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Fecha: 29-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Sexo con maduros

Mi coño conquistó New York.Cuando decidí labrarme

tauro47
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Cuando decidí labrarme un futuro, lo hice abriéndome de piernas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Mi coño conquistó New York.

Cuando decidí labrarme un futuro, lo hice abriéndome de piernas.

Al llegar a New York estaba cohibida, acababa de terminar mis estudios en la universidad, yo vivía con mis padres en una ciudad muy pequeña del sur pero ya de joven me di cuenta que el futuro estaba en la gran ciudad.

Con mi currículum en la mano recorrí varias empresas con poca suerte, cuando ya se me acababa el dinero decidí poner toda la carne en el asador y me dirigí al barrio financiero, estuve preguntando en las empresas que más me sonaban pero tampoco tuve suerte, ya estaba desesperada cuando entré en una pizzería, miré en el bolso y apenas me quedaba dinero para ese día, después no sabía cómo iba a seguir comiendo, pero haría lo que fuera para no volver a mi pueblo.

Cuando iba con la pizza pequeña hacia la mesa recibí un empujón que me arrojó al suelo, la gente que estaba comiendo apenas se volvió mirarme, lo que más me dolió mientras estaba tendida en el suelo fue ver como la pizza se deslizaba hasta bajo del sucio mostrador. Una mano me ayudó a levantarme, mis ojos no se apartaban del mostrador donde estaba mi comida, incluso no oí cuando el chico me pidió disculpas, me volví a mirarle, mis ojos estaban llenos de lágrimas.

Cuando me levanté los comensales aplaudieron entusiastamente, creí que era por el gesto caballeroso del chico, pero por sus miradas me di cuenta que era por qué mi falda estuvo subida hasta las caderas y mis piernas abiertas.

Abochornada acepté la mano y me puse en pie, el chico me recibió con una sonrisa, eso me quitó el enfado con los mirones, yo con una leve sonrisa se lo agradecí pero las lágrimas llenaban los ojos pensando en mi última pizza.

Él se fijó en mi mirada y pronto comprendió al ver mi comida entre papeles arrugados, me cogió de la mano y me sentó en una mesa…

--- Perdona, soy un torpe, tenía prisa en volver al trabajo pero te invito a comer, es lo menos que puedo hacer, estás bien? No llores no es para tanto, solo es una pizza.

--- Era mi última pizza, le dije.

Me cogió de la mano y me preguntó si tenía algún problema, con la calidez de su gesto le arrojé todos los problemas que tenía, le conté casi mi vida, me desahogué con él, aun sin comer me quedé más tranquila.

Él me escuchaba atento pero con una leve sonrisa, cuando terminé solo me dijo…

--- Creo que te puedo ayudar, trabajo en una asesoría financiera y soy jefe de sección, podría darte trabajo, no sería demasiado dinero pero aprenderías a manejarte en este ambiente, solo te pido que no me decepciones.

Ni lo pensé, le abracé y le di un beso en la mejilla, el se asombró, pues otra vez aplaudieron los demás, parecía que no tenían mucho en que distraerse.

A la mañana siguiente acudí a la dirección que figuraba en su tarjeta, pregunté por él y salió a recibirme, me saludó y me acompañó a la sala donde estaban todos sus compañeros, era un local grande que estaba lleno de cubículos, no se veía a nadie aunque se oía un rumor de conversaciones y tecleos en ordenadores, cuando el chico me acompañó a mi puesto de trabajo respiré hondo, era minúsculo, un ordenador encendido, un teléfono y unos papales en blanco con unos bolígrafos, eso era todo, bueno todo no, en un vaso de plástico había una rosa, era la bienvenida de Martin, antes de sentarme el chico levanto la voz y dijo…

--- Demos la bienvenida a Jean!

Algunas cabeza se asomaron sobre los cubículos, otros levantaron solo los brazos, algunos eran de mujer, me di por saludada.

Martin me dijo que él estaba justo a mi lado, y que cualquier cosa que necesitara se la pidiera.

Nada más sentarme el rumor siguió como antes, cada uno se ocupaba de lo suyo, se oían voces, unas enfadadas y otras contentas, yo me centré en descifrar mi trabajo y poco a poco me incorporé al ruido.

En los momentos en que descansábamos fui buscando hasta que encontré la sala donde estaban las máquinas de vending y el café, la chicas que habían desayunando me hicieron corro preguntando curiosas sobre mí y como había conocido a Martin, al contárselo se rieron, oí un comentario de una chica que dijo que se lo cobraría bien.

Los días pasaban rápido, el casero de la pensión donde me alojaba llamó a mi puerta, venía dando voces, quería cobrar ya los dos meses que le debía, yo le dije que tuviera paciencia, que ya tenía trabajo, no lo creyó pero después de mucho rogar me dio un plazo hasta final de mes.

Por supuesto no habría cobrado a ésta fecha pero de momentos salve el compromiso, decidí ahorrar el máximo para poder seguir en la pensión.

Una tarde de viernes casi al finalizar la jornada oí un ruido en el rincón de Martin, no se oía ni el teléfono ni el ordenador, me puse en pie y por encima de la separación me asomé, me quedé helada, la cabeza del chico estaba pegada a mi pared, no me veía, pero entre sus piernas extendidas en el sillón estaba la chica que había hecho el comentario, tenía entre sus manos la polla de Martin, solo la reconocí cuando la sacó de su boca y levantó la cara, simplemente me sonrió y siguió mamándosela, el chico le cogía del pelo y le acompañaba dándole el ritmo que más le gustaba, cuando aceleró la chica le cogió los huevos y los acarició, un ruido de tragar y luego toser me indicaron que Martin se había vaciado en la garganta de la chica, no esperé a ver más, el momento la chica salió y volvió a su sitio.

El lunes era el día que le había prometido a mi casero que le pagaría, me estaba vistiendo cuando llamó a la puerta, salí y sin más entró en mi habitación, solo me puso la mano extendida y me pidió su dinero, yo empecé a darle excusas, el con los ojos inyectados en sangre, me cogió y me zarandeó, pensé que me iba a violar, me cubrí las tetas y el coño con las manos, pero él se detuvo y cogiendo mi maleta la echó sobre la cama y me dijo que la hiciera y que esta noche ya no dormiría  allí.

Salí disparada de la pensión, me había equivocado con la violación, pero el horizonte era negro.

En el trabajo les conté a las chicas mi problema, la chica que vi con Martin me dijo que ella estaba en una habitación alquilada y que había una vacante, pero que aunque no era cara se pagaba por adelantado, me pidió excusas por lo que había visto el otro día, era para pedirle un día libre.

Cuando volví a mi sitio, vi a Martin frente al ordenador, estaba hablando a la vez por teléfono y escribiendo, cuando colgó el teléfono se desperezó y me miró preguntándome se quería algo, no estaba de buen humor, le conté rápidamente que necesitaba dinero para la habitación, el movió la cabeza y me dijo que hasta final de mes no pagaban en la empresa, luego después de pensárselo mejor sacó la cartera y dejó unos billetes en la mesa, les puso la mano encima y con la mirada señaló su bragueta, la imagen de la chica me vino a la mente, me arrodillé frente a él y le solté el cinturón, le bajé el bóxer, era de marca, estaba impresa en la cintura, le saqué la polla aún blanda y me la metí en la boca sin mirarla, me era igual, al principio me repugnaba un poco, su tacto en mi boca, con la lengua le levantaba y volvía a caer muerta, él parecía impaciente para seguir trabajando por lo que tuve que emplearme a fondo, le cogí los huevos, apenas reaccionó me iba a ser difícil conseguir los billetes que veía sobre la mesa, al no progresar con la polla me bajé los tirante de la blusa que llevaba, un leve avance noté en mi paladar, decidí acabar pronto y me bajé los tirantes del sujetador y saque mis tetas fuera, con el frescor del aire acondicionado los pezones se me pusieron duros, él los estaba mirando fijamente, su polla empezó a elevarse como una cometa, pronto llenaba mi boca hasta el punto que tuve que sacar un buen trozo pues no me cabía, empecé a mover la cabeza, el glande rozaba mi paladar y crecía por momentos, según cogía velocidad con la lengua rozaba su frenillo, el me cogió la cabeza con las dos manos, pues tengo el pelo corto, me dirigía hasta casi sacarla de mi boca y hundirla hasta la campanilla, noté como se hinchaba el capullo hasta que un chorro seguido de otros me llenó la boca, no quise que cayera en el suelo por lo que puse las dos manos bajo mi barbilla, casi se llenaron cuando la sacó todavía dura, me alargó una servilleta húmeda, cuando me levanté sacó otro billete de su cartera y me los dio, yo le miré seria y le dije…

--- Gracias Martin, pero solo es un préstamo.

Mi nueva amiga Emi me llevó a su casa, habló con la dueña del piso y después de pagarle me ayudó a instalarme, era una habitación pequeña pero tenía sol y lo necesario para mí.

Ya con las necesidades mínimas cubiertas me fui integrando en el trabajo y haciendo amistades, las compañeras me fueron poniendo al día de todo, el tema que más se hablaba era de los chicos, en la oficina habían varios muy guapos, todos trajeados menos los viernes por la tarde que se permitía ir más informal, era este día donde más se alternaba, la proximidad del fin de semana propiciaba el relax, con el tiempo descubrí que en el baño común se encontraban alguna pareja, me extrañaban algunos ruidos y suspiros que oía pero me fijé que a veces salía alguna chica arreglándose el pelo o los labios al salir del baño y al momento algún chico también salía estirándose la camisa.

Poco a poco me enteré de las parejas más o menos promiscuas que se hacían y deshacían, cuando estuve al corriente supe que Martin aunque era de los más atractivos no se permitía ninguna aventura, solo se conocía porque cuando alguna tenía que pedir un favor le tenía que mamar la polla, esto yo ya lo sabía.

Fui controlando a todos, ya sabía los detalles de cada uno, bueno solo uno se me escapaba, era un chico muy joven, casi un adolescente, me dijeron que estaba de prácticas, era un becario, se veía que era muy tímido, no se relacionaba con nadie ni nadie se preocupaba de él, me picó la curiosidad, cuando un día pasé por su lado me asomé y le saludé, el se puso rojo y me miró, yo no soy ninguna tigresa, no estoy mal pero a él debí intimidarlo, le quise animar y hacer que se encontrara más a gusto, cada vez que salía a tomar café pasaba por su rincón y lo saludaba, poco a poco fui entablando conversación, procuré  averiguar sus gustos y hablábamos de música, de coches, de chicas, yo procuraba agradarle la compañía y poco a poco fue abriéndose, un día lo invité a tomar café, me dijo que no tomaba, le traje una coca cuando volví a pasar junto a él.

Cuando un día coincidimos en el metro me esperó y me guardó un hueco entre el gentío, era la hora punta y estábamos comprimidos, con los vaivenes del vagón nos pegábamos sin querer, mis tetas en ocasiones rozaban al chico en los brazos o en el pecho, yo notaba como mi sujetador se deformaba con el contacto, más de una vez mis pezones reaccionaban por su cuenta y se marcaban en mi camisa, los ojos de George se quedaban pegados a mi pechera, cuando le descubría mirando se ponía rojo de vergüenza, pero por debajo su polla no demostraba lo mismo pues se pegaba a mí, al principio solo eran roces ocasionales pero cuando notó que yo no lo evitaba se fue pegando hasta que me cogió de la cintura y me apretó su polla, creí que no era la de un adolescente pues por el tamaño que marcaba y el calor que desprendía parecía la de un hombre hecho y derecho, me intrigó bastante y le seguí el juego, sus manos en mi cintura pasaron a mi culo, después de apretarme las nalgas descaradamente me dio la vuelta y se pegó a mi culo, su polla separaba mis nalgas y sus manos fueron subiendo bajo mi camisa, al llegar a mi estómago se paró en seco, dudó pero cuando me apretó con la polla restregándola por mi culo siguió hacia arriba, levantó suavemente los aros del sujetador, pasó los dedos por el pliegue de pecho que salió y siguió levantando la prenda hasta que liberó mis tetas, me lo dejó en el cuello, con las dos manos abarcó mis pechos y los apretó haciendo salir mis pezones, con un dedo rodeó las areolas, comprobó su diámetro y raspó con las yemas de los dedos hasta ponerlas ásperas, la naturaleza estaba enseñando a George a pasos agigantados, su inexperiencia se estaba disipando rápidamente, aunque no había estado con ninguna chica, se manejaba muy bien.

Yo con los brazos caídos le dejaba hacer, apoyada contra el cristal de la ventana veía pasar los túneles del metro, se separó de mi culo, pensé que se había arrepentido, pero en mi mano sentí la humedad del glande con unas gotas de líquido pre seminal, instintivamente la cerré evitándolo, pero él me la cogió y al abrirla volvió a meter su polla entre mis dedos, no pude o no quise evitarlo y la cerré esta vez sobre su polla, el empujó y resbalando su piel pasó de tener cogida la punta a abarcar todo el tronco, la sospecha anterior se confirmó, tenía una polla inusual para su edad, apenas podía rodearla con los dedos, el metro pasaba a gran velocidad por una serie de vías con curvas y la polla seguía el trayecto, entraba y salía de mi mano, le estaba haciendo una paja con la ayuda del metro, sus manos ya tenían mis tetas en su poder, las estrujaba y las amasaba sin pudor, una mano se soltó y bajo por mi vientre, levantó la falda, estaba difícil pero le ayudé abriendo las piernas un poco, sus dedos se enredaron en los rizos de mi pubis, pero su destino no era este, siguió hasta meterlos entre mis labios, se contentó al pasar por mi clítoris, este lo recibió poniéndose duro, vibraba con sus caricias, ya no pude aguantar más, apreté su polla y con varios meneos le hice correrse a mi lado, yo me pegué al cristal para no caer desfallecida al notar el orgasmo que me sacudía, cuando sacó los dedos de mis bragas los llevaba mojados pero por los míos corría su leche pegajosa, los lamí mientras él me besaba en el cuello.

A partir de aquel día nos encontramos varias veces en el metro, muchas veces si el gentío lo permitía acabábamos con las manos mojadas, llegamos a proveernos de servilletas húmedas para los escarceos en los viajes, los días pasaban y el chico fue haciéndose más osado, cuando pasaba por su rincón de la oficina a veces me esperaba con la polla fuera de sus pantalones, me la enseñaba dura y se volvía de espaldas otra vez.

Un día cayó una tormenta a la salida del trabajo, cuando subimos al vagón estaba mucho más lleno de lo abarrotado de costumbre, tras varios forcejeos, logramos ponernos a salvo tras las barras verticales, por lo menos no nos empujaban, George como siempre se pegó a mí, yo ya lo esperaba y me puse frente a él con su cara pegada a la mía, sus manos abrieron los botones de mi blusa y bajaron los tirantes del sujetador, las copas quedaron colgando bajo mis tetas, el abrió la blusa y quedaron a la vista, me daba morbo que nos pudieran ver, pero seguí con su juego, mis manos buscaron su bragueta, la abrí y me llevé una sorpresa, no llevaba ropa interior, su polla saltó entre mis manos, George se pegó a mi cogiendo mis tetas con las dos manos, su polla entre mis piernas se apoyaba en mi mullido monte de Venus, esté día llevaba una falda ancha de tablas, soltó una teta y pasó su mano por bajo de la orilla de la falda, la fue subiendo lentamente hasta alcanzar a mis bragas, las notó húmedas cuando  levantó la goma y metió los dedos, separé las piernas pero no se contentó solo con mi clítoris como otras veces, siguió buscando mis labios menores, no tardó en descubrirlos ya mojados, un dedo los separó, lo note suave al entrar, solo lo hizo dos o tres centímetros pero me dio un escalofrío, como si me hubiese dado la corriente, sacó el dedo solo para sustituirlo por el capullo de su polla caliente, esa vez no fueron unos pocos centímetros, no paró hasta meterla toda, estaba difícil, me puse de puntillas, él cogido a mi culo me la metió hasta dentro del todo, estuvo unos instantes quieto, sentía como le palpitaba el glande en mi interior, cuando se calmó un poco se retiró para volver a entrar de golpe, me hacía elevarme cada vez, mis tetas estaban a veces al alcance de su boca, las mordía hasta que me dejaba caer, el trayecto se me hizo corto, cuando faltaba una parada para apearme George me empujó hasta que pudo aguantar, se salió justo cuando los chorros de semen mojaban mi pubis, los pelos se quedaron canosos, de leche espumosa.

Cuando volví a cruzarme con él en la oficina me cogió la mano y se la llevó a la polla, bajo el pantalón se notaba dura y caliente, me dijo apresuradamente que quería estar conmigo en un motel que había visto, le dije que me lo pensaría, al llegar a mi sitio había una nota pegada a la pantalla del ordenador, me decía que me presentara en el despacho del director, yo no lo conocía, solo una vez lo vi pasar seguido de su secretaria, pero hacía mucho de esto.

Cuando llegué su secretaria le avisó por el interfono, me hizo un gesto de preocupación, no sospechaba nada, mi trabajo lo hacía mucho mejor de lo que podía esperar, me lo había dicho Martin,  cuando entre al despacho el director estaba de espaldas en su sillón hablando por teléfono, me quedé de pie a la espera de que se diera la vuelta, estuve curioseando, me quedé helada cuando me fije en las fotografías que tenía sobre el escritorio, estaba con su mujer y su hijo en brazos, era un poco antigua, en otra muy reciente estaba solo su hijo, era George.

Cuando se volvió me miró enfadado, me preguntó mi nombre y en que sección estaba, cuando le contesté me dijo que me sentara, no había puesto el culo en la silla cuando adelanto la foto de George frente a mí, yo solo bajé la vista, no lo esperaba…

--- Señorita Jean, supongo que reconocerá a George, mi hijo, trabaja en su misma sección de becario, lo he puesto ahí para que se incorpore pronto a la empresa, quiero que un día dirija éste despacho, pero lo que menos me apetece que se distraiga de su tarea, desde hace unos días lo he notado cambiado, me ha preocupado por lo que le he puesto un detective siguiéndolo, su informe me ha llevado hasta usted.

Yo le escuchaba hundida y avergonzada, me habían estado espiando mientras follaba con el hijo del director, no tenía ni idea desde cuando lo hacían.

--- Debe saber que no puedo consentir que mi hijo tenga motivos para distraer su atención del trabajo, por lo que debo tomar medidas tajantes, por otra parte me alegro que lo haya despabilado, era demasiado tímido para mi gusto, no quiero que sea un mujeriego, pero tampoco un monje, por lo tanto por una parte estoy agradecido a usted, le ha hecho sentirse arropado en la oficina, no como el resto de compañeros, y sin saberlo le ha convertido en un hombrecito, verdad?

Yo con la cabeza le dije que sí, recordé como me metía la polla, se estaba convirtiendo en un follador nato.

--- …Por lo que he pensado una solución, no tengo otra opción que pedirle que abandone la empresa hoy mismo, recogerá sus cosas y saldrá sin despedirse de George, ya le diré cualquier cosa a él, no quiero que se encele con usted, pero soy consciente que usted no lo sabía, es una buena chica y una buena profesional, le voy a dar una carta de recomendación con la máxima calificación, además le quiero ayudar hasta que encuentre otro trabajo con esto.

Abriendo una carpeta saco un cheque, lo firmo y me lo entregó, yo tenía los ojos llenos de lágrimas, ni miré el papel, lo cogí y dándome la vuelta salí del despacho, la secretaria me miró con pena.

Cuando llegué a mi cubículo recogí el bolso, apagué el ordenador, saqué del bolso el dinero que le debía a Martin y se lo dejé pisado por el ratón con una nota, “Gracias Martin, has sido muy bueno conmigo”

Cuando salí a la calle las lagrimas me corrían por las mejillas, busqué en el bolso un pañuelo de papel, me encontré con el cheque, lo aparté pero le di la vuelta y lo miré sin interés, me tuve que apoyar en una farola, la cantidad era una cifra con muchos ceros, ahora las lagrimas eran de alegría, me daban ganas de volver y darle un abrazo al director.

Me fui a un restaurante y cené como una reina, luego pasé por mi habitación y recogí mis cosas, le dejé una nota a mi amiga despidiéndome, me hospedé en un hotel hasta que encontrara un apartamento para mí sola.

Al día siguiente encontré uno en una zona tranquila frente a un jardín, me instalé y salí directa a un salón de belleza, me maquillaron y me peinaron a la última moda, luego busqué un gran almacén, cuando salí llevaba varias bolsas, desde vestidos a lencería o zapatos y perfumes.

La cama era gigantesca, nunca había tenido ninguna así, me puse frente al espejo de cuerpo, lentamente me fui quitando la ropa que hasta ahora me había parecido elegante, cuando toda cayó al suelo vi en el espejo a otra chica distinta, me gustaba mi rostro, el maquillaje resaltaba mis rasgos, mi cuerpo estaba muy bien a mis 25 años, con mi estatura  de 1,78 y un peso de 70 Kg. Mis tetas estaban altas, a pesar de estar llenas, los pezones oscuros resaltaban a los pezones sensibles, estaban bastante juntas por lo que el canalillo era natural, con un vientre liso el pubis poblado con un bosque de vello moreno recortado hasta el nacimiento de los labios carnosos, no podía depilarme muchas como me gustaba pues se marcaban en la ropa escandalosamente, solo lo hacía de los labios hacia abajo.

Las caderas redondas unían mis muslos coronados por unas nalgas duras, me di la vuelta mirándome orgullosa con mi físico, me pasé la mano por mi sexo como homenaje a George, me gustó y me acaricié los pezones recordándolo, le deseaba lo mejor.

Cuando al día siguiente salí a la calle todo me parecía más bonito, me senté en una cafetería y estuve ojeando el periódico, rodeé las ofertas que más me gustaron, pero me llamó la atención una en particular, era de un abogado que buscaba una secretaria, cuando me citó me dijo que prefería una chica sencilla que supiera su oficio pues era mayor y solo, estaría en la oficina ocupándose de todo.

Me gustó su sinceridad y quedé con él, el despacho estaba en un rascacielos casi en los últimos pisos, frente a él se veían otros edificios emblemáticos en el skiline de la ciudad, en el ascensor iba acompañada de varias personas que se fueron quedando en las distintas plantas, solo siguió un señor mayor que me saludo con una sonrisa cuando me bajé.

Me abrió un señor de unos cincuenta y algún año, con unas entradas canosas y un bigote, me resultó atractivo, parecía un actor de los años 50.

Cuando me presenté me hizo pasar a su despacho, el departamento era muy pequeño, apenas el despacho y el recibidor con algún cuarto más.

El despacho era grande, y aunque necesitaba un poco de orden estaba bastante limpio, detrás del sillón de ejecutivo del señor Stopper se abría un ventanal hasta el suelo que se asomaba a una gran avenida, el sol entraba a raudales.

Me invitó a sentarme y me preguntó mis aspiraciones, le dije que lo único que pretendía era trabajar a gusto, sin presiones y con ganas de aprender, a él pareció gustarle y me dijo que eso lo garantizaba, que el sueldo no era muy elevado y que era fácil de llevar.

Me gustó que no desviara la vista a mis piernas pues era consciente que al llevar una falda ancha bastante fina y con el sol que entraba bajo de ella estaría enseñando hasta las bragas.

Le dije que el sueldo aún siendo importante era una cuestión secundaria, mi aspiración era probar mi capacidad y poder vivir independiente.

Parece que le convencí por lo que el Sr. Stopper me dio la mano y me dijo que el puesto era mío.

Al día siguiente acudí temprano, el jefe ya estaba en el despacho, me excusé pero me dijo que no me preocupara que como estaba solo se aburría en casa, me explicó a que se dedicaba y lo que esperaba de mí, no era difícil, en el trabajo anterior había tenido un buen aprendizaje, cuando le conté donde había trabajado le gustó mucho y más cuando le enseñe la carta de recomendación de su director, me dijo que por favor le llamara Paul.

A partir de aquel día poco a poco me acostumbré a estar sola pues Paul estaba ausente en los juzgados o de reuniones con sus clientes, al principio bajaba a comer a alguna hamburguesería pero no me compensaba el bajar, me acostumbré a quedarme a en el despacho, con tanto tiempo busque distraerme, cuando ya había ordenado todos los legajos, me senté en el sillón de Paul, frente al ventanal estaba disfrutando del paisaje, el sol me iluminaba, a través de la falda veía mis muslos, estaban abiertos y el sol se colaba entre ellos, me iluminaba las bragas blancas, me daba un calor que cosquilleaba mis labios, quise sentir más esta sensación.

Mientras abría las piernas me acordé de George, me gustaba el chico, apenas había saboreado su polla juvenil, pero me había gustado haberle despertado al sexo, yo no había tenido tanta suerte, lo descubrí de golpe, la noche que terminé en el instituto acudí a una fiesta, éramos todos muy jóvenes no supimos medir los efectos del alcohol, además alguien trajo algún porro el final fue previsible, acabamos todos en las habitaciones del anfitrión, estuvimos follando unos con otros, pase de no haber dado más que algún beso o recibido algún roce, a no saber quién estaba dentro de mí, esto hizo que no le diera mucha importancia al sexo hasta que me intrigó la ignorancia en la materia de George, pensando con él empecé a añorarlo, mis manos buscaron los pezones que a él tanto le gustaban, cuando los encontré bajo mi sujetador estaban esperándome ya duros, tiré de ellos, casi me dolían cuando los soltaba, me gustaba notarlos duros, por mi pierna sentí una humedad que el sol secaba, de mis bragas húmedas salía vaporcito, cuando me levanté la falda por la cintura, por la goma metí la mano, mis labios estaban abiertos, el clítoris se endureció al notar mi caricia, le separé la piel que lo protegía y rocé la almendra rosada que asomó, las bragas ya me molestaban, impedían llegar a más, me las quité decidida, aun tardaría Paul bastante en regresar, estaba en una reunión.

Con las piernas separadas y desnuda hasta la cintura mis manos acudieron a mi sexo, se repartieron entre mi clítoris y mi vagina mojada, el clítoris me hacía levantar el culo del siento y mis dedos en la vagina hacía salir mis jugos, cuando sentía que me acechaba el orgasmo, los jugos salían y se deslizaban entre mis nalgas, quise retenerlos y los detuve junto a mi ano, me gusto el rozar el agujero con mis dedos mojados, lo seguí tocando hasta que sentí que no estaba tan cerrado como siempre, mi dedo se hundió hasta la primera falange, me pareció poco y seguí un poco más hasta que quise ver hasta donde llegaba, me molestaba la camisa que llevaba para moverme, me la quité con dos estirones y el sujetador la siguió desesperada por volver a meterme un dedo en el culo, lo metí hasta dentro, lo hice con el dedo corazón el más largo, con la otra mano metida en mi vagina junté en mi interior los dedos, me acariciaba las paredes internas, la suavidad sedosa del intestino y la rugosa de mi vagina, no pude controlarme, un orgasmo me atacó haciéndome estremecer, saltaba en el sillón con los ojos cerrados, concentrada en las mil sensaciones que recorrían mi cuerpo, no advertí que se había puesto el sol, en los últimos latigazos abrí los ojos, en efecto el sol había desaparecido, pero era porque lo ocultaba el andamio del limpiacristales, este estaba frente a mí al otro lado de dos centímetros de cristal recién pulido, con su casco amarillo y su mono de trabajo con el logo de la empresa, la cremallera que recorría el mono estaba abierta y en la mano del hombre una polla duda, con un glande morado, grueso, redondo como una manzana, más grueso que el tronco.

Estaba apuntándome directamente a mi coño, cuando aún estaba yo vibrando de placer, la polla del hombre empezó a escupir leche que se quedaba pegada al cristal, las potentes lechadas quedaron repartidas, hasta que las últimas se escurrían haciendo unos ríos espumosos, no me fije en su cara pero me gustó cuando presionó su polla al cristal y la aplastó haciendo chato el glande morado, queriendo meterla en mi coño, lentamente me fui dando la vuelta con mi sillón y el andamio siguió su camino después de limpiar otra vez la ventana.

Después de un rato relajándome busqué la ropa, el sujetador había caído lejos, me lo puse acariciándome los pezones como despedida a George, cuando vino Paul, ya estaba trabajando.

Me intrigaba mi jefe, era un hombre muy correcto, nunca lo sorprendí mirando por mi escote o husmeando bajo mi falda, en su despacho había una foto, estaba con una mujer, quería saber más de él pero no podía entablar una conversación fuera del trabajo, mi curiosidad iba en aumento, ya se me había olvidado el problema que me había causado en el trabajo anterior, aunque me había salido bien, me propuse averiguar más de Paul.

Primero fueron preguntas inocentes, quise saber sobre la fotografía, solo me contestaba vagamente, no pude sacar nada en claro, pensé que no le presionaba lo suficiente, opté por vestirme más sexi, poco a poco para que no se alarmara empecé a maquillarme un poco más, no tuve respuesta, mis vestidos fueron más cortos y más escotados, la lencería se fue haciendo más pequeña hasta que desapareció por completo, yo me sorprendía como no me miraba las tetas que se marcaban hinchando los escotes, los pezones se me marcaban como faros, era imposible que no me viera, las piernas las cruzaba frente a él sin bragas, me recorté aún más el pubis, me ponía pantalones de licra marcando los labios del coño, como una papaya, ninguno de éstas exhibiciones dio resultado.

Un día vino casi a medio día, venía agotado de una sesión en un juzgado, cuando se sentó en el sillón le ofrecí mi comida, no había tomado nada aún, solo acepto dos bocados, le quise dar un masaje en el cuello y hombros, después de insistir aceptó, procuré relajarlo presionado sus músculos, estaba agarrotado totalmente, lentamente se suavizó y se durmió, seguí un momento masajeándolo, incluso le presionaba más de lo normal, pero no se despertaba.

Le di la vuelta al sillón, le puse las piernas sobre una silla y le aflojé el cinturón para que estuviera más cómodo, la curiosidad me pudo como siempre, fui bajando la cremallera, su respiración era regular, bajo su slip no notaba bulto alguno, me extrañó y metí la mano, entre los muslos por fin apareció la polla, era pequeña, de hecho es que estaba escondida entre los huevos, estiré de ella que blanda salió poco a poco, no tenía prepucio, por lo que el glande me pareció desproporcionado al tamaño del tronco, era puntiagudo pero con un grosor en el aro que le hacía un gran escalón, le presioné en el frenillo, parecía un pez boqueando. Me intrigaba ver la polla de Paul tan cerca y no saber cómo sería en erección, le toqué con un dedo y después lo olí, no tenía mal olor, parecía a un gel de baño de marca, esto me animó a probarlo con la lengua, con la punta apenas pude apreciar el sabor por lo que lamí todo el glande, al pasar por el frenillo un leve movimiento sentí en la lengua, animada lo absorbí entre mis labios, dentro de mi boca el glande cabía justo, presionaba el paladar pero yo evitaba arañarlo con los dientes, estiré el corto tronco, apenas se notaba, imaginé que sentado era difícil sacarlo todo, le cogí del cinturón y tiré hacia fuera hasta dejarlo en el canto del asiento, la polla salió un poco más, me la metí en la boca, ahora la metía hasta rozar la nariz en sus pelos, estuve aspirando, me llegaba hasta la campanilla pero no crecía, le acaricié los huevos, apenas creció un poco, le busqué detrás de ellos, estaban muy gordos, duros y rugosos, parecían estar llenos a reventar, al pasar los dedos detrás de ellos una contracción se produjo en mi boca, seguí hurgando hasta llegar al ano, una nueva pulsación y empezó a crecer lentamente pero el verdadero cambio se produjo cuando metí la yema del dedo dentro, como un muelle empezó a levantarse, a engordar, tuve que abrir la boca para dejar salir la polla un poco ya me daban arcadas.

El glande era el doble del tamaño que tenía antes de empezar pero el tronco había aumentado tres veces, apuntaba rígido hacia el techo cuando saque el dedo, pensaba que volvería a bajar pero no fue así, al contrario se agitaba con los latidos del corazón, miré el reloj se estaba haciendo la hora de empezar la jornada de tarde y podría venir alguien, no supe que hacer, empapé una toalla y le rodee la polla con ella, el frescor no le hizo efecto, seguía vertical, desafiante, se me ocurrió una solución desesperada, me quité la falda y las bragas, puse una pierna en cada lado y cogiéndole la polla fui bajando hasta encararla en mi vagina, yo estaba mojada desde hacía rato, no me paré cuando el glande se abrió paso entre mis labios, lo sentí resbalar por ellos y pulsar los pliegues internos de mi vagina, seguí con la esperanza de que con el roce se deshinchara, cuando hice tope dentro perdí esa esperanza, mi única solución era hacer que se corriera, no lo dudé y empecé a cabalgarlo, me tenía que poner de pie para sacarlo casi todo para luego sentarme en sus piernas, cada vez estaba más dura, mi coño empezó a fluir, por el tronco un reguero de mis jugos llegaba a sus huevos, intenté no mancharlo y le puse un pañuelo, mi coño peludo abarcaba el grueso tronco, los labios que parecían absorberlo me hacía más efecto a mí que a él empecé a sentir como  una serie de espasmos en mi vagina, busqué bajo mi camisa a mis tetas, ese día no llevaba sujetador y no tardé en encontrarlas, las pellizqué hasta hacerme daño, pero no podía parar, la polla me llenaba completamente, en vez de bajar, se llenaba cada vez más, ya en mis más altos espasmos me di cuenta que el limpiacristales había vuelto a la cita, estaba como hacía días, con la polla en la mano sacudiéndola sin parar, no le hice caso, el seguía viéndome correr sin dejar de pajearse, me centre en Paul, cuando me salí de él ya me había corrido, me abrace a su polla vertical y lo besé, lo lamí y lo mordí, cuando le lamía el frenillo, suspiró en sueños y una convulsiones movieron todo su cuerpo, de la polla empezó a manar leche, en cantidad, tuve miedo de manchar la mesa o su ropa, le puse la mano encima pero salía por los lados, no tuve otra salida que meterla en mi boca e intentar ir tragando según salía.

Lloraba desesperada esperando que dejara de manar semen de aquella fuente, desde detrás sentía la mirada del limpiacristales mirando mi culo y mi coño agachado en primer plano, él seguía al mismo ritmo con su polla, mis manos no dejaban que se mojara la ropa de Paul, rodeaba el tronco con mis manos que recogía lo que se escapaba entre mis labios, cuando dejó de salir, pasé por mis labios lo que llevaba en las manos.

Me vestí mientras de reojo miraba como el limpiacristales eyaculaba en el cristal, los chorros caían hasta el piso inferior, luego se guardó la polla y fue limpiando el cristal hasta donde llegaba su leche.

A los pocos minutos de haber arreglado a mi jefe, empezó a moverse, yo estaba detrás del monitor del ordenador observándolo, quiso desperezarse pero cuando me vio se reprimió.

Hice como distraída en mi trabajo, solo le miré cuando se excusó por haberse traspuesto un momento, me preguntó si había roncado, le dije que no lo sabía porque había estado arreglando el cuarto del archivo, pareció convencerse pero disimuladamente se apretó los huevos, seguramente los encontraba vacios.

En los días que siguieron no hizo nada que pudiera indicar que se había enterado de lo que había hecho con él, seguía siendo tan educado y cortés como siempre.

Yo estaba obsesionada con la polla que tenía, seguí provocándolo, ya no me ponía ropa interior, sin bragas ni sujetador, me depile el coño totalmente, cuando no estaba me sentaba en su sillón hacía como que lo follaba subiendo y bajando desnuda, no tardó en aparecer otro día el limpiacristales de siempre, esta vez me pilló desnuda completamente, tenía metido en el coño un rollo de papel de la impresora metido dentro de un condón, imitaba el grosor de la polla de Paul, el hombre se pegó al cristal como siempre, con la mano me hizo señas para que me acercara a la ventana, me saqué el consolador improvisado y me acerqué el cristal, el hombre pegó su polla a mi coño al otro lado del cristal, estaba frío pero no lo sentí, mis tetas aplastadas al otro lado de las manos del hombre, mi boca a sus labios, el restregaba su polla sobre el cristal cuando empezó a eyacular, esta vez los chorros subieron verticales, llegaron hasta mi cara, traté de esquivarlos instintivamente, se escurrían lagrimas blancas espumosas por el cristal, estuvimos un rato hasta que la polla del hombre se ablandó, me besó en el coño y las tetas, yo dejé las huellas húmedas por mi parte del cristal.

Una mañana cuando subía en el ascensor coincidí con el señor del primer día, me sonrió igualmente y en mi piso salí como siempre, cuando las puertas ya estaban casi cerradas me dijo…

--- Como va tu trabajo con Paul?

Me quedé sorprendida, me intrigó mucho sus  palabras, el siguió sonriendo cuando me colé otra vez en el ascensor, le miré y le pregunté…

--- Como sabe que trabajo con el señor Stopper?

--- Me lo figuro, en esta planta solo hay despachos cerrados, solo está el de Paul.

--- Y usted lo conoce?

--- Bastante bien, soy su hermano.

--- Como? Su hermano? No me ha hablado nunca de usted.

--- Lógico, no nos tratamos desde hace años, antes éramos socios.

--- Y que pasó, Paul parece muy buena persona y usted también.

--- Tuvimos problemas, unas diferencias por motivo de una mujer, nos enfrentó y perdió él, lo cierto es que yo tampoco gané.

--- Que pasó? Me gustaría saberlo.

--- Ah! Te ha intrigado?

--- Pues sí, y mucho.

--- Te invito a un café en mi despacho.

Seguí con él por el pasillo, su despacho estaba sobre el nuestro, era mucho más moderno que el nuestro, los ordenadores nuevos, los archivadores y los muebles, pero su mesa estaba limpia, no debía tener trabajo.

--- Siéntate por favor, esto ocurrió hace unos años, teníamos una secretaria muy bella, era muy buena trabajando pero muy puritana, nos gustó a los dos pero ninguno progresaba con ella, nos enfrentamos entre nosotros, nos retamos a ver quien la conseguía, yo he sido siempre más osado que Paul, ah! Me llamo Robert.

--- Y que pasó?

--- Pues yo intenté todo, mientras mi hermano quería enamorarla galantemente, la seduje de la manera más tonta, le enseñe mi secreto.

--- Y cuál es su secreto?

--- Pues si te lo digo, ya no será mi secreto.

--- Me gustaría saberlo, no hay forma de que me lo diga?

--- Si claro, pero no quisiera caer en el mismo error que antaño.

--- No sabe lo que daría por saberlo, su hermano ha despertado mi curiosidad, no lo entiendo.

--- Has probado todo, no?

--- Si, no estoy contenta conmigo pero si, todo.

--- Bueno, creo que lo marcó demasiado, no lo habría creído, lo lamento mucho.

--- Quiere decir que ya no le importan las mujeres?

--- No sé hasta qué punto, pero antes era un demonio, jajaja.

--- Pues ahora me temo que no.

Lo dije con tristeza, pero él se acercó a mí y me puso las manos en mis hombros, me miró a los ojos y me dijo…

--- Quieres ayudarlo?

--- Claro que sí, por favor.

--- Bien, mi hermano está traumatizado pues su libido solo funciona bajo unas condiciones especiales, yo también.

--- De verdad? Que les pasa.

--- Mira, te lo demostraré.

Me puso cogió la mano y se la puso en la bragueta, no encontré nada pero cuando bajó la cremallera me dijo que la metiera, busqué y no encontré nada en su sitio.

--- Sigue buscando, por favor.

Bajé la mano y poco a poco fui notando como un tronco nacía entre dos huevos redondos, igual que su hermano.

--- Ahora sácala.

Tiré de ella y fue saliendo despacio, blanda pero larga como una serpiente, el final un glande como el de Paul.

--- Hermosa polla, pero que tiene de extraordinario?

--- Bueno la mía nada, solo que solo una chica guapa la puede levantar del todo, tú lo harías?

--- Me gustaría probar.

Se acercó a mí y se la cogí, tuve que sostenerla con dos manos para que no se escurriera como una anguila, la descapullé, él a mi lado de pié esperaba pacientemente, estuve intentándolo pero no conseguía elevarla, él sugirió que quizá necesitaba un estímulo, sin soltarlo, me abrí la blusa, el mínimo sujetador apenas me tapaba los pezones, el pasó la mano dentro de la copa y pellizcó la areola, entre sus dedos apareció el pezón arrogante, esto pareció gustarle porque el tronco empezó a coger consistencia, Robert debía ser un poco mayor de Paul pero la polla le funcionaba mejor, cuando las dos tetas eran de su dominio la polla ya se podía tener sola, una serie de lamidas hizo el resto, se puso horizontal cuando me levanté y le puse las tetas a la altura de su boca, me senté en la mesa, quité en único papel que tenía y me tumbé, en la orilla, Robert se acercó a mí y subió la falda hasta mi cintura, las piernas quedaron verticales apoyadas sobre su pecho, cuando levanté el culo me sacó las bragas y abrió las piernas, mi coño depilado debió gustarle pues metió la cara entre mis muslos y fue lamiendo desde una ingle hasta la otra hasta que se centró en los labios, no tardo en abrírmelos y descubriendo mi clítoris brillante lo mordisqueó hasta ponerlo erecto, me metió la lengua entre los labios menores y me abrió la vagina, yo le cogí la polla y la restregué por mis labios mojando el glande, al pasar por la vagina empujo y la metió de un golpe.

Suspiré cuando me llegó al útero, cedió lo suficiente hasta cobijar todo lo que seguía entrando, me sentía llena pero un placer me llegaba desde mi coño hasta la nuca, cuando se retiró me quedó una sensación de vacío que solo recuperé cuando volvió a meterla a tope, los flujos que salían de mi vagina mojaban el perineo hasta llegar al culo, yo me acorde de Paul y quise sentir lo mismo que él, me rodeé el ano con mis propios jugos y metí la punta del dedo, una sensación electrizante me llegó al coño desde el culo, debió de notarlo pues me sacó lentamente la polla, cuando casi la tenía fuera pareció arrepentirse y volvió a clavarla a fondo, después la sacó goteando.

No necesitó moverla mucho, solo la dejó bajar y se encontró frente a mi agujero mojado, el glande se aplastó frente a la resistencia del ano, pero al fin salió victorioso y fue entrando un poco deformado, dentro de mí recobró su tamaño y siguió abriéndose paso, el tronco le seguía cuando di un grito, era más de sorpresa que de dolor, no esperaba recibir tanta polla por el culo, pero aún metió un poco más, sus dedos se centraron en mi clítoris y mis tetas, por mi pecho corrían gotas de sudor, pero estaba cómoda con la barra de carne incrustada, tan relajada que cuando me llegó el orgasmo no me molesté mucho, simplemente lo dejé llegar, sacudirme y pasar suavemente, Robert cuando ya no pudo aguantar, me cogió de las caderas y apretándose contra mí se vació en mi intestino, notaba como estaba repleta de leche, cuando la sacó de mi culo, por el agujero negro que dejó se fue saliendo hasta que recobró su tamaño y se cerró.

Cuando me estaba vistiendo miré el reloj, ya era tarde y no me gustaba hacerlo, le pregunté a Robert…

--- Me ha gustado mucho, pero… cuando me va a decir su secreto?

--- Paciencia, ya lo sabrás si me ayudas a reconciliarme con Paul.

Cuando entré en la oficina le puse una excusa, él me interrumpió, no quería saberlo.

Me propuse averiguar el secreto de los dos hermanos y juntarlos de nuevo.

Continuara.

Agradeceré sus comentarios.

  


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