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Fecha: 14-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Grandes Relatos

Aventuras de un Benedictino (II)

GSilos
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La aventura de una Benedictino que sale de su monasterio a los mundos del demonio y la carne Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

EL VIAJE II

 Salí del monasterio tras maitines , sin despedida alguna, con el mensaje del Padre Abad , un par de alforjas que cargaba Celedonio y un  zurrón que  llevaba al hombro, camine por caminos y trochas durante unas cuantas horas  sin hacer descanso, pues por aquellos parajes las revueltas eran continúas y quería poner tierra por medio.

 Tras recorrer unas buenas leguas, sentí necesidad de realizar mis necesidades y me  fui tras unos arbustos, donde colgué mi zurrón con los mensajes albaciales  y   algunos presentes del hermano Isidro, apenas  terminé , aparecieron varios labriegos  que me invitaron a sentarme aunque con aviesas intenciones, apenas me acerqué a Celedonio y saque alguna viandas  se abalanzaron sobre mí , me arrebataron mis viandas y deshicieron las alforjas en busca de la bolsa pecuniaria, al encontrar apenas unos marevedíes, comenzaron por darme golpes con palos y manos, me extendieron cuan grande era en la tierra , y sujetándome  de pies y manos alzaron mi hábito y clavaron en mi culo su ardientes dardos: finos y largos, gruesos, venosos; allí se satisficieron conmigo a su  gusto y capricho, no puedo decir que algunas de aquellas vergas no me dejaran buen recuerdo o me hicieran llegar a donde nunca creí que podría llegar por dicho sitio.. en todo ello como torbellino pensé,  hasta que  caí  en un denso pozo negro.

 Volví de la espesa nebulosa entre delirios y fiebres, estaba en  un caliente jergón de alguna casa, pues lo cálido del lugar , los olores de comida hacían presagiar que estaba en cristianas manos. Me  hallaba echado de bruces , me palpé como pude  y me encontré vendas y cataplasmas  por muchos lugares de mi cuerpo

 Recóbrelo de nuevo  cuando sentí una tibia mano sobre mi cabeza e intenté ver de quien se trataba .., “ descanse padre pues lleva usted casi 6 días delirando y lleno de fiebres y malos humores, descanse pues le han traído a casa cristiana, está  malherido con feas y renegridas  pústulas en su hermosa espalda y parte nefanda,  déjeme llevar por el mareo que me cercaba . 

 Y así debí seguir unos días más,  hasta que una mañana cuando sentí los pasos de la señora y su criada me hice el inconsciente, se sentó a mi lado y creyéndome aún perdido en mis recuerdos y sentí como una mano se adentraba por ente mis piernas y me cogía  el vergajo, tan suave contacto hizo que mis partes comenzaran a  revivir, lo que le arrancó a aquella bella dama de cortos cabellos y tez blanca a besarme a lo largo de mi espalda y me darme un cariñoso  ósculo  que me dejó tiritando de placer.,.

 Por la tarde  apareció la bella mujer con su marido un notario de los nobles de la zona , que pronto me relató como llegué hasta sus tierras, como me cuidaron  donde estaban mis pertenenciasQuerido padre sabemos parte de sus malas experiencias, y aquí le trajeron mis aparceros, que le encontraron a usted en el bosque panza abajo con un príapo de madera negra metido en sus pudendas partes, y permítame la expresión, metido hasta los mismísimos cojones y con un aspecto en sus partes traseras, que cualquiera diría que pasase por allí un batallón.. -

 Estimado anfitrión un batallón no sé si fue pero unos cuantos mozetones y con no muy buenas maneras si que me asieron y ultrajaron ..-

 “Tranquilícese usted padre, pues  deseamos que se quede con nosotros en estas tierras por un tiempo y cuide de la abundante feligresía, mientras repone fuerzas para su misión que ha de ser importante a juzgar por los sellos de sus misivas..”, hizo un gesto hacia el zurrón que colgaba tras una puerta y me tranquilizó.

 Y para su información ,está usted en el extremo de mi pequeña hacienda, en una apartada casa que antes habitó un viejo párroco que cuidaba de estas aldeas, quédese usted cuanto sea necesario y cuide de la salud espiritual de este rebaño, mi mujer Beldane aquí presente y alguna de nuestras siervas vendrán ha ayudarle y traerle las viandas y bebedizos que el galeno ha recomendado . Y ahora cuénteme quien es, de donde viene y cuales son sus planes.

 Le conté quien era , de que monasterio provenía y a dónde me dirigía y poco más pude decirle a aquél afable anfitrión, que tanto se interesó por mi salud y mi historia.

 A los pocos días recobré la postura habitual de una persona, y comencé a moverme por la pequeña morada con  mi viejo hábito recosido y recompuesto y esperé la llegada de la señora del lugar, que una vez  supo que estaba en pie se aprestó  venir hasta aquellos aposentos.

 Vernos de nuevo surgió entre nosotros un hechizo que yo aproveché para con la excusa de mi debilidad pedirle a Beldane que me ayudara a llegar hasta el camastro, en sus cercanías fingí desmayarme y  llevar en mi caída a aquella reprimida mujer que poco a poco se iba abriendo a mis caricias y arrumacos.

 Padre, esto no es propio de un hombre de iglesia y de una mujer que se debe a su marido, por dios no quiero condenarme, déjeme seguir mi vida.

“Acaso no quiere de nuevo palpar mi herramienta para ver si crece de igual manera y si está como debiera..; dicho esto la mujer se lleno de colores y dejó que su pasión se abriera camino entre tanta deseo reprimido, aproveché la bajada de su guardia para tocar sus pendulares tetas, ella bajó  su mano hasta mis ingles y apenas cató el estado de mi polla cuando subió sus ropas para que me alojara cuanto antes en aquella roja fresa entre rubitos pelos. “ hágame suya padre que mi marido ni tiene ni ganas ni tamaño y hace ya semanas que no cato hombre.

 Actué tal y como se me pedía y allí hundí la alcachofa que aquel estrecho coño que me absorbía  y oprimía de tal forma   que apenas si pude sacarla antes de que escupiera un chorro de semen que se derramó dentro y por los ralos pelillos  púbicos de la mujer, ahora al menos ya olía y sabía a algo pues era tal su limpieza que cuando me bajé a su pilón éste no olía sino a  suave agua de rosas.

 Me bajé  a su pilón y me relamí en aquella pringue de humores femeninos  mezclados con los míos,   rebocé cara y manos que subí hasta su boca , el  fuerte olor  le despertó una tremenda pasión por libar aquellas exquisiteces que no hizo falta lavar mis manos.

 Repetimos aquellos encuentros, mientras yo me hacía cargo de la repartida cristiandad que poblaban los territorios del Conde de Peñafranca. Con el paso de los días me di cuenta que aquella mujer nunca con su marido había salido de la posición del misionero , por lo cual me entretuve en adiestrarla y abrirla a nuevos caminos amatorios.

 Sus tetas insensibles pronto se abrían  y se ponían tersas a poco que uno las tocase y ya no digamos  si  dejaba caer desmayadamente la mano por la entrepierna y rozaba como sin querer aquel pequeño péndulo del amor, que tan locas las vuelve.

 Hacía ya unas semanas que estaba en aquellos territorios cuando recibí el recado del Notario, para que dijese misa y oyese en confesión a la cristiandad de aquellas tierras, tras oír en confesión a unas cuantas mujerucas y labriegos, cuya intención parecía sacarme de mis casillas , procedí en la sacristía a vestirme para la misa, cuando llegó   Beldane  para ayudarme  en la labores, mientas los parroquianos aguardaban ya mi salida, entre las confesiones y los tocamientos de la zagala, no pude reprimir mis bajos instintos y  doblé a Beldane sobre la mesa de las casullas y como por equivocación se la introduje entre aquellos grandes y blanquecinos globos, su pelea  por no querer todo aquel aparato en su ser y a contranatura y ser oída, no fue nada cuando el ariete derrumbó la estrecha puerta y  lo sintió dentro , ahora  su  pelea era  por querer sentir las emboladas que le propinaba , hasta el  fondo.

 Sus ahogados gritos y sofoco se trocaban en clavar las uñas y morder mis manos, , no tenía fín, su orgasmo era infinito pues su imaginación volaba y la hacía más vulnerable a embestidas y transportes, que recibía abierta hasta más no poder, mientras sus vecinos y siervos esperaban pacientemente nuestra salida para el comienzo de la dominical oración.

 Antes de acabar tan intenso trabajo me pareció ver por uno de los ventanucos de la sacristía un fugaz figura conocida, pero no sabría decir si fue tan bien fruto de aquella excitante situación o una realidad que se iba cerniendo sobre mi..

 Había quien parecía tener noticias de nuestros encuentros carnales  y lo venteaba a los cuatro vientos, en  una de las confesiones tuve la ocasión de conocer a la chivata Anasole, una mujer de la cual nada destacaba, a no ser su desmedida lengua y su  bobez y petulancia manifestadas en sus confesiones y en las  confidencias de vecinas,

 Supe pues  que tenía un marido borrachín y cafre que en nada la satisfacía sino era a base de vapuleos y ella como padecía de la enfermedad de la petulancia no quería reconocer su estado y situación.

 Un día  reclamaron mi presencia  en la casa de Anasole, pedí  a  Beldane que me acompañara hasta la apartada casa, donde encontramos a esta llorando pues tras haber sido apaleada  por su marido, éste  la había dejado en pos de mejores tierras y mujeres menos tontas y petulantes .

 La aúpe y la subí hasta su catre donde Beldane solícita la libró de sus ensangrentadas ropas, ver aquella mujer en ese estado sollozante e implorando perdón hizo que  en nosotros  aflorara un sentimiento  de venganza contra aquella deslenguada.  Beldane se echó encima de la veleidosa mujer y medio la amordazó y desnudó; me cogió el vergajo y se lo enseñó a la presuntuosa chivata a la cual le tapó las narices obligándola a abrir la boca, por la cual le metí mi morcilla.

 Acaso no querías probar “este dulce”, tanto que hablabas de nosotros y nuestros encuentros, pues chupa y así sabrás lo que te pierdes. La mujer se retorcía por no querer  seguir lamiendo mi polla, a la cual parecía le iba cogiendo el gusto, esta situación a Beldane le desató su espíritu  sáfico , a pesar de las mires y remires de la tonta no tardó  mucho en rodar por el aposento  dando  gusto a mi querida amiga.

  Padre Abelardo decía Beldane, acaso se va a quedar ahí como mi estúpido marido, sin ayudar a  estas sedientas mujeres a  calmar tan inagotable sed.. métasela y déjese de monsergas;

 Lo cierto es que aunque el cuadro que allí contemplaba era lujurioso  e incitaba al  desenfreno, este ya había tenido ocasión unas horas antes con dos mancebas de Beldane y no me quedaban muchas más ganas de transportes ni de participar en la lujuria de la tonta.

 La puerta estaba entreabierta y vi un enorme mastín que estaba intentando montar a una pequeña perra,  la cual no alcanzaba por quedarle pequeña

Enciendióseme la luz de la  inspiración, y mientras las damas se acomodaban de nuevo una encima de la otra, me acerqué hasta el can  y tomándolo  por el  collar, le saqué de su capuzón  el vergajo hasta casi la  inmensa bola final a base de pajearle .

 Me arrimé al cuadro  y le hice una seña a Beldane  para que dejara a la petulante culo arriba encima de la cama, le di la vuelta al “mostrenco” perruno, por atrás como hacen con las perras, y le endardé el vergajo a  Anasole  que dio un respingo, y comentó: Que me hace padre ..? , ¿Como es tan rara  la herramienta de un monje..? Siga Padre, no la saque  que me llega hasta el propio alma ..

  Tonta del culo debía ser para no darse cuenta del cambio,  ésta  abría  el chocho para que según ella mi tonsurada polla le entrara mejor; a trompicones pude ensartarle todo aquel “armatoste ” que iba creciendo con su inmensa bola final  .

 Chillaba la condenada por el tamaño y el denso dardo  que la taladraba y  que a poco que siguiera en esa situación el zurriago del mastín la rasgaría, o al menos la tendría en esa postura unos cuantos minutos ..

 Cansados de la mentecata dejamos a la dama tonta ensartada al perro que ella creía era mi santa y bendecida polla  y salimos silenciosos, con la risa contenida por ver la cara de tan boba mujer cuando se diera la vuelta y se viera unida a una animal y creciera en su sesera la posibilidad de preñez y demás.. “  Para completar  la venganza pedimos a los convecinos que fueran  cuanto antes a atender a tan considerada mujer, pues estaba pasando por un mal trago.. 

GERVASIO DE SILOS


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