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Fecha: 18-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Orgías

Un día de vacaciones

abrasada
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Un día de vacaciones culmina con una buena noche. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

UN DIA DE VACACIONES.

Mi nombre es Ana.

Estoy pasando unos días de vacaciones con mi amiga Elena.

Trabajamos desde hace poco en una gran empresa donde es difícil entablar relaciones más allá del trabajo.  Por algún extraño motivo, desde el principio congeniamos y decidimos hacer un viaje juntas a una zona de playa.

Nuestros caracteres son muy diferentes. Elena es extrovertida y a veces descarada. Yo, por el contrario soy más retraída y vergonzosa.

Llevábamos ya dos días disfrutando del sol en la playa y por la noche dábamos un paseo por los alrededores del hotel donde nos alojábamos.

Elena se fija en casi todos los chicos con los que nos cruzamos y hace comentarios  sexuales que me avergüenzan. Siempre he sido muy comedida con el sexo. Aparte de alguna película porno vista a escondidas, las normales  masturbaciones en la intimidad, y un novio insulso que tuve, no tengo muchas experiencias sexuales.  Le advierto que baje la voz, que podemos tener algún problema con alguien, pero Elena da la sensación de estar buscándolos. Me confiesa que tiene ganas de marcha.

Ayer, cansadas por el viaje,  salimos en la dirección que se veía más tranquila y no encontramos nada que nos llamara la atención. Muchas tiendas que a esas horas estaban cerradas. Esta noche vamos en dirección contraria, donde parece que hay más animación.

La zona está repleta de discotecas y vemos gente joven. Pasamos ante varias y al llegar a una llamada “Intimo”, Elena me dice que entremos a tomar algo.

El interior tiene una iluminación tenue. Está prácticamente vacía, lo cual no es de extrañar, es demasiado pronto.

Hay una gran sala con una barra alargada en un lado y una pista de baile central. En los laterales, pequeñas salas de reservados, cada una con una mini-pista de baile, una mesa redonda baja y un sofá curvo siguiendo la forma de la mesa. En el sofá no caben más de seis personas. Las salas tienen una cortina que se puede cerrar para dar intimidad.  Solo hay dos cortinas corridas, el resto están abiertas. En una de las salas abiertas hay un chico y una chica dándose  un morreo, en otra hay tres chicos que hablan y ríen. Al entrar se han fijado en nosotras. Son guapos, de los que se lo tienen creído. Visten con camisa ligera y pantalones cortos. Elena, para variar, me describe lo que les haría a los tres juntos. Casi me ruborizo. Menos mal que con la música es imposible que lo oigan.

Llevamos  unos vestidos cortos y ligeros, con tirantes, adecuados para el calor, un poco amplios, comprados en las últimas rebajas a las que fuimos juntas.

Nos sentamos en unos taburetes en la barra del bar. Procuro hacerlo con cuidado para no dar un espectáculo al trio del fondo, cruzo las piernas.

Pedimos unas copas. Un atento camarero, que está como un tren, nos atiende en seguida.

Elena, mientras apura su bebida, me sigue contando ideas de lo que haría con cada uno. Yo creo que el camarero la está oyendo aunque no hace el más mínimo gesto de ello.

Elena ha acabado su bebida, yo apuro la mía. Pedimos otras.

Pasa un rato y se acerca uno de los chicos del trio. Entabla una conversación trivial con ambas. Elena está animada y le sigue el juego. El chico se llama Juan, sus amigos Carlos y Romeo. Están de vacaciones.

Nuestras copas se vacían. Juan le pide al camarero que nos ponga otra ronda igual, ni se molesta en preguntarnos. No sé qué tal me sentará. No suelo beber mucho, pero un día es un día y estoy de vacaciones.

Seguro de sí mismo, Juan se ha ido aproximando a Elena y pega su cuerpo al de ella. No le rechaza, es más, parece que le gusta.  Juan avanza en su ataque y pasa el brazo por encima del hombro de Elena. Elena sonríe. Viendo que no hay resistencia, continúa su atrevimiento y comienza a acariciar la espalda de Elena.

Me imagino la sensación de una mano acariciando mi espalda. Como si hubiera leído mi pensamiento, Juan pone la otra mano sobre mi rodilla desnuda.  Elena ríe, lo está pasando bien. Yo estoy un poco preocupada. Me debato entre mi deseo de echar un polvo o comportarme como una estrecha. No digo nada.

Elena propone - ¡Vamos al reservado¡– yo la miro con cierto asombro, ella confirma. La sigo haciéndome la remolona. Al momento estamos sentadas junto a los otros dos chicos que nos reciben con alegría.

Se han levando al vernos llegar y acabamos sentadas entre ellos. Tras las presentaciones, nos entretenemos con conversaciones  triviales y seguimos apurando las copas. Estoy entre  Carlos y Romeo. Elena y Juan se han quedado al otro lado. Ana y yo hemos quedado estratégicamente encerradas.

No acabo de estar cómoda. Son tres desconocidos y creo que demasiado descarados. Las bebidas empiezan a hacerme efecto y comienzo a sentirme menos preocupada. Al fin y al cabo, aquí no nos conoce nadie.

Carlos, en el extremo derecho del sofá, esta girado hacia mí, se lanza y pone su mano en mi pierna, sobre la falda, cerca de la ingle. Hago como que no me entero, pero siento cierto placer. La deja ahí mientas continua la conversación como si nada.  Baja su mano para encontrar la parte baja de mi falda y comienza a explorar por el interior. Abre la mano para abarcar mas parte de mi pierna con los dedos más desplazados hacia el interior y sigue subiendo. Me estremezco, pero disimulo. Ha llegado al final de mi pierna, tocando mis bragas. Se detiene un momento. Abro más las piernas.  Mi sexo depilado y la suavidad del tejido de mi ropa interior hace que sienta con detalle sus dedos jugando por encima de ellas. Se me acerca y me besa en el cuello. Me giro hacia él y busco su boca con la mía. Nos besamos.

Estoy perdiendo la vergüenza, aunque me preocupa estar a la vista de todo el mundo que entre en la discoteca.

Como si hubiera adivinado mis pensamientos, Juan, por el otro extremo,  se levanta y cierra la cortina del reservado. Me tranquiliza. En ese momento siento como Carlos desplaza mis bragas hacia un lado e introduce el dedo índice en mi vagina. Tengo un pequeño espasmo. No dejamos de besarnos, cruzamos nuestras lenguas. Noto como mueve su dedo en mi interior.  Mi sexo se lubrica y cada vez es más suave el movimiento. Me gusta.  Abro aún mas las piernas para facilitar el movimiento. Mi pierna izquierda pega con Romeo, pero me da igual. Con mi mano derecha busco el paquete de Carlos. Está como una moto. A través de su pantalón noto un bulto enorme. Froto mi mano por encima. Aprovecha mi última acción y me mete un segundo dedo. Estoy mojada y noto que mis pezones se erizan.

Alguien toma mi mano izquierda, imagino que será Romeo. La dirige hacia él, abajo,  hasta llegar a una zona carnosa. Se ha sacado su pene y lo noto en mi mano. ¡Será cabrón¡ Lo cojo. Está calentito. Aprieto. Noto resistencia, como si creciera. Palpita como un corazón, aunque más despacio. Me gusta esa masa de carne en mi mano. Suelto y aprieto, la muevo arriba y abajo. Dejo de besar a Carlos y me giro hacia Romeo. Sonríe malicioso.

Durante un rato seguimos cada uno con lo que hacemos. Estoy que exploto. No me quiero correr. Hay que cortar. Propongo a Carlos, que está en la parte exterior, ¿Bailamos?

Acepta. Dejo de manosear el pene de Romeo que parece decepcionado y salgo tras Carlos. Vamos a la pista. Suena una música tranquila. Nos ponemos a bailar por separado.  Sólo un momento.

Carlos me toma por la cintura. Me acerca a él y noto su miembro en mi estómago. Lo tiene hacia un lado pero está  deseando salir. Pongo mis bazos sobre sus hombros.  Me aprieta hacia él y me libera varias veces.  En cada empuje noto la presión de su pene sobre mi cuerpo. Mueve sus manos hacia abajo,  las pone en mis nalgas y aprieta. Tira hacia afuera como si quisiera separarlas. Me encanta. Hace rato que he perdido la vergüenza. Se ve que se reduce según me caliento o quizás sea el efecto de las bebidas.

Busco a mi amiga Ana. Hace tiempo que no le presto ninguna atención. La veo inclinada hacia Juan. Creo que le está haciendo una mamada. La mesa tapa la acción.

Veo a Romeo que se levanta y viene hacia nosotros. Se ha guardado el miembro aunque se nota que aún está empalmado. Se coloca detrás de mí. Sin tocarme. Bailamos los tres manteniendo posiciones.

Siento las manos de Romeo sobre mis hombros. Me acaricia. Sigue hacia los laterales, sortea los tirantes del vestido y las mete por dentro, sin dejar de tocar mi espalda, siguiendo la línea del sostén. Llevo un sujetador sin tirantes, del mismo tejido suave que mis bragas. El muy cabrón está buscando el broche. Lo suelta y saca el sostén por uno de los lados. Me quedo con los pechos sueltos. Es una sensación de libertad que hacía tiempo que no tenía. Carlos me aprieta del culo hacia él, no me puedo separar para recriminar a Romeo. Giro la cabeza y le miro disimulando un reproche. Sonríe divertido como pidiendo perdón. En un rápido gesto, lo lanza hacia la mesa y esconde rápidamente la mano. Silva  y mira al techo con un gesto de inocencia. Le sonrío ligeramente.

Vuelve a donde estaba, detrás de mí, sin tocarme. Seguimos bailando. Romeo coloca sus manos en mi cintura. Carlos por su parte ha soltado mis nalgas y me acaricia los laterales de las caderas. Me ha parecido ver un gesto de complicidad entre ambos.

Romeo pasa sus manos desde atrás y me abraza por debajo de los pechos, a la altura del estómago. Noto su miembro en mi espalda. Carlos se separa un poco de mí. No sé qué traman.

Con un brusco movimiento, Romeo que me tiene cogida desde atrás, me levanta del suelo. Me sorprende la acción que no acabo de comprender. Carlos ha dejado sus manos donde las tenía, ahora están a la altura de mis rodillas. En un rápido gesto las mete por debajo de mi falda, coge mis bragas por la cintura y tira de ellas hacia abajo.  Cierro las piernas, bajo las manos para intentar agarrarlas pero es más rápido que yo. Esto lo tienen ensayado. Me quedo sin bragas y el coño al aire. Noto sensación de frescor en mi sexo. La humedad que me trasmitían y que había generado mi sexo, desaparece. Mi propia falda agitada por el brusco movimiento ha proporcionado un poco de aire fresco a la zona.

Pataleo un poco. Mas por disimular que por otra cosa. No quiero darle una patada a ninguno.

¡Cabrón¡ - le digo. Me hace un gesto similar al que me había hecho Romeo al quitarme el sujetador. Lanza mis bragas a la mesa. Romeo me baja al suelo pero no me suelta.

Perdona - me dice  Carlos– no he podido resistirlo. Se pone de rodillas y junta las manos en señal de oración.

La situación me da una idea malvada. Me acerco hacia él, tirando de Romeo hasta que coloco mi vagina sobre sus manos unidas. Carlos no pierde la ocasión para frotarlas contra mi sexo. Noto mis labios vaginales abiertos, los dedos juntos de sus manos entran sin problemas. Le dejo hacer, me doblo un poco por el placer que me está produciendo.

Romeo me levanta la falda. Noto su polla sobre mi culo. Esta dura como una piedra. Me adelanto un poco por la sorpresa. Carlos aprovecha y mete más los dedos en mi coño. Casi se me doblan las piernas, las abro más y me agacho.

Ahora Romeo me agarra las tetas por dentro del vestido. Las aprieta y acaricia. Pinza mis pezones que han crecido como nunca.

Carlos, de rodillas,  sigue moviendo los dedos que tiene dentro de mí. Creo que ha metido dos dedos de cada mano. No se cómo no me corro. Estoy a punto.

Busco a Ana no sé si para pedir ayuda o  para vanagloriarme de la situación. La veo sobre Juan, dándole la espalda, sentado sobre él y con los ojos cerrados. El movimiento rítmico y su cara de placer, con la boca medio abierta, indica que tiene algo de Juan metido en su cuerpo. No acierto a saber el qué ni por dónde. Por un momento abre los ojo, me mira y me sonríe con complicidad.

Romeo sigue moviendo mis tetas con una mano, pasando de una a otra. Empiezo a notar como, con la otra mano, acaricia mi culo. Un dedo busca la entrada. Lo noto mojado, creo que previamente se lo ha llevado a la boca. Encuentra el centro de mi agujero, noto la presión de su dedo. Empuja. Entra. Noto un escozor. Por ahí no estoy muy preparada.

Carlos se tumba en el suelo. Se ha bajado los pantalones, no lleva ropa interior. Su polla esta erguida, apuntando al cielo.

Romeo empuja su dedo metido en mi culo. Me obliga a moverme hacia delante, en cuclillas, hasta que choco con la polla de Carlos. Está como un palo y me detengo pegada a ella. Resisto el empuje del dedo de Romeo, que no insiste, y empieza a meterlo y sacarlo despacio. Me va desapareciendo el escozor. Noto que gira su dedo en mi interior, en dirección a mi coño. Me aprieta algo por dentro que me encanta.

Mi coño palpita. Se abre y cierra sin que lo controle. Pegada a la polla de Carlos noto su calor y la humedad mezclada de mi vagina y su pene. Me agacho y va entrando. Noto como su polla abre camino en mi interior y expande mi agujero. Sigo agachándome hasta quedar sentada sobre sus testículos. No puede entrar más, eso es lo que hay. El grosor es descomunal.  Me siento a gusto notando la presión en mi coño dilatado. Que esto no acabe, pienso.

Carlos intenta mantener una cara normal aunque noto sus esfuerzos para no correrse. Aprovechando mi posición, estira sus manos y manosea mis tetas. Desplazando los tirantes del vestido hacia un lado, las ha dejado a la vista. Ahora las toca directamente y se entretiene en mis pezones que están a reventar.

Romeo se me acerca por detrás. Saca el dedo de mi interior, al momento pasa su mano muy mojada por mi ano. Siento como aprieta en el mismo agujero con su polla. No me cabe. O eso creo. Empuja, algo ha entrado. Empuja más. Se me abre el culo. Vuelvo a notar el escozor de hace un rato. Siento que se juntan, lo que tengo dentro por delante y lo que acaba de entrar por detrás.

Busco a Ana casi suplicando. Ella sigue como antes, no para de moverse arriba y abajo. Yo me estoy corriendo. Jadeo. Tiemblo. Me aprieto más a Carlos, pegando mi clítoris a su piel. Arrastro mi coño depilado adelante y atrás para obtener más placer.  

Siento el calor de semen de Romeo en el interior de mi ano. Se ha corrido, pero no saca su polla.

Carlos le sigue, noto como su semen sale de mi coño y se extiende sobre sus genitales. Mis labios vaginales se mojan. Me relajo.

Permanecemos así durante unos minutos. No quiero dejar de sentir la presión de dos pollas en mi cuerpo. ¿Cuándo me veré en otra igual?

Poco a poco va reduciendo la presión. Ambos se van apagando. Me levanto y separo de ambos. Me recoloco el vestido y me acerco a la mesa. Ana ya ha acabado con lo suyo. Su sonrisa de satisfacción me lo indica.

Recojo mi ropa interior. No me molesto en ponérmela, la guardo en mi pequeño bolso. Me gusta la idea de salir a la calle sin ella y sentir la brisa nocturna del mar sobre mis tetas y mi manoseado coño.

Nos despedimos de nuestros nuevos amigos y regresamos al hotel. Esta noche no se puede hacer nada más. Mañana, seguramente, sabemos en qué dirección ir.


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