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Fecha: 18-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Bisexuales

Compartiendo piso con mi sobrino

Cachopo
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Tiempo estimado de lectura: [ 32 min. ]
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Ser un cabrón con mi mujer hace que mi vida cambie drásticamente. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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COMPARTIENDO PISO CON MI SOBRINO

-          Piénsalo bien Angel, es la mejor propuesta que vamos a conseguir. Ángela tiene un batallón de abogados y tiene buena relación con la mayoría de los jueces de la ciudad.

-          No pienso firmar ese acuerdo… - Angel Ocaña y su abogado cuchicheaban en la sala de reuniones de los abogados más prestigiosos de Bilbao.

-          Señores, firman el acuerdo o vamos a juicio. Sr. Ocaña, la señora Urquijo está deseando verlo sentado en el estrado, solo hace esto por deferencia a su hijo. Por lo tanto, yo no me lo pensaría mucho, van a perder y su abogado lo sabe. Asúmalo. – El estirado abogado hablaba con una prepotencia casi insultante mientras se colocaba las gafas redondas que le daban un toque todavía más pedante.

-          Váyase a tom… - Angel estaba rojo de ira. Lo perdía todo, básicamente se quedaba en la calle.

-          Perdonen… tenemos que hablar a solas.

Angel y su abogado se fueron una pequeña sala adjunta, mejor dicho su abogado arrastró a Angel hasta la sala.

-          No pienso firmar.

-          Angel, entiende la situación… es lo mejor.

-          Lo mejor… No me jodas. Me quedo sin casa, sin pensión… joder de que voy a vivir. – Solo me ofrecía una pensión de unos 600 euros durante un año.

-          Pues de las mujeres, como siempre has hecho. Mira Angel, tu mujer es la hija del hombre más poderoso de la provincia y te odia. Te tengo que recordar que te pilló con el jardinero follándoos a la novia de tu hijo?

-          Esa zorra estaba follándose a ese puto panchito… Tenía que darle una lección.

-          Si claro, Ángel vete a contarle ese cuento a otro gilipollas. Te gusta follarte a una niñata más que a Fernando Alonso los coches. Y lo de los tríos… todavía me hago pajas con alguno que hicimos en la universidad.

-          ¿Tú eres mi abogado o el de Ángela?

-          La novia de tu hijo tiene 17 años… te podrían denunciar por pederastia y lo sabes.

-          Esa zorra lo estaba gozando más que nosotros.

-          Esa zorra es la hija de consejero de educación… Joder Ángel, firma de una vez y empieza tu vida.

-          Ok, ok…

Como podéis intuir mi vida cambió mucho desde ese momento. Mi exmujer se encargaría de que nadie me contratase en toda la provincia y la verdad es que mi experiencia laboral era mínima. Llevaba desde que me casé en el departamento de personal de la empresa de la familia de mi mujer, aunque la verdad es que trabajar poquito prácticamente ni me pasaba por allí. Viéndolo con perspectiva no le guardo rencor a mi mujer. Ella miró para otro lado desde que nos casamos… pero yo digamos que se lo puse muy difícil. Mi madre decidió llamarme Ángel, ya que según cuenta a todo el mundo nací sonriendo y parecía un angelito. No pudo equivocarse más escogiendo mi nombre. De Angel tengo muy poco… la verdad es que no he sido fiel a ninguna mujer y soy bastante cabrón. Ni siquiera he sido fiel a mis amantes, que se cabreaban mucho cuando las sustituía por una unos años más jóvenes.

Mucha gente dice que hay chicas que estudian derecho para dar el braguetazo con algún hombre de buena familia… pues tienen razón, pero no todas son chicas. Yo decidí desde muy joven que mi físico era mi mejor baza y llevaba desde el instituto aprovechándome de ello. No soy un tío espectacular como para ser modelo, pero tengo un atractivo que las vuelve locas. Soy el típico tío de perfil vasco  de fuerte mandíbula y nariz recta y algo grande, cuerpo de leñador muy ancho de espadas, piernas muy fuertes y casi 1,90 de altura. Soy moreno y heredé unos ojos azules que llaman la atención a todo el que me mira. Además, dicen que la seguridad es muy atractiva… pues yo soy de esos tíos que se lo tienen muy creído. Yo digo que por que puedo, y también porque lo trabajo haciendo mucho deporte que es mi pasión… después de follar claro. Soy el hijo pequeño de tres hermanos, dos varones y una mujer… con los que casi no tengo relación desde que me casé.

Como podéis suponer, conocí a mi mujer durante la carrera de derecho. Mi mujer era guapa, nunca fue un pivón y en la cama se movía menos que una estrella de mar. Pero lo que más me gustó de ella fue su padre… No penséis mal, su padre era de los tíos más poderosos y ricos de españa. Un empresario sin escrúpulos al que no le hice ni puta gracia nunca. Y mucho menos cuando dejé preñada a su hija antes de que se pudiese librar de mí. Si lo hice a propósito… pues la verdad es que me olía que iba a hacer todo lo posible por librarse de mí y no tuve mucho cuidado.

Mi mujer era igual que su padre, y una vez empezó a ascender en la empresa familiar se centró en el trabajo y dejó de ocuparse de su familia. Yo la verdad es que tampoco era un ejemplo de padre. Me pasaba el día haciendo deporte o follando a mis conquistas. Me encanta follar… no lo voy a negar. Es una adicción a la que no tengo ninguna intención de ponerle freno. Creo que me follé a todas las niñeras de mi hijo. El niño nos salió un blandito, escuálido blandito… incluso dudaba de que fuera mi hijo.  Yo creo que era marica, no le gustaban los deportes ni salir de fiesta. Me sorprendió cuando con 17 años apareció con una novia. La niña era una zorra de las que no tiene nombre.

Un día la chica vino a casa por algo que le pidió mi hijo, y me pilló follándome a la chica del servicio en la habitación de este. Yo la miré mientras le reventaba el culo a la joven peruana que había contratado hace un mes. Me encanta follar culitos porque así no tengo que preocuparme de dejar a ninguna de estas zorras embarazadas, aunque pocas aguantan mi trabuco, sobretodo por el grosor. Aunque esta chica se había adaptado más que bien… y tragaba de lujo por ese culo prieto.

La novia de mi hijo se quedó mirando unos segundos, y yo le hice el signo de silencio mirándole con cara de cabrón. Ella sonrió y cerró la puerta sin hacer ruido. Desde ese día empezó a calentarme cada vez que tenía ocasión. La niñata estaba muy buena, era pequeña, morena, delgadita, bastante guapa de cara pero lo mejor es que tenía unas tetas de escándalo grandes y turgentes… Unas tetas que con los años caerían sin remedio pero que estaban en su punto perfecto de maduración.

Yo la evitaba, no quería líos y aunque soy un puto salido sabía que había límites que mejor no traspasar. Pero aquello era una bomba de relojería. Un día llegue a casa y ella estaba allí tomando el sol en topless. Yo venía de correr con un pantalón corto todo sudado y la camiseta enganchada en un lateral. El jardinero estaba más atento a sus maravillosas tetas que al pobre seto que estaba destrozando.

-          Hola Carmen, ¿qué haces por aquí?

-          Ah, hola señor Ocaña, ¿qué tal está?

-          Bien, ¿no has ido al instituto? – Intentaba no mirarle a sus tetas que no hizo ni amago de taparse.

-          No… hace demasiado buen día para perderlo con tonterías.

-          Ya veo… y ¿qué haces aquí?

-          No puedo estar en mi casa, los criados se chivan a mi padre y encima allí no me dejan hacer topless.

-          Y ¿quién te ha dicho que aquí puedes hacerlo? – Yo intentaba ser duro, no me gustaba nada el juego que se traía esta niña… al final iba a tener que darle rabo.

-          Lo siento señor… pensé que a usted no le molestaría, es tan joven y moderno… ya me gustaría tener un padre como usted. – Dijo lo más sensualmente que pudo. No pude pensar más que en lo zorra que era aquella niñata. Me fui a la cocina sin contestar y ella se tumbó de nuevo con una sonrisa de Lolita que sabía que sus trucos estaban funcionando. Entendí su sonrisa cuando vi que mi polla estaba a tope, lo cual es difícil de disimular. Cogí el litro de zumo de naranja y salí otra vez a la piscina.

-          Chico… ¿cómo te llamabas? – Llevaba ya dos meses trabajando en nuestra casa pero nunca me molesté en preguntar su nombre.

-          Kevin, señor. – Contestó el delgado pero fibrado joven que llevaba una camiseta de tirantes y un pantalón que visiblemente le sobraba por todos lados.

-          Ok… donde está la chica del servicio?

-          Se ha tenido que ir, estaba enferma. Me ha dicho que tiene comida en la nevera.

-          Ok… - Me tumbé totalmente sudado en la tumbona de al lado de Carmen. Ignorándola. Aunque mi polla seguía marcándose en el pequeño pantalón de deporte.

-          Señor Ocaña… puedo hacerle una pregunta? – Dijo al rato, tumbándose de lado… sus grandes tetas mantenían la compostura a pesar de la postura.

-          Si claro.

-          Piensa que soy atractiva? – Dijo mordiendo un mechón de su cabello.

-          Chiquilla… que puedo ser tu suegro en breve, ¿que pregunta es esa?

-          No soy tan chiquilla, cumplo 18 años en dos meses. Y usted es joven todavía, solo quería saber su opinión porque tengo problemas con su hijo.

-          ¿Qué tipo de problemas? – Contesté intentando mostrar interés por mi hijo, aunque a la chica se le veían las intenciones a leguas.

-          Pues creo que no le gusto. No se le pone dura conmigo, y siempre me pone escusas… dice que quiere llegar virgen al matrimonio, pero no veo que sea tan religioso. – La niña ya me tenía totalmente empalmado. – Aunque veo que a usted le gusto más que a su hijo. – Dijo riéndose inocentemente.

-          Uno no es de piedra. Pero es que yo ya soy un viejo verde. Igual a los chicos de tu edad no les gustas. – Dije empezando a aflorar mi lado más cabrón. – ¿Tú crees que podrías excitar a un chico de tu edad?

-          Claro que si… - dijo algo ofendida.

-          Kevin… cuántos años tienes? – le grité ya que desde mi llegada había dejado de torturar a los setos cercanos y estaba en la otra punta del jardín.

-          Diecinueve señor. – Dijo algo sorprendido por la pregunta.

-          ¿Puedes venir?

-          Claro señor – dijo soltando las herramientas de poda y acercándose quitándose los guantes.

-          ¿De dónde eres?

-          Soy de Colombia señor.

-          Y ¿te gustan las chicas? – Yo me levanté poniéndome a su lado. El miró mi empalme, que no intentaba disimular sino que lo acomodé para que mi polla estuviera cómoda. Kevin no podía evitar mirarla algo asustado por mi pregunta.

-          Mira es que tengo un problema. Esta zorrita de aquí está preocupada porque dice que no sabe si le gusta a los chicos de su edad. A mí como puedes ver por mi polla, si que me pone… pero a mi edad ya me pongo cachondo con nada. ¿Tú crees que está buena? – Carmen nos miraba divertida. Sabía que ya había conseguido lo que llevaba un mes persiguiendo y que por lo que parece iba a ser todavía más divertido de lo esperado.

-          Si… si claro señor. – El chico estaba rojo como un tomate… a pesar de su morena piel. A mi lado su delgado cuerpo de 170 cm parecía el de un niño asustado.

-          Bueno, yo no estoy muy convencido. Yo creo que te asusto un poco y dices eso por complacernos. Carmen, enseña a Kevin tus encantos.

-          Claro señor Ocaña. – La chica empezó a sobarse sus grandes tetas, con unos pezones muy duros que mostraban su excitación.

-          A ver tu culito… - La chica obedeció poniéndose a 4 patas. – Joder que culito tiene, verdad? – Kevin iba a sobarse la polla que se veía atrapada en su slip.

-          Si señor… - El chico iba cogiendo confianza y ya estaba menos asustado viendo el tono que tomaba la surrealista situación.

-          Yo creo que para comprobar de manera objetiva si te gusta mi futura nuera deberías bajarte los pantalones. Tu puedes mentir, pero tu polla no. – El chico lo miro algo asustado. Yo asentí dándole confianza. Y el chico se bajó los pantalones y los calzoncillos  despacio.

-          Joder… - Carmen se asombró al mirar el pollón del joven, estaba curvada hacia abajo, con una forma rara pero debía medir unos 24 cm.

-          Joder Kevin… veo que si te gusta. – dije con camaradería poniendo un brazo alrededor de sus hombros. – Vaya rabo que tienes.

-          Debe ser más grande que el suyo seño Ocaña. – Dijo sonriendo la chica.

-          La verdad es que es un pollón cojonudo. Ven a verlo de cerca y probarlo… - Dije cogiendo la polla del chico y agitándola un poco. Cuando descapullé su polla un olor a rabazo inundó el ambiente. La chica fue a 4 patas como un gatita y se arrodilló delante del rabo del joven. Yo seguía jugando con ella mientras Kevin suspiraba. La chica empezó a lamerlo y enseguida tenía sus labios contra mi mano.

-          Le gusta mamar a esta zorra… - La cara de Kevin había cambiado y ya tenía la cara de un macho salido en vez de la de chico tímido. Le cogió la cabeza y me apartó la mano para que Carmen se comiese entera su polla. – Joder… sí que es zorra. – Los dos estábamos asombrados de que se la tragó entera, aunque enseguida tuvo una arcada.

-          Kevin ¿crees que podrá con esto? – Yo saqué mi polla, debía medir unos 22 cm pero era muy gorda, pero recta y con un buen capullo.

-          Joder señor. – Las palabras de Kevin hicieron que Carmen mirase… y pusiese cara de sorpresa. Aunque había visto como me follaba a la criada, no creo que pensase que fuera tan grande. – Es enorme.

-          Tu la tienes más larga. – Dije cogiéndosela y dándole pollazos en la cara a la joven.

-          Ya señor, pero esto es una bestialidad de gorda.

-          Cógela si quiera, somos colegas, no? – Kevin cogió mi polla y la sopeso, cogió mis huevos muy gordos y grandes que llevo siempre totalmente depilados.

-          Joder… Zorra a ver si puedes comerte esto. – Kevin bajó mi polla y apuntó a la cara de Carmen que abrió la boca y el joven hizo que se la metiese hasta donde podía.

-          Cuidado con lo dientes… - Yo tuve que retirar un poco hacia atrás.

-          Ten cuidado con el señor zorra. – Kevin tiró del pelo a la joven le soltó un lapo en la boca, que excitó a la zorra de Carmen. Y todo hay que decirlo hizo que mi polla diese un bote. Ese chico era una caja de sorpresas. – Así zorra… con cuidado, que esta polla lo vale. – El servilismo del joven hacia mí, y la sumisión de Carmen me tenían totalmente excitado.

-          Así muy bien… Enseña a esta zorra. – La pobre Carmen hacía lo que podía pero no podía con lo ancho de mi polla.

-          Señor, habrá que ver si le entra por el coñito entera, ya que no es lo bastante zorra para tragársela toda.

-          O por el culito… me gustan más los culos. – Carmen al escuchar eso se retiró haciendo fuerza.

-          No por el culo no señor Ocaña… es enorme. – Los dos nos empezamos a reír ante el susto de la joven. – Por el coño señor… tomo la píldora, puede darme sin miedo.

-          Serás zorra… y ¿por qué tomas la píldora si mi hijo ni se empalma contigo? – Carmen se dio cuenta de que había metido la pata. – Bueno, ya hablaremos de esto más tarde… ahora a ver que tal se abre ese coñito.

-          Con cuidado señor…. AAAHHHHH- Como supondréis no tuve ningún cuidado y se la clavé hasta los huevos de golpe y empecé a darle caña. Kevin al ver esto se excitó más, se notaba que le gustaba la rudeza y que un macho como yo le daba morbo. Cogió a Carmen por la cabeza y empezó a taladrarle la boca a lo bestia.

-          Te gusta como la destrozo, verdad chaval…

-          Si señor… enseñemos a esta zorra quien manda. – Seguimos un buen rato sudando como cabrones. Kevin se corrió haciendo que tragase todo lo que pudo… Y yo decidí que había que preñarle ese coño de zorra.

Cuando estábamos los tres recuperando el aliento empezaron a sonar unos aplausos desde el acceso de la cocina. Ángela, mi mujer aplaudía con un móvil en la mano.

-          Un gran espectáculo chicos. Se nota que estáis entrenados. – Su cara de serenidad me asombró.

-          Mierda… Ángela. – Yo me levanté con la polla todavía dura y llena de semen.

-          Hola cariño, por fin me has dado pruebas de lo hijodeputa que eres. Carmen, puedes irte ya hablaremos. No te preocupes por los videos con tu hermano, los tengo a buen recaudo. Y tu chico, sigue trabajando. – La serenidad de mi mujer me hizo pensar que todo era un plan suyo para librarse de mí.

-          ¿Donde crees que vas? – La seguí hasta la cocina totalmente desnudo. – ¿Lo has preparado tu?

-          Tú que crees… Aunque era cuestión de tiempo, ya te has follado a todo San Sebastian. O te crees que las criadas y las jovencitas que te follan son todas muy discretas.

-          Eres una zorra. – no podía creer que me hubiese preparado esa trampa. – Chantajear a una chiquilla para que caliente a su suegro.

-          Esa zorra no tiene nada de chiquilla. La verdad es que conseguí pruebas de su incesto con su hermano para “negociar” una fusión con las empresas de su padre. Pero cuando la vi aparecer por aquí con nuestro hijo se me puso en bandeja la oportunidad.

-          Veo que lo tenías todo bien pensado… hasta el jardinero.

-          Jajaja, que va Ángel, eso ha sido cosa tuya pero gracias por descubrirme las grandes dotes de nuestro nuevo jardinero.

-          Que zorra eres.

-          Eso ya lo has dicho… Cuando vuelva no te quiero en mi casa. Por cierto, ya le he dicho a mi secretaria que anule tus tarjetas y la junta aprobará esta tarde tu despido procedente por no asistencia e incumplimiento total de tus atribuciones.

-          Esto no va a quedar así, zorra.

-          Como te gusta esa palabra. Claro que no va a quedar así, esto es solo el principio.

Ángela se fue dejándome desnudo y con cara de gilipollas. Sabía que no tenía escapatoria. Llamé a Toni, un amigo de la carrera y un buen abogado para contarle lo ocurrido. Toni me recomendó que me quedase, pero yo no tenía mi orgullo. Estaba sin casa y sin dinero y con la mayor zorra de todo el País Vasco dispuesta a joderme la vida. Tras darle muchas vueltas y tras hacer una maleta con lo necesario para unos días, me dirigí a la casa de mis padres de la que todavía conservaba las llaves de casualidad. Hacía al menos 10 años que no la pisaba tras la muerte de mi madre.

Cuando llegué y al abrir la puerta me encontré una casa habitada. Pero que coño… ¿la habrían vendido mis hermanos? Se escuchaba música alta por lo que entré sin que me escuchasen a pesar de pegar un grito. Llegué al salón y un chico bajo y rubio con un el cuerpo totalmente lampiño y muy definido salía del baño. El susto que le pegue le dejó sin habla.

-          Hola ¿qué tal? Perdona, ¿quién eres?

-          Que quien soy… ¿quien coño eres tu? – Dijo con un claro acento irlandés, pero en un correcto español.

-          Soy Ángel Ocaña, mis padres vivían aquí.

-          Jon… - El joven irlandés gritó y un joven que era igual que yo a los 20 años apareció por el salón.

-          Que pasa Ben? Joder vayas voces…

-          Hay un hombre que se apellida como tú. – Ben se quedó mirándome bastante asombrado por nuestro parecido. Hacía 10 años que no lo veía.

-          ¿Eres Jon?

-          ¿Tío Ángel? Hostia… no te veía desde que era niño. – Jon se acercó y abrazó a su tío de manera muy natural. – ¿Qué haces aquí?

-          Bueno… un problema con tu tía. Mierda, ¿vives aquí?

-          Si desde que empecé la universidad. Ya sabes que mis padres viven en las afueras y esto es más cómodo.

-          Joder… lo que me faltaba. A ver que hago ahora.

-          ¿Qué querías quedarte aquí?

-          Pues si… esa era mi intención como ves. – Dije pegándole una patada a la mochila.

-          Bueno, con la de pela que tienes podrías haberte ido a un hotel.

-          No conoces bien a tu tía.

-          Jajaja, ¿es tan zorra como dice mi padre?

-          Más.

-          Y supongo que si lo que dicen mis padres de ti es verdad, no habrá arreglo.

-          Pues creo que no…- Dije rascándome la cabeza.

-          Bueno, puedes quedarte aquí. ¿Te importa Ben? – El chico rubio seguía secándose en bolas en el salón mirando la escena como si estuviera viendo la tele.

-          No que va, la familia es la familia. Encima dormirá en tu habitación, jajaja.

-          Puedo dormir en el sofá.

-          No te lo recomiendo. Ben vete a vestirte que está mi tío, joder todo el día en bolas. – Dijo Jon empujándole y dándole una nalgada a su colega de buen rollo.

-          Es un desastre el cabrón. Bueno, entonces que… ¿te quedas? – Me dijo mi sobrino con total naturalidad, parece mentira que no me hubiese visto en 10 años.

-          Si no te importa… Puedo dormir en el sofá.

-          No tio… te quedas en mi cuarto. He puesto una cama grande. Es la de los abuelos, te haré un poco de hueco en el armario para tus cosas.

-          No, tranquilo, ya ves que he traído poca cosa.

-          Ok, yo voy a preparar la cena. ¿Tienes hambre?

-          Ni te lo imaginas.

-          Jajaja, pues unos chuletones y unos huevos vendrán de lujo.

Fui al antiguo cuarto de mis abuelos a dejar mis cosas. En cuanto abrí la puerta una hostia en forma de olor a macho me golpeo de lleno. El suelo lleno de gayumbos, calcetos, ropa de deporte y hasta un par de condones me sorprendió. Mi sobrino era un cerdako de los buenos. Antes de reponerme del olorazo mi sobrino apareció en la habitación con el teléfono inalámbrico en la mano.

-          Tío, mi padre quiere hablar contigo. – Mi sobrino lo había llamado supongo que para contarle la nueva situación.

-          Hola Iñaki.

-          Ángel, ¿qué coño haces ahí?

-          Ángela me ha echado de casa.

-          Ya me ha dicho Jon, se cansó de llevar los cuernos más grandes de Euskadi, ¿verdad?

-          Es un buen resumen – Dije con sorna.

-          ¿Y no puedes ir a un hotel o a casa de alguna de tus zorras?

-          Esta también es mi casa.

-          No me jodas Ángel, en la vida te ocupaste de papá y mamá. No me vengas con esas.

-          Y que coño te importa a ti. Jon está de acuerdo y solo serán unos días.

-          Porque no quiero que mi hijo tenga tu influencia. Eres un puto cáncer Ángel.

-          Ya te salió la vena envidiosa… Que pena me das. Mira no voy a discutir y menos hoy.

Colgué el teléfono bastante cabreado. Ya solo me faltaba tener que aguantar a mi hermano mayor dando lecciones como siempre. Me dirigí a la cocina y mi sobrino hablaba por teléfono asomado dando paseos por la pequeña habitación. La verdad es que nos parecíamos mucho, medía uno poco más que yo y era algo más delgado, se notaba la diferencia de edad, yo además era bastante más peludo. Iba sin camiseta solo con un pantalón corto y por lo que se le notaba el rabo sin gayumbos. Tenía unos oblicuos y unos abdominales muy marcados y un aro en el pezón izquierdo además de un par más en la oreja. La verdad es que mi sobrino si era un macho, y no como mi hijo. Por lo que se escuchaba estaba hablando con su novia.

-          Joder cariño… y que quieres que haga, es mi tio. – Se escuchaba una voz de chica al otro lado de la línea - No puedo hacer que duerma con Ben. No digas tonterías. Naia… no me cuelgues… Joder.

-          No soy el único con problemas con la mujeres por lo que veo.

-          Na tío… no te preocupes. No pasa nada.

-          Me alegro, y me encanta que seas el único que me defienda.

-          ¿No ha ido bien la cosa con papá?

-          ¿Tú qué crees? – le dije rascándole la cabeza, me hacía gracia la camadería que me trasmitía teniendo en cuenta que no lo veía desde los 10 años.

-          Supongo que no… te odia un poco mucho, jajaja.

-          Y tu ¿por qué no me odias?

-          Eres mi tio preferido, eras el único que jugaba conmigo de pequeño.

-          De eso hace mucho.

-          Bueno… no soy reconroso.

-          Ya veo, ni ordenado. – Los dos nos reimos al enseñarle dos condones tiesos de la lefada seca de varios días.

-          Perdona tío, mañana recojo un poco.

-          Ok, no te preocupes… aunque preferiría no pisar tus condones usados por la habitación. Yo tampoco soy especialmente ordenado, pero llevo años viviendo con criadas y ya no recordaba lo que era vivir así. ¿Y qué te pasó con tu chica? ¿Es tu novia?

-          Bueno algo parecido… Lo de siempre tío… que quería rabo y le has jodido el plan jajaja. Llevamos días sin follar porque estaba con la regla y hoy tenía ganas de amor.

-          Bueno, para cuando tienen la regla tienen el culito. – Dije dándole una palmada en sus fuertes nalgas.

-          Con esto… no me deja ni acercarme jajaja. – Dijo Jon agarrándose el rabo morcillón por encima del pantalón corto. – Venga, ponte algo más cómodo que la cena ya está.

La cena fue muy agradable, los chicos eran la caña y Ben estaba grillado aunque un poco intimidado por mi presencia. Todavía metía alguna patada al vocabulario y Jon siempre le daba algún corte que el asumía divertido. Hablamos hasta casi las doce con unos cacharros de whisky para celebrar mi bienvenida. Y decidimos irnos a dormir. Cuando llegué de lavarme los dientes Jon estaba amontonando su ropa sucia en una esquina.

-          Joder vaya cristo de habitación que tienes sobrino.

-          Jajaja, bueno mañana ya lo ordeno un poco. Y no te quejes que me has jodido el polvo.

-          Tienes razón, soy un gilipollas sobrino. Perdona.

-          No te preocupes. – Jon se tumbó en la cama bocarriba con los brazos detrás de la cabeza mostrando unos sobacos muy peludos que no habían conocido una cuchilla en su vida.

-          Ya no duermes desnudo.

-          Jajaja, ¿todavía te acuerdas?

-          Como olvidar esas peleas de tu madre para que te pusieses el pijama y tu corriendo en bolas por toda la casa.

-          Pues la verdad es que sigo durmiendo en bolas.

-          Pues por mí no te cortes. – Dije mientras me despelotaba delante de el y me tumbaba a su lado.

La cama era grande, pero con nuestro tamaño estábamos casi juntos y despatarrados en la cama con las pollas dormidas pero gordas descansando en nuestros muslos. Mi sobrino olia fuerte, a macho… pero para nada desagradable. Yo llevaba el bello algo recortado porque si no era un oso. Pero el lo llevaba natural, con una mata impresionante en los cojones y rodeando la polla. Apagó la luz, pero teníamos la persiana subida con lo que entraba luz de la calle que daba bastante visibilidad. Estuvimos un rato callados, aunque ninguno dormía.

-          Tio, ¿por qué te ha echado la tía de casa?

-          Problemas de pareja Jon… una tontería.

-          Venga cuéntamelo. Te pilló follando con una tía.

-          Bueno, si… Tan mala fama tengo.

-          Jajaja, ni te lo imaginas. Mama no puede ni escuchar tu nombre. Y a quien te follaste para que esta vez fuera la última.

-          Bueno, te lo digo si no se lo dices a tu padre.

-          Te lo juro. – Jon se inclinó sobre un codo como hacía de pequeño cuando su tio le contaba historias.

-          Me estaba follando a la novia de tu primo.

-          ¿Ángel tiene novia?, no me lo creo… hostia… y esta buena… que le hiciste… joder que bueno…

-          Tranquilo sobrino jajaja.

-          Cuentamelo tio, por favor.

-          Vale, pero no se lo digas a nadie. Pues me la follé en la piscina con el jardinero.

-          Bufff… y esta buena?

-          Mucho… una zorra de 17 años tiene unas tetas que flipas, gigantes y duras. – Empecé a notar la polla de mi sobrino presionando mi muslo.

-          Joder… que morbo y que le hicisteis.

-          Pues primero se la mamó al jardinero, una chaval más joven que tu… escuálido pero con una polla enorme. Y se la llegó a tragar entera.

-          Joder… más grande que la tuya. – Jon miraba mi polla que ya estaba durísima mirando al techo.

-          Más larga, pero la mía no la pudo tragar entera, era muy gorda para esa zorra.

-          Buahhh es que la tuya es enorme tío. – Jon agarró mi pollón con mucha naturalidad. – Me acuerdo de vértela de pequeño y desear tenerla así de grande. – Jon la apretaba fuerte con su manaza, haciendo que mi capullo se hinchase a lo bestia.

-          Tu tienes también un razabo sobrino. Igual de gorda que la mía. - Yo también se la agarré y pasé los dedos por su capullo.

-          Ya, pero la mia solo mide 19… la tuya es mucho más grande.

-          No tanto, la mia 22… pero como llevas esta mata la tuya parece más corta. Tienes un buen pollón sobrino. – Nuestras manos ya estaban dando un suave masaje a nuestros babeantes rabos.

-          Y os follasteis a la niñata esa.

-          Solo una vez, tu tía nos pilló y lo grabó.

-          Hostia… quiero verlo. Y que le hicisteis?

-          Le dimos por boca y yo me follé el coñito hasta dejarla bien llena.

-          Hostia… la preñaste?

-          Si… Me he duchado, pero debajo del pellejo de mi rabo fijo que hay lefa todavía y flujos de su coño. – Jon pasó los dedos por mi capullo y se los llevó a la nariz y luego boca.

-          Hostia… si que huele pufff… - Yo llevé mis dedos a la nariz. Olía muy fuerte a macho… Jon también había descargado y no se había limpiado la lefa. Parecia que a parte de en lo físico nos parecíamos en la cerdo.

-          Joder… también te huele cabrón. Te has pajeado?

-          Si… Joder… y no tenías miedo a preñar a esa zorra?

-          No quiso por el culito, pero tomaba la píldora.

-          Buahhh, que morbo. Ya me gustaría a mi follar un culito.

-          Joder… pues ponte a ello. Ya te enseñaré a dilatarlos, soy experto comiendo culo jajaja. Todas piden rabo al final.

-          Hostia… me enseñaras? Quiero estrenárselo a Naia, lo tiene precioso.

-          Claro Jon… lo que quieras… Y tu novia es muy zorra?

-          Mucho… se la traga entera, y es la primera tía a la que puedo follar de verdad en plan bestia. Lo que pasa que no quiere a pelo… y ya llevamos meses.

-          Joder, pues no sabe lo que se pierde… y lo que te pierdes tu… un culito y un coño preñados es otro nivel…

-          Joder… que cerdo eres tío. Te gusta follarte un coño preñado… Que cerdada.

-          Jajajaja, cuando lo pruebes ya lo verás. Follarlo y comérmelo

-          Pufff… joder. Hostia… nos pajeamos tio.

-          Si venga, júntate más. – Nos acomodamos y empezamos a masajear nuestros rabos a mano cambiada. - Buahhh hueles a tigre.

-          Calla y sigue pajeandome. Dios… que morbo.

-          Venga sobrino… suelta toda la lefa.

Nos pajeamos un rato más hasta que mi sobrino solto toda su lefa… 5 chorrazos que me llenaron la mano y el brazo de lefa. Con los espasmos mi sobrino había dejado de pajearme y tuve que llamar su atención.

-          Cabrón no pares…

-          Perdona tio… ufff venga lefame la mano…

-          Buaaahhh la mano y el pecho cabron… - Me giré un poco y empecé a soltar trajazos sobre mi sobrino llenándolo de lefa. Siempre fui muy lefero.

-          Joder… como me has puesto… Jjajaja… un poco más y me haces comer lefa - dijo quitándose lefa de la barbilla.

-          Pruebala. – Dije mirando con morbo a mi sobrino. Dudó pero la probó poniendo cara de morbo.

-          Joder… no está mala… ahora entiendo que Naia se la trague toda. – Yo probé la de mi sobrino.

-          Tendrás que ducharte campeón.

-          Jajaja… a estas horas… Te jodes y duermes con un macho lefado al lado. - Dijo rebozandose la lefa por el pecho y girándose para dormir, dándome la espalda.

Yo seguía con la polla dura, pero creo que ya había sobrepasado unas cuantas líneas que no cruzaba desde la adolescencia. Le di la espalda y me puse a dormir, mi sobrino ya respiraba fuertemente. Me tenía maravillado la naturalidad con la que hacía todo mi sobrino, sin preocuparse ni cuestionarse nada, como si fuera un niño todavía.


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