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Fecha: 12-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Gays

Como aman los dioses (I) - Vendaval de cambios.

Klisman Francovit
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Tiempo estimado de lectura: [ 25 min. ]
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Tristeza, miedo y felicidad, sentimientos de mortales. Los Dioses existen y son criaturas caprichosas que no dicen por favor, ni dan las gracias. Pero, ¿qué pasaría si dos Dioses se enamoran de un mismo mortal?, una guerra por amor se desatará y el joven muchacho en medio del fuego cruzado quedará. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Como aman los dioses (Capítulo I) - Vendaval de cambios. 

     Apenas abrí la puerta quedé cegado, el sol cínicamente le sonreía a mis ojos, continué corriendo y mis zancadas se alargaban cada vez más, las paredes de los edificios desprendían calor y la brisa seca acariciaba mi piel, la gente pasaba y no me prestaban atención, como cuerpos vacíos puestos al azar. Este clima caluroso seducía al tiempo, lo volvía lento. Por alguna razón, si bien no tenía sentido, sonreí… 

—VUELVE AQUÍ, ¡AHORA MISMO!, ¡O LLAMARÉ A MIS ABOGADOS!—

     Solo pude voltear, sonreír y sacarle el dedo medio mientras seguía corriendo. Jamás volvería a ese estudio, ahora me sentía libre, así que se coman las sobras de mi talento, me sentía eufórico, con el corazón a mil. Vi un autobús cruzando la calle y me atravesé al frente, se detuvo de golpe y me subí.

— ¡Arranque ahora!, ¿Vamos qué espera?—

— ¡OIGA!, ¿ESTÁ LOCO?, ¡CASI LO ATROPELLO!, ¡BÁJESE O LLAMO A LA POLICÍA!—me gritó histérico el chofer.

     Volteé y vi a los pasajeros, presas de su destino, constantemente devoradas por el tic tac del reloj, sentí lastima por esas criaturas, me miraban desafiantes y con rabia por hacerles perder minutos de su valioso tiempo. Mis persecutores se acercaban rápido, debía pensar ahora, no tenía tiempo y sentí el vacío en mi bolsillo, pero miré mi muñeca, ¡Sí!, eso bastaría. Sus ojos fantasearon con su reflejo en el cristal de ese Rolex.

— ¡APRESÚRESE ESTUPIDO! —

     Me miró a los ojos con codicia y de golpe arrancó a toda velocidad, casi perdí el equilibrio. Los pasajeros conformes, volvieron a un estado dócil. Todos tienen su precio… Al fondo y por debajo del sonido del motor, escuché ya a lo lejos los gritos de la pavada de idiotas de mi equipo, o el que fue… No lograrían reemplazarme, sin embargo conseguirán a otro que ocupe mi lugar. Los pude ver a lo lejos en el vidrio del bus, soy libre al fin.

[…]

El autobús ya estaba vacío, solo quedábamos el chofer y yo. Ya estaba atardeciendo y el cielo hacía gala de colores rojos, como brasas.

—Este es el final de la ruta, debe bajarse aquí—

—… —

     Le miré con desprecio y me bajé, recordé estar descalzo, tenía hambre y no sabía dónde me encontraba. Este lugar parecía ser de los barrios bajos de la ciudad, no conocía nada y mi estómago reclamaba algo para entretenerse. Vi un puesto de frutas y me acerqué.

—Señorita, ¿Qué es esa fruta al fondo? —

—Se llama Carambola—

Cuando volteó y me vio no pudo evitar ponerse nerviosa, comenzó a balbucear... Y con movimientos torpes tropezó las cestas de fruta, las tiró todas al suelo. Eso me causo gracia, parecía caballo recién nacido.

—Permítame ayudarla—le dije.

—No... No se…Moleste—me dijo apenada.

Me agaché y ayudé a devolver la fruta a su sitio, ella no era capaz de sostenerme la mirada, se notaba roja de vergüenza, pero pude ver que sonreía torpemente…

— ¡Muchas gracias!... no debió haberse molestado—

—No se preocupe, estamos para ayudar, gracias a usted—le dije en un acto de caballerosidad.

     Y así me fui, creo que la chica intentó decir algo más, pero salí de allí como alma que lleva el diablo. Anduve vagando por las calles hasta que se hizo de noche y me topé con una plaza, estaba tranquila y sola. Así que me senté, alrededor vi que había muchos cerezos y una laguna, el cielo estaba oscuro, amenazaba con llover, los truenos de fondo hacían alarde de su virilidad. Abrí mi chaqueta y saqué todos los duraznos—Jajajaja fue tan fácil—a pesar de no conocer a nadie y estar perdido, sentía de nuevo esa libertad que habían intentado arrebatarme. Es algo que me cuestiono ahora, realmente ser libre significa tener el poder de querer y hacer o no algo.  

     Las primeras gotas cayeron, gotas que se convirtieron en un aguacero. Mi cabello ya caía en mi cara, estaba empapado y hecho un desastre. Cuando huí de ese lugar dejé todas mis cosas, así que no tenía dinero para una cena descente, igual disfruté los duraznos que robé. No me llenaron mucho, pero era lo que había, dejé algunos para después. El cielo ya era un espectáculo, miles de diamantes cayendo, captaban la luz de los faroles en su transparencia y llenaban el vacío del silencio, eran hermosos. De repente, sentí que me empujaron y caí de boca al barro. Desde el suelo me quité el lodo de la cara, vi como alguna clase de vagabundo huía con los duraznos que me quedaban, intenté ponerme de pie y resbalé.

— ¡PUTA MADRE!, ¿es enserio esto? —

     Me ensucié aún más, pero logré levantarme y comencé a perseguirlo… El muy sintecho sí que sabía correr. No entiendo como alguien que vive en la calle y no come bien puede ser tan veloz, bueno, supongo que será precisamente porque vive en la calle, ¿no? Corrió hasta un montón de árboles, lejos de la luz y las piedritas se me incrustaban en los pies, la ropa me pesaba. Casi le pisaba los talones, pero paró en seco y me fui de bruces contra un tronco, volví a caer. El siguió corriendo y dobló en la dirección contraria a la que yo iba, no volteó en ningún momento y se escondió detrás de unos árboles. Seguro pensó que no lo vi pero estaba rodeado por la laguna, una zona donde no podía escapar.

     Me acerqué con sigilo, mi corazón latía rápido y tenía frío, pero de repente parecía que la naturaleza guardó un silencio absoluto. El cielo comenzó a iluminarse con luz de luna llena. No sé cómo apareció de repente, puesto a que estaba completamente oscuro, de igual forma la lluvia se detuvo y percibí un olor a hierbas. Se sintió un aura limpia y tranquila, pero escuché como el vagabundo rompió unas ramas sin querer y comenzó a correr de nuevo, lo iba a perseguir, en ese instante algo hizo que parara en seco.

     Un ciervo salió de entre los árboles, mi cuerpo no respondía y quedé embelesado con la belleza de aquel animal. Nunca había visto uno así y menos en un lugar tan cerca de la ciudad. Tenía el pelaje blanco, como aterciopelado, su cornamenta era enorme, de un llamativo color cobrizo. Tenía una figura esbelta, elegante y unas patas fuertes, lo rodeaba un halo de luz. Sentí su mirada fija en mí, una mirada fría, que cavó en lo más profundo de mí ser, como si me conociera, como si supiese mis pecados, logró intimidarme. Era una criatura con un aura divina, un ser que no pertenece a este mundo ordinario y sucio. Nos miramos por unos segundos que parecieron eternos.

[…]

     El siguió caminando, contuve mi respiración y volvió a los árboles. El clima pareció volver a ser el mismo, los animales le cantaban a la lluvia que arreciaba de nuevo en la oscuridad, los truenos de fondo volvían a fanfarronear y la luna había desaparecido. Recobré mi aliento y quise ver de nuevo al ciervo, a ver si no fue solo mi imaginación. Me asomé entre las ramas húmedas, pero no lo volví a ver. Eso sí que me causo miedo, pero de repente recordé que ese sucio indigente tramposo me robó. Así que me puse a correr de nuevo, a lo lejos lo vi saliendo del parque, corrí con todas mis fuerzas y cuando logré alcanzarlo, salté y lo tacleé. En el suelo lodoso comenzó a golpearme, un derechazo a mi boca, sentí el sabor metálico de la sangre, golpeó mi abdomen y perdí el aliento.

     Sin aire, intenté zafarme de su agarre y traté de ponerme en pie, pero me jaló del pantalón y me derribó. Caímos al suelo y giramos, me golpeé la cabeza con una piedra… Allí si perdí la poca paciencia que me quedaba. No sé de dónde saqué fuerzas, pero comencé a golpearlo en el rostro, derecha izquierda, ya comenzaba a sangrar. Le rompí la cara, ya se encontraba algo mareado y comenzó a gritar por ayuda.

— ¡DETENGASE AHORA MISMO! —escuché a lo lejos.

     Era un policía, venía corriendo hacia nosotros con otros oficiales. La lluvia estaba cesando, la brisa helando todo lo que tocaba y la gente resguardada bajo techo comenzó a salir de sus madrigueras. Por supuesto nuestro espectáculo comenzó a llamar la atención, me coloque en cuclillas y me di cuenta de lo que estaba haciendo. La gente me miraba con expectación y asombro. Sentí un golpe en el costado, seguido tras otro, grité de dolor y el policía me tomó de los brazos en la espalda, me esposó.

—¡Oficial! por favor no me lleve, yo solo estaba defendiéndome de este inmundo—

—Pues parece que el que estaba defendiéndose era él—

Miré al vagabundo ensangrentado, sucio y atontado en el lodo. Siendo sincero parecía que el que atacó fui yo.

— ¡No!, suélteme, yo no hice nada—intentaba soltarme con brusquedad.

— ¡SUFICIENTE! —otro enorme puñetazo en el estómago que me hizo caer de dolor.

— ¡Llévenselo a la comisaria muchachos! —

     No hice si no llorar de la impotencia, aunque también reía al mismo tiempo de la situación estúpida por la que pasaba por un poco de bocado. Todos los que estaban allí me miraban con desaprobación y pena ajena.

—Está bien oficiales, no opondré resistencia, pero por lo menos quiero llevarme mis duraznos—miraron a su superior esperando una orden.

—Está bien, denle sus duraznos—

     Los recogieron del lodo y me arrastraron dentro de la patrulla. Vi ya a lo lejos como el vagabundo se reía de mí, emprendimos marcha. Tenía muchísimo frio, mi chaqueta pesaba y mis pantalones ceñidos estaban completamente sucios. Llegamos a un edificio de ladrillos que de seguro era una de las comisarías de la policía. Ya adentro me sentaron frente al escritorio de una mujer muy hermosa, peli roja y con muchas pecas en sus mejillas.

—Buenas noches, soy la agente Ailann y le haré una serie de preguntas para anexar este incidente en su archivo delictivo, si mantiene la compostura le dejaremos en libertad mañana en horas de la mañana, puesto a que es un delito menor por violencia pública —me dijo en un tono frio y serio.

—… —

—Su nombre y apellido por favor—

—Evan Hyacinthus—

— ¿No es usted de aquí?, ¿cierto? —me escaneaba por debajo de sus lentes.

—No, no lo soy—

—Permítame su Visa, por favor—

—No la poseo, soy ciudadano griego—

—Está bien, contactaremos a la embajada griega—

— ¿Edad?—

—18—

— ¿A qué se debe su estadía en nuestro país? —

—Asuntos laborales—

—Está bien, no cometa este mismo error, porque la próxima vez no será solo cárcel, sino que le deportaremos a su país y le denegaremos la entrada permanentemente, ¿Ha entendido? —

—Sí—le conteste sin más.

—Se le instalara en una celda… que pase buena noche—

Esto último lo dijo en un tono sarcástico y de burla que no pude soportar, así que me agarre el paquete, lo sacudí y se lo mostré en señal de reto, su cara fue un poema.

— ¡Oficial! —grito ella a uno de los policías presentes.

—Sí, ¡mande! —

—Dirija al caballero a la celda B-13—

—De inmediato—

—¡Ah!, y oficial—

— ¿Sí? —

—Retírele la cama a su celda, déjele las esposas puestas y no le pasen cena al caballero—

—Como guste—sonrió este con malicia— ¿Y qué hago con los duraznos? —

Ella observó los sucios y enlodados duraznos.

—Esos entrégueselos y déjeselos tal como están—

     Ese imbécil me llevo a la celda y efectivamente no había una cama para mí, solo tenía el frio y duro suelo, viejo amigo de los desamparados. Me percaté de que no me encontraba solo allí.

—Peooo miren que nooos trajo la maadeaa—

     Era un hombre gordo y aparentemente ebrio, permanecí en silencio ignorándolo. Me senté y me puse a limpiar los duraznos con mi aún húmeda chaqueta. Me di cuenta de que había otro hombre allí pero estaba en las sombras y en silencio. El borracho intentó acercarse a mí.

—Coobo te llamas diiiiño bodito—

—No te interesa—le espeté.

—Vabos no seaaas así—

— ¡QUE ME DEJES EN PAZ, CARAJO! —le grité, ya no tenía mucha paciencia, mi día fue un desastre.

—Déjalo en paz idiota—le dijo el otro hombre que estaba en la oscuridad.

     El borracho se molestó y se fue hecho una furia a golpear al otro hombre. No sabía qué hacer, por eso tomé lo único que tenía a la mano y con todas mis fuerzas se lo lancé, el durazno impacto fuertemente en su cabeza, el otro hombre aprovechó esta distracción y le metió el pie, el borracho cayó al suelo noqueado. Todo estuvo en silencio durante un rato, así que me dispuse a comer.

—Gracias...—escuché al otro hombre.

—De nada, solo fue una reacción normal, gracias a ti por ayudarme—

—Me llamo Seymour, Seymour Astraios—

—Es un apellido algo extraño, ¿no crees? —

—Pues sí, lo es, aún no me he tomado la molestia de averiguar de dónde proviene—

—¿y qué haces ahí en lo oscuro? —

—…—

— ¿Oye? —

—Es que no puedo salir, ¡me da vergüenza! —

— ¿Por qué?, acaso tienes dos cabezas, ¿o algo así?—

—No… es que…—

— Es que ¿qué? —

—Es que no estoy presentable—afirmó con timidez.

—Jajajajaja… ¿si te diste cuenta de que esto es la cárcel?... ¿no?, vamos, ¡sal!, prometo no criticarte—

— ¿Seguro? —preguntó con desconfianza.

—Sí, vamos—musité.

[…]

—...—

— ¿No vas a decir nada? —preguntó.

—Es que…—

—Lo sé—

     Ese tipo estaba casi que completamente desnudo, solo llevaba unos boxers que no le cubrían mucho. Era alto, de cabello rizado, largo y castaño, en parte le cubría los ojos. Su piel era blanca, muy pálida y tersa a la vista, su cuerpo no era musculoso, solo suavemente marcado por lo esbelto que era. Su cara tenía rasgos angelicales, con unos ojos azules muy claros. Vino hacia mí intentando tapar con una mano su paquete y me extendió la otra, se sorprendió porque yo tenía las manos esposadas.

— ¿Eres alguna clase de asesino psicópata? —me preguntó al ver las esposas.

—No, Jajajaja… Que va, ¿y tú?, ¿eres alguna clase de nudista pervertido?—

— ¡No!—me respondió disgustado, se percató de eso y con algo de vergüenza me preguntó— ¿pero y por qué te las dejaron puestas? —

—Es que me burle de uno de los oficiales—

—Oh, creo que ni siquiera necesito preguntar dónde está tu cama… ¿y cómo te llamas, rebelde? —

—Me llamo Evan, Evan Hyacinthus—

—Un placer—me dijo con una agradable sonrisa— ¿y esas qué? —me preguntó señalando los duraznos que quedaban.

—Mi desayuno de mañana y probablemente mi almuerzo también, las hurté—

—Oh, entonces eres un ladrón de mercados o eres un vagabu…—

—Ni siquiera te atrevas a decirlo—lo mire con seriedad. —Prefiero quedarme con lo de ladrón de fruta, ¡muchas gracias!—le dije con dignidad.

— ¿Acaso no tienes dinero?, ¿O empleo? —

—Empleo tenía, ahora ya no. Lo que sucede es que no pertenezco a este país, no conozco a nadie y tampoco tengo donde quedarme, por eso las robé—

— ¿Y estás encarcelado por eso? —

—No, fue porque peleé con un vagabundo que intentó pasarse de listo—

—Oh… interesante—me dijo con confusión, su cara se veía chistosa.

—Y tú, ¿Por qué estás aquí?

—Es que unos amigos me jugaron una broma y me dejaron sin ropa en pleno centro de la ciudad, lejos de mi apartamento. Cuando intenté llegar a mi casa la gente llamó a la policía porque un hombre andaba desnudo y suelto en pleno centro de la ciudad—

—Mmm… que buenos amigos tienes—

—Y tú, ¿qué piensas hacer?, ¿volverás a tu país? —

—No tengo el dinero para irme, creo que me tocará pedir limosnas—

— ¿Y dónde vivirás mientras tanto? —

—Creo que por allí vi unos puentes muy lujosos…—le dije con ironía. Aunque realmente no había pensado en eso cuando huí de ese estudio y aún peor sin papeles.

— ¡QUÉDATE CON MIGO! —

— ¿PERDÓN? —

—Sí, quédate con migo, puedes hacerlo, vivo solo y te puedo dar alojo, comida y ropa limpia, con la condición de que busques empleo y te puedes ir cuando tú quieras—

     De verdad que este chico o era extremadamente estúpido y tonto o sumamente compasivo y bueno. Podía aceptar, pero no tenía con que pagarle… Pensándolo bien no se veía como un mal chico, aunque puede ser uno de esos asesinos que mantienen cautivas a sus víctimas y las torturan por meses antes de matarlas. Sin embargo no parece serlo, creo que no tengo más opción que aceptar, es lo que me conviene, un techo y algo de comida. Mas ¿quién en su sano juicio le da asilo a un extranjero que conoció en una prisión?, esto me daba mala espina. Aun así tomé una decisión.

—Acepto tu oferta—

[…]

     A las seis de la mañana nos liberaron a ambos, el borracho aún seguía dormido. Nos dieron los documentos como quedábamos en libertad y al cruzar la puerta de la comisaria vi una limosina estacionada frente a nosotros.

— ¡Vamos!, llegaron por nosotros—me dijo con una sonrisa afable.

     Me di cuenta de que mi compañero de celda no era una persona común y corriente, porque de inmediato bajó del vehículo un hombre blanco, calvo y algo mayor. Elegantemente vestido que a toda prisa se dirigió a Seymour y le puso un abrigo largo en sus hombros.

—Joven Astraios, ¡me tenía sumamente preocupado!, apenas averigüé que lo liberarían a estas horas aguardé aquí, ¿pero que hace vestido o mejor dicho desvestido de esta manera?, no es correcto que ande en paños menores, además se puede resfriar con este clima y…—

—Está bien Arthur, ya no te preocupes por eso, estoy bien luego te cuento lo que sucedió, aunque es algo sin mucha importancia. Vamos a casa, ¿sí?, ah y te presento a mi nuevo amigo se llama Evan, él nos acompañará—

     El me extendió su mano fuerte y yo se la apreté—un placer joven—me dijo con bastante curiosidad y desconfianza, no lo culparía, seguro estaba hecho un desastre. Nos abrió las puertas de la limo y subimos, esta tenía calefacción, cuanto añoraba el calor. Grecia es calurosa, pero aquí el clima es muy impredecible y lluvioso, los días grises y fríos, casi parecía que el sol quisiera escarmentar la ciudad privándole de su calor.

     A pesar de todo, era una ciudad hermosa y atemporal. Seymour se veía contento y feliz, como un niño. No podía ocultar estar mirándome de reojo, evitando que me diera cuenta, pero no le salía muy bien. En una de esas yo volteé de repente y el inmediatamente hizo lo mismo de forma brusca. Eso me causó mucha gracia, se puso nervioso y las mejillas se le llenaron de rubor, no pude evitar reír. Paramos y él me dijo que habíamos llegado.

     Bajamos de la limosina y vi que estábamos en un vecindario de clase alta, no me equivoqué, era un chico rico. Comenzó a caminar y se dirigió a la puerta de un edificio muy bonito con un jardín muy cuidado, el piso de mármol negro estaba tan reluciente que podías ver tu reflejo, las paredes muy decoradas y con columnas, había muchos ventanales y un balcón. Todo el conjunto gritaba dinero, clase y poder. Hasta en el garaje se podían ver un montón de autos deportivos de año. Sacó las llaves que llevaba consigo e inmediatamente el chofer encendió la limosina, se despidió de él y se retiró. Solo quedábamos los dos, abrió la puerta.

—Adelante, siéntete como en tu casa—me dijo como todo un anfitrión.

     Y no sé cómo iba a poder sentirme así, estaba acostumbrado a una vida sencilla, pero esto era un palacio por dentro. El techo estaba muy alto con candelabros de cristales colgando, había columnas, blancas, al igual que las paredes y la chimenea. Todo giraba en torno al azul, el lila y el dorado, en los muebles, en alfombras, etc. Extremadamente lujoso y con mucha luz que dejaban entrar los enormes ventanales.

­­—¡Sígueme!—me dijo, subiendo las escaleras—Esta será tu habitación y esta es la mía—me indicó señalando al final del pasillo—

—Genial, muchas gracias, no sé cómo pagarte por todo esto que estás haciendo por mí, pero prometo pagártelo todo algún día—

—No seas tonto, siéntete libre y con total confianza aquí. El servicio viene solo los miércoles para hacer el mantenimiento y el aseo. Del resto estoy solo siempre, pues como ya te habrás dado cuenta el dinero me sobra, así que nada de esto es un abuso. Me conformo con saber que estarás bien aquí y no tendrás que seguir robando fruta—

Esto último me provocó mucha vergüenza, sentí como la sangre caliente subía a mis mejillas.

—Pues con tu permiso, me iré a duchar—Y salí corriendo de allí, casi pude oírle reír.

     Qué vergüenza, cerré la puerta y lentamente dejé deslizar mi espalda contra ella hasta agacharme—Uff hasta que al fin estoy solo—exhalé. Me detuve un momento y admiré la habitación, fiel al estilo del resto de la casa, elegante y lujosa. Sentí comezón y la piel irritada, aún estaba sucio, con barro seco en mi cuerpo. Me desnudé y entré a lo que parecía el baño, ya en la ducha dejé que el agua tibia cayera sobre mi cuerpo. Que bien se sentía.

     Completamente limpio tomé una toalla y me la anudé en la cintura, revisé lo que parecía el closet y estaba vacío. Seguro que esta era la habitación de huéspedes, bueno, era más que obvio. No podía usar esa ropa sucia de nuevo hasta lavarla, tendría que pedirle ropa prestada a Seymour. Salí del cuarto y noté que ensucié la puerta al restregarme contra ella—Nota mental, limpiar la puerta—seguí por el corredor y ya frente a su habitación toqué, no respondía, toqué de nuevo, nada… Llamé y no respondía. Eso me preocupaba, las luces se veían encendidas, no creí que estuviese durmiendo, me preocupé aún más así que abrí la puerta de golpe.

     Quedé impactado, él estaba sentado en su cama, desnudo y de espaldas. Llevaba unos audífonos grandes puestos en su rizado pelo húmedo, tenía la cabeza inclinada hacia atrás, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, gemía. Busqué su mano con la mirada, una estaba apoyada sobre la cama, la otra sostenía la delgada y suave piel. Subiendo y bajando sobre su pene, dejando a la vista un capullo rosado, subía y bajaba lentamente. Su espalda se veía suave y blanca cubierta aún de gotas de la ducha.

     Yo solo me quedé allí de pie y mirando, hipnotizado con ese espectáculo. En eso el abrió los ojos y los dos gritamos al unísono. Se quitó los audífonos y resbaló de la cama, oí el golpe, pero ya yo estaba corriendo a mi habitación. Cerré la puerta y aún seguía con el paño anudado. Ahora si sentía una vergüenza de proporciones descomunales. El me ofrecía su hospitalidad y yo le salía con eso— ¡Dios mío!, ¿qué hare? —no pude si no sentirme mal por lo que había hecho. La casa seguía en silencio, no sé cuánto tiempo pasó, me puse a limpiar la puerta, lo estaba haciendo cuando escuché que la tocaron.

— ¿Evan?, ¿estas allí? —oí del otro lado.

     Abrí la puerta y no podía mirarlo siquiera a los ojos, pasó y se sentó en la cama. Primera vez que lo veía vestido, usaba algo cómodo como un pijama. Decidí romper yo el incómodo silencio.

—Oye, lamento lo que pasó, no debí haber abierto la puerta por mi cuenta, estoy muy apenado yo…—

—Oye, ¡ya!, todos lo hacemos ¿sí?, es algo normal, tú también lo haces, ¿no? —me interrumpió.

—Pues sí, pero… Lo que no es normal es que te vean haciéndolo—

—Pues, allí si tienes razón, aunque te sorprenderías de los gustos de la gente, aunque me gusta hacerlo sin que me anden mironeando—me dijo meditando.

     No pudimos soportarlo y ambos estallamos en risa. Supongo que sí es normal, además es de mi edad… Y a mi edad eso es como una nueva religión. Reímos un rato y lo incomodo pasó. Lo descubrí mirando mi cuerpo por unos instantes. Se percató y cambió de sitio la mirada que se dirigió a la puerta, el cubo de agua y la esponja.

— ¿Qué estás haciendo? —me preguntó señalando los instrumentos de aseo.

—Pues es que ensucie la puerta con mi ropa y…—

— ¿En serio?, no seas tonto, para eso se le paga al servicio, déjalo así—volvió a interrumpirme.

—Pero…—intenté replicar.

— ¡QUE NO!, y pues, ¿para qué me buscabas? —

—Oh cierto, es que no hay ropa allí—le señalé el closet.

—Cierto, tienes razón, ¡acompáñame! —

     Fuimos hasta su habitación y allí escogió algo cómodo para mí. Me lo llevé a mi habitación y me lo coloqué, me quedó como un guante, después de todo, nuestros cuerpos se parecen un poco. Me llamó y me preguntó qué quería comer, le dije que lo que sea. Ordenó una pizza y mientras pasaba el rato comenzó a llover, preparó chocolate caliente y me contó un poco sobre su rutina. Estaba en secundaria, vivía solo aquí, su único familiar era su padre y desde que creció no lo volvió a ver. Solo recibía dinero de parte de este y se comunican por medio de Arthur. Nunca conoció a su Mamá porqué murió dándolo a luz.

— ¡Espero que te guste la pizza! —

—La verdad no recuerdo muy bien su sabor—le dije.

— ¿Y eso por qué?, ¿no te gusta? —

—No, es que yo no puedo permitirme esos lujos. Grecia atraviesa malos tiempos, hay mucha pobreza, yo desde niño he trabajado y la paga casi nunca fue buena—

—He escuchado algo acerca de eso, pero, ¿y qué viniste a hacer a este país? —

—Te dije que trabajo—

— ¿Pero trabajas de qué? —

—…—

—Oye no seas así, si vamos a pasar tanto tiempo juntos por lo mínimo deberíamos conocernos mejor, ¿no? —me dijo con bastante fastidio.

—Ahhh… Bueno está bien, soy músico—le dije sin más.

— ¿QUEEEEE?, ¿enserio?, wow, es fabuloso, yo amo la música, pero tocas o cantas o ¿qué haces exactamente? —

Debo admitir que esta parte de la conversación estaba comenzando a incomodarme, pero él se veía realmente interesado en que le contara, aquí vamos de nuevo.

—Hago ambas cosas, toco varios instrumentos, canto, compongo, es algo que al parecer se me da bien—

— ¡Wow! eso es genial, me gustaría escucharte—

—Estas pidiendo mucho—le dije con severidad.

—Jajajaja está bien, no te molesto—me dijo con risa nerviosa—Pero, ¿y por qué te quedaste sin trabajo?, ¿te despidieron?, o no eres muy bueno quizás…—

—¡Oye!, por supuesto que soy bueno, de hecho ellos me trajeron desde Grecia hasta aquí, me dijeron que estaban interesados en mi trabajo, pero quisieron que hiciese cosas a las que me opuse, ¡por eso renuncié! —

— ¿Renunciaste?, ¡Ja’!, si claro, lo dudo, si fuese así, tendrías tu liquidación y tus papeles, ni siquiera estuviésemos teniendo esta conversación, ¿o me equivoco? —

¡Mierda!, me atrapó, si le decía que huí, pensaría que soy un cobarde y de seguro me diría que volviera por mi dinero y mis documentos. ¡Vamos!, piensa en algo, ¡RÁPIDO!

—Oh pues sí que no recuerdo el sabor de la pizza, la probaré y te daré mi veredicto, ¡VAMOS!, antes de que se enfrié jejejeje—y así me llevé un enorme pedazo a la boca.

— ¡Está muy rico! <<ñam, ñam>>—. Él me miraba con una cara de incredulidad, por Dios ¡Qué vergüenza!

—Eres malísimo disimulando, ¿sabías?, ya al tiempo me dirás que pasó jajaja…—

—Mmmm… Está muy buena la pizza ¿eh?—

     Así comimos y ambos nos fuimos a dormir. ¡Claro!, cada quien a su habitación, está de más decirlo. Él era un chico muy agradable, hasta creo que algo inocente o así lo veía yo. Realmente no sé si en mí lugar cualquier otro hubiese aceptado su propuesta, no sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones y esto lo pensaba en base a que nunca he conocido una persona realmente buena, todos siempre esperan algo a cambio. No sé hacia dónde se dirige mi vida, últimamente todo ha cambiado para mí, solo espero que las cosas mejoren y salga bien librado de este vendaval de cambios.

[Nota del Autor]

     Ante todo muchísimas gracias por tomarte el tiempo para leer esta historia, que de un tiempo para acá está atrapada en mi cabeza y palabra por palabra lucha por salir y ser leída. Esta es mi primera novela, como cualquier autor virgen me siento nervioso por si gustará, por ese motivo agradecería con creces tus comentarios y opiniones. Esta planea ser una historia larga, me comprometo a terminarla. Los géneros serán muy variados resaltando el drama adolescente, el amor y la mitología griega. Con el tiempo los matices sensuales se convertirán en escenas de sexo, pero todo a su tiempo. El próximo capítulo será publicado en estos días sin falta, sin más que agregar me despido.

Siempre vuestro, Klisman.



© Klisman Francovit

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