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Fecha: 09-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

Gay, casos de la vida real.

Jesus tsukishiro
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Tiempo estimado de lectura: [ 20 min. ]
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Fetiche de pies, sexo oral, semen, carga erótica sexual, sexo guarro, sucio; este capítulo promete ser mejor que otros y claro, una historia contada para alguien especial... Les invito a excitarse. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Gay, casos de la vida real.

 

“El caballero es una maquina sexual”.

 

 

Hola mis queridos lectores, bienvenidos a este capítulo especial por los 150 relatos publicados en mi perfil; estoy muy agradecido con ustedes por su apoyo con mis creaciones, de igual forma por el haber recibido estos candentes relatos; cómo es un capítulo de celebración, tendrá una dedicatoria a un caballero muy atractivo, educado y atento; espero le guste y también a ustedes.

 

Soy Joel, mido 1.75, delgado, peso 60 kilos, semivelludo, moreno claro, ojos grandes, cejas pobladas, de lentes y les voy a narrar la historia de cómo comenzó esta relación con este hombre tan atractivo y apuesto; Mateo es un hombre maduro, apuesto, caballeroso, inteligente y atractivo; comencé a tratarlo cuando él se atrevió a escribirme por Messenger; debo admitir que dudé en responderle, pues tenía cierta desconfianza; pero como dicen, lo cortés no quita lo valiente.

Contesté su saludo y él, con toda la amabilidad que tiene en su ser escribió lo siguiente. – “Gracias por aceptarme; estuve curioseando un poco en tu perfil; contrario a tu opinión sobre ti mismo, no me parece que seas equis, ni sin chiste; tienes una sonrisa muy linda y me parece que tienes un atractivo bastante sensual.”

– Con esas palabras logró que me sintiera bien, me robó un suspiro y también me sonrojé bastante; comenzamos a conversar una tarde de un 14 de Abril; curiosamente eran vacaciones; tras saber que estábamos a 4 horas de distancia, hubo una cierta pausa en nuestra conversación, pero se retomó cuando él mencionó que ya había estado en mi ciudad y le había parecido agradable; más por el café que aquí se da.

Él me dejó porqué saldría al cine y yo continuaría en mi maratón de series que estaba realizando como actividad vacacional, ja ja ja ja ja ja…

Días después de nuestra primer conversación, él con más confianza me envío su foto presentándose; su sonrisa me cautivo, su color de piel moreno claro me sedujo, su barba de candado encanecida me atrajo más; lo vi con detenimiento y asimilé que era un hombre maduro, pero serio, atento y educado; me cohibí un poco por la diferencia de edades, pues usualmente los de mi edad los tachan como inmaduros, tontos y algo resbalosos.

Nuestra charla prosiguió y salió nuestra primera coincidencia, ¡nos gustaban los perros!; me presentó en foto a sus mascotas y en una de sus fotos se lograban ver sus pies; yo los admiré, muy bien cuidados tanto su piel como sus uñas; eran como unos pies esculpidos en mármol; él se sintió halagado por mis palabras y de igual forma alardeo mis pies; qué no son perfectos como los suyos; y ¡vaya sorpresa!, otra coincidencia más entre nosotros.

Seguimos conversando, acrecentando más la atracción del uno por el otro; al menos así lo veía yo; salieron temas de nuestras vidas, a qué nos dedicábamos, lo que hacíamos en tiempos libres y más temas personales; le comenté que me gusta escribir, él se interesó y me interrogó sobre lo que redactaba; se sintió atraído y me pidió leer algo mío, le envíe el link y al poco rato me dijo que le gustaba lo que creaba; me sonrojé, me sentí feliz y hasta me dieron ganas de robarle un beso en esos ricos labios delgados que posee.

Nuestras charlas se comenzaron a ver un poco disminuidas y pensé que ya se le había pasado el interés en mí; me entristecí y dejé de ser tan atento como me mostraba, hasta qué un viernes, desperté tarde; eran vacaciones y era el último fin de semana libre; me senté a tomar mi taza de café y abrí el Messenger y vi mensajes de él, con cierta curiosidad, abrí su chat y leía lo siguiente.

“Hola, buenos días Joel, espero hayas dormido bien; escribo para decirte que me he dado la oportunidad de tomarme unos días de descanso, que mejor en tu ciudad, salgo de la terminal de autobuses de México en punto de las 9 de la mañana, no sé si te gustaría irme a recibir y acompañarme al hotel más cercano para poderme hospedar”.

– Mi corazón se aceleró, me puse nervioso, miraba la hora y eran cuarto para la una de la tarde; él estaba por llegar; así que presuroso me tomé el café, me comí unas galletas y de inmediato me metí a bañar.

Salí, me comencé a vestir más o menos presentable y nervioso fui al encuentro con él; cómo no tenía su número de teléfono, esperaba que me pusiera un mensaje en el chat; lo veía en línea pero no escribía nada; eran ya la 1:20 de la tarde y no había rastro de su llegada; supuse que era retraso de autobús o qué seguramente se había arrepentido de venir a verme.

Justo cuando estaba por irme, un mensaje llegó, era él, lo abrí y decía. – “Hola buena tarde Joel, me encuentro entrando a tu ciudad, supongo que en unos minutos más o menos estaré ahí, gracias por aceptar el irme a esperar”.

– De nuevo me emocioné, me puse muy nervioso, mis manos se helaron y mi corazón palpitó más de lo que ya; estaba muerto de miedo y de inseguridad por verle.

Dieron la 1:40 de la tarde y el autobús dónde él venía llegaba al andén número 4; comenzaban a bajar los pasajeros y ahí lo vi, a través del vitral, me saludó, me sonrió y me derretí ante esa hermosa y blanca sonrisa.

Cruzó con su maleta y su voz varonil me cimbró. – Hola, buenas tardes, ¡al fin nos conocemos!

– Extendí mi mano, un poco nervioso diciendo. – Hola, buenas tardes, ¡sí, por fin!, ¿qué tal el viaje?

– Respondió estrechando su mano masculina con mi delgada mano. – Bien, algo pesada la salida, pero bien.

– Soltando mi mano, me sonreía diciendo. – ¡Hace bastante calor!

– Algo sonrojado, dije. – Sí, bienvenido a mi pequeña ciudad.

– Le auxilié con su maleta y le pregunté ¿en cuál hotel se hospedaría?, me contestó que al que se había alojado hace unos años atrás.

Al saber que era el hotel que estaba a una calle de distancia, caminamos hasta allá, cruzando unas palabras y regalándonos unas miradas de emoción y entusiasmo de por fin conocernos.

Al llegar, se registró, recibió su llave y lo acompañé hasta el cuarto piso del hotel, en la habitación 25; estando en su cuarto, Mateo amablemente se disculpaba diciendo. – Gracias por esperarme y acompañarme.

– Sonreí diciendo. – Pues era lo menos que podía hacer, un gusto.

– Nos miramos fijamente, nos regalamos una cálida sonrisa, para así obedecer a nuestros impulsos de intercambiar unos besos en la boca; debo aceptar que moría de ganas de probar sus labios delgados y suaves, decorada por esa barba de candado encanecida.

Su lengua invadía mi boca, dejaba que explorará cada rincón de ella, sentía el intercambio de saliva y su aliento mezclarse con el mío; largo y agradable fue ese beso, nos separamos y ambos sonreímos diciendo. – ¡Qué delicioso besas!

– Una ligera risa, para luego darnos un fuerte abrazo de gusto por estar frente a frente.

Como estaba haciendo mucho calor, Mateo me decía. – Quiero que me acompañes a recorrer la ciudad, conocer los nuevos lugares que hay y comer algo, para así seguir disfrutando de tu compañía, pero antes quiero darme una ducha.

– Apenado, le dije. – Sí, claro quiero seguir disfrutando tu compañía, si gustas te espero abajo y dejo que te bañes con calma y a gusto.

– Serio pero educado, me habló. – Creo no entendiste la parte de “seguir disfrutando de tu compañía”.

– Tras recapacitar, le dije cohibido. – ¡oh!, ya entendí.

– Mateo se sentó en la cama, se desató las agujetas de sus zapatos negros de piel y despacio libero su delicioso pie.

Me acerqué y olfatee ese rico olor a piel; miró mi entusiasmo y preguntó. – ¿Quieres?

– Sin responderle, me hinqué, tomé su pie y lo acerqué a mi nariz para aspirar profundo.

Él suspiraba y decía. – Sí, así, respira profundo.

– Se desabotonaba su camisa en lo que yo liberaba su otro pie del zapato; sujetaba ambos pies y los llevaba a mi nariz para inhalar hasta el fondo haciendo que él se excitará del simple hecho de verme oler sus deliciosos pies.

Mirándome muy atrevido, le quitaba los calcetines negros con mis dientes, rosando mi nariz por sus tobillos y respirando ese suave olor de su piel; sin camisa Mateo se tocaba el pecho, suspiraba y deslizaba sus manos para desabrocharse el pantalón; en lo que yo me quitaba mi playera y dejaba ver mi muy delgado cuerpo; con suavidad y cariño él se me acerco, me tomó con ambas manos mi rostro y me besó con mucha pasión.

Nos pusimos de pie; percatándome que mediamos casi lo mismo; él 1.76; lo único que nos diferenciaba era el peso; él 88 kilos; Mateo dejó caer su pantalón para pasar con sus manos a desabrochar el mío y desplazar sus manos por mi cintura delgada; continuando con el beso, tocaba mi espalda, sintiendo mi sudor; ambos en bóxer; él gris y el mío verde; pasábamos a la ducha.

Dónde ahí nos terminábamos de desnudar y me decía susurrando. – Estas muy rico, flaquito lindo, me gustas más en vivo.

– Sonreí, me sonroje y le abracé; permitiéndole que me besará el cuello, me diera suaves mordidas en los hombros y con calma bajará a besarme mis tetillas.

Cariñosamente, me volteaba y me besaba la espalda, con su lengua recorría mi espalda, hasta llegar casi al comienzo de mis glúteos; me acariciaba, paseando sus manos por mis costados, para abordar mi pene que estaba lubricando muchísimo; con cuidado jugueteaba mi miembro en lo que me besaba mis nalgas y me rosaba con su barba; de nuevo subía con su lengua, llegaba a mi cuello y lo lamía para luego sus labios besuquear hasta ponerme la piel erizada.

Me abrazaba en esa posición y me percataba de su miembro erecto, grueso, velludo y caliente; al oído Mateo me hablaba. – Vamos a ducharnos y salimos a distraernos, pues no quiero faltarte al respeto o que pienses mal de mí.

– Abría las llaves de la regadera y nos empapábamos, nos enjabonábamos, así como también nos lavábamos nuestros pies el uno al otro.

Nos secábamos y nos veíamos desnudos, con confianza y con comodidad; acepto que lo que más deseaba era tener relaciones con él, pero me contuve porqué me gustó mucho su forma de ser conmigo.

Vestidos de nuevo, con unos besos antes de salir, lo acompañaba a comer y recorrer los lugares nuevos y turísticos de mi ahora “pueblo mágico”; en el paseo del río, cómo si fuéramos novios, nos regalábamos besos esporádicos, entrelazábamos nuestras manos y andábamos por ahí disfrutando del momento; me tomaba, le tomaba y nos tomábamos fotos, sonreíamos, un pequeño abrazo, acompañado de más besos; así fue esa tarde con él; para finalizar ese día, fuimos a un conocido café en el centro de mi ciudad.

Ahí él me tomaba la mano y me decía serio. – Jamás pensé que fuera a disfrutar de tu compañía de esta manera, agradezco tu atención y tu tiempo, valoro mucho este gesto.

– Sonreí diciéndole. – Nada que agradecer, un gusto y placer servirte de guía, aunque en sí ya conocías un poco aquí.

– Mateo sin importarle la gente, se me acercaba y me daba un suave beso en la mejilla, haciéndome sentir emocionado y contento.

Ese día de nuestro encuentro, finalizó con un abrazo en el lobby del hotel y un hasta mañana con una liviana sonrisa.

Esa noche dormí bien, relajado, muy feliz de al fin conocer a un hombre guapo, atractivo y maduro; soñé con él, un gran caballero; al día siguiente, desde muy temprano, nos vimos, desayunamos juntos en su habitación y, luego de una buena conversación, ya alimentados, iniciamos una sesión de besos, acompañados de caricias y toqueteos.

Yo estaba sentado en las piernas de Mateo, él con sus manos varoniles me agarraba con fuerza mis nalgas y yo apretaba su amplia espalda; indicándole que sus besos me tenía más que excitado; sus manos se paseaban por mi espalda, buscaban meterse, para tocar la piel de mis glúteos; astutamente me puse un pantalón de elástico, para que así no hubiese problema alguno en el sexo.

Mateo descubría por donde entrar y empujaba sus manos para así abrirse espacio en acariciar mis pompas; en tanto; continuábamos besándonos, metiendo y succionando nuestras lenguas; podría sentir sus dedos meterse despacio por mi ano, me relajaba para que él pudiera meterse con ganas.

Sacaba sus manos, muy agitado, me decía. – Desvístete rápido.

– Lo mire con ansiedad, me aparte de él y presuroso me comencé a desnudar.

Él estaba en bata, así que era más fácil que se desnudará; ambos desnudos, Mateo se sujetaba su miembro y mirándole, habló. – Mira como tienes a mi pene, está babeando, se le antojaría estar dentro de tu colita.

– Me mordí el labio, me di media vuelta, me incliné y abriéndome las nalgas, le decía. – Embísteme ahorita que estoy deseoso.

– Mateo se acercó, me tomó por la cintura y me empujó con fuerza su verga.

Nuestra excitación estaba al máximo; se alcanzaba escuchar el “clap, clap, clap, clap, clap, clap” de sus testículos rebotar en mis nalgas; me estaba cansando de estar así, pero yo deseaba que él terminará dentro de mí; el peso del cuerpo de él, me hizo caer al piso; aun así, él continuaba bombeándome con muchas ganas; parecíamos animales apareándonos, lo que más nos excitaba; aunque me dolía estar contra el piso, esa sensación de estar teniendo sexo con alguien que te gusta, hacía olvidar la dureza del suelo.

Mateo jadeando me decía. – Me voy a venir.

– Yo pujando hablaba. – Sí, échamelos.

– Él hablaba. – No, no quiero, pero están ya por salir.

– Le decía. – Entonces préñame, préñame rico.

– Mateo me sujetaba de la nuca, se apoyaba con su otra mano y yo levantaba un poco más mi culo.

Él seguía con ese movimiento de cadera, para gritar con un inmenso placer; yo sentía mi esfínter punzar de tanta fricción, estaba caliente, la sensibilidad era tanta, que me percataba del semen quedar adentro mío.

Mateo se apartó, se tiró al piso exhausto y dijo. – ¡Jamás había tenido un mañanero tan rico como esté, me encantas flaquito!

– Me le acercaba, le daba un beso y me recostaba en su pecho empapado de sudor.

Nos quedamos dormidos como por cuarenta y cinco minutos, después al despertar, ambos nos metíamos a dar una buena ducha, acompañada de besos, caricias, mordidas y lamidas; luego de eso, el resto de la mañana y parte de la tarde fue andar recorriendo mi ciudad, conociendo más nuevos lugares turísticos que hay; ya de noche, nos despedíamos; él quería que me quedará a pasar la noche, pero no podía; me hubiese gustado mucho, pues sería la última noche que él estaba aquí, ya que se regresaría a su hogar en punto de las once de la mañana.

Domingo por la mañana, con nostalgia, desayunábamos juntos, nos regalábamos miradas coquetas y bajo la mesa unas caricias atrevidas, despertando nuestros penes, incitándonos al sexo sobre la mesa del restaurante; sin duda esa hubiese sido una muy buena fantasía por cumplir.

Acabando nuestro desayuno, Mateo me abrazó fuerte diciendo. – Me dio mucho gusto poderte conocer, eres encantador.

– Yo le abracé con más ganas y entusiasmo diciendo. – A mí igual, espero poderte ver otra vez, eres un hombre maravilloso, educado y caballeroso.

– Lo acompañé a su habitación; él ya tenía sus cosas listas y recuerdos que compraba para llevar.

Estaba a una hora de salir su autobús; viéndome atrevido, lo detuve antes de cruzar la puerta, me le hinque, deslicé presuroso mis manos, bajé su cierre y saqué su flácido pene; lo introduje a mi boca y lo comencé a jugar para erectar; él trataba de evitar que hiciera eso, sin embargo, así como yo, él deseaba que lo hiciera más despacio, para disfrutar del momento.

Mateo usó sus dos manos en mi cabeza, me freno teniendo su sexo en mi garganta y jadeando decía. – Succiona, succiona, con tu lengua acaricia el tronco, déjalo bien babeado, así flaquito, así.

– Me estaba asfixiando, pero me excitaba mucho; estaba teniendo una gran erección y podía sentir mi ropa interior húmeda y pegajosa; me había corrido de tan excitado que estaba desde que estábamos en el restaurante desayunando.

Me aparte de su miembro, jalé aire y de nuevo lo metí hasta el fondo; jugué, lamí, babé, besé, chupé, en fin, fue exquisito ese momento.

Mateo apretó mi cabeza, me jaló de los cabellos y gimió. – ¡Aaaaahhh… aaahhh… ahh woooooow!

– Mi boca se inundaba poco a poco de un espeso, algo dulce y suficiente líquido seminal; mismo que saboreaba, en lo que despacio se iba deslizando por mi garganta.

Acabando, él se limpiaba en el lavamanos, se enjuagaba con prisa y yo me quedaba ahí en el piso, memorizando cada lapso con él en dicha habitación.

Salimos del cuarto, en el elevador nos íbamos besando y saliendo del hotel, mi corazón se estrujó; entrando a la terminal, sabía que ya no nos veríamos de nuevo, que tal vez estos encuentros sexuales, fueron un regalo y recuerdo de su visita.

Vocearon su autobús, se despidió de mí con un apretón de manos y caminó para abordar el bus; lo vi partir, suspiré, me di media vuelta y regresé a mi vida normal, a como era antes de conocerle.

Pasaron cerca de tres meses de nuestro encuentro; seguíamos en constante comunicación por Messenger y por WhatsApp, nos enviábamos vídeos propios masturbándonos, audios excitantes, fotos y de vez en cuando video llamadas.

Mateo estaba muy ocupado con su trabajo y yo con la escuela, nuestros tiempos se reducían y conversaciones se acortaban; tras eso, luego de hacer unos ahorros, me decidí a viajar para verle otra vez.

Me comuniqué con él, le mandé un mensaje con lo siguiente. – “Hola, buenas tardes, sé bien que has estado muy ocupado últimamente, así que te aviso con anticipación que este fin de semana viajaré a la ciudad, espero y puedas darme hospedaje, sino no importa, llevo dinero para estar en un cómodo hotel barato, saludos”.

– Él había leído el mensaje y me dejaba en visto.

En espera estuve a que me respondiera, supuse que se debía a que tenía trabajo; no quise ser imprudente; esperé el resto de la tarde, hasta que de madrugada él se comunicó conmigo respondiendo. – “Hola mi bello flaquito jarocho, disculpa que te haya dejado en visto, pero estaba ocupado, ya te había mencionado que tengo un lado oscuro que no puedo decirte por ahora, sin embargo, te daré hospedaje, prepararé la habitación e iré por ti a la terminal, sólo dime ¿a qué hora saldrás de allá?, más o menos para calcularle”.

– Sonreí, suspiré y le respondí el mensaje, tras una breve conversación de media hora, quedamos en vernos en la terminal de la ciudad.

Estaba muy ansioso por llegar; esa noche ni dormí bien, de tan emocionado que estaba; las horas pasaron y ya de camino a la ciudad, iba escribiendo con Mateo; él me decía que estaba lloviendo fuerte y que esperaba que me hubiese llevado alguna buena chamarra, pues la requeriría en el tiempo que estaría allá.

Llegando a la ciudad, era un caos; las calles parecían ríos y se hacía lento nuestro ingreso a la terminal; tras casi media hora, bajé del autobús, le envié mensaje a Mateo diciéndole que ya había llegado; él muy atento, se comunicó conmigo por teléfono y ¡por fin nos volvimos a ver!

Me ayudó con mi maleta y juntos sonrientes nos fuimos hasta su auto, de camino a su casa, pasamos a cenar y conversábamos de lo que habíamos realizado durante todo ese tiempo.

Él se llevó gran sorpresa tras llegar a su casa, pues descubría que estaba inundado; él exclamó algo molesto. – ¡Me lleva la chingada!

– Yo lo miré y le dije para calmarlo. – No te preocupes, te ayudaré a sacar el agua.

– Ambos comenzamos a sacar el líquido; que en sí no era mucho, había llegado en un máximo de 20 centímetros.

Como era de esperarse, nuestros pies se mojaban; yo me excitaba de ver a Mateo con el pantalón remangado y mostrando sus pantorrillas.

Tras finalizar y dejar limpia la cocina y parte del comedor, me sacó la maleta de su coche y me dijo. – Ven, por aquí está tu habitación y el baño, deberás bañarte tras la mojada.

– Yo sonreí, le acaricie la espalda diciendo. – Creí que dormiría contigo y que nos bañaríamos juntos.

– Se sonrojó, tomó mi mano y la guío hasta su miembro hablando. – Pensé que no querrías, ven, vamos a mi habitación.

– Caminamos hasta ahí, besándonos, acariciándonos con muchas ganas, con gran deseo por tener ese cuerpo viril sobre de mí y poder disfrutar de su vigorosidad tan adictiva.

Le arranqué la camisa; literal lo hice, los botones cayeron por el piso; luego me desabroché mi pantalón, dejé que tocará el piso y ahí Mateo me detuvo mirándome con perversión, diciendo. – Quiero que me chupes mis pies, ¡ahora!

– Nuestras miradas nos seducían; cada poro de nuestra piel emanaba la lujuria y pasión que teníamos acumulada.

Obedecí diciéndole. – ¡Lo que pida usted amo!

– Me acosté al piso, casi al pie de la cama.

Él se sentaba, se quitaba los zapatos mojados, levantaba un pie y me lo ponía sobre mi cara; olía a sudor combinado con agua; estaban muy empapados sus calcetines, que podía escurrir agua en mi rostro; dejé que me metiera sus dedos en mi boca; era mucho riesgo a una infección, pero podía más nuestra sed sexual.

Luego hizo lo mismo con el otro y el olor a humedad y sudor me excitaba más; yo deslizaba mis manos por mi pecho, abdomen y llegaba a mi pene, me comenzaba a masturbar en lo que sus pies me mojaban mi cara; subí mis manos, quité esos calcetines, los olí un poco y luego los exprimí para probar el agua con su sudor; él se excitaba mucho, se comenzaba a masturbar al par que me iba metiendo los pies en mi boca hasta el fondo, casi, casi ahogándome.

Nuestra excitación fue demasiada, que nos hizo eyacular precozmente y abundante; su semen caía sobre sus pies y el mío en mi abdomen semidesnudo.

Mateo sonrió, observándome de la misma forma y dijo. – Límpiame mis pies, ¡ahora!

– Yo comencé a lengüetear como un perro lamiendo su hueso.

Chupaba cada dedo, sus plantas, sus  tobillos y talones, quitándole todo residuo de semen, únicamente dejando mi saliva por sus pies; luego él ágilmente se abalanzó sobre de mí y lengüeteo mi semen de mi abdomen, lo saboreo y tragó; excitándome de nuevo.

Él comenzó a chupar mis pies con los calcetines mojados y los desnudaba con mucha prisa; como si fuera un regalo ansiado por descubrir; hicimos un sesenta y nueve de pies, fue lo más rico y delicioso; los dos ahí en el piso, casi desnudos, dejándonos llevar por nuestras ganas.

Posteriormente, me levantó, me tiró a la cama y como tigre a su presa; se me fue directo al cuello, para besarlo y morderlo; con sus manos llevaba las mías a la cabecera y las detenía ahí en lo que liberando su otra mano, la paseaba por mi cuerpo, apretando mi nalga y levantando mi pierna izquierda al aire.

Besaba y me lengüeteaba todo, me disfrutaba; era su golosina de la noche; me volteaba, deslizaba su lengua por mi espalda y mordía con desesperación mis nalgas, haciéndome gritar como nunca; su lengua introducida en mi recto, me hacía retorcer de un grandísimo placer; mi sexo lo restregaba en sus finas sabanas color beige y apretaba, mordiendo su almohada; levantaba mi culo para él, incitando a que me penetrará; le estaba regalando la oportunidad de cogerme bien y mejor que la primera vez.

Oportunidad que para nada dejó esperar; pues haciendo suficiente saliva, la derramaba en mi esfínter, la untaba como mantequilla y me embestía con fuerza; me sentía soñado en disfrutar un hombre maduro, con barba de candado y esa rudeza que guarda para la intimidad.

Esa noche fue maravillosa y las posteriores a esa más, pero la noche de mi llegada fue la que más me marcó y excitó; pues estuvimos teniendo sexo hasta el amanecer; mi ano estaba escoriado, muy dilatado y adolorido, pero eso a Mateo más le excitó y con mucha más razón me dejaba ir su rico y delicioso miembro por atrás.

Sudamos, nos lamiamos, nos volvimos a venir, descansábamos un poco y otra vez de nuevo; fue la primera vez que terminaba relleno de semen tanto por abajo como por arriba; él, él quedó rendido, seco y desganado por ese gran fin de semana sexual.

No salíamos de la casa, era pura cogedera y de la buena; casi cogimos por toda la casa, en la cocina, en la mesa del comedor, en el piso, en las escaleras, en el jardín; sin importarle mis gemidos, jadeos y gritos, y sin importarle que los vecinos nos fueran a ver, grabar o escuchar; sencillamente gozamos de nuestro reencuentro.

Ese hombre de quién les presumo, ahora es mi novio y aunque tenemos diferencia de edad, eso no nos impide que seamos una pareja formal ante muchos y muy calenturienta en privado; ese fue mi relato, ya vendrán más, porqué él es una maquina sexual imparable, saludos.

Fin.

 

 

¡Impresionante mis queridos lectores, impresionante!, sí ustedes no terminaron con la ropa interior algo húmeda y pegajosa como yo, les hace falta más imaginación; con este capítulo festejó 150 relatos y el cierre de esta primera temporada de esta gustada sección, mil gracias por sus escritos enviados, sus comentarios y apoyo durante este tiempo, espero regresar con más casos de la vida real, narrado por ustedes amigos lectores gay; también son bienvenidos los de toda la comunidad; me despido y les invitó a leer los demás capítulos de esta sección; valoren ustedes mismos; les traeré más casos pronto, ¡hasta luego!



© Jesus tsukishiro

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