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Fecha: 29-Jun-17 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Probando, probando... (Capítulo 2)

Juliaki
Accesos: 24.922
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Tiempo estimado de lectura: [ 62 min. ]
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Se mantiene la tensión sexual entre tío sobrina, sin que ninguno de los dos se atreva a confesar sus propios sentimientos, pero deseando que las fantasías puedan tener algo de verdad. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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robando, probando…

Capítulo 2

 

−    Pablo, tu sobrina te está esperando en la entrada. - me comenta Fer, que es mi capataz de la obra en la que estamos trabajando

−    ¿Mi sobrina? - le pregunto.

−    Si. Andrea, se llama ¿no? Me ha dicho que habíais quedado para ir de compras o no sé qué. Por cierto, que cada día está más buena la nena.

−    Oye, que es mi sobrina. – replico a Fer, que siempre ha sido mi hombre de confianza y estoy acostumbrado a sus bromas, aunque su comentario me parece excesivo y ofensivo,  tratándose de Andrea.

−    Joder, perdona Pablo, pero... si está buena, está buena y no hay más que hablar. Dile que aquí me tiene para lo que haga falta. Ese pelo moreno, esos ojazos, esos labios, ese culo respingón… son toda una provocación.

−    Calla, anda, no seas bruto, que te pasas. Además ya sabes que tiene novio. - digo intentando aplacarle.

−    Tampoco importa, yo no soy celoso. - me comenta él riendo pero yo me pongo serio y no le sigo el juego…

 

Estoy esperando en la entrada de la obra a mi tío, tal y como habíamos quedado. Noto que todos los hombres que trabajaban allí me miran con más o menos descaro. Muchos saben que soy la sobrina de Pablo, pero aprovechan cualquier excusa para ir a buscar ladrillos o cemento y de paso echarme una buena ojeada.

Tengo que reconocer que en el fondo, no niego que sus miradas me resultan excitantes, más sabiendo que allí no corro peligro al ser la sobrina del jefe, pero es inevitable sentir un cosquilleo cada vez que uno de ellos me desnuda con la mirada. Soy provocadora, lo sé, pero me encanta ver sus ojos clavados en mí. ¿Acaso puede haber algo más excitante que sentirse deseada?

Mi excitación también viene dada porque hace más de una semana que no veo a mi tío y no he dejado de pensar ni un momento en volver a encontrarme con él. ¿Seguiría todo como entonces o habrá algo que pueda ser diferente? Desde que mi novio me comentó lo de esa presunta erección de mi tío, su roce conmigo bajo el agua de la piscina, donde pude notar que sí que la tenía bien dura, mis sensaciones apuntan a que algo ha cambiado desde entonces y estoy empeñada en buscar la manera de averiguarlo. Mi excitación no ha bajado ni un gramo, al contrario cada día es mayor.

 

Acudo a la entrada y allí está Andrea, mi preciosa sobrina, ajena a las miradas lascivas de todos los hombres que andan por allí, tanto mis empleados como algunos de los transeúntes que merodean cerca. Lo cierto es que ella es una mujer impresionante y tiene un cuerpo de hacer temblar, no se puede negar, más todavía con ese pantalón blanco tan ajustado del tipo leggings y esa blusa en la que se adivina su busto y especialmente sus pezones marcados. Creo que levanta más que pasiones y en cambio ella parece no ser consciente de ello.

 

−    Hola Andrea - la saludo dándole dos besos.

−    Hola guapo. - responde con su acostumbrada gran sonrisa.

−    ¿Cómo se te ocurre venir por aquí?

−    ¿Por qué? ¿Acaso no puedo, tío?

−    Sí, pero niña, fíjate cómo te miran todos.

−    ¿Me miran? - pregunta inocentemente volviendo su cabeza y percibiendo esas miradas libidinosas de todos los hombres.

−    Te comen con los ojos. - añado.

−    ¿Ah sí? ¿Pero por qué?

−    Vamos, Andrea, ¿no me digas que no te has dado cuenta?

−    Ni que no vinieran mujeres por aquí. – comenta sonriente.

−    Sí, vienen, pero no como tú.

−    Gracias tío, lo tomo como un cumplido, pero me proteges demasiado. Ya no soy una cría. Está bien que seas mi protector, pero ya he cumplido los 23, majo, ¿recuerdas?

−    Bueno, ¿a qué has venido? - le digo tirando de ella hasta alejarla de la puerta, pues me siento incómodo por tanta observación ajena.

−    ¿Ya no te acuerdas? Habíamos quedado para ir al sex-shop.

−    ¿Cómo?, ¿Al sex-shop? – pregunto confuso.

−    Sí, bobo, te dije que se casaba mi amiga Fabiana y que le quería comprar algunas bromas para su despedida de soltera y me da corte ir yo sola al sex-shop.

−    Coño, me había olvidado, Andrea. Dame diez minutos, acabo con una cosa, me cambio y vamos. Espérame en el coche.

−    ¿En el coche?

−    Sí, por favor...

−    Que no te gusta cómo me miran el culo, ¿no?  jajajaja… - añade ella riendo a carcajadas ante mi apuro.

 

Aunque mi tío se va riendo, estoy convencida de que no le gusta que yo muestre mi culo con este pantalón blanco tan ceñido, pero él es uno de los que más me lo mira y para mí es lo importante. Saberme observada por él, me hace sentir una agitación interna maravillosa. Sé que tengo muy pocas posibilidades de llevar a cabo algo que no sea lo normal entre tío y sobrina, pero yo me excito con la sola idea de jugar a provocarle.

También me gusta ese instinto de protección tan masculino con el que procura siempre apartar de mi alrededor unos cuantos moscones que merodean con el único objetivo de llevarme al huerto, según me dice él siempre, al menos hasta que conocí a Jorge, al que por cierto aprobó como sobrino político desde el primer momento. Aun así, mi tío me sigue tratando como una niña, no lo puede evitar, sin embargo yo intento que nos comportemos como adultos, incluso le hablo abiertamente de mi novio y de mis avances amorosos en general y también incluso en el terreno sexual, que sin contar nuestras intimidades, también nos sirve para hablar con esa mutua confianza que nos tenemos, aunque sea guardando las formas, claro.

Hoy, la idea de que me acompañe al sex-shop no deja de ser una excusa para ver cada una de sus reacciones y un plan de ataque premeditado para saber hasta dónde podría llegar mi tío o si realmente soy yo la que ve cosas que no son. Lo tengo todo pensado y espero poder engañarle para ver cómo se desenvuelve.

 

Yo sé que a Andrea se molesta de que yo esté todo el día encima de ella con respecto a los hombres y más ahora, que ya es toda una mujer, pero mi papel de padre que ella nunca tuvo, me obliga a actuar con esa forma.

 

Siempre he intentado ver a Andrea como la hija que tampoco nunca tuvimos mi esposa y yo, pero a medida que ha ido creciendo, no puedo verla de igual manera, ni negar su increíble belleza con ese poder de atracción que tampoco en mí pasa desapercibido, a pesar de querer evitarlo en todo momento. Su bello rostro, con esa cara de niña buena, su naricilla, sus pómulos siempre encarnados, sus ojos enormes, esos labios carnosos… un culito redondo y respingón, largas piernas, sus tetas, aunque yo haga como que no la mire, a veces no puedo evitar que los ojos se me vayan allí, unas veces por su canalillo, otras cuando la veo en bikini o con esos vestiditos, camisetas y jerséis tan ajustados, que me provocan un cosquilleo especial. Me maldigo por pensar en ella así, pero Andrea es mucha mujer como para no sentirlo. Desde la famosa cena de la gala benéfica y después con el día de su cumpleaños esa atracción se está incrementando sin remedio.

 

Cuando regreso al coche, ella me espera apoyada sobre la puerta con sus piernas cruzadas a la altura de sus tobillos que están adornados con unas bonitas sandalias de fino tacón. Está preciosa y yo ralentizo mis pasos para disfrutar de ese cuerpazo que es casi como una aparición. Como siempre, ella me regala una de sus sonrisas que hacen que a uno no le quede otra que adorarla y cumplir todo lo que me pida.

 

−    Gracias, osito. -  le digo cariñosamente pegándome a él y plantándole un beso cálido en la mejilla dejándole marcados mis labios en su piel. ¡Qué bien huele siempre mi tío!

−    Gracias ¿Por qué? – pregunta sorprendido

−    Por acompañarme al sex-shop. Sola me daba corte.

−    Podías haber ido con alguna de tus amigas.

−    Ya lo pensé, pero creo que es mejor la opinión de un hombre para hacer ciertos regalos.

−    Pues ya sabes que haré lo que pueda, pero tampoco soy un experto ni un asiduo de ese tipo de sitios.

−    Menos yo. No he ido nunca. Además tú siempre me ayudas en todo - añado mordiéndome el labio de una forma provocadora.

Me abre la puerta del coche caballerosamente y yo pongo mi culo en pompa para que no pierda detalle de mis posaderas ni de mis intencionados movimientos.

−    Entonces, ¿este pantalón provoca miradas lascivas? – le pregunto volviendo mi cabeza notando su turbación pues la pregunta va dirigida directamente a él.

−    Un poco, cariño.

−    Pero no se me nota la braguita ni nada. Llevo un tanga. – le digo pasando mi mano suavemente por mi culo de forma sugerente.

Me doy cuenta de que mi tío tiene un bulto más que sospechoso bajo su pantalón y eso me vuelve a encender. ¿Será verdad que se excita conmigo, que se le pone dura con mi sola presencia?

Al fin, tras notarle nervioso durante todo el trayecto en el coche, llegamos a la tienda en cuestión, donde no hay mucha gente, tan solo un par de clientes que no se olvidan de escanear mi culito con ojos cargados de lascivia y sobre todo el dependiente, un hombre de la edad de mi tío que habla con nosotros con su vista clavada en mi escote y en mi entrepierna. Ya me estoy poniendo excitada de nuevo, no lo puedo remediar.

 

No me gusta nada la forma de mirar de aquellos clientes hacia mi sobrina ni mucho menos el dependiente que tiene una cara de cerdo y de estar comiéndosela con los ojos.

 

Nos enseña dónde está cada sección del sex-shop pero yo le invito a que nos deje curiosear sin tener que acompañarnos en todo momento. Después empezamos a ver a solas ella y yo objetos de todo tipo que a mi sobrina parecen hacerle mucha gracia. Bolas chinas, consoladores, pelis porno, disfraces, preservativos variados, geles, lubricantes, velas, cremas, artículos de broma de lo más variado y vamos, todo el surtido de un establecimiento de juegos y armamento erótico festivo. Le tengo que explicar algunas cosas que ella no comprende muy bien, como los retardantes, carretes filipinos, algunos dildos… La noto sus pómulos encarnados, mezcla supongo de vergüenza y excitación, pues el sitio morboso a tope, lleva a que solo puedas pensar en sexo.

 

Yo no es que sea un entendido precisamente, porque con mi esposa ni siquiera  hemos utilizado ese tipo de juguetitos, pero vamos,  siempre he visto algunos vídeos y diversas pelis porno que muestran cómo se usa cada cosa, aunque algunas de ellas realmente son muy nuevas para mí.

 

−    ¿Has pensado en algo en concreto? - le pregunto de pronto.

−    Pues no sé, algún disfraz para Fabiana, y algunas bromas, ya sabes, lo típico, para reírnos un rato. La verdad es que no tengo ni idea de qué comprar.

 

Yo me hago la inocente con mi tío con cada cosa que vamos viendo, llegando incluso a leer las instrucciones y asustarme con los usos de cada una, algo que a él parece resultarle chocante, pensando que estoy turbada con cada juguetito que veo. Naturalmente yo conozco perfectamente la mayoría de los objetos que hay en este establecimiento, de hecho utilizo a menudo unos cuantos, desde algún modelito erótico, pasando por diversos vibradores, dildos vaginales o los plugs anales, que me encantan y que uso jugando con mi novio muchas veces. Lo cierto es que soy una asidua de este tipo de utensilios, los  suelo comprar por internet, aunque también visito sitios como este. De hecho, recuerdo cuando visité uno con mi madre, con la que tengo muchísima confianza y no se corta nada conmigo para estas cosas. Ambas nos divertimos y excitamos comprando de todo, recuerdo que fue un momento muy morboso y es que estos sitios es lo que tienen, encienden la chispa. Aquella vez fue muy divertida la experiencia acompañada de mi madre, que es por cierto muy liberal o avanzada en estos menesteres, llegando incluso a enseñarme algunas que desconocía. Mucho de mi conocimiento en estas artes, mi forma de desinhibirme o vivir placenteramente el sexo, se lo debo a ella, llegando a pedirle consejo que como madre y mujer madura me han ayudado muchísimo.

Sin embargo hoy, me desenvuelvo en mi papel de desconocedora del medio y miento a mi tío haciéndome la ingenua con ese tipo de cosas, algo que le sorprende en el fondo, pero quiero darle a entender que mi vida sexual está alejada de lo que él pueda llegar a imaginar.

−     Este es enorme. - digo sujetando un vibrador de color rojo de tamaño medio.

−     Bueno, debe ser de los normales. Los hay más grandes – responde mi tío.

−     ¿En serio?, ¿Este tamaño es normal, tío? - pregunto poniendo mi mejor cara de susto.

Él no sabe cómo reaccionar ante mi sorpresa e intenta explicarme que el tamaño no importa e imaginando que mi confusión puede venir por un tamaño que él cree que no debe tener mi novio, sin embargo no es así, pues Jorge está más que bien dotado precisamente, pero mi tío se queda pensativo y eso me pone nerviosa y excitada a la vez. ¿En qué estará pensando?, pobre, ¿creerá que Jorge la tiene chiquitita?, si el supiera el pollón que tiene mi novio…

 

Lo cierto es que me sorprende que Andrea se asuste con ese tamaño, pues parece tipo standard, no quiero imaginar si ve alguno de los XXL. Por sus ojos de susto imagino que Jorge no es un portento en ese sentido, de ahí que ella esté tan sorprendida.

 

−     Bueno, creo que es normal pero tirando a grande. – añado para que no se sienta incómoda.

Mi sobrina tiene sus carrillos encendidos y la sola idea de imaginar que no ha visto una dimensión como esa, me hace sentirme en primer lugar, orgulloso de mi herramienta, pues siendo digamos… “normal”, va a resultar que es mucho más grande que la de su novio… es inevitable que los hombres queramos competir en eso también… y además la idea me hace sentirme más excitado de lo normal.

 

Cada vez que pasamos por el mostrador de la tienda y dejamos algún objeto allí, el tipo no se corta a la hora de mirar descaradamente a mi sobrina, dirigiendo sus ojos de cerdo a sus tetillas o a su culo. Seguramente ella no es consciente de que ese hombre la esté devorando con los ojos y yo intento ponerme delante, incómodo con ese tipejo.

 

 

Me hace mucha gracia la manera en que mi tío me quiere proteger ante el hombre que atiende el sex-shop, pero en el fondo yo me muestro provocativa con él y me gusta ponerle cachondo, que me imagine desnuda, es lo máximo que va a soñar, en cambio sí que me gustaría que mi tío me desnudara y me lamiese cada centímetro de mi piel, eso sí que sería todo un sueño.

−    Ay, mira, tito, ¿esto qué es? – le digo señalando un plug anal con cola.

−    Ni idea. – dice él observando la caja del juguete.

Lo cierto es que me encantan los plug anales, los he utilizado muchas veces y he disfrutado de lo lindo con ellos en los juegos con mi novio mientras me folla y lo llevo puesto en mi culo como si tuviera cola de caballo. También lo llevo puesto por la calle muchas veces, bajo mi falda, produciéndome un placer especial al andar y especialmente al sentarme.

−    Aquí pone que es anal. – señala mi tío señalando la caja

−    ¿Para meter en el culito?

−    Sí, eso parece, aunque es un poco grande, según veo.

−    Y tanto, no imagino que mi agujerito posterior pueda albergar semejante tamaño. Nunca entró nada en él. – digo con mi morrito de niña buena.

Me divierte mucho excitar a mi tío e incluso mentirle en ese tema, pues naturalmente no soy virgen en mi culo y mi novio me ha partido en dos en múltiples ocasiones, pero me encanta parecer así de inexperta.

 

 

Estoy con una tremenda erección, por mucho que intento evitar que mi polla se endurezca, cada vez que mi sobrina hace un comentario de ese tipo, mi miembro se tensa irremediablemente bajo mi pantalón. El solo hecho de pensar en ese precioso culito y poder insertarle mi polla me hace sudar y temblar.

 

Hago lo posible por desterrar esos malos pensamientos y procuro que no se me note el nerviosismo, me sentiría fatal que ella me leyera la mente tan sucia pensando en su cuerpo, en sus tetas, en su sexo, en su culito virgen… 

 

Seguimos viendo cosas y ella va comprando sin parar, supongo que no está controlando el gasto, pero una vez más yo le ayudaré en eso.  Llegamos a la zona de ropa, lencería y disfraces. Tras ciertas dudas, Andrea se decide por un uniforme de gatita sexy para su amiga, que no es otra cosa que un traje de lycra “catwoman” de una sola pieza que será más que ceñido y una diadema con dos orejitas de gata. Lo mete en la bolsa junto con unos pintalabios en forma de polla, condones de diversos sabores, muñequitos,  diademas con frases cachondas, el consolador que tanto le ha llamado la atención y el plug anal con una especie de brillante en la punta. Hemos conseguido llenar tres bolsas.

 

−    Vaya, sí que os vais a divertir con tanta cosa – nos dice el tipo con una sonrisa socarrona.

−    Bueno, en realidad… - intento explicar que no es para nosotros precisamente, pero pienso que nada le importa a ese hombre.

−    Pues tenéis que probar mi última adquisición – añade ese cerdo. – os va  a encantar.

−    No, ya creo que tenemos suficiente – le digo serio.

−    No tíito, a ver que es… - añade Andrea con su curiosidad de siempre,  sin saber que el tío nos quiere empaquetar otro producto por la cara.

−    Se trata de un dildo muy bien adaptado para la mujer, pero con las últimas tecnologías.

 

Me hace gracia de nuevo cuando el tipo nos enseña ese producto, pues precisamente me quedé con las ganas de comprarlo la otra vez cuando acudí con mi madre al sex-shop. Se trata de un pequeño consolador con una forma muy ergonómica para insertarlo en la vagina disimuladamente sin que se note absolutamente nada. Lo sorprendente y novedoso del aparato es que entra en funcionamiento con un chip alojado en su interior que se conecta a través de un Smartphone que otra persona puede apagar o encender a su antojo y a larga distancia, haciéndolo vibrar a distintas velocidades y precisamente tenía pensado usarlo con Jorge alguna vez. Me resulta muy atrayente, por su forma, por ser un juguete compartido y que puede hacerte temblar de gusto en momentos muy comprometidos, pero de seguro que enormemente morbosos y excitantes.

Cuando el tipo nos da todo tipo de explicaciones, de nuevo me hice la sorprendida tapándome la boca con ambas manos y mi tío se queda también sorprendido por esa novedad, que yo ya conocía, pero él parece que no.

−    No, mejor, no. – comenta mi tío.

−    ¿Estás seguro?, mira que tu chica estará a tu merced – añade el tipo señalándome de forma lasciva.

−    ¡Nos lo quedamos! – afirmo sin que pueda rebatirme.

 

Aunque me intento negar a comprar más cosas a ese tipo que ya hizo bastante caja con nosotros en este día, lo cierto es que Andrea se ha encaprichado con el vibrador a distancia, seguramente para jugar con su amiga en la despedida de soltera y no puedo negarme una vez más a sus peticiones y menos cuando pone esa boquita como si me besara. Desde luego, por mi mente pasa la idea de  que ese aparato pudiera estar alojado ahora mismo en la conchita de mi sobrina y que yo lo podría hacerlo vibrar cuando quisiera, eso debe ser algo más que morboso y tremendamente cachondo, pero me niego a seguir imaginando semejante cosa y el solo hecho de pensarlo me hace sentir fatal.

 

El tipo sigue pasando los códigos de barras de los innumerables artículos sin olvidarse de dar buenos repasos al escote de mi sobrina cada vez que esta se mueve sin darse cuenta de que el otro la devora.

 

−    ¿Crees que le gustará el disfraz a Fabiana? - me pregunta en ese momento mi sobrina llena de dudas.

−    Les gustará más a todos los que la vean de esa guisa por la calle - le respondo riendo.

−    Ya, tienes razón. Igual es demasiado atrevido...

−    Pues sí. Va a resultar más que atrevido.

−    Bueno, no sé, es para una broma, quizá solo le obligamos a ponérselo en el restaurante, pero en la calle, no sé. No creo que se atreva.

−    Bueno, pues se divertirán los comensales también.

−    ¿Lo ves demasiado fuerte, tío? - me insiste mi sobrina haciéndome esa miradita con morrito tan suya.

−    Bueno, deja poco a la imaginación, la verdad.... - añado.

 

Aunque los preparativos de la boda de Fabiana son ciertos y soy la encargada de comprar las bromas para la despedida de las chicas, ese uniforme de gatita salvaje que tengo en mis manos, no es precisamente para mi amiga, sino para mí.

−    ¿Me lo podré probar? – digo con naturalidad.

−    ¿Cómo? ¿Probártelo tú? – pregunta mi tío sorprendido

−    Claro que puedes – el que interviene de pronto es el dependiente que está en ese momento detrás de nosotros y no quita sus ojos de mi culo.

−    ¿En serio? – pregunto con una gran sonrisa volviéndome a él.

−    Claro que sí, preciosa, en ese cuerpito debe quedar muy bien.

Ese piropo me gusta, pero casi más cuando veo la cara con que le mira mi tío a ese hombre, como si quisiera asesinarle.

−    Bueno, normalmente no dejamos probar los disfraces pero si estás tan interesada y con tantas dudas… puedes meterte en esa cabina – añade el viejo verde sin dejar de devorarme con los ojos imaginándome vestida con el atuendo de catwoman.

−    No creo que haga falta - interviene de pronto mi tío, entendiendo que el dependiente lo único que quiere es ver cómo me queda realmente ese disfraz, pero en el fondo yo a quien quiero mostrárselo es a mi tío.

−    Sí, bobo, me lo pruebo y me dices. - insisto sin dejarle añadir nada más y metiéndome en uno de los cubículos que se usan para el visionado de películas porno.

 

No me gusta nada el hecho de que mi sobrinita se luzca ante semejante cerdo. Me quedo un instante observándole fijamente poniendo mi mirada más dura, para que se dé por aludido y se marche a sus quehaceres pero el tipo no se siente incomodado precisamente y en cambio sonríe encogiéndose de hombros quedándose a la espera de la salida de Andrea.

 

−    Vas a tener una buena sesión. -  añade el cabrón con una sonrisa socarrona.

−    ¿Cómo dice? - le pregunto de forma seca.

−    Sí, hombre, vas a tener buena fiesta con tu noviecita, la chica está para mojar pan y con todos esos juguetitos, vas a pasártelo en grande. Francamente, te envidio - añade dándome una palmada en la espalda con una excesiva confianza.

Justo en el momento en el que me dispongo a cantarle las cuarenta y ponerme como un energúmeno con ese tipo, se oye el pestillo de la cabina donde se ha metido Andrea y de pronto se abre la puerta. No puedo definir ese momento con una sola frase, pero podría decir en una sola palabra que mi sobrina está ¡Alucinante!

 

El disfraz de “catwoman” no es otra cosa que un mono ajustadísimo de lycra muy brillante y de color negro, de al menos dos tallas menos al que correspondería a su cuerpo, que hace que se ciña a su silueta de forma perfecta.  En su cabeza lleva las orejitas que le dan un aspecto más inocente, pero el cuerpo que envuelve esa ceñida prenda es algo que impacta haciendo que mi sobrina se convierta en una diosa. No sé qué parte me gusta más de ese cuerpo, quizás los muslos ensalzados con unas botas de altísimo tacón, que llegan terminan bajo sus rodillas, o puede que el chochito remarcado haciendo un pequeño dibujo de su monte de venus que es tentador o seguramente el escote donde parecen querer salirse sus dos tetas apretadas en ese body  ofreciendo la visión de un canalillo deslumbrante, además de marcarse su cintura de avispa con ese mono ajustado de cremallera frontal. Nunca había visto una cosa igual y no puedo reaccionar ante esa visión.

 

−    ¡Ostras! - es lo primero que dice el dependiente nada más verme.

Miro a mi tío y está mudo, sin pestañear y con su vista clavada en mi cuerpo. Es un momento grandioso, me siento tan sexy, tan deseada, que mi chochito suelta unas gotas que noto como empapan mi tanga.

Supongo que en otro momento mi tío le hubiera dicho algo a ese hombre, pero creo que está diciendo lo mismo que él por dentro: ¡Ostras, ostras y ostras!

−    ¿Me queda pequeño?, ¿demasiado ceñido? - pregunto girando sobre mí misma y mostrando mi culito redondo bien marcado por esa prenda tan ajustada. La fina tela se mete por mis glúteos, pudiendo notar la suave caricia que abriga mi piel y la forma en cómo se dibujan totalmente mis posaderas.

Hay un silencio que se mantiene durante largo rato, pero yo no dejo de sonreír, poner poses de lo más sugerentes y dando vueltas con mis brazos abiertos para que esos dos hombres disfruten de mi cuerpo. Prácticamente estoy desnuda, salvo que cubierta por una fina tela que se adapta a mi piel. ¡Me siento tan deseada!

 

−    ¡Joder, estás preciosa, nena! – acaba diciendo el hombre que parece tan alucinado como yo.

−    ¿En serio? – pregunta mi sobrina mordiéndose un dedo.

−    ¿Bromeas?, superas mil veces a la chica que sale en la foto anunciándolo. – añade el tipejo.

 

Aunque no puedo más que pensar que tiene toda la razón del mundo y que Andrea es una de las mujeres más impresionantes que haya podido ver y con ese atuendo es increíble… me quedo mirando a ese depravado con cara de asesino, intentando incomodarle y creo que Andrea se da cuenta y para evitar males mayores decide no seguir con ese show que nos deja flipando.

 

Justo antes de que entre Andrea en la cabina, esta se da la vuelta y se fija directamente en mi entrepierna. Mis pantalones muestran una empalmada brutal y no es para menos, pero después ella me sonríe como si aquello fuera un juego. Observo al hombre y veo que también está con un bulto similar bajo su pantalón.

 

−    Creo que es demasiado fuerte – añade ella viendo nuestros ojos desorbitados, volviendo a meterse en la cabina meneando sus caderas.

 

No puedo articular palabra, observando su culito y cuando consigo cruzar mi mirada con el tipo que atiende ese establecimiento nos decimos de todo pero sin decir nada, pues ambos hemos quedado en shock. Es lógico que se sienta atraído por semejante criatura, pero intento ser algo borde con él cuando insiste que voy a pasar un buen rato con la chica, ignorando, claro está,  que se trata de mi propia sobrina. Cuando Andrea vuelve a salir de la cabina, esta vez ya se ha cambiado.

 

−    ¿Entonces te lo llevas? – me pregunta sorprendido mi tío cuando ve que lo meto en la bolsa dispuesta a comprarlo.

−    Creo que sí, nos vamos a reír un rato y a dar placer a más de uno. – añado mordiéndome el labio inferior de forma insinuante.

−    ¿Estás segura? – me insiste.

−    Claro que sí. A ti te he impresionado ¿no? - lo digo con seguridad de haberle dejado más que alucinado.

Está claro que la impresión ha sido mayúscula a tenor por ver sus caras y ambas erecciones bajo sus pantalones, inevitables, supongo y más que visibles.

−     Bueno, de eso se trata, tío Pablo, de causar impresión y de divertirnos, al fin y al cabo es su despedida. Además en la cena sacaremos los globos, los condones, las diademas y todo eso. Si no conseguimos que se ponga el disfraz pues que lo use con su futuro marido.

Al fin salimos del sex shop cargados con dos bolsas y nos dirigimos al coche. Mi primer plan está saliendo a la perfección pues todo esto demuestra que mis sospechas no son infundadas, creo que el sex-shop me ha ayudado a confirmar eso y veo en los ojos de mi tío otra mirada diferente a la que le he visto otras veces

-          ¿Me invitas a una cervecita? Estoy sedienta. - le preguntó cuando dejamos las bolsas en el maletero.

-          Claro, preciosa. Yo también tengo sed. – añade, pues de la impresión debe estar sin poder tragar saliva y yo más que orgullosa de haberle provocado así.

 

Nos metemos en un bar cercano y nos sentamos en sendos taburetes frente a la barra. Ella cruza las piernas y me parece otra vez una vista impresionante de mi bella sobrina. Como siempre charlamos amigablemente de muchas cosas y es que siempre hemos tenido gran complicidad y buen rollo, a pesar de nuestra diferencia de edad. Nunca nos hemos puesto límites para charlar de nada, aunque somos de diferente opinión en algunas cosas, pero ciertamente, en la mayoría coincidimos.

 

−    ¿Sabes una cosa, tío? Me he puesto un poco cachonda en el sitio ese. - me suelta de pronto.

 

Yo se lo tomo como una de sus bromas, pues siempre le gusta hacer chistes de ese tipo y yo le sigo la corriente.

 

−  Te hablo en serio - sentencia al oír mis risas.

−  Pero…

−  ¿No me digas que tú no pones cachondo en un sitio así? Hijo, solo con ver tu cara y la del dependiente cuando he salido de la cabina…

−  Bueno… es que… estabas realmente sexy, Andrea. – comento con cierto nerviosismo.

−  ¿Viste cómo se notaba el bulto del pantalón del dependiente? Se ha empalmado al verme. – me dice con esa inocencia que no hace más que parecerme provocadora sin saber que yo también estaba con aquello duro a más no poder.

−  No me fijé. – digo al fin, disimulando.

−  Yo sí. No sé cómo explicarlo pero me he sentido muy deseada, tíito. Parecía estar en un show para vosotros dos y me gustaba verme admirada – añade ella con esa mirada ingenua y aunque ella no lo sepa, tan provocadora a la vez.

Aunque yo debo decirle a mi sobrina que no, que yo no la miraba con esos ojos, que ha sido solo su parecer, prefiero guardar silencio para no quedar en evidencia y opto por darle un trago a mi jarra de cerveza como si no la hubiese escuchado.

 

−    Creo que es un sitio que tiene cosas muy interesantes ¿no te parece? – añade de nuevo con esa naturalidad.

−    Sí, bueno… para eso es. Y tú lo has comprado todo. – añado ya que me ha dejado la tarjeta temblando.

−    Es verdad tíito, pero es que me apetecía. La verdad es que hay muchos artículos que desconocía y me alegro haber entrado a un sex-shop por primera vez, igual me animo y vuelvo.

 

Después de varias de sus frases “incómodas” decido cambiar de tema y hablamos de cosas sin importancia, pero de pronto ella tras dar un buen trago a su cerveza me pregunta:

 

−    ¿Te parezco guapa, tío Pablo?

 

Le echo una mirada de arriba a abajo y luego me quedo mirando sus grandes ojazos. Además de no quitarse de mi cabeza la imagen de Andrea vestida de gatita sexy, que durante unos segundos había inundado todas glándulas y neuronas, procuré ser ocurrente.

 

−    Claro que sí, bebe, eres una mujer preciosa.

 

Mi tío ha tardado un buen rato en contestar, pero me gusta que haya habido ese silencio porque el hecho de no decir nada, lo dice todo. Por un momento me siento dichosa y más atractiva que nunca. Juego con un mechón de mi pelo viendo sus reacciones y todo mi plan está saliendo según lo previsto, no me equivoco en nada y el hecho de tener razón, hace que sienta un cosquilleo por todo mi cuerpo.

−    ¿Y estoy buena? – añado jugando con mi dedo sobre el borde de la jarra de cerveza con cara de niña buena.

−    ¿Cómo? – pregunta aturdido.

−    Si, bobo, ¿que si te gusta mi cuerpo?

−    Bueno, yo…

−    No contestes como si fuera tu sobrina.

−    Pero lo eres… casi una hija.

−    Vamos, di lo que sientes. Imagina que soy una desconocida.

−    Pues claro, eres impresionante.

−    ¿Qué sentiste cuando me viste de gatita? – fui directa.

−    Pues, yo…

−    ¿Te excitó verme?

Mi tío ya no contesta, está algo incómodo y creo que estoy yendo demasiado deprisa y tengo miedo que mi plan se desmorone, así que decido no presionar para que todo se venga abajo.

 

Seguimos charlando animadamente y gracias a que mi sobrina ha cambiado de tema, porque por un momento me ha parecido que he quedado fuera de juego. ¿Habránotado realmente que estaba empalmado cuando la vi con aquel atuendo en el sex-shop?

 

Andrea permanece un rato callada, como si estuviera maquinando algo, por su forma de mirarme adivino a que va preguntarme otra de sus dudas.

 

−     Oye tíito, ¿Y te puedo hacer una pregunta muy muy íntima?

−     Pues claro princesa, tenemos confianza. – respondo seguro pero temeroso de sus nuevas dudas.

−     Es que me da corte preguntar… es sobre sexo. – me dice poniendo cara de preocupación.

−     Bueno, pues no será por las veces que hemos hablado de esto, cariño. - le contesto siempre con esa familiaridad que tenemos al tiempo que le indico al camarero que rellene por segunda vez las jarras de cerveza.

−     ¿Qué tal con mi tía? – pregunta de nuevo Andrea.

−     ¿Con tu tía? ¿A qué te refieres?

−     Hijo, como os va en la cama…

−     ¿Te refieres a nuestras relaciones sexuales?

−     Sí.

−     Pues bien.

−     Pero hombre, sé más explícito.

−     No te entiendo, hija.

−     Pues qué posturas hacéis, sexo oral... y todo eso.

−     ¡Andrea! - le interrumpo.

−     ¿Te molesta que te pregunte eso?

−     No, bueno, sí. pero…

−     Otras veces hablamos de sexo y ¿hoy estas cortado? - me dice desafiante.

−     Es que nunca me habías preguntado tan directamente.

 

 

Vuelve a producirse otro silencio cuando el camarero nos rellena las jarras, algo que le permite a mi tío Pablo, no sentirse acosado, pero mi idea es la de seguir con el juego y ver hasta dónde puedo llegar. Estoy viendo que mis sospechas no eran tan infundadas, pero tengo que seguir jugando fuerte.

−     ¿Y bien? - insisto.

−     ¿Bien, qué?

−     Pues eso, tu vida sexual con la tía, pareces bobo… siempre me ha intrigado.

−     ¿Te ha intrigado?

−     Sí, es que no os imagino.

−     Pues bien, normal, creo que como las relaciones normales de pareja, posturas variadas… Andrea, no sé a dónde quieres ir a parar. - comenta tomando un nervioso un trago de la espumosa cerveza.

−     Te veo cortado.

−     Bueno, no es para menos.

−     Yo también lo estoy, pero, me gustaría saber si hacéis de todo, ya sabes.

−     ¿De todo? Bueno, casi, jeje. – responde con apuro – no sé a qué te refieres.

−     Si, bobo, por ejemplo…  ¿tenéis sexo oral?, ¿Cómo lo hacéis?

 

Estoy alucinando con la conversación y aunque otras veces contamos chistes verdes o hablamos de sexo con naturalidad nunca habíamos profundizado tanto.

 

−    ¿Quieres que te cuente cómo lo hago con tu tía?, Andrea, creo que has bebido más de la cuenta, jajajaja… - le respondo con una risa nerviosa como si realmente se tratara de una de sus bromas.

−    No… bueno puede que sí, porque si no, no me atrevería a preguntártelo.

 

Por su cara, veo que no está de broma, precisamente. Intento responderle sin explayarme.

 

−    Pues no sé, ella me la chupa y yo a ella, ya sabes… lo habitual en estos casos, ¿No?

Mi respuesta le deja pensativa, pero espero que no haya notado mi mentira, pues el sexo oral con mi mujer no ha existido nunca, a pesar de intentarlo en varias ocasiones, nunca quiso darme por ese gusto, ni siquiera que yo le chupase a ella. Solo lo conseguí una vez que estaba medio dormida y casi me parte la cara, así que se puede decir que nada de nada.

 

−    Ya… entonces lo hacéis habitualmente…- contesta Andrea, mirando al suelo avergonzada.

−    De vez en cuando…

−    ¿Y eso cada cuánto es?

−    Pero, dime preciosa ¿qué pasa?, ¿A qué viene tanta pregunta sobre eso?

−    No nada.

−    ¿Cómo que nada, Andrea?, hace tiempo que nos conocemos… todas estas preguntas y esa cara ¿Qué ocurre?

−    Es que tengo curiosidad, nada más, pero entiendo que si no quieres contestar no lo hagas, es lógico.

−    No, pero si te he contestado.

−    Ya pero no me das detalles.

−    Pero hija, es que yo…

−    Dirás que estoy loca.

−    No, mujer, pero es que esas preguntas.

−  No pasa nada. Si te da vergüenza hablarlo conmigo, charlamos de otra cosa.

 

Mi tío está donde yo quiero y le conozco muy bien, sé que al emplear esa táctica retadora, es provocarle más.

−    Entiendo que es algo íntimo, pero es solo curiosidad, hazte a la idea de que no soy tu sobrina y se lo cuentas a un amigo. - prosigo

−    Bueno, esas cosas tampoco se cuentan a un amigo.

−    Ya, pues imagina que yo fuera tu amante… por ejemplo.

Eso le vuelve a dejar aturdido, pero es la única manera de que no me cambie de conversación y responda a mis preguntas. Yo pienso en esa idea y me vuelvo loca con imaginar que realmente pudiera ser su amante y entregarnos al sexo continuamente como dos desesperados… ¿No sería fantástico ser la amante de este madurito tan atractivo? Yo me volvería loca. Estaría todo el día follando con él.

−  De acuerdo, nena, te responderé, dispara – me dice al fin y yo no salto de alegría porque no quiero que se me note, pero me siento pletórica.

−  Pues… por ejemplo… ¿la tía prueba tu semen? ¿se lo traga? - ataco de nuevo.

Mi tío está más que descolocado, pues a pesar de que muchas veces hemos hablado de sexo abiertamente, esto es demasiado directo para él, pero yo no me rindo.

−  ¿Y? – pregunto impaciente.

−  Pues sí, se lo traga. – responde muy bajito

 

Evidentemente he vuelto a mentir a mi sobrina, pero hay algo que me ha llevado a eso… y no sé por qué. Podría haberle dicho que no lo hacemos y mucho menos que mi esposa se trague mi semen, sin embargo, no sé por qué pero me apetecía mucho ver su reacción, me parece que ese juego inocente me da pie a que ella también se sincere conmigo. Intento, por otro lado, no parecer un anticuado.

 

Ella guarda silencio durante unos segundos y yo la miro con cierto disimulo pero sin poder borrar de mi mente su imagen con aquella vestimenta del sex-shop. Mi polla, lógicamente ha vuelto a despertar de su letargo y está tomando forma. Intento serenarme, para que la cosa no sea más comprometida y vea mi empalmada, pero de nuevo la imagen de Andrea vestida de con aquel escultural y ajustado mono es algo que me ha impactado y no creo que se me borre nunca.  Ahora está ahí, frente a mí, igualmente sexy con esos pantalones blancos tan ceñidos, sus piernas cruzadas, sus sandalias de tacón y está arrebatadora. ¿Cómo será esa belleza desnuda?

 

−    Entonces, ¿Se traga siempre tu semen, tío? - interrumpe mis pensamientos, impaciente.

−    Esto… siempre no, sólo a veces, según le apetezca. –

−    Ya… entiendo.

−    Pero ¿me vas a contar por qué tanta intriga, Andrea? - le pregunto sujetando sus manos.

−    No, nada, tío… es que yo no lo sé.

−    ¿No sabes qué?

−    Pues que nunca lo he probado.

−    ¿El semen? – digo alucinado, pues eso me resulta extraño en ella.

−    Schsssss - me hace bajar la voz mirando preocupada a su alrededor.

−    ¿No has probado el semen? – vuelvo a preguntar esta vez más bajito.

−    Pues no. ¿Tan raro es? - me regaña.

−    Ya… Esto… no… ¿No te gusta tragarlo?… pero no pasa nada por eso. - añado.

−    No, no exactamente, tío, es que Jorge no quiere.

−    ¿Jorge no quiere que lo pruebes? - pregunto aún más contrariado, pues es algo inaudito en Jorge que parece siempre tan fogoso y tan puesto en todo. Siempre he imaginado que las relaciones sexuales entre ambos debían ser increíbles ¿Acaso a algún hombre normal no le gustaría ver como nuestra pareja engulle hasta la última gota de nuestra semilla?

−    No y no es solo eso, es que ni siquiera me deja que se la chupe.

−    ¿Cómo?, ¿Nunca se la has…?

 

Bajo la cabeza avergonzada, poniendo mi mejor cara de actriz intentando hacerle entender a mi tío que nunca he podido llegar a eso. Si el supiera que tanto a Jorge como a mí nos encanta el sexo oral, incluso tragarme hasta la última gota o que se corra en mi cara o en mis tetas… y que él me chupe mi coñito hasta hacerme correr como a una perra.

−    No, tío, nunca se la he chupado - digo bajando la voz - ¿vamos a una mesa?

−    Sí, claro. – me responde entendiendo que no estamos siendo muy discretos precisamente.

Nos sentamos y mi tío se siente algo cohibido, supongo que todavía no ha asimilado eso, al menos no debía esperárselo o quizás sea la propia conversación la que le tiene tan contrariado.

−    Tío, perdona si he sido tan directa, te has quedado con una cara… - le digo sonriente.

−    No, cariño, perdóname tú por mi sorpresa, bueno… sí, la verdad me has dejado descolocado, pero no pasa nada, somos familia, lo que pasa es que no estoy acostumbrado a que me hagas ese tipo de preguntas

−    Ya, supongo que esto debería hablarlo con una mujer… con mamá o con la tía, por ejemplo.

−    ¿Con tu tía? No. Ni loca.- responde categórico.

−    Sí, creo que igual no debo hablar esto contigo… quizás con mamá.

−    No, cariño, no quiero que te quedes sin preguntar, es solamente que estoy algo impactado por las preguntas.

−    No, la culpa es mía. Creo que no debí preguntar... y sé que mamá también me ayudarla con esto, pero no sé, contigo tengo siempre esa confianza… pero no pasa nada.

−    Sí, sí qué pasa y sí que puedes preguntar, ¿empezamos de nuevo?

Mi tío ha caído en la trampa y le tengo en la palma de mi mano, espero poder seguir llevando las riendas sin perder el control.

 

Es curioso que Andrea acabe teniendo más confianza conmigo que con su propia madre para estos temas y seguro que mi hermana sabe responderle a sus dudas pero creo que Andrea siente una confianza especial conmigo y yo me veo en la necesidad de ayudarla a despejar esas dudas.

 

−  A ver, cuéntame, qué te sucede en ese tema. ¿Te tiene preocupada?

−  Bueno, un poco… digamos intrigada.

−  Ya.

−  Verás, es que Jorge es muy raro para eso, bueno para muchas cosas. – añade mi sobrina bajando la cabeza.

−  Pues nunca lo hubiera imaginado.

−  ¿Ah no?

−  No, pensé que vuestra vida sexual era de otra manera.

−  ¿Qué imaginaste?

−  Nada en concreto, pero no precisamente que Jorge no desee que le hagas una chupadita, me resulta extraño, porque a casi todos los hombres nos encanta que nos chupen… ahí.

−  Ya, eso pienso yo… y leo un montón de relatos eróticos  y es lo más normal.

−  ¿Relatos?... ¿Eróticos?

−  Sí. - dice enrojeciendo. Su belleza resalta más cuando se pone como un tomate.

−  No pasa nada, Andrea, que yo también los leo, ¿eh? Y alguna peli porno también. – añado envalentonado para que se sienta más tranquila.

−  Yo las pelis alguna vez, pero lo que realmente me pone muy cachonda son los relatos eróticos.

−  Sí, hay algunos muy excitantes.

−  Sí y en todos las mujeres se la chupan a sus parejas, muchas se lo tragan…  últimamente las busco más explícitas y estoy un poco obsesionada con el tema. Casi todos los relatos muestran con mucha naturalidad el sexo oral, tanto cuando ella se lo chupa a él como al revés.

−  Pero… entonces… ¿Él tampoco te ha chupado a ti…? - digo y al mismo tiempo dirijo inconsciente mi mirada a su entrepierna pensando en lo absurdo que puede ser que su novio no esté todo el día comiéndole todo.

−  No. - responde avergonzada, jugando con sus dedos nerviosamente.

 

En ese momento mi polla da un brinco bajo mi pantalón. Creo que nunca antes me he sentido así de cachondo hablando con mi sobrina, pero es que este día está resultando muy extraño y no sé por qué, a pesar de querer evitarlo, vuelvo a tener la imagen de esa gatita mirándome de aquella forma y aquel cuerpo bestial.  El caso es que mi verga está en ristre y ha dejado de estar en plan morcillona para pasar directamente a su máximo estado de dureza, tanto que me molesta bajo el vaquero. Por un momento veo que Andrea mira hacia mi paquete, como si se percatase de lo que sucede allí abajo o quizás son figuraciones mías. Me siento cortado. Joder, ella me hablaba de un problema y yo… ¿Me estoy poniendo cachondo?

 

Por un momento yo misma me estoy creyendo mis mentiras y pongo mi cara más compungida o avergonzada que puedo y él parece estar creyéndoselo del todo aunque lo mejor es que noto que esto le pone además de nervioso, muy excitado.

−    A Jorge siempre le ha dado mucho asco. – añado con mi vista clavada en el suelo aunque a veces la subo para ver ese paquete bajo su pantalón que parece más abultado de lo normal.

−    Pero, ¿Nunca lo habéis intentado? – pregunta intrigado.

−    No, nunca, alguna vez se lo he pedido, incluso casi a traición, pero acaba enfadado conmigo y dice que le parece una cerdada, qué cómo se me ocurre semejante cosa. Ni cuando le ruego que me apetece chupársela a él y probarlo, pero se niega en rotundo.

−    Vaya, no sé qué decirte, Andrea, supongo que en el resto ¿funcionáis bien?… sois muy jóvenes y siempre pensé que… tú y Jorge…

−    Pues no. Yo también pensé al principio que todo era lo normal, pero leyendo los relatos, muchos basados en hechos reales, están muy alejados de lo que yo quisiera. La gente en los relatos hace el amor continuamente y prueba muchas cosas.

−    Bueno, son relatos…

−    Ya, tampoco es estar follando todo el día, pero leyendo tantos, alguno habrá que pueda ser de verdad.

−    Claro, hay muchos reales.

Me sigo creyendo mi propia mentira y me encanta ver las reacciones de mi tío que parece flipado con mi supuesta confesión.

−    Pero ¿quieres decir que tú y Jorge no lo hacéis a menudo? – me pregunta mirándome fijamente a los ojos.

−    Bueno, no sé qué es para ti a menudo.

Mi tío no debe ni sospechar que mi novio y yo follamos de todas las formas imaginables y hacemos de todo a diario, pero yo quería seguir pareciendo una mojigata y casi inexperta en el tema.

−    Por ejemplo ¿Tú y la tía cada cuanto lo hacéis?

 

La pregunta me descoloca nuevamente pero yo vuelvo a mentirle, haciéndole entender que mis relaciones íntimas son de las habituales, cuando realmente son demasiado ocasionales.

 

−    Pues dos veces por semana o tres… depende. – contesto.

−    Ah, vaya. ¡Qué bien!

−    ¿Y vosotros? – le pregunto realmente intrigado.

−    Pues… no tan a menudo, pero bueno, en el sexo, supongo que tenemos mucho que aprender.

−    Claro, mujer. – le digo yo animándola. – sois muy jóvenes.

−    Eso pienso yo…

 

Me sorprende realmente que mi sobrina no tenga más relaciones con su novio, pues yo daba por hecho que eran asiduos al sexo, viéndoles siempre tan acaramelados, llenándose de besos, caricias y gestos que indicaban a que su vida íntima parecía ser más que ardiente, pero veo que rotundamente no.

 

−    Lo importante es ir conociendo a la pareja y poco a poco… - insisto con mis ánimos quitando importancia al tema de la frecuencia.

−    Ya. – responde pero se ve que no lo hace convencida.

−    Por lo del semen, no te preocupes que a muchas parejas no les gusta.

−    ¿En serio? o ¿lo dices para consolarme?

−    No cariño, es así.

−    ¡Pero si hasta la tía se lo traga! – me responde protestando poniendo ese ejemplo como el más extremo, que no se debía esperar de mi esposa y lógicamente no está nada desencaminada.

−    Bueno, digo que depende de la gente. Tu tía se lo traga, pero no siempre – intento quitar hierro al asunto.

−    No sé tío. Eso de probar el semen, al menos intentarlo, me parece que es lo natural, al menos me gustaría hacerlo.

−    Ya, es raro eso que dices del semen, que ni siquiera Jorge te haya dejado probarlo una sola vez, aunque alguna vez habrás tenido oportunidad de verlo y probarlo, aunque no sea con una mamada. – soy yo ahora el que lanza preguntas directas bastante intrigado, por cierto.

Andrea pega otro trago a su jarra de cerveza, mira un par de veces al suelo, algo avergonzada, antes de contestar con más decisión.

 

−    Es que casi no he visto nunca el semen en vivo, salvo en películas o dentro del condón.

−    ¿Con condón?

−    Pero… tú y Jorge… ¿Usáis condón?

−    Sí, lo hacemos siempre con protección. ¿Vosotros no?

 

Le estoy disparando fuerte a mi tío, sabiendo que esta conversación le tiene realmente intrigado, ahora con la idea de que mi novio solo quiere con condón, aunque evidentemente es otra gran mentira pues mi chico y yo nunca utilizamos gomita y se corre dentro de mi coño, en mi boca, en mi cara, en mis tetas, dentro de mi culo… vamos que de semen voy bien servida por todas las partes de mi cuerpo.

−    Entonces, tío, ¿Te corres dentro de ella? – pregunto pasando mi lengua por mis labios.

−    Sí, claro.

−    Vaya. Eso tampoco sé lo que es… es que Jorge no quiere que yo use la píldora, ni que hagamos la marcha atrás. Siempre con preservativo. Y cuando acabamos de echar un polvo,  luego él mismo lo tira a la basura. Te juro que no sé ni cómo huele. Luego leo los relatos, con esas chicas llenas de chorros por su cara, su cuerpo, cómo se lo tragan, como disfrutan con su sabor y digo si será algo raro… el caso es que no puedo evitar excitarme cuando lo leo.

Al tiempo que digo eso, juego con un mechón de mi pelo, en una pose inocente pero marcada por un erotismo sublime que sé que a mi tío le tiene que poner y mucho. Él además sigue intentando asimilar algo que no debía sospechar y espera a que siga desvelando mis más íntimos secretos.

−    ¿Tú lees esas escenas de corridas en la cara o cuando las chicas se lo tragan? – le inquiero.

−     Sí, claro, son siempre muy excitantes y lo de tragar, pues suele gustarnos más a nosotros que a vosotras, según creo dicen las estadísticas.

−     O sea, ¿que no a todas les gusta tragarlo? – le pregunto.

−    Creo que hay de todo, no sabría decir el porcentaje, pero sé que es alto en el placer de los hombres por ver a su pareja tragárselo. Luego hay mujeres que odian que se corran en su cara, en cambio a los hombres nos suele gustar eso mucho, pero bueno, supongo que esto va con cada persona.

−    Pero a ellas también les gustará… yo al menos veo en los relatos que sí.

−    Bueno, supongo que sí, pero habrá de todo como en botica.

−    A mí me excita mucho cuando en algún relato se describe cómo sale disparado el semen del chico, con esa potencia como si fuera una fuente blanquecina que es como una botella de champagne. ¿Sale así de fuerte en realidad?

 

Mi sobrina ya no para, se limita a hacerme preguntas que quizás yo debería debía haber obviado o desviado a otra conversación, pero en el fondo estoy interesado en sus respuestas y bastante más excitado de lo que yo mismo hubiese deseado.

 

−     Sí, sale disparado, no siempre con la misma potencia, depende del día y de muchas cosas, pero normalmente sí, con bastante fuerza. - le apunto.

−     ¿A ti te sale muy disparado, tío?

−     Pues sí. Casi siempre – esta vez no miento, porque eso es totalmente cierto.

−     Vaya, que envidia… tiene que ser algo bonito de ver.

 

Joder con mi sobrinita, está hablando de mis erupciones y que le da envidia de no poder verlo… Mi empalmada es ya más que molesta. Quiero moverme con disimulo, pero no quiero que ella lo note. Ella baja la cabeza y juega con sus dedos nerviosamente.

 

−    ¿Estás bien? – le pregunto al verla pensativa.

−    Sí, tío, pero es que todo esto me tiene trastornada, es ya obsesivo el tema. Espero no incomodarte con mis intimidades.

−    No, tranquila. Para eso estoy.

−    Gracias guapísimo, me estás ayudando mucho a despejar esas dudas, pero es que, no sé, me siento extraña por no haberlo hecho nunca… ya sabes. Jorge fue casi mi primer novio y los anteriores no fueron muy lanzados en eso...

−    Bueno, no te angusties.

−    Ya, pero no lo puedo remediar. Últimamente ya no paro de leer relatos sobre el tema y me veo más rara todavía.

−    Bueno, pero no tengas prisa por eso, mujer, sois muy jóvenes, tendrás tiempo. Supongo que eso se hace poco a poco- le sigo animando, aunque no sé si lo consigo.

−    Claro. - responde ella pero con poco convencimiento.

 

Al final decidimos dar por finalizada la conversación, pues se nos han acabado las cervezas y mi tío no quiere beber más,  ya que tiene que conducir. Llegamos al coche y una vez más muevo mi culo de manera provocativa para que lo observe cuando entro. En ese instante me vuelvo y veo sus ojos clavados en mi trasero. ¡Me encanta esa forma de mirarme!

−    Tío, perdóname. – le digo.

−    ¿Por qué, princesa?

−    Por volverte loco con ese tema mío. Dirás que soy una guarra por pensar y hablarte de estas cosas.

−    ¿Cómo puedes pensar eso, bebe?

−    No sé, pero creo que igual la culpa es mía por no ser lo suficientemente activa o por no plasmar toda mi sensualidad con Jorge – digo representando mi mejor papel de compungida.

−    No pienses eso, cariño, tú eres alguien muy especial, ¿cómo va ser culpa tuya?, eres muy sensual. 

−    ¿En serio? Gracias, tíito – añado dándole un beso en el dorso de su mano que atrapo entre las mías. - Me siento muy a gusto contándotelo. – añado y es cierto el haber disfrutado con la conversación aunque casi todo fuera incierto.

El trayecto en el coche hasta mi casa se hace en silencio pero yo creo haber ganado mi primera batalla y sentirme mucho más cerca que nunca de mi tío, como si la complicidad y los secretos hubieran roto esa barrera invisible pero insalvable hasta entonces, esa que siempre nos ha mantenido guardando la distancia. ¿Realmente será así? ¿Habré abierto alguna puerta a la esperanza con mi tío?

Al fin llegamos a casa y no quiero perder la oportunidad de poder seguir avanzando.

−     ¿Te apetece una última cervecita en casa, tío? – le pregunto.

−     No, cariño, es muy tarde.

−     Vamos, tengo una de malta tostada, muy rica. La compré especialmente para ti. Además Jorge no está. Hoy está trabajando hasta tarde.

Sé cuánto le gusta la cerveza a mi tío y esa especial que he comprado sabía que no la iba a rechazar. Aunque creo que lo que le ha animado es saber que Jorge no está en casa. Creo que mis sueños me juegan malas pasadas y solo veo cosas que quiero ver.

−    No puedo beber mucho. – añade reticente.

−    ¡La compartimos, venga! – le animo.

Subimos a casa y él se sienta en el sofá. Traigo la botella de cerveza de la cocina y desde la misma botella pego un trago poniendo mis labios bordeando el orificio haciéndolo con toda la erotismo que puedo para luego ofrecérsela y que sea él quien pegue otro trago. A continuación vuelvo a arrebatarle la botella y le doy yo otro, disfrutando del sabor frio de la cerveza pero sobre todo de su saliva mezclada con la mía. Estoy más que cachonda con esta situación y mi cuerpo se despendola.

 

Lo de compartir cerveza ya lo hemos hecho en otras ocasiones, pero esta vez Andrea me parece tan sensual, tan increíblemente deseable… que estoy embobado, tanto que en un choque fortuito de nuestras manos, la botella se le cae de la suya y todo el líquido sale disparado empapándome los pantalones.

 

−    Uff, vaya. – digo levantándome pero sin poder evitar que el líquido haya impregnado toda la pernera dejándome una gran mancha en la entrepierna.

−    Oh, vaya, perdóname tío, ha sido culpa mía.

−    No, tranquila, no pasa nada, ya se secará.

−    No, no puedes quedarte así, sácatelos. – me dice.

−    ¿Cómo?

−    Sí, hombre, quítate los pantalones y los aireo con el secador de toallas.

−    Pero yo no…

−    Que no me voy a asustar por verte en calzoncillos…

 

Se la ve tan segura, que no sé qué pensar, pero no puedo negar que tampoco pasa nada por eso, al menos nada de lo que ella deba asustarse, aunque en estos momentos yo me asusto de mí mismo. El caso es que no quiero parecer un retrógrado y me despojo del pantalón, entregándoselo.

 

Nunca imaginé que el plan saliera tan bien, ni que él no hubiera notado que la botella no se me cayó de forma accidental precisamente. Se le ve ciertamente apurado por la situación y sobre todo por haberse quedado en paños menores, que aunque otras veces le he visto en bañador, esta vez percibo que hay algo de tensión acumulada. Me recreo unos segundos viendo su bulto bajo sus bóxer. ¿Cómo será la verga de mi tío? Seguramente no será tan grande como la de Jorge, pero me da igual, es la que deseo en este momento.

−    Te noto incómodo – le digo, mientras intento limpiar la mancha de los pantalones con un trapo seco antes de darle al colgarlo del secador.

−    No… bueno, ya sabes aquí en calzoncillos… jeje.

−    No me voy a asustar, tío, tranquilo. Ni aunque tuvieras una erección.

Esa frase es contundente, pues mi tío se queda algo más cohibido, creo que está enrojeciendo. Yo sigo pletórica con mi urdido plan.

−    Bueno, no creo que me pase eso, tranquila.

−    Tampoco ocurre nada si pasa, ni será la primera vez.

−    ¿Qué tenga una erección? – pregunta sorprendido.

−    Sí, hoy, digo.

−    ¿Cómo hoy? – vuelve a cuestionarme confuso.

−    Claro, como la que tuviste en el sex-shop cuando salí de la cabina con el mono negro ajustado.

−    No, no es cierto, Andrea.

−    Vamos, tío, que no pasa nada, de verdad.

−    Es que no es cierto – niega lo evidente.

−    Tío, lo he notado. Vi claramente tu erección y la del dependiente.

 

Cuando me dispongo a rebatirle que eso no es cierto y mi apuro va en aumento, mi sobrinilla parece divertirse con mi situación apurada. Se lleva mis pantalones para secarlos y me deja allí en calzoncillos y ciertamente cortado, dándole vueltas a la cabeza.

 

−    De verdad, que no pasa nada tío, es una reacción normal en un hombre, ¿no? – me dice desde la puerta de la cocina.

−    No fue el caso, Andrea, te lo aseguro. – digo aunque me da la impresión de que no soy muy convincente

−     Bueno, no pasa nada, voy a colgar los pantalones en el secador y traigo otra cerveza mientras se secan. Es una pena que se haya desperdiciado. – dice sonriente y quitando importancia a mi apuro.

 

La situación pasa por ser entre cómica y extraña, pero además altamente excitante. Estoy en calzoncillos en el apartamento de mi sobrina y ella juega conmigo, porque sabe que estoy mintiendo y me ha visto claramente empalmado, pero yo lo niego.

 

 

Regreso al salón con una nueva cerveza que compartimos igualmente, me gusta saber que pasa de mi boca a la suya y viceversa. Mientras, seguimos charlando de cosas banales, pero siempre que puedo incido en volver al tema sexual, que ha estado presente todo el día.

−    ¿Sabes una cosa, tío? – le digo sentándome a su lado y observando con cierto descaro el bulto de su calzoncillo.

−    Dime preciosa. – responde arrebatándome la botella para dar un trago.

−    Pues estoy pensando en quedarme el uniforme de catwoman para darle una sorpresa a Jorge. ¿Qué te parece?, ¿Crees que le seduciré?

−    Bien… esto… claro. – responde, aunque tose impactado con mi nueva sugerencia

−    Lo tengo decidido. Desde que aparecí hoy en el sex-shop y vi vuestras caras y vuestras… bueno eso. – añado señalando el bulto de su calzoncillo haciendo hincapié a la erección que él niega continuamente.

Mi tío me mira como queriendo justificarse pero mi sonrisa y mi mirada a su paquete, le obligan a tener que callar y acatar.

−    ¿Le gustará? – insisto.

−    ¿Cómo no le va a gustar? ¡Le vas a encantar!

−    A ver si consigo volverle loco y que me deje chupársela de una vez. –añado y me meto la botella más de la cuenta en la boca haciendo como si lamiera un glande.

Después me levanto meneando mis caderas para ver cómo se están secando los pantalones, no sin antes volver a ver los ojos de mi tío clavados en mi culo.

 

Evidentemente mi sobrina no es consciente de todo su potencial sexual, creyendo  la pobre que no es lo suficientemente sensual, cuando desprende erotismo por cada poro de su piel, por cada curva de su cuerpo, por cada movimiento que ella debe hacer inconscientemente pero que para mí y para el resto de mortales es toda una invitación a pecar aunque sea de pensamiento. Ella dice que no sabe si va a poder seducir a su chico, pero no es consciente de que con esa vestimenta levantaría hasta los muertos. Estoy alucinado con esta chica, ella está apurada con su problema y quiere depositar toda la confianza en mí, mientras que yo solo me fijo en sus gestos cargados de erotismo y la atracción hacia ese cuerpo tan endiabladamente perfecto.

 

Sus conversaciones son las de una chica inexperta que le pregunta a alguien de mucha confianza, como soy yo, casi digamos que su padre y en cambio por mi cabeza solo pasa la imagen de Andrea seduciéndome. ¿Qué me está pasando?, ¿Por qué me comporto como un obseso?

 

Estoy jugando a ganar y aunque hago alguna improvisación sobre la marcha, todo sale según lo previsto. Me meto en mi cuarto, pero en lugar de ver cómo van los pantalones de mi tío, pienso que es buena idea volver a seducir a mi tío con el ajustadísimo mono de catwoman que tantas buenas impresiones ha causado. Si no noto un brillo en sus ojos, un deseo claro en sus gestos o acciones, es porque estoy loca de remate pensando que ve en mí algo que yo deseo y no deja de ser mi propia imaginación. Tengo que comprobar eso por mí misma y además me apetece mucho hacerlo… Creo que las cervezas que hemos tomado me han dado un pequeño impulso para seguir con esto. Espero que mi tío también se lance algo más de lo que ha hecho hasta ahora.

Me despojo de la ropa y me miro unos instantes en el espejo. Aprovecho para ver mi cuerpo desnudo y descubrir por la dureza de mis pezones y la humedad de mi rajita, lo tremendamente cachonda que estoy. ¡Cómo me gustaría sentir el cuerpo de mi tío desnudo detrás de mí! Me encantaría oírle decir lo mucho que me desea o las ganas que tiene de enterrarme su verga en mi húmeda conchita. Suspiro con esa idea.

Decido ponerme al fin ese uniforme sexy, sin ropa interior y al notar la fina tela rozando directamente mi piel, descubro como se adapta a mi cuerpo como un guante. Me miro de nuevo y veo el reflejo de una mujer que tiene que levantar pasiones. Me calzo las botas de altísimo tacón, me pongo la diadema de orejitas sobre mi pelo y camino decidida hasta el salón con un movimiento exagerado de caderas marcando el sonido de los tacones sobre la madera.

Nada más aparecer la cara de mi tío es el reflejo de puro deseo, no hace falta que diga nada, pero parece que se ha quedado con la boca abierta. Estaba en ligeras dudas, pero ahora al verle no hay ninguna, le pongo a cien con este atuendo.

−    ¿Entonces, crees que Jorge se excitará al verme, tío? – pregunto juntando mis piernas en un leve movimiento aparentemente inocente y acercándome mucho a él, tanto que sentado sobre el sofá, sus rodillas tocan las mías.

Me imagino que desde ahí abajo, mi tío tiene una buena visión de mi cuerpo con ese disfraz que es una fina tela dibujando mi silueta. Mi coño se remarca en la tela y mis pezones también. Se humedece los labios antes de soltar sus primeras palabras.

−    Pero Andrea. – dice con cierto tartamudeo.

−    Vaya, veo que sí que es excitante – añado señalando sonriente el bulto que ha crecido ostensiblemente bajo sus bóxer.

−    Esto… yo…

−    ¿No decías que no se te pone dura conmigo? – añado señalando su bulto más que evidente bajo sus calzoncillos.

−    ¿Cómo?

−    Sí, tío, ya no puedes disimular más. – digo volviendo a señalar a la tienda de campaña que forman sus calzoncillos.

−    Creo que ha sido un acto reflejo.

−    Tío, no tienes que disculparte, a mí me encanta la idea de causar esa sensación. – añado y luego lamo el dorso de mi mano como si fuera una gatita buena acicalándome.

 

La aparición de Andrea con ese uniforma ha sido un impacto tremendo que me ha cogido por sorpresa e inevitablemente ha logrado despertar de su letargo a mi polla que se ha puesto dura al instante, bajo mi calzoncillo. Su papel de gatita mala hace que exista aún más morbo alrededor. Ella lo hace como un juego, pero para mí representa el pecado andante.

 

No sé cómo actuar en ese momento, supongo que lo más normal es cortar por lo sano y decirle a mi sobrina que está equivocada, que esto no es una erección, pero ¿realmente puedo rebatir esto? Mi polla está para reventar y no puedo disimularlo.

 

-          Lo siento, Andrea – digo completamente aturdido por la belleza y las sorpresa de mi sobrina vestida con aquel ajustado mono.

-          Jajajaja, no seas bobo, tío… es normal que te pase eso.

-          Bueno, normal no sé.

-          ¿No es normal que se te ponga dura viendo a una chica sexy?  - me pregunta insinuante.

-          No, claro, sí, o sea… eres mi sobrina Andrea.

-          ¡Con más motivo! Si he logrado que se te ponga dura a ti, creo que también lo conseguiré con Jorge.

-          Seguro. – respondo intentando tapar con mis manos el bulto que sigue evidenciándome.

-          A ver si con este modelito consigo que me deje chupársela – añade mordiéndose una uña de forma que me parece lasciva. – ¡tengo tantas ganas…!

-          Espero que lo consigas, cariño. 

-          ¿Se me nota el tanga? – pregunta poniéndose de espaldas y acariciándose el culo con ambas manos.

-          No, no se nota, absolutamente nada. – respondo admirando la redondez absoluta y perfecta de sus posaderas.

-          Claro, ¿cómo se va a notar si no llevo nada debajo?, jajaja…. – añade traviesa y se vuelve viendo mi cara de alucine.

 

En el fondo me siento apurado, pero sigo viendo en ese cuerpo la lujuria por todas partes, su cuerpo tan bien moldeado adaptado por esa tela que es una segunda piel, noto su rajita remarcada con la presión de la tela y además ahora con más intensidad sabiendo que está desnuda bajo esa fina tela.

 

 

Me encanta ver esa cara de apuro de mi tío, su erección que es más que clara y su excitación va en claro aumento, no sé si a mí se me nota tanto, pero mis pezones parecen querer romper la tela. En ese momento, sin que él pueda reaccionar, me decido por sentarme sobre su regazo en el sofá.

Inmediatamente mi culo se posa sobre ese bulto enorme para a continuación darle un beso aparentemente fraternal en la frente.

−    Gracias tíito. – le digo abrazada a su cuello y pegando mis tetas para que el canalillo se queda a pocos centímetros de su boca.

−    ¿Por qué? – pregunta aún más apurado sintiendo como su dureza roza mis glúteos.

−    Por ayudarme siempre… eres un cielo.

En ese momento muevo mi culo rozando el paquete que ya se ve enorme y que me encanta sentir ahí y luego le planto un piquito en los labios. ¡Qué cachonda estoy!

De pronto mi tío me empuja, sabiendo que estoy sobrepasándome y logra que me tambalee, pero consigo ponerme de pie, él sigue tapando su bulto y sale corriendo del salón hacia mi cuarto para ponerse los pantalones.

−    ¿Te has enfadado tío? – le pregunto preocupada acercándome tras él.

−    Andrea, no me gusta nada esto – me dice poniéndose los pantalones apresuradamente pero sin dejar de observar mi cuerpo de arriba abajo con esa fina tela que lo cubre.

Estoy excitadísima y dispuesta a lo que me pida en este momento. ¿Cómo es posible que ahora él esté asustado? ¿Cómo no se lanza sobre mí y me quita este mono ajustado?

-          ¿Qué es lo que no te gusta?, ¿mi uniforme, tío o el estar tú en calzoncillos… empalmado?

-          ¡Andrea, basta! Soy tu tío…

Su voz suena enérgica, como cuando hago algo malo y yo me siento un poco ridícula con todo el lío. Cuando me quiero dar cuenta mi tío ha salido prácticamente corriendo de casa. ¿Me habré pasado?

Juliaki

 

CONTINUARÁ…


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