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Fecha: 17-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

26.2 Un joven al que dar amor

Albany
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Tiempo estimado de lectura: [ 23 min. ]
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Baja sus manos y encierra en ellas los medios globos, pequeños, redondos y prietos, que son mis nalgas, apoya su barbilla en mi hombro, tiembla, los masajea con cuidado. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

No puedo dejar de abrazarle y continúo besando su frente y acariciando sus morenos y brillantes rizos mientras le voy hablando.

-No pasa nada Rayhan, tranquilízate,  por favor, abrázame. –su abrazo ahora es cálido y suave sosteniendo mi cuerpo pegado al suyo, mis labios resbalan por su rostro hasta unir nuestras bocas, le beso con suavidad infinita, rozando apenas la boca y paso mi lengua húmeda por sus labios húmedos de su llanto. Permanecemos así unos minutos que parecen siglos.

-Tengo que marchar.  –me aparta de él y se pone de pie.

-¿Seguro que estás bien?, ¿irás derecho a tu casa?  -estoy preocupado por que pueda realizar cualquier acto irresponsable por su estado.

-¿Quieres que hablemos un poco?, aún es temprano, ven siéntate a mi lado.  -vuelve a tomar asiento, con timidez y sin mirarme.

-Háblame sobre lo que sientes Rayhan, desahógate y dime tus sentimientos.

-Es difícil y me avergüenza. No sé cómo empezar.  –tomo su mano que no cabe en las mías.

-Puedes empezar por el principio, contándome algo sobre tus amigos, novias, amores, estudios, lo que se te ocurra.

-Sobre mis amigos hay muy poco que contar, no tengo mucho tiempo libre y ellos están siempre en la calle sin hacer nada, metiéndose en problemas, y novias no tengo más que una a la que solo he visto varías veces en mi vida, es prima mía, viven fuera de aquí y solo hemos estado juntos cuando éramos pequeños y en alguna corta visita.  –empiezo a comprender.

-En mi familia las bodas se conciertan y deciden desde que somos pequeños, en realidad ya deberíamos estar casados, pero vivimos lejos y se está retrasando.  –se calla un momento y aprieto su mano para animarle a continuar.

-La quiero como prima, no puedo amarla, y además también me gustan los chicos, pero no puedo contradecir a mi familia. Nunca he estado con otra persona, con nadie, y de repente apareciste tú hace tres meses y no sé lo que siento por ti, me gustaste desde el primer momento, antes de que comenzaras a hablarme, cuando llegaste con esa señora.  –señala el cuadro donde estoy en una fotografía con mis padres.

-No sé lo que me sucede, creo que te quiero y sobre todo te deseo, perdóname, no sé lo que es estar con un hombre, estos besos han sido los primeros que he dado y recibido. Ahora no querrás hablarme y siento una horrible vergüenza.

Me asombra lo bien que sabe expresarse y que sea capaz de contarme de esta manera sus sentimientos, aunque a veces dude y permanezca algunos momentos callado.

-No tienes que preocuparte, no ha sucedido nada, salvo que ahora nos conocemos mejor, y si a ti te gustan los chicos a mí también como es obvio, lo que sientes no es malo y no debe darte vergüenza. 

Permanecemos más de una hora hablando, escuchando sus temores y viviendo con él cosas por las que todos hemos pasado a esa edad o más temprano.

-Ahora prométeme que irás a casa y esto queda como si no hubiera sucedido, ¿de acuerdo?

Cuando le despido medito sobre lo que acabo de decir, “como si esto no hubiera sucedido”, pero ha pasado y está ahí, y me ha besado y yo a él y me han encantado sus besos… Y muchas cosas más que deseo aunque no quisiera.  

Sé que no lo amo, lo que siento hacia él no es lo mismo que con Gonzalo, es algo parecido a lo que Nico me hace sentir, estoy seguro, pero le quiero de una forma algo especial y me inspira una tremenda ternura y ganas de verle feliz y…, me siento atraído sexualmente por él, tengo que admitirlo al final y ser sincero conmigo mismo al menos, le he dejado marchar y mis brazos le seguían queriendo retener, que se quedara.

Retraso todo lo que puedo mi llamada a Nico, está fuera de casa, cenando con amigos con los que se ha reunido, no le pregunto sobre Marc, si le ha visto, o puede que estén juntos en esta cena que celebran.

No le cuento lo sucedido con Rayhan, no es el momento aunque tengo que decírselo en otro momento.

Cuando corto la comunicación pienso en él, le quiero, adoro profundamente a Nico, lo que es, como persona y como hombre y me satisface en todos los sentidos, pero no me importaría irme a la cama con Rayhan. Antes ha habido chicos que me han gustado, que me gustan, pero no sé lo que me sucede con éste moreno chico, pienso demasiado en él.

Antes de meterme en la cama descorro un poco las cortinas para ver, tendido en la cama, la negrura de la noche ahora iluminada por la luna, oscuridad inferior a la que embarga mi alma, ha llovido ligeramente durante el día y el suelo sigue húmedo, con charcos donde  la luz de la luna riela, brilla más que las farolas del jardín y a veces, negras y veloces nubes la desgarran atormentando el cielo.

*********

Cuando voy camino de la oficina detengo el coche para comprar anticongelante para el limpiaparabrisas, se ha agotado el que traía el coche de fábrica y ahora llueve en cualquier momento del día.

A la hora de comer me llama Evans, me pide que vaya un rato a estar con él ya que me he quedado solo, quiere irme a recoger pero no hace falta, se ir a su trabajo en la disco de Lucas y no me perderé.

Mi jefe vuelve a invitarme para pasar el sábado en su casa, y tengo que ponerle una excusa ya que ha quedado Rayhan en que se pasará por casa para terminar el trabajo que ha dejado preparado y aplicar la silicona.

No dejo de dar vueltas en mi cabeza a lo sucedido ayer, no me siento culpable ni tengo la sensación de haber hecho algo malo. Pienso en cómo se lo diré a Nico, esto sí que me preocupa, el cómo lo interprete él y poderle causar daño.

Rayhan es un niño en un cuerpo de hombre, con dieciocho años a punto de cumplir, con todas sus hormonas revueltas y que nunca ha estado  en una situación sexual real de cualquier tipo, que quiere experimentar y se ha fijado en mí para ello.

Hoy espero no verle y que todo se vaya enfriando. Paro a la vuelta en el Carrefour para comprar algunas cosas que necesito y dejo para mañana el lavar el coche, la lluvia lo mancha por los muchos kilómetros de todos los días andando con él.

Pretendía no encontrarle hoy y está esperándome, nos saludamos algo nerviosos y me ayuda a meter las cosas en casa.

-¿Qué tal te encuentras?  -intento romper el silencio que se ha impuesto entre nosotros, al escucharme una amplia sonrisa alegra su rostro y los ojos le brillan.

-Bien, hemos tenido exámenes y creo que voy bien aunque a veces me equivoco. –su sonrisa ahora es pícara y de burla.  –Tengo que seguir estudiando, el lunes tendremos más materias de las que examinarnos.

Continuamos hablando unos minutos, parece como si ayer no hubiera sucedido nada o los dos queremos apartarlo de nuestros recuerdos como si se tratara de una mala pesadilla. Procuro no acercarme a él pero noto su olor que me confunde y atonta.

Se despide hasta mañana, le he dicho que voy a salir a la noche y creo que eso le ha puesto triste, su semblante ha cambiado.

Llamo a Nico antes de salir, está ya en Baqueira con su familia y amigos, al mediodía se ha encontrado con Marc, o sea que anoche no estuvieron juntos en la cena, no le pregunto nada y él detiene ahí su confidencia, me despido diciéndole que voy a visitar a Evans y me pide que me divierta además de que me quiere.

Cuando llego ante el mostrador pregunto por mi amigo, en la disco la música no está a su volumen más alto, aún no está en su apogeo y hay lugares de sobra y sin ocupar en las mesas y en la barra, me indican que está en su despacho, en uno de los pisos superiores, le llaman por el teléfono interior para anunciarle mi llegada.

Cinco minutos más tarde le tengo a mi lado, viste un traje negro y corbata, está muy elegante, después de abrazarnos me pide que le siga, tiene una reunión y la ha abandonado para venir a buscarme.

Me lleva al despacho que ya conozco, en la mesa de trabajo está Lucas con uno de los señores de seguridad, también está uno de los chicos que trabajan de prostitutos, el que baila tan bien y me dijo lo del beso,  y ahora Evans se les une. Me saludan todos con la mano o un gesto de la cabeza sin interrumpir lo que hablan, Evans me indica que me siente en el sofá y él toma asiento en la mesa con los demás reunidos.

Miro las pantallas encendidas, en alguna de las habitaciones han comenzado a trabajar algunos chicos con sus clientes, las imágenes se suceden con rapidez sin permitirte ver el detalle y las únicas fijas son las que vigilan las cajas y el acceso.

Hablan de temas de seguridad y problemas que han tenido en algún otro local del grupo, parece que ha sido algo grave y Lucas se muestra muy serio, después de un rato me levanto para ir al baño a beber agua, aprovecho para orinar y lavarme las manos. Cuando regreso para sentarme en mi lugar el prostituto, Paul, permanece de pie y parece nervioso.

Lucas le habla con dureza, quiere que algún chico nuevo comience de inmediato su trabajo, Paul le indica que aún no tiene la preparación suficiente y puede dar algún problema, pide también a Evans que fuerce la búsqueda de más chicos, le urge ya que están a falta de chavales por la marcha de Lorian y Alan y alguna otra pérdida que han tenido. 

Siguen con su conversación y yo me estoy aburriendo, me marean los barridos de las cámaras por las habitaciones. Paul se despide para ir a su trabajo y aprovecho para decirles que bajo con él y esperaré a Evans en la sala.

Paul es un chico algo mayor para la edad que tienen la mayoría de los que trabajan en este oficio, le calculo que rondará mis años, es muy varonil, de cara un poco cuadrada, tiene una bonita sonrisa y un cuerpo muy desarrollado, según Evans es el encargado de enseñar a los nuevos su trabajo, de entrenarlos; en resumen, el que les enseña a follar como allí quieren que se haga para atender a los clientes, los chicos más solicitados son los pasivos y más raramente los activos, Paul lo es y se le nota en su porte y forma de ser. En el ascensor me pregunta por los chicos de Paris, se poco de ellos, hace dos semanas que no los veo.

En la barra, mientras espero, pido un agua tónica con unas gotas de gin para que le de olor y con limón exprimido, ahora está llena la sala, mis pies comienzan a moverse siguiendo el compás de la música que está muy alta y estridente, hay algún cliente que me propone ir con él sin mediar conversación y otros que quieren iniciar algún contacto hablando, no les presté mucha atención hasta que uno me sujeta de la mano para que le acompañe a la pista, me niego entre risas y le digo que estoy esperando a mi pareja, se pone un poco terco cuando ya llega Evans, me abrazo a él y le doy un beso en la cara, el tipo se aleja renegando buscando otra pareja, son los que no quieren pagarse un prostituto y lo quieren tener sin costo. Mi amigo se ha dado cuenta de la situación y reímos los dos.

Charlamos un rato, dice que tiene mucho trabajo en estas fechas, el público gasta más alegremente el dinero, tiene que buscar chicos jóvenes, prostitutos que comienzan, me da una clase magistral de los lugares públicos donde tiene sus contactos, otros locales de menos prestigio y gente del oficio que orientan a los chicos nuevos hacia él, que buscan un trabajo más seguro, estable y mejor remunerado.

 Los jefes de Evans, sobre todo Lucas, son exigentes y quieren lo mejor, lo tienen todo bien montado, los que les ofrecen la mercancía se lleva un regalo en dinero por esos servicios ya que ellos no son contratados. Manejos de ese submundo que Evans conoce de sobra por haber vivido y salido a tiempo de él.

Me pregunta si quiero ir un día con él a dar una vuelta y acompañarle, de esa forma voy conociendo otras cosas de la ciudad, las más oscuras y bajas quizá. Mi respuesta es que posiblemente pueda el fin de semana, desconozco aún lo que vaya a hacer. Se queda en la barra haciendo su trabajo y yo me uno a alguno de los chicos y bailo con ellos hasta que los van llamando. 

No me importa bailar solo y siempre hay alguno que se arrima y al que le gusta disfrutar del baile, cuando me canso vuelvo a buscar a Evans para despedirme de él, me voy a marchar. Me acompaña hasta la Gran Plaza y allí con un abrazo nos decimos adiós, camino hasta el estudio y no tardo en llegar por el paso ligero que llevo para combatir el frío.

*********

Me he quedado dormido, tenía necesidad de pasar horas en la cama y además ayer llegué un poco tarde de la disco. Me despierta el timbre de la puerta del estudio y voy a abrir soñoliento, es Rayhan con su perfecta sonrisa y un ramo de flores.

-No tenías que haberte molestado, aún están bien las que trajiste el otro día. –me contesta indirectamente, apartándome de la puerta para que le deje pasar. Viene muy guapo con un chaquetón cruzado gris, pantalones jeans ajustados y marcando bien sus largas y fuertes nalgas, gorro y bufanda y yo estoy hecho un desastre, sin duchar ni afeitar.

-Buenos días Daniel ¿aún estás así?  -se dirige donde está el florero y lo lleva a la fregadera, tira el agua y las flores viejas que contiene.

-¿Mientras me ducho y preparo no te importa ponerme una taza de leche a calentar? Luego podrás trabajar mientras yo recojo la cama y preparo esto. –señalo mi ropa desperdigada en las sillas y los zapatos tirados de cualquier forma de cuando llegue a la noche cansado.

-Venga sí, te iré recogiendo lo que tienes por el suelo.

El agua hirviendo de la ducha abrasa mi piel, tengo el termostato a tope sin darme cuenta, grito dolorido y mezclo el agua para dejarlo a la temperatura apropiada, termino con agua casi helada para despejarme, me afeito y cepillo los dientes. Tengo la piel roja e irritada en los hombros por el agua tan caliente. Salgo con la toalla sujetada en mi cintura, ha colocado las nuevas flores, son preciosas, rosas rojas de largo tallo.

-Rayhan, son muy bonitas, pero las has comprado y no tenías que haberlo hecho.  –no puedo dejar de darle las gracias por su detalle y me acerco para darle un beso.

-¡Oh! Cuestan muy poco, desde la parada del metro hasta aquí he pasado por dos floristerías, tiene mucha competencia y casi las regalan.  -me devuelve el beso manteniendo sus labios sobre mi cara hasta que le aparto.

A mí no me parece que las regalen, me acerco a ellas para olerlas y admirarlas, me gustan mucho, este chico sabe cómo llegarme al corazón y arrancar de mi sentimientos extraños. Voy hacia la mesa alta donde humea la taza de leche caliente, me ha sacado crujientes galletas de vainilla y el cola cao.

-Tienes los hombros rojos, ¿te has quemado con el agua?, te he escuchado gritar.

-¡Bah! No ha sido nada, ni me duele. -me quedo de pie ante la mesa y vierto un par de generosas cucharadas de cola cao en la taza.

-¿Has desayunado ya?  -me vuelvo para preguntarle mientras como una crujiente galleta. Me mira curioso, es lógico ya que estoy casi desnudo ante él, solamente me cubre la toalla de baño. Bebo mi taza el caliente líquido, está muy dulce y me pica la garganta.

-Ya he desayunado, hace bastante tiempo. –se ha aproximado a mí, coge la toalla que porto y la lleva a mis hombros para pasarla por ellos, luego la desliza con muchísimo cuidado y seca unas gotas que han rodado de mi pelo mojado, me va secando con suavidad, posando la toalla sin apretar hasta que llega a la cabeza. Le he dejado actuar sin protestar, me he quedado paralizado y sin saber qué hacer.

Se inclina para posar sus labios sobre mi dolorida piel y la va besando, aliviando con su aliento mi picor y haciéndome estremecer, la respuesta la noto en mi pene que comienza a cobrar fuerza. Dejo la taza sobre la mesa y coloco mis manos delante de mi sexo para taparlo y me doy la vuelta.

Me mira con sus ojos muy abiertos, de los pies a la cabeza y hace el camino inverso, sonríe, le brillan los ojos y sus dientes destacan en el profundo negro y rojo de su boca.

-Devuélveme la toalla, por favor. –alargo una mano para cogerla.

-Tienes un cuerpo muy bonito, maravilloso. –musita y se pone rojo. No me entrega la toalla, se acerca y él mismo la rodea en mi cintura por detrás. La sujeto como estaba y él pasa sus brazos debajo de los míos y lleva sus manos a mi abdomen, lo acaricia muy suave y su boca besa mi hombro como hacía antes, un escalofrío de excitación recorre mi cuerpo, sube sus manos hasta mi pecho y me oprime contra él, sus labios no han abandonado mi hombro, va prodigando besitos como si corriera su boca cada pocos centímetros de piel hasta arrancar un hondo gemido de mi garganta.

-No está bien Rayhan, esto no está bien. -le hablo con la voz ahogada, no sé si me oye o escucha, acaricia mis tetillas que se ponen duras y hace círculos con sus dedos sobre ellas, su bulto palpita en la parte baja de mi espalda, llevo mis manos hacia atrás y sujeto sus pantorrillas para atraerlo hacia mí y giro mi cabeza inclinada ofreciéndole mis labios, los besa suavemente subiendo por mi nariz hasta mis ojos que cierro a la vez que mis sentidos despiertan para captar las sensaciones que me transmiten sus manos, su boca y todo su cuerpo pegado al mío.

Me gira y mira mis ojos, abraza mi cabeza y la pega a su pecho, escucho como bombea furioso su corazón, luego baja sus manos y soba mis nalgas por encima de la toalla, las aprieta y las sube dejándome en el aire, tengo que sujetarme a él para no caer, abrazarme a su pecho que no abarco con mis brazos.

-Esto es una locura Rayhan, nos vamos a arrepentir. –lo digo sin convicción y sin querer oponerme a sus caricias divinas, continúa sin quererme escuchar, solo musita una y otra vez con su boca pegada en mi cabeza.

-Me encantas, me gustas, eres seda. –y pasa sus manos una y otra vez por mi espalda, cruzándose entre ellas y luego las lleva a mis costados, acaricia mis costillares, elevo mis brazos y los paso por su cuello, tengo que ponerme de puntillas para acercar mi boca a la suya, él se inclina y respiramos nuestro aliento, el suyo que huele a menta y el mío, supongo que a la vainilla de las galletas recién comidas.

Me coge en sus brazos y me lleva hasta la cama que está revuelta de la noche, me deposita allí, se coloca de rodillas ante mí y retira la toalla que me cubre, no deja de mirar mi cuerpo quedándose parado, siento un poco de vergüenza por la inspección visual tan minuciosa, coloco mi mano sobre mi verga y mis huevos para taparlos de su vista, sujeta con fuerza y autoridad mis manos y las retira. Le dejo que me explore con la mirada cada rincón, cada músculo y hasta los poros de mi cuerpo, y alarga la mano, pasa por mí la punta de sus dedos, me entran escalofríos y se me eriza el escaso vello dándome por vencido, queriendo lo que él quiere sin decirlo.

-Quítate la camisa y túmbate a mi lado. –se quita la ropa, la camisa y una camiseta blanca de cuello redondo, los pantalones y se queda únicamente con un slip blanco que no puede contener lo que porta dentro. Ahora soy yo el que visualiza su cuerpo, es muy parecido al de Nico aunque más grande, sin tanto vello como él tiene, en Rayhan son sombras que acentúan las sinuidades de las aureolas de sus tetillas y baja por el centro de sus abdominales hasta su bajo vientre, allí se pierde contrastando la negrura de sus pelos con el blanco de la cintura del slip. Del centro de sus abdominales, donde son más abundantes, van hacia los costados en un bonito y sensual gradiente, sus brazos y piernas también están cubiertos de esa sombra oscura, sedosa y brillante donde más abunda.

Se coloca a mi lado, nos miramos de frente, estudiándonos, gustándonos mutuamente, me encanta su cuerpo y creo que el mío también a él, como es evidente a pesar de ser tan distintos y diferentes. Acerco mi rostro, nuestras respiraciones son agitadas, nuestros alientos se cruzan, bebemos de ellos y voy aproximando mi boca, la poso sobre la suya, él hace fuerza para que los labios tengan un mayor contacto, separo los míos y voy lamiendo, jugando con los suyos, los abre un poco para poder respirar, mi lengua aprieta en sus dientes pidiendo permiso, los separa y permite que le penetre y explore.

Me está empezando a gustar el beso, sus gruesos labios, áspera su parte externa, y como cálido terciopelo la interna me enloquecen, paso mi lengua por su interior robándole su saliva, hurgando entre sus encías y dientes, todo ello tan placentero, suave y caliente que no podía parar ni despegarme de su boca, nuestras lenguas unidas pasando una sobre la obra intentando el mayor contacto. Me desborda la emoción y el deseo, disfruto pasando mi pene por su pierna de duros músculos.

Me toma de la cintura y me coloca sobre sus muslos, a horcajadas sentado sobre ellos y mis rodillas en el colchón de la cama, en esa posición puedo moverme, elevarme o sentarme a elección. Rayhan toma la iniciativa, sus labios absorben los míos y los muerde, posa su boca sobre mi cuello que ladeo para permitirle el acceso, un escalofrío me sacude y suspiro ahogándome en sensaciones, sus manos tan fuertes sobre mi espalda me aprietan, directamente en contacto sobre mi piel comienzan a acariciarla, baja desde el cuello, los omoplatos y repasa las vértebras una a una, los escalofríos se suceden uno tras otro y al suspirar mi saliva cae sobre su lengua que la recoge.

-¡Ay!, Daniel tienes una piel muy fina y delicada. –y me besaba metiendo su lengua que yo muerdo.

-Es una maravilla tocarte. –y me muerde y chupa el lóbulo de la oreja.

-No me cansaría de pasar mis manos por ella.  –y vuelve a morderme el cuello con esa boca tan grande, tan caliente, me abarca medio cuello, podría degollarme con sus dientes, en su lugar son mordiscos suaves con sus labios y lamidas de su lengua. Elevo mis brazos para alcanzar su cabeza y acariciar su pelo, se queda con los ojos muy abiertos observándome, admirándose de lo que ve, lleva una mano a mi pecho, la pasa por él haciendo círculos en las aureolas de mis tetillas que se ponen más tiesas, tan erectas que me hacen daño, con el dorso de la mano juega con mis abdominales pasándola entre nuestros cuerpos.

-¡Oh!, eres estupendo. –y me tiembla el cuerpo cuando me dice estas cosas tan dulces, con su voz ronca, profunda y llena de deseo. Me aprieta contra su pecho abrazándome, sus manos bajan por mi espalda hasta encontrar la curva de mi culo, allí, en la cintura se detiene, juega con sus dedos sobre las hendiduras cóncavas de mis riñones, me separa para mirarse en mis ojos como pidiendo permiso, ahora me aprieto yo contra su pecho concediéndole autorización tácita.

Baja sus manos y  encierra en ellas los medios globos, pequeños, redondos y prietos, que son mis nalgas, apoya su barbilla en mi hombro, tiembla, los masajea con cuidado.

-Eres…, eres delicioso.  –me estremece con sus palabras, con el calor de sus manos que lo quieren tocar todo, con su boca que llena de saliva mi hombro y absorbe mis pezones pasando luego su lengua y vuelve a chuparlos incansable y hambriento.

Se me escucha gemir cuando suelta el mordido que hace con sus labios en mis pezones. Mi pecho desnudo está empezando ahora a pegarse a su torso por el sudor, no tiene mucho vello en él, son sombras aún que le están creciendo y se adivina que será abundante en un futuro próximo, muy fino y suave, crean oscuridades más profundas en su piel morena donde le nace abundante, me aprieto contra él haciéndome notar el placer del roce de nuestras pieles.

Cuando flexiono mis rodillas, y me siendo sobre su vientre, noto el tremendo bulto que parece no dejar de crecerle. Me levanto y me coloco de rodillas a su lado, en esa posición vuelve a mirarme. Sigo gustándole por la mirada acariciadora que me dirige, se queda con la cara asombrada mirándome, recorriendo mi cuerpo con su vista hasta detenerse en mi miembro viril un poco oculto por mi posición, lo tengo terriblemente hinchado y me duele, quiere alargar su mano para tocarlo y a medio camino se detiene, vuelve a pedirme permiso con su mirada, le sonrío aceptándolo, lo sujeta delicadamente, tiemblo de placer, parece un fino lapicero en su mano que puede quebrarlo si quiere.

Se pone de rodillas a mi lado, los dos en la misma posición, le ayudo a bajarse su slip, se nota en el color blanco que está totalmente mojado y húmedo, un profundo olor a hombre, a sexo, a macho y semental joven se desprende de él al bajarlo, desciende de la cama para sacárselos por los pies y cuando se pone recto, me encuentro con lo que sospechaba. Mi cara asombrada habla por mi.

-Es…, es muy grande Rayhan… -se sonríe poniéndose rojo.

Posee una polla impresionante, es más larga y gorda que las de Nico y Gonzalo aunque no mucho, las más grandes que yo haya podido ver hasta ahora, a pesar de tenerla con una rigidez extrema no descapulla del todo, en su base, a diferencia de en su pecho, hay una mata de negro, duro y abundante vello. Nos quedamos mirando nuestros cuerpos, por nuestras expresiones se ve que lo que observamos nos gusta mutuamente y mucho.

Me agrada, me encanta su polla, quiero tenerla ya dentro aunque sé, por su tamaño, que va a ser muy doloroso, y acariciarle los enormes testículos que se sujetan, muy morenos, pegados a la base de su verga y cubiertos totalmente de vellos, así como sus nalgas y piernas, pero el miedo que me entra me paraliza y mantiene estático mi cuerpo. 

Rayhan me baja de la cama y me lleva hacia él, su polla se aprieta encima de mi ombligo y sus huevos quedan a esa altura, abrasa del calor que despide, le separo para acogerla en mi mano que no es capaz de abarcarla, de su boquita se escapa un chorro de precum, lo recojo con mis dedos y lo llevo a mi boca, me gusta su sabor y textura, me inclino para olerla, su olor a limpio con ligeros toques de orina y precum me excitan y marean, olor de hombre y de macho, la doy un beso y recojo con mi lengua el chorrito que cuelga saliendo de su orificio, su polla tiembla y se empina poniéndose más dura, y se pone tiesa que parece que va a romper la piel que la cubre la cabeza, con mi mano retraigo el pellejo que aún cubre el glande, tiene una ligera doble curvatura hacia  arriba y un costado.

- Daniel no puedo aguantar más, me voy a correr si continúas tocándola.  –me separo de él, subo a la cama y me tiendo abriendo las piernas, se coloca encima de mí, sosteniéndose en sus codos, su precum cae sobre mis huevos y en la entrada de mi culo, no sé lo que hacer y tengo miedo de su verga, la deseo pero me aterra el dolor que me va causar.

Me abro al máximo, nervioso intenta meterme su polla impaciente, se resbala, suda, lo intenta una y otra vez, respira entrecortado, en su mirada veo desilusión, desesperanza, frustración y miedo al fracaso.

Se deja caer sobre mi agitado y voy acariciando su ancha espalda que cumbre todo mi cuerpo, sus costados y luego abrazo su cuello para besarle, dejar miles de besos en su cara y su cuello.

-¡No puedo Daniel!   -susurra desesperado en mi oído.

-Calla, tranquilo, es normal.  –continúo acariciando su espalda y no dejo de besarle para que se calme, su verga no pierde dureza y la siento rozar mis piernas en cualquier ligero movimiento, es tan grande, tan tremenda que siento vértigo de tenerla y me tiene excitado al máximo, con mi culo deseando ser poseído por lo que se aprieta contra él.

-Con suavidad, sin prisas Rayhan, no me voy a escapar.  -¿cómo escapar estando debajo de un cuerpo así? Ni aunque quisiera.

Le pido que se eleve un poco y llevo mis manos para coger su falo y dirigirlo, ¡me asusto!, al tocarla me doy cuenta del monstruo que tiene Rayhan entre sus piernas.

Se la acaricio y cada vez crece más, la coloco justo pegado en mi ano y sin soltarla le pide que empuje.

-Ahora, empuja y entra. –su cara está cerca de mí y elevo mi cabeza para besarle.

-Venga Rayhan, haz fuerza.  –ve el ruego en mi mirada a la vez que escucha la orden de mis labios.

 Aprieta con fuerza, no entra, comienza a causarme dolor y abro más mis piernas, como una mujer cuando va a sacar un niño a la vida, no estoy en absoluto dilatado salvo por lo logrado con mi deseo de que me penetre.

- Daniel, no sé hacerlo, nunca he estado con un chico.  –hago que se recueste sobre mí, su sudor hace que nuestros cuerpos resbalen, beso su cara y su boca para calmarle y quitarle la vergüenza que siente.

-No te preocupes, es normal, levanta un momento.  –salto de la cama y voy al baño, a buscar una crema de leche para el cuerpo, vuelvo a la cama, me tiendo.

-Tu quédate ahí sentado y observa, tienes que dilatarme un poco para que entre ese monstruo, -le digo sonriendo.  -De otra manera será imposible.  –me pongo crema en la mano, acaricio la entrada de mi culo y voy metiendo mis dedos, se me escapa algún suspiro y no dejo de mirar su polla pensando que es ella la entra en mi.

-Ahora tú, hazme lo que yo me he hecho.  -Rayhan aprende rápido, cierro mis ojos y me dejo llevar, sus dedos no son los míos y a veces me produce dolor, lo soporto porque aportan un grado de placer muy alto, después de un rato largo, creo que ya estoy suficientemente dilatado, ha logrado meter tres dedos y que entraran y salieran con facilidad, que suspire algunas veces y disfrute de sus dedos en mi recto, le miro su verga pensando que ha perdido rigidez y dureza, ¡qué equivocado estoy!, cimbrea ansiosa de ocupar el lugar que aspira llenar con su volumen, ser propietaria de lo que le pertenece y se le va a entregar. 

Me tiendo de espaldas y abro mis piernas para dejarle lugar, se tumba sombre mi y sujeto su cuello para lograr que me bese antes de intentar meterme la verga, la noto rígida y poderosa golpeando en mi ano, resbalando por el sin llegar a penetrarme.

Vuelvo a cogerla para dirigirla a mi entrada, está caliente como un hierro al rojo vivo, la coloco pegada a mi ano que tiembla deseoso y se abre y se cierra deseando la golosina de su glande, empuja con fuerza, se resbala por la crema y su precum, se desespera el pobre, en el siguiente empujón me impulso yo hacia él y con un lacerante dolor entra su cabeza en mi interior, sujeto con mis manos sus muslos para que se detenga un momento, el dolor es muy fuerte y las lágrimas ruedan por mi cara, Rayhan se asusta.

-¿Te he hecho daño?

-No importa, tranquilo, espera un momento y luego ve despacio.  

El dolor ha resultado horroroso pero no quiero que él se dé cuenta, deseo que disfrute y lo pase bien, es su primea vez y debe ser placentera para él, y así una y otra vez, no resulta fácil y tengo que morder mi muñeca a veces para mitigar mi dolor y sofocar las ganas de gritar, pero llega a meterme más de la mitad, llevo  mi mano a mi entrada, la palpo y noto que aún faltan al menos siete u ocho centímetros de entrar, pero es imposible meter más, después de un momento y cuando el dolor se mitiga me muevo para que mi ano se acostumbre. 

Después de descansar un momento Rayhan comienza a moverse, a entrar y salir muy suave y muy despacio, continúa doliendo y tengo que contenerle con mis manos para que no me meta toda su verga, al cabo de un momento se pone rígido, me mira asombrado, con los ojos muy abiertos.

-Me voy a correr.  –no termina de hablar y siento como vierte su esperma en mi interior hasta llenarme, su cuerpo tiembla, su abdomen se contrae de la fuerza que impulsa sus caderas y el sudor nos empapa, le resbala por su cara a chorros. Su corrida ha sido muy larga y se pasa la lengua por los labios para retirar el sudor que tiene en ellos, sonríe dichoso, le devuelvo la sonrisa, yo también soy feliz al ver cómo ha gozado, se apoya sobre mí y me besa dándome su lengua, mis brazos no llegan a abarcar su espalda poderosa, acaricio lo que puedo y sus costados.

-Ahora no te salgas, permanece un momento así, sin sacarla.

-No lo iba a hacer, no quiero retirarla de ti, tú eres el lugar donde mejor puede estar.

Continuará…



© Albany

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