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Fecha: 09-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

UN AÑO SABATICO CON SOBRESALTOS Capitulo 5

Juanspanker88
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... Alison siguen sus desventuras, a la que se ve añadida una compañera mueva,Laura RELATO DE SPANKING Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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                                                                                                                      UN AÑO SABATICO CON SOBRESALTOS Capitulo 5 

 

     La noche transcurría como si el tiempo estuviera detenido, y eso que aún  había amanecido, Alison se hallaba en la cama, había pasado la noche dándole vueltas a la cabeza sobre lo acontecido esas ultimas horas, había intentado dormir pero no había manera de conciliar el sueño para ella, tenía la mente alterada para sí misma, no encontraba explicación  para  sus sentimientos, no estaba resultando como lo había imaginado, ni tan agradable como ella había imaginado en sus sueños más húmedos, la de veces que se había tenido que acariciar íntimamente para darse placer, al leer historias o relatos basados sobre chicas que eran tratadas como bebes, así lo se veía ella  en su fantasía mas intima.  Sentía una vergüenza que no podía describir, había perdido la cuenta de las veces que había deseado encontrarse en esa misma situación en la que se encontraba, sin embargo, no estaba resultando tan agradable.  Siempre se había imaginado vivir una situación similar,  pero jamás había pensado que podría ser tal y como resultaba ser llevada a la realidad en la vida misma.

     Desde que había ido a pasar una temporada a ese pueblo, nada estaba resultándole como ella hubiera deseado. Por no decir las veces o las veces que se había quedado sola en casa y había ido al armario del baño, donde se guardaban las toallas cogiendo una, doblándola sobre sí misma en varios dobleces hasta simular un pañal, y bajarse las braguitas colocando la toalla sobre su sexo, para luego subirse las bragas para simular llevar un pañal, se iba al espejo, y se miraba así misma palpando el bulto que la hacía en su trasero, simulaba el efecto de un pañal. Solía caminar por la casa con aquel simulado pañal, incluso a veces se había hecho pipi encima, para sentir como el líquido iba humedeciendo la entrepierna, era algo que en alguna ocasión casi había sido sorprendida por la abuela, pero era su pequeña, y no se lo tenía en cuenta, para ella solamente eran juegos de una niña. Quien se lo iba a decir? Durante años en su adolescencia prematura había tenido aquellos pensamientos que la hacían humedecerse, quien se lo iba a decir… aquello que durante los últimos años había pasado prácticamente al olvido, exceptuando algunos escarceos puntuales cuando se hallaba algo alicaída y pensando como hubiera sido. Siempre desde que tenía memoria, sus fantasías habían trastornado su mente. Se acusaba así misma de la locura de pensar en aquellas cosas, qué pensarían sus amigas si llegaran a descubrir aquel secreto… a veces se había imaginado sobre las rodillas de una persona, recibiendo una azotaina en el trasero con la falda levantada y las bragas bajadas a las rodillas. Alguna de sus amigas eran castigadas así por su mamá o su papá, alguna de ellas lo había comentado con frases como… “La que me va a dar mi madre cuando vea mis notas”… o “uuufff… la que me espera cuando llegue a casa por llegar tarde”… Alison, en cambio no podía decir lo mismo. Su abuela imposibilitada, nunca le había dado unos azotes, solamente alguna que otra palmada cariñosa. De sus padres tampoco tenía recuerdos si alguna vez le hubieran dado unos azotes, por ese motivo, quizás. Cuando sus amigas hacían esos comentarios, ella alguna vez las había acompañado a sus casas con la esperanza de poder ver como castigaban a sus amigas, pero nunca ocurría estando ella presente. En cambio al día siguiente les preguntaba cómo les había ido, si las habían castigado, a veces estas le comentaban lo mucho que les habían calentado el culo, una vez que ella se había salido de la casa, las miraba embelesada cuando estas se acariciaban el trasero, pero a pesar de ser chicas, nunca había logrado que les enseñase el trasero. Sus amigas hablaban de lo mal que lo pasaban cuando eran castigadas, y ella en cambio hubiera dado cualquier cosa por recibir una azotaina.

    A veces estando haciendo los deberes en casa de estas amigas, se ponía pesada molestando a la amiga acabando peleando, formando escandalo teniendo que ir la madre a llamarles la atención por el ruido que estaban haciendo, solía portarse mal expresamente para ver si la mama de su amiga, le daba una azotaina a su hija o con suerte ser castigada ella por la  mamá de la amiga. Pero en esos casos jamás ocurría nada, excepto que durante días su amiga dejaba de hablarle, porque una vez que Alison saliera por la puerta, luego su mama la había dado una azotaina.

    Mira por donde, sin buscarlo consiguió ser castigada por primera vez, ocurrió cuando ya no tenía esos pensamientos desde hacía unos años, era ya toda una mujer de veinticinco años, universitaria y con estudios. Quien le habría dicho que sería castigada tal y como había deseado en otra época. Y mucho menos hubiera podido imaginar realizar su fantasía más íntima, usar pañales. Por si eso fuera poco, además había vivido recientemente la experiencia más vergonzosa de su vida. En pocos días, había pasado de recibir dolorosas azotainas, a pasar la mayor vergüenza de su vida, al hacerla caminar por la calle enseñando sus bragas,  así mismo su rojo trasero expuesto ante los vecinos en un pueblo desconocido y ajeno a ella.

     Para más goce para ella, las últimas horas habían resultado acuciantes e alucinantes. Tener que desnudarse  ante extraños había sido algo que no se esperaba que sucediera. Lo peor había sido la espera a que llegase su turno en aquella sala de espera, sentía una angustia en su interior que no podía describir, los nervios no la habían dejado durante todo ese tiempo, lo peor de todo había sido no saber nada de lo que la acontecería allá dentro, cuando vio salir a Laura visiblemente avergonzada, pues al pasar ante ella no se había atrevido a mirarla.

    Ensimismada se quedó mirando el bulto que le hacia la falda por detrás, aquel trasero abultado,  pudo ver con espanto y horror aquel pañal, ya que la corta falda apenas se lo cubría quedando bien a la vista. En esos momentos su nerviosismo aumento considerablemente, así como su excitación, deseaba estar el lugar de Laura, al igual que aquella angustia de ignorar  lo que iba a suceder allá adentro. En esos momentos su mente no llegaba a poder imaginar lo que sentía, pero ahora que estaba en aquella cama, lo recordaba en parte emocionada, sobre todo su entrepierna se humedecía rememorando lo sucedido. Como la habían mandado desnudar y ponerse aquella bata sin llevar nada más debajo, los minutos que permaneció a la espera que volvieran a buscarla, la situación fue más vergonzosa para ella, cuando escucho las palabras de aquellos labios, y como sintió ahí, que le tocaban rasurando su pubis, solía llevarlo depilado desde jovencita, pero durante los últimos días había crecido algo de vello, luego como la habían tumbado sobre aquella camilla boca abajo, descubriéndole la parte de atrás de la bata, dejándola allí expuesta. Sus mejillas recordaban ahora volviendo a ruborizarse al verse allá expuesta, como la habían examinado tocándola en sus lugares más íntimos, como le habían separado los cachetes de sus nalgas para luego sentir como le introducían el termómetro rectal, sentir aquella sensación de algo frio entrando en su esfínter.

    Mientras sentía aquello introducido en el ano, aterrorizada contemplaba como una de las enfermeras preparaba aquella inyección, como agarraba un pequeño frasquito de vidrio con un líquido transparente en su interior, y como con la jeringa pinchaba sobre la parte superior de aquel frasquito, colocándolo boca abajo y como la jeringa se iba llenando unos dos centímetros, luego la misma enfermera, había cogido otro frasco mas grande como de unos veinticinco mililitros, pinchando también sobre la parte superior, pero en vez de llenar la jeringa, lo que hizo fue inyectar el líquido dentro de ese otro mayor, una vez inyectado todo el líquido, saco la aguja, agitando ese frasco para mezclar bien ambos liquidos, la solución transparente, al agitarlo se iba volviendo de un azul transparente, una vez bien agitado, volvió a introducir la aguja y llenando la jeringa unos cuatro centímetros. Entonces la enfermera le dio la espalda, ya no veía que es lo que estaba haciendo. Lo siguiente que sintió fue que la otra enfermera o auxiliar, untaba un líquido con lo que supuso sería un algodón o gasa, en su nalga izquierda, poco después sentía un fuerte pinchazo que la hizo gritar del dolor, pero eso no fue lo peor. Lo peor fue cuando aquel líquido entraba en su nalga izquierda, resultaba sumamente doloroso, según podía notar como iba entrando en el interior de su nalga. Poco después sentía la misma sensación sobre la nalga derecha, las lágrimas descendían por sus mejillas del dolor. Fueron unas cuatro inyecciones en sus nalgas, luego sentiría sendos pinchazos en sus brazos, Alison se notaba como adormecida, sentía como sus piernas y brazos no reaccionaban, no respondían, estaban como dormidos. Entonces sucedió lo peor, Alison fue despojada de aquella bata que le cubrían sus pechos y sexo. La hicieron darse la vuelta, sus doloridas nalgas se apoyaron sobre aquella fría camilla, entonces vio que su sexo se lo habían depilado totalmente, fue cuando recordó lo acontecido nada más entrar, algo que no recordaba que hubiera sucedido, al estar boca arriba pudo ver un reloj, llevaba varias horas allá adentro, pero no recordaba nada. Tampoco recordaba cuando le habían extraído el termómetro rectal, pero si recordaba que se lo hubieran introducido. Alison seguía con sus recuerdos, ahora recordaba la vergüenza que sintió cuando era introducido en su culito aquella cánula, y como aquel liquido iba entrando en su interior sintiéndose al cabo de un rato que estaba llena. Entonces recordó cómo le habían puesto bajo su trasero aquella cuña, y como la hicieron expulsar todo aquel líquido, presionando su barriguita. Esos recuerdos eran vagos, lo siguiente que recordaba era como la aseaban sus partes íntimas. Y la sensación de que pusieran una crema en su ojete, así como unos polvos que debían de ser para que no se escociera, lo siguiente que recordaba era cuando sintió que elevaban su trasero, poniendo algo debajo de él, al apoyar sus nalgas desnudas de nuevo sobre la camilla, algo muy suave y blandito tenía bajo sus nalgas. Aquella sensación la volvió a sentir cuando aquella suavidad, sintió al cubrir su sexo desnudo, luego pudo sentir como era ajustado a sus costados, dedujo que era un pañal lo que acababan de ponerle, una sensación muy agradable recorrió su cuerpo.

 

    En la cama de enfrente de ella permanecía Laura aun sollozando como una niña. No comprendía como podía comportarse una mujer madura como si fuera una mocosa, tenía treinta años y la tenía en la cama de enfrente a la de ella gimoteando. A ella también le dolía su trasero, pero Laura  había llorado de manera que no podía comprender por una simple azotaina. Algo que Alison se le pasaba por alto, era que Laura el día anterior había recibido una muy severa azotaina con el cepillo, sobre las rodillas de la directora, y ahora debía encontrarse sumamente dolorida, por eso estaba en la cama echada boca abajo y con ambas manos sobre su trasero, mientras seguía gimoteando ya que el culo debía dolerle.

     Ese plan de rejuvenecimiento empezaba a preocuparla, si cada azotaina que recibiera iba a ser tan dolorosa, no iba a resultar tan fantástico. Prácticamente no podía moverse, el trasero le ardía como si le hubieran puesto una estufa bajo la cama, o eso creía ella  por la manera que le ardía el culo. Lo peor de todo era el intentar moverse o girarse en la cama, el pañal parecía que fuera de lija. Sentía lo molesto que era llevar el pañal teniendo las nalgas doloridas, cada vez que se movía, sentía como se le estremecía todo su cuerpo. En ese instante se percató de las ganas que le acababan de entrar de hacer pipí, al fondo de la habitación estaban las celadoras, las auxiliares que la habían atendido en la enfermería. Levanto la cabeza, a su izquierda pudo ver una puerta, tenía el letrero claramente escrito, allí estaba el servicio. Intento levantarse a optadillas, pero al hacerlo sin apenas poder evitarlo, su vejiga con el esfuerzo realizado sintió algo caliente como mojaba su pañal. Como podía ocurrirle a ella, como se podía hacer pipí encima sin poder hacer nada por evitarlo. Solamente se había girado sobre la cama para salir de bajo las sabanas y levantarse para ir al servicio que lo tenía a menos de tres metros, pero ni siquiera había podido ni retirar la sabana que la cubría. Sentir el pañal mojado era una sensación nueva, apenas hacia una hora que la habían cambiado, ahora estaba preocupada, que pasara cuando las auxiliares se dieran cuenta que ha vuelto a mojar su pañal. Disfrutando la sensación de estar mojada por sus propios orines, era algo nuevo para ella, no tenía similitud a cuando ella de niña simulaba llevar un pañal puesto con aquella toalla. Pero lo que no esperaba que sucediera, era que al pasar el tiempo aquella humedad tan gratificante momentos antes, ahora la enfriarse no siguiera siendo tan grato,  el pañal mojado comenzaba a ser muy molesto, el tener las nalgas doloridas, junto con la humedad resultaba algo sumamente molesto, las nalgas al tenerlas mojadas por el pipi hacia que estas comenzasen a picarle, por si fuera poco, el escozor del trasero estaba aumentando por momentos. No comprendía como podía resultar tan molesto, apenas podía aguantar más aquel escozor. El trasero le dolía muchísimo, pero aquel picor era superior a sus fuerzas, comenzando a moverse en la cama colocándose de costado, boca abajo, otra vez de costado, al cambiar la posición al principio sentia cierto alivio, pero minutos después el picor y escozor volvía a resultar molesto. Estando boca abajo miro a Laura, está tampoco paraba de moverse como ella misma, también debería tener su pañal mojado dedujo.

    Las auxiliares de celadoras vieron como las chicas se movían en sus camas, no tardaron en aproximarse a ellas a observar a que se debía aquel comportamiento de las niñas.

     .- Mira Elisa, como se mueven estas mocosas, seguro que están mojadas la muy cochinas!!! Vamos a revisar esos pañales.

   La llamada Elisa se encargó de Laura…

     .- Andaaa!!! Esta niña va a ser necesario cambiarla toda entera, se ha mojado incluso el pijama… Sera cochina! -. Le desabrocho el pijama estando boca abajo, pues este se abotonaba en su espalda, luego le dio la vuelta para sacarle el pijama dejándolo caer en una cubeta al lado de la cama. Soltó las bandas adhesivas que sujetaban el pañal, retirándolo de sus partes íntimas, para luego levantarle las piernas y extraer el pañal mojado-. A esta mocosa me la llevo al servicio, será necesario bañarla de nuevo, se ha meado toda. Haces su cama Isabel? Mientras yo la baño. Ha mojado las sabanas y todo. 

 .- Bien, Elisa. Yo me encargo de cambiar las sabanas. Pero como vuelva a mojar la cama se va a enterar esa mocosa lo que vale un peine, de la azotaina que le voy a dar.  

   Pasados unos minutos Elisa volvía llevando en brazos a Laura. La tal Elisa no era una celadora que pasase desapercibida, un metro noventa de estatura, robusta y fuerte, entrada en carnes sin ser una mujer obesa, unos brazos fuertes y forjados en un gimnasio. Pues se apreciaba sus musculosos brazos estaban bien formados, llevaba a Laura como si no fuera nada para ella llevarla en brazos. Alison no se había fijado en ella hasta ese momento en que paso junto a su cama. Se asustó Alison al ver el culo de Laura, con razón gimoteaba pensó,  tenía toda la superficie de sus nalgas de un color azulado y morado. Al colocarla echada en la cama boca arriba, la escucho quejarse y como arqueaba su espalda dejando su trasero levantado, debía ser muy molesto apoyarlo sobre las sabanas.

    .- Isabel! Puedes pasarme la crema para aliviar el culo a esta niña! Debió portarse muy mal, para que le hayan puesto el trasero de esta manera, lo tiene todo morado. No me extraña que no haya parado de sollozar desde que la trajeron, debe de dolerle mucho el trasero. Debiste hacer enfadar mucho a la directora pequeña! Para que ni siquiera se preocupase en ponerte crema para aliviarte ese dolor, pero yo no soy ella, y no puedo dejarte así. Te pondré esta crema y veras que podrás conciliar el sueño, pero por tu bien, espero que no vuelvas a mojar la cama así de nuevo, o yo misma te pondré el culo en mucho peor estado del que está ahora!

    En unos minutos Laura volvía a estar metida en su cama, ahora se sentía claramente muy aliviada, pues Alison ya no la escuchaba llorar. Pero en cambio Alison se puso roja de la vergüenza cuando vio que la robusta mujer llamada Elisa retiraba las sabanas de su cama, y quedaba expuesta ante ella mostrando su pañal, pues a ella no le habían puesto pijama.  Con una facilidad pasmosa, Alison fue girada quedando atravesada en la cama, para que la señora pudiera retirarle el pañal. Alison cerró sus ojos, no deseaba ver como la cambiaban por la vergüenza que sentía. Sintió como se soltaban los adhesivos que sujetaban el pañal, en breve sintió como el aire fresco llegaba a su sexo rasurado. Sintió como levantaban sus piernas y le retiraban el pañal mojado, manteniendo sus piernas en alto, la señora la limpio  con unas toallitas húmedas se la paso por su sexo y ojete del culo, luego sintió otra toallita seca que era pasada por esas zonas de nuevo, dejándola bien seca. Sus piernas una vez aseada, volvieron a depositarse sobre la cama. Entonces sintió como era zarandeada y colocada boca abajo en la cama.

     .- A esta chiquilla le han puesto el trasero bien colorado, mami te va a poner cremita y veras que bien te vas a sentir después.

    Alison sintió la agradable sensación cuando le embadurnaban sus nalgas ardientes, sentía una sensación de alivio ante el frescor de la crema, como aquella mano enorme de la auxiliar le sobaba las nalgas con mucha suavidad, lo agradecía de verdad aquellas tenues caricias, no pudiendo evitar ronronear como una gatita con aquellas dulces manos que acariciaban su ardiente trasero. Sintió como de nuevo era zarandeada con suavidad y colocada boca arriba sobre las sabanas. Sin darse apenas cuenta en unos minutos ya tenía un pañal seco puesto de nuevo. Acomodada de nuevo sobre su almohada, se quedó dormida enseguida.

     …Había amanecido un nuevo día, la luz solar entraba por las ventanas.

    Alison introdujo una de sus manos en el interior de su pañal, este estaba seco para su sorpresa. En cambio, en el ambiente había un olor característico. Ella no se notaba nada, incluso diría que aquel olor debía de ser de Laura, sintió en esos instantes unos deseos irrefrenables de ir al servicio hacer pis. Y al igual que sucediera la noche pasada, intento girar sobre sí misma para levantarse de la cama, fue en ese momento cuando se dio cuenta de  que algo no iba bien. Sintió como si tuviera el pañal pegado a sus nalgas, en vez de notar su suavidad al moverse, lo que sintió la alarmo considerablemente. Pues aquel olor se hizo más palpable en sus fosas nasales, en ese momento se temió lo peor. Aterrada pensó que sucedería cuando fueran las auxiliares a cambiar el pañal, que iban a pensar de ella a sus veinticinco años. Prefirió no pensar en ello más, pero las ganas de hacer pipí se acentuaban cada vez más. Estaba pensando que dirían cuando la descubrieran que había manchado su pañal, sus mejillas se ruborizaron, y más, cuando sin darse cuenta se le escaparon unas gotas de orina, no creía que aquello le pudiera estarle sucediendo a ella.

     Tiempo más tarde, algo la despertó de su sueño.  No sabía lo que era, pero al girarse en la cama, sintió como la suavidad del pañal frotaba sus nalgas, al sentir aquella sensación tan agradable y el buen olor que se respiraba, la hizo alegrarse pues todo había resultado ser una mala pesadilla, respiraba relajada tumbada en la cama. Todo había resultado ser un sueño, un mal sueño. Ahora se reía de ella misma, como iba a sucederle aquello a ella? Era imposible que se hubiera hecho popo a su edad, una sonrisa en su rostro se veía a si misma aliviada, como había podido soñar aquella majadería de haber hecho de cuerpo encima, era una tontería solo el pensarlo. Una voz se escuchó  afuera en el pasillo.

     .- La más joven la he tenido que volver a cambiar, ha ensuciado su pañal. Pero ni se ha enterado cuando se lo he cambiado, dormía como una bebe.

    Alison se creía que se iba a morir de vergüenza cuando mirase a esa auxiliar a la cara de nuevo, la tal Elisa. Ni había notado que la cambiaran su pañal sucio. Miro hacia la cama de Laura, esta seguía durmiendo tranquila. Unos minutos después dos celadoras entraban en la habitación, estas era la primera vez que Alison las veía. La primera en entrar fue hacia la cama de Laura retirando las sabanas y zarandeo a Laura para despertarla. La segunda hizo lo propio con Alison, pero esta ya estaba despierta. En breve Alison estaba como vino al mundo, desnuda. Alison se mostraba tranquila y orgullosa de que su pañal estuviera seco. Laura en cambio al serle retirado el pañal lo tenía húmedo, por lo que fue debidamente atendida por la celadora. La segunda celadora que atendió a Alison fue hacia un mueble del fondo de la habitación, extrajo un uniforme y volvió hacia Alison. La hizo levantarse de la cama y una vez de pie, la celadora de la ropa que había puesto sobre la cama, cogió unas bragas blancas con dibujos de ositos marrones simpáticos, las abrió por la cinturilla y las fue enrollando sobre sí mismas, hasta llegara a las perneras. Luego se agacho y le hizo a Alison pasar el pie derecho y luego el izquierdo, y se las subió hasta la cintura donde quedaron bien ajustadas, luego le puso una blusa blanca de manga corta, y por ultimo una falda la cual se la puso por los pies, una vez ajustada a su cintura, Alison vio como le pasaba por los brazos unos tirantes, la falda era a cuadros negros y en relieve otros de color verde esmeralda que se entrecruzaban entre unos y otros. Haciéndola sentar en la cama le puso calcetines blancos hasta media pierna y le calzo unos zapatos negros tipo Merceditas sin tacón apenas. Una vez vestida la puso en pie, viendo que Laura estaba vestida igualmente que ella. La celadora que atendió a Alison hablo por primera vez…

     .- Hola pequeñas. Soy Anna y mi compañera es Betty nosotras seremos vuestras auxiliares de día. Ahora seguidnos!

    Las dos celadoras una al lado de la otra salieron de la habitación, Laura y Alison iban detrás de ellas. El pasillo era largo y amplio, caminando por el, se cruzaron con otras dos celadoras y tras ellas caminaban unas diez chicas vestidas con el mismo uniforme que ellas. Las cuales ni las miraron iban con la mirada al frente, en cambio tanto Laura y Alison si giraron sus cabezas para mirarlas. Entonces una voz las regaño…

      .- Chicas!!! La mirada al frente, ya tendrán tiempo de conocerse en el recreo.

     Laura y Alison, se sobresaltaron al ser llamadas al orden. Pero aun así, una vez se habían cruzado con las chicas volvieron a mirarlas, se quedaron sorprendidas al ver que todas las chicas su falda apenas les cubría su trasero, y que todas llevaban su trasero colorado como un tomate maduro, entonces como un auto reflejo, las dos se llevaron sus manos al trasero, sintiendo en sus manos la prenda de algodón de sus bragas, ellas también llevaban el trasero casi al descubierto. Entonces giraron a la derecha, por otro pasillo, al fondo vieron que otras chicas vestidas como ellas estaban haciendo cola ante unas puertas enormes. Todas ellas su corta falda apenas les cubría la parte baja de sus bragas, pudiendo ver que eran similares a las suyas, con alegres ositos, pero a estas chicas que aguardaban ante las puertas, podían ver que sus traseros no se les veía enrojecidos. Por las puertas iban entrando en grupos de varias chicas, se cerraban y minutos después volvían a salir por la otra puerta, y para su extrañeza salían sobándose sus traseros unas, otras iban con la mirada al frente con los ojos cristalinos de haber llorado algunas de ellas, y otras sin hacer mueca alguna en sus rostros. Pronto el grupo de chicas que entraban estaban en él, Alison y Laura. Al entrar vieron aterradas como era la estancia, había unas cinco sillas a un lado y cinco enfrente, en cada silla estaba sentada una celadora, todas las celadoras vestían de la misma manera, una falda blanca con tirantes, y una blusa o camisa azul celeste. Vieron como las chicas que iban delante de ellas fueron colocadas sobre el regazo de las celadoras, igual que ellas mismas. En segundos sus faldas fueron levantadas y las bragas bajadas, y sin tiempo a reaccionar sintieron en sus traseros el impacto de los cepillos que sostenían cada celadora en su mano derecha, los ayes inundaron la estancia de inmediato, algunas chicas se pusieron a llorar en el acto, igual que Alison y Laura, no tuvieron tiempo ni de contar cuantos azotes de cepillo de madera recibieron, pero fue rápido. Sus bragas fueron de nuevo subidas y al ponerse en pie, sus faldas fueron a su lugar, como tanto Alison y Laura fueron las ultimas en entrar, eran las ultimas en salir, y pudieron ver como algunas se sobaban sus traseros, en cambio otras solo alisaban sus faldas. A salir al pasillo de nuevo, caminaron sobre sus pasos volviendo por el mismo camino llevado. Delante de ellas iban dos celadoras a las cuales no conocían…

       .- Chicas!!! Dejen de sobarse el culo!!! Venga caminen con la mirada al frente!!! Pobre de la que desobedezca!!!

     Siguieron a las nuevas celadoras caminando tras ellas, bajaron unas escaleras, entrando por una de las puertas del rellano del piso posterior, entonces vieron donde había otras chicas alrededor de unas mesas de pie, cuando todas hubieron entrado y colocado sobre la mesa correspondiente…

     .- Pueden sentarse a desayunar…!!!

 

     (Continuara…)


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