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Fecha: 10-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Cita a ciegas con una lectora putita de la web

Xtian
Accesos: 9.952
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 18 min. ]
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Una lectora casada contacta conmigo para hacerme saber lo cachonda que le ponen mis relatos. Me aseguró que si tuviera la certeza al 100% de que su marido no se iba a enterar, le sería infiel... Nos citamos a ciegas y acabó siendo la protagonista de este relato... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Era un día como otro cualquiera, me desperté a eso de las siete, estiré el brazo y cogí mi teléfono móvil, quité el despertador, mire los mensajes de WhatsApp que tenía pendientes y contesté a algunos mientras me acariciaba la erección con la que me había despertado, como siempre. Fui al baño a orinar como pude y volví a tumbarme en la cama. “Cinco minutos más” pensé. Revisé entonces el correo. Correos basura, publicidad y un correo de hacía diez minutos de una tal Sonia cuyo asunto era “He leído tus relatos”.

Había dejado de publicar tantos relatos, por una cuestión de tiempo simplemente, y el número de correos que recibía había bajado bastante, así que ese correo me alegró el despertar. Lo abrí y en dos o tres líneas me contaba que había pasado la noche leyendo mis relatos y que le habían encantado, que se había excitado mucho y que ojala publique más pronto.

Cerré el mensaje pues esos cinco minutos se me habían hecho como quince y ya iba a llegar tarde. No le di más importancia hasta la hora del desayuno en el trabajo. Con un compañero de baja y otro de vacaciones, estaba solo así que volví a abrir el correo para contestarla, como suelo hacer siempre que alguien se toma la molestia de escribirme un mensaje de ese estilo.

Le indiqué que me alegraba de que le hubieran gustado, y es que para eso escribo, para excitar a la gente, aunque le pedí disculpas porque no sabía cuándo volvería a tener tiempo para publicar algo. Me despedí con un beso y a los dos minutos tenía un nuevo correo de ella. Me pedía que si algún día publicaba algo nuevo, le avisara por favor por correo para leerlo, ya que se había sentido identificada con alguna chica de mis relatos y le daría pena perderse mis relatos. Terminó el correo con la siguiente frase: “Si lo haces como cuentas en los relatos… tu novia tiene que ser muy afortunada”

Contesté a los pocos minutos. No tengo novia y entre el trabajo y otros hobbies se consume mí tiempo, por eso no puedo escribir tanto como me gustaría. Le pregunté con qué relato se había identificado más pero en su siguiente correo no respondía a mi pregunta, sino que me hacía preguntas más personales. De que trabaja, de donde era, si la edad que pone en la web es real…

La edad de la web es real (más o menos, el año que está en la web es real, pero tengo puesto que nací el 1 de Enero, así que según qué fechas suele haber un año de error), vivo en una ciudad de millones de habitantes de España y el trabajo… no lo suelo decir, sería muy fácilmente localizable y me gusta mantener mi anonimato. Le hice la misma serie de preguntas a ella.

Me confesó que tenía 36 años, que era administrativa y oh sorpresa, de mi misma ciudad. Me confesó haberse sentido identificada con las mujeres casadas de algunos de mis relatos que cansadas de su monótona vida de matrimonio y el bajo nivel de su vida sexual, encontraban el placer en manos de un amante, aunque me confesaba que nunca había sido infiel ni a su marido ni a ninguna pareja anterior.

“¿Y si surge una oportunidad de serlo, sabiendo que nadie se enteraría jamás, lo serias?”

Ese fue mi siguiente correo que se quedó sin respuesta hasta bien entrada la noche, cuando ya estaba a punto de acostarme. En primer lugar me pedía perdón por no haber contestado antes, ya que según ella había estado muy liada. Posteriormente, contestaba a mi pregunta. No lo sabía. Decía que tendría que verse en el momento, pero que si sabe que jamás se enteraría nadie de su entorno, quizás sí. Terminaba el correo preguntándome si acaso le estaba insinuando algo.

Repasé mi correo y si, aquello parecía una insinuación en toda regla, aunque jamás había quedado con nadie de la página, ni nadie conoce mi identidad. Escribo de manera totalmente anónima. En ese momento me imaginé follándome a una administrativa cachonda en su cama de matrimonio, luego volví otra vez a poner los pies en el suelo y luego me la imagine follándomela sobre el escritorio de su oficina. “Quizás si” decía en su anterior correo. Me fui a la cama sin contestar.

Al día siguiente me desperté con otro correo suyo diciendo que había vuelto a leer mis relatos y le encantaban. Contesté desde la cama: “No te insinuó nada, te lo propongo: una noche, tu y yo a solas. En vez de leer mis relatos, los vivirás”.

No me contestó en todo el día por lo que pensé que se había asustado ante mi propuesta tan directa… Hasta que a la noche me vibró el móvil con un correo suyo.

“Ufff Xtian, no te niego que cuando he leído tu correo esta mañana me he excitado… la idea me atrae pero soy una mujer casada y no te conozco…”

Contesté:

“Por eso precisamente, porque no nos conocemos, jamás nadie sabrá nada”

Terminé el correo indicándole mi Nick en una aplicación de mensajería instantánea, donde no hace falta ni números de teléfono, ni nombres reales, ni absolutamente nada para comunicarse, y le pedí que me hablara por allí, ya que sería más ágil.

Me saludo por dicha aplicación con lo siguiente: “¿Y si quedamos y no te gusto? Te saco casi diez años y estarás acostumbrado a chicas de tu edad…”

Le pedí que me mandara una foto tapándose la cara y así saldríamos de dudas. Tras varios minutos de silencio, me envió una foto en el baño de su casa, de cuello hacia abajo. Llevaba un camisón blando hasta medio muslo que le dejaba adivinar una figura muy sexy. Era delgadita y morena, con pechos que parecían firmes y abultados y una melena negra que le caía casi hasta ellos. Curvas, una cintura fina y unas piernas que se perdían en la foto.

Yo estaba tumbado en la cama únicamente en calzoncillos cuando recibí la foto. Inmediatamente si polla se puso morcillona y le envié una foto de mis abultados calzoncillos.

“Así es como me has puesto”

Sus palabras fueron que quería comérmela. Directamente. Le insistí en que ya sabía lo que tenía que hacer. No pudimos hablar mucho más porque su marido parecía estar por allí.

Me dio los buenos días al día siguiente por la aplicación diciéndome que en cuanto se durmió su marido fue al baño a tocarse y que le gustaría al menos quedar algún día aunque sea para tomarse un café. Mi respuesta inmediata fue que yo no quería un café, deseaba follarla en todas las posturas y luego si, la daría leche, pero sola, sin café. Sabía de sobra que en ese momento Sonia tenia las bragas empapadas, y así me lo hizo saber. El día transcurrió entre comentarios de índole sexual hasta que al final del día me envió un mensaje claro, conciso y directo: “Quiero que me folles, pero nadie se puede enterar. Si eres capaz de darme garantías de que nunca jamás saldrá a la luz, seré tuya y dejaré que me hagas lo que quieras”

Acepté el trato. Lo entendía, estaba casada y su vida dependía de ello. Pero yo tampoco estaba dispuesto a salir del anonimato así como así, nadie me conocía hasta ahora y no podía jugarme mi puesto de trabajo por un polvo.

Durante el día siguiente trate de ganarme su confianza, dejando a un lado el tema sexual y haciéndola preguntas intimas sobre su vida. Así descubrí el tiempo que llevaba casada, la ausencia de sexo en su matrimonio o sus primeras experiencias sexuales las cuales no habían sido especialmente emocionantes así que yo la prometí que de ahora en adelante lo serian.

La cuestioné al día siguiente sobre las posibilidades de ausentarse una noche de casa. La excusa más convincente era una cena de trabajo pues su marido no conocía a ninguno de sus compañeros de trabajo por lo que no podría informarse a través de nadie y además, tenía fotos de anteriores cenas las cuales podría usar como coartada.

Sonia se mostró satisfecha con la excusa. Lo siguiente era decidir cómo nos encontraríamos. Le pregunte acerca de sus amistades o de cualquier otra persona que la pudiera reconocer, donde vivía esa gente y si conocía sus rutinas. Parecía que trazar un plan como si de una película se tratara la excitaba todavía más y se lo estaba tomando realmente en serio. Además, esto me ayudaba más aun a conocer su vida. La opción más factible parecía la de irnos a un hotel a las afueras, pero eso implicaba una logística de desplazamientos que podía resultar sospechosa por lo que se me ocurrió una idea que a ambos nos pareció la mejor: Alquilar un piso durante una noche. No voy a hacer publicidad de dicha web, pero en ella puedes encontrar todo tipo de pisos para una o varias noches con inquilinos o sin ellos. La idea era encontrar un piso que estuviera vacío, céntrico, no muy caro y en el cual el dueño no estuviera allí viviendo. Las opciones se reducían bastante pero las había.

Finalmente, teníamos el día, teníamos la hora y teníamos el lugar. Faltaba lo más importante, que ella se atreviera. El día elegido era un sábado y nos veríamos a las 21.00 horas, pero el viernes anterior el miedo se apoderó de ella y le entraron las dudas. No se fiaba de quedar con un desconocido, por muy confiable que me hubiera mostrado durante los días anteriores.

Después de varios días deseándola, mi polla a esas alturas quería guerra si o si así que le lancé una propuesta que no podría rechazar. Yo llegaría al piso primero, dejaría las llaves bajo el felpudo y entraría en él. Dejaría una venda colgada en la puerta de una de las habitaciones y yo la esperaría en el interior, tumbado en la cama con una venda en los ojos. Ninguno de los dos nos íbamos a ver, mantendríamos nuestro anonimato, pero cumpliríamos nuestra fantasía de follarnos mutuamente.

Reconozco que la idea hacia aguas por todos los lados, yo podía esperarla sin la venda puesta y ver como ella entraba ciega, o ella podía ser la que entraría sin la venda puesta. O incluso podría ser un tío el que me había estado escribiendo durante todos estos días y pegarme una paliza, pero en esos momentos yo pensaba con la polla. Curiosamente, aceptó la idea.

Y llegó el día. Tal y como habíamos acordado, llegué al piso, me cerciore de que todo está bien y la envié un mensaje avisándola de que ya estaba listo. La habitación era un poco cutre, tan solo tenía una cama de matrimonio y un armario ropero, pero no necesitábamos más. La envíe una foto de la habitación para que pudiera guiarse cuando entrara a ciegas y para que yo no estuviera media tarde con los ojos vendados esperándola, quedamos en que ella daría tres golpes a la puerta cuando iría a entrar para avisar, yo me pondría la venda y seguidamente se la pondría ella y entraría.

Y así fue la cosa. Estaba tumbado en la cama con la venda en la frente cuando escuche que la puerta de la calle se abría y se cerraba. Cuando golpeó la puerta de la habitación, mi corazón su puso a mil, aun temía que una banda de albanokosovares entrara y me matara, pero me baje la cinta y me tape los ojos. Escuche la puerta abrirse y un tímido “¿Hola?” el cual me tranquilizo enormemente.

--Pasa con cuidado, estoy aquí, en la cama—Dije para tranquilizarla.

--Ay… No veo nada…-- Se quejó—Háblame para guiarme por tu voz…

Y de pronto note como algo caía en la cama.

--¿Sonia?

--Ala, ya he llegado a la cama—Dijo riendo.

Estire mis brazos para tratar de encontrar y lo hice sin saber lo que tocaba.

--¿Llevas los ojos tapados? ¡Me has tocado una teta!—dijo riéndose nerviosa.

--Te prometo que sí, mira, dame las manos—Busque sus brazos, sus manos, y las lleve a mi cara para que palpara mi cinta. Acto seguido ella hizo lo mismo con mis manos.

Deje sus manos en su cara, sujetándola de la barbilla.

--Estoy nerviosa la verdad, esto es muy…-- No la deje acabar la frase y la besé.

Ella respondió al beso. Sus labios eran carnosos y acogedores. Mi lengua se hizo paso a través de ellos para buscar su lengua. La encontró y se entrelazó con la mía. Haciéndome valer de mi superioridad física, me tumbe encima de ella y pase a besarla por el cuello, mientras mis manos recorrían su cuero sin saber por dónde. Sonia empezó a gemir y mi mano derecha encontró un pecho el cual aplasto y masajeo un buen rato.

--Joder… que cachonda estoy… no me lo creo…-- Repetía ella mientras mis labios bajaban a ciegas por su cuerpo.

--Espera que me quito la camisa—Dijo ella.

Como pudo se la quitó, mientras yo la seguía besando, dejándome a mí la tarea de desabrochar su sujetador lo cual he de reconocer que no fue muy difícil. Estoy acostumbrado. Y devoré sus pechos. Los dos.

--Quítate el pantalón, que te quiero comer el resto—Le pedí.

Lo hizo nuevamente entre gemidos. Descendí besando su vientre y note como sus piernas se abrían para recibirme entre ellas. Note su tanga en mi boca, baje un poco más y noté su humedad. Directamente lleve una mano a él, lo aparte y con brusquedad me lancé a comer su coño. Sonia pegó un grito de placer y sus piernas se retorcieron, dándome alguna que otra patada. Le quité el tanga por completo y volví a hundir mi cara entre sus patas. Su coño estaba perfectamente depilado y era como beber de una fuente inagotable de fluidos. Metí un par de dedos mientras mi lengua hacia su trabajo y de pronto Sonia se corrió en mi boca. Estaba tan excitada que se había corrido en apenas tres minutos y solo con mi lengua.

--Joder nena, ¿Qué vas a hacer cuando te folle?

--No se… pero me voy a morir… estoy excitadísima ahora mismo…

Subí otra vez besando todo su cuerpo hasta volverá a besar en sus labios.

--Desnúdate… yo aún no he cenado y tengo hambre…

A la velocidad de la luz me quite la camiseta y la tire por los aires. Hice lo propio con el pantalón y me tumbe boca arriba únicamente con los calzoncillos puestos. Sentí como sus manos me buscaban por la cama hasta encontrarme y de pronto note como su lengua recorría mis abdominales. Continúo besándolos y su mano agarró mi polla por encima del calzón.

--¡Joder!—Exclamó.

Su boca subió por mi pecho hasta mis labios mientras su mano se metía bajo mi ropa y me agarraba la polla para comenzar a pajearla.

--Que dura la tienes…--Me dijo al oído—Llevo mucho sin comerme una polla así… Te la voy a comer hasta que te corras en mi boca…

Y nuevamente descendió por mis pectorales con la lengua hasta llegar a mi polla. Me quitó los calzoncillos, sentí como me la agarraba con ambas manos de la base y su labios apresaban mi capullo para acto seguido engullirla por completo. Que sensación tan maravillosa. Notaba su boca subir y bajar por mi polla mientras su lengua la recorría y su saliva resbalaba hacia mis huevos. Gemía con mi rabo en la boca igual que había gemido antes mientras yo la comía el coño.

--Me encanta Sonia, no pares…--Suspiraba yo.

Solo se la saco de la boca un momento para decirme el pollon que tenía y lo rico que estaba. Su lengua paso a recorrer todo mi falo como si comiese un helado y luego se fue a por los huevos, para dejarlos completamente lamidos.

--Me encatan estos huevos sin un pelo, es una delicia comerlos… y son enormes…

--Eso es porque los tengo bien llenos…

--¿Si? ¿Y me vas a dar a probar lo que tienen dentro?

--Si sigues comiéndola así de bien, si…

Y Sonia volvió a por la polla. He de reconocer que yo también estaba cachondisimo y mi corrida se veía venir, así que la avise de ello ya que quería follármela antes de correrme.

--Hazlo en mi boca… tenemos toda la noche para follar… quiero probar tu leche…

--Madre mía… Sonia… que cachondo me pone tu voz…

Y Sonia siguió chupando, deseosa de recibir mi néctar.

--Te lo suplico córrete en mi boca, quiero saborearte entero… te la comeré hasta que la vuelvas a tener dura y te montaré…

Y me corrí como una bestia mientras notaba como su lengua lamia mi capullo y trataba de no perder una gota. Su mano me apretaba el rabo tratando de sacármelo todo y succionaba de mi capullo como si de una aspiradora se tratase. Cuando hubo terminado, lamio la base de mi polla y los huevos, tratando de encontrar restos que se le hubieran escapado.

--Menudo corridon te has pegado…--Dijo mientras seguía lamiendo mi rabo, que había descendido ligeramente de grosor y dureza.

Subido besando mi cuerpo hasta tumbarse sobre mí.

--No me gusta que se corran en mi cara o en mi boca pero contigo hare excepciones…--Me susurró en el oído—Me encanta tu sabor, tu olor…

Bajé una mano por su espalda, llegué a su culo, lo acaricié y metí la mano entre sus dos nalgas hasta llegar a su húmedo coñito. Suspiró de placer.

--Espero que no tardes mucho en recuperarte porque estoy deseando sentirte dentro…-- dijo entre suspiros.

--¿Acaso no notas que aun la tengo dura?

Y era verdad, lo estaba, clavada contra su vientre. Descendió su mano y me la agarró.

--Off… Con una polla así da gusto… siempre dura… métemela…

Noté como se movía encima de mí sin soltar mi rabo, como se preparaba y de pronto como mi polla se introducía poco a poco en una cavidad húmeda y caliente que abrazaba cada centímetro de mí. Los dos nos moríamos de placer. Cuando la tuvo enterrada hasta el fondo, se quedó inmóvil, disfrutando de ella.

--No me creo que este haciendo esto… que llena me siento… quédate quieto… mientras me follo tu polla ¿vale?

Estiré las manos y las llevé a sus pechos.

—Eso es… Agárrame las tetas… mientras de cabalgo…— Y suavemente empezó a subir para descender de nuevo sobre mi rabo.

Entraba y salía despacito, pero aumentando la profundidad de las metidas cada vez. Ella gemía y piropeaba sin parar mi miembro mientras yo decidí que era mejor colocar mis manos sobre mi cuello y disfrutar de su cabalgada.

Subió y dejo caer todo su peso sobre mí, logrando una penetración profunda y dura. Sentí como su culo chocaba con mis huevos al bajar durante las tres o cuatro veces que lo hizo. Estuve a punto de quitarme la venda de los ojos para ver como semejante diosa saltaba sobre mí, pero me contuve. Sentí sus manos colocarse sobre mis hombros, sus pezones rozando mi pecho y comenzó esta vez sí a cabalgarme como es debido, a un acelerado ritmo, constante, entrando y saliendo de mí, meneando su culo e incluso haciendo movimientos circulares… Menos mal que me acababa de correr en su boca, porque si me llega a hacer eso al principio me hubiera corrido en cuestión de segundos.

Estiré un brazo y la di un azote en el culo lo cual pareció activarla más aun aumentando su ritmo. Eso me gustó así que me agarré a su culo y desde abajo comencé yo también a menear mi cadera para darle mayor velocidad al asunto. Dejo caer su melena sobre mi cara y se acercó a mi oído.

—Fóllame sin parar… hazme tuya… me voy a correr otra vez…

Volví a azotarla un par de veces mientras la penetraba todo lo rápido que podía. Sus gemidos aumentaron de volumen y sentí que se acercaba su orgasmo, así que le agarré de la cintura e hice que rodáramos sobre la cama, quedando yo encima de ella.

—Abre bien las piernas cariño que te voy a reventar el coño…—Dije autoritariamente.

Realmente mi polla no había dejado de estar en su interior. Cogí impulso y comencé a entrar y salir de ella con todas mis fuerzas. Sus piernas me rodearon y se abrazaron a mí mientras gemía y anunciaba su inminente orgasmo.

No tardó en llegar, note como su vagina se contraía y calvaba sus uñas en mi espalda. Su respiración se entrecortaba y se corrió mientras mi polla seguía taladrándola. Me quedé descansando en su interior mientras ella recuperaba el aliento.

—No te salgas cabrón, quédate así dentro de mí, con la polla dura… madre mía… que orgasmos… no sabes cuánto hacia que no me sentía así…

Comencé a moverme de nuevo en su interior, haciendo pequeños círculos y penetrándola con suavidad.

—Y encima no te cansas…

—Claro que no preciosa, si aún vamos 2-1 en orgasmos…

—Y como sigas así vamos a ir 3-1 en vez de 2-2…

Salí de ella y la volví a penetrar de golpe.

—Los apuntaré en una lista para que me los devuelvas otro día.

Volví a penetrarla de golpe haciéndola gritar.

—Date la vuelta, ponte a cuatro patas— Le dije al oído separándome de ella.

No tardó mucho en ponerse y enseguida note como su culo se frotaba contra mi erguida polla. Me la agarré por la base y busque su coño a oscuras. No tardé mucho en encontrarlo y tras introducir mi capullo, la embestí con todas mis fueras. Oí un golpe y un quejido, su cabeza debía haberse chocado con el cabecero de la cama de la fuerza con la que se la había metido. Volví a embestirla y nuevamente se dio otro golpe. Estiré un brazo para agarrarla del pelo y fijar su cabeza contra el cabecero y empecé a follarla con un rápido movimiento de caderas.

Aun así, su cabeza retumbaba ligeramente contra la madera, lo cual no la evitaba gemir de placer. Su coño seguía chorreando como al principio y apretaba mi polla a cada estocada que le metía. La di un azote en el culo y su petición fue que la pegara más y más fuerte así que comencé a azotarla las dos nalgas mientras seguía follándola.

Estaba tan cachondo que estaba a punto de correrme otra vez así que de golpe deje de moverme. Para sorpresa mía, Sonia fue la que comenzó a moverse, desesperada por que mi polla entrara y saliera de ella. Me agarré a sus dos nalgas y la anuncié mi intención de correrme en su interior.

—Hazlo, lléname de leche… ya me tomare la pastilla mañana…o mejor, déjame preñada, ya que mi marido no puede…

Escucharla así me excitó todavía más así que volví a follármela con todas mis fuerzas.

—Te voy a llenar de leche, pedazo de zorra.

En apenas unos segundos comencé a vaciar mis huevos en su interior. Sentía mi leche salir calentita e inundarla por completo. Mi orgasmo fue bestial. Caí rendido por completo encima suyo aplastándola contra la cama, aun con mi rabo en su interior.

—Vaya corridon, me has llenado enterita…

—Empate a dos…

—Ufff… Creo que no… 3-2…Va a ser difícil que me pilles esta noche…

—Pues repetiremos otra noche, hasta que te alcance…

La noche acabó 6-3 hasta que nos dimos cuenta que para poder irnos, debíamos ducharnos y vestirnos y eso con los ojos tapados sería imposible, por lo que decidimos vernos las caras. En la ducha alcanzamos el 7-4.

Amigo lector, si vives en una gran ciudad, tu mujer salió “de cena de trabajo” el finde pasado y volvió por la mañana y te está planteando que el finde que viene saldrá de nuevo de cena… tengo malas noticias para ti. Pero tranquilo, ella estará muy bien servida.


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