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Fecha: 10-May-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

28.2 Hay que regresar a casa

Albany
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Tiempo estimado de lectura: [ 25 min. ]
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- Rayhan, ¿qué es lo que me dices?, a veces no te entiendo. –ríe quedamente mientras acaricia mi rostro. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Alguien había traído pastas a la sala del café y aunque no es muy frecuente, cojo un par de ellas y las mojo en mi té antes de comerlas, la mañana no está muy fría, pero el agua que cae en torbellinos, por culpa del viento, aumenta la sensación y estoy aterido a mi vuelta de la depuradora. La sala está vacía y me siento ante la ventana viendo resbalar por los cristales el agua que los azota. El contraste me hace recordar los días de aquel cálido verano después de mi vuelta de Canadá.

Retrospectivo: Ocho años antes.

Este año sería nuestro último curso en el colegio, si es que teníamos suerte y aprobábamos todas las asignaturas que era lo previsible. A la vuelta de Canadá no pude quedarme con mis compañeros para pasar los últimos días de vacaciones con ellos, mis padres querían ir a la casa que tienen en un pueblo del interior, y quedaban aún días en que la piscina de la urbanización estaría abierta para su uso. Sin deshacer mi maleta marchamos para allí, aprovechamos, aunque fuera con retraso, para celebrar mi diecisiete cumpleaños con unos vecinos, amigos de toda la vida, y así se pasaron mis últimos días de ese cálido verano.

Cuando volvimos del pueblo, a pesar de llegar al lado del mar, que se supone es un lugar más fresco, los calores del estío se sentían y si añadíamos el grado de humedad tan alto, sudabas cuando dabas cuatro pasos por la calle. No me importó y lo primero que hice fue llamarles, Águeda contestó mi llamada,  me informó que habían ido al Club Náutico con otros amigos y me dirigí a su encuentro.

Mi caminar era ligero, descansé un momento en el parque que hay detrás de la iglesia a la sombra de los plátanos y más despacio reanudé mi camino hasta salir al paseo, la pequeña playa que hay al principio del mismo estaba llena de gente tomando el sol y los niños jugaban al comienzo del agua, llevando y trayendo baldes de arena, otros paseando por la orilla  y mojando sus pies en las pequeñas olas que había.

Ya llegaba a la zona deportiva del Club y me iba a meter dentro cuando veo que Amadeo sale de la casa de su abuela, por la puerta trasera que da al paseo, acompañado por Pablo que jugaba caminando hacia atrás mientras hablaban y no me podía ver. Cuando Amadeo me hizo una seña con su mano Pablo se volvió y aceleraron el paso. Según se acercaban veía con detalle lo morenos que estaban, como se habían puesto en el verano, con la piel dorada contrastando con su rubio cabello que les resaltaba más el bronceado. En estos días en el pueblo, lo único que ha cambiado en mi piel había sido permutar el blanco por el rojo cangrejo.

Nos saludamos y les expliqué que en realidad los estaba buscando y creía que estarían con Gonzalo y los otros chicos, habían terminado sus clases de vela hacía un rato y no los vieron en toda la mañana, concluimos que se habían acercado hasta la playa más grande al final del paseo, a esas horas no me apetecía caminar una hora para llegar hasta allí y a ellos tampoco. Nos fuimos a la punta del rompeolas y desde el faro, mientras veíamos a los bañistas nadando, en general muchachos jóvenes, tirábamos piedrecitas al agua o les animábamos con gritos para que saltaran. A la tarde nos pudimos ver, jugar y nadar en la playa después de un breve saludo que me supo a poco.

Iniciamos el curso, este segundo año resultó más fácil para mí, los profesores me conocían y fui ocupando los primeros puestos como sucedía en el Liceo. Carlos seguía siendo el primero en todo y había alguno más que me aventajaban pero eran pocos.

Los abuelos de Gonzalo prepararon estupendas fiestas esas Navidades a las que siempre nos invitaban, no íbamos a todas porque mis padres tenían a veces otros compromisos que lo impedía. La residencia de los abuelos de Gonzalo está en el campo, no hay medios de transporte público para llegar a ella lo cual dificultaba el que acudiera solo y no quería estar siempre pidiendo que me llevaran.

En Mayo había mucho alborozo en el colegio, era nuestro último año y nos llevarían de viaje de fin de ciclo y diríamos adiós al colegio, los cursos inferiores no nos podían soportar y ya en las fiestas de Navidad que organizamos en el colegio, tuvimos nuestras diferencias y hasta alguna pelea sin importancia.

El viaje resultó divertido, maravilloso y lleno de descubrimientos, sobre todo para mí. Parábamos dos días en Sevilla, Gonzalo me había dicho que no me separara de él. Cuando llegamos al hotel y nos destinaron las habitaciones, Gonzalo se encargó de coger la llave de la nuestra, era una habitación doble con una cama supletoria y en el reparto coincidimos para dormir juntos Gonzalo, Al y yo, en la de al lado estaban Raúl, Sergio y Carlos.

La primera noche salimos por la ciudad y a la hora de ir a la cama Gonzalo escogió la supletoria y la grande quedó para Al y para mi, estuvimos un rato jugando, Al comenzó tirándonos una almohada y acabamos en una pelea de amigos, nos acostamos y al momento me había dormido, era muy tarde y mi cuerpo no resistía más por las emociones y el incesante movimiento de todo el día.

Fue a la noche siguiente, la última en aquel hotel, a la mañana partiríamos para seguir nuestro viaje. Esa noche volvimos a salir, todos teníamos ganas de pasarlo bien como despedida de la ciudad Hispalense, y algunos de hacer algo más. Nos acompañaban un par de profesores de los más jóvenes, algunos decidimos retirarnos y terminar la fiesta, era ya muy tarde, en caso contrario no íbamos a podernos levantar a la mañana. De nuestro grupo volvimos al hotel Carlos, Gonzalo y yo.

Nos despedimos de Carlos después de charlar un rato, nos lavamos la boca y yo me metí en la cama cubierto solamente por una sábana, hacía bastante calor en Sevilla y dejamos abierta la ventana por la que llegaban las voces de la gente que andaba aún en la calle. 

Cuando Gonzalo salió del baño iba con un corto slip blanco que le marcaba todo su miembro viril y la redondez de sus testículos, creo que en alguna ocasión he hablado de que lo tiene grandísimo, aunque hace tres años que no se lo he visto con detalle. Apenas podía contenerlo dentro de él, se acercó a mi cama y me aparté para hacerle sitio en ella, pensando que se iba a acostar conmigo y le sonreí como si fuera una invitación a que lo hiciera, se acercó y se inclino para revolverme el pelo, podía, o me imaginaba que así era, oler el profundo aroma que desprendía su interior, hubiera sido suficiente estirar mi mano para tocar su piel, coger y sentir su pierna, o su miembro viril, no me atreví y él solamente revolvió mi pelo y se encaminó hacia la cama supletoria. No hubo un beso como aquella vez hacía ya casi cuatro años, en el bosque de pinos del colegio. Algunas lágrimas se escaparon de mis ojos, mi eterna cobardía y no atreverme a manifestar mis sentimientos; escuchaba su plácida respiración y me fui quedando dormido oyendo las voces de la calle y su respiración acompasada.

Me despertaron las caricias que sentía por mi pecho, abrí los ojos asustado, Al envolvía mi cara con su aliento a cerveza, me extrañó muchísimo, él no bebe casi nunca.

-¿Pero qué pasa?  -colocó sus dedos sobre mis labios, no para cerrarme la boca, sus dedos estaban abiertos y reía sofocado, como el que ríe cuando se divierte por una broma.

-Calla, déjame, lo vas a pasar bien y te gustará. –se le notaba que había bebido mucho, seguía con sus dedos sobre mis labios mientras besaba mi pecho, su otra mano se deslizaba acariciando mi vientre y abriendo el elástico de mi slip, cuando colocó sus dedos sobre mi polla, di un brinco y grité, o creo que eso hice.

Era la primera vez que otra mano que no fuera la mía tocaba mi pene, solamente mi madre había llegado a tanto y de eso habían pasado muchos años, cuando era niño y ella me bañaba.

-No metas ruido tontito. -me hablaba y seguía emitiendo sus risitas, como si fuera una broma que me estuviera gastando.  –Te va a gustar y seguro que nunca te lo han hecho, no dejaba de reír con su boca sobre mi piel y lamiendo mis tetillas.

Creía que me iba a volver loco, su mano acariciaba el capullo de mi polla que había dejado al descubierto, por un momento pensé en Gonzalo, durmiendo a cuatro pasos de nosotros pero dejé de pensar en él, las sensaciones que sentía eran lo nunca soñado, sus dedos comenzaron a forzar mis dientes para que los separara e introdujo tres de sus dedos en mi boca y jugaba con ellos en mi lengua, su cabeza iba bajando por mi pecho hasta llegar a mi ombligo, su pelo un poco largo acariciaba la punta de mi pene y su mano estrujaba mis testículos causando que temblara.

Estaba enervado y envuelto en sudor, noté como mordía mi piel y los pelos de mi pubis con sus labios, pasaba su lengua a lo largo de mi tallo hasta llegar a la cabeza, la dio un beso que emitió un suave sonido y la metió en su boca. Moría de gusto y placer, era increíble que se pudieran tener esas sensaciones tan placenteras y a veces tan excitantes, no tarde muchos minutos en entregarme a las sensaciones que me causaba, viendo en mi cabeza su bonita boca de labios rojos aferrarse y apretar mi glande, sintiendo como sus labios subían y bajaban envolviendo todo mi miembro.

Sus dedos dentro de mi boca no me dejaban más que emitir sonidos guturales y la saliva me salía por las comisuras al no poderla tragar, continuaba jugando con sus dedos, acariciando mis dientes, mi lengua y arañaba mi paladar, su otra mano apretaba mis testículos y tiraba de mi escroto a veces muy fuerte hacía mi culo, acariciando con sus dedos como si masturbara mi perineo. Cuando metía mi polla del todo en su boca tenía ganas de gritar y sacar mi enorme tensión fuera de mí. Entonces él notó que me iba a venir, selló mi boca y solo podía respirar por la nariz, mis manos arañaban las sábanas. No se retiró de mi, continuó chupando hasta que empecé a sentir dolor, su lengua limpiaba el tronco de mi verga, jugaba con mis pelotas y limpiaba el vello de la base, y todo ello sin dejar de emitir sus risitas cuando no tenía la boca ocupada.

Sin mediar una palabra se levantó y fue al baño, cuando encendió la luz pude ver su silueta, estaba desnudo, no me había dado cuenta y todo el tiempo estuve agarrando con fuerza la sábana con mis manos, sin tocarle para nada, llevaba su verga empinada, escuché como corría el agua y pensé que se estaría lavando la boca, tardó un rato en volver, yo ya me había subido el slip y esperaba.

Cuando volvió se tumbó a mi lado sin hablar, mirando al techo en la penumbra.

-No sé qué decirte Al.  –musité con cierta congoja y creía que no me había escuchado, sentí como su cuerpo se movía por la risa contenida que le daba, para él había sido un juego, para mí  representaba un sueño, lo nunca sentido y experimentado, algo extraordinario. Se volvió hacia mí, no veía su cara pero él a mi si porque me daba la luz de la ventana.

-Al menos podías decirme si te ha gustado, ¿o estás enfadado?

-Tenías razón de que me iba a gustar, ha sido…, ha sido…, no sé cómo ha sido.  –se acerca y me besa en los labios, un beso muy rápido pero cálido y pleno de cariño.

-No ha sido nada, ahora duerme que mañana nos van a llamar temprano.  –se da media vuelta y me da la espalda, pienso en Gonzalo, si se habrá enterado de algo, y si lo ha hecho, en lo que habrá pensado. Pero sobre todo mi cabeza da vueltas a lo bien que lo he pasado, para mi había sido un milagro, era la primera mano que me había acariciado, la primera boca que había chupado mi pene, los primeros labios que había besado los míos, me había encantado y mi admiración y aprecio, casi amor por Al desde ese día quedó en mi corazón, unas veces para quererle, siempre disculpándole, y otras llorando porque los dos amábamos lo mismo y yo era el más débil.

En el resto del viaje no sucedió nada extraordinario, visitamos varias ciudades y los profesores se  estaban cansando de soportarnos, porque cada vez organizábamos más jaleos, peleas y tenían ganas de dejarnos en nuestras casas.

Gonzalo no  dio muestras de haberse enterado de nada de lo sucedido aquella noche, con Al intenté hablar de ello, me había gustado, encantado lo que me hizo, nunca en mis masturbaciones había sentido algo semejante, no quiso que empezara una conversación que recordara aquella noche. Al cabo de unos días podría decirse que había sido un sueño que tuve ya que parece que fui yo el único que lo viví.

Los exámenes salieron muy bien, creo que nos beneficiaron inclusive, saque una media de los dos años que ni me la creía después de lo mal que comencé el primer trimestre el pasado año. Los exámenes de acceso a la Uni también fueron estupendos, mi media se acercada al nueve y el corte exigido para la carrera que quería estudiar era de 6,5.

En casa estábamos valorando las distintas carreras, lo primero que les pedí fue hacer astronomía, mi madre puso muchas pegas, tenía que ir a estudiar a Tenerife, en La Laguna y argumentaba que estaba muy lejos. No llegué a entender su negativa, nunca tuvo objeción para enviarme, antes de cumplir 14 años hasta Canadá, al otro lado de la tierra y ahora Tenerife le parecía el fin del mundo.

Creo que si hubiera insistido y puesto terco habría conseguido mis deseos, de alguna manera comencé a interesarme por alguna ingeniería, Carlos iba a estudiar ingeniería industrial y me llamó la atención pero en su vertiente química, si Carlos había escogido esa carrera era señal de que resultaría algo bueno, pero claro Carlos se matriculó también en los Jesuitas para hacer Económicas, dos carreras a la vez.

Ese verano salimos un poco tarde hacia Canadá y sería un año que volvería antes, también fue el último año que estuve allí con Gonzalo y Al, tenía que volver antes que otros años, quería hacer un pre cursillo de preparación para antes del ingreso en la universidad y mis padres me había apuntado a una academia de conductores para obtener también el carnet de conducir.

Aunque fue un curso un poco corto lo pasamos muy bien, Gonzalo y Al habían marcado cierta distancia entre ellos, yo estaba y servía de colchón, Al,  hiperactivo con la gente no paraba, al contrario que Gonzalo, a veces acompañaba a uno y otras veces me quedaba con el segundo. Al llegó a dejarnos solos para irse a Calgary y ver la Gran Estampida con un compañero de clase que le había invitado.

Cuando volvió los invité a una comida y celebramos mis dieciocho cumpleaños por adelantado, sirvió para cortar el hielo que se había creado entre ellos. Volvieron a España y yo lo hice dos semanas más tarde. Gonzalo tenía que viajar con sus abuelos a Estados Unidos, Al subiría a su casa de veraneo y yo trabajaría en todo lo que debía hacer.

El grupo se disgregó, cada uno tuvo que atender sus estudios en diferentes universidades y facultades, solo me veía a diario con Carlos, en la cafetería porque sus clases eran diferentes a las mías.

Comencé a conocer nueva gente, en el curso de preparación encontré a David, al principio no nos saludábamos hasta que coincidimos en la cafetería un día, estaba con Carlos y me hizo gracia el ver a un chico muy alto y muy delgado, con un inmenso bocadillos que no lo separaba de la boca, como si fuera una flauta, me recordó al flautista de Hamelín, el del cuento de los ratones, me puse a reír y las lágrimas me salían de la risa, conseguí comunicarle a Carlos el motivo de mi hilaridad y ya éramos dos en las risas, David terminó por darse cuenta que él era el motivo, puso mala cara y fui hasta él. Le pedí perdón y le comenté el motivo de nuestras carcajadas, terminamos riendo los tres. 

Carlos sería su compañero durante cinco años, estudiarían lo mismo y así, de esta forma  entró en mi vida David. 

**********

Cuando subí al despacho ya me había repuesto y es posible que aquí haga un excesivo calor comparando con la calle, alguien ha conectado la calefacción eléctrica además de los radiadores convencionales de agua. 

Rafael me envía un mensaje cuando llega a Charleroi, está a punto de coger su vuelo vía Madrid. Le contesto con otro muy breve: -Gracias por la información, suerte-. El añade un comentario picante  sobre lo hablado ayer que reproduzco: -Totalmente insatisfecho de lo que hice auto complaciéndome ayer, contigo hubiera resultado distinto-.  -el chico no va a cambiar, a veces tiene ese toque sencillo e inocente y otras es de un pícaro salido que hace temblar.

A la tarde llego pronto al estudio, no he tenido que parar en el camino  y no veo a Rayhan por lado alguno, ni tiene encendida la luz de su local de trabajo, saludo a mis vecinos de arriba, los de la otra esquina y que viven desde el principio, el chico es simpático y quiere hablar pero como llueve su pareja tira de su brazo y se despiden.

Me cambio de ropa, está comenzando a gustarme la de deporte de Nicolás que me está grande y es cómoda para estar en casa, me dispongo a trabajar y preparar mi lista de cosas que tengo que llevar para España, mi madre quiere que lleve poca ropa ya que tendré que traer la nueva que compremos y puede no caberme en la maleta.

Cuando tocan con insistencia el timbre de la puerta adivino que es Rayhan, voy a abrirle y no me extraña su insistencia, se está mojando por el agua que cae con virulencia. Se quita los zapatos y va al baño para secarse, no se ha detenido a besarme y ha dejado encharcado el suelo. Continúo con mi tarea que estoy finalizando cuando vuelve a aparecer, ahora sí que se acerca, se inclina y sujeta mis hombros para besar mi cabeza, sus manos está húmedas y frías y va a recoger el agua que hay en el suelo, sentado en el sofá le observo hasta que va al frigorífico y saca uno de los dulces del otro día, lo come de pie al lado de la fregadera y se lava las manos para quitarse el dulce que le ha quedado impregnado en los dedos.

-He aprobado todo Daniel.  –habla cuando toma asiento a mi lado abrazando mis hombros, yo deposito mi cabeza en su pecho. Lo cierto es que demuestra tener inteligencia, no es un chaval de los locos o irresponsables que no les preocupan las cosas.

-Siempre creí que lo harías, eres listo y pones empeño en lo que haces.  –acaricio con mi mano su fuerte brazo metiendo mi mano por la manga y estar en contacto con su piel, se quita la camisa y queda con una simple camiseta, ha dejado en el baño su ropa de abrigo para que se le seque, sigo con mis dedos el contorno de su brazo y meto mi mano por la manga corta hasta llegar a su sobaco, lo ahueca para que meta mi mano, siento como si la tuviera en un cálido nido, suave y sedoso por su abundante vello, lo acaricio y le hago sonreír al producirle cosquillas. Baja su cabeza hasta notar su aliento en mi cara, huele al dulce que ha comido y delicadamente cubre mi boca, me besa con inmensa dulzura, recoge mis labios ente los suyos y con suavidad los lame, los absorbe, los envuelve, mi mano abandona su sobaco y queda muerta sobre mis piernas.

A la vez que me besa va subiendo mi camiseta, acariciando mi vientre, mis pectorales e interrumpe el beso para sacarla por mi cabeza, mete su mano por el elástico del pantalón y del bóxer y me los va bajando, tropieza con mi virilidad excitada pero continúa bajando mi ropa hasta sacármela por los pies y me deja desnudo, se levanta y me coloca tendido y se arrodilla ante mí, cuando su lengua toca la punta de mi falo, grito y suspiro de gozo.

Parece excitarse con mis muestras de placer y su boca coge mi miembro y  aprieta con sus labios la corona del glande aún encapsulado en su pellejo, y ahora su mano lo corre dejándolo al aire, es muy suave todo y me proporciona un placer indescriptible, cierro mis ojos y me dejo llevar por mis sentidos, cuando los vuelvo a abrir veo que ha conseguido quitarse su ropa, solamente tiene que ponerse en pie y sacar su pantalón y slip. Se coloca entre mis piernas, una cuelga del sofá y la otra la eleva sobre el respaldo dejándome totalmente abierto.

Coloca su cuerpo entre mis piernas, le hago hueco y favorezco su posición, une nuestras pollas y acaricia ambas, las frota, el precum se mezcla, me mira a los ojos y me besa, me dice unas palabras en árabe que no entiendo.

- Rayhan, ¿qué es lo que me dices?,  a veces no te entiendo.  –ríe quedamente mientras acaricia mi rostro.

-Que quiero estar dentro de ti, poseerte y hacerte mío y que te quiero. –se calla mirándome intensamente, relampagueando el brillo de sus negros ojos y sigue acariciándome, ahora con su verga entre mis nalgas, rozando mi excitado ano que desea ser ya penetrado, invadido, perforado por la deliciosa polla que provoca mi deseo.

-¿Y otras veces, cuando estás dentro de mí?, también me dices cosas. –se turba ligeramente y aparta su vista de mi.

-Eso no te lo voy a decir, me da vergüenza.

Sujeto su cara para que me mire, quiero que me lo diga, aunque ya lo supongo por las expresiones de su cara en esos momentos.

-Dímelo Rayhan, en el amor no hay nada malo, venga, dímelo.

Se acerca a mi dudoso y coloca su boca muy cerca de mi oído.

-Puta, ramera, que te voy a partir con mi polla y esas cosas.  –río por su azoramiento y me estremezco de pasión al confirmar lo que sospechaba, me parece magnífico que se exprese en su lengua para mostrar su deseo y excitación.

-Ves, eso no es malo, me gusta que me lo digas y lo hagas en tu lengua materna. –abrazo su espalda y busco su boca para besarla, bajo mi mano y acaricio su falo y sus rotundos testículos, tiene la punta de su verga justo en mi entrada llenándola de precum, me empujo un poco hacia abajo para apretar mi ano contra su glande y realiza un movimiento poderoso de cadera y mete la punta en mí, me estremezco y grito, de dolor porque no estoy en una postura my abierto y de placer al sentirme estirado. Para un momento dejándome descansar y luego lentamente va entrando, llenándome completamente, abriéndome hasta acabar sentado sobre él y con sus testículos cosquilleando la dilatada entrada de mi culo.

Me siendo invadido por él y mis sentidos sensibilizados al máximo lo perciben todo, ha tomado posesión de mi, pero me besa y acaricia y chupa mis tetillas sin mover sus caderas, me muevo para aliviar la presión y su cuerpo se pone en movimiento, saca un poco la verga y la vuelve a meter con fuerza, su cintura se cimbrea en cada golpe de cadera que da para entrar y salir, de mi boca sale música celestial, incandescentes suspiros de placer, susurros y quejidos por igual, sin darme cuenta le incito, le exijo que me haga sentir su hombría y murmuro un, -más, más, más, más fuerte, dame más-. Mi excitación sube al límite cuando comienza a decirme palabras en su idioma, que ahora se su significado o lo intuyo cuando le veo morderse sus labios y empujar con fuerza y coger velocidad hasta mover el sofá con su potencia.

Araño su espalda cuando comienza a vaciarse en mi, llenándome de él, de su ser; es tanto el placer que siento avanzar el semen por mi conducto y como mi uretra se hincha para expulsar con fuerza mi leche contenida que sale a presión manchando nuestros vientres y pechos.

Quedo exhausto, él pegado a mi respirando con dificultad, me noto lleno, la cantidad de semen que ha vertido debe ser espectacular, ha estado unos segundos muy largos llenándome. Su boca junto a la mía saca y mete el aire con fuerza en sus pulmones, le abrazo para que no se separe, para que no me deje, para seguir unos momentos jugando con mis esfínteres abrazando su verga poderosa que me llena.

Después de ducharnos, sin hacer más cosas que acariciar nuestros cuerpos, Rayhan se marcha, a veces deja de llover y aprovecha uno de esos momentos para intentar llegar a la parada del metro sin que la lluvia le alcance y le moje.

Hemos recogido todo y dejo abierta una de las puertas para que se ventile la habitación, no me molesta el olor a semen, a sexo, pero es muy fuerte.

Después me llama Evans para ver si nos podemos ver mañana y llegado al acuerdo nos despedimos. Le prometo que iré después de volver de la piscina, estoy volviendo a coger gusto a estar dentro del agua y además me viene muy bien y me noto más ágil y vital.

También recibo un mensaje de Rafael, está ya en Sevilla y el viaje ha finalizado sin problemas.

Nico está contento, como loco pensando que quedan pocos días para encontrarnos, yo, después de lo sucedido hace unos momentos con Rayhan, no tengo muchas ganas de hablar de lo que él está ansioso por hacer, solamente espero que se lo tome bien, tengo un poco de miedo por él después de lo que le sucedió con Marc.

**********

Hoy hemos tenido un comida en la fábrica un poco especial, para celebrar la Navidad, al menos se han calmado los ánimos un poco exaltados después de la confrontación que André tuvo ayer con algunas personas.

Me llama para que pase a su despacho, quería que le comentara mi opinión sobre sus diferencias con el personal, lo cierto es que se comporta bastante duro con algunos de ellos y su tono a veces puede resultar ofensivo. Hubo algunas personas que reclamaron tener un careo con él delante del responsable de R.H. Elevaban la voz y era inevitable el escucharles desde mi despacho.

Mi criterio no creo que vaya a influir ni entiendo porque le interesa lo que yo pueda opinar, pero le he indicado que a veces se pone terco e insistente en sus exigencias sin atender los razonamientos contrarios. No me ha contestado y cuando me he retirado se ha quedado pensativo, espero no haberme excedido, es lo que a mí me ha sucedido alguna vez con él, aunque mi carácter no es de ponerme a discutir, callo y vuelvo  hacer las cosas como él desea hasta encontrar el momento oportuno de poder hablar y cotejar criterios.

Llego a casa y me preparo rápidamente procurando marchar antes de que aparezca Rayhan, no lo consigo y antes de terminar de prepararme le tengo ante mí, ya está siendo habitual el que, si estamos solos, lo primero que haga es besarme y acariciar lo que puede de mi. Le explico mi plan y compromisos de la tarde, no parece preocuparle y nos despedimos.

En la piscina trabajo duro más de una hora y luego descanso sentado en fuera del agua secándome y hablando con un entrenador y otro chico que cuida de las piscinas, miramos las evoluciones de los muchachos, hay un par de ellos que llaman mi atención, tendrán entre doce y catorce años y parecen máquinas nadando, peces en su líquido elemento, cuando salen del agua son dignos de ver por su belleza, el menor es un poco feucho de cara aunque su cuerpo es escultural y el mayor arrastra las miradas tras de él, nadando y fuera del agua.

Su entrenador les da consejos mientras les ayuda a pasar sus toallas por sus espaldas ayudándoles a secarse, como si fueran sus hijos pequeños, pide mi aprobación y los dos niños me miran, les animo a que se esfuercen y les halago diciéndoles la verdad, que nadan divinamente, pero el que manda es su entrenador que parece ver solo los defectos, parecen un poco tímidos y me lo agradecen sonriendo.

En casa me cambio de ropa para ir al encuentro con Evans, las calles comerciales están con bastante público que comienza a comprar compulsivo regalos para la Navidad.

Uno de los camareros me acompaña hasta el ascensor que lleva al despacho de Evans, hoy no es un día de mucho trabajo y los clientes a esta hora son escasos.

Llego hasta su mesa de trabajo, parece que Lucas le ha cedido su lugar y se dedica a otras cosas o a atender sus numerosas obligaciones, nos damos un abrazo y nos sentamos en uno de los sofás.

Hablo sin parar contándole mi estancia en París y lo atento que estuvo Lorian al acompañarme a Versalles.

-El domingo estuvimos comiendo con Alan, le encontré algo más delgado pero parece que está bien.  –callo mirándole fijo, parece no reaccionar.

-No pasa nada Daniel, no tienes de que preocuparte.  –pero su mirada es tristísima y sujeto su mano que vuela en el aire.

-No sabía que había dejado la casa de Nicolás, no me habéis dicho lo que estaba sucediendo, ni Nicolás, ni Lorian, ni tú.

-¿Y para que lo querrías saber?, ¿para preocuparte? Ahora ya lo conoces, es libre para vivir su vida y los demás no podemos desearle más que lo mejor.

Tiro de él para abrazarle muy prieto, es una persona muy fuerte y creo que soy yo el que busca consuelo en sus brazos, su mano da golpecitos en mi espalda y saltan mis lágrimas y él mantiene la calma besando mi cara.

Así estamos un rato hasta que llaman a la puerta, él va a abrirla y yo voy al baño para lavarme la cara. Aprovecho el momento para llamar a Nico, decirle que estoy con Evans y para despedirme ya que seguramente no tendré oportunidad de hablarle, están prácticamente todo el día en las pistas de nieve o de fiesta.

Cuando vuelvo está despidiendo a un hombre de seguridad y a su lado está Telmo, el chico de la semana pasada que estaba buscando trabajo.

Continúan hablando, me ha reconocido y me hace un ligero gesto con su mano ha cambiado de ropa y lleva otra más bonita, va muy bien conjuntado y viste juvenil con pantalones azules ajustados. Me siento en el sofá donde antes estaba y les observo a la vez que voy pensando, siguen conversando sobre el trabajo y les presto atención.

-Muéstrame como actuarias delante de un cliente.  –Telmo mira hacia mí y le siento violento, me pongo de pie para ausentarme y dejarles solos.

-Puedes quedarte, él tiene que acostumbrase a lo que va a ser su trabajo, siéntate.

Telmo al principio parece dudar e intercambian algunas palabras, luego Evans toma asiento detrás de su mesa, mientras el chico cierra los ojos y comienza a ensayar movimientos sensuales, lo hace muy bien y sin música parece bailar una danza muy suave y va retirando su ropa despacio, hasta quedar desnudo.

Me siento un poco azorado, él mantiene sus ojos la mayor parte del tiempo cerrados, su rostro se cubre de un ligero carmín que le otorga más belleza y sus labios se vuelven más vivos y rojos.

Termina su número que ha durado unos minutos, Evans muy profesional mira al detalle todo su cuerpo que ahora se mantiene firme  y recto ante él, sin hablar coge el teléfono y hace una llamada.

Telmo continua desnudo y se está poniendo nervioso, mueve sus manos pasándolas por sus pantorrillas frotándolas, me levanto y voy hasta el baño, recojo uno de los albornoces que Lucas tiene allí y vuelvo al despacho, le tiendo el albornoz y mira a Evans pidiendo su permiso.

-Cúbrete, ya que te lo han ofrecido y espera un momento.  –su tono suena brusco y duro, no sé si la causa soy yo por lo que he hecho, y a pesar de su seriedad presiento que ha quedado satisfecho del trabajo de Telmo.

En unos escasos minutos llaman a la puerta, el tímido Telmo permanece de pie, Evans va a abrirla y pasa al despacho Paul.

-Paul este es Telmo, una nueva adquisición para la empresa, le dejo en tus manos, tú me dirás como le ves después de tus pruebas.  –luego se dirige al otro chico.

-Paul se encargará de enseñarte tu trabajo antes de que lo comiences a ejercer, es muy importante que sigas todas sus instrucciones, el te dirá lo que tienes que hacer, mañana vuelves por aquí para presentarte a Lucas y puedas hablar con él.

Le despide sin más, yo me levanto para darle la mano y una sonrisa de ánimo. Paul le indica el camino para que le siga y le pide que recoja sus ropas.

-¿Qué te ha parecido?   -me pregunta Evans una vez de que han salido.

-¿A mí?, nunca ha bailado alguien para mí de esa manera, pero es un chico muy guapo y que va a tener mucho éxito, creo yo que mueve muy bien el cuerpo.

-Paul tendrá que trabajar mucho con él, no sabe nada, hasta ahora lo único que ha hecho ha sido abrir la boca y el culo en la calle o como mucho en un coche.

-Ven, mira esto.  –está fijándose en una pantalla que ha puesto en funcionamiento, se ve a Paul y Telmo en un plano fijo hablando, los ojos de Paul están clavados en la cámara, como si se comunicara a través de ella con Evans, no hay sonido pero se adivina que Paul está hablando con el otro chico muy suave y persuasivo y va retirándole el albornoz, en una silla tiene la ropa que llevaba en sus brazos va acariciando con suavidad su cuerpo y Evans apaga la pantalla.

-Es el mejor y un maestro para adiestrar a la gente nueva, logrará hacer de él un prostituto de lujo, no tiene mucho tiempo para ganar dinero, en este negocio se hace uno viejo muy pronto. Vamos abajo para tomar algo, hay que celebrar las fiestas que llegan.

En la barra me comenta que ha hablando con Lorian, quiere que venga a Lille unos días, los que pueda, aquí tiene amigos y para él será más fácil pasarlo entretenido, si es que se decide a dejar a Alan solo en París. Le ofrezco mi estudio si es que Lorian lo necesita, se niega y dice que él tiene lugar de sobra para alojarle, la verdad es que aún no conozco donde vive.

Caminamos hasta la Gran Plaza, ha querido acompañarme parte del camino y aquí nos despedimos con un abrazo, le miro mientras se aleja embutido en su chaquetón largo, con su pelo ahora un poco corto, ya no se peina a lo pincho, debe sentir el frío y saca un gorro que se coloca sin dejar de andar. Hace cuatro meses que le conozco y le he llegado a querer, a apreciar un montón, es bueno a rabiar, nunca causará daño a un ser humano y para él, a pesar de su pose de dureza, todos los muchachos de la disco son seres antes que negocio. Cierro las enormes solapas de mi negro chaquetón de paño recogiéndolas con el fular, me estiro el gorro para taparme los orejas y me encamino hacia casa.

Continuará…



© Albany

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