba:

-          ¡Auch! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!, ¡Duele!, ¡Aaaayyyy!

De repente sentí que alguien me tomaba del cabello y me hizo levantar la cabeza. Abrí los ojos y vi el enorme falo del chico acercándose a mi boca. Él, aprovechando una de las veces que me quejé por el dolor de la penetración anal, lo metió en mi boca, hasta tocar mi garganta.

-          Ya deja de quejarte -me dijo- mejor mámamela.

Me tomó con ambas manos de la nuca, sujetándose de mi cabello con fuerza y con movimientos bruscos empujó su verga hasta el fondo de mi garganta, casi ahogándome.

-          ¡GGGGGGGBBBBBHHH!, fue mi quejido al sentir como los dos me violaban salvajemente sin que yo opusiera resistencia alguna.

-          ¡Aaaaahhhh, que rica puta!, dijo el chico.

-          ¡Neta que está de lujo!, dijo el gordo.

-          ¡Se los dije!, escuché que decía El Tanque.

Los dos desgraciados estuvieron cogiéndome con fuerza un buen rato; yo deseé sentir placer como me había pasado con Roque, pero no pude, realmente el dolor que me provocaban superaba cualquier deseo sexual que yo hubiera tenido.

Los dos desgraciados comenzaron a jugar con mi cuerpo, más bien con la forma de violarme, pues de repente dijo el chico:

-          Los dos hasta el fondo.

Y entonces ambos me metieron sus vergas hasta el fondo, uno de la boca y el otro del culo y así se quedaron unos segundos, lo cual, aparte de provocarme un tremendo dolor, hizo que de nuevo sintiera que me ahogaba. Traté de manotear, pero el gordo me sujetaba con fuerza las muñecas; tampoco pude patalear, pues mis rodillas en el suelo no me dejaban hacerlo.

Entonces oí que él dijo:

-          Ahora afuera.

Y entonces ambos sacaron sus miembros totalmente, lo cual me ayudó a descansar y respirar un poco.

-          ¡Hasta adentro!, dijo el gordo.

Y de nueva cuenta me metieron sus falos con fuerza hasta donde llegaban y de nuevo me hicieron sentir que me ahogaba y que me partían en dos.

-          ¡Rápido!, gritó el chico, y entonces los dos comenzaron un mete-saca veloz, violándome con fuerza desmedda.

-          ¡MMMGGGGLLLLLBBB!, me quejaba yo del dolor.

-          ¡Eso es puta!, gritó alguien.

-          ¡Alto, suéltala!, gritó el chico y ambos me sacaron sus vergas y me soltaron.

Yo caí al suelo desmadejada, pues no esperaba que me soltaran. Pero apenas me empezaba a recuperar cuando el chico dijo:

-          ¡Cambio!

Y entonces cambiaron de posición, de tal forma que el chico quedó detrás de mí y su gordo padre enfrente, así que el muchacho me tomó de las muñecas como su papá y me hizo levantarme de nuevo, quedando hincada y los dos al mismo tiempo metieron sus vergas con fuerza; el gordo en mi boca, casi hasta ahogarme y el chico clavó su miembro hasta el fondo de mi panocha.

-          ¡Qué juego tan divertido! -dijo Roque- Hay que practicarlo.

-          ¡Si, está chido!, dijo El Tanque.

Al escucharlos me angustié, supe lo que vendría para mí los próximos días si mi papá no les pagaba pronto a estos infelices.

-          ¡MMMMGGGGLLLLBBBB!, me quejé al sentir la doble y dolorosa violación.

-          ¡Alto!, dijo el muchacho y entonces los dos quedaron con sus vergas clavadas totalmente en mí hasta el fondo, de tal forma que la verga del chico la sentí hasta mi matriz y la del gordo hasta mi garganta.

Volvieron a hacer el juego cruel en el que se estuvieron quietos por un rato, haciendo que me ahogara, pus no podía respirar al tener la verga del gordo hasta el fondo y su abultado vientre tapando mi nariz. Casi me desmayaba cuando alguien gritó:

-          ¡Duro!

Y entonces ambos de nuevo comenzaron su mete-saca salvaje, violándome sin importarles mi dolor y divirtiéndose los cuatro con él.

Después de varios minutos, el gordo dijo de nuevo:

-          ¡Cambio!

Me soltaron y caí al suelo, pero antes de que yo reaccionara, ellos me voltearon sobre mi mismo eje, de tal forma que quedé viendo hacia el chico y con las nalgas apuntando al gordo. De nuevo, sin importarles nada, el muchacho me metió su verga en la boca y el gordo en el culo, el cual me ardía tremendamente.

-          ¡MMMMMGGGBBBBBBBFFFFF!, fue mi quejido y mi súplica de dolor.

-          ¡Mira la puta como lo goza!, dijo el muchacho.

-          ¡Si, le encanta que se la cojan duro!, dijo el infeliz Roque.

Fueron minutos de angustia y dolor, ya no aguantaba los embates del gordo, que masacraba mi ano con furia y el chico no dejaba de sostenerme la cabeza a ratos contra su vientre para que no pudiera respirar.

De nuevo pensé en mis padres y en cómo me metí yo sola en este estúpido problema. Pensé en Adrián, ¿acaso él sabría todo lo que me estaban haciendo?, ¿estaba de acuerdo con el infeliz de Roque para dejarme sola y que pudieran hacerme lo que quisieran? ¿O acaso fue Daniel el que planeó todo? En fin, yo tenía un gran problema encima y dos tipos también, violándome sin descanso.

De repente el infeliz gordo se detuvo con su verga clavada totalmente en mí, me soltó las manos y apretándome las caderas gritó:

-          ¡AAAAAAAAAAHHHHHH YAAAAAAAA, ME VENGOOOOOO!

-          ¡MMMMMGGGBBBBB!, me quejé en vano. Él soltó grandes chorros de semen dentro de mi ano.

El viejo gordo sacó su chorreante miembro de mi ano, embarrándome las nalgas y los muslos; me dio una nalgada y se retiró. entonces el chico sacó su miembro de mi boca, se levantó y se colocó detrás de mí, apuntó con una mano su verga hacia mi panocha y sin ninguna advertencia y sin darme tiempo a nada más que a voltear a ver, me lo metió de un fuerte empujón.

-          ¡NOOOOOO, AAAAAAAAIIIIIIGGGGHHHH!, grité al ser cogida tan brutalmente en seco.

-          ¡Así me gusta, que griten!, me dijo, jalándome del cabello desde atrás.

-          ¡AAAAUUUUCCCCHHHH!, volví a quejarme.

-          ¿Por qué eres tan llorona?, ¡Si bien que te gusta puta!, dijo el muchacho y me dio una fuerte nalgada.

-          ¡Auuuu!, ¡No es cierto!, reclamé.

Fue entonces cuando sentí la fuerte bofetada que El Tanque me soltó mientras me gritaba:

-          ¡Cállate puta! ¡Coge en silencio o di que te gusta!

-          Si amo… contesté sumisa y adolorida.

-          Déjala que grite, eso me excita más, dijo el chico sin dejar de cogerme.

-          Bueno, si eso quieres… dijo El Tanque y se alejó para seguir grabando.

-          Es más -dijo el muchacho mientras me sacaba la verga- si me dan chance me la llevo allá adentro para hacerla gritar más.

-          ¡NO!, dije yo espantada.

Roque y El Tanque se voltearon a ver y el primero habló:

-          No, tenemos que conservarla sin marcas visibles.

-          No hay pedo, yo sé hacerlo sin dejar huella, dijo el tipo.

-          Pero te costaría otros mil varos, dijo El Tanque.

-          ¡Va!, dijo el chico y sin dar tiempo a nada, me tomó del cabello y antes de que yo pudiera reaccionar me llevó arrastrando hasta la sucia habitación en que me tenían secuestrada.

-          ¡NO, SUÉLTAME!, grité tratando de resistirme, sin poder levantarme.

-          ¡CÁLLATE PUTA, AHORA ERES MÍA Y TE VOY A HACER COSAS QUE NI TE IMAGINAS!

Continuará…


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