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Fecha: 12-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Otros Textos

Nada y Oscuro

Abraxas
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En un mundo Dark Far West, Nada, nacida bajo el signo de la Exterminadora y la Esclava, y Oscuro, el Pistolero de la Muerte, deben convencer a Scarlett la Nephilim para conseguir la reliquia de la Congregación del Dolor. Y los cuerpos serán la moneda de pago... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Aquella era una tierra que no perdonaba a nadie, y Nada, lo sabía. Nada se llamaba, le habían puesto ese nombre para no llamar la atención de los Dioses Crueles hacia sí misma, puesto que su belleza, en ese rincón del recóndito mundo de Frontier era un peligro.

Por suerte, Nada tenía alguien que cuidara de ella. Cierto era que sabía defenderse, que en cualquier momento podía sacar sus revólveres y matar a alguien y que, por ello, era peligrosa, puesto que había nacido bajo el avatar de Surmen, la Pistolera Celeste, y esa parte no podía negársele: tenía el genio vivo en cuanto se le quitaba el collar, no aceptaba intromisiones de nadie, y, mientras fuera libre y no usaran el Silbato (una pieza hecha en mitrilo y que sonaba a la misma frecuencia que su alma), era indómita y brutal, sanguinaria y peligrosa.

Pero Nada tenía un reverso. Al haber nacido bajo el signo de Surmen la Ejecutora, también tenía un lado que debía ser atendido para encontrar su equilibrio. Y ese era el lado de Surmen la Esclava. Pocos eran lo que podrían someterla, incluso con el Silbato de mitrilo… Pero había encontrado un Dueño. Se llamaba Oscuro, y ahora mismo gateaba a su lado, desnuda, con la boca tapada por un pañuelo bajo el que una mordaza de bola sellaba su boca, y su sexo y su ano estaban taponados por dos instrumentos de metal que vibraban lentamente y de vez en cuando sacudían su cuerpo con orgasmos sucesivos y sorprendentes. Más tarde Oscuro le daría un azote por cada orgasmo que tuviera y que ella confesara, ya que no podía mentirle a su Dueño. Así eran las reglas que existían en Frontier. Así era como Nada era esclava, asesina, ejecutora, puta sumisa y pistolera.

Llegaron hasta el pueblo de mala muerte después de días de camino. Atrás quedaban los cien Árboles de Ahorcado donde Oscuro la había atado y propinado una sesión de azotes en cada uno de ellos. Nada contaba las distancias en orgasmos, y así sabía que desde UmbraOscura, de donde venían, después de matar al Párroco Estigio y a todo el pueblo, habían transcurrido mil quinientos orgasmos, una larga distancia.

El cuerpo paranatural de Nada estaba creado para soportar multitud de orgasmos a manos de su Dueño, no así con cualquier otro, salvo que se dieran circunstancias específicas.

Nada había sido entregada, humillada, sometida, vejada y usada multitud de veces para que Oscuro obtuviera ventajas, comida, cama, caballos y todo lo que necesitara. Todos ansiaban la carne de Nada, la rosada piel, sus pezones anillados, su vientre plano, su ano rosado y su sexo goteante. Profanar su boca de labios llenos, castigar su cuerpo, puesto que sabían que, al hacerlo, no solo seguían el orden natural, sino que tenían un raro privilegio que, seguramente, no volverían a experimentar en sus vidas, y hombres y mujeres harían cola para ello.

Entraban en una población, Maldición, era llamada, situada sobre el cauce venenoso de Río Lodo, y emergiendo sobre una colina pelada rodeada de árboles negros y en apariencia muertos, que daban frutos de sangre.

Nada, desnuda como estaba, notaba el peso que Oscuro había colocado en las cadenas que pendían de sus pezones. En sus muslos desnudos tenía atadas las dos fundas de sus armas, plateadas y brillantes, una con cachas rojo sangre y otra blanco hueso.

No por ser la esclava de Oscuro estaba indefensa, ni mucho menos.

Su Dueño hizo un gesto, transmitido por la Cadena que pendía de su cuello y llegaba hasta la muñeca del hombre, y Nada se incorporó. Su glorioso cuerpo desnudo contempló el  sucio paisaje, surcado de hierba parduzca, del humo gris y lejano de las casuchas del pueblo y de los gritos de las Esclavas y los Esclavos del pueblo que estarían en la plaza central, desnudos, atados y entregados a su labor.

Frontier exigía eso. Era un lugar de Amos y Dueños y Esclavos y Sometidos. Ese era el orden de ese mundo.

Nada miró a Oscuro, cuyo rostro estaba cubierto por el pañuelo azul oscuro y el sombrero negro. Su mano enguantada y cerrada sobre la cadena  se contrajo, con los  nudillos blancos. Se le he hizo la boca agua. Notaba su deseo, y sabía que la antinatural potencia de Oscuro la poseería.

Hizo un gesto, y Nada entendió. Las cadenas que ataban sus brazos entre sí a la altura del bíceps y los muslos se deshicieron en polvo, y ella fue hasta las alforjas de uno de los caballos de carga. De él sacó un vestido blanco de Señora, con cinturilla, corsé que dejaba mostrar los pechos, y miriñaque transparente en franjas. Se lo puso sin dilación, quedando sus pechos unidos por una cadena plateada con un cascabel pesado, y sin poder sacarse los artilugios que ocupaban su ano y su vagina. Sus muñequeras de esclava pasaron a ser de tela de araña Racne, casi irrompibles. Se puso dos ligas, anchas en los muslos y otras dos en los tobillos, y enfundó sus revólveres en el cinto, altos, sobre su vientre, cruzados. Se quitó el pañuelo rojo y la mordaza de bola, siendo sustituida por otra peor: era una réplica del pene de Oscuro, y se lo tragó hasta el fondo. Sus modificaciones corporales hacían que pudiera seguir respirando, a la par que, igualmente, sufría arcadas por el miembro en su esófago. La mordaza-pene estaba rematada en un liso cuero blanco que no evitaba que cayera saliva por él, indicando su humillación. Se tocó con un sombrero blanco de ala ancha y unas sandalias de tacón de bota y cintas apretadas. Sus manos, delicadas, pese a estar acostumbradas al revólver y a caminar a cuatro patas como la perra que sabía que era, iban entrelazadas por los dedos. El collar pasó a ser del mismo encaje que las muñequeras, y la cadena apareció en la mano de Oscuro, que cabalgaba sobre Pesar, el negro corcel.

Nada tuvo permiso para subir sobre Aflicción. Para ello tuvo que sacarse los tapones que se hundían en su sexo, puesto que su silla de esclava tenía sus propios artilugios. El primero era un duro miembro oscuro que forzó su vagina y cuya superficie estaba surcada de anillos con perlas del Mar de Nácar, que rotaban en diversos sentidos y la torturarían; el anal era un un artilugio dilatador. Si el miembro la torturó cuando entró milímetro a milímetro en su pulsante vagina, el plug anal se abrió camino cruelmente dilatando grotescamente su ano al punto de hacerla chillar y gemir, sintiendo que se desgarraba. Su ano, el anillo rosado, se abrió con lentas pulsaciones para recibirlo hasta su mayor diámetro. Nada salivaba profusamente, sus gemidos ahogados por el miembro inserto en su garganta, sintiéndose objeto, usada, sumisa. Finalmente sus nalgas dieron con la silla negra y se produjo un sonido de succión. Sus modificaciones corporales plagaron de lubricante su coño y su ano, y como siempre que usaba esa silla, casi se desmayó cuando se apoyó totalmente, sintiendo sus entrañas perforadas e invadidas. Y brutalmente excitada. Ató el anillo central de la cadena que pendía entre sus pezones al pistón de la silla, que tiraron cruelmente de ellos y a la vez, tenía que estar en tensión sobre los estribos mientras la silla la follaba continuamente con el trote del caballo que, fiel a su nombre, no le daba descanso ni elegía los mejores caminos, sino que se deleitaba con el dolor y el placer de la esclava.

Enfilaron hacia el pueblo. Allí, en la Parroquia de la Congregación del Dolor esperaban encontrar el objeto de la Búsqueda de Oscuro, aunque sabían que habría un precio que pagar. Y el precio, concretamente se lo tendrían que pagar a Scarlett, la Rectora de aquel malvado pueblucho, cruzando un débil puente que parecía a punto de desaparecer al paso de los caballos.

*

Nada casi se había desmayado al llegar al pueblo por la presión de los artilugios y el trote malvado de Aflicción, la yegua blanca, que de vez en cuando relinchaba por lo bajo. Llegaron hasta el centro del pueblo sin muchos problemas, tan solo un par de disparos en las rodillas a los que se interpusieron en su camino intentando atracarles. Nada que no pudieran liquidar rápidamente. Oscuro hizo explotar la cabeza de un pueblerino, armado con una escopeta vieja, que le intentó clavar el arma en las costillas. La bala salió de Maldición, el revólver pavonado en negro que llevaba en la diestra, agujereando su propio poncho, y brillando fulgurantemente como una luciérnaga infernal. Por su parte, Nada voló los dos ojos del atracador que se dirigió a ella con sendos disparos de Sudario, el Colt encantado que llevaba en la zurda, de cachas blancas hechas con los huesos de su propia madre y que arrebató de las manos muertas de su padre.

Desmontaron, entraron en la gran casa de putas del pueblo que servía de alcaldía, desde la que Scarlett dirigía aquel cenagal moral de uno de los peores más alejados páramos de Frontier, un lugar donde sólo llegaban las almas de los que habían sido malditos o asesinados por demonios.

Fueron recibidos por la propia Scarlett, un ente de aspecto femenino, con altos guantes hasta el bíceps, corsé francés de fruncido, negro y orlado en escarlata, con grandes púas de acero negro atravesándole la parte superior de los pechos, y una falda abierta de can-can con cola negra y cadenas con bolas puadas que tintineaban a su paso. Subieron apenas hubieron brindado en la barra donde dos hombres encapuchados estaban siendo azotados y un tercero penetrado por todos sus orificios mientras de su pene rezumante colgaba, imposiblemente, una cabeza humana. No era lo más raro que habían visto, al menos la cabeza no le estaba haciendo una mamada, pero aquello sentó el tono de la entrevista. Apuraron sus chupitos de licor, sin preguntarse de qué estaba hecho.  Nada, liberada de la tortura de su silla, notaba los dolores de su ano y su vagina volviendo con crueles pulsaciones a su estado natural, mientras se le sucedían arcadas por el artefacto que ocupaba su boca. Para beber su chupito, Oscuro abrió la mordaza y, por el hueco que tenía el pene que inundaba su esófago vertió el licor, tirando para ello del cabello de Nada hacia atrás. El licor llegó directo a su estómago y lo abrasó, pero Oscuro tapó la mordaza de nuevo, tiró de la cadena y Nada se puso tras él. Ahora tenía los aros de los pezones atados a la muñeca contraria por una corta cadena que no le permitía elevar las muñecas más allá la cintura, haciendo que se encorvara y teniendo los pezones al límite de su tensión. Y además de la humillación que sentía, aquello la excitaba hasta lo indecible.

El despacho de Scarlett era una elegante sala de torturas. Mientras ella se sentaba en la butaca de cuero verde con orejas y Oscuro al otro lado de la gran mesa, Nada fue colgada de unas cadenas sin tocar el suelo. De un Gesto de Oscuro su ropa se desvaneció y volvió a aparecer totalmente desnuda. Scarlett la miró antes de hablar, ponderando lo que tenía ante sí. Nada podía leer el deseo en los ojos de la criatura, en sus brillantes iris rojos y en la lengua negra que acariciaba los labios carmesíes que ocultaban filas de dientes aguzados.

—Oscuro, Matador de Pesadillas y Nefandos, ¿Qué has venido a buscar a mi pequeño poblado? —preguntó con voz profunda y sensual.

—Ya lo sabes. Las noticias viajan más rápido que yo. Lo que se guarda en la Congregación del Dolor.

Scarlett sonrió.

—Bueno, eso es propiedad del Reverendo de Eladriel. Y tengo por costumbre no interferir en esas cosas…

—Scarlett —repuso con voz cascada Oscuro, quitándose el sombrero negro cuya cinta eran múltiples cráneos de pequeñas criaturas—, no puedo ir y arrebatárselo, porque no me lo va a dar ni aunque le dejara hacerse una capa con la piel de Nada…

La esclava gimió ante la mención de la tortura, involuntariamente. Sufrir por él y por lo que él quisiera… su sexo se humedeció salvajemente. Su naturaleza sumisa y esclava la llevaba a extremos de Cenobitas de masoquismo. Ya no sabía las veces que había sido casi despedazada por el beneficio de Oscuro que, a su vez, arrasaría un mundo entero si alguien lo hacía sin su permiso expreso.

—…y si recurriera a la violencia sin tu permiso las consecuencias… bueno, no serían agradables. Y podría enfadar a más gente.

—¿Cuál es tu oferta? —preguntó la criatura.

—Ya lo sabes —dijo mirando a Nada—. Y aunque esa es una oferta generosa, déjame completarla con esto —puntualizó sacando algo de una pequeña bolsita negra que le pendía del cinto.

Los ojos de la criatura se abrieron enormemente cuando vio las dos gemas multifacéticas, con facetas en forma de octógonos, rojas como las llamas de la perdición.

—Los Ojos de Kali… —murmuró. Y aun así miró a Nada con hambre—. Acepto. Podrás ir a la Congregación del Dolor y hacer lo que te plazca y llevarte lo que quieras. Yo no intervendré a menos que te salgas de los terrenos de la Congregación. Pero no me interpondré en tu salida ni os retendré. Tampoco dejaré que os hieran dentro de los terrenos del pueblo, no así en la Congregación. Lo juro por los Cenobitas.

»Pero quiero una cosa más… —dijo, mirando a Nada.

Oscuro levantó las cejas, sorprendido. El precio pagado era alto…

—Que tú también participes.

Oscuro sonrió.

—Hecho. Nunca me he follado a una Nephilim.

Nada vio cómo Scarlett se ponía delante de ella. Su ropa, con un chasquido, cayó, como si estuviera compuesta de polvo y partículas sólo apelmazadas por su voluntad. La habitación olía a incienso denso y pesado, pero también a especias y frutas. La mujer tan solo conservó unos mitones de red enganchados a un dedo, medias y zapatos de tacón. Nada por su parte, fue desnudada lentamente por Oscuro, que desabrochó cada una de las hebillas, broches y cierres. Su cuerpo quedó expuesto totalmente, rosado y precioso, perfecto, delicado, listo para su humillación. Retiró la mordaza, que salió con una arcada y un torrente de saliva que cayó en delicados hilos cristalinos sobre sus pechos.

—Gracias, Dueño —dijo  la sumisa, educadamente, recuperando la respiración traqueal, que había sido sustituida por la braquial modificada.

La Nephilim sonrió al ver caer el largo aparejo que había estado alojado en su interior. Oscuro se acercó a Scarlett, dejando a Nada pendiendo de las cadenas, los pechos levantados y unidos por la cadena, los pezones ligeramente inclinados por el peso del metal, el coño rezumante de fluidos ante lo que estaba por venir. Scarlett tenía unos pechos pesados de pezón color granate, grandes y endurecidos. El coño era una gran hendidura con un penacho rojizo, como su cabello atado en cola de caballo. El hombre puso sus manos sobre los pechos de la Nephilim, que llevó su cabeza hacia atrás, y se besaron mientras él tiraba de los pezones de la criatura medio infernal. Ella gimió, de las bocas de ambos salió un hilo de sangre oscura y mezclada. Los pechos eran pesados y densos al tacto, y el pezón no tan áspero como esperaba. Oscuro hizo un gesto y con un poco de magia de la Cábala Oscura creó unas pinzas negras acabadas en púas, que mordieron los pezones de la Nephilim. Ella gritó, y empezó a masturbarse. Nada, por su parte, estaba excitada mientras veía a su Dueño tocar y acariciar a la criatura híbrida.

La criatura desnudó a Oscuro, dándose la vuelta, lamiendo su pecho con su saliva ácida, y bajando sus pantalones. El miembro era una gruesa entidad pulsante y venosa, inmensa, paranatural. La criatura se relamió y miró al pistolero, que asintió. Su boca se desencajó, los dientes se retrajeron y chupó el grueso glande morado conforme se endurecía todo el miembro por momentos. Empezó a chupar mientras otra mano tocaba su coño, separando los gruesos labios mayores y los menores, que sobresalían como la carne de una ostra rosada. El fluido chapoteaba denso en sus dedos, y al metérselos se escuchó un sonido de succión. Chupaba como si le fuera la vida en ello, y Oscuro sentía cómo sus fluidos eran atraídos hasta la punta de la polla como un burbujeo impaciente.

Tiró del pelo de la mujer hacia atrás, despacio, para que se detuviera. Miró a Nada que, ante la sola mirada, gimió. La Nephilim se carcajeó, malvada. Se acercó a la esclava y con un gesto, cayó al suelo, postrada a cuatro patas. Se incorporó, de rodillas y la criatura clavó sus ojos en ella.

—Soy una perra humillada y me encanta serlo —dijo, en un mantra, la sumisa.

Scarlett respondió con un sonoro bofetón.

—Soy una perra humillada y me encanta serlo. Gracias —repitió con la mejilla ardiendo, y su coño también.

La Nephilim volvió a abofetearla, y la esclava respondió una y otra vez. Al cabo de un rato tenía el rostro incandescente, la vulva le chorreaba fluidos, impaciente por ser usada. Scarlett, sosteniendo la correa que Oscuro le había tendido, llevó a la mujer hasta la cama. Allí, abierta de piernas, se sentó con las piernas abiertas. Nada se acercó de rodillas, y primero besó a la Nephilim. Sabía picante, ácido, como un whisky joven o un licor de hierbas verdes. Era embriagador. Su larga lengua negra se lanzó a su interior y recorrió hasta su graganta, haciendo que la sumisa abriera enormemente los ojos. Su mano se lanzó de inmediato hasta el coño de la híbrida y se clavó en su interior, entrando casi la mano entera. Acarició el duro clítoris, el fuerte brote que tenía entre las piernas palpitó, y la otra mano cogió uno de los grandes pechos.

Nada se separó, y se lamió la mano empapada. Aquel sabor era más denso, como cardamomo y lava, como llenarse la boca de una infusión de lujuria pura. Después sacó una de las pinzas de los pezones de la mujer demonio y aplicó los labios a los dos puntitos sangrantes. Succionó el pezón, la sangre sabía intensa, cayó como un ácido por su garganta que hacía unos minutos tenía ocupada por la réplica del miembro de Oscuro.

Lo que manaba de los pezones de Scarlett era embriagador y enfermizo a la vez, pero antes de que se le permitiera continuar, fue apartada de un fuerte tirón de pelo que la hizo caer al suelo. Vio cómo Scarlett sonreía, murmuraba unas palabras que parecieron deslizarse tatuadas por su brazo hasta los dedos que se estaban tocando el clítoris, y éste, increíblemente, creció hasta convertirse en un miembro de buenas proporciones, que emergía de entre los labios menores. Seguía teniendo un goteante orificio vaginal, que rezumaba fluidos, pero el miembro pulsante que le había crecido atraía la sed de la sumisa.

La mano de Oscuro atenazó el cuello de la esclava, que fue acercada a él mientras una mano experta le ataba las suyas a la espalda. Poco a poco empezó a acercarse, con las rodillas separadas, a la polla emergida de Scarlett. Y se la metió en la boca. Fue gradual, lento, sintiendo cada vena hinchada y palpitante mientras la Nephilim se acariciaba los pechos y los aplastaba entre sus manos. Ella sintió cómo la boca de la sumisa tragaba su  miembro y recorría su piel palpitante y extremadamente caliente. Gimió. Hacía siglos que no sentía nada parecido. Entreabrió los ojos y vio a nada de rodillas, con los brazos estirados hacia atrás, atados entre sí con un complejo lazo que no parecía posible que se hubiera hecho con una sola mano.

Nada se aplicó. Sus pezones le tiraban, habían pasado la cadena alrededor del miembro de Scarlett y chupó con fruición, con hambre, experimentando por primera vez con un sexo emergido de las entrañas del descendiente de un ángel y un demonio. Y chupó hasta que necesitó las branquias. La carne saltaba, palpitaba, Scarlett le arañaba la espalda dolorosamente.

De reojo, Nada vio cómo Scarlett se metía el miembro de Oscuro en la boca hasta el fondo, empezó a chupar mientras ella también se la chupaba a la Nephilim. No podía creerlo. Y ahora lo que más deseaba era ser usada por los dos miembros a la vez, ser atada, reducida a un objeto. Su pecho ardía con el miembro de Scarlett a punto de estallar en su boca, y la necesidad de ser más humillada y usada por su Dueño. Trató de llamar su atención, pero la mano de Scarlett clavaba su miembro en su boca sin piedad alguna.

Sintió palpitar el miembro y cómo la criatura gemía aún con la polla de Oscuro en la boca. Y se derramó. Se derramó tanto que tuvo Nada tuvo que echar mano de sus branquias para no ahogarse o que le saliera el espeso ¿semen? Nephilico por las narices.

Tragó, y le supo distinto, le supo denso y especiado, como a almendras tostadas y comino. Le gustó, lo sacó de su boca, y lamió todo el miembro bajando y llegando hasta la palpitante vulva hambrienta.

Era extraño… pero no se detuvo a pensar. Oscuro se apartó, desató sus manos con un gesto y la ató de nuevo, esta vez con las manos en el cabecero, tumbada boca arriba. Sus pezones también fueron tensados hasta el límite del dolor alrededor de las barras del cabecero. Scarlett se colocó de rodillas delante de ella con una sonrisa sádica, y su pene invocado palpitó con violencia, preparado para horadarla. Cosa que ocurrió sin mucha piedad. Nada estaba totalmente excitada, y vio cómo con una caña negra, y la punta del miembro en la entrada de su coño, Scarlett empezó a azotarle los pechos. Era extremadamente doloroso. Cada azote le hacía gritar, implorar, repetir una y otra vez “la puta esclava lo agradece”. Lo hizo treinta veces hasta que los verdugones fueron tan oscuros que algunos empezaron a filtrar sangre de los capilares rotos.

Entonces fue cuando Oscuro cogió a Scarlett por el cuello, desde atrás, y con un gesto invocó unas ataduras que le aprisionaron los pechos con crueldad. La cuerda que sujetaba los pezones de Nada al cabecero desapareció, y otras cuerdas atraparon sus pechos y se anudaron a los de Scarlett. De un solo y brusco empellón, Oscuro la penetró con fuerza hasta que la Nephilim gritó, y, en el mismo empujón se la metió a Nada hasta el fondo mientras las piernas de la esclava eran atrapadas por cuerdas a los lados de la cama.

Scarlett sintió cómo se le dilataba a tirones bruscos el ano mientras el grueso miembro surcado de venas del pistolero entraba sin piedad y se la follaba con violencia y tirones de pelo. Sus pechos rozaban, pezón contra pezón los de la esclava, y la locura de lujuria se apoderó de ella mientras sentía un pene taladrarle el culo y cómo su pene invocado entraba en las deliciosas cavernosidades de la esclava. Esas paredes húmedas parecían tener vida propia, atrapar su miembro y masturbarla. No sabía quién se follaba a quién. Aprovechó su cercanía y abofeteó a la esclava varias veces y ésta lo agradeció con un “gracias por tratarme como la puta esclava que soy”.

Oscuro alternó el ano con la abrasadora vagina de la Nephilim, y volviéndola loca. Tiraba de ella, que tensaba las cuerdas de sus pechos unidas a las de la esclava Nada, y aumentó la tensión.

La alzó tanto que Nada, a su vez, también fue alzada, y sus pechos se tensaron al máximo.

—Vamos, Nephilim —dijo con un susurro de voz rota y peligrosa—, di que lo deseas…

—Nnn… nnnooo —dijo entre dientes la Nephilim resistiéndose a la poderosa llamada de aquel avatar de la Muerte.

—Hazlo… sométete… deja el control a un lado. Debes llevar milenios sin dejar el control…

—Yo… no… ahora no…

—Jejejeje, —rió Oscuro con maldad— quizás a mi vuelta te reduzca a un ser esclavizado pidiendo más de esto —dijo mientras la embestía con más fuerza.

Scarlett sintió con asombro el orgasmo más potente de toda su larga y cuasi eterna vida. Mientras el orgasmo azotaba su cuerpo y su alma y su interior se llenaba de la extraña y arrasadora semilla de Oscuro, el Pistolero de la Muerte, tuvo visiones. Se vio de rodillas, desnuda salvo por sus medias, con los pechos atados hasta la congestión violeta, las rodillas muy separadas mostrando su coño abierto a… su Dueño. Un Amo de oscuras intenciones que la trataría cruelmente experimentando con su resistencia. Desnuda, obligada, besaría a Nada en la boca, que estaba atada a su lado ataviada con medias blancas y los pechos igualmente constreñidos.

Se vio atada y azotada, humillada, a los pies de Oscuro, obligada a darle placer a Nada, y ella recíprocamente. Y una larga lista de perversiones que incluían ganchos, cadenas, látigos neurales arrancándole la piel de la espalda, su ano perforado por un plug de metal demoníaco, su clítoris pinzado cruelmente mientras tenía que atender a los invitados de Oscuro en una gran mansión lujosamente adornada e iluminada con velas. Y aquello le dio miedo. Le dio miedo, porque lo deseaba.

Tan potente fue lo que sintió que se derramó en el interior de la esclava, cuya imposible anatomía recibió todos los borbotones que salía del interior de la Nephilim hasta que empezó a rezumarle por la boca.

*

La noche siguió, Nada fue castigada, azotada por los dos, usada una y otra vez, obligada a lamer la semilla de Oscuro del interior de los orificios de Scarlett varias veces, desnuda, forzada. Su ano fue penetrado incluso a la vez por los dos penes, hasta que casi se rasgaba. Su piel recibió la doble y extraña semilla y fue obligada a distribuirla por su piel y agradecerlo con la frase “la cerda esclava agradece ser bañada en semilla ser tratada como la puta que es”.

Nada se entregaba a su esclavitud con alegría, disfrutando su instinto más primario, anidado en su alma, en su parte oscura, de complacer a aquel que era su compañero, y entregarle su cuerpo y su voluntad.

El nublado amanecer descubrió a las dos féminas desnudas en la cama. Scarlett había dejado de lado toda su contención un corto rabo acabado en punta de flecha y unas pequeñas alas membranosas. Nada se agitó lentamente y abrió un ojo. Su pelo blando le tapaba la visión y lo apartó de un bufido. Oscuro ya estaba dormido, vestido, con el sombrero sobre el rostro y las piernas estiradas y apoyadas sobre la mesilla de noche.

Cuando Scarlett despertó vio el castigado cuerpo de Nada de rodillas ante Oscuro, dándole placer con la boca mientras unos grilletes se ceñían en sus muñecas. Por una parte deseó esa esclavitud dejada de responsabilidad, entregada, cosificada, total. Por otro quiso apartarla y seguir el trabajo. Se acercó, arrodillándose al lado. Apartó la cabeza de Nada, pillándola por sorpresa, abofeteó su cara con fuerza y le escupió, para después lamerla, sin dejar de masturbar el miembro de Oscuro, sintiendo la saliva de la esclava en la mano. Era increíble cómo aquel miembro palpitaba tan fuerte y las venas le daban un interesante relieve mientras lo movía arriba y abajo, y sentía que se tensaba con una fuerza capaz de tumbar paredes… y a fe que podía, a juzgar por cómo sentía su sexo. Se acercó, y metió el pesado miembro en su boca, hasta el fondo. Alternó con Nada, lamió sus pesados testículos, se los metió en la boca chupándolos. No se había dado cuenta, pero Nada se había soltado y ahora la masturbaba. Su clítoris volvió a crecer y Nada usó las dos manos para masturbar su monstruosa polla demoníaca. Las dos se besaban, chupaban, lamían el líquido brillante que surgía del glande del Oscuro y se lo metían hasta el fondo y esperaban las arcadas de la otra. Oscuro se derramó en las caras de las dos, su semen cayó por los pechos de ambas, y ellas lo lamieron, mordiendo los pezones, mordisqueando los muslos. Nada acabó bocarriba con las muñecas sujetas por las manos de Scarlett mientras se la follaba con su miembro infernal una y otra vez, gimiendo y gritando que era una puta escalva follada como la perra que era. Las palabras salían desnudas de su garganta, del fondo de su voluntad entregada, mientras sucesivos orgasmos la recorrían y azotaban en su interior. Su culo tampoco fue perdonado, follado hasta el fondo mientras sentía cómo Scarlett la usaba sin paliativos. Se corrió encima de ella, el pene volvió a su tamaño normal, y acuclillada sobre su boca, orinó largamente.

Nada se sintió no solo usada y entregada, sino humillada, tratada como una criatura infecta. Y, mientras el líquido caliente recorría su boca y su cara, se corrió hasta desvanecerse.

*

Oscuro y Nada se acercaron a la colina donde se alzaba la Congregación del Dolor. Oscuro había dejado el poncho en el caballo y llevaba un rifle de palanca tipo Winchester en su mano mientras que Nada, totalmente desnuda, sólo llevaba el sombrero, un pañuelo blanco al cuello, y los cinturones con los revólveres en las fundas. Su coño carente de vello era una raja de pura tentación que movía sus labios mientras caminaba. Sus pezones tan sólo tenían dos simples aros en los pezones. Por qué iba desnuda era algo que Oscuro no compartió, y Nada no compartió. Su collar había sido retirado. Ahora no era una sumisa ni una esclava, tan sólo aceptando la última orden de ir desnuda. En ese momento era la avatar de Surmen, la Ejecutora como Oscuro lo era de Urioch, dios de la Muerte violenta.

Los Congregados salieron de sus chabolas de algunas tumbas, los que eran ultramuertos, espectros oscuros, otros, que se despegaron de las paredes como pintura despellejada. El Reverendo salió de la Iglesia con voz tronante urgiéndoles que salieran de su propiedad.

Los dos forasteros empezaron a disparar sin piedad. Los revólveres de Nada se autocargaban con chasquidos y el rotar de los tambores, lanzando balas malditas que volatilizaban toda criatura que se le cruzara. El Winchester de Oscuro era el primero que disparó en Little Big Horn, y por tanto estaba maldito con el Dolor Inocente, y cada bala destruía existencias de todo tipo de seres.

Cinco balas abrieron agujeros del tamaño de un puño, que se iluminaron en naranja, negándose a cerrarse en el oscuro corpachón del Reverendo. Nada cubría a Oscuro con sus disparos malditos, hasta que vio cómo el santón impío intentaba invocar una guadaña de Perdición a su espalda para sorprender a Oscuro. Corrió hacia él y disparó los dos revólveres, que chasquearon. Disparo, click, vuelta, carga, disparo, click, vuelta, disparo… Las dos armas lanzaron una nube de balas a la cabeza del Reverendo y se la abrieron como un melón maduro y asqueroso. Al hacerlo, el Reverendo giró su cabeza bulbosa y sonrió con sadismo, pero su concentración se difuminó al ver el cuerpo perfecto de Nada. Y fue lo último que hizo: machete Bowie de Oscuro cortó su cabeza con el siseo de una maldición eterna.

*

Dos figuras desaparecían al sol poniente que era gigantesco y ocupaba la mayor parte del horizonte. Ambas figuras recortadas en oscuro se dirigían a su siguiente objetivo, mientras la Parroquia de la Congregación del Dolor ardía en llamas verdes derivadas del hechizo de Nada. La reliquia cenobítica que habían recuperado estaba ahora en las alforjas, pulsando. Nada volvía a estar en la silla de Aflicción, con las manos atadas delante, el collar puesto y una mordaza de bola, mientras de sus pezones colgaban sus revólveres, que pesaban tanto que cada paso de la malévola montura era una tortura para ellos, además de para su sexo, por la crueldad de la silla que la penetraba, perforaba y dilataba.

Se acercaban al final de su búsqueda. Y Scarlett, mirando la bola de obsidiana, sabía que los volvería a ver y que su visión orgásmica se haría realidad. Pero eso sería después de que aquella extraña e invencible pareja asolara media Frontier e hiciera desaparecer la plaga de Espectros.


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