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Fecha: 10-Jul-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Dos hembras en Villamacho Cap 1.IV

Zorro
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Tiempo estimado de lectura: [ 134 min. ]
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La familia de Sandra pasará el día en la finca de Andres y esta decide provocar a su vecino para poner celoso a su marido. Joaquin tendrá que preocuparse también de un invitado no deseado que no tiene tanta paciencia como Andres. Ambos las pondrán en su lugar y les enseñarán quien manda. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Mensaje del escritor: Soy consciente de que estaba presentando el primer capítulo de esta saga como uno dividido en cuatro partes pero, al escribir esta última parte me di cuenta de que no me cabría todo por lo que decidi preguntar a los lectores de mi blog si preferirían una cuarta parte muy resumida o una quinta parte extendida... Y decidieron lo segundo, aún así me quedó bastante largo.

 

Entiendo que haya personas a la que mis relatos les pueda parecer largo pero es evidente que si lo hago tan largo es porque explico muchas cosas de lo que sucede para que el lector pueda meterse mejor en la historia. Un relato corto no permite ni acumular la tensión ni conocer bien los pensamientos, inquietudes ni las emociones de los personajes; por eso mismo hago relatos tan largos.

 

Dicho esto, aconsejo a los que no puedan leerlo del tirón (como es normal) que lo vayan perdiendo por partes. Lo he enseñado a muchas personas antes de publicarlo aquí (además de en mi blog privado) y me han comentado que es bastante bueno. ¿Pero sabéis qué? Si os animáis, queridos lectores y lectoras, prefiero que me señaléis tanto lo que os gusta como lo que os disgusta. No os cortéis a la hora de criticar, por favor. ¡Gracias!

 

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Capítulo 1: El macho alfa

 

Parte IV/V: Sumisión por humillación

 

4.0: Juego indecente de pareja

 

La familia de Sandra había encontrado por fin el día para celebrar una barbacoa en casa de Andres y su hijo. Tras encender la chimenea en el exterior, ahumaron las carnes y otros alimentos antes de sentarse en una larga mesa de madera donde con la cubertería ya puesta solo tenían que limitarse a servirse lo que iban a comer y disfrutar de una divertida velada.

   El día había trascurrido sin incidentes y Andres no había interactuado lo más mínimo con Sandra, todo salía a pedir de boca. Pero tras sentarse en la mesa y comenzar a cenar, entre las risas de su marido y sus hijos sus miradas adulteras se cruzaron en más de una ocasión. En los ojos de la madre se percibía culpabilidad y vergüenza mientras que, en los de él, se veían deseo y lujuria.

   Esos ojos se transformaron en su todo mientras que los gritos, las risas y las voces de su familia fueron desapareciendo hasta convertirse en poco más que susurros. Solo aquellos ojos tenían significado, y los ruidos que la rodeaban carecían de un significado entendible para ella. Sandra se llevó la servilleta a los labios para limpiárselos de manera modosa antes de levantarse y retirarse en silencio al baño. 

   El ajustado vestido, que buscaba ser más provocativo que cómodo, no le permitía andar con soltura. Sus muslos se veían obligados a permanecer pegados uno contra otro a cada paso que daba, y era consciente de que las inquisidoras pupilas de Andres estudiaban cada movimiento que su cuerpo hacía. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo húmedas que estaban sus muslos, como estos resbalaban uno contra otro como si estuviesen bañados en aceite. Al mirarse con disimulo las piernas se percató de lo visiblemente mojadas que estaban y devolvió la vista a la mesa, observando con vista rápida y ágil al resto de su familia para asegurarse de que nadie se había percatado y así era. Miro por última vez a Andres, el cual la sonrió de manera descarada como si él fuese él único que sabía lo que pasaba debajo de su vestido.

   Fue entonces cuando reanudo el paso, el más rápido y disimulado que podía realizar sobre aquellos tacones y con aquella falda. Llegó al bañó justo para encerrarse dentro, apoyándose contra la puerta de espaldas mientras cerraba los ojos y suspiraba.

— Has tardado mucho –criticó desde las sombras Andres mientras se encendía la luz.

— ¿Qué haces aquí? Nos van a descubrir. ¡Sal del baño! ¡Rápido!

— Llevaba mucho tiempo esperando esto –declaró el lujurioso hombre con los dedos transformados en despiadadas garras con el único fin de romperle el vestido.

— ¡No… Andres! No puedes… No podemos.

— Pero ahora estamos aquí, solos. Llevas toda la tarde provocando, es culpa tuya por no haberme calmado antes –La palabra culpa retumbó en su mente como si fuese un despiadado eco de sus propias palabras, pero deformado.

— Nos van a descubrir… ¡Nos van a descubrir! –gemía ella mientras lo empujaba lejos, pero él era más fuerte y logró abrazarla con facilidad mientras sus manos buscaban sus puntos débiles-. ¡Nos van a descubrir! –dijo ya sin resistirse físicamente.

— Me da igual –susurró él.

— ¡No! ¡No! Nos van a descubrir. Joaquin nos va a descubrir… -gritaba ella mientras notaba como unas manos la empujaban de un lado a otro. Tardó unos segundos en entender que había sido despertada de un sueño.

— ¡¡Sandra!! Despierta, es un sueño. Solo un sueño –La cara de su marido estaba oculta entre las sombras, pero ella sabía que era él.

— Ya está, ya estoy despierta –Las manos de su marido se separaron automáticamente de ella, dándole una pequeña tregua.

— ¿Quién nos iba a descubrir?

— Un ladrón –respondió sin pensárselo tras un par de segundos de silencio. ¿Había dicho cosas en voz alta? ¿Qué más habría dicho? ¿Y si había dicho algo inconveniente?

— Un ladrón –repitió Joaquín incrédulo.

— Un ladrón con cuchillos y una pistola –Si la mujer intentó sonar convincente, lo consiguió. Sintió irrefutables ganas de llorar al recordar el maravilloso sueño que estaba teniendo, un pequeño rincón de fantasía donde lo que sucedía no tenía porque ser inmoral ni prohibido, ni ella era una mujer que tuviera que contenerse. La realidad era mucho más deprimente y asqueante donde tenía que reprimir ciertos impulsos y los que le quedaban no eran satisfechos por su marido.

 

Al recordar esto, intentó llevar la conversación a su terreno. Se recostó y miró hacia la sombra que era su esposo, el cual guardaba silencio como si no se hubiese creído aquello.

— Estábamos escondidos detrás del sofá y a ti te entraron ganas de… ya sabes. Me comenzaste a besar por aquí –Sandra le agarró por la muñeca y la condujo hasta su cuello, donde le hizo acariciarla con las yemas-. Creo que te excitaba esa situación…

— Claro –bufó-. Nunca es mejor momento para excitarse que cuando un ladrón armado irrumpe…

— Te daba igual, solo querías follarme –murmuró juguetona mientras se inclinaba sobre su marido para besarle. La barba le había empezado a crecer durante la noche y estaba afilada, pero le daba igual, le gustaban las barbas a pesar de que su marido nunca se la dejase.

— Estoy… Estoy cansado –se justificó retrocediendo. Su voz realmente denotaba fatiga y agotamiento.

— Me vas a follar ahora –ordenó autoritaria aplastando su torso contra la cama y subiéndose sobre él. Ella estaba desnuda pero Joaquin aún conservaba unos pochos calzones que le tapaban hasta la mitad del muslo como si fuese un bañador.

 

El enfado estaba más que justificado: no follaban ni mucho ni poco, pero cuando lo hacían era él el que se llevaba los orgasmos y ella la que se quedaba a medias. Sin mostrar más interés en complacer su lujuria fémina… ¿Encima la despertaba de agradables y excitantes sueños? No lo iba a tolerar. Notando los pezones duros, enterró la cara de su hombre entre sus dos pechos como si intentase ahogarlo con ellos mientras levantaba las caderas y metía la mano bajo su calzón agarrando ya un pene que había comenzado a ponerse duro. Bastaron unos cuantos meneos con su delicada mano para que se pusiese dura del todo y apuntando el proyectil contra su vagina, dejó caer sus caderas sobre ella enterrándola entre sus humedecidos labios carnales.

   Para sorpresa de ella, el polvo no duró poco y fue más que satisfactorio. Tal vez ayudase mucho que no viese la cara de su marido, pudiéndose imaginar que era otro muy distinto el que la follaba. No se sintió culpable por fantasear, pues ya era hora de que se preocupase un poco de si misma. Tal vez fuese la novedad, pero su pareja la permitió gozar de una buena sesión de sexo antes de que con unos pobres espasmos manchase su coño con un chorro de semen mientras gruñía de un modo similar al de un cerdo. 

   De mala gana dio unas pobres embestidas para finalizar mientras ella se quedó inmóvil sobre una polla que ya comenzaba a reducirse, como si eso le permitiese alargar el placer. No se había corrido, pero era más de lo que esperaba. Joaquin apartó de malas formas las caricias de su esposa antes de apartarla a un lado y continuar durmiendo.

 

Terminó, de nuevo, ignorada. Presa del insomnio ante los precoces ronquidos de su esposo antes de conseguir dormirse.

 

***

 

El día anterior a la barbacoa en casa de Andres, Sandra descubrió en el resto de su familia una excitación sin precedentes. Todos estaban muy ilusionados ante la idea de pasar el todo el domingo y parte del lunes en casa de su vecino, no solo porque tuviese piscina, hamacas, un pequeño bosque dentro de su parcela donde acamparían durante la noche y, por último, la chimenea y la barbacoa. Era una ruptura total a la rutina sedentaria a la que se habían acostumbrado, y sin duda, la acogían con agrado.

   Sin duda su vecino había propuesto muchas cosas para hacer tanto para sus hijos como para los adultos. Si la piscina, el espacio para jugar a futbol y la acampada no eran suficiente para los menores de edad, también iban a poder jugar a juegos de mesa. Joaquin y Rob en cambio fantaseaban más con la idea de tomarse unas cervezas picoteando carne bajo la sombra de los arboles mientras se tomaban unas cervezas frías con las que combatir aquel calor.

    La idea de acampar es su pequeño trozo de bosque se le ocurrió tras acordarse del peligro que podían ocasionar los jabalíes y lobos; pese a que esto sonase más a excusa para no dormir a la intemperie de la montaña.

 

Ella y su hija Olivia estaban más ilusionadas por asistir a la casa de su vecino por otros motivos muy diferentes. Aunque no lo reconociesen y se mintiesen a si mismas diciendo que no iba a pasar nada, guardaban fuertes expectativas de que Andres intentase algo a espalda de sus parejas, y aunque ellas ya barajaban la negativa que le darían si de verdad las intentaba cortejar, les divertía mucho pensar en ello.

   Llevaban bien la promesa de no volver a cometer adulterio con aquel hombre, una mejor que la otra. Olivia aguantaba mejor el síndrome de abstinencia debido a que su novio, más joven y lujurioso y pese a no dar la talla a las necesidades de su novia veinteañera, la satisfacía con mayor frecuencia al contrario que Joaquin, el cual parecía haber perdido por completo su apetito sexual y, cuando rara vez hacían algo, era más para complacerla a su lujuriosa mujer que por si mismo. Irónicamente era él el que gozaba de los orgasmos, y no ella. El sexo siquiera le solía resultar divertido, y a pesar de esto nunca volvió a pensar en acercarse a Andres… hasta ese momento.

 

El sueño que tuvo ya lo decía todo. La idea de estar cerca de Andres; deseada y cortejada por este la volvía loca. Y a pesar de que pensaba cumplir su propia promesa de no volver a hacer nada con su vecino, era aquel juego tan peligroso la que la encendía. Mientras que Olivia raramente se desveló pensando en lo que sucedería el día siguiente, su madre no podía pensar en otra cosa.

   Estaba indecisa sobre que debía llevar el día siguiente: Se imaginó llevando unas mallas negras elásticas, una minifalda… pero era un vestidito, ajustado y totalmente descarado el que se convirtió en su primera opción. También tendría que llevar un bañador… ¿O iba a resignarse a no bañarse? ¿Sospecharía su marido si levantaba en Andres interés con el vestido o el bañador que tenía en mente? ¿Y si Andres llevaba su diminuto bañador? ¿Y qué tipo de ropa debía llevar para ``la acampada´´? ¿Debía llevar ropa de recambio por si se mancha la ropa de comida?

   Pensar en todas esas opciones la hizo acalorarse. Sofocada acudió al armario y buscó hasta encontrar con el vestido que tenía en mente. Se acercó al espejo, poniendo entre este y su cuerpo el vestido para ver si le hacía juego con el resto del cuerpo… Desde luego que sí, era demasiado descarado y provocativo.

— ¿Vas a llevar eso? –inquirió su esposo con un claro tono de desaprobación tras de ella. No se refería al vestido, sino al bikini que llevaba puesto. Se dio la vuelta para encarar a su marido, pues no iba a renunciar a llevar bañador.

— ¿No te gusta?

— Es demasiado provocativo –La acusación le pilló por sorpresa, pero mucho más la exageración que había usado como adjetivo cuantitativo

— Es el único que tengo –alegó con frialdad pues no estaba dispuesta a ceder.

— Eso no quita que sea provocativo –el tirito de su marido era tajante. No le decía que no pudiese llevarlo, pero tampoco le daba permiso.

— Que pena… Y yo que tenía tantas ganas de bañarme –replicó decepcionada dejando el vestido sobre la cama mientras su señor esposo guardaba silencio-. Supongo que tendré que bañarme desnuda –El sarcasmo hizo a Joaquin gruñir-. O tal vez podría bañarme en ropa interior.

— Sería preferible –Al escuchar esto, Sandra se imaginó a si misma vistiendo lencería erótica para bañarse en la piscina. Su marido acababa de demostrar con aquel comentario una ignorancia muy propia de algunos hombres.

— No tapan lo mismo. La ropa interior se transparente –le explicó pacientemente a su marido mientras sacaba del armario un sujetador y unas bragas ``no provocativas´´-. Además… ¿A qué viene esto?

 

Joaquin se cruzó de brazos mientras enfurruñaba el rostro.

— ¿Recuerdas a dónde vamos? Vas demasiado provocativa con ese…  traje de baño.

 

Su esposa miró en dirección opuesta a su marido como si acabase de recibir una bofetada. Apretó la ropa interior en su puño mientras susurraba con voz prácticamente inaudible:

— Y aún no has visto el traje que voy a llevar.

— ¿Qué has dicho? –Se envalentonó mientras retrocedía y cerraba la puerta, como si aquello les diese intimidad.

— Que lo voy a llevar igual, porque no tengo burka con el que bañarme –bromeó sonriéndole-. Además… ¿Qué importa lo que piense Andres? Que mire lo que quiera.

— Me importa. Eres mía… -Sandra se adelantó para taparle los labios con el dedo índice. La sobreexcitó que su marido se pusiese celoso, por estúpido que sonase. Por primera vez en mucho tiempo acababa de exhibir temor a perderla.

— ¿No te pone que otro hombre me deseé y solo tú puedas poseerme? –preguntó mientras se elevaba sobre sus puntillas para besarlo.

 

Ella siempre había sido de naturaleza mimosa, pero el paso del tiempo la había otorgado una más arisca y distante. Ese era el regalo que le había hecho su marido, y era en lo que la había transformado.

— Mostrarle demasiado puede hacer que tenga las ideas equivocadas.

—Yo solo quiero esto –Le agarró el miembro por encima del pantalón, totalmente reducido-. Una buena polla. Y tú me la das, ¿verdad? –inquirió con ironía, sin embargo Joaquin no pareció entenderlo ni darse por aludido así que asintió-. ¿Crees que tu amigo es rival para ti?

— No.

— No, no es rival –repitió con zorrería antes de empujarle a la cama haciéndole estirarse de espaldas-. Te propongo algo… Vamos a ser malos –Su esposo percibió el brillo de perversión que destelló en sus ojos.

— Miedo me das –Se mantuvo a la defensiva, sin saber que esperar.

— Mañana fíjate bien como me mira…

— ¿Y qué harás tú? 

— Le provocaré –La voz de Sandra era musical, parecía que cantara. Ilusionada con lo que ella misma proponía, y se había vuelto muy aguda. Se sentó sobre su cintura, con el bañador aún puesto mientras comenzaba a abrazarlo melosa.

— ¿¡Que Qué!? 

 

Se irguió ofendido mientras la apartaba de él, dejándola de pie al frente de su cama.

— No me has dejado terminar.

— Le vas a provocar. ¿Te gustaría que yo hiciese lo mismo con otra mujer?

— Es un juego –replicó decepcionada. Comenzaba a darse cuenta de que había sido un error proponer nada. Él era demasiado cerrado para algo tan morboso, pues sus placeres eran más básicos, aburridos y simples.

— Que quieres ligarte a nuestro vecino y no sabías como decírmelo de frente.

— Yo no he dicho eso –Joaquin la cortaba todo el rato sin dejarle hablar, sin atender a razones-. Déjame hablar y lo entenderás. Si no te convence, no se hace y ya está.

 

No continuó hablando hasta que su marido no se quedase callado mirándola, demostrando así estar dispuesto a escucharla.

— Solo propongo… seducirlo delante de ti. Pero no de manera… ¡NO! ¡Déjame acabar! Y si no te gusta no lo haré…

— No se trata de que no lo hagas. Si lo estás proponiendo es porque te gustaría hacerlo. ¡No te jode!

— Claro que me gustaría hacerlo… Dejarle con las ganas a ese mirón y luego follarme a mi hombre. Tú serías el ganador… 

— Sigue -gruñó su pareja, estirándose de nuevo en la cama mientras apoyaba todo su peso sobre un codo.

— Lo que estoy proponiendo no es otra cosa que ir provocativa. Que mire lo que quiera, pero yo soy tuya -Tras apoyar las manos en el borde de la cama comenzó a gatear hasta donde estaba Joaquin y le agarró directamente la polla por encima, la cual para satisfacción de Sandra estaba durísima; ya estaba en el bote-. Y si surge la ocasión… podemos irnos a un lugar apartado de la casa y… -se mordió el labio; gesto aprendido en algunas películas y que imitó en un intento de afianzar la mejor reacción de su cónyuge-. Un juego de pareja, solo para los dos.

— ¿Y si intenta algo?

— Solo tengo que evitar quedarme a solas con él. ¿No? Además… Si no te he sido infiel estos veintiún años que llevamos juntos… Y no ha sido porque me hayan faltado pretendientes.

 

La cara de Joaquin se transformó en un instante, no le agradó nada oír aquello.

— ¿Qué? -De nuevo estaba a la defensiva. Sandra acababa de darse cuenta de que había puesto el dedo en la llaga, pero no podía evitar que le divirtiesen mucho aquellas reacciones. El motivo de esto era que pocas veces había tenido la oportunidad de sincerarse sobre estos temas… Su marido no era alguien que premiase la confianza y la sinceridad.

— Nunca te he sido infiel, a pesar de que muchos hombres han intentado… seducirme -Mentir no se le hizo difícil. Solo había sido infiel en una ocasión, y debido a las circunstancias no lo consideraba infidelidad sino desliz.

— Pero ahora me propones seducir a mi amigo de buenas a primeras.

— Es un juego… Y al amiguito de aquí abajo parece gustarle la idea -Sandra dio un breve apretón al miembro viril de su pareja.

— No me termina de convencer -dijo Joaquin cerrando los ojos mientras agarraba la cabeza de su mujer entre ambas manos y la forzaba a bajar más. Como si lo último que quisiese fuese seguir con aquella conversación.

— No te cierres en banda, Joaquin. Si no hubiese riesgo de que Andres intente nada… ¿No te pone la idea? ¿No te pone que otro hombre me desee? -El aludido no contestó. Su mujer desabrochó el pantalón y se llevó sin reparos la polla a la boca-. A mí me pone muy cachonda. Es un juego muy morboso.

— ¿Y si no puedo soportarlo y te digo que pares de hacerlo?

— Pararé -contestó con frialdad. Su marido era único chafándole las expectativas.

— Entonces… Hazlo. Pero sin cosas raras, y no te olvides que estaré vigilando.

— Eso quiero, que lo veas todo… -La sonrisita de Sandra evolucionó a una destellante sonrisa de oreja a oreja antes de reanudar el sexo oral que le estaba brindando a su esposo como recompensa.

 

Lo que Joaquin no sabía era que su esposa, habiéndole sido infiel con aquel mismo hombre en una ocasión, realmente no se había propuesto repetir el error; pero este juego lo había propuesto para darle contexto a las miradas entre ambos que, de otra manera, no habrían podido disimular. Gracias a aquel juego podría mirarla con total libertad sin que su marido pudiese decir nada.

    Solo tendría que mantenerse firme, evitando quedarse a solas con él pues no estaba del todo segura de poder resistirse a la tentación. Se repetía a si misma que no volvería a traicionar a su marido, pero incluso con esto en mente, le provocaba una grata satisfacción pensar que Andres tenía permiso para desearla todo lo que quisiese… con su marido delante.

 

 

4.1: Las cartas sobre la mesa, los ases bajo la manga

 

Durante la mañana que precedía la barbacoa, los dos edificios habitables de la familia carecían de un solo momento de silencio. Los gritos iban y venían, con preguntas a diestro y respuestas a siniestro sin tregua alguna. Pedro y Jaume preparaban su bolsa conjunta con toallas, bañadores, una pelota, crema solar y para encontrar cada cosa debían preguntar a su madre que desde su habitación respondía pacientemente mientras se probaba el vestido y se arreglaba de la mejor manera posible.

   Joaquin y su yerno estaban demasiado ocupados discutiendo sobre cual era la mejor manera de guardar las cervezas congeladas en la nevera, de modo que no se rompieran si se producía algún choque. Olivia, previsora como siempre, era la única que se paseaba por la casa con tranquilidad gracias a haberlo preparado todo el día anterior. Tras ducharse y desayunar, se estiró el sofá mientras se preparaba para ver la tele mientras se abstraía de todo el alboroto que la rodeaba, intentando no pensar en nada más.

 

El patriarca entró en su habitación sin picar y se quedó de piedra al descubrir a su esposa regocijándose dentro de un provocativo vestido frente al espejo.

— Esto… ¡Esto es demasiado, Sandra!

— ¿Qué pasa? ¿No te gusta? -La pregunta de su respuesta era coqueta. Todavía estaba descalza, pues no se había decidido sobre si llevar unas cómodas zapatillas a juego o unos tacones de vértigo. El vestido era de una sola pieza y se pegaba a su piel como el papel mojado a una superficie; no hacía falta que se transparentaba nada, porque la simple forma ya era suficiente para excitar. La prenda sabía exhibir cada curva de su hermoso cuerpo, y era esos vestidos que llevaban las femmes fatale para hacer perder la cordura a los hombres de bien. La falda era tan corta que se cortaba justo donde morían sus gluteos y nacían sus muslos. Toda esta exhibición de sensualidad era ofrecía sin sacrificar un mínimo de elegancia, pues su mujer siempre había tenido mucho porte y muy buen saber estar. ``Nadie diría que en el fondo es la más zorra de todas las zorras´´ pensó con disgusto Joaquin mientras sacaba de su bolsillo trasero un pañuelo de seda para retirarse el sudor frio que lo empezaba a agobiar. 

 

Pese a lo mucho que le molestaba verla así vestida, intentó que no se notase. Tragó saliva y se acercó claramente titubeante mientras su mujer dejaba de mirarse en el espejo para prestarle atención a él.

— M… Me gusta, Cariño… Pero vas d… demasiado… ya sabes. A… Arre… -No le salían las palabras. Lo último que quería era discutir, pues sabía bien que aquellas discusiones solo le alteraban la frecuencia cardíaca y no quería arriesgarse. Podía parecerlo, pero seguía muy preocupado por sus problemas del corazón.

— ¿Arreglada? Dímelo con una sola palabra, quiero oírlo. ¿Cómo estoy?

— Preciosa.

— Entonces a Andres le va a encantar -añadió sin piedad alguna, guiándole el ojo recordando que seguían con su pequeño juego; entonces volvió a mirarse al espejo para examinarse esta vez el peinado-. ¿Me puedes subir la cremallera, cariño? Está… Ahí -Le oriento mientras se apartaba el pelo para que este no se pillase con la cremallera-. Me queda como un guante -señaló orgullosa.

— Ese es el problema.

— Es parte del juego -Su elegante esposa no pareció dispuesta a dejarle marcar los términos de la discusión. Se acercó a su marido y colocó una mano sobre su esternón y la otra sobre la entrepierna-. Te late el corazón muy rápido… ¿Estás bien? No olvides tomar tu medicación -Le cuestionó con ironía exhibiendo una ingenua sonrisa al tiempo que le frotaba desde fuera del pantalón-. Y aquí estás todo duro. En el fondo te gusta… Y a mí me encanta que te enceles por una vez.

 

Se puso de puntillas y lo besó con ternura, limpiándole los labios con el pulgar pues le había manchado con pintalabios.

— Podrías ir un poco menos arreglada.

— Entonces no tendría gracia.

— Como tú no eres la que siente los celos…

— Por cierto -dijo ignorando esto último que dijo Joaquin-. Llevo bañador y ropa de recambio, tranquilo, es ropa normal… ¿Pero sabes qué? -Se volvió a poner a pies puntillas para susurrarle al oído que no llevaba ropa interior.

 

 

***

 

Al contrario que su madre, Olivia no se complicó la vida. Se puso una camisa grande de Rob que le llegaba hasta poco más debajo de la cintura, dando el falso efecto óptico de que estaba desnuda a pesar de llevar debajo unos pantalones tejanos muy cortos y tanga de hilo debajo. Lo llevaba por comodidad, no por Andres, ya que estaba decidida a que este ni la oliese siquiera.

   La familia tenía todo preparado en la puerta, los enseres y las mochilas con lo que llevarían hasta allí, y tuvieron más dificultad para caber todos con todo en el coche que para llegar hasta allí: Eran seis en un coche espacioso pero que únicamente tenía cinco plazas, eso sin contar con todo lo que llevaban. Tenían suerte de que la casa de su vecino no estuviese lejos porque iban sumamente incómodos.

 

   Aunque no lo sabían, solo Sandra y Olivia habían estado en anteriormente en aquella casa pero no el resto de la familia… Los cuatro quedaron asombrados al descubrir cómo era desde dentro la enorme casa de Andres.

 

 

 

En términos generales, la finca tendría en total unos mil quinientos metros cuadrados de terreno como poco. En la parte norte había un pequeño bosque que ocupaba al menos un cuarto de toda la finca. Este estaba constituido por diversos tipos de árboles como abetos, robles y pinos; a Jaume le pareció identificar también algunas especies frutales como manzanos y limoneros.

   Otro cuarto estaba ocupado por la enorme casa y la piscina mientras que, la otra mitad de la finca, era terreno plano con árboles individuales, arbustos, hamacas y otras cosas que no alcanzaron a descubrir por el momento.

   Desde la valla de la entrada había un caminito de piedras y escalones de madera que llevaban hasta la casa, al oeste de la finca. Mientras ascendían por la pendiente, todos se fijaron en la ausencia de malas hierbas: Eran unas tierras y jardines que sin duda no carecían de mimo.

 

Cuando toda la familia se reunió ante la puerta, con las mochilas y bolsas sobre la espalda. Fue Joaquin el que se adelantó frente al resto para picar al timbre. Pasó un tiempo antes de que el dueño abriese la puerta con una sonrisa de oreja a oreja decorando su rostro. Los dos patriarcas se abrazaron como si hubiesen pasado años sin verse antes de que el anfitrión se dirigiese con un caluroso saludo al resto de la familia: Otro caluroso abrazo para Rob, dos apretones de mano para los dos hermanos varones y cuatro besos a las dos féminas de la familia. No pareció darle importancia a la vestimenta de Sandra, y todo quedó en un rápido y discreto vistazo de pies a cabeza sin emitir reacción alguna, algo que desconcertó tanto a Joaquin como a su esposa.

   Entró el primero y abrió todavía más la puerta mientras los invitaba a pasar inclinando la cabeza, como si los aceptase con humildad. Olivia y su madre no se molestaron en fingir lo sorprendidas que estaban con el interior de la casa como el resto de la familia, se limitaron a no abrir la boca yendo pegadas una al lado de la otra mientras Andres los guiaba por el resto de la casa.

   Joaquin no perdió de vista a su amigo, estando seguro de que no tardaría demasiado en devorar con la vista a su provocativa pareja, pero no lo hizo en ningún momento: ``Tiene que estar disimulando. Es demasiado evidente. ¿Cómo no va a mirarla? Seguro que se muere de ganas… Ya caerás, ya´´ sopesó el padre de los tres hijos para sus adentros mientras asentía y sonreía a todo lo que decía su amigo mientras los paseaba por el resto de la casa.

— Como vamos a pasar el resto del día y de la noche entrando y saliendo de la casa, prefiero enseñaros donde está todo. No tendréis que pedir permiso para entrar y para salir, la puerta al interior de la casa estará siempre abierta y… ¡Bueno, que puedo decir… como si estuvieseis en vuestra casa!

— Muy amable -musitó Sandra con una cálida sonrisa, pero su doble intención de atraer miraditas por parte del amigo de su marido resultó infructuoso. La miraba con el mismo interés que si llevase un velo islámico, como si no hubiese nada que mirar en ella.

— Sí, muy amable -repitió su marido mirando a los niños-. Pero eso no quiere decir que podáis curiosear ni meteros en habitaciones. ¿Me habéis entendido? Que os veo venir.

— Bueno, tampoco tengo nada que ocultar -Andres rio antes de añadir el pero:-. Eso sí, os agradecería que nadie entrase en el sótano… Está oscuro y falla la luz, además de que hay cosas peligrosas y está todo que se cae -Sonaba más como excusa que como una razón convincente, pero los aludidos se limitaron a asentir antes de continuar la guía orientativa por el resto de la casa-. Hay dos baños, uno en la planta de arriba y otro en la de abajo; podéis ir al que más os guste… es una ventaja por si uno de ellos está ocupado -hizo una breve pausa como si estuviese poniendo sus pensamientos en orden antes de continuar-. La cocina está aquí y desde ella se puede ver la piscina. Tengo las cortinas corridas porque solo entraría calor… Y ya está, supongo. El resto son… mmm… habitaciones, despacho y sótano al que nadie debe ir. Hay tres puertas para entrar y salir de la casa, la delantera que es por donde hemos entrado, la trasera que da a la piscina y la chimenea donde haremos la barbacoa, y la puerta del garaje.

 

La visita rápida precedió lo inevitable: La salida al exterior. Los niños botaron de alegría y suplicaron poder bañarse; petición aceptada tanto por los padres como por el anfitrión. No tardaron demasiado en cambiarse en el baño antes de tirarse a la piscina de cabeza. 

   Rob y su suegro se acercaron sigilosamente a la chimenea para apreciarla y tomarla como ejemplo mientras valoraban la posibilidad de hacer una ellos mismos en su finca. Mientras Olivia se dirigía a la sombra y se sentaba en la hamaca, Andres sorprendió a Sandra colocándose detrás de ella y susurrándole discretamente al oído:

— ¿No vienes demasiado arreglada para una barbacoa? -La madurita botó del susto-. ¿Te ha dejado venir así? ¿Le importaría a tu marido si te miro mucho? -hubo una pausa mientras la mujer escuchaba como hacía ruido con la nariz oliéndola descaradamente-. Que bien hueles… Me ha entrado hambre. Ya encontraremos el momento… -Sandra se quedó muda, y continuó andando seguida por él. No se atrevió a volver la vista, pero si miró de reojo a su marido pero este ni se daba cuenta de lo que pasaba-. Estoy deseando ponerte en pompa, subirte el vestido y comerte el coño… Seguro que ya está bien mojadito, eh.

 

Andres se apartó de nuevo con discreción dirigiéndose cargado con una nevera azul hacia la chimenea, donde lo esperaban Joaquin y Rob. El padre de Satur fue preguntado por su hijo, y este respondió que se encontraba con su tío y no tardarían en llegar.

— ¿Tu hermano va a venir? -inquirió su amigo cuarentón; lo había pillado totalmente por sorpresa.

— Él nunca se perdería una barbacoa -aseguró echando una rápida miradita picantona a la esposa de su invitado; pese a no ser descubierto por sus dos acompañantes, si fue pillado de pleno por Olivia. Esta se calló y fingió que no había pasado nada. Ya le parecía raro que su madre fuera tan arreglada… ¿Podría ser que hubiese algo entre ellos dos? Si su primera reacción fue de enfado, supo disimularlo muy bien: Tumbada en la hamaca y disfrutando de la frescura de la sombra mientras pequeñas pinceladas de rayos de sol bailaban sobre su piel; se puso las gafas solares, pero decidió no perder de vista a su madre ni a Andres.

 

Mientras los dos hermanos gritaban, chapoteaban y batallaban amistosamente en la piscina; Olivia aprovechó la soledad bajo la sombra del árbol y que ambas estaban estiradas en aquellas hamacas para interrogarla.

— Mama. ¿Has tenido algo con Andres?

— N… -comenzó a decir, pero no llegó a negarlo-. ¿A qué viene esa pregunta? -La reacción inicial la delató por completo.

— Mama. Siempre te he contado mis intimidades porque creía que entre las dos tenía que haber confianza… me molestaría mucho que no fuese reciproco.

— No ha habido nada entre nosotros.

— Si no ha habido nada… ¿Por qué vienes tan provocativa? Dime la verdad, pasa algo entre vosotros tres -su madre se había sonrojado y evitaba mirarla a los ojos. En su lugar se limitó a observar a sus dos hijos en la piscina, volviendo la mirada a la chimenea donde hablaban los tres hombres.

— ¿Entiendes que soy tu madre y no tengo porque hablar estas cosas contigo?

— Yo soy tu hija y he hablado estas cosas contigo. Así que si quieres mantener esa confianza te pido solo un poco de sinceridad.

 

Su madre suspiró rindiéndose ante la perseverancia de su hija. Se inclinó hacia ella de un modo imperceptible para el resto y le contó solo lo que consideró necesario que supiese.

— Es un juego entre tu padre y yo… Quiero ponerlo celoso -Olivia quedo boquiabierta.

— ¿Papa lo sabe? -Inquirió mientras miraba alternativamente a su padre y Andres. Su progenitora no dijo nada, así que rellenó el silencio con otra pregunta:-. Pero… ¿Solo es provocar y ya, no?

— Hacer que me deseé un poquito… pero nada más -Sandra hizo una mueca que parecía aspirar a ser una sonrisa triste. Tras esa confesión era la propia Olivia la que tenía ganas de sincerarse con su madre.

— ¿Papa está de acuerdo? 

— No lo estaba, pero eso es lo que lo hace divertido.

— Pues yo lo veo incómodo… A decir verdad estoy incómoda yo también.

— Solo es un juego, cariño -``Genial, está tratando de restarle importancia´´ se dijo a si misma.

— Y… ¿Te atrae Andres?

— Solo quiero a tu padre -El tono de su respuesta alejaba cualquier tipo de discusión.

— No es lo que te he preguntado.

 

La avispada joven no aceptaba evasivas, quería una respuesta directa.

— ¿Quedará entre nosotros? -Olivia asintió-. No podrás contárselo ni a Rob -Volvió a asentir-. Sí.

— Así que… Complaces tu ego haciendo que te desee. Eres mala -puntualizó soltando una risita. ¿De verdad era aquella su madre?-. Pues a mí no me gusta, no me parece buena persona.

— No le veo malicia, simplemente es… diferente -``Demasiado hombre, y nosotras no estamos acostumbrados a hombres de verdad´´ rugió con frustración la voz interior de Sandra.

— … -Olivia tardó unos segundos en replicar, y lo hizo justo antes de levantarse y dirigirse a donde estaba su novio-. Tal vez deberías hacerme caso e ir con más cuidado.

 

Tras la conversación de madre e hija, Andres había interrumpido la conversación con suegro y yerno para ir a buscar leña y carbón. También trajo tres fuentes de cristal que servían para depositar la carne y otros alimentos, todo lo dejaba al lado de una mesa de madera alargada que había al lado de la chimenea.

— ¿Os importa si esperamos un poco a mi hermano y mi hijo? No creo que tarden demasiado en llegar -inquirió en tono de súplica a Joaquin y Sandra mientras se oía el chapoteo de los críos en la piscina.

— No parece que mis hijos vayan a sufrir mucho esperando. Así que esperaremos -decidió Joaquin por los dos.

— He de preguntar. ¿Alguno de vosotros tiene alergia o necesita alguna comida especial? No tengo problema en cocinar algo diferente mientras tanto.

— Vaya -Sandra le guiñó un ojo antes de estallar en el elogio-. Un hombre que sabe cocinar.

— Teniendo una cocinera del calibre de mi mujer, sería un crimen que lo hiciésemos Rob o yo -replicó Joaquin quitándole hierro al asunto.

— Te entiendo perfectamente. Mientras estuve casado no usaba nunca la cocina, pero al separarme le cogí gusto… Y lo agradezco. Es mejor cuando te cocinas tu propia comida, y luego te la comes -le recriminó de manera demasiado sutil como para que el muy imbécil se diese por aludido. Y acentuó su significado echando una disimulada mirada al punto que había entre los muslos de Sandra que, de haber estado separados estirando la minifalda, habrían exhibido la desnudez de su vagina. Unos segundos después pasó a mirarle a los ojos antes de volver a mirar a su esposo, el cual no dejaba de mirarlo fijamente-. Tal vez deberías ir aprendiendo a cocinar -Tras el jaque mate dialectico, Andres sonrió.

— ¿Todo va a ser carne? -Le cuestionó incómoda la veinteañera, con un plan en mente para llevarse a Andres al interior-. Me gustaría comer una ensalada, para compensar un poco.

—Claro -El aludido entrechocó sus manos para deshacerse del polvo y los restos de madera adheridas a sus manos tras cargar con la leña-. Sígueme, te enseñaré donde tengo las cosas… ¿Queréis venir? -propuso con picardía, sabiendo cual iba a ser la respuesta.

— ¿A la cocina? -inquirió el yerno de Joaquin-. Paso. Me quedo aquí con mi cerveza fría, tu hamaca y la sombra de tu árbol -El joven alzó la cerveza justo antes de estirarse en la hamaca. Su suegro hizo lo mismo sonriendo con poco más que una mueca. Andres y Olivia se dirigieron solos hasta el interior, escuchando esta como el dueño de la casa cerraba la puerta del exterior.

 

Olivia se dio la vuelta para encarársele:

— ¿No dijiste que dejarías las puertas abiertas? 

— No pasa nada porque estén cerradas un rato. ¿No? Es que entra fuego por ellas -replicó con inteligencia. Pero no era sobre eso lo que Olivia quería hablar con él.

— ¿Has tenido algo con mi madre? Como me mientas te juro que te la lio parda.

 

No necesito ni pensarlo. Estaba dispuesto a apostarlo todo a que Sandra no había sido capaz de confesar a su hija la infidelidad. Como mucho habría sincerado el juego que se traía ella vestida de aquella forma, pero poco más. De todas maneras eligió no arriesgarse y optó por responder con la opción menos arriesgada.

— ¿Le has preguntado a tu madre?

— Te lo estoy preguntando a ti -gruñó frunciendo el ceño mostrando un enfado con el que podría ser difícil tratar. Andres psicoanalizó en un instante a la veinteañera hasta el punto de deducir que no sabía nada de la infidelidad: ``Si tuviese conocimiento de la infidelidad, su ataque habría sido más preciso. Más bien, en base a su sospecha está intentando descubrir si ha pasado algo más, pero no lo sabe. La vi hablando con Sandra, pero no estuvieron demasiado rato y no reaccionó de manera exagerada, por lo que ella no le contó nada… Seguro.

— Le tiré los trastos a tu madre la pasada vez que estuve en tu casa… Me atrajo mucho, y lo notó.

— ¿Te invita mi padre a nuestra casa y rodeado de NUESTRA familia no se te ocurre mejor que tirarle la caña a mi madre?

— ¿Estás celosa? -inquirió satisfecho pese a saber que no lo estaba en absoluto.

— ¡No! ¿¡Qué coño te pasa!? Joder… ¡Estoy indignada, no celosa! ¡¡ES MI MADRE!! -gritó subiendo el tono.

— Tu padre puede estar escuchando. ¿Lo sabes, no?. Y no eres la más adecuada para hablar.

 

La aludida se quedó con la boca abierta como si hubiese recibido una bofetada.

— ¿Me estás amenazando?

— Ya te dije que no iba a amenazarta, y mucho menos a chantajearte -Andres la esquivó y caminó hacia la cocina hasta que ella para mantener la distancia lo siguió trotando-. Tu madre y tu sois muy atractivas. ¿Me lo puedes echar en cara?

— Si ya habías tenido algo conmigo y no con mi madre… ¿No podías reintentarlo conmigo?

— Estás celosa -sentenció. Esta vez sí que lo creía.

 

Habían llegado ya a la cocina pese a que la chica no estaba en absoluto interesada en lo que pudiese haber dentro.

— ¿Te explico dónde están las cosas para que puedas…? -propuso mientras se acercaba al grifo y se lavaba las manos para luego secárselas. Todo esto dándole la espalda a Olivia.

— No me cambies de tema. ¿Cómo voy a estar celosa de mi madre? Y estamos hablando de…

— Eres insistente. ¿Eh? -comenzó a caminar hacia ella suprimiendo el poco espacio que había entre ellos, y por autoreflejo Olivia retrocedió hasta chocar contra la nevera, que estaba junto a la puerta-. Sí, tu madre parece haberse vestido así para mí. Y parece que tu padre y ella se traen un pequeño juego entre manos que tiene que ver conmigo… Seguro que eres lo suficientemente perspicaz para notar la tensión que hay, pero eso es algo que tiene que ver con ellos y no conmigo. ¿Entonces por qué estás tan molesta? -inquirió estampando su manaza entre la puerta y la nevera, arrinconando todavía más a la veinteañera.

— P… Porque… -No encontraba las palabras.

— Te molesta que me haya fijado en tu madre? -Demostrando saber llevar la discusión a su bando, la miró alternativamente a los labios y a los ojos, mostrando que era lo que quería obtener.

 

La cabeza de la joven, si era posible, retrocedió todavía más hasta chocar con la pared como si el inconsciente le suplicase que escapase de esa encerrona, pero su cuerpo no se movia.

— Lo que pasó entre los dos quedó atrás, no volveré a caer -El corazón le latía a mil, tan rápido como las alas de un colibrí. Quería salir de aquella cocina, volver junto a su novio pero las piernas no le respondían.

 

En poco más de un pestañeo, la mano de Andres se afianzó en torno a su cuello. Fue tan rápido que Olivia se sobresaltó después de que él apretase su cuello. La agarró como si quisiese estrangularla, como si quisiese partirle el cuello pero no hubo más presión que la que haría un collarín sanitario.

— ¿Por eso estás tan molesta? Porque quieres que vuelva a suceder y no sabes como provocarlo? Y si… -hizo una breve pausa que aprovechó para apretar un poco más su cuello, como si quisiese dar énfasis a su control sobre ella-. ¿Y si te dijese que me gustaría que tu hubieses venido con tu madre?

 

Olivia llevaba una camisa de su novio que le tapaba hasta el nacimiento de sus muslos, y esto le hizo tener a Andres una idea perversa que dudaba sobre si llevarla a cabo.

— Eres un cabrón…. ¿Por qué no dices la verdad? -Andres no contestó, dejando de mirar su ropa para centrar la atención en sus agrandadas pupilas-. Te gustaría que las dos estuviésemos por ti.

— Sí -aseguró sin sonreír. Interrumpió a Olivia justo cuando esta iba a contestarle-. Me gusta, porque es algo que sucede. Las dos estáis coladitas por mí y me gustaría que dejases de resistirte.

— Yo no me resisto -dijo la joven mientras agarraba por la muñeca la mano que se aferraba a su garganta y entonces sucedió. La boca del madurito obstruyó la suya, en un intento fallido, la joven presa intentó mantener los labios cerrados mientras movía la cara a los lados para soltarse, pero acabó abriendo la boca y dejando pasar su lengua.

 

La mano que aprisionaba su garganta le daba la falsa sensación de que estaba siendo forzada a ello, pero no era así. Estaba allí por propia voluntad, y lo sabía. Olivia cerró los ojos y disfrutó de su aliento amentado, su saliva caliente y sus grandes dedos filtrándose entre su tejano. Su primera reacción fue intentar frenarlo pero simplemente no hizo nada.

   Noto como su cuello quedaba libre, como dos manos se reunían en torno al botón de su tejano y su cremallera, ambas bocas se separaron mientras la frente de Andres chocaba contra la pared y su barbilla rozaba con la sien de la joven, no podía concentrarse en besarla cuando lo que quería era desnudarla.

    Tras un pequeño forcejeo el botón cedió y los tejanos cayeron en picado.

— ¿Qué haces? -preguntó excitada perdida Olivia, la voz le temblaba. Al no obtener respuesta repitió la pregunta, que tampoco fue contestada-. Andres… Recuerda donde estamos. Recuerda… Uff… Andres, no… Por favor… No -suplicaba sin poner resistencia física alguna. Sus manos tan pronto estaban libres como agarraban todo lo que tenía a su alcance. Tenía las manos inquietas, y quería que hiciese con ella lo que quisiese mientras al mismo instante no quería nada de aquello.

 

Con los shorts en los tobillos, el muy desvergonzado ya había puesto su zarpa sobre su coño a pesar de no haber metido todavía nada, pues sus dedos índices y corazón reposaban plácidamente sobre su orificio carnal como si de un parche se tratase: sus labios vaginales besaban sus dedos, y estos querían comérselos.

   ``Lo siento mama… Lo siento Rob. No puedo negarme a este hombre´´ pensó una lejana y profunda voz en su interior mientras enterraba su cara en su pecho.

— ¡Para! Estás loco… Están todos ahí al lado -razonó totalmente ida: ``Seré puta… Tanto prometerme que no caería y al primer intento…´´ Pensó mientras recibía de nuevo los labios de su anfitrión.

— No se va a enterar nadie… Cerré las puertas de fuera. La de la piscina cuando vinimos aquí, y la principal en uno de mis viajes -Con esto confesó haber previsto que se la iba a traer al interior, pero a Olivia esto no le importaba incluso lo agradecía-. Ahora date la vuelta, tengo hambre -anunció apartando la mano de su coño y levantándola entre sus caras. Ambos vieron como entre los dos dedos había hilos transparentes y con una elasticidad increíble.

 

 

 

Estaba cachondísima, temblando como una hoja al viento y sus piernas estaban tan inestables que cada segundo sobre ellas era un peligro constante de desplomarse. Su voz interior le advertía de que tenía que ser fuerte y escapar; la maldecía por no tener la suficiente fuerza para oponerse.

   Andres se arrodilló frente a su culo tras recoger en un rollo el pliegue sobrante de la camisa que colgaba  sobre las nalgas de ella metió su boca frente a su coño. Lo primero que notó fue su lengua lamiendo desde abajo hasta arriba y sin pausa meterse dentro como el aguijón de una avispa. Se contoneó dentro y se puso dura mientras hacía delicias contra sus sensibles paredes. Olivia tuvo que morderse la muñeca mientras gemía de una manera que daba a pensar que estaba llorando; solo podía pensar en que quería su polla dentro, pero por orgullo ni se planteaba decirlo.

— Mucho mejor, que hambre que tenía… -murmuró Andres poniéndose de pie tras de ella, con el culo todavía en pompa-. Pero tu coño parece tener mucha hambre. Debería darle un poco de carne. ¿No?

— No… -fue lo único capaz de contestar.

— ¿No? Te mueres porque te folle. Eres una zorra… Con tu novio y tu familia ahí fuera, y tu gozando. ¿No te sientes mal?

— No disfruto con esto -mintió con un temblor de voz que no era normal. Sus caderas se contoneaban invitándole a entrar.

— Si, ya… no te pone -dijo bajándose él el pantalón y tras agarrarse el miembro aporrearlo contra la piel que rodeaba su coño, tan cerca que le hizo pensar a Olivia que se la iba a meter de un momento a otro.

— Suplícame que te la meta. Quiero oírlo.

—No…

 

Andres, con la mano libre la agarró del pelo formándole una coleta y haciendo de esta manera que ella mirase al techo. La flexibilidad de Olivia le permitió mantener aquella postura tan extraña, formando una especie de hoz sostenida únicamente por sus piernas, con el culo en pompa, la espalda arqueada y siendo agarrada del pelo; gracias a su altura superior Andres consiguió una posición de dominación completa. Se miraron a los ojos unos segundos hasta que el madurito fue a besarla y ella se resistió intentando morderlo, como si por unos instantes hubiese recuperado la cordura. El segundo intento se vio frustrado también por un mordisco defensivo perfecto que casi lo atrapa, pero durante el tercero él tiro del pelo para asegurar su posición y sus bocas se fundieron en un intenso beso hasta que él le devolvió el favor: Le mordió cariñosamente un labio tirando de él antes de separar sus bocas.

— ¿Aún te resistes? Con mi polla a tus puertas… -musitó sonriente mientras su ariete presionaba contra los marcos de puerta. La joven abrió la boca y piso los ojos en blanco en un intento de dejarlos abiertos. 

 

Sentía tanto placer, le daba tanto con el simple gesto de tener el glande medio metido… Y entonces la sacó y se separó de ella. Por un momento no entendió lo que pasaba, se quedó con cara de tonta antes de darse cuenta de lo que pretendía.

— Vas a tener que pedirla si la quieres -Su interlocutor se agarró la polla y la balanceó cortando el aire como si fuese un sable.

— No voy a hacerlo. Me has hecho un favor al parar -replicó totalmente herida. No pensaba suplicar ni darle nada, pero justo cuando la joven se agachaba para recoger sus shorts y su tanga, él se apresuró a pisarlos-. ¿Qué haces?

 

El enfado había corrompido la pura excitación que se había adueñado de su cuerpo, pero su temblor continuaba. Lo miró sería y con el ceño fruncido sin hacer ademán de moverse.

—¿Qué tal si me dejas de hacer perder el tiempo? Quita el pie de ahí.

— No.

 

Y sin querer discutir más. Olivia escapó de la prisión improvisada de sus tobillos quedando totalmente desnuda de la parte de abajo, alejándose así de Andres.

— ¿Era lo que querías? No -La pregunta fue respondida con un asentimiento y una sonrisa cruel.

— Estás muy femenina con esa… camisa. ¿Qué tal si te quitas también el sujetador? 

— Que te follen -contraataco con frialdad. Ella ya no estaba segura de si iban a follar o no, todo parecía indicar que no.

— Me follarás tú, cuando no puedas aguantar más.

— Vas a tener que esperar mucho -replico ella con confianza. No reaccionó cuando él se acercó a ella y le susurró al oído: ``O menos de lo que te piensas´´.

— Los tenedores, cuchillos y demás están en este cajón. Todos los ingredientes que te puedan apetecer para la ensalada están en la nevera… El Papel de plástico, los platos… -Le indicó todo paso a paso mientras se subía los pantalones con pequeños botes, demostrando que llevaba una prenda que le iba justa y le costaba entrecerrar correctamente entorno a sus caderas-. Cualquier cosa que quieras solo tienes que cogerla o… pedirla.

 

Y salió por la puerta dejándola sola y confundida. ¿Cómo podía hacerlo? ¿Cómo podía parar a mitad de aquel calentón y no terminar? Ella se moría por follárselo y siquiera había podido negarse pero él había sido capaz de simplemente parar y no hacerlo, se dio cuenta entonces de lo dependiente que era y de lo profundo que había caído en sus redes…

   Olivia se dio cuenta de que la ropa ya no estaba en el suelo, y así Andres la había maldecido a pasearse por ahí sin nada debajo. ¿Era imbécil? ¿Qué pasaría si su novio se daba cuenta? Intentó distraerse buscando y preparando los ingredientes para hacer una ensalada aunque no lo apeteciese lo más mínimo.

 

Había que mantener las apariencias.

 

***

 

Andres salió de la cocina, abrió la puerta principal y la trasera antes de encerrarse en el baño. Pasó un rato hasta que Olivia hubo terminado de hacer la ensalada y aliñarla, entonces se vio sobresaltada por su padre que se encontraba dentro de la cocina tras de ella viendo como esta colocaba papel de plástico sobre el plato con la ensalada, para así conservarla mejor.

— ¿Por qué tardas tanto?

— ¡Papa! Que susto, dios… -botó al tiempo que dirigía la mirada a su progenitor; este miraba a los lados como si buscase algo.

— ¿Y Andres?

— ¿No fue a la piscina con vosotros? Me enseñó donde estaba cada cosa y se fue -mentir con inocencia ya era una de sus más preciadas habilidades, por lo que su padre ni se planteó que aquello pudiese ser mentira.

— No volvió a la piscina… ¿Dónde se habrá metido? -Tras la pregunta Joaquin cambió totalmente de tema al ver que esta lo miraba raro-. ¿Ya has hecho la ensalada?

— Sí, está hecha. Ahora mismo voy al baño a cambiarme.

— ¿Para qué?

— Para desfilar en una pasarela. ¡Papa! -Olivia lo esquivó y se fue hacia el salón, donde habían dejado sus bolsas y donde ella guardaba su bikini. Su padre se dirigió en dirección contraria a la ventana de la piscina viendo como Andres andaba hacia la hamaca donde estaba sentada su esposa y se dejaba caer a su lado.

 

Sin más tiempo que perder. Joaquin se dirigió a la piscina intentando dejarles solos lo mínimo posible, pues ahí podía pasar cualquier cosa. Salió por la puerta trasera enfurecido, pero en cuanto el sol le dio y la diferencia de calor entre el interior y el exterior se hizo evidente, le dio un bajón de tensión perdiendo las ganas de todo. Se notaba harto, cansado y perezoso… ¿Y qué haría tras acercarse a su mujer y Andres? Ellos cambiarían rápidamente de tema y fingirían que allí no pasaba nada.

   En lugar de eso, se dirigió al lugar donde estaba su yerno y agarró una cerveza del interior de la nevera portátil mientras se sentaba a los pies de Rob.

— ¡Maldición!

— ¿Qué pasa? -Le cuestionó sobresaltado.

—Está fría -contestó tajante sin invitar a continuar la conversación. Con miradas de reojo pudo ver como su mujer le sonreía de manera tranquilizadora como si le diese a entender que no pasaba nada antes de decirle algo a Andres y que este, metafóricamente, se lanzase contra su oído para susurrarle algo antes de separarse.

 

Aprovechando el silencio que solo se veía alterado por los continuos gritos de los críos y el chapoteo del agua, reavivó las miraditas de nuevo. Hablaban a un volumen de voz que pese a no estar lejos era imposible escucharlos. 

   Joaquin se moría por escuchar lo que aquellos dos estarían hablando, seguramente declarando su deseo correspondido y como se morían por follarse el uno al otro. No era estúpido y veía como su esposa se había fijado en su amigo, mientras que este no se cortaba un pelo al hablar con ella.

   Recordó lo calentona que era su mujer y lo mucho que requería sus atenciones en la cama, atenciones que él satisfacía siempre que podía pero que aún así eran insufientes. No le extrañaría nada que en un descuido ambos se escapasen al interior de la casa con alguna excusa estúpida para consumar aquel adulterio. No podía fiarse de su esposa, no podía pese a haberlo intentado con todas sus fuerzas.

   También se moría por mandarlo todo a la mierda e irse a su casa, dejarlos a todos allí plantados y que fuesen muy felices, pero lo que predominó fue el quedarse allí sentado, con la botella de cerveza en mano y sin hacer nada, mirando.

 

Olivia apareció a lo lejos, vestida con un bikini que le quedaba muy bien: ``Vaya hija que tengo, que cuerpazo´´ pensó con orgullo de padre, sabiendo muy bien a quien debía ella sus genes. Su hija se acercó a la tumbona donde estaban él y Rob para dejar la toalla antes de lanzarse corriendo a la piscina emboscando así a sus dos hermanos.

   Su amigo y vecino se levantó y se dirigió hacia la tumbona donde agarró de la nevera portátil dos cervezas frías y le ofrecía una a su amigo ignorando la que tenía en su mano.

—¿Vienes a preparar la carne? -propuso haciendo un gesto hacia la chimenea y las mesas de piedra.

— Claro -contestó Joaquin con voz queda.

 

 

 

***

 

·Nueve minutos antes·

 

Se había metido en el baño al ver a Joaquin acercarse a la casa, era el momento perfecto para acercarse a su esposa con su ausencia. En cuanto este se hubo metido en la cocina, pasó por delante de esta sin ser visto y salió al exterior, rodeando la piscina y sentándose en una hamaca donde estaba el sol. Siendo sabedor de que la madurita lo observaba, la invitó a acercarse con el dedo índice y esta lo hizo.

— ¿Qué juego te traes entre manos vistiendo así?

— ¿Y si no fuese un juego? -preguntó coqueta mientras se sentaba.

— Joaquin acabará explotando.

— Sería una reacción interesante -musitó divertida Sandra. Andres supo identificar lo quemada que estaba con su marido, lo que desconocía era el motivo concreto… aunque se hacía una idea.

— No voy a dejar que eso pase… ¿No? No me conviene.

— ¿Qué vas a hacer? -inquirió mirando a la piscina. Andres vigiló no estar siendo observado por Rob, pero sus gafas de sol no le permitían descifrar su rango visual y, pese a esto se arriesgó. Clavó su mirada en el escote y en los muslos de Sandra, siendo esta perfectamente consciente, apoyó las manos en el borde opuesto de la hamaca para inclinarse hacia atrás mientras se abría ligeramente de piernas; esto no permitió a Andres ver nada ni de lejos ni desde cerca, pero él supo entender el significado especial.

— Podría llevarte ahora mismo al bosque que hay detrás de nosotros…

— Mi marido, mi hija y mi yerno están atentos. No podrás hacer nada sin que te vean.

— Como si tú no deseases hacerlo -le recriminó con seriedad.

— Soy fiel a mi esposo, yo no deseo nada -le contradijo con malicia mientras veía a su marido aparecer por la puerta trasera y le sonrió pese a que este no lo vio.

 

Su señor esposo se dirigió a donde estaba su yerno y se sentó tras coger una cerveza que bebió mientras dirigía disimuladas miraditas a ellos dos que correspondió con una sonrisita que intentaba transmitir confianza.

—Así que no creas que va a pasar nada.

— Si fueses una esposa fie no vendrías vestida como una puta. Vas provocando y lo sabes… -Se acercó tanto que por un momento creyó que le iba a comer la oreja. Tras decir esto se apartó.

— Solo he venido arreglada para la ocasión. Malinterpretas mis intenciones… No sabía que un vestido fuese típico de putas.

— Creo que se ver muy bien a través de tus intenciones -hizo una pausa mientras le miraba las tetas antes de volver a mirarla a los ojos-. ¿Tu marido lo sabe?

— Le avisé de que iba a venir bien arreglada y guapa para la ocasión. De la misma manera que sabe que no va a pasar nada entre tú y yo.

 

El oyente, incrédulo, miró sin poder evitarlo al marido de esta el cual fingía no estar prestando atención.

— ¿Sabe que no va a pasar nada? -Exhibió una sonrisita maliciosa mientras, disimuladamente, le tocaba el culo por detrás provocando que Sandra separase en silencio los labios pese a no llegar a mediar palabra.

— No va a pasar nada -afirmó mirándolo a los ojos. Andres se volvió a inclinar para susurrarle algo al oído antes de levantarse y dirigirse al lado de su marido: ``En cuanto me libre de tu marido, te voy a follar de todas las formas posibles en donde me sea posible. Y cuando vuelvas a tu casa, lo harás impregnada de mí.

— Sigue soñando -murmuró mientras este se levantaba, y antes de que se alejase añadió:-. Ah, por cierto… No llevo ropa interior -declaró en un tono que se aseguraba que solo él fuese capaz de oírla. Andres se alejó sin sonreír ni volver la vista atrás, agarrando dos cervezas frías y dirigiéndose junto a Joaquin hasta la chimenea.

 

***

— He estado hablando con tu mujer -dijo tomando la iniciativa, Joaquin no respondió-. Le he preguntado porque una mujer casada venía tan arreglada y provocativa teniendo a su esposo tan cerca -Joaquin siguió sin reaccionar ni contestar-. Tu mujer es preciosa y, si no fuese tuya, me la habría follado ya -La declaración le sentó como una puñalada en la espalda-. Pero es tu mujer, y tú eres mi amigo así que no te tienes que preocupar por eso.

— Por tener una esposa como la mía entenderás que sea escéptico.

— Lo entiendo, y no te pido que confíes… Simplemente te digo esto para calmar tus… posibles preocupaciones -declaró mientras hacía dos bolas de papel y las ponía entre la leña. Con el mechero pasaron a ser dos bolas de fuego que incendiaban la leña-. Me imagino que no te dijo nada…

 

 

Joaquin rechinó los dientes mientras buscaba las palabras adecuadas para expresarse; pese a que no terminaba de creerse el discurso de su vecino, le estaba agradecido por haber tenido la iniciativa de mantener aquella conversación.

— Mi esposa me propuso ayer un juego… Uno de pareja -añadió. Andres se mantuvo callado mientras jugaba a remover la leña en llamas.

— ¿Lo habéis hecho otras veces?

— No. Y no es algo de mi agrado, me ha amargado el fin de semana.

— Debo reconocer que mi interés lo ha atraído, pero como dije no pasará nada más -Al escuchar esto, Joaquin replicó su desconcierto debido a la falta de mujeres que había en el pueblo.

— Que no haya mujeres no quiere decir que no me vaya de putas. Un hombre hetero no puede estar sin mujeres -bromeó acordándose de dos mujeres en concreto. Le divirtió que Joaquin nunca pillaría ese doble sentido.

— ¿Putas? ¿Dónde? -Dicha declaración lo distrajo de manera definitiva: ``Ya es mío´´ pensó Andres-. En algunos pueblos muertos de los alrededores hay mujeres viudas y jovencitas desesperadas por una buena polla, veinteañeras que no tienen a donde ir y se ven obligadas a permanecer en estos pueblos. Cuando celebran las fiestas mayores las viven como si fuesen perras en celo, pero también hay mujeres de oficio en las entradas de Sexópolis -hizo una pausa antes de continuar-. Puedes preguntarle a m hermano cuando venga, él es el rey en irse de putas -bromeó-. Mira Joaquin, estoy satisfecho de mujeres, por lo que no te tienes que preocupar. Valoro más tu amistad que lo que puede ofrecerme una mujer -rio a carcajada limpia-. ¿Por qué te crees que estoy soltero? Sabes que tengo dinero, podría irme a una ciudad en una zona adinerada con más fauna de féminas… Pero no es lo que me interesa.

 

Joaquin no abrió la boca, pero pese a todo se creía todas y cada una de las palabras que salían de la boca de su vecino.

— Llevo ocho años viviendo en este pueblo, llegué aquí con mi esposa y mi hijo. Y un año después estaba divorciado… ¡Siete años libre de las cadenas del matrimonio! Y no lo hecho de menos -afirmó con sinceridad evitando hablar sobre el motivo de la ruptura con su mujer.

— ¿Qué pasó para que tu mujer te dejase solo con tu hijo?

— Yo elegí quedarme y ella quería irse. No preguntes por qué, yo pedí el divorcio y luchamos por la custodia… evidentemente gané. No intento darte pena con esto, pero lo que quiero que entiendas es que no tengo ningún interés en tu mujer… sabiendo que es tuya. Ahora bien… si algún día quieres compartirla… No me negaré -bromeó guiñándole un ojo, dejando caer la bomba.

 

Justo cuando Joaquin iba a responder, dos figuras aparecieron a lo lejos. Un adolescente que el invitado interpretó como Satur, el hijo de Andres y a su lado vio el acompañante que no debía ser otro que su tío Prono del que tanto había oído hablar.

 

***

 

No le daba buena espina en absoluto. Mientras se saludaban y hacían las presentaciones, Joaquin lo estudió de arriba abajo: Era de composición corpulenta, un poco más grande que su hermano y fuerte, su mirada era agresiva y su manera de expresarse no era mejor; solo con intercambiar un par de palabras con él ya se entendía que era todo lo contrario a su hermano Andres, el cual era asertivo y muy inteligente a la hora de llevar las conversaciones.

   Prono por el contrario daba la pinta de ser muy temperamental y dejarse llevar muy rápido por sus emociones pese a que en ningún momento fue irrespetuoso o ofensivo. Sus ojos eran de un color café claro, muy cercanos al color miel. 

   Su pelo era de color negro con pequeñas pinceladas de canas que no hacían más que embellecerlo. Sus labios eran gruesos con forma de corazón y la nariz chata pero no por ello menos bonita. Entre todo ello destacaba una cicatriz entre los dos ojos justo encima del tabique nasal, como si hubiese sufrido una severa rotura de nariz.

— ¿No tienes ganas de bañarte, hijo? -bramó su progenitor sacando de su ensimismamiento a su invitado. Este negó con la cabeza.

— Como ya habrás notado mi hijo es muy tímido, y como la piscina está llena -explicó Andres a Joaquin poniendo énfasis en la última palabra-. Satur tarda muchísimo en acostumbrarse a las personas y relacionarse con relativa normalidad solo lo hace conmigo y con su tío.

 

Joaquin, tentado, fue a bañarse con el resto de su familia a la cual no tardó en unirse Sandra también, la cual había ido a cambiarse al baño.

— ¿Qué coño haces con esas dos guarras aquí? ¿Cuánto tiempo llevas trabajándotelas?

— Un tiempo -confesó con seriedad. Su hermano iba a ser más un estorbo que otra cosa.

— ¿Te las has follado ya? -El aludido asintió provocando que su hermano enrojeciese de rabia-. Todo el puto pueblo desesperado por el torneo de caza y tú maldito desgraciado sin compartir las presas con tu jodido hermano...

— Prono… -dijo Andres avisándole.

— ¡Pero es que encima son dos! Madre e hija. ¿Y no las compartes conmigo? -escupió al suelo.

— Mi objetivo no es follármelas, es hacerlas nuestras -Andres puso su mano sobre el hombro de Prono aplastándolo como si pretendiese tranquilizarlo a la fuerza-. ¿Crees que no compartiría contigo algo mío? Pero no puedo compartirlas si no son mías todavía. ¿Entiendes? Hay que someterlas, y me ha costado meses pero ya son mías si no la cagas…

— ¿Meses para someter a un par de putas?

— Son… -hizo una pausa-… difíciles de convencer. El marido estaba hoy paranoico perdido porque a ella no se le ocurrió nada mejor que venir con un vestidito provocativo para darle celos. Lo he conseguido tranquilizar, y le he dicho que nos vamos de putas por lo que no estamos necesitados -su hermano se empezó a reír.

— Y tiene razón: Con sus putas.

— Tómatelo en serio. A la madre la dejas tranquila, es mía. Aún tengo que amoldarla un poco -vio como Prono echaba una vista disimulada a la piscina y no se decepcionó, pues no había mala opción. Pero Andres sabía que era caprichoso, y aunque la hija fuese un bombón a él le iba lo prohibido-. Céntrate en la hija, en Olivia… Si puedes con ella -dándole a entender que era improbable que consiguiese hacer nada con ella sin ayuda.

— ¿Y por qué no puedo acercarme a la madre?

— Porque no sabemos cómo reaccionaría, porque no sabemos cómo reaccionaría su marido y creo que no te tiene simpatía… Y bueno, es mía. Elige la que más te guste.

— Si consigues follarte a la hija, ya hablamos de la madre.

—¿Te estás apostando a la madre? -inquirió malicioso mientras se frotaba las manos mientras miraba a la mujer abrazada a su marido mientras esta le devolvía la mirada con disimulo.

— Te estoy diciendo que pases de la madre hasta que no logres algo con la hija.

 

Justo en ese momento Olivia salía de la piscina con todo el cuerpo chorreando. Sus pelo y sus pechos dejaban caer intensas lluvias sobre el suelo y su sombra, las tetas le botaban en todas las direcciones mostrando su poderío amenazando con salirse del bikini. Ante la perspectiva Prono decidió centrarse en la veinteañera… Por el momento.

 

 

 

 

 

 

4.2 Por haber bajado la guardia…

 

 

Mientras se iba preparando la carne en la parrilla de la chimenea: Joaquin, Prono y Andres hicieron turnos para poder bañarse mientras otros vigilaban la carne. En ningún momento los dos hermanos se acercaron a sus dos presas ni hicieron nada que permitiese a las parejas de estas sospechar.

   El marido de Sandra parecía haber calmado su paranoia en torno a esta y su yerno Rob ni se imaginaba que su pareja estuviese siendo estudiada y vigilada por el hermano mayor de su anfitrión. Además, los dos hermanos decidieron ponerse unos bañadores discretos para tapar sus dotaciones y no atraer la envidia y celos de los otros dos invitados.

 

Se necesitaron tres fuentes de cristal enteras para almacenar toda la carne -la cual había de todo tipo y variedad- y patatas ahumadas…

   Colocaron dos sombrillas de tamaño considerable para protegerse del ardiente sol durante la comida, por desgracia no todos iban a estar protegidos bajo su sombra. Se dividieron lo necesario para comer entre las dos mesas apartándose en dos grupos de cinco y cuatro personas. En la mesa más cercana a la chimenea estaban Joaquin, Sandra y su yerno Rob; para completar la mesa estaban Andres y su hijo. En la mesa continua, separada por poco menos de un metro de distancia, estaban Jaume entre Rob y Olivia y frente a Pedro. Completando la mesa estaba Prono frente a Olivia, satisfecho a decir verdad debido a que se las había apañado muy bien para estar ambos lo más aislados posibles.

— ¿Ves algo que te guste? -preguntó con inquina la victima de sus miradas ante la desvergonzada desvergonzada mirada del pariente de Andres.

— Unas cuantas cosas… Voy a quedar muy satisfecho si puedo comérmelo todo -declaró mirándola a los ojos antes de volver a estudiarle minuciosamente las tetas-. Tal vez un poco de esto… -señaló antes de pinchar una butifarra, pero en lugar de ponerla en su plato se inclinó y la dejó caer en el plato de Olivia.

— Eres muy amable, pero con una tengo suficiente -dijo mirando a su novio una mirada rápida antes de devolvérsela a él.

— Es gracioso, porque no creo que con una tengas suficiente -sonrió con maldad mientras disfrutaba de las vistas-. Con esa constitución seguro que necesitas comer mucho para mantenerte.

— ¿Me estás llamando gorda? -Titubeó como contestar, pero optó por hacerse la tonta.

— Al contrario… y por eso mismo. Hay jóvenes que comen y nunca engordan. Apuesto a que eres de ese tipo. O tal vez me he equivocado y con una sola tienes suficiente.

 

La veinteañera sonrió en silencio mientras agarraba su plato, lo acompañó hasta el de Prono y dejó caer el trozo de carne quedándose con una sola de nuevo.

— Puedo con dos butifarras -le guiñó un ojo manteniendo aquella posición y dejando que el madurito se recrease en sus tetas antes de agarrar otra butifarra totalmente nueva de la fuente-. Pero no con la tuya. Aprovecha y mira, porque de lo que ves hay cosas que no vas a poder comer.

— Sí -replicó sonriente observando ahora la comida-. No creo que vaya a poder con tanta carne.

— ¡Vaya! Si vamos a estar de acuerdo y todo. No sabrías que hacer con ella -Olivia miró de reojo a sus hermanos y a la mesa de sus padres; su conversación con Prono parecía estar pasando totalmente desapercibida.

 

La joven se sobresaltó al sentir un pie descalzo chocando torpemente entre sus muslos con la clara intención de llegar al final, pese a que tardó en reaccionar lo acabó apartando de un manotazo al tiempo que le devolvía una furiosa mirada.

— Te sorprenderías de lo que soy capaz -insinuó el muy desvergonzado mientras se calzaba de nuevo.

— Veo que te gusta jugar mucho con la comida -reprobó manteniendo el hilo de la conversación. Aquel hombre le caía fatal, y no le gustaba nada. Pero había que reconocer que sabía llevar bien una conversación de ese estilo, y que era hasta divertido. Era tan descarado que hasta le daba pena, así que decidió seguirle el rollo.

 

``Pobrecito. Seguramente su hermano le ha contado lo que hemos hecho él y yo y se ha hecho falsas esperanzas…´´ meditó Olivia mientras lo observaba apresurándose a terminar de masticar para soltar alguna parida.

— Es mejor que te la comas mientras está caliente. Fría no vale nada -Olivia no respondió al instante con palabras. En su lugar se descalzó de un pie y llevó hasta la entrepierna de Prono justo encima de su bañador… La tenía totalmente bajada.

— Eso no es un problema para mí porque puedo recalentar la comida cuando quiera -Comenzó a frotar con la planta de su pie contra su ``pequeñín´´ mientras agarraba de su plato la butifarra con los dedos a modo de pinza y se lo llevaba a los labios sin dejar de mirarlo a los ojos. Iba a hacer todo lo posible por dejarlo con el calentón y, sí, se iba a joder. No soportaba a los imbéciles como ese. Y a pesar de todo le daba lástima, la tenía pequeña y ni se le levantaba-. Que grandes son estas butifarras, es imposible quedarse con hambre con ellas… No como otras que yo me sé.

 

Prono sonrió antes de contradecirle.

— Claro, no compares las peazo butifarras que calzamos aquí a las que comes en tu casa -La chinchó con malicia. El pie femenino fue testigo del crecimiento del bulto ``pequeñín´´ hasta algo duro, largo y grueso. A la veinteañera se le olvido continuar masticando y cerrar la boca. Un trozo de butifarra a medio masticar se le cayó sobre el canalón de su escote mientras ella, con la mirada perdida, se intentaba concentrar en medir aquel enorme cipote que como poco rivalizaba con el de su hermano; era difícil medirlo debido a que entre pie y polla había una molesta cortina de tela.

 

Disimuladamente, el dueño de aquel miembro viril agarró disimuladamente el pie por el tobillo con una mano mientras que, con la otra, se sacaba el cipote para juntar. Como si fuese un fetichista de los pies, hizo que su planta acariciase su miembro mientras sonreía y decía:

— Eso es muy bueno y muy útil -Olivia abrió todavía más la boca mientras pensaba en lo grande que la tenía. ¿Cómo podían tener esas pollas de caballo los dos bestias? Sin atreverse a asegurarlo, le pareció notar que era un poco más delgada que la de Andres pero le pareció notar que podría ser incluso más larga-. Es muy útil que puedas comer donde sea -continuó mientras le devolvía un guiño a la joven.

 

Olivia retiró el pie violentamente, mirando a su hermano pequeño como reclamo y recordando al hombre sentado enfrente donde estaban. Aquello se le había escapado de las manos y tenía que cortarlo por lo sano.

— ¿Comes mucho en casa? ¿O eres más de comer fuera? -Le preguntó con pedantería mientras se subía el bañador ocultando su miembro. Lo que la mataba era no encontrar más respuestas ingeniosas ni poder devolvérselas-. ¿No contestas? -inquirió sonriendo de manera burlona.

— A no ser que salga con mi novio, solo como en casa -respondió gesticulando una cara cómica a modo de burla antes de levantarse.

 

Por alguna razón el hermano de Andres no le agradaba nada y la tenía intimidada de sobremanera. Eran como la noche y el día ya que Prono parecía aborrecer aquellas conversaciones -a pesar de lo bien que se le daban-, intentando así acabarlas e ir lo más directamente al grano. Andres, por el contrario, parecía estar siempre a gusto explotando su asertividad y siendo paciente para conseguir sus fines.

   Si este último era más amable y considerado convirtiéndose así en un maestro de la sutileza; Prono, poseyendo el potencial para serlo optaba por el descaro y la agresividad, el recurso fácil… 

— ¿A dónde vas? -preguntó su hermano Pedro con la boca llena.

— Al baño -Sin añadir ni importarle nada más se dirigió a la casa, sin ser consciente de que su madre también se había levantado al mismo tiempo con la misma intención-. ¿Todo va bien? -preguntó su hija mientras la alcanzaba para caminar juntas mientras se alejaban de las mesas.

— Sí, todo va bien.

— Mama, te noto rara… ¿Te pasa algo? Estás roja…

— El vino, cariño. Que… Que me ha subido mucho -se justificó antes de apurar el paso y dejarla atrás. Olivia prefería no haberse dado cuenta, pero alcanzó a apreciar un brillo adiamantado entre las piernas de su madre.

 

Se detuvo en mitad del trayecto para echar la vista atrás: Su padre continuaba comiendo, su novio levantó la vista y le sonrió. Andres echó la vista atrás y la miró fijamente mientras comenzaba a sonreír antes de volver la vista hacia delante hasta que Prono fue el único que se la quedó mirando guiñándole un ojo.

 

 

 

 

 

***

 

 

 

Tras dejar atrás a su hija, se encerró en el baño de arriba dando por hecho de que nadie la molestaría allí siendo más utilizado el de la planta baja. Se acercó a la ducha para explorar lo limpia que estaba y tras darle unos rápidos manguerazos para retirar pelos y la posible suciedad invisible, colocó el tapón y dejó el agua corriendo para que se llenase la bañera.

   Ya había estado antes en aquel baño por lo que no le costó encontrar los cajones con toallas limpias, colocando una de ellas a modo de alfombra para evitar resbalones tontos al salir de la ducha.

— Por fin… -suspiró cerrando los ojos mientras se quitaba con impaciencia las dos piezas de su bikini, descubriendo entonces lo mojada que se había puesto y que, debido al nerviosismo por las indirectas de Andres durante la comida, ni se había dado cuenta.

 

Aquel hombre no tenía perdón, y lo peor es que de todo lo que había dicho su marido no habría entendido la mitad. Tal vez era mejor así, pero a pesar de lo violenta e incómoda que se había sentido mientras intentaba comer entre su yerno y su esposo; en el fondo, muy en el fondo, lo había disfrutado. 

   Andres tenía un don para hacerla sentir viva, y mientras pasaba tiempo con su esposo se sentía vieja, todo lo contrario que estando con Andres o siendo observada por su hermano Prono deseándola desde la distancia.

   Viva y joven, capaz de rivalizar con su hija ante aquellos dos hombres. 

 

No era tonta, se había dado cuenta como ambos alternaban miradas entre ellas dos y, por unos instantes se hizo esas preguntas tontas que vienen a nuestra cabeza y de las cuales nunca obtendremos respuesta: ¿Por cual de las dos optarían Prono y su hermano? ¿El resultado era unánime o tendrían gustos diferentes? ¿A quién elegiría Andres? Se decía que los hermanos de pueblo lo compartían todo, un chisme que compartían las maduritas amargadas de ciudad mientras fantaseaban con hombres de aguante inagotable y rabos colosales.

   Sin duda alguna, Andres estaba bien servido… ¿Se parecería Prono a su hermano? Estaba segura de que Andres iba a intentar algo tarde o temprano y no le extrañaría que su hermano hiciese lo mismo por separado o acompañados. Y llegando a esta conclusión que, mientras fantaseaba se acariciaba la vagina sin darse cuenta, la puerta se abrió tras de ella viendo así entrar al moreno de los ojos color miel y labios carnosos.

— ¿¡Pero no ves que está ocupado!? -vociferó dándole la espalda y agarrando de una percha una de las toallas llevándosela al pecho para tapar lo máximo posible. El intruso cerró la puerta una vez dentro y cerró el pestillo-. Si haces algo gritaré.

— No vas a gritar. Si no quieres que toda tu familia se entere de lo tuyo con Andres.

— Y… Yo no tengo nada con Andres -negó paralizada. Se sentía acorralada y no solo por estar encerrada en un baño con él.

— Es mi hermano, lo conozco bien. Lo sé.

— No debería haberte dicho nada -le recriminó ahora enfadada con Andres. Parecía ser que como poco ese par compartía los secretos.

— ¿Qué sabes?

— Que eres una puta mal follada. Que te mueres por follarte de nuevo a mi hermano…

— Yo no me…

— Te lo follaste pero, tranquila… No quiero chantajearte. He usado eso para que no gritases. Puedes hacerlo todo voluntariamente o… puedo forzarte.

 

Sandra se le encaró.

— ¿Y si elijo decirle a mi marido lo que pasó? 

— No lo harás -murmuró haciéndose a un lado, dándole la posibilidad de que saliese del baño.

— Tu hermano lo negará, y yo diré que me has encerrado en el baño.

— Mi hermano se pondrá de mi parte.

— No… -la mujer intentó contener las lágrimas: No iba a arriesgarse por un quizá. Prono la rodeó y se colocó allí donde la toalla no alcazaba a tapar. Su culo y su espalda estaban desnudas, la acarició sin más sonido de fondo que el agua corriendo.

— No voy a violarte, no es de mi agrado. Es algo que mi hermano y yo compartimos. Pero si no me das ningún beneficio, no me sirves para nada… entiéndeme. Tal vez si usas tus manos y tu boca… O esas enormes ubres que tienes… Míralo como un trabajo -dijo mientras se encaminaba a la bañera y cerraba el grifo.

— Forzarme a que te haga eso con la boca o las manos es violación también.

— Te recuerdo que no te estoy poniendo un cuchillo en el cuello ni hago peligrar tu vida, te doy la opción a negarte.

— Chantaje -puntualizó ella sin negarse por completo, lo estaba sopesando-. Es un precio muy caro…

— No lo niego -Prono se sentó al borde de la bañera mientras se miraba las uñas-. Pero al usar la boca y las manos no sufrirás dolor. Me vas a comer la polla, pero no te forzaré a hacer nada más. Incluso si eres capaz… Hazlo solo con las manos.

 

El hombre estaba logrando convencerla debido a que sin duda era la opción menos mala. Al intentar imaginarse lo que pasaría si salía del baño sufría un electroshock psicológico que la dejaba anulada. Tal vez lo más inteligente fuese salir del baño, tal vez no se atreviese a decir nada… Pero no podía arriesgarse. Era la opción menos mala de las dos, y ambos lo sabían.

— Si hago lo que me pides… ¿Me dejarás en paz? -su interlocutor no contestó. ¿Servía de algo mentir?-. ¿De que sirve que ahora haga esto si algún día me acabarás pidiendo algo que no pueda hacer y tenga que acabar negándome? Entonces estaré en esa misma situación.

— Ahora mismo, si sales del baño iré a tu marido y le diré que has intentado seducirme. Tú lo negarás, y mi hermano lo avalará. Tal vez no nos crea, pero la semilla de la duda ya estará plantada. Pero… -levantó el dedo índice mostrando visualmente que no había acabado-… puedes hacerme una paja y darme el gustazo. Tal vez otro día te pido algo y no estás dispuesta a hacerlo, pero tendré en cuenta lo que habrás hecho hoy… y tal vez no le diga nada a tu marido. ¿Entiendes lo que quiero decir?

— ¿Y qué garantías tengo de esto?

— Tendrás que arriesgarte -dando la conversación por terminada. Él agarró el pliegue de la toalla que tapaba el cuerpo de Sandra y la arrancó de sus diminutos dedos dejándola totalmente desnuda, tapándose únicamente por sus brazos y manos-. ¿Sabes? Nada más verte supe que iba a querer follarte… Cada vez que te he visto he sentido el impulso de hacerlo… Me gustaría verla a cuatro patas, pensaba. Me gustaría azotar ese culo y metérsela hasta el fondo… La mayor parte del tiempo la he pasado con la polla bien dura -omitió hablar de su hija, era algo que no ayudaría en absoluto-. Seguramente sabes que tu hija y tú habéis levantado muchas pollas en este pueblo.

 

La aludida no contesto, caminó hacia el retrete y bajó la tapa mientras ponía encima otra toalla para poder sentarse encima. Cerró las piernas para mantener el último vestigio de intimidad que le quedaba, y entonces intercambiaron una mirada. Los ojos café-miel de Prono eran muy diferentes a los de su hermano, infundían temor y activaban el instinto conservador de las personas, cualquiera que lo mirase a los ojos vería lo mismo: Agresividad y temperamento inestable.

— Estar tan buena debe ser una maldición… Todos los caballos quieren follarse a la yegua madurita. ¿Verdad? Pero yo me conformo con esto… -musitó mientras se desataba el cordón del bañador y se lo bajaba hasta los tobillos para lanzarlos volando lejos de una patada.

 

Una polla morcillona que solo en reposo ya era casi tan larga como la de su marido erecta; tenía el glande totalmente cubierto por el precio, colgando frente a ella. Verla frente a ella le recordó a un video en concreto de esos que se pasaban los amigos por los grupos de whatsapp; en el video se veía a una mujer desnuda cabalgando a un enorme potro y en algún lugar del cambo descabalgando, tras acariciarle la cabeza y el cuello, pasó a acariciarle otras partes. Cuando llegó al rabo, desproporcionadamente largo y flácido, la mujer tuvo que agarrar el enorme rabo del animal con las dos manos mientras lamia la punta.

   Algo así se imaginaba con este, que pese a tener un tamaño más proporcional y humano, podría tranquilamente partirla por la mitad.

— Me basta con que uses las manos por el momento -dijo plantándose frente a ella balanceando el miembro a la altura de su cara, fue entonces cuando Sandra olió el tufo a polla. Un tufo que impregnaba sus fosas nasales y ocupaba su cabeza, y pese a todo no era un mal olor. Era penetrante y fuerte, pero no desagradable.

— Prométeme que si lo hago no le dirás nada a mi esposo.

— Te prometo que mientras me complazcas no le diré nada a nadie… Quizá a mi hermano, pero a nadie más -su polla empezó a hincharse leventemente pese a mantener su aspecto caído-. ¿Podríamos compartirte mi hermano y yo? Unas veces él, otras veces yo… Otras veces los dos. 

 

Un destello de perversión alumbró los ojos del hombre, claramente excitado por la idea de abusar de ella junto a su hermano, una idea que ella entendió muy bien y le hizo subir un escalofrío por el vientre.

— ¿Vas a hacerlo? -La pregunta hizo que Sandra reaccionase y le agarrase el miembro con una sola mano. Estando en reposo no tenía problema, pero para agarrarla por completo le habrían hecho falta dos manos más-. Frota hasta que salga el genio.

— ¿Me compartirías con tu hermano? -preguntó ella olvidándose fingir estar resentida, la curiosidad le podía. Aquella declaración era algo en lo que ella ya había pensado antes de que él lo dijese. ¿O era el tamaño de aquella polla? Tal vez la idea de que dos hombres con pollas de caballo la sometieran… Si no había podido aguantar con Andres difícilmente podría con dos como él. Y entonces recordó la pregunta que se había hecho antes… ¿Entre ella y su hija a quien elegirían? 

— Sí, te usaría con mi hermano. No pares de frotar -le señaló mientras levantaba la mirada al techo-. No pares…

— ¿Me usarías? No soy un objeto -respondió sin entender porque se estaba poniendo cachonda. Tenía la sensación de que los suspiros de placer que profesaba el hombre tenían un efecto afrodisiaco sobre ella.

— Eres una masoquista… ¿No? Disfrutas con esto… Y me pone mucho que lo disfrutes. No tendría gracia si esto fuese forzado.

— Es forzado…

— ¿Y por qué te tiembla la voz? -preguntó él mirándola a los ojos, ella no apartaba la vista.

— Miedo.

— Y una mierda… Estás tan excitada como yo -dijo mientras la agarraba de la nuca enredando sus dedos en las raíces de su pelo.

— No es verdad… ¿Puedo preguntarte algo? -preguntó con timidez, necesitaba saberlo. La curiosidad le podía. Prono no apartó la vista pero tampoco hizo ademan de contestar: Esperaba su pregunta-. Vi que te fijabas en mi hija. ¿A cuál prefieres?

 

El hermano de Andres sopesó por un instante que responder, presionó la cabeza de Sandra contra su entrepierna y esta soportó el tirón, pero su cara estaba cerca… demasiado cerca. Podía olerla, y deseaba devorarla. Pese a intentar mirarle a los ojos; las pupilas femeninas no podían evitar desviarse algunas veces a mirar su enorme polla. 

— Estoy aquí. ¿No? Elegir entre tu hija y tú es una opción difícil. Pero a mí me van más las maduritas… estáis más desesperadas por una buena polla. Aunque… Me acabo de imaginar follándoos a las dos… No es mala idea… ¿No me la vas a chupar?

— Solo con la mano -murmuró todavía con la imagen de su hija y ella abiertas de piernas para el disfrute de ese desvergonzado… pero también el de ambas. Era inmoral e impensable, pero la excito pensar por un momento en las dos disfrutando con un verdadero hombre. Era sucio y repulsivo compartir algo así con su hija, pero al mismo tiempo…  Sandra hizo un esfuerzo por no continuar pensando aquello mientras acentuaba la velocidad de fricción.

— Vamos… con esa boquita que tienes. Quiero que me limpies bien la polla.

— No lo voy a hacer con la boca -contestó Sandra pasando a pajearle a dos manos. El prepucio subía y bajaba liberando un fuerte olor a testosterona y sudor; la mano en su nuca la invitaba forzosamente a acercarse a pesar de resistirse: Estaba desesperado porque se la chupase.

— Mujer, mírame a los ojos -Sandra lo hizo desafiante.

— ¿Prefieres mi polla o la de mi hermano?

— La de tu hermano sin duda -contestó sin titubear mientras aceleraba el ritmo de la paja intentando desesperadamente que se corriese. Tenía mucho aguante, y si seguían así…

— Eso es porque no has probado todavía la mía.

—La tengo entre las manos, no me hace falta -Sonrió con ingenuidad. Estaba segura de que no había polla mejor que la de Andres, del tamaño perfecto. Larga y ancha, sin extremos que la hiriesen-. Además… Tu polla da asco… huele fatal -declaró sin poder evitar mentir. Olía, y muy fuerte, pero no lo catalogaría como un olor desagradable… Incluso le daban ganas a probarlo. ¿Cómo debería saber?

 

Había muchas cosas que influían en su libido: Los gemidos del hombre, su olor a testosterona, la dureza y el tamaño de su miembro pero su olor era tan penetrante que le hacían creer que estaba constantemente a punto de correrse; una fragancia afrodisíaca a pesar de que ella no estaba dispuesta a reconocerla.

— Huele a hombre. Y a ti te gustan las pollas… ¿Verdad? -dijo mientras se inclinaba para meter sus dedos dentro de su coño sin reparo alguno. ``¿¡Cuando me he abierto de piernas!? No recuerdo haberlo hecho´´ pensó mientras se le quedaba cara de tonta. ¿Tan fácil le había sido dejarla en aquel estado? Notó como si se derritiese mientras sus yemas rascaban su interior muy cerca del punto más placentero-. Mira como está tu coño. Pero si no quieres usar la boca…

 

Al ver que Sandra no tomaba la iniciativa, fue él mismo el que tomó la iniciativa y moviendo sus caderas e arrodillándose ligeramente, la colocó entre las tetas de Sandra mientras la agarraba por ambos pezones quedando su tronco enterrado entre ambas; la punta, en cambio, sobresalía sin problemas y rozaba por poco la barbilla de la tetona.

   Le costaba frotarla entre ellas y hasta le molestaba hasta que él le pidió que escupiese sobre ellas… y se quedó quieta. ¿Y si lo hacía? ¿Quedaría como una guarra? Nunca había hecho eso… No había escupido.

— Yo… Yo no… -No le quedo otra que abrir mucho los ojos en cuanto la boca de Prono se fusionó con la suya removiendo ambas lenguas antes de separarse y escupir dentro.

— Ahí tienes, ahora escupe sobre mi polla -Un tanto coartada bajó la barbilla y dejó caer un grueso hilo de saliva sobre el tronco.

— ¿Qué tal si ahora lo esparces? -Sin ganas de discutir, agarró el tronco del cipote impregnando sus manos con su propia saliva y la expandió todo lo que pudo. La respuesta del madurito no se hizo esperar, soltó los pezones y la agarró por la nuca con ambas manos, como si agarrarla del pelo fuese un placer por si mismo.

 

No tuvo que decirle nada para que ella misma se agarrase las tetas por los lados y estrangulase el rabo que chocaba contra su garganta.

— Jooooder… Que gusto, mujer. ¿Hay algo de ti que no de placer? -comentó mientras cerraba los ojos y levantaba la barbilla. Ella intentó mirarle a la cara para no perderse ningún detalle…

 

``Parece estar disfrutando tanto…´´ pensó con envidia. Se abrió todavía más de piernas, esta vez de manera consciente, para tener mejor estabilidad.

— Me llamo Sandra.

— Me estoy follando tus enormes tetas… ¿Sabes cuantos en el pueblo se mueren por hacerlo? Todos están deseando follarte en manada… Una vez detrás de otra… Pero eres solo mía.

 

Pese a no estar de acuerdo, no dijo nada. Sabía que si se soltaba terminaría antes, pero se soltó demasiado cuando notó como una de sus manos abandonaba su nuca para agarrar la última toalla de la percha y lanzarla al suelo junto a la otra, formando una gran alfombra. Justo cuando la iba a agarrar por la muñeca para llevarla hasta el suelo motivado por la sobreexcitación, alguien picó a la puerta dejándolos a ambos paralizados.

— Cariño… ¿Estás ahí?

— … -por unos segundos Sandra no supo que decir, pero se las apañó para reaccionar-. Sí, Joaquin. Estoy a punto de meterme en la bañera.

— ¡Abre, por favor! -solicitó impaciente, claramente desconfiando de su mujer. Prono pegó un salto hacia un lado del baño, agarrando las sandalias y el bañador mientras corría frente a la puerta indicándole que abriera.

 

Sandra agarró una toalla y se tapó por pudor mientras se acercaba a la puerta, suspiraba y quitaba el cerrojo. Al abrirse, Prono quedó oculto tras la puerta mientras Joaquin entraba en estampida mirando a todas las partes del baño, también hizo a un lado la cortina del baño para asegurarse de que nadie se escondía tras ella; después, ya con el rostro más calmado, se encaminó hacia su esposa.

— ¿Por qué tardas tanto? -preguntó con reservas.

— Si acabo de entrar… Ni me has dado tiempo a meterme todavía.

— ¿Aún no te has bañado?

— ¿Ves mojado mi pelo? -replicó con ironía-. Además… ¿Qué haces entrando de esa manera? Creo que nuestro juego te tiene paranoico.

— Creía que… Me pareció… Bah, da igual. Olvídalo -gruñó de mala gana resistiendo el impulso de sincerarse.

— No. No da igual… Estás histérico. ¿Sabes qué? Olvida lo de nuestro pequeño juego, lo corto aquí ahora mismo. ¿Vale? Quédate tranquilo que no pasará nada más.

— ¿Seguro? … Pues claro, sí. Soy un idiota… Mira que desconfiar de ti. Cuando termines baja y come algo… ¿De acuerdo? Que no has comido casi nada.

— Tranquilo… Comeré algo -replicó mordiéndose el labio y guiñarle un ojo; intentó reprimir sin conseguirlo una sonrisita burlona-. Ahora solo quiero darme un baño… -musitó antes de acercarse a él y despedirlo con un beso.

 

Vio aparecer a Prono cuando la puerta se cerró haciendo desaparecer a su marido, fue él mismo el que puso el pestillo mientras tachaba sus labios sonrientes con su dedo índice dándole a entender que debían guardar silencio, no fuese a ser que escuchase detrás de la puerta.

— Mientes muy bien. ¿Eh? -le susurró al oído con malicia mientras la dejaba desnuda de nuevo. Sandra se percató de que pese a que este había sufrido un bajón, su polla seguía estando morcillona y no tardó en venirse arriba-. Vamos. Quiero follarte -al ver que ella se preparaba para objetar, se apresuró a interrumpirla-. Me refiero a follarme tus tetas.

 

Sandra estaba decidida, lo mejor era acabar cuanto antes con aquello. Caminaron hasta la toalla tendida en el suelo y se puso de rodillas sobre ella haciéndole ojitos mientras esperaba a que él tomase la iniciativa… Y vaya que si lo hizo:

   Se colocó frente a ella haciéndose una paja a pocos milímetros de su cara mientras con el pulgar de la otra mano le metía el dedo en la boca; la madurita ni se inmutó pues se limitó a ignorar lo que había frente a ella continuando centrada en sus ojos.

— Saca la lengua.

— No voy a chuparla -insistió decidida.

— Si haces ciertas cosas acabaré antes. Solo saca esa lengua tan traviesa que tienes.. -Estando segura de que se acabaría arrepintiéndose, titubeó pero acabó haciéndolo. Vio de reojo su cipote parecía cada vez más y más hinchado. A ella le pareció que Prono se excitaba con solo verla en aquella perspectiva: Sandra había sacado la lengua aún con el pulgar dentro de su mejilla interior, su lengua simplemente colgaba alrededor de su labio inferior. No podía entender cómo podía excitarse con aquello- ¿Qué tal si te estiras? Será mejor.

 

Cuando se quiso dar cuenta ya estaba estirada boca arriba, con él sentado sobre su vientre con las rodillas a su lado y la polla entre sus tetas.

— La lengua… No la escondas -Automáticamente volvió a sacarla para complacerlo a pesar de que se moría de vergüenza. Seguro que se veía como una autentica fresca al hacer aquellas cosas… ¿Por eso estaba él tan excitado? Prono la sorprendió escupiendo sobre el centro de sus tetas, sobre el esternón e impregnando su propia polla entre la saliva ya tenía el lubricante perfecto… Ya podía follárselas. Sabiendo entonces que se lo iba a pedir, la madurita optó por ahorrárselo y por voluntad propia se sujetó los pechos para estrangular aquel rabo que se la iba a follar-. La lengua… Quiero verla. Sácala lo máximo posible. Vaya tetas que tienes… Da gusta… Mi polla está en el paraíso.

 

El glande nunca desaparecía entre el canalón desde el escote, y permaneciendo siempre visible, apuñalaba con violencia el aire intentando alcanzar violentamente la lengua ondeante: Pocos milímetros restaban para que se juntasen. Las tetas de Sandra temblaban con cada embestida, mientras ella maravillada e incrédula sopesaba el efecto que provocaría en ella recibir aquellas mismas embestidas en su interior.

— Baja la barbilla… No dejes de mirarme. Que carita tienes, me encantaría follármela también. Como me gustaría que me la mamases -dijo mientras agarraba la cabeza de Sandra por las sienes para impedir que la cabeza de esta retrocediese, también apoyó los codos en el suelo para tener más estabilidad.

— ¿Te falta mucho?

— La lengua fuera… -Sandra volvió a obedecer, el glande esta vez rozaba su lengua-. ¿Te gusta cómo huele?

— No

— Seguro que te pondría muy cachonda chuparla… Una verdadera polla. ¿Si me la lavo, me la comerás a gusto? -ella asintió. Creyó que si no respondía en voz alta la traición no sería tan grave.

— Pues lávamela -ordenó con una última embestida que como si fuese un ariete penetró entre las dos tetas al tiempo que levantaba la nuca de Sandra. Todo el glande y parte del prepucio entró en contacto pleno con la base de la lengua; los labios enterraron gustosamente la punta del rabo mientras él levantaba la vista al techo y liberaba una cadena de suspiros y algún que otro gemido-. Ahora que ya está limpia, ya puedes chupar a gusto -dijo con malicia ya habiendo detenido sus caderas. 

 

Sandra alcanzó a ver como el hombre sobre ella se escupía sobre la palma de la mano y la llevaba hasta su vagina, donde untó el líquido como si fuese crema solar. ``Mételos… Los quiero dentro…´´ suplicó para sus adentros olvidándose de chupar: Abrió la boca para gemir y la larga polla salió disparada hasta quedar reposando en su cara entre pequeños botes.

— ¿Quién te ha dicho que pares? ¡Continua! Ya me falta poco. Agarra las tetas por los lados -ordenó mientras con la mano libre (y sin apartar la otra del coño de Sandra) se agarraba el miembro y lo ponía entre las tetas. La mano sobre su coño se convirtió en una araña de dedos que bailó sobre su humedecido clítoris: Danzaban en circulo, de arriba abajo, en perpendicular de lado; más flojo y más fuerte hasta encontraron la reacción que buscaban.

 

Mientras Sandra ponía todo su ser en mantener el glande entre sus labios y aguantar las embestidas de Prono, levantó inconscientemente las caderas e incluso comenzó a moverlas en circulo para sustituir un grito de júbilo que significase ``Me encanta´´.

   Los dos estaban en su clímax, Sandra impresionada por lo rápido que había llegado a él. Sentía estar a punto de correrse al tiempo que notaba y empatizaba con el inminente orgasmo de su follador. La polla entre sus tetas empezó a contraerse muy espaciadamente preparándose para la corrida y ella se centró en recibir aquella corrida salada de una polla que no sabía nada mal. 

   … Podría volverse adicta a aquello.

 

Quiso chillarle ``¡¡No pares!!´´ pero en su lugar se dedicó a subir y bajar la nuca poniendo en tensión su cuello  para hacerle una verdadera mamada hasta que finalmente se corrió. 

   No salió nada de aquella polla, que vibraba mientras el gemía y se resentía de placer sobre ella, pero sin llegar a eyacular. Temblando, se quitó de encima mientras ella se llevaba unos temblorosos dedos a su sexo, pero Prono la interceptó por la muñeca a medio camino.

— Nononono. Vas a quedarte así, con las ganas -murmuró poniéndose entre sus piernas. Su polla dura quedó sobre su clítoris. Se había saltado todas sus defensas en un momento, y si quería follársela, estaba tan desesperada que no pondría ninguna pega.

— ¿Me vas a dejar así? -La única respuesta del hombre fue un beso húmedo que los calló durante un largo minuto mientras el tronco de su polla se restregaba contra toda la extensión de su vagina.

— Seguro que estás deseando que te folle. Pero eres una mujer casada… Si te la metiese ahora…

— Se sentiría muy bien -gimió ella con voz dulce como la miel; le estaba suplicando-. Si me la metes ahora me voy a correr al instante… 

— No estaría bien follarme a una mujer casada.

 

Sandra ya no era una mujer, era una fiera que se había rebajado a sus más bajos instintos. Solo quería una cosa y estaba restregándose contra su coño. Se continuaron besando mientras ella se las apañaba para agarrarle el miembro y tras dos sacudidas rápidas que emulaban una escopeta al recargar, la apuntó para su coño.

— Clávamela. Rómpeme el coño -suplicó antes de lanzarse a su cuello y mordérselo.

— Tengo una idea mejor… 

— ¿Ahhh? -Fue lo único capaz de inquirir, mezclando la pregunta con el gemido. Vio la cabeza de Prono descender, ocultándose tras sus tetas y posteriormente entre sus mierdas. Su boca se clavó cobre su clítoris lamiéndolo y besándolo mientras negaba con la cabeza. La vibración la iba a matar-. Prono… ¡Quiero tu polla! -pensó sin ser capaz de pensar en nada más.

 

Dos dedos orientados hacia el techo entraron en su vagina y comenzaron a penetrarla furiosamente. Sandra sentía que alrededor de su coño llovía de lo húmeda que se notaba; la mezcla perfecta entre los dedos en forma de gancho acariciando ese punto justo más la base de su lengua lamer sin descanso su clítoris la hizo levantar las caderas, tensar las piernas y correrse violentamente mientras una mano suya quedaba colgada en el aire y la otra agarraba por la nuca apretándolo contra su coño.

   Quedó en esa posición, con el culo a un palmo del suelo corriéndose como una loca pensando que no era suficiente, ahora quería su polla pero él ya se había levantado y se había puesto el bañador.

— ¿Q-Que haces? 

— He terminado contigo… de momento.

— P-Pero… -Sandra no encontraba las palabras; él no las necesitó. Se agachó frente a ella, la sostuvo por la nuca mientras se acercaba a su oído y le decía:-. Recuerda esto para la próxima vez. Si he sido capaz de hacerte disfrutar así solo con las manos y la boca… Imagínate de lo que seré capaz en cuanto te la meta -se distanció de su oído sin levantar demasiado el tono de voz-. Ahora dúchate. Queda una larga tarde por delante y luego la noche. Ya encontraremos otro nidito de amor donde te haré adicta a mi polla -dijo mientras le plantaba otro beso con lengua al cual ella ni se molestó en esquivar; incluso, tal vez, pudo llegar a aceptarlo gustosa.

—Tal vez no haya otro momento… -le dijo con una indirecta.

— Lo habrá. Y el calzonazos de tu marido podrá poner las dificultades que quiera, pero follándote. Aún no lo sabes pero ya eres mía y de mi hermano.

 

Entonces se calzó las sandalias, abrió el cerrojo que había por encima del ojo de la cerradura y se fue, dejándola sola. 

 

Su cuerpo estaba tenso todavía, fatigado. Lo notaba lento y costoso de mover. Se metió en la bañera tras abrir el grifo del agua caliente, pues la que había en la bañera se había enfriado. 

   Prono tenía razón, su corazón y su amor pertenecía a Joaquin…

 

… pero había dejado de ser suya como mujer.

 

 

 

 

*** 

 

 

— No, No; insisto. Me sentiría insultado -les interrumpió a Joaquin y su yerno alzando las manos para apaciguarlos-. Aquí sois vosotros los invitados, y los invitados no recogen. Mi casa, mis reglas. ¿Dos cortados? 

— Yo quiero un descafeinado, que me está entrando sueño y me da que me echaré una siesta -indicó el esposo de Sandra con seriedad.

— ¿Y qué le pongo a tu mujer?

— Sandra no toma nunca café.

— Yo un café… ¡Corto de leche! Y añádele un poco de leche condensada -añadió Olivia conteniendo a duras penas una sonrisa sugerente; Andres le había entendido.

— Yo otro descafeinado -añadió bostezando el novio de esta-. Esas hamacas están de coña para dormir.

— Nos hacemos viejos. ¿Eh? -Le chinchó la veinteañera con una sonrisa traviesa; Rob se picó en consecuencia.

— Me paso la semana trabajando… ¿Tan raro es que tenga sueño? 

— Ignórala, Rob. Somos hombres de gustos sencillos… Nos conformamos con poco.

— Y que lo digas, viejo.

 

Andres les rio las gracias antes de dirigirse cargado de platos junto a su hermano.

— Pááápa. ¿Nos podemos bañar ya? Porfaporfa! -vociferó tiernamente Jaume señalando a la piscina.

— Acabáis de comer, esperad un par de horas. Jugad a futbol o… -fue lo último que escuchó Andres antes de replicarle totalmente molesto mientras se encaminaban con los platos a la cocina.

— ¿¡Qué has hecho ya!?

— ¿Yo? No he hecho ná.

— Nonina -negó Andres con tono andaluz; acento que solo le salía cuando se enfadaba.

— Me ha hecho una cubana en el baño.

 

No contesto. No dijo nada: Iba cargado de platos y necesitaba tener las manos libres para recriminarle a ostias. En cuanto llegaron a la cocina y tuvo las manos libres le arreó una colleja con la mano zurda que se revolvieron en su tumba hasta sus más lejanos antepasados.

— ¿No te había dicho que era mía?

— No me jodas. Dijiste que cuando conquistase a la veinteañera esa malcriada podría ir contra la madre.

— No tergiverses mis palabras. Lo que dije es que cuando te la follases, hablaríamos -puso énfasis en la última palabra- de la madre.

— Bueno, ya está hecho. Me entró el calentón y cuando vi que se iba tan mojada… No pude evitarlo. Además… Vamos a compartirlas. ¿No? ¿Te crees que no sé como ganármelas?

— Como las ahuyentes te doy la paliza de tu vida, me da igual que seas sangre de mi sangre -dijo levantándole el puño. ¿Me has entendido?

— Te pareces a papa.

— ¡Prono! -El aludido no contestó. Evitaron mirarse a los ojos mientras pasaban unos segundos de silencio que los enfriaron a ambos; pero eran buenos hermanos y los cabreos nunca les duraban-. Bueno venga, va. Cuenta. ¿Qué has hecho?

— Me metí en el baño, le dije que me hiciera un paja, se resistió un poco, acabó accediendo… Y me acabó suplicando que le metiese la polla; no lo hice.

 

Andres se sorprendió de que su hermano no hubiese hecho lo evidente. Cuando le entraba algo en la cabeza no solía parar hasta que lo conseguía, y no era de los que dejaba el tema a medias.

— ¿No te la follaste? -Prono le miró a los ojos y negó con la cabeza en silencio-. Ya te has desahogado con una… -empezó a decir su hermano menor.

— Bueno, desahogarme… -Le interrumpió este haciendo referencia a que no había eyaculado y, por lo tanto, se había quedado con las ganas.

— Elige. Sandra o Olivia

— Las dos –``Sandra o Olivia´´ repitió su hermano.

— ¿No las vamos a compartir? Nunca nos hemos follado juntos a una mujer…

— ¿Por qué quieres hacer eso? -preguntó extrañado; era la primera vez que se lo proponía. Andres no pensaba renunciar a ninguna de las dos pero, como no podía evitar que su hermano se quedase con una, le dejaría elegir a cual compartirían… Pero no le gustaba compartir: Era demasiado celoso.

— Los dos tenemos mucho aguante. ¿No? Imagínate como dejaríamos a estas dos malfolladas si nos las follásemos a la vez… Primero una y luego otra, dos trios… O un cuarteto.

— Sandra o Olivia -No le había convencido la idea y ante la insistencia, su hermano se vio obligado a elegir.

— Me follaré a la niñata esa por ahora.

— ¿Soy una niñata? -la veinteañera los sorprendió apoyada en el marco de la puerta sujetando todavía el picaporte de esta.

 

Los tres se quedaron callados, y puesto que la hija de Joaquin no parecía tener la intención de romper el silencio ni de querer moverse, lo hizo en su lugar el hermano de Prono. Se dirigió a la nevera y sacó un pote de leche frio; preparó cuatro cafés, echándole la leche condensada a uno de ellos y mientras se disponía a pasar por la puerta preguntó en voz alta:

— Cielo. ¿A dónde has ido?

— He ido al baño -contestó sin rodeos pues sabía exactamente a que se refería con esa pregunta. Entonces sin decir nada más, Andres cerró la puerta tras de sí cargado con los cuatro cafés dejándolos solos. A lo lejos se oyó el portazo de la puerta exterior que daba a la piscina.

— Así que soy una niñata para ti? -preguntó de nuevo con cara de póker.

— Lo eres: Una niñata malfollada y que se lo tiene muy creído.

— ¿Tú qué eres entonces? Un machista reprimido… ¡Imbécil! -aulló mientras su cara se iba poniendo roja-. Solo piensas con la polla. Que pena que no te parezcas más a tu hermano, está claro que él se ha llevado los mejores genes en todo -La veinteañera eligió mantener la distancia de la misma manera que él eligió acortarla. La chica no retrocedió y se mantuvo firme hasta que su contrario se detuvo a poco más de dos pasos de ella.

— Dices eso como si fuese algo malo. Ya te gustaría tenerme a mí en vez de al novio picha-floja, al inútil bueno para nada ese…

— ¿Perdona? Le insultas a él que no te ha hecho nada -le cuestionó incrédula soltando una risa burlona, con la cara ya recuperando su color de piel natural-. Además. ¿Qué es eso de que me gustaría tenerte A TI como algo? ¿Se supone que debo tomármelo en serio? No te tocaba ni con un palo.

— En la mesa no dijiste lo mismo.

— Ese es vuestro problema -la risa de Olivia se tornó amarga-. No sabéis diferenciar cuando os cortejan o cuando os siguen el juego, pero si eres tan -hizo un breve inciso mientras levantaba las dos manos para entrecomillar burlonamente el adjetivo-. Cortito como para no entenderlo te lo digo desde ya. Antes me tiro a una mujer que a ti mismo.

— Habla la mal follada con un novio que no sabe ni como satisfacerla.

— Aunque mi novia sea un eunuco manco y sin lengua, te lo repito, no te tocaba ni con un palo. Además… ¿Qué más te da? Soy una niñata. ¿No? -replicó claramente herida.

— Por eso me pone tanto, me gusta poneros en vuestro lugar.

— Como si un neardental como tú supiese tratar a una mujer.

 

Sin dejar de mirarla, Prono soltó una carcajada de lo más natural mientras alzaba un dedo a modo de propuesta.

— ¿Quieres hacer una apuesta? ¿A que sé cómo funciona tu cuerpo sin haberlo tocado mejor de lo que tu novio sabrá nunca?

 

La curiosidad le pudo, pero mucho más hacerle tragarse sus palabras pese a que su instinto le sollozaba negarse e ignorarle.

— No me interesa pero… -miró a sus pies antes de devolverle la mirada con la barbilla gacha y caer directa en su trampa-. ¿Qué te apostarías?

— Si gano… Una competición y tú serás la arbitra. Tendrás que hacernos una paja a mí a mi hermano para elegir con cual te quedas, con el extra de que si gano tendrás que obedecer a lo que te pida. Y si pierdo… ¿Qué te parecen cincuenta euros? -puntualizó tras dudar en que cifra poner como cebo en la apuesta.

— ¿Y que es eso de haceros una paja?

— Nos harás una paja para elegir que polla prefieres y que polla te follará al momento.

 

Olivia alzó una ceja pero decidió no insistir en eso.

— ¿Equiparas una paja a cincuenta euros?

— ¿Tal vez debería pedirte un completo? -La insolencia le costó una bofetada que le dejó enrojecida la mejilla. El silencio se volvió incómodo pese a que el agredido no parecía molesto ni dolido, al contrario, denotaba orgullo y portaba el guantazo como trofeo-. Bueno; qué… ¿Te atreves?

— ¿De verdad crees que iba a aceptar? Solo sentía curiosidad -dijo mientras se daba la vuelta, sin embargo dos manos la emboscaron agarrándola por ambos brazos y obligándola a girarse de nuevo-. ¿¡Pero qué h…!? -Había empezado a gritar histérica, pero una de las dos manos acabó tapándole la boca con el dedo pulgar apuntando hacia abajo mientras la otra le presionaba el ombligo. 

 

Por auto-reflejo, la joven retrocedió y retrocedió seguida por Prono hasta que chocó contra la nevera de espaldas. No usó las manos porque la diferencia de fuerza era tal que sería un esfuerzo inútil, pero tampoco es que quisiese hacerlo.

— ¿Sabes lo que creo? Que te mueres por hacerlo. Te mueres por darle algo de vidilla a tu aburrida existencia sexual que compartes con ese inútil de tu novio -susurró manteniendo su mano en su boca y otra sobre su ombligo desnudo, sus narices estaban a pocos milímetros, y los ojos de ambos ni pestañeaban-. Creo que te has imaginado a mi hermano y a mí, follándote los dos, dándonos placer con tu boca y tu coño. Y como eres una masoquista -evitó decir ``como tu madre´´- te encantará que seamos salvajemente rudos contigo. 

 

Mientras este hablaba, la respiración de Olivia se agitó y aceleró cada vez más. Lo intentaba mirar a los ojos, pero solo era capaz de concentrarse en esa mano sobre su ombligo que, con los dedos apuntando hacia la pieza inferior de su bikini, comenzaba a bajar lentamente. 

   La mano que tapaba los labios de la tetona se apartó lentamente mientras exhibía una boca ligeramente abierta.

— Por tu hermano, sí. Por ti, no. Porque eres un imbécil y un machista.

— Aja -fue lo único que dijo él, su mano libre se apoyó contra la nevera mientras la otra llegaba por fin al bikini, tocándole el coño por encima de este; no dejaron de mirarse.

— Di algo -replico nerviosa y claramente aturdida. No podía pensar, su mente estaba en otra parte, estaba entre sus piernas junto a una mano que amenazaba con invadir su sexo.

— ¿Qué quieres que diga? Sigo esperando que digas que aceptas la apuesta.

— Ya te dicho que… -No pudo continuar, simplemente puso los ojos en blanco mientras golpeaba con la nuca la nevera y se contraían sus nalgas. El muy bastardo le acababa de hacer a un lado el bañador y le había incrustado dos dedos, pero si algo la traía de cabeza y no entendía, era la sensibilidad. ¿Cómo podía estar tan sensible? ¿Cómo podía ese hombre ponerla tan cachonda?

— Te propongo algo… Además de los cincuenta euros, si ganas… No volveré a molestarte.

— Eso ya… ¡Ayyyy! -El gemido femenino no pudo ser reprimido y se convirtió en música para los oídos de Prono-. Eso sí. Recuérdalo… Si pierdes no volverás a molestarme ni te me acercarás.

— Lo prometo. Pero si gano, ya que me apuesto tanto, recuerda que durante la competición de mi hermano deberás hacer todo lo que te pida -Olivia asintió levantando la barbilla mientras sus manos se lanzaron raudas contra la muñeca del madurito que le hurgaba en el interior.

— ¿Cuál es la apuesta? 

 

El aludido sacó con rudeza sus dedos del coño de Olivia mientras se los llevaba a la boca y los chupaba como si fuesen un helado antes de señalar a la ventana.

— Acércate -reticente se mantuvo firme en su sitio, pero acabó accediendo acercándose a la ventana y viendo a través de las cortinas como su padre, su novio y Andres sus tres cafés mientras el suyo le esperaba… A lo lejos vio a Jaume y Pedro jugando a la pelota con Satur, que parecía haberse animado.

 

Prono se puso tras ella y la agarró con sus fuertes manos por las caderas mientras apretaba su polla dura bajo el bañador contra su culo.

— Te apuesto lo que hemos dicho a que consigo que te corras en tres minutos.

— Sin meterla, espero.

— Sin meterla -le susurró al oído-. Solo usando dedos y boca.

— Sin meterla -le susurró al oído-. Solo usando dedos y boca -Mientras susurraba esto a su oído le dio un brusco e inesperado tirón de pelo haciéndole ladear la cabeza y dejando desprotegido su cuello. Comenzó a besárselo desde la mitad del cuello hasta descender a la altura del hilo del bikini.

— ¿Has empezado? 

— ¿No? ¿Tienes prisa? -Su pregunta fue inoportuna, ya que volvía a estar hipnotizada por el movimiento de las manos ese al que llamaba imbécil. Una mano la agarró de la nalga mientras que la otra serpenteo por el sudado y resbaladizo ombligo, se acarició el pubis y sin contemplaciones se introdujeron en su coño ignorando su el clítoris; parecía leerle la mente. Acariciar lo de fuera se sentía muy rico, pero en ese momento solo quería ser penetrada.

 

Sus dedos eran gruesos y rudos, cada roce parecía desgarrarla de placer mientras sus caderas bailaban de lado a lado en un intento de reprimir el cosquilleo que sentía el vientre.

— Sí -Fue un embuste, y le costó decirlo, pero lo hizo-. ¿Cómo calculamos el tiempo? ¿Tienes un reloj o algo así?

 

Antes de contestar, prono apretó bien su nalga y darle un fuerte cachete al tiempo que le mordía el cuello como despedida.

— Tu cuello está muy bueno, y me encanta agarrar y manosearte este culito. ¿Cómo puede ignorarte tu novio? Eres perfecta -La piropeó Prono mientras se arrodillaba ante su culo en pompa y sin cuidado alguno le bajaba hasta los tobillos el elástico.

— M… Mi novio no me ignora. ¿Cómo contamos el tiempo? -``Me equivoque. Si sabe cómo venderse a una chica´´ pensó ansiosa mientras separaba todavía más las piernas.

— Claro, tienes toda la razón. ¿Cómo he podido ser tan idiota? Claramente este es el coño de una mujer bien atendida -musitó mientras metía de improviso y, en consecuencia, ella reprimía un gemido al tiempo que se contraían todos los músculos de su culo y sus piernas-. La respuesta es sencilla. No hace falta reloj: Vas a contar tú.

— ¿Perdona? Y te recuerdo que mi madre está arriba bañándose.

— Entonces muérdete la lengua para no hacer ruido. Y lo has entendido bien: Vas a contar hasta… ¿ciento ochenta?... mientras te como el coño.

 

Olivia estaba temblando, y continuó haciéndolo mientras clavó sus dos manos en el marco de la persiana a modo de apoyo. Si había estado seco en algún momento, ahora su coño correaba a mares… La veinteañera maldijo a su caprichoso cuerpo mientras cerraba los ojos y se centraba en el único sentido que podía analizar, el tacto.

   La esponjosa y suave lengua del hombre ni se acercó a la vagina, pues comenzó a lamer únicamente la humedad acumulada en la cara interna de sus muslos mientras sus dos dedos pulgares se posaban sobre los pliegues de su vagina y la abrían sin llegar a tocarla. No pudo evitar levantar el culo mientras intentaba ubicar la cara y la boca de Prono, pero no la encontraba.

— ¿Qué haces? -preguntó nerviosa-. ¿A qué esperas?

— A que empieces a contar.

 

Necesitó unos segundos para entender lo que le estaba diciendo. ¿Le estaba esperando ÉL a ELLA? Tenía que ser una jodida broma. Cuando se decidió a comenzar, descubrió que no podía enunciar los números sin que su voz saliese temblorosa y tartamudeante.

— ¡U…Uno! Mpppppfh -le costó reprimir el gemido cuando la nariz de su contrincante se medio metió en su culo sin pudor alguno y su lengua raspó suave desde su clítoris hasta el perforar los labios internos de su coño. Sus afilados y precisos dedos impedían que el coño se cerrase, y este parecía agradecerlo, pues tanto la lengua como todo su sexo parecían compenetrarse y saber que puntos daban más placer y cuales simplemente la volvían loca-. Dos… T..Tres, C…Cu…Cuatro. Cin…co…

 

Sacando la lengua del orificio, los labios de Prono hicieron morritos y besaron su clítoris y sus labios exteriores como si quisiese hacerle decenas de moratones en aspiración. Dos de sus dedos no tardaron en entrar en acción, pero al contrario de lo que sería recomendable, entraron con prisa y a lo bruto algo que a Olivia no solía gustarle en absoluto… 

… Pero le estaba encantando. Se Olvido de seguir contando así que se forzó a continuar:

— O...Ocho, Nueve… Trece… Quince -La emputecida veinteañera gemía entre número y número contado, pero Prono no interrumpió comida de coño para reprochárselo. Los dos dedos de este entraban y salían para dar variabilidad a su manera de masturbar. Tan pronto estaba haciendo formas con la lengua directamente en su interior como sus dedos estimulaban su botón del placer. 

 

Un dedo, húmedo, le hizo olvidarse de contar cuando se metió en su culo haciéndole sentir por primera vez en su vida una sensación sucia y rara, pero nueva. No era mala, simplemente extraña… Y mientras sentía esto sentía otras muchas cosas que no paraban de cambiar, pues Prono paraba para agarrarla de ambas nalgas y separarlas para meter su cara en ellas; besaba su coño y negaba con la cabeza dándole un gusto indescriptible con sus labios y lengua temblando dentro de ella. Parecía no tener prisa y disfrutar con el placer de ella.

   ``Joder, Rob… ¿Por qué no podías ser así? ¿Por qué me pones en esta situación, maldito bastardo?´´ pensó mientras llevaba su mano a la frente de Prono: Si seguía así iba a perder. Iba a ser la esclava de placer de esos dos, y a saber lo que le hacían. ¿A quien elegiría si tenía que hacerlo? ¿Quién se la follaría mejor? Si follaban igual de bien estaba claramente indecisa.

   A ratos su mano intentaba apartar la frente de Prono, otras veces acercaba la nuca de él contra su coño. Era consciente de que no había pasado más de un minuto, y ya sentía posible el correrse con aquella boca y aquellas manos.

   Excepto el abandonado interior de su vagina, la entrada al útero, todos los puntos del resto de su vagina habían sido correctamente atendidos y hacían cola para repetir. Su punto G rugía al sentir los dedos en gancho acechar sobre él, o si clítoris temblaba cuando comenzaban a bailar sobre él. 

   Al entrar, las yemas de los dedos de su intruso no parecían buscar una lógica para satisfacerla, pues se movían caóticamente sin sentido alguno.

   Los dientes mordisqueaban sus labios exteriores mientras los labios le hacían chupetones apasionadamente… ¡Vaya boca! ¡Vaya lengua! Con la mano le agarró el pelo de él, porque de algo necesitaba agarrarse más que de aquel frio marco de aluminio.

 

``A la mierda´´ pensó mientras daba por perdida la apuesta. ``Que gane, ya me da todo igual´´

— Me corro… Me corro -gimió entre dientes, desesperada por acabar-. Sigue… No pares…

 

Abrió los ojos en el momento justo en el que vio a su novio andando hacia la puerta interior y la respuesta fue automática:

— ¡Rob! -gritó ella mientras abría la ventana y se metía bajo la cortina-. ¿A dónde vas, cariño? -Funcionó, atrajo la atención de su pareja y se desvió hasta la ventana mientras bordeaba la piscina.

— Iba al baño a preguntarle a tu madre porque tarda tanto… Ya va un buen rato -Rob la devoró con la mirada y por un segundo ella se asustó al pensar que había sido descubierta-. ¿Qué te pasa? Estás sudando… Y estás rojísima -La risa de su novia se tornó histérica.

— ¿Roja? ¿Te parece algo inu…? -buscó la palabra adecuada mientras cerraba la boca para contener el gemido. No era excitante que un extraño le comiese el coño delante de su pareja, era raro… Pero que le metiesen un dedo en el culo mientras le comían el coño también le parecía raro y le había encantado-. ¿Inusual? ¿Con este calor? -Apoyó los pechos sobre el marco de la ventana y se fijó en que su novio ni los miró.

 

Le metió una disimulada y desapercibida ostia a la cara de Prono, que pese a haber reducido la intensidad, continuaba besándola y mordiéndole diferentes partes del cuerpo, entre ellas sus nalgas… Aún tenía sus dedos dentro, hurgando.

— Por eso fui al baño, para ventilarme un poco… Y ya de paso me he quedado a la sombra mientras tomo algo fresco y ya de paso ver cómo estaba mama.

— ¿Y? Está mejor que yo, seguro. Dándose un baño de agua templada…

— Tienes una enorme piscina para bañarte, cariño. Si te refrescas en ella no pasarás calor.

 

``¿En serio no eres capaz ni de sospechar un poco que Prono me vaya detrás? Con lo descarado que ha sido el imbécil… Y tú ni te enteras. Mira que me jode darle la razón… ¡Pero eres un puto inútil!´´ pensó mientras, al mismo tiempo, se le pasaba por la cabeza lo bien que se entendían su sucio cuerpo y Prono.

   Su coño se volvió a estremecer cuando notó aquellos juguetones dedos dentro de ella con el tercer pulgar explorando su ano. Pese a lo irreal de aquella situación y que muy a su pesar la estaba disfrutando, su libido había bajado y ya no sería capaz de correrse.

— Ahora iré, la verdad es que necesito bañarme de verdad… -su risa era nerviosa, metió otro guantazo a Prono incluso le arañó la cara, pero este sin vergüenza ni temor algunas, agarró ambas nalgas y tras separarlas comenzó a comerle el coño de nuevo… Y otra vez estaba su nariz clavada en su culo. 

— Ah, bueno… De todas maneras voy a subir porque Joaquin está bastante intranquilo. Se ve que pilló al hermano de Andres mirándola descaradamente y no se va a fiar. ¿Y si estuviesen justos en el baño?

 

``No lo vais a ver porque me está comiendo el coño a mí, imbéciles. Pero tú no te preocupes, imbécil. Que no es como si tu tuvieses una novia que pueda ser robada… Es que no das más de sí´´ el monólogo interno de Olivia era muy temperamental, pero fuera intentaba no mostrar ninguna emoción que su novio pudiese detectar.

— Y supongo que tú también viste como él se fijaba en mi madre. ¿No?

— La verdad es que sí, pero no quise decirte nada…

— Pues no hace falta que subas -``Tonto, que eres tonto´´-, porque Prono estaba aquí en la cocina mientras yo estaba en el baño, y ahora es él el que está en el baño. No hay motivo para preocuparse…

— Pero tu padre…

— Dile a papa que yo la vigilo, joder. ¿Quieres dejarla tomar un puto baño en paz?

— Eh, eh, eh. ¿Qué te pasa? ¿Ya estás con esas neuras tuyas? 

 

Rob se giró para mirar hacia las mesas de piedra pero, cuando volvió a mirar a la ventana ya no había nadie.

— ¿Oli? ¿¡Oli? -le escucharon decir a lo lejos Prono y ella mientras veían a Rob desaparecer de la ventana para ir a entrar por la puerta trasera, la cual estaba cerrada. Ellos dos, en cambio, decidieron salir por la delantera y dar toda la vuelta mientras caminaban con tranquilidad hacia la zona de la piscina.

— Que no se te olvide… He ganado. Nos harás una paja y tendrás que hacer lo que yo te pida…

— ¿Qué quieres decir con eso? -inquirió ella curiosa pese a estar decidida a negarle su victoria.

— Pues que te puedo pedir cosas que puteen a mi hermano.

— ¿Cómo qué?

— Céntrate en mi polla, por ejemplo.

— ¿Quieres que me centre en ti? -preguntó burlona mientras torcían una esquina del exterior de la casa-. Comerás muy bien el coño, pero no tengo tan claro que te prefiera a ti. Andres es muy hombre.

— Me acabarás eligiendo a mí y lo sabes.

 

Ya está, lo había conseguido.

— Esta bien, lo haremos. Estoy deseando cerrarte esa estúpida bocaza tuya…

— Y quien gane, te folla. ¿No?

— Eso lo tendré que decidir yo. ¿No? Puedo elegirte a ti y no querer ni que me toques.

— Eso no te lo crees ni tú. 

— Si te lo acabo pidiendo, no te rebotes y tenga mal perder -Prono sonrió y se le adelantó de un pequeño spring a paso rápido para cortarle el paso.

— He ganado la apuesta, técnicamente tienes que hacer lo que yo diga.

— La apuesta era que os haría una paja a los dos para elegir cual es mejor.

— Con cual te quedarías.

— Pues eso -dijo poniendo los ojos en blanco-. Pero en ningún momento dijiste que todo eso de las peticiones fuesen a ser fuera de la paja. Pídeme lo que quieras mientras dure esa competición vuestra, pero yo elegiré lo que hago y lo que no. Y pobre de ti como me intentes forzar a algo que no quiero -Olivia lo esquivó por la derecha y pasó de largo-. Ah, y ha sido un empate… No me he llegado a correr.

 

Prono reanudo su camino hacia la piscina: Que Olivia les hiciese una paja y uno de las dos se la follase solo era una de las tantas cosas que quería hacer. Para hacerlas suyas completamente primero tenía que destruir a sus parejas completamente, hacerles saber quién mandaba...

… porque aún creían que esas dos hembras seguían siendo suyas.

 

No, no lo eran. Eran mujeres libres.

… Libres para elegirlos a ellos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4.3 Dos hermanos competidores y una arbitra veinteañera.

 

 

 

 

El furioso rugido de los pájaros y el continuo canto de las cigarras bajo el furioso sol no eclipsaba el ruido del balón ni los gritos de los tres jóvenes a lo lejos, pero ninguno de estos molestos sonidos parecía perturbar el descanso de los adultos estirados en sus tumbonas blancas al lado de la piscina. Todos se habían colocado a la sombra bajo los árboles y, con refrigerios y cervezas frías al alcance de sus manos, eran afectados por la tranquilidad hasta quedar contagiados de una actitud somnolienta que precedía al sueño profundo.

   Al menos, esto era lo que les sucedía a Rob y su suegro, pues a ambos les costaba mantener los ojos abiertos y a ratos daba la sensación de que se habían quedado totalmente dormidos hasta que intervenían en la conversación grupal que tenían sus parejas con Andres y su hermano.

– Ha sobrado demasiada comida que habrá que tirar -Prono acababa de cambiar de tema, pues el que precedía no le interesaba en absoluto. 

– No digas tonterías, eso nos lo iremos comiendo a lo largo de la tarde y de la noche.

– No me cabe duda -ironizó el aludido.

– ¡Oye! -replicó riendo Sandra-. ¿Qué quieres decir con eso?

– Pero si sois las que menos habéis comido.

– Mi hija no sé, pero yo si que he comido bastante -La indirecta era tan evidente que incluso Andres y su hermano dudaron sobre si la estaban malinterpretando o no, así que Prono había decidido probarla. 

– Sí, creo que te vi comer una o dos butifarras, pero del resto nada.

– Solo comí una… Y estaba muy buena.

– Entonces deberías decirle a tu hija que luego se anime a comerse dos en la cocina -bromeó a Sandra guiñándole un ojo.

– Olivia, cariño. Luego deberías animarte a comer algo de lo que ha sobrado en la cocina, que está todo muy bueno.

 

Su hija alzó en consecuencia una ceja al tiempo que bajaba ligeramente sus gafas de sol para mirar por encima de ellas. 

– A ver, mama. Explícame… ¿Cómo me vas a recomendar que coma lo que ha sobrado si casi no has comido? -No estaba segura de si había entendido a su madre bien, así que le respondió con otra indirecta.

– He comido más que tú, y lo que he probado estaba muy bueno. Además, casi no has comido y eso no puede ser. 

– Pues come tú… -No sabía si su madre estaba siendo exageradamente ingenua y no se daba cuenta de cómo sonaba eso o… No, no era posible. Era su madre… ¿Cómo le iba a proponer que les comiese la polla?

– Ahora lo que me apetece es dormir, aquí se está demasiado bien… Pero luego ya iré a picar algo.

 

Prono lanzó una mirada cómplice a su hermano acompañada de una sonrisa que pasó desapercibida para todos los demás.

– Ha sobrado mucha carne, te vas a hartar.

– Bueno, no puedo comérmela yo -respondió riéndose-. Tendré que compartirla.

– No está mal ser un poco egoísta de vez en cuando -Al escuchar esto, fue Olivia la que decidió lanzar la indirecta.

– ¿Pero que es lo que más te ha gustado de lo que ha sobrado, mama? ¿El lomo? ¿La ternera? ¿El pollo? ¿La butifarra?

– La butifarra, cariño. Es lo único que he probado y que me ha llamado la atención… Y es lo que más sobra por lo que parece -Prono se comenzó a reír ante la ocurrencia de Sandra.

– Tranquila, si butifarra hay mucha. Si no han comido demasiado, lo harán… Volverán a su casa atiborradas de butifarra.

 

El primer leve y suave ronquido de Rob interrumpió la conversación.

– Realmente se ha quedado dormido, tendrá jeta.

– No, si tu padre también se ha quedado dormido. En esa posición no ronca casi, pero cuando se mueve… ¡No para!

– Pues vaya par -comentó Olivia mientras se percataba de una cosa que llamó su atención al instante, el bañador de Prono tenía una forma rara y muy poco natural ¿Se le había puesto dura? ``Pero mira que es simple…´´ se burló sin por ello ser capaz de dejar de mirarla.

– Creo que voy a ir a picar algo a la cocina. ¿Te vienes, Olivia? 

– Estoy a gusto aquí, gracias.

– Deberías ir con él, cariño. Come algo, anda.

– Gracias, mama. Gracias -respondió mientras se ponía de pie, lo mejor era terminar con eso-. Ven conmigo, mama. Y ``picas´´ algo tú también -le propuso más con la intención de no ir sola y coartarlos, pensando que así habría más posibilidades de que no pasase nada. Cuando estaba en caliente, la idea de darles aquella oportunidad a los dos pueblerinos la había puesto mojada perdida; pero en cuanto se enfrió supo que no era buena idea. Darles la oportunidad de abusar de ella en pareja solo los haría crecerse y si ya le era difícil controlar a uno de ellos.

– Yo lo que quiero es dormir un rato, cariño. Aquí estoy bien, ya comeré luego.

– Te tomo la palabra, Sandra. Te reservaré una larga, gruesa y jugosa butifarra para ti -Andres se llevó la mano a la cara como si no diese crédito a lo que acababa de oir. 

– Déjame más de una, que con una sola.

– Dos butifarras para ti sola, entonces. No queremos que te mueras de hambre -Ambos rieron mientras Prono se ponía al lado de Olivia y le pasaba cariñosamente la mano por la cintura-. Pues nada, vamos a darle su ración de butifarras a la hija… Se nota que está hambrienta.

– Quita la mano de ahí -suplicó angustiada. ¿Y si su novio o su padre no estaban dormidos en realidad? ¿Y si despertaban?

– Tranquila, solo te estoy acompañando a la cocina…

– Eres un imbécil -lo insultó cruzándose de brazos pero sin retirar la mano intrusa en su cintura.

 

Mientras ambos se alejaban, Andres se sentó en la tumbona donde estaba estirada Sandra y colocó la mano sobre el ombligo sudado de esta.

– No me olvido de ti. ¿Recuerdas lo que te prometí?

– Lo recuerdo -respondió la cuarentona mirándolo un instante antes de volver la vista a su marido que ya comenzaba a roncar imitando a su yerno-. Pero no lo harás.

– Haré lo que quiera. Serás la señora de tu marido, pero eres mi puta. Y te follaré donde quiera y cuando quiera -susurró mientras la mano de su ombligo se desplazaba sobre la ardiente piel de la mujer hasta llegar a la humedecida sombra bajo el bikini; ella contuvo un gemido. Lo que más le puso era que todo eso estaba pasando delante de su marido, aunque estuviese dormido.

– No está bien… Me muero porque lo hagas, pero no está bien.

– Y ese es uno de los motivos por el que me gusta -dijo mientras presionaba dos dedos contra su orificio carnal sin llegar a meterlos. Cuando Sandra se quiso dar cuenta Andres ya se había levantado.

– ¿A dónde vas?

– Al baño -mintió antes de iniciar la caminata hasta la competición.

 

***

 

– Aquí no -negó Andres tras cerrar las dos puertas del edificio y entrar en la cocina. Había pillado a su hermano, intimidatorio y seductor, arrinconando contra la encimera de mármol a la joven, la cual tenía la superficie clavada a su espada con un brazo a cada lado impidiendo su huida, aunque esta no fuese una opción para ella; ambos se miraban en silencio antes de volver la vista ipso facto al recién llegado.

– Vamos a repasar las condiciones de la apuesta… Harás una paja a los dos que durara diez minutos. Vale todo menos penetrarte con nuestras pollas… Tendrás que elegir al ganador, el cual tendrá el honor de follarte.

– Ya puestos a pedir, exijo que el que lo haga se ponga condón. Si se lo quita o intenta metérmela sin… cortaré por lo sano y se podrá ir a la mierda -Prono sonrió, provocando el enfado de Olivia-. ¡Lo digo muy en serio!

– ¿Y sí me elijes a mí y después de todo tengo ganas de follarte más?

– Pues te la vas a cascar al baño o a la piscina -le sonrió con una bordería que tiraba para atrás.

 

La situación le parecía lo más surrealista posible, estaba yendo a con dos hombres a comerles la polla… ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué no daba media vuelta tras mandarlos a la mierda? Pero no se daba cuenta que era la Olivia racional la que pensaba; no tardó de cambiar de forma de pensar cuando vio que los dos ya estaban con la polla dura levantando (como si de una carpa se tratase), ambos bañadores; además, el pesado de Prono la volvió a agarrar sin permiso de la cintura acercándola a él. ``Pero si es que no lo aguanto… Es un imbécil y un creído…´´ interiorizó mientras notaba como la mano de este serpenteaba de su cadera hasta el hilo del bikini metido entre sus nalgas, y sin piedad empezó a jugar con él. 

   Inconscientemente, Olivia se ponía de puntillas en consecuencia… ¡Qué cabrón ella! Cómo se divertía haciéndola sufrir: El hilo se coló entre su coño y provocó fricción, tuvo que detenerse ante las escaleras, ya que seguían a Andres en silencio y este las estaba comenzando a subir.

– ¿No puedes esperar a que lleguemos? -Le increpó golpeándole el pecho.

– No -dijo mientras le metía sin miramientos dos dedos en el coño mientras superaban los peldaños ascendentes.

– Eres un hijo de puta…

– Y tú eres una putilla viciosa. Estoy deseando darte por todos los lados -terminó de decir cuando llegaron arriba-. ¿Te pone esto, guarra? ¿Ya has decidido a quien vas a elegir?

– A ti seguro que no -Y entonces la besó mientras Andres abría la puerta y entraba; pero ellos se quedaron ahí plantados frente a ella con sus lenguas batallando-. Recuerda lo de la apuesta, tienes que hacer lo que te pida.

– ¿Eso no sería hacer trampas? -Alzó una ceja con sus dedos dentro del coño, intentó fingir que no se estaba derritiendo de placer por dentro. Entonces los dedos invasores se tornaron en un torbellino de carne y pasaron de tener las yemas enfocadas hacia el culo a enfocarlo hacia su punto g, y apretaron seductores.

– Me encantan las trampas, pero si no me eliges… Serás la perra de mi hermano. Y si me eliges a mí, serás mi perra. Una perra al fin y al cabo que le gusta sexo bien duro -reía mientras lo decía, entonces le apartó el mechón de pelo dejando el oído libre mientras le susurraba al oído-. Parece que al fin tenía yo razón y tu novio es un inútil que no sabe lo guarra que puedes llegar a ser en realidad. Tu cuerpo es un agujero negro que traga todo lo que te pueda ofrecer, pero con nosotros vas a quedarte llena y vas a suplicar que no quieres más -distanció sus labios de su oído, y añadió seductor-. Siempre puedes terminar la competición diciendo que ambos somos tus dueños y dejar que te follemos hasta que nos saciemos -finalizó el discurso lanzando un guiño.

 

Prono entró a la habitación dejando la puerta abierta y a Olivia sopesando la posibilidad de irse; pero no lo hizo.

   Al repetir las palabras del hermano mayor de Andres, se imaginó a aquellos dos hombres de elevado apetito sexual y sed insaciable peleándose por ella con sus pollas tiesas, y a si misma abierta de piernas, exhausta… ¡Era imposible que pudiese satisfacer a los dos sin acabar muerta! La vez anterior, Olivia había tenido la sensación de que Andres se lo había hecho deprisa pero… ¿Qué pasaría si lo hacía con calma? 

 

Entonces entró en la habitación, cerrando la puerta tras de si y poniendo el pestillo…

… No había excusas: Iba a ser su puta durante un rato, pero no se atrevía a decir que poco.

 

 

***

 

Cerró con pestillo y por unos segundos se quedó mirando el picaporte. Temía mirar a tras pese a que ya sabía lo que se encontraría y, pese a esto, no le hizo falta. Notó unos dedos acariciarle la espalda antes de sentir el click que anunciaba que se había quedado sin sujetador. 

   El mismo que le había desabrochado la prenda superior del bañador y había tirado de ella hasta que esta cayó al suelo la abrazó por detrás. Notó su su desnudez completa cuando su polla se hizo sentir al colarse entre sus nalgas y chocar la punta contra la parte baja de su espalda.

— Espero que no te satures con nuestras dos pollas -le susurró Prono al oído mientras agarraba por el tanga del bañador por el hilo de los lados y tiraba de él hasta sus rodillas. La joven no fue capaz de moverse, fue casi una tentación ponerse en pompa e insinuarse que se la metiera; la polla que había entre sus nalgas parecía tener vida propia y desear hacerlo también-. Podría follarte aquí, delante de Andres… Solo tienes que pedírmelo.

 

Se le erizó el vello de la nuca, no pudo evitarlo. Olivia tenía que agradecer a Prono haber roto el hielo, pues su hermano pequeño pese a tener una edad aproximada parecía intimidado con la idea de hacerlo junto a este. Giró sobre si misma y esquivó a Prono dejándolo ahí plantado hasta pararse justo frente al cuarentón de pelo canoso y que pese a todo le había cogido cariño.

— ¿Quieres esto? -murmuró mirándolo a los ojos.

— ¿Por qué, no? Será divertido.

— ¿Podrás soportar los celos si elijo a tu hermano? -Andres estaba raro, pero no había perdido su labia. Se acercó a susurrar con voz terciopelada mientras no apartaba la mirada de su hermano.

— Si mi hermano gana su estúpido juego, puede recrearse un rato creyendo que te ha ganado pero los dos sabemos que te van las pollas gruesas -Esta afirmación hacía referencia a la anchura claramente superior que tenía su miembro sobre el de Prono, mientras que este otro tenía un pene mucho más largo y, pese a esto, ambas pollas no dejaban de ser verdaderos monstruos.

 

Dejándose caer sobre la cama, Andres invitó a su hermano hacer lo mismo y quedando el primero a la izquierda de Olivia y el otro a la derecha; esta se puso entre medio y se arrodillo.

— Si no recuerdo mal, dijimos que os tenía que hacer una paja y ya -Olivia hizo el ademán de querer agarrar ambas pollas pero el rabolargo la agarró de la muñeca izquierda mientras le indicaba que empezase por él-. Yo seré el primero. No podrás elegir bien si no estudias los detalles de cada una… ¿No?

— Como quieras -suspirando, se arrodilló frente a Prono y empezó a pajearle mientras este le ponía la mano sobre la frente.

 

El prepucio subía y bajaba mientras lo único que se escuchaba en toda la habitación era el sonido característico de la masturbación.

— Cuando salgas de esta habitación ya podrás decirle a tu madre que probaste dos buenas salchichas.

— Díselo tú, imbécil.

— Tal vez sí, tal vez no. Mírame a los ojos -La aludida obedeció e intentó mirarlo sin expresar lo cachonda que estaba; muy a su pesar sin saber concretamente porque lo estaba… Eran tantas las cosas que influían-. ¿Qué tal si usas tus tetas? Pero antes… -La cabeza de Olivia bajó inevitablemente hasta que su boca dejó pasar la dureza de su cipote. Abrió mucho los ojos sorprendida cuando se dio cuenta de que no podía con más de un cuarto de polla sin comenzar a tener arcadas. Intentó controlarlas, pero era Prono el que controlaba cuando subía y bajaba su cabeza forzándola a tragar más de lo que podía-. ¡Qué niña tan desconsiderada! ¿Y no complaces a mi hermano? ¡Pero si se supone que las mujeres podéis hacer más de dos cosas! -se mofó mientras agarraba por la muñeca izquierda de la mano (todo esto mientras mantenía la polla a las puertas de su garganta) que se había astillado en su muslo para guiarla hasta el miembro de su hermano. Automáticamente Olivia se agarró el segundo miembro mientras se concentraba en masturbarlo; tosió hilos de saliva, con los ojos llorosos, cuando Prono le permitió salir a tomar aire.

 

No bromeaba cuando decía que iba a castigarla, pero por desagradable que pudiera parecer el coño de Olivia había pasado a un nuevo nivel de humedad. Para ella aquella mamada que le estaba haciendo era tan asquerosa como nueva, pero el trato rudo y lo que insinuaba que llegaría a hacerle si se la follaba era algo que la volvió loca.

— ¿No pares de masturbarme? ¿Quién te ha dado permiso? -le cacheó cariñosamente la mejilla de manera que no sintiese dolor. En consecuencia Olivia reanudo la primera paja masturbando al mismo tiempo a ambos.

 

Le sorprendió ver tomar la iniciativa a Andres cuando la agarró entre la nuca, sintiendo como sus dedos se aferraban a su cuello cabelludo y la hacían orientar la cara hacia su miembro que, tras levantarse acabó dentro de su boca. Se intentó centrar en masturbar la polla de a su derecha, pero fue inútil… La polla que intentaba penetrar su boca era demasiado gruesa y tenía que concentrarse en no clavarle los dientes mientras entraba ``des-pa-cito´´ hasta llegar a la misma zona donde la polla de su hermano aporreaba. 

— Eso de que las mujeres pueden hacer más de dos cosas a la vez no es verdad, mira… su mano quieta. Voy a tener que castigarla.

— Tranquilo, Prono. No da más de si, pobre chiquilla.

— Si no puede, no es mi problema -dijo acuclillándose tras ella y haciéndola levantarse en pompa sin dejar de chupársela a su hermano. Le dio pequeños cachetes en los muslos para que los abriese más y lo hizo.

— Mira esto, Andres… Está empapada -dijo mientras le metía tres dedos dentro del coño-. La vaca lechera esta tan excitada que está liberando un montón de lubricante blanco. Yo creo que está lista para que nos la follemos.

— ¿Tienes miedo de perder, hermanito? -sonrió mientras miraba al techo y gemía-. Lámeme los huevos -solicito a la chica, a la cual le sacaba más de veinte años de diferencia y esta, complaciente, dejó de chupar el miembro para agarrarlo con una mano mientras con la otra le acariciaba los testículos y los chupaba.

— Sí. ¿Tienes miedo, imbécil? -repitió ella mientras subía y bajaba la mano de aquel enorme y grueso cipote. ¡Ahhhh! -un azote golpeó contra su nalga derecha, otro impactó seguido contra su nalga izquierda provocando dos gemidos que referenciaban tanto placer como dolor-. ¡Ahhh!

— ¿Miedo? Dime, perra en celo. ¿Por quién estás así de mojada? ¿Por él o por mí?

— No lo sé -confesó Olivia incapaz de mentir-. No lo sé -repitió entre gemidos mientras sentía como tres dedos se metían en su interior y hurgaban dentro antes de empujarla de espaldas hacia la cama. Prono se puso encima de ella y colocó su humedecida polla entre sus tetas mientras Andres se ponía al lado y se apropiaba de su boca.

 

De vez en cuando, Prono reclamaba la atención de la joven para que le chupase el imperioso grande que sobresalía entre sus tetas pero, el resto del tiempo, lo pasaba chupando el miembro de Andres: Por los lados, por la parte de arriba y por abajo, recorría sus gruesas venas con la punta de su lengua como si de un pincel sobre un lienzo se tratase. 

   Prono se follaba sus tetas parando cada cierto tiempo evidenciando lo poco que le faltaba para acabar. Olivia, en cambio, no podía evitarlo y se estaba masturbando mientras todo esto sucedía, su coño expulsaba líquido como si de un manantial natural se tratase y estaba encharcando tanto la colcha como sus piernas.

    En algún momento, claramente atraído porque ella se masturbase, Prono se bajó sobre ella y puso su polla sobre su coño. Sin llegar a meterlo, juntó ambas piernas abrazando sus rodillas; debido a lo mojados que tenía los muslos era tan resbaladizo como el interior de su coño y se lo empezó a follar. Su polla rozaba contra el ombligo y la pubis, pero su tronco se restregaba furiosamente contra su clítoris y sus labios inferiores. Olivia no pudo evitar parar de chupar y empezar a gemir como una loca ante el inminente orgasmo mientras el demostraba su destreza con el juego de caderas.

   Accidentalmente, en algunos movimientos Prono retrocedía demasiado y sacaba por completo casi por completo, como si la punta de la flecha retrocediese más de lo debido ante el marco del arco, y cuando embestía para clavarla, rozaba el agujero carnal que suponía el coño haciéndola votar de placer al sentir que, por poco, entraba.

   El ``Dejaos de tonterías, poneos los condones y folladme ahora mismo se le atragantó en la garganta´´ pero fue Andres el que sacó sin previo aviso una columna de envases de condones y partió dos unidades tirándole una a su hermano; Andres se encogió de hombros ante la mirada inquisitiva de su hermano.

— Yo no puedo esperar a follarme a esta guarra. ¿Y tú?

— No, la verdad es que no. ¿Pero y ella?

— ¿Crees que le va a importar que nos la follamos? Lleva deseándolo desde que entró por esa puerta. Además… -sonrió tras el razonamiento antes de añadir:-. Aunque no esté de acuerdo no puede decir nada si tiene la boca llena.

 

Hablaban como si Olivia no los estuviese escuchando, como si ella no importase. Las dos piernas que hace poco menos de un minuto estaban siendo folladas se volvieron a abrir dejando a la vista un coño que se abría y cerraba como si tuviese voluntad propia.

— No dejes de mirarme… Y saca la lengua -solicitó Andres mientras se masturbaba ante la boca y la lengua pervertida de Olivia antes de meter todo el glande dentro de ella; su propietaria lo chupó como si fuese una cría mamando de la ubre al tiempo que Prono terminaba de ponerse el condón.

— Finjamos que te estamos violando y eres fiel a tu novio. Esto está mal… Deberíamos parar -bromeó Prono con la polla engomada sobre el coño de la veinteañera-. Pensándolo mejor vamos a esperar a que elijas a uno de los dos y…

 

Pero ella no parecía dispuesta a esperar un segundo más. Agarró por el pescuezo al ganso y lo apuntó hacia su coño sin dejar de chupar la otra polla y acariciar los testículos a Andres. Olivia no hizo nada para meter la polla, pero apuntarla hacia su interior fue invitación suficiente para el animal que la deseaba. La embestida fue insoportablemente placentera, la hija de Sandra echó la cabeza atrás para soltar un gemido que perfectamente se podría escuchar fuera del edificio, además… la ventana estaba abierta pero a ninguno de los dos le importó solo a Andres que, tapándole la boca con la mano, silenció sus gemidos convirtiéndolos en poco más que quejidos rítmicos. 

   Las embestidas no habían comenzado suaves ni lentas para ir escalando; eran penetraciones eufóricas. Ambos sentían inminente sus orgasmos y se movían en consecuencia. Prono hundió sus manos en las tetas de la joven follada y le metía tres cuartos de polla con embestidas furiosas, se movía como si le quisiese romper el coño, partírselo por la mitad o incluso llegar hasta su útero, pero el cérvix se interponía y las puertas que daban paso al vientre estaban cerradas como era natural. 

— ¡Hm! ¡Hm! ¡Hm! -Olivia sentía sus propias lagrimas corriendo por sus mejillas; no lloraba por dolor ni por arrepentimiento, sino por unas emociones tan intensas que parecían querer explotarle el pecho. Los pechos le dolían y lo más profundo de su coño también, ambos eran tratados con violencia pero el placer que sentía y el orgasmo que sabía que iba a llegar fueron las dos únicas cosas en las que pudo concentrarse.

 

Para su sorpresa, Prono soltó sus pechos y pasó los brazos por debajo de las rodillas, sin sacar la polla de dentro y manteniéndola en estático, empotró las rodillas contra los pechos de ella haciendo que moviese la cabeza como una loca, negando aquella posición antes de poner los ojos en blanco, el dolor acababa de superar el placer por unos instantes. Notó como si el cipote se metiese en una grieta todavía más profunda y tocase en un punto que nadie, ni siquiera Andres, hubiese logrado llegar.

   Era un placer diferente y nuevo, pero que pese al dolor intrusivo la iba a volver loca. Prono apartó de un manotazo la mano que ocupaba la boca de Olivia y puso su boca a pocos centímetros de la suya.

   Con los gemelos de Olivia en sus hombros y habiendo conseguido meter por completo su polla, aceleró como si estuviese (y lo estaba), a punto de correrse.

   

No dejó de mirarla a los ojos, pero tampoco la besaba; sus manos se aferraron a su cuello y ella se puso roja, le costaba mucho respirar. La bestia que la follaba dio una última clavada, pero no se corrió, era como si estuviese retrasando el impulso hasta cuando le diese la santa gana de correrse.

— Dijiste que no sabía tratar a una mujer, pero mira como te tengo…

— No pares… -suplicó ella, ignorando que estaba siendo estrangulada. Podía respirar, pero la falta de oxigeno y la amenaza inminente de su propio orgasmo la tenía extasiada; sin embargo Prono aflojaba las manos en determinados momentos lo que le permitía respirar de nuevo y normalizarse un poco antes de volver a empezar, todo esto en pocos segundos. Su polla presionaba contra el cuello de su útero, incluso parecía haberlo desplazado.

— ¿Qué dices, no te oigo?

— Me voy a correr… Me voy a correr… Fóllame y no pares…

— Te follaré cuando me apetezca. 

— Por favor… Párteme por la mitad -No parecía afectarle ni reducir la tensión sexual el hecho de estar parados. Era como si estuviesen en pausa justo antes de correrse, y faltaba tan poco…

— Haré que te corras como una guarra si confiesas lo que eres.

 

Mientras decía esto, Prono inició una lenta, muy lenta, extracción de polla antes de volver a meterla por completo. El placer masoquista que producía esta etapa del climax le hacía sentir con ganas de mearse encima, estaba completamente a su merced.

— Soy una niñata… -Las manos entorno a su cuello la volvieron a apretar y el ritmo del mete y saca aceleró a una velocidad media.

— Mierda… Me voy a correr… 

— Córrete… Córrete -suplicó ella con oxigeno limitado que tenía, se había olvidado de respirar como si estuviese buceando.

— Abre la boca -ordenó Prono y cuando ella obedeció escupió dentro antes de fundirse ambos en un sucio y obsceno beso. La follada ya no se podía parar, las piernas de Olivia resbalaron de los hombros del hombre y cayeron por los lados; se le agarrotaron los músculos mientras apretaba los dedos de los pies y levantaba las caderas.

— ¡AHH! ¡AHH! ¡AHH! -Olivia gimió mientras se corría tres veces ante tres furiosas embestidas. En lo más profundo de su interior notó un globo de esperma candente inflándose. Mordió el cuello de aquel imbécil como si quisiese diseccionarle la yugular, pero él no se inmutó. Se limitó a cerrar lo ojos y echar todo el peso hacia adelante, vaciando sus pelotas dentro de aquel condón. 

 

Su hermano lo empujó con suavidad hacia un lado mientras, con el rabo agarrado solemnemente en una mano, metió la polla en aquel coño deshecho provocando que Olivia pegase un pequeño brinco.

— Déjame… descansar… un momento -suplicó ella tapándose la enrojecida cara con el brazo. Andres, excitadísimo por el espectáculo ofrecido por su hermano y por el hecho de pensar que Olivia estaba exhausta, hizo la batidora con el glande metido dentro, esto mojó más de la mitad del condón antes de, muy lentamente, meter el cipote engomado.

 

Tal vez no era tan largo, pero era más ancho. Y Prono no lo había dilatado a lo grueso, por lo que de cintura para abajo toda Olivia tembló al sentir aquella inmensa polla meterse dentro.

— No voy a poder… Es demasiado para mí -suplicó Olivia antes de que Prono se arrodillase al lado de su cara y le pusiese la polla sobre la boca, ella chupó limpiándole el glande de semen. Sabía a plástico, pero no era desagradable… Aquel semen tenía muy buen sabor.

— No tienes que poder… Solo tienes que aguantar -dijo mientras la metía hasta el fondo, parecía que su coño todavía recordaba el diámetro de su polla y se esforzó por hacer memoria- y complacerme.

 

La follada inició lenta en aquella posición de misionero, más lenta incluso que la que había precedido su hermano antes de correrse; Olivia ya sabía que solo la estaba preparando para lo que iba a venir… ¿Y cómo se iba a correr después de semejante orgasmo? Las piernas no le respondían y aún sentía en últimas instancias el placer de este fusionándose con otro nuevo que empezaba.

   Era algo desagradable para ella ser follada cuando aún estaba tan sensible, pero las furiosas embestidas que empezó a hacer Andres parecieron convencer a su vagina de que no era hora de parar. No pudo evitar abrazarle  mientras este se dejaba caer hacia detrás con el torso recto, ahora era ella la que estaba encima y pese a tener las piernas débiles podía ayudarse de manos y piernas para subir.

   Pese a desearlo, no podía hacerlo demasiado rápido debido al grosor de aquella monstruosa polla que entraba y salía con dificultad. La veinteañera utilizó cada bote para reimpulsarse hacia arriba hasta que volvía a caer. Le puso tanto empeño que casi no le notó gruñir y correrse dentro. Era un orgasmo que había tenido claramente a desgana, como si no se hubiese querido correr todavía.

— Es una pena que no controles la eyaculación. Si lo hicieses podrías impedir que sucediese.

— Sé como correrme en seco, pero no he podido evitarlo -le reprochó su hermano mientras se caía de espaldas al colchón-. Lo has dejado empapado -dijo refiriéndose a Olivia al sentir la espalda sobre toda la colcha mojada; si hablamos de cantidad, era como si alguien se hubiese meado sobre ella.

— Pues no lo parece… -se burló su hermano mientras se pajeaba. Pese al agotamiento y a la satisfacción del orgasmo; Olivia ronroneó con los ojos cerrados mientras restregaba su cérvix contra el glande y el globo de semen.

 

La chica no pudo evitar poner los ojos como platos, cuando ya había dado todo por acabado, al ver al primero que se había follado haber transformado su polla flácida y brillante en el antiguo y largo cipote que había sido mientras agarraba la tira de condones y arrancaba otra unidad.

— ¿Pensabas que habíamos acabado? Pues no.

— Tengo la vagina deshecha… No puedo más -lamentó incrustándose más sobre la polla.

— Eso es bueno. Si no puedes por detrás -insinuó lanzando el condón a la cama.

 

Ella sabía lo que iba a hacer, pero estaba exhausta hasta para discutir. No quería permitírselo, pero al mismo tiempo sentía que quería probarlo. ¿Por qué le ponía tanto que abusasen de ella? Preguntó mientras notó el lubricado cipote presionando contra su ano, totalmente desnudo. La polla de Andres pareció inflarse dentro del condón como si acabase de revivir cuando ya estaba empezando a empequeñecer hasta quedar inutilizable.

— No te he dado permiso para esto, así que no… -la voz de Olivia denotaba que ya había dado la discusión por perdida.

— Relájate, no te va a doler.

— Su polla está creciendo otra vez…

— Parece que a mi hermano le gusta la idea de joderte de esta forma -dijo mientras le tiraba del pelo y le mordía el cuello al tiempo que penetraba el agujero.

 

Hubo dolor, pero a una escala tan reducida que habría sido ridículo quejarse pero, sobre todo, era rarísimo. Sintió como si cagase por dentro, una y otra y otra vez.

— ¡Hm! ¡Hm! ¡Hm! ¡Ufff! Andres… Si te mueves me… -Olivia no terminó la frase, la presión que ejercían en su interior al juntarse le daba un placer totalmente diferente a los que había sentido hasta el momento, como otros que había descubierto a lo largo del día. Notó como su coño se contraía y se relajaba entorno a la polla del hermano menor y como su culo, ordenando a su musculo contraerse contra el miembro de Prono, lo volvía loco al apretarlo

   Dominándola por su agarre capilar, la hizo poner su cara contra el torso sudoroso de Andres que no pudo evitar agarrarla por las caderas e iniciar una penetración lenta y suave, de fondo. La verdadera follada protagonista estaba en su culo.

— Como me aprieta su coño, es como si me fuese a arrancar la polla…

— Pues su culo ni te digo… Es una fiera. Cuidado no te vayas a correr, no le vaya a estallar el condón dentro -bromeó Prono a pesar de que no creyese que fuese posible correrse dos veces con el mismo condón en aquella posición. Olivia pareció despertar con aquella idea y miró a Andres a los ojos.

— No… No te corras -suplicó cansada mientras Prono aceleraba agresivamente las embestidas, su culo ya se había acostumbrado al diámetro de su polla: Placer e incomodidad era lo último que restaba.

— Aquí el único que se va a correr soy yo -dijo antes de abrazar por la parte del ombligo a la veinteañera y hacerla volar hasta otra parte de la cama como si fuese una pelea de lucha libre, cayendo boca abajo.

  

Sin sacar la polla de su culo y motivándose con la idea de correrse dentro, empezó a acelerar mientras destrozaba su culito. Las sonoras embestidas retumbaban en toda su habitación y Olivia, consciente de que podía ser escuchada, intentó contener los gemidos. 

   Pese a no ser un placer intenso, la vibración de cada embestida tenía su encanto y la rudeza que alcanzó al ponerla de lado y follársela en aquella posición la encendió de nuevo; no iba a poder correrse, pero se sentía tan bien que no pensó en nada más. La palma de la mano de Prono se topó con los labios superiores de su coño y el clítoris; comenzó a masturbarla en horizontal haciendo que pequeñas gotas de una mezcla de sudor y lubricante vaginal saliesen volando hasta que, con unos últimos remates, notó algo fluyendo dentro de si cayendo Prono rendido sobre sus tetas.

— No olvides decirle a tu madre que las butifarras te han encantado, porque ella irá después -declaró descaradamente Prono.

— Como si fueses a poder con mi madre -murmuró con un hilo de voz respirando tan exhausta como él. 

— Ya la escuchaste.

— Se refería a otras butifarras -le cortó molesta Olivia, a pesar de que sentía curiosidad. ¿Cómo reaccionaría su madre si se le lanzaban tan descaradamente como a ella? Después de venir vestida como habían venido…

— Pues tal vez empiece con esas y acabe con otras muy distintas, pero tranquila que si no puede con dos seguro que con una…

 

Andres se levantó de la cama seguido por la mirada atenta de Olivia, para su sorpresa, volvía a tener la polla tiesa pero no cogió ningún condón. Se limitó a enfundarse el bañador de nuevo y, al ver esto, un escalofrío acompañó un paranoico pensamiento a la testigo… ¿Realmente no tenía ganas de más? ¿Se lo parecía o Andres había estado algo flojo? No había estado mal, pero no excepcional como la última vez y eso que había ido con prisa. Hoy estaban los tres muy sensibles aunque Prono lo había disimulado bastante bien. Pero era sensación suya o Andres se estaba reservando para más tarde… ¿Se estaba reservando para repetir con ella o realmente iban a por su madre?

 

¿Acaso iban a compartir amantes su madre y ella? No si podía evitarlo. Le daba miedo que así fuese…

— Bueno. ¿Con quién te quedas? -preguntó Prono apartándose de sus tetas y levantándose.

— No lo sé -se sinceró la joven continuando estirada.

— Eso no puede ser… Después de esto ya deberías tener a alguien.

— La verdad es que los tres estábamos muy sensibles y no hemos durado nada. ¿No crees? -inquirió Olivia poniendo las dos manos sobre su vientre: Se sentía tan deshecha.

— Eso no me sirve. Entonces tendremos que decidirlo en una segunda ronda.

— No voy a volver a follar con los dos en la vida -``Juntos´´ se le olvidó añadir.

— Tu palabra no es que valga demasiado, eres una niñata viciosa que se contradice más que habla. Parece que no aprendes, necesitas más mano dura.

— ¿Y me la darás tú? -Olivia sonreía con debilidad.

— Mi hermano te malcría, pero yo no voy a ser tan blando.

 

 

Ambos hermanos la dejaron sola espatarrada sobre la cama mientras abrían el pestillo y salían de la habitación. No iba a ser la última vez que se la iban a follar pese a que Olivia no diese eso por posible, y Sandra era la próxima víctima.

    Lo que ninguna de ellas sabía es que la siguiente y última fase era destruir a sus parejas. ¿Y qué mejor forma de destruirlos que hacerles sospechar que se las follaban y disfrutaban como locos sin que pudiesen saberlo cien por cien a lo ciento? ¿Harían algo si lo descubriesen?

 

A lo largo de la estancia en aquella finca, madre e hija tendrían que elegir entre entregarse por completo y hacer verdaderas locuras que las arriesgaría a ser descubiertas o negarse y seguir siendo unas insatisfechas de por vida…

 

 

 

CONTINUA-RA?


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