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Fecha: 04-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Parodias

Lara Croft Aventura en la Jungla 3

kaiser
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Lara va conociendo las costumbres de la aldea, mientras alguien la busca en medio de la jungla. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Han pasado unos días desde que Lara llego a la aldea. Poco a poco comienza a habituarse a la rutina diaria y también vuelve a entrenarse a fin de ponerse a punto en el aspecto físico. Esto le ha servido para conocer algo más de las costumbres de esta gente que en pleno siglo 21, en un mundo digital, vive al igual que lo hacían sus ancestros hace cientos o miles de años atrás.

Esta rutina le permite comenzar a entender el complejo lenguaje de la tribu. Aun no es capaz de comprenderlo todo, pero se las arregla para captar conversaciones relacionadas con los avistamientos de los soldados de Víctor que día a día parecen acercarse más a la aldea. Lara está ansiosa, quiere salir y seguir su búsqueda, quiere alejarlos de este lugar y no poner más en peligro a esta gente, pero los ancianos fueron claros y Micaela junto a su padre el chaman, le advirtieron de no insistir en la materia, al menos por ahora.

Pese a que lleva varios días viviendo con ellos la presencia de Lara aun causa sorpresa entre los aldeanos. Se ve tan diferente que siempre la miran con interés. Su piel blanca y ojos pardos contrastan con la piel oscura y ojos negros de los aldeanos. Ellos son relativamente bajos de estatura, mientras que Lara es alta en comparación. Las mujeres visten simples ropas hechas a base de hojas y fibras naturales dejando sus senos al descubierto. A Lara le ofrecieron un "traje" similar, pero prefiere vestir su peto y shorts aunque ande descalza. La idea de lucir su esplendida figura y en especial su delantera ante todo el mundo no le parece muy adecuado. Siquiera así atrae miradas ni hablar del furor que causaría haciendo toples. Así y todo Lara se dedica a ayudar y a entrenar cuando tiene tiempo, solo espera que todo pase luego para seguir en su búsqueda.

Al borde del precipicio Jacqueline observa hacia el fondo del mismo. Algunos hombres de Víctor están cerca y murmuran que pierde el tiempo, "es imposible, nadie sobrevive a esa caída" comentan, sin embargo ella no está convencida. Baja al fondo del risco y se percata que el rio, además de caudaloso, es sumamente profundo en ese punto. Camina por el borde del mismo y nota unas extrañas marcas a unos cientos de metros de donde Lara salto. Hay marcas profundas en el lodo y luego, tierra adentro, además de manchas de sangre hay un trozo de tela que luce como una venda, "así que está viva, vaya cosa con esta mujer". Jacqueline regresa hacia donde están los hombres de Víctor. "Seguiré sola de ahora en adelante, manténganse fuera de la jungla y los llamare cuando tenga noticias", todos asienten con la cabeza y con alivio. Había muchos muertos ya y pasar la noche en la jungla no es ninguna gracia. Jacqueline recoge sus cosas y desaparece en medio de la espesa vegetación.

"¿Quiénes son ellos?" pregunta Lara al notar un grupo de jóvenes con sus cuerpos pintados de forma similar, pero distinta al resto de los hombres de la aldea."Son aprendices, se entrenan para ser cazadores y guerreros, su entrenamiento comienza cuando alcanzan cierta edad, pero no salen de la aldea hasta que se convierten en hombres", "¿Cómo es eso?" y Micaela sonríe, "es un ritual en el cual él es guiado por su madre o ella por su padre", Lara la mira sorprendida, "¿sexo?", "así es, la primera vez es con un familiar, luego ya pueden hacerlo con alguien más y tener familia, aunque en el caso de los hombres tras pasar por este ritual y completar su entrenamiento deben probarse como cazadores y guerreros, solo entonces pueden tener hijos". Lara luce asombrada ante semejante ritual, "son costumbres que vienen de tiempos inmemoriales, no las vamos a cambiar ahora" agrega Micaela mientras le ayuda a Lara a entrenar.

Jacqueline se abre paso en la jungla, al igual que Lara es una exploradora experimentada y muy capaz, pero mientras que Lara lo hace por la aventura y la sed de conocimientos, Jacqueline tiene un punto de vista más económico. "Soy una exploradora capitalista" dijo en una ocasión. Avanza unos cuantos kilómetros hasta llegar a unas ruinas donde hay más marcas del paso de Lara. Jacqueline las lee como si se tratara de un libro y descifra lo que ocurrió. "La emboscaron" resume al recoger un dardo. Lo olfatea y se percata que es un tranquilizante, no un veneno. Descubre donde cayó y que varios hombres se la llevaron. Se percata que son aborígenes, por las marcas de sus pies en la tierra, pero seguirles el rastro es muy difícil. Ellos conocen la jungla, nacieron ahí, y saben cómo moverse rápido y casi sin dejar rastro alguno lo que le hace tremendamente difícil poder descubrir por donde se fueron.

Mientras revisa unas huellas escucha un ruido y de inmediato se cubre con sus armas listas, pero pronto se percata que estos no son nativos de la jungla. Estos "aborígenes" hacen demasiado ruido y ve que en realidad son tres soldados de Víctor que se perdieron. "¡Podrían guardar silencio grupo de idiotas, todos los aborígenes en esta jungla ya deben saber que están aquí!" les dice indignada. De inmediato guardan silencio y Jacqueline los lleva a un costado, en medio de arboles y los interroga acerca de lo que han descubierto. "Hay una especie de aldea cerca de la gran catarata", "solo observamos desde lejos, no nos atrevimos a acercarnos", "la entrada debe estar tras la caída de agua, ¿hay alguna otra?" dice Jacqueline, "podría ser" dice el tercero, "hay algunas cavernas a unos dos kilómetros al este, pero perdimos seis hombres que trataron de abrirse paso, estoy convencido que es otra entrada a la aldea". Jacqueline lo piensa, de ir sola se dirige a un verdadero fuerte que tienen ahí, moverse en la jungla con estos tres tipos puede ser muy difícil, pero también resultan una excelente carnada, "mejor ellos que yo" piensa. "Muy bien, llévenme a ese lugar" y los cuatro se ponen en marcha.

Lara se entrena en uno de los amplios espacios en la aldea. Con ayuda de Micaela se fabrico una especie de bolsa de boxeo la cual golpea con fuerza y realiza varios ejercicios buscando ponerse en forma. Las hierbas que le dieron junto a los masajes en su cuerpo le ayudaron una enormidad. Se siente mejor que nunca y busca ponerse a punto antes de volver a salir. Los aldeanos la observan y se impresionan, es una mujer fuerte y muy ágil. Las mujeres comentan sobre Lara, "golpea como un hombre" le traduce Micaela. En ese momento llega un grupo de jóvenes a verla practicar acompañados de un guerrero de la aldea. Por sus tatuajes y las marcas de su cuerpo se nota que es alguien importante y con experiencia. De improviso se le acerca.

"Quiere combatir" dice Micaela, "quiere un combate contigo, dice que eres fuerte y quiere probar que tanto". Lara luce sorprendida, pero nota que todos están pendientes, piensa en rechazarlo, pero al final acepta, más que nada por orgullo, en especial cuando se entera del premio que quiere. "Si tu ganas él te dará una cuchilla ceremonial que es muy rara y valiosa, si él gana, pues, te quiere a ti esta noche". Lara lo mira a los ojos, la idea de ser trofeo no le molesta en absoluto, así que acepta. De inmediato se abre un espacio y todos llegan a mirar.

Ambos se ponen frente a frente y se saludan. Lara toma la iniciativa y le lanza una serie de golpes que él bloquea o evade demostrando gran agilidad pese a notársele los años encima. Luego contraataca, pero Lara se demuestra ágil y le conecta un par de fuertes golpes, pero no consigue tumbarlo. Todos están expectantes mientras se les ve combatir. Si bien es una pelea "amigable" se dan bastante duro. Lara recibe algunos fuertes golpes, pero se mantiene en pie pese a sangrar de la nariz.

La pelea se extiende bastante, hay un fuerte intercambio de golpes entre ambos. Lara asombra a todos por su agilidad y resistencia. Demuestra que puede pelear de igual a igual con un hombre y él ciertamente es el mejor guerrero de la aldea. Finalmente, con ambos ya bastante cansados, acuerdan un empate. Respiran agitados y Lara se limpia la nariz que le sangra profusamente. Pese a todo se siente bien y ambos se dan la mano. "Dice que eres escurridiza como un pez, pero fuerte y ágil como una pantera". Otros aldeanos se muestran interesados en pelear con Lara, pero el guerrero los hecha a correr, "dice que no sería una pelea justa, estas cansada, además quiere la revancha después", "pues se la daré" responde .

La noche comienza a caer además de una espesa lluvia que se va transformando en tormenta. Jacqueline lidera a su grupo hasta una choza escondida al pie de unos árboles en medio de la jungla. "La entrada a la aldea debería estar a unos 3 o 4 kilómetros al norte" dice uno de los soldados que muestra un mapa rudimentario que han hecho, marcando en el, algunos puntos geográficos como referencia. Jacqueline se percata que entrar a ese lugar es casi imposible, "sería una masacre" piensa, "pero tal vez haya una manera de hacerlos salir". Sin decirles nada ella guarda el mapa y ellos comienzan a hacer una fogata. Afuera Jacqueline instala unos sensores de movimiento escondidos en los arboles, "no quiero sorpresas esta noche" y luego regresa a la choza. La luz de la fogata ilumina todo y comienza a notar extrañas marcas en el suelo, además de ropas rasgadas y unas ataduras, "¿qué rayos paso aquí?" se pregunta.

Mientras los demás comen algo Jacqueline encuentra unos restos carbonizados a los pies de un poste donde alguien estuvo claramente atado. Examina lo que hay y encuentra unas hierbas secas que jamás había visto. Uno de los sujetos se le acerca con un cigarro, "¿la mataron?" pregunta, "no lo creo", "que asco, esa perra mato a 8 de nuestros mejores hombres". En ese instante y con desdén arroja su cigarro encendido y este prende de forma espontanea los restos de hierbas que quedan las que se inflaman como si fuesen pólvora. Jacqueline recibe el humo directamente en su cara inhalándolo de forma sustancial. Ellos reaccionan asustados mientras que Jacqueline comienza a toser fuertemente como si le faltara el aire. Sin saber que hacer se quedan ahí mirando mientras ella tose y suda profusamente.

La lluvia cubre el cielo nocturno cuando Lara, tras una visita a las aguas termales, regresa a su choza. Fue un día más agitado de lo que esperaba. Come algunas frutas y a la luz de una fogata lee un libro, una de las pocas pertenencias que le devolvieron. En ese instante observa la silueta de alguien en la entrada y Lara se percata que es el guerrero con el cual combatió esa tarde. De inmediato se pone de pie y lo mira a los ojos. Es un hombre mayor, unos sesenta años a lo menos lo cual es bastante para esta gente, pero se mantiene en buena forma como lo pudo comprobar. Su cuerpo tiene algunas cicatrices que antes no había notado, sin duda alguna él ha visto combate o al menos ha tenido que enfrentarse a los animales salvajes que pululan en la jungla.

Respetuosamente le hace una reverencia y Lara responde de igual modo. No le dice una palabra y se le acerca a entregarle algo. Lara lo toma en sus manos y es una daga. La funda está hecha de piel de pantera, su empuñadura de hueso con intrincados labrados y la hoja es de piedra, pero tan filosa como un bisturí. Lara la inspecciona y luego le da las gracias. Él sonríe y se da media vuelta, pero Lara no piensa dejarlo con las manos vacías. "Espera, creo que también te debo dar algo". Él se queda ahí y Lara se quita su top y luego se baja sus shorts mostrándose desnuda y luciendo su atlética figura.

En la choza Jacqueline esta acostada en el suelo. Jadea visiblemente y siente un ardor enorme entre sus piernas. Sus pezones se han vuelto tan sensibles que ella se levanta la polera y se los empieza a frotar al tiempo que mete furiosamente una mano bajo sus pantalones. Gime y se retuerce mientras se hace una tremenda paja frente a los tres sujetos que la miran sin comprender nada de lo que sucede ni como paso de ser una mujer tan fría y letal a comportarse como toda una zorra exhibicionista.

Los tres ya no dan más con la erección, sus vergas parece que van romper los pantalones y uno de ellos discretamente se le acerca y saca su miembro erecto y duro. Jacqueline al verlo se le va encima y sin dudarlo un instante se la empieza a chupar casi dejándolo seco en una mamada. "Bueno, si la dama así lo quiere" dice y los otros se le acercan mostrándole sus vergas y Jacqueline de inmediato se las comienza a chupar mostrándose totalmente insaciable. Con bastante rudeza la van desvistiendo, a tirones le bajan los pantalones y la ponen de espaldas en el suelo. Uno le hunde la verga en la boca mientras otro se le monta encima y se hace una paja con sus pechos y el tercero le separa sus piernas y se la folla con todo. Jacqueline se entrega totalmente y se deja hacer y deshacer víctima del potente efecto narcótico de las hierbas.

En su choza Lara exhibe su majestuoso cuerpo. Desliza sus manos por sus caderas hasta llegar a sus grandes pechos. El guerrero la observa con detalle, desde la punta de sus pies, subiendo por sus piernas y gruesos muslos deteniéndose un momento en su coño cubierto por una pequeña mata de vello púbico. Sigue subiendo la mirada por su bien trabajado abdomen hasta llegar a sus pechos tan grandes, firmes y redondos. Su carnosa boca lujuriosa y su mirada capaz de derretir a cualquiera. Sin gran preámbulo el se quita su "vestimenta" y exhibe su miembro que comienza a ponerse duro y tieso inmediatamente. Lara no se ve decepcionada, la verga que aprecia mantiene la tradición entre los hombres de esta tribu, todos impecablemente dotados.

Se para frente a él y se hace notar la diferencia de estatura, este apenas le llega a los hombros. La abraza y desliza sus ásperas y rugosas manos sobre el cuerpo de Lara sintiendo su piel suave y tersa. Su gran verga se pega al vientre de ella que se mueve frotándola mientras con las manos la recorre por completo. Le besa los pechos atrapando sus pezones entre sus labios ásperos y partidos debido a la vida dura y difícil en la jungla, pero eso solo excita más a Lara que gime y se deja llevar. Se da media vuelta y hace que la gran verga pase entre sus piernas asomándose bajo su coño. Ella la aprieta ligeramente con sus muslos y se mueve para frotarla como si le estuviera haciendo una paja. Él le soba sus senos y le pellizca los pezones provocándole profundos gemidos al tiempo que siente las nalgas de Lara frotándose contra su cuerpo.

En medio de la jungla a Jacqueline la tienen en cuatro sobre el suelo. Los tipos se turnan para darle ya sea en su mojado coño o en su estrecho culo, a ella no le importa, solo quiere que se la follen, "¡vamos, vamos, más, más!" les grita y sus gritos solo se ven ahogados cuando recibe una verga en su boca. La hacen revolcarse desnuda en el suelo, se la meten con tanta fuerza como pueden, pero les resulta difícil seguirle el ritmo. Jacqueline está totalmente insaciable y devora con ansias el semen que inunda su boca cuando uno de ellos se corre. Sin estar satisfecha recibiendo una sola verga, arroja al suelo uno de ellos y se le monta encima mientras separa sus nalgas y le ofrece su trasero a otro, "¡ven vamos, aquí!" le ruega. Un espasmo la recorre cuando recibe a ambos a la vez, "¡denme duro, lo quiero todo!" les grita y la montan lo más salvaje que pueden como si la fueran a partir en dos, pero a Jacqueline le encanta.

Sus salvajes quejidos llenan la choza mientras las dos vergas la recorren a la vez. Le chupan ansiosamente sus senos y ella se carga entre ambos para meterse sus vergas bien adentro. La toman de sus caderas y la penetran tan fuerte como pueden. "¡Lo quiero todo, todo!" les dice una y otra vez hasta que los siente correrse dentro. Jacqueline toma sus vergas y les hace una paja hasta que se corren su boca, pero incluso así, sigue mostrándose insaciable. Apenas uno recupera el aliento ella vuelve a la carga y se le monta encima cabalgándole con todo, pero pareciera que uno nos suficiente y pronto vuelve a sentir como le dan por el culo y en su boca recibe otra verga más.

En la aldea Lara se pone encima del guerrero haciendo un 69. Le restriega su coño en la cara y siente la lengua del hombre lamiendo su sexo que ya está muy mojado. Siente sus gruesos y ásperos labios envolviendo su vagina y como él se lo devora con ansias. Los gemidos de Lara se ven interrumpidos por el miembro que disfruta con ansias. Los hombres de esta tribu están especialmente dotados y eso le encanta, ha estado con varios hombres antes, pero de los negros, ninguno ha mostrado unas vergas así de esplendidas. Desliza su lengua de arriba abajo saboreando el miembro y lo envuelve con su boca. Se traga tanto como puede, pero es larga y gruesa haciéndole difícil acogerla toda. "¡Ahh, si, mi clítoris está que arde!" dice antes de volver a mamar el enorme miembro.

Lara cambia de pose y se monta encima, sujeta la verga con una mano y dirige a su sexo. Lo frota con los labios mojados de su vagina y se va dejando caer lentamente enterrándola en su coño hasta metérsela toda. "¡Es enorme, mmm, me roza entera por dentro!" dice mientras él le toma sus grandes pechos y se los masajea mientras Lara le comienza a cabalgar encima. Sus gemidos se escuchan en la choza y solo el sonido de la tormenta que se ha desatado impide que se escuchen más lejos. La siente adentro, bien adentro rozando su vagina y él la sujeta de las caderas y la empala con más fuerza aún. Lara mueve ágilmente sus caderas y siente el miembro palpitar en su coño. Ella lo disfruta y se lo hace saber mostrándose que en el sexo es igual de ruda que en el combate cuerpo a cuerpo.

En la jungla Jacqueline sigue fuera de sí. Los ha hecho correrse varias veces y ella misma ha alcanzado varios intensos orgasmos, pero aun así no puede satisfacerse. Se traga todo el semen y siente como le llenan el culo y su coño. Jacqueline los folla hasta dejarlos rendidos e inconscientes, pero no es suficiente, por alguna razón simplemente no es capaz de calmar su tremenda calentura. Ansiosa recoge una botella de licor que uno tenía entre sus ropas y la usa para masturbarse metiéndosela en su coño mientras con sus dedos estimula su trasero. Sus gritos y gemidos son estremecedores, una calentura que la tiene fuera de sí, algo absolutamente incontrolable. Se frota su clítoris mientras la botella se desliza y sigue pajeandose buscando algo más con satisfacer su voraz apetito sexual. El mango de una linterna es del tamaño adecuado y se lo hunde en su culo que ya esta tan dilatado al ser penetrado con fuerza, que le entra toda de una vez mientras se revuelca de placer en el suelo de la choza.

"¡Ah, ah, ah!" gime Lara mientras e pone en cuatro. Él la toma de las caderas y la penetra una y otra vez. La bombea con todo y ella siente el miembro en su vientre, es una sensación indescriptible. Si antes era porque la habían drogado, ahora con todos sus sentidos despiertos se siente mucho mejor. Sus pechos se balancean al rito de las acometidas que recibe, su gran tamaño y forma perfecta, es algo que no se ve en otras mujeres de aldea.

"¡Aquí, por aquí!" dice Lara que se le monta de nuevo, pero dándole la espaldas. Ella se apoya en el suelo y él guía su verga bien lubricada entre las nalgas de la cazadora de tumbas. Lara cierra sus ojos y aprieta los puños al sentir el miembro enterrándose en su trasero. Poco a poco la va recibiendo hasta que ya teniendo su roja cabeza enterrada en su ano, él la toma de las caderas y la jala con fuerza metiéndosela toda de una vez, "¡mmm bastardo me vas a romper el culo!". Sin embargo el dolor inicial pronto se convierte en desbordado placer. Lara se mueve con fuerza y le cabalga bien duro. Ella separa ampliamente sus piernas y él estira sus manos y le frota su clítoris en medio de los gemidos y jadeos de Lara que sube y baja bien empalada en aquella gran verga.

"¡Lléname entera, lléname el culo!" le pide al sentir que se va a correr y así ocurre. Un torrente de semen le llena el trasero. Lara siente un orgasmo que la recorre entera. Se levanta y el miembro va saliendo de su trasero el cual chorrea semen, "¡eso lo llamo correrse, pero quiero más!".

Jacqueline sigue masturbándose, pero el efecto de las hierbas comienza a pasar. Cuantos orgasmos tuvo, no lo sabe, pero sus sentidos comienzan a volver y tras correrse por enésima vez queda totalmente exhausta en el suelo. La botella y la linterna las arroja lejos. Aun se retuerce en el frio suelo de tierra de la choza. "¿Pero qué rayos, que, demonios fue eso?" dice mientras trata de recuperar su compostura. Siente el sabor a semen en su boca y el mismo aroma en su cuerpo. Esta tan cansada que apenas puede moverse y al final, se queda dormida ahí mismo.

Hincada frente a él Lara envuelve el miembro entre sus pechos. Lo frota y lo estruja con sus notable senos. Usa su saliva como lubricante y aprieta su roja cabeza. Quiere hacerlo acabar entre sus pechos y redobla sus esfuerzos en ello hasta que sucede. Su semen cubre y se escurre sobre sus senos, Lara toma la verga y la apunta a su rostro y abre su boca recibiendo una fuerza descarga. "Umm, delicioso" dice ella que se dedica a chuparla y lamerla toda restregándola en su cara. "Nada mejor que el buen sexo después de una pelea cierto" comenta ella y el, sin duda la entiende, por la expresión de su rostro. El guerrero recoge sus pertenencias y se retira, "ahora estamos a mano" le dice Lara antes que salga de su choza y el responde asintiendo con la cabeza.

En la mañana Jacqueline despierta tarde. Su cabeza le da vueltas y le duele peor que una resaca. Por un momento se pregunta si lo de anoche fue un sueño o no, pero pronto se da cuenta que todo fue real. Esta casi desnuda mostrado toda su esplendida figura y su cuerpo esta impregnado a semen. Lo peor son las lascivas miradas que le dan, "vaya, despertó la fogosa dama" dice uno y los demás se ríen, menos Jacqueline que siente una profunda humillación. "Malditas hierbas" murmura, "si, seguro fueron las hierbas" dice uno en burla. Jacqueline tiene sus armas a la mano y por un momento planea matarlos a los tres, pero por desgracia, aun le pueden servir.

Es casi medio día cuando se ponen en marcha una vez. Ella quiere ver la catarata donde se supone esta entrada a la aldea y tal como le dijeron es imposible entrar. Es un lugar perfecto para una emboscada. Así que decide ir a explorar las cuevas al este de la caída de agua. La jungla es aun más espesa en esta zona, los arboles apenas dejan pasar la luz del sol, sin embargo Jacqueline avista la entrada y le da un vistazo con sus binoculares. "No se ve nada, adelántense ustedes mientras reviso la otra cueva que se ve ahí". Ellos le hacen caso, pero Jacqueline solo se esconde tras unos arbustos y los observa. Van acercándose cuando de pronto los tres caen muertos. Era una trampa. Desde su escondite Jacqueline observa a cuatro guerreros y una mujer que salen de sus escondites. "Ahora es mi turno" dice ella y arroja una pequeña granada que al tocar el suelo dispersa una nube de gas que los deja a todos inconscientes. "Perfecto, ahora a hacer salir la presa".

Tras la fogosa noche Lara retoma sus actividades en la aldea. Se siente mejor que nunca y lista para la acción. Ya esta atardeciendo cuando se percata de una conmoción entre los aldeanos y Lara teme lo peor, "algo sucedió". De inmediato se acerca a ver qué sucede y ante ella tres cadáveres de guerreros, incluido aquel con quien paso la noche. Lara inspecciona los cadáveres y todos tienen un tiro en la cabeza y uno de ellos una nota amarrada al cuello, "te estoy esperando Lara Croft", ella reconoce de quien se trata en el acto. Los ancianos y el chaman la miran, "tiene a mi hija" le dice este ultimo y Lara siente un tremendo remordimiento de conciencia. "Debo salir ahora ya, denme mis armas y mi equipo". Tras discutirlo un momento aceptan y Lara se equipa, "ahora voy a lidiar con esa perra de una vez".


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