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Fecha: 06-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Orgías

La putita de mi novia

AmbarConeja
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Vanesa no lo había planeado. pero su sed de pija, su hambre insaceable y las ganas de una noche distinta la llevaron a convertirse en la putita más golosa que fue capaz de ser. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

La putita de mi novia

Gracias al cielo, tengo la fortuna de ser integrante de una banda de rock como tecladista junto a mi novia, que es la cantante y bajista. Hace un año decidimos convivir, y todo resulta sin mayores complicaciones. Yo doy clases de teclado mientras ella trabaja en un kiosko solo por la mañana, y por las tardes estudia para darle el gusto a la pesada de su madre, que espera que se reciba cuanto antes.

Siempre fuimos de mente abierta, y como resultado de ello, hicimos un par de tríos sexuales, con hombres y mujeres. Si era una mujer, ella podía elegir si mirar o participar, pero no tan directamente. Es decir, se incluía para lamerle los pechos, comerle la boca o chuparme los huevos mientras mi pija se abría paso en la vulva de la intrusa. Si era un hombre, yo solo miraba, o me sumaba para pajearla si este le hacía la cola o le chupaba los pezones, o le acababa en la boquita, aunque no me la chupaba. Aquellos fueron códigos que establecimos sin una preocupación mayor que la de disfrutarnos más. Además las personas con las que intercambiamos placeres y lujurias son conocidas de alguno de los dos, y nosotros garantizamos cada acto.

Sin embargo, un sábado en el que tocamos en un pub bastante de moda, sucedió algo que nunca planificamos, y tenía que ver con que uno de los dos no supiera lo que el otro se traía entre manos. En este caso el chambón fui yo.

Terminamos de tocar tipo 2 de la madrugada, y en plena oscuridad, después de desarmar equipos y atriles, de guardar cables, instrumentos y accesorios, a ella se le ocurrió comprar unos panchos en el camino y comerlos en casa. Esa noche tenía ganas de llegar y hacerle el amor en el living sabiendo que sus padres no estaban. Pero se me cayó la cara cuando al encender el auto ella abre una de las puertas traseras, por las que entran Favio y Mauricio, dos amigos en común, y luego ella dice mientras se acomoda a mi lado:

¡les dije a los chicos que vengan, y de paso vemos una peli! ¿buena idea no?

No tenía cómo oponerme a tamaña sonrisa, ya que al otro día era domingo y no había nada que hacer. Así que fuimos a casa comentando cosas del show, hablando de la ex de Mauricio y del estúpido del sonidista, que son hermanos.

Enseguida en la cocina abrimos un vino para Favio y unas cervezas para el resto, pusimos papitas y aceitunas en unos cuencos, abrimos los panchos del camino y charlamos un poco de las tetas de una morocha que estaba sentada en la primer mesa del bar. No sé en qué preciso momento todo se fue al carajo, lenta pero inexorablemente.

Después de un truquito y de un juego bastante rebuscado con dados, Vanesa susurra en mi oído:

¡voy al baño amor, y después me voy a la pieza un toque con Mauri… ando re calentita, y a lo mejor cojamos un ratito!

Algo parecido a una serpiente me estrujó las tripas, al punto de sentir ganas de vomitar, de cagar a trompadas al flaco o de pegarle a ella. Sin embargo, asentí con la cabeza y permanecí hablando de fútbol con Favio, que no paraba de llenar ambos vasos en cuanto los veía por la mitad.

Cuando él sugirió: ¡che, la Vanesita la debe estar pasando bomba no?, se la escucha re loquita!, ahí los dos nos levantamos en dirección a nuestro dormitorio, y nos detuvimos en el umbral de la puerta abierta de par en par. Ella estaba sentada frotando su vulva en las piernas de Mauricio, aún vestida y meta masajearle la poronga sobre su bóxer rojo. Se le caía la baba al gemir suavesito, nos ponía una cara de puta indescriptible desde que nos vio, y hasta nos sacaba la lengua para pasearla en sus labios.

Por alguna razón le dije:

¡sacate la calza guacha, y cogeteló!

Era mi voz la que pronunció esas palabras, pero no había arrepentimientos. Se quitó la calza, volvió a sentarse en las piernas de Mauri, a quien ya pajeaba con su pene al desnudo, y le obedeció a Favio que, pasando por mi autoridad exclamó:

¡no loquita, primero mamale la pija!

Ella solo repetía mientras él le manoseaba las tetas:

¡qué dura la tenés nenito, quiero toda esa lechita en la boca!

Se quitó las sandalias, y pronto el golpe seco de sus rodillas contra el suelo nos obsequió el mejor panorama de su calentura. Comenzó a escupirle y lamerle la pija sin bajarle el bóxer, se castigaba las mejillas y los labios entreabiertos con su erección, le daba pequeños sorbos y hacía resonar varias veces cada expulsión de su boca, como si un corcho resbalara violento de un buen espumante.

¡dame esa mamaderita nene, dame esa lechona calentita ahora, quiero esa pija hasta la garganta!, decía desfachatada mi novia con la cara colorada y repleta de saliva.

¡quiero que te pajees amor, y vos también Favito!, nos pidió cuando Mauri ya le metía la pija entre las tetas y el corpiño. Ninguno de los dos supo resistirse. Creo que hasta terminó por excitarme lo dura que Favio tenía la verga, mirando a mi novia cuya camisita había perdido varios botones, y volvía a sentarse sobre Mauricio, a frotarle la concha en las gambas, y pronto para dejar que ambos sexos entren en contacto, aunque muy de a poquito.

¡no me la metas toda forro,solo la puntita, sí, querés nenito, me vas a coger un poquitito nomás?!, decía ella, y cada vez que su glande entraba en su vagina apenas unos centímetros, la muy turra gemía de lujuria y se estiraba la bombacha.

Nosotros nos pajeábamos ruidosamente, cada vez más cerca de la escena.

De repente le pidió a Favio que le saque las medias y le chupe las tetas. Pensé que perdería los estribos cuando su mano derecha me alcanzó y empezó a pajearme como nunca, apretando mi tronco y generando cada vez más juguito con su pulgar en mi pene razonablemente hinchado.

Ahora Mauri se la metía toda por entre la costura de la bombacha, y ella gemía moviéndose a un lado y al otro con un goce en la mirada que podría revivir a un muerto, con la boca de Favio lamiendo sus pezones y su mano llenándome de cosquillas el pito y el cerebro.

¡cuanta pija para mí solita, quiero mucha leche por todos lados, quiero ser bien putita para ustedes, quiero pija!, decía extasiada.

Pero entonces, se separó del cuerpo un tanto fuera de forma de Mauricio para arrodillarse junto a su silla. Su boca prefirió lamer y chupar mi pija y la de Favio con una desesperación casi demoníaca, mientras pajeaba a Mauri, nos pedía que le amasemos los pechos y, acariciaba nuestros huevos que, a esa altura apestaban de sudor y saliva. Fue unánime el concierto de jadeos cuando se metió las dos porongas en la boca, porque era hermoso oírla atragantarse, sentir el filo de sus dientes en el cuero o en la bolsa de los huevos, recibir sus escupidas más burdas cada vez, y pedirle al Mauri que le sobe la espalda con su vergota. Sí, él era el más privilegiado de los tres, y no solo porque la tuviera larga. Era ancha, con una cabeza prominente y, encima sus testículos alardeaban con tener una mayor producción de semen que los nuestros.

Favio no pudo contenerse más y le ensució toda la camisita cuando acabó al borde de caerse, justo en el momento en el que mi novia le decía:

¡seguro que tu chica no te la chupaba así puerquito!

Después yo le di mi leche en un solo sacudón, la que le vi resbalar un poco de los labios mientras se levantaba con las rodillas temblorosas. Ahí Mauricio determinó que era hora de apoyarla contra el placard y cogerla de parado, con poca estabilidad pero sumergido en un fuego guerrero que por poco le separa las piernas del cuerpo. Ella gemía impertinente, usaba su mejor cara de putona para nosotros logrando que nuestras pijas vuelvan a desearla, y repetía:

¡dale guacho, cogeme toda, dame pija, cogeme así de rico, rompeme la conchita perro!

La pija de Mauricio golpeaba en lo profundo de su hueco para salir y entrar bien lubricada por sus jugos y el movimiento del garcheteo que los fundía más y más. Pero cuando Favio y yo nos miramos pensando exactamente en que el flaco le acabaría todo adentro, sin permisos ni culpas, éste la dio vuelta y frotó su pija entre su cola y su bombacha, donde ya no pudo detener su explosión seminal ni un minuto más.

Fue tan inspirador verla encendida, sudada y con la bombachita enlechada, que cuando dijo:

¡quieren más pete, más conchita y tetita mis bellezas?!, yo todavía sigo re contra calentita!... creo que todos tuvimos las mismas ganas de violarla como se lo merecía cada una de sus deshonestas provocaciones.

Mauricio le sacó la camisita y Favio el corpiño, sin reparar en que casi la ahorca por no saber desabrocharlo. Los tres nos prendimos de sus mamas para chupar sus pezones y morderlos, amasarlos y hacerla agachar un poco para darle algunos chotazos. Yo la reducí a sus rodillas contra la puerta para que su boca le abra paso a tres pijas duras como rocas. Ahora era un escándalo sonoro entre sus escupidas, el choque de su cabeza en la madera, sus lametazos a nuestras bolas, sus toses y estornudos junto a nuestros pubis por causas de su alergia, y los roces de nuestros glandes a su campanilla. Literalmente le cogíamos la boca, y ella solo podía eructar, gemir o decir: ¡quiero más chupetitos de leche, quiero la mema, más pija!, cada vez que le dábamos un respiro.

Cuando no pudo más de tanto succionar, lamer y soportar nuestras frotadas y pajas contra su carita, se levantó con los ojos endiablados.

Se le colgó de los hombros a Favio y lo tiró al suelo con tanta facilidad, que Mauri y yo estallamos de risa. Se le acomodó en cuclillas junto a su rostro y le pidió imperiosamente que le chupe y muerda la concha con bombacha y todo. Nosotros nos acercamos a su boquita y nos servimos de su arte. Nos pajeaba y peteaba con mayor soltura, mientras meneaba las lolas, frotaba su pubis en la cara de Favio y le decía:

¡chupá cerdo, comeme toda, oleme, mordeme la concha que estoy en celo como una perrita!

Vanesa seguía fiel a nuestras pijas y huevos, cuando creo que un shock de estupor me sacudió el pecho en el momento que Favio exclamó:

¡meate y cagate zorra, ensuciame la cara y la bombacha mamita!

Sabíamos que Favio era el más asqueroso, perverso y morboso de los amigos que teníamos. No me tomó desprevenido su petición, pero no voy a negar que me puso al palo. Ella no paraba de pedirle que le dé más lengua a su vagina, ni de exigirle que le pegue más fuerte en el culo, ni de mamarnos con prisa. Cuando quiso que nos demos la vuelta intuí lo que quería, aunque no estaba tan convensido de obedecerle. Pero no había lugar para contradicciones. Por eso, en cuanto nuestras nalgas dieron contra su cara, ella se dedicó a lamernos los culos mientras nosotros debíamos pajearnos mutuamente.

Solo una vez me presté a eso con ella, y fue porque el otro era mi mejor amigo. Esta vez, la pija de Mauri ardía en la palma de mi mano como un leño, tanto que tenía que escupírmelas para facilitarle los deslices. Mi pene también le infestaba las manos con mi presemen, entretanto la lengua de Vanesa iba y venía de un culo al otro, acompañada de besos y lamidas estruendosas.

Cuando la escuché decirle a Favio:

¡querés mi pichí cochino, querés que te mee todo?!, no creí que lo haría. Pero apenas se apartó de su rostro para que cada gotita de pis resuene en el piso y en su piel, y no tardó en dejar un zoretito en la bombachita para que el negro estalle de júvilo, Mauri dijo que quería acabar. Pero ella le pegaba en las bolas para que no lo haga, a la vez que se fregaba contra la barba de Favio, a quien se le oía murmurar:

¡te como toda chancha, dame todo negra sucia, acabame todo putona!

Luego solo se oía su lengua entrando en su concha, la de Vanesa urgando en nuestros culos o lamiendo mis huevos, y nuestras pijas siendo pajeadas como si quisiéramos desprenderlas del cuerpo.

Todo hasta que mi despreocupada novia se levantó y dijo:

¡¿quién me va a sacar la bombachita meada y cagada guachines?!

En eso se oyó el portón de la cochera, luego un portazo junto al tintineo de unas llaves, y entonces me percaté de que la puerta del dormitorio estaba abierta.

Habían llegado mis suegros, y nosotros no podíamos parar de enfiestar a la nena!

Lejos de cerrar la puerta dije:

¡vamos, no paren, sigan cogiendo!

Supongo que en el fondo deseaba que me hubiesen escuchado mis suegros. Pero por suerte no fue así.

Favio le sacó la bombacha, y en cuanto Vanesa se acomodó en cuatro patas se dio a la tarea de lamerle el orto y la concha al tiempo que se pajeaba con la bombacha enredada en la pija. Mauri y yo volvíamos a su boquita con 25 años de experiencia, y no existió un solo rincón que su saliva no hubiese colonizado. Mauri le pidió un dedo en el culo, y tantas veces lo necesitó que no pudo sostener tamaño chorro de leche en la boca de mi novia, que se ahogó hasta las lágrimas.

Entonces, Favio se sentó con ella a upa en su silla favorita, en la que suele sentarse a estudiar, y después de rozarle el ano con su glande, de buenas a primeras se lo enterró para sacudirla y cogerla con todo. Yo me sumé para penetrarle la conchita mientras Mauri le ponía su bombacha en la cara, y Vanesa me pedía con voz de pendeja caprichosa:

¡haceme pis adentro de la concha, dale, meame nenito, y vos culeame toda perro!

Recién entonces sentí ganas de mear, por lo que largué todo en el interior de su concha, en sus piernas y hasta en su panza, y luego me dispuse a cogerla con alma y vida, empujando más su cuerpo al de Favio para que se la meta toda en el culo. Ni me importó que le brotaran lágrimas de dolor o de placer.

Le agarraba las tetas como si fuesen las de una putita cualquiera, y no iba a parar hasta acabarle todo adentro, cosa que hice con orgullo.

Apenas me vi abatido, con mi pija deshinchándose en el aire y con Mauri acabando en el corpiño de Vanesa, decidí sentarme en la cama para contemplar cómo Favio le reventaba el culo. No duró demasiado. Pero, para eso la puso en 4 sobre la alfombra y le dio terribles martillazos orgásmicos con su pija indestructible. Le acabó en la espalda mientras ella volvía a mearse y trataba de que no se le escape ni un gemido más. Estaba agitada al límite de sus posibilidades respiratorias, y para colmo el padre andaba con insomnio.

No recuerdo claramente cómo fue que Favio y Mauricio se fueron. Solo que al otro día le pregunté a Vanesa acerca del por qué yo no sabía de sus planes. Dijo que sencillamente se dio, que esa noche necesitaba mucha pija, y que tenía razón en enojarme con ella si lo sentía. Claro que no era enojo. Más bien me invadía una excitación desconocida, junto a unas ganas de publicar fotos de ella desnuda por todas las redes sociales para ofrecerla y que se la cojan adelante mío. Quería que le chupe la pija a todos mis amigos, a mis alumnos, a mis primos y a todos los músicos que alguna vez compartieron escenario conmigo.

Ese mediodía su madre nos abrió la puerta para avisarnos que los fideos ya estaban listos. Solo que estábamos en el medio de uno de nuestros mejores polvos, porque la guacha me confiaba un sueño que tuvo con un amigo, al que le pedía que le haga pipí en las tetas. Luego le chupaba la verga y pronto se dejaba garchar por él en una mesa.

Su olor a sexo era tan abrumador que no podía parar de penetrarla, mientras la vieja salía espantada, y ella me decía:

¡me vas a dejar coger con él no?, puedo probar su lechita, sus huevitos y su pijita?!    fin


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