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Fecha: 28-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

La vecina del Cuarto

Alvar
Accesos: 12.123
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 9 min. ]
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Ese momento en el que te cruzas con una vecina en la escalera y te sientes incomodo. Ayudaran la noche y el alcohol a nuestro protagonista a aliviar tensiones. Es mi primer relato espero les guste. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

-¡Joder, puta cerradura!

Eran las 4 de la mañana en un barrio de Barcelona. Un joven intentando entrar en el edificio donde vivía era lo único que se oía en el barrio  ese  martes por la noche. Como suele pasar , a la tercera va la vencida, el chico consiguió atravesar la puerta, no sin antes tambalearse un poco. Una vez dentro del recibidor encendió la luz pulsando el viejo interruptor de la pared y contemplo las escaleras. Resopló con resignación al pensar en que aún le quedaban 3 pisos de escaleras por subir. Con desgana comenzó a subir escalones.

Joan, como se llamaba el chaval, no había tenido una buena noche. Tras decidir salir con sus amigos, fueron a una discoteca de la zona. Al ser entre semana  se encontraron un lugar medio vacío. Las pocas personas que allí estaban eran o  mayores que él o prácticamente niños. La música tampoco era nada especial, así que decidió poner sus últimas esperanzas en el alcohol. Lo cual no fue una gran idea. Primer descansillo.

Había acabado insinuándose de forma poco elegante a un mujer que resulto ser más joven de lo que los tragos que se había tomado le decían, y lo que el voluptuoso escote de la chica sugería. La ultima hora y media sentados en un rincón del pub finalmente lo habían serenado lo suficiente como para poder volver a casa, ahora mientras arrastraba las piernas al subir se arrepentía de no haber esperado un poco más. Segundo descansillo.

El whisky de los  cubatas le había afectado demasiado. No es que fuese un borracho o un mal hombre, trabajaba como administrador en una empresa de limpieza y esa noche era la primera vez que salía en mucho tiempo. Sabía que la borrachera que tenia encima era la culpable de que la jovencita pechugona del pub lo rechazase. Era  un joven de altura notable de mentón recto de pelo rubio y ojos negros, hacia el suficiente deporte para   que los músculos se le notaran bastante bajo el jersey ajustado que llevaba. El pantalón ceñido también le marcaba un paquete descarado. Tercer descansillo.

Siguió subiendo sin percatarse de que ya estaba en el tercer piso. Se sentía frustrado por lo mal que la noche había acabado, si al menos se hubiera podido divertir un rato con las apetecibles tetas de  aquella adolescente. Se calentó de solo pensar en aquel par de pechos y en lo apretados que parecían  en la camiseta de su dueña. Cuarto descansillo.

Mientras sacaba las llaves del bolsillo, se dio cuenta de que no estaba solo. Desde la entrada de su casa la vecina del cuarto le miraba con una mezcla de miedo y sueño. Se sintió gilipollas al haberse saltado su piso. Antes de que se girara  para bajar por donde había subido no pudo evitar fijarse en su vecina de arriba. Era una mujer  que le sacaba como mínimo 15 años de la que no sabía mucho. Tenía el pelo corto e iba vestida con un camisón blanco, del que por desgracia no se transparentaba nada. Se fijo en los grandes aunque algo caídos tetones que se adivinaban de su silueta, esto hizo que su paquete se pusiera aun mas grande y apretado hasta el punto de molestarle un poco. Durante un momento ninguno dijo nada.

-Siento haberla molestado con el ruido señora Alicia-consiguió decir Joan.

-No pasa nada me quedó más tranquila sabiendo que eras tú.

Haciendo caso omiso de la calentura de su entrepierna, se encaminó escaleras abajo con intención de volver al fin a su casa. Antes de llegar al primer escalón, el equilibrio le fallo, trastabilló y cayó en el descansillo golpeándose la rodilla con la barandilla. La señora Alicia acudió para ayudarlo rápidamente, y se agachó a su lado para ayudarlo a levantarse. Joan se pudo recrear entonces mirando descaradamente el profundo canalillo que ese par de tetazas formaban.

-Muchas Gracias- agradeció el muchacho sin saber si lo decía por su ayuda o por el privilegio de mirar de cerca  ese par de melones.

-¿Te has hecho daño?-pregunto la mujer.

-Solo me duele un poco la rodilla, pero no creo que sea nada.

-Si quieres pasamos a mi casa y te miro bien por si acaso.

En ese momento se acordó de que ella era enfermera y pensó que no habría nada de malo en que se lo mirase. Muchas veces las heridas cuando estas borracho parecen menos de lo que en realidad son.

-No quiero molestarla más.

-Tranquilo,  preocúpate más de tu rodilla.

Dicho esto y sin dejar responder al joven, le ayudó a entrar en su piso. Le llevo al salón y le sentó en un amplio sofá.

-Te traeré algo de agua que también te vendrá bien -y se fue sonriendo hacia donde supuso estaba la cocina. Joan pudo contemplar durante un momento el enorme culo de su ahora enfermera.

Algo dolorido por la rodilla  aunque mucho más cómodo sentado en la casa de su vecina, se dio cuenta del enorme bulto que formaba su polla en el pantalón. Estaba claro que esa señora tenía un buen polvo, además después de la chica de la discoteca se le antojaban unas tetas grandes y esa señora tenía dos tamaño xxl. Mientras Joan seguía encendiéndose con sus pensamientos Alicia volvió con un vaso de agua en la mano.

-Aquí tienes, bébetelo todo y  despacito- le indicó.

Dirigió su mirada a la rodilla del chico y sin poder evitarlo al desvergonzado paquete de este. Desvió su mirada velozmente y trato de pensar en que debía hacer a continuación.

-Voy a ir a buscar el botiquín pos si acaso. Tu vete arremangado el pantalón.

-Como usted ordene- contestó con sarna el muchacho.

No perdió la oportunidad de volver a  observar el contoneo del gran trasero de la mujer, En cuanto se perdió de vista se dispuso a arremangarse la pernera del pantalón. Pronto se encontró con que eran demasiado apretados para arremangárselo, dudó un momento y actuó con picardía, se desabrocho el cinturón y se quito los pantalones. Su polla ahora libre de ataduras y solo tapada por un bóxer, se irguió haciendo que pareciese que tenía una tienda de campaña. Alicia volvió de nuevo al salón cargada con un pequeño maletín en la mano.

-No podía hacerlo de otra forma señora Alicia, mis pantalones eran demasiado ajustados.- se apresuró a decir ante la cara de estupefacción de la mujer.

-Lo entiendo. Bueno vamos a ver esa rodilla-acto seguido se arrodillo en frente del sofá donde Joan estaba sentado.

-Veamos, no parece que sea más que un rasguño- diagnosticó en seguida.- pueda que te escueza un poco.-aviso antes de limpiar la pequeña herida con un gasa.

-¡Auh!

-¿Te ha dolido?

Al preguntar levantó la mirada instintivamente hacia la cara del chico, y sin darse cuenta se quedo mirando de frente la virilidad en ristre del joven abultando el calzoncillo. Sin ningún pudor Joan estiró la mano se agarro la polla y la movió a un lado para poder ver a su ruborizada vecina.

-No mucho.

La enfermera siguió con su tarea de limpiar la herida.

-Te lo tapare con una gasa y esparadrapo.- y se giró para rebuscarlos en el botiquín.

Joan seguía sujetándose la polla a un lado, cuando la señora Alicia se giro otra vez para seguir curándole la herida este dejo de agarrársela. Salió como un resorte y dio un golpecito a una de las mejillas de la señora. La mujer pegó un bote alarmada.

-Solo era una broma, para aliviar tensiones.- dijo  Joan con una sonrisa picara en los labios.

A la señora Alicia la costó reaccionar un momento, pero al final sonrío fugazmente.

-Deberías tener  más cuidado con eso, me has pegado un buen susto.

-Sabe, creo que podría haberme hecho daño aquí también al caerme.-Dijo agarrándose la polla de nuevo.

La vecina se quedo callada, viendo como el muchacho se  la agarraba. Como no contestaba el muchacho decidió aumentar la apuesta.

-Por favor mire por si acaso.- dijo y sin esperar respuesta se saco el cipote del calzoncillo. Media unos 18 cm y era bastante gruesa, apuntaba directamente al techo.

-Mira Joven...-comenzó a decir la señora Alicia.

-Venga écheme una mano.-la cortó Joan mientras se la meneaba delante de ella.

Tener al muchacho masturbándose delante de su cara debió  ser demasiado para la pobre señora Alicia, que se concentraba en mirar la polla que tenía delante. Tras dudar un par de segundos estiro el brazo y con la mano derecha sostuvo la polla.

-Comprobare que no te pasa nada.

-Haga lo que sea necesario- contesto  juguetón mientras la señora Alicia  comenzaba mover suavemente su mano de arriba a abajo por el tronco de su polla.

Por un momento no se lo creyó, la borrachera se le había pasado, y se encontraba en el  sofá de la casa de su vecina, una milf tetona que le estaba haciendo una paja deliciosa.

-Creo que tendría que ver esta parte más de cerca. ¿Ve esto?

-No veo nadagg. -mientras hablaba Joan se había movido ágilmente y  le había introducido de golpe todo su rabo en la boca. La señora Alicia trato de resistirse un poco, Joan le sujeto fuertemente la cabeza contra su polla. En dos segundos ya chupaba sola sin ninguna ayuda.

-¡Dios!-como chupaba. Se la metía toda casi entera en la boca y utilizaba la lengua para no dejar ningún rincón sin chupar. Las tetas de la señora Alicia colgaban sin protección, a su alcance. Sin dudarlo agarro una con cada mano, las sintió pesadas, calientes y blandas. Las estrujo, estiro, apretó y las amaso de todas las formas que se le ocurrían. Los pezones se notaban duros a través del camisón. La señora Alicia aumentaba el ritmo por momentos, pero Joan aun no quería correrse. Le costó sacarle la polla de la boca a aquella señora, se aferraba como una  loca a ella.

-¡Pop!-sonó como una ventosa cuando se la consiguió sacar.

-Sería bueno un masaje para aliviar la zona, ¿no cree?-preguntó agarrándola los melones.

La señora Alicia se bajo los tirantes del camisón, y después el propio camisón. Dejando a la vista unas domingas enormes, algo caídas y con aurales grandes y oscuras coronadas por dos pezones duros. Sin dejar contemplar a Joan aquel magnifico par de ubres, se coloco más cerca de él y con una maestría que solo da la práctica, puso la polla del muchacho entre sus tetas. Comenzó a moverlas arriba y abajo, provocando un placer indescriptible a Joan, que luchaba por aguantar las ganas de correrse y poder seguir disfrutando de esa par de cantaros que tenía su vecina.

-Este masaje te aliviara la dureza de la zona-bromeo la señora Alicia mientras con total facilidad apretaba ese par contra la polla del chico.

Joan estaba  a punto de correrse, curiosamente pensó en que la jovencita tetona de la disco tendría que aprender mucho de la señora Alicia y del manejo que esta tenia de sus tetas. Aquella señora sabia hacer una buena cubana. Como última acción antes de correrse, Joan agarro las tetas que tenía delante y comenzó a mover la cadera, follándose ese par de montañas.

Se corrió al poco rato de follarse ese par, salpicando entera la cara y las tetas de su vecina.

-Sigue la dureza- exclamó en tono extrañada la señora, la polla de Joan seguía preparada para presentar batalla.

-Le dije que algo me pasaba- dijo Joan Orgulloso de su virilidad.

-¡Cras!- sonó de repente en el pasillo de la casa.

Cuando se giraron hacia la fuente del ruido, allí estaba de pie con la cara roja de vergüenza, la adolescente tetona de la disco.

-¡Hija!-exclamó la señora Alicia.

Continuara......

Este ha sido mi primer relato, espero les haya gustado y/o excitado.

Muchas a gracias a todos los lectores y no duden en dejarme opiniones, criticas o cualquier  idea para continuar la historia.


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© Alvar

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