Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 8.144 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad de Cams ] [ Twitter TodoRelatos ]  1.455.162 Miembros | 19.614 Autores | 100.338 Relatos 
Fecha: 10-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: General

Compañeras- Capitulo 2: Regreso de clases.

Casius Black
Accesos: 4.061
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 21 min. ]
 -   + 
Tras una dura jornada en el instituto, Marta vuelve a casa para descansar. Pero una inesperada llamada, la obligará a cambiar sus planes. Su novio está de vuelta y eso, solo puede significar una sola cosa. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Para las dos y media, las clases ya habían terminado. Las cinco amigas no podían estar más agotadas. Haber pasado tantas horas sentadas, escuchando como el profesor o profesora les daba la chapa con cada dichosa lección, las había dejado a todas cansadas, con solo ganas de volver a sus hogares.

Marta iba en el autobús, sin dejar de pensar en lo que había ocurrido en ese día. Clara, con toda la malicia que podía tener, se había enrollado con el friki. La muchacha no le dio demasiados detalles, pero estaba claro que fue durante el primer recreo cuando ocurrió todo. Le sorprendió que Guillermo durase tanto, aunque también puede que se lo hubiera inventado. Pero conociendo a su amiga, sabía que ella era poco de mentir en cosas como el sexo.

Durante el trayecto, no dejaba de pensar en cómo fueron sus experiencias sexuales. Clara había tenido relaciones con muchos hombres mientras que Marta tan solo tenía a su novio. Su amiga siempre presumía de como seducía y se acostaba con muchos tipos, lo cual siempre le había llevado a recibir apelativos como “zorra” o “puta”. Ella solía ignorar aquellos insultos aunque a la muchacha no le gustaba que la llamasen de esa manera. Solo se trataba de una chica disfrutando de su sexualidad de forma plena, punto. Por su parte, ella no podía presumir de tanta actividad física con otras personas más allá de su novio, pero el sexo al menos era bueno, o eso creía.

No tardó menos de media hora en llegar a casa y allí, se encontró con sus padres, quienes ya habían vuelto de sus respectivas ocupaciones. Él trabajaba en las oficinas de una importante empresa. Ella, como encargada de personal en unos supermercados. Los dos llevaban unas vidas muy sacrificadas para poder proporcionare a su hija la oportunidad que ellos no tuvieron de hacer algo más importante. Por eso, Marta se había centrado mucho en los estudios. No quería decepcionarles.

Una vez terminó de comer, vio un poco la tele con sus padres y después, subió a su cuarto para comenzar a estudiar. La señorita Ceballos les había mandado bastantes ejercicios de matemáticas y aunque ella detestaba aquella materia, no le quedaba más remedio que hacerla. Además, debía aplicarse mucho si quería sacar buenas notas para que le concediesen otra beca y más de cara a estudiar en la universidad. El problema, al menos con su profesora de mates, era que siempre les ponía exámenes complicados. Puede que a Vanesa la volviese loca, pero a ella la horrorizaba. Y tenían uno muy pronto.

Ya iba por el cuarto ejercicio cuando de repente, su móvil comenzó a vibrar. Vio como el aparato viajaba por todo el escritorio, realizando movimientos erráticos mientras emitía esos molestos sonidos que se asemejaban a mosquitos gigantes. Lo cogió y se fijó en que quien le llamaba era su novio Rubén. No esperaba que la llamase tan pronto, aunque recordó que regresaba ese mismo día.

—Hola cariño —dijo ella tras aceptar la llamada.

—¿¡Que pasa mi Marta?! —exclamó con entusiasmo el muchacho.

—Muy bien, ¿y tú?

—Acabo de llegar y estoy muy cansado —comentó su novio con voz algo abotargada—. Lo único que tengo es ganas de echarme y dormir.

Rubén había ido a trabajar con un tío suyo a la recogida de aceitunas. Lo hacía cada año desde que dejó el instituto. Iba al mismo que el de Marta, el Torrealba, y fue allí donde se conocieron hace ya tres años. Desde entonces, se hicieron inseparables y hasta ahora, había sido la única pareja que la chica tenía. A sus padres no les gustó que se echase novio a tan temprana edad, pero el chico se portaba y no la distraía demasiado de sus labores estudiantiles. Aunque, cuando las ganas llamaban a su puerta, no podía rechazarlo.

—Cari, me gustaría que te pasases por casa —le pidió Rubén en esos mismos instantes—. Ni mis padres ni mi hermano están.

La chica se lamentó un poco por esto. Tenía el examen de mates en una semana y ya quería ponerse a estudiar. Ni siquiera había terminado los ejercicios. No le gustaba nada que su novio se pusiera tan pedigüeño, aunque llevasen tiempo sin verse.

—Sabes que me gustaría, pero estoy estudiando y a mis padres no les gusta un pelo que me marche.

—Marta, llevo tres semanas sin verte —dijo el muchacho muy apenado—. Te he echado tantísimo de menos. Ven, por favor.

No podía resistirse a aquellas palabras. Aunque algo bruto y tozudo, Rubén era en el fondo un chico muy dulce y cariñoso, siendo esa la razón por la que le gustaba tanto. Bueno, por eso, y porque era muy guapo. De hecho, hasta la misma Clara le había dicho que algún día se lo pensaba robar, cosa que no le hacía mucha gracia. Alguna que otra vez, cuando se habían encontrado su novio y ella, había percibido cierta tensión entre los dos. Por eso, prefería mantenerlo alejado de sus amigas.

—No sé —le comentó dudosa—. El examen es dentro de poco y todavía no he empezado.

—Venga, hace tres semanas que no nos vemos —suplicó Rubén—. Solo vente un ratito.

Al final, no tuvo más remedio que ceder a su petición.

Tras acabar el otro ejercicio, salió de su habitación  tras despedirse de sus padres, a quienes no les hacía mucha gracia que fuera a ver a su novio. Cogió un autobús que le llevó hasta el centro y luego, fue al edificio donde vivía. En la puerta, la estaba esperando.

Nada más verla, Rubén se abalanzó sobre ella.

—Cariño, ¡te he echado tanto de menos! —exclamó muy emocionado.

Marta iba a decirle lo mismo, pero no pudo. Su novio comenzó a besarla y no de forma muy disimulada. Le pegó un morreo tremendo, metiéndole la lengua hasta la campanilla e intercambiando un montón de saliva. Sus brazos la atraparon con fuerza por la espalda, atrayéndolo a su cuerpo. Contra su entrepierna, notó la erecta polla. Se notaba que venía bien excitado. Tras un rato así, notando que la gente podría estar fijándose en ellos, lo detuvo.

—Ya veo que andas necesitado de sexo —comentó ella chistosa.

Al oír esto, la cara de Rubén expresó un gran asombro.

—No, es que te he echado en falta mucho —se trató de explicar—. Quería abrazarte y besarte de nuevo.

—Sí, claro —dijo poco convencida.

—Te lo juro, nena.

Ya parecía a punto de llorar el pobre, así que Marta decidió que entraran a la casa. Al menos, allí no habría tantas miradas indiscretas.

Cogidos de la mano se metieron en el portal y cogieron el ascensor justo al final, antes de donde empezaban las escaleras. Ya dentro, Rubén trató de aprovecharse para meterle mano en nuevo, pero Marta lo mantuvo a raya. En el rostro del desgraciado muchacho, se notaba la desesperación. Pese a darle pena, la chica se mantuvo en su sitio.

Llegaron a la séptima planta donde vivían y tras recorrer el solitario pasillo, entraron en el piso. Dentro no había, todo se encontraba en perpetuo silencio. Se dirigieron al salón y antes siquiera de decir su primera palaba, Rubén volvió a atraerla para poder besarla. Esta vez el muchacho no se contuvo. A rastras, la llevó hacia el sofá de cuero caoba y se sentaron. La besaba con agresividad y sus manos comenzaron a acariciar sus pechos sin ningún pudor. A Marta esto la excitaba, pero consideraba que era demasiado. Así que de nuevo, volvió a detenerlo.

—¿Otra vez? —preguntó frustrado su novio. En sus ojos se percibía un deseo insoportable.

—Vamos  tomarnos esto con más calma, ¿quieres? —le dejó ella bien claro—. Acabas de reencontrarnos, no hay que tomarse las cosas con tanta prisa.

Bastante enojado y con una expresión de ansiedad más que evidente, Rubén se retuvo, aunque la chica dudaba de si lograría que fuese por mucho tiempo.

—¿Qué quieres hacer?

—Hablar un poco sobre cómo te ha ido por allí.

Resoplando muy insatisfecho, pero aun así, aceptó la propuesta de su novia.

—¿Y que quieres que te cuente? —dijo frustrado—. Ha sido un coñazo. Todo el día dando con la vara y recogiendo cada dichosa aceituna que cae en el suelo. Te lo aseguro, acabas molido de cansancio y con un dolor en la espalda terrible.

—Bueno, es lo que tiene dejar el instituto, no crees.

Cuando se conocieron, Rubén decidió que no iba a seguir estudiando, convencido de que deseaba ganarse la vida como jornalero. Pero no sabía de lo duro que podía llegar a ser, marchándose por semanas e incluso meses. Ahora, se estaba planteando seriamente regresar al instituto para sacarse el Bachiller.

—Ya, claro —comentó el algo molesto. Se notaba que no le gustaba que su novia le echase en cara ese tema—. ¿Y a ti como te ha ido?

Que le preguntase por cómo había sido su día agradó bastante a Marta. Eso mostraba, que en el fondo, su relación era algo más que sexo.

—Tú ya sabes, clases, tarea, exámenes, aguantar a los profesores —enumeró con cierta monotonía—. El mismo rollo de siempre.

—¿Y tus amigas cómo están?

No le entusiasmaba demasiado de sus amigas. Sabía que Rubén le era fiel, pero como todo hombre, sus ojos no podían evitar mirar hacia sitios donde no debían. Y sus amigas eran guapas a rabiar, incluso Vanesa, la lesbiana. De hecho, alguna que otra vez, le había comentado si esa chica había sentido curiosidad por tener sexo con un hombre, a lo que ella solía contestarle con una sonora carcajada, tras lo cual le decía que si había un tipo que lograra meter en el armario a Vanesa, desde luego, no sería él.

—Todas se encuentran bien —respondió resuelta la chica—. Cada una con lo suyo.

—¿Y Clara? —le preguntó a continuación—. ¿Ya la ha vuelto a liar como solo ella sabe?

De nuevo, preguntando por su amiga Clara. Su novio era incorregible.

—Pues me parece que la chica se ha vuelto a liar hoy con alguien —le dijo con aire misterioso.

—¿Con quién? —preguntó muy interesado el hombre.

Lo cierto es que no deseaba continuar más con aquella conversación. Le molestaba que siempre Clara acabase siendo el centro de atención y le llevaba a sospechar que su novio realmente pretendía tener algo con ella. Pese a esto, decidió seguir contándole la historia.

—¿Sabes quién es ese chico tan raro de nuestra clase? —le preguntó—. ¿El que se sienta delante y le llaman el friki?

—Sí, alguna vez me has hablado de él. —Tras decir esto, el joven enarcó sus cejas—. ¿Un momento, no se habrá liado con ese tío?

La expresión de incredulidad de su novio la hizo partirse de risa. Literalmente, estuvo por varios minutos carcajeando. Cuando ya fue calmándose, se fijó en que este seguía con el mismo gesto.

—Me temo que si —le contestó para su decepción.

Rubén, aun incapaz de articular palabra, estuvo todavía catatónico, asimilando toda aquella información.

—No me lo puedo creer —decía impactado—. ¡Esa chica se lía con quien primero pilla!

—Pues si le encanta follar —agregó Marta.

Por la mirada que le lanzaba, la chica concluyó que su amiga no era la única en disfrutar de sexo. Tanto rato de conversación los había relajado a ambos, pero aun así, las ganas seguían allí. Sin más preámbulos, se empezaron a besar, pero esta vez, fueron más lento.

Con suavidad, encajaron sus bocas y juguetearon con sus lenguas. Rubén abrazó con su brazo izquierdo a la chica por la cintura mientras que con su mano derecha acariciaba su pelo. Ella, por su parte, lo envolvió con sus brazos por el cuello. Así estuvieron por un rato, tan solo deleitándose en probar el cálido aliento del otro, dejando que fuesen sus lenguas las que se ocupasen. Sin embargo, las manos no tardaron en moverse y eso desató la pasión.

Rubén no tardó en tocar los pechos de su novia, apretando aquellas redondeces con sus manos. Esa presión le disgustó un poco a Marta, pero no tardó en mostrarse algo mas complacido cuando de esos apretones, pasó a limitarse a darle caricias. De hecho, esa estimulación mamaria comenzó a excitarla. Así es como el gustaba tener sexo, de forma clamada y sin aceleros. Pese a todo, su novio no solía ser tan paciente. Ella, como recompensa, por tan delicado masaje, llevó su mano hasta la entrepierna del muchacho y le toco su abultado paquete. Con sus dedos, pudo notar la dureza que pugnaba por escaparse del pantalón vaquero.

—Oh, Marta —gimió el chico alterado—. No sabes cuantas ganas tenía de sentir tu mano en mi polla.

No era lo más romántico que podía decirle, pero dadas las circunstancias especiales en las que se encontraba, se lo dejó pasar.

—Tú no te preocupes —le dijo con mimo—. Ya estoy aquí y voy a darte mucho placer.

Apretó la mano sobre el enhiesto pene, atrapado bajo la prenda y los ojos de Rubén se pusieron en blanco ante tan inusitado frote. Sin embargo, el chico la detuvo.

—Cari, vamos a mi cuarto, que quiero follarte.

Notó el desesperado deseo en su mirada. De verdad que quería compalcer, era lo que mas ansiaba, pero de nuevo, no tuvo mas remedio que cortarle el rollo.

—Vale, ¿pero tienes condones?

Esa pegunta destrozó al pobre muchacho. Miró muy azorado a su novia y al principio, no supo ni que decirle. Tras ver como miraba a un lado y a otro, Marta le presionó para que contestase y lo hizo a regañadientes.

—Bueno, vamos a mirar en mi dormitorio.

Registraron cada palmo del cuarto y ni rastro de algún preservativo. Fue al dormitorio de sus padres y hasta a la habitación de su hermano, que encima era menor, pero nada. Cuando regresaron a su cuarto, Rubén se sentó en la cama frustrado y al mirar a su novia, se notaba que ya no podía más.

—Podemos hacerlo sin necesidad de condón —afirmó con rotundidad—. Me corro fuera y listo.

—¡Ni de coña! —saltó al instante Marta—. Primero, porque aunque te salgas, me puedes dejar embarazada. Segundo, porque yo no soy una puta barata a la que puedas dejar pringando la cara de semen.

Estaba claro que follar le iba  costar más que caro al pobre muchacho. Su novia era bastante escrupulosa respecto al sexo y todo se tenía que realizar en unas condiciones necesarias. Puede que eso la hiciese ver como alguien puntillosa, pero Marta así lo tenía. Y sin condón, no había nada.

—Entonces, ¿qué pretendes? —preguntó el chico ya harto—. ¿Es que quieres que baje ahora a comprar un paquete?

La mirada de la chica ya dejaba bien claro lo que iba a pasar. Rubén, respirando hondo, no tuvo más remedio que hacerle caso. Fue en busca de su cartera y salió del piso para ir a una tienda donde comprar preservativos. El tiempo que tardó, Marta lo pasó acostada boca arriba sobre la cama, pensando un poco en todo. Su cabeza iba desde Clara y su encaprichamiento en Guillermo, el friki, pasando por los estudios y su relación con su novio. Tenía que reconocer que a veces, era algo dura con él, como en esta ocasión, pero el chaval se lo buscaba. Siempre hacía alguna tontería que la irritaba y por eso, se comportaba de forma tan controladora con él, casi ni siquiera dejándole respirar. Además, últimamente su relación no le resultaba nada satisfactoria, sobre todo en el plano sexual. Parecía como si hubieran caído en la monotonía. Siguió dando vueltas a todos estos temas hasta que escuchó la puerta del piso abrirse. Cuando vio entrar a su novio, se puso en pie al momento.

—¿Los has comprado? —preguntó algo ansiosa.

Como única respuesta, el chico le mostró el paquete.

Todo precipitó como el inicio de una tormenta. Volvieron a juntarse y se comenzaron a besar con prisa y hasta agresividad. Las manos de Rubén volvieron a recorrer ese bendito cuerpo que tanto le volvía loco y Marta no dejaba de juguetear con la lengua de su novio. No podía, estaba muy necesitada de sexo. Sin pensárselo dos veces, su novio tiró para arriba de su camiseta, tratando de quitársela de una maldita vez. Cuando notó como él forcejeaba de forma torpe por desprenderla de la prenda, y más sintiendo la fuerte presión en sus brazos, lo detuvo.

—Vas a terminar por hacerme daño —le comentó.

Rubén frenó su intentona y su novia se retiró de su lado.

—Mejor desnudémonos, ¿vale? —le propuso ella.

—¿Quieres hacerme un striptease? —habló el muchacho picarón.

La expresión de furia, que se dibujó en los azulados ojos de Marta al escuchar esto, le dejó bien claro que no iba a ser así. Bastante tenían con follar. Mejor era no tentar más a la suerte.

Sin demasiada ceremonia, comenzaron a desnudarse. Mientras iban despojándose de sus prendas, Marta pudo fijarse en lo mucho que había cambiado su novio desde que comenzó. Tenía la piel más oscura, tostada gracias al Sol mañanero. Ahora tenía una constitución más robusta y podía notar sus brazos y piernas con músculos mas marcados, señal de lo mucho que había ejercitado al transportar cajas y no parar de andar de un lado a otro. Cuando vio su bien formado torso, la muchacha vibró. Su chico era un tozudo de cuidado, pero estaba más bueno que el pan.

Rubén tampoco le quitaba el ojo de encima. Al quitarse el sujetador, sus grandes y bonitas tetas quedaron al descubierto. Aunque de pezones pequeños, llamaban bastante la atención. Al tiempo que ella se desabrochaba el pantalón, su novio se colocaba detrás. La abrazó por la barriga, atrayéndola a él. Marta se alborotó y estuvo por decirle algo, pero cuando notó contra su culo el erecto miembro, apenas cubierto más que por sus calzoncillos, prefirió callarse.

—Que buena estás, cariño —dijo con ronca voz.

Se bajó el pantalón hasta las rodillas, dejando su desnudo culo al descubierto, tan solo tapado por sus bragas. Así comenzó a frotarse contra el chico, atrapando su dura polla entre los cachetes de su trasero. Él comenzó a gemir con fuerza al empezar a moverse, otorgándole un maravilloso masaje en su zona erógena. Como respuesta, aferró sus dos tetas con ansias.

—Te echaba tanto de menos —expresó con mucho deseo Rubén.

Sus manos acariciaron sus tetas y pellizcaron sus pezones. Apartó su melena negra y besó su cuello, deslizando su húmeda lengua por toda la piel. Marta no podía mojarse más tras algo así. Sin dudarlo, se apartó para sentarse sobre la cama, terminando de quitarse sus pantalones. El chico se colocó encima de ella y con sus manos le apartó las braguitas hasta los muslos. Se besaron con mucho deseo y volvieron a toquetearse.

Marta suspiró al notar como la mano de su novio se colaba en su entrepierna y acariciaba su coño. El muchacho quedó impresionado al notar lo mojada que estaba y abrió los semicerrados labios, haciendo que la chica se estremeciese. Con diestro cuidado, halló su clítoris y comenzó a masajearlo.

—¿Echabas de menos esto? —preguntó el chico.

La muchacha apenas llegó a asentir cuando notó aquella dulce caricia en su sexo. Esto era lo que quería, lo que necesitaba. Con ansia, buscó la boca de su amante y le introdujo la lengua para saborear con ganas. Al mismo tiempo, su mano descendió por el torso y llegó hasta los calzoncillos. Con cuidado, palpó el duro pene que se marcaba con fuerza bajo la prenda. Rubén gimió y más lo hizo cuando Marta coló su mano por dentro, aferrando su herramienta con firmeza.

—Joder, ¡me cago en todo! —chilló entre dientes.

Comenzó a pajearlo con cuidado, moviendo su mano en un acto de bombeo sincronizado al tiempo que él la masturbaba. Los dos estaban gozando con ganas, pero el muchacho decidió frenarlo todo. Se separó de ella y la empujó para tumbarla sobre la cama. Sin dudarlo, se bajó el calzoncillo, dejando que su erecta polla quedase por fin libre y cogió el paquete de condones para sacar uno. Viendo lo que hacía, Marta se quitó sus bragas y abrió las piernas, en una clara invitación a su novio. Este, tras colocarse el preservativo sobre el endurecido miembro, se colocó sobre ella y comenzó a besarla.

—Oye, déjame esta vez a mí encima —le pidió su novia.

Pero él no hizo caso. Sin más miramientos, la penetró con su polla. Al notar aquella recia barra de carne adentrándose en ella, Marta se estremeció. Acto seguido, Rubén comenzó a moverse de forma tosca, embistiéndola con primitiva necesidad. Podía sentir como la polla barrenaba con furia su interior y no le gustaba. Así no era como ella deseaba tener sexo. Rubén siempre hacía lo mismo cada vez que se encontraban, pocos preliminares y directos al folleteo. No le daba la oportunidad de disfrutar y gozar con cada pequeña pieza de excitación.

Aun así, no desistió. Mientras el muchacho la cogía de las piernas para dirigir mejor sus envites, ella le dio un suave beso en el cuello. Él la miró con sorprendido ante la acción realizada y le sonrió con ternura. La correspondió con un sensual morreo en su boca, que se prolongó por un poco. Luego, mientras seguía acometiendo con bombeos más suaves en su interior, descendió por su cuello hasta llegar a sus pechos. Allí, se dedicó a lamer y chupar sus pezones. Estimulándola mucho más. Ahora si le gustaba esto más. Eso era lo que había deseado con ganas y esperaba que así se prolongase. Sin embargo, como se suele decir, todo lo bueno tiene que acabar.

Enseguida, notó como su novio se estremecía más de la cuenta. Eso no le gustaba.

—Rubén, ¿no iras a correrte? —preguntó Marta nerviosa.

La muchacha seguía moviéndose, aunque cada vez de forma más arrítmica. Sin ninguna duda, esa era clara evidencia de que su orgasmo estaba por llegar. Ante esto, la chica entró en pánico. No era lo que deseaba y trató de frenarlo un poco, pero el joven seguía con sus embestidas.

—Cari, ¡no aguanto más! —dijo con voz atragantada.

Al dar su último estoque, clavando su polla en lo más profundo de su novia, Rubén se corrió. Su cuerpo entero tembló descontrolado, incapaz de contener su respiración. Gimió varias veces mientras movía sus caderas de manera corta para acompañar cada espasmo en su miembro. Dentro de ella, Marta sintió un intenso calor, procedente del semen, aunque este había quedado atrapado en el condón.

Cuando todo terminó, el joven se salió y cayó desplomado bocarriba sobre la cama, emitiendo fuertes bufidos. Su cuerpo estaba algo sudoroso y aun se notaba el agotamiento por la intensa corrida que acababa de tener. Mientras, Marta seguía en su sitio, sin decir o hacer algo. En su cabeza, todavía no podía creer que acabase de follar.

—Madre mía, ¡cuánto necesitaba esto! —exclamó muy satisfecho Rubén.

La chica volvió su cabeza y le lanzó una mirada cargada de odio. Deseaba matarlo allí mismo. Pensaba en mil y una formas de acabar con él, todas ellas muy sádicas y dolorosas. Sin embargo, no sacó a relucir su instinto asesino, pues su novio se acercó a su lado para darle un besito. Y ella decidió comportarse como la chica modélica y complaciente que era.

—Gracias por todo, Marta —le dijo muy contento el hombre—. En serio, no sabes cuánto te necesitaba.

Así que para eso servía ella. Para echarle un polvo y vaciarse en su interior. No podía estar más rabiosa.

Vio como el chico se levantaba para quitarse el condón y lo tiraba en la papelera. Acto seguido, volvió a su lado y la abrazó con ternura. Pero Marta no estaba para carantoñas.

—Bueno, pues si aquí hemos terminado, me voy —habló de forma repentina.

Rubén se levantó sorprendido al oír esto.

—¿En serio? —preguntó desolado—. ¿No quieres quedarte un poquito más?

Pese a ponerse juguetón, eso no la convenció. En cierto modo, necesitaba alejarse de él, porque si no, juraba que montaría un buen follón. Y este no tendría nada sexo. Así que sin decir nada más, se levantó y comenzó a vestirse. El muchacho la miró incapaz de decirle algo, tan solo contempló como se ponía su ropa y se preparaba para volver a su casa.

—Oye, ¿cuándo volveremos a vernos?

Al escuchar esta pregunta, por un momento pensó en responderle con un rotundo “nunca”, pero se contuvo. Lo último que quería era herirle, aun a pesar de ser todo por su culpa. O al menos, tener parte de ella.

—Ya te llamo —fue lo único que se limitó a decirle.

Tras esto, se dispuso a salir por la puerta cuando su novio la llamó de nuevo:

—Cari, ¿te pasa algo?

Por un instante, pensó en decírselo. Confesarle que tenían un problema, pero de nuevo, decidió no hacerlo. En esos momentos, no estaba en condiciones.

—No es nada —le contestó—. Tengo un poco de prisa. Quiero terminar la tarea y estudiar un poco.

—Vale, no te entretengo más.

Se marchó del piso en silencio, sin dejar de pensar en lo que había pasado. Ya llevaban así desde hacía algún tiempo. Aunque el sexo era placentero para él, ella se sentía cada vez más insatisfecha. Clara ya le había aconsejado que lo hablase con Rubén, que le explicase su problema, pero ella era tan orgullosa y le costaba tanto hablar de cosas personales, que no se atrevía. Además, temía herirle. Le quería tanto, que por eso se lo callaba. Resultaba una actitud estúpida, pero se decía que así eran las parejas felices. Ocultando secretos. El caso era que ya llevaban tanto tiempo juntos que se había convertido en algo normal y consideraba que solo sería cuestión de acostumbrarse.

Ya de nuevo en casa, terminó los ejercicios que le quedaban y estudió un poco. Al menos, pudo olvidarse del bochorno que la acosaba. Después de eso, fue a cenar, habló con sus amigas por el móvil y luego, se fue a dormir. Mañana sería otro día.

El día siguiente, en el instituto, tocaba Historia, pero como se suponía que el profesor no estaba, no dieron clase. Al ser primera hora, había tan solo unos cuantos alumnos en clase. La mayoría había decidido dormir una hora más. De las cinco amigas, tan solo Marta y Luz se hallaban allí.

—Creo que debí de quedarme en la cama un ratito más —se lamentaba una más que aburrida Luz.

Marta apenas hizo caso a su queja. Seguía pensando en lo que le ocurrió ayer con su novio y eso la frustraba mucho. Tenía que hablar con Rubén de todo aquello o se volvería loca por completo. Cuando notó a su compañera llamándola, sopesó la posibilidad de contárselo, pero concluyó que no era muy buena idea.

—¿Qué quieres? —le preguntó al llamarla tanto.

—¿Cuándo crees que vendrá ese sustituto?

Al escuchar semejante cuestión, no supo que decirle. No tenía demasiado interés en esos momentos por saber quién les iba a dar clase de historia y desde luego, no le hacía mucha ilusión.

—Ni idea —le contestó muy apagada—. No es que sea mi prioridad saberlo ahora.

La rubia se quedó algo disgustada con semejante respuesta, aunque tampoco le dio demasiada importancia. Se recostó un poco en su silla y miró hacia delante.

—Pues esta vez espero que no nos de clase un tío viejo —comenzó a decir Luz—. Me encantaría que fuese un hombre guapo y muy encantador, que se comporte de forma educada y caballerosa con nosotros. Además, tiene ser muy elegante y seductor.

No sabía si echarse a reír o llorar con su amiga. Cuando Luz se ponía a fantasear, nadie podía detenerla. La chica no había tenido mucha suerte en el amor (y el sexo), así que resultaba normal que dejase volar su imaginación, pero tampoco era bueno vivir tan solo de las expectativas.

—Lo que tú quieras, nena —le dijo mientras la imitaba recostándose también sobre su asiento—. Luego no te quejes por haberte hecho ilusiones.

—Tu puedes reírte cuanto te dé la gana —contestó en ese mismo instante su amiga—, pero ya verás cómo esta vez tengo razón.

Después de decir esto, cerró sus ojos y por un pequeño rato, se dispuso a soñar.


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com

© Casius Black

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (2)
\"Ver  Perfil y más Relatos de Casius Black
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.
LWNET 1999-2017 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)